Epistemología
Epistemología : Fundamentación epistemológica de las teorías

 

Epistemología: fundamentación epistemológica de las teorías


Autor:
Rodolfo-J. Rodríguez
Correo-E:
rodolfojrr@gmail.com

San José, Costa Rica, América Central




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Epistemología: Fundamentación epistemológica de las teorías

 

Cinco consecuencias filosóficas de la crisis

Enlace permanente 22 de Julio, 2009, 0:39

La actual crisis económica no se limita a una cuestión de estadísticas, ni se reduce al devastador impacto social del desempleo y la incertidumbre. Con la debacle mundial, hizo agua una particular visión del mundo que pareció dominante e irreversible con la caída del muro de Berlín.Esta visión se cristalizó en algunas frases famosas como el "fin de la historia" de Francis Fukuyama, "la sociedad no existe" de la primer ministra británica Margaret Thatcher o los 10 mandamientos del consenso de Washington que impulsaban la liberalización-desregulación-privatización global.
El nuevo dogma tras la derrota del comunismo era todo el poder al sector privado, el mercado como medida de racionalidad económica y utopía, y el individualismo más descarnado como principio ético ordenador.
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Wall Street: Greed is Good (La Codicia es buena, película con Michael Douglas
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Milton Friedman: Greed (Codicia)
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Con la debacle económica esta visión del mundo también entró en crisis.BBC mundo identificó cinco consecuencias filosóficas:  1. Filosofía política-económica   2. Crisis del racionalismo de mercado   3. Consecuencia Axiológica: teoría de los valores   4. Azar, causalidad, incertidumbre   5. Consecuencia ontológica
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¿Son racionales los mercados?
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1. Filosofía política-económica.

La ley de la oferta y la demanda ejerció un reinado absoluto en la formulación de política económica de las últimas tres décadas.

Según el pensamiento clásico, la oferta y la demanda funcionan como un perfecto sistema homeostático (autorregulado) que tiende al equilibrio perfecto y cuenta con un regulador infalible: el precio.

A mucha demanda y poca oferta de un producto, el precio sube hasta alcanzar la suma que el mercado puede pagar por ese bien.

A la inversa -poca demanda, mucha oferta- el precio se achata hasta que alguien lo adquiere convencido de que no lo va a encontrar más barato.

Ni el premio nobel otorgado al economista Joseph Stiglitz por su investigación sobre el papel que la información cumplía en este mercado -la información con que cuentan los miles o millones de integrantes de un mercado particular no era perfecta y por lo tanto, el precio reflejaba otras variables- destruyó esa confianza ciega en este funcionamiento homeostático.

Con esta premisa teórica, ¿qué mejor que desregular todo y dejar que el mercado se encargue de los equilibrios económico-sociales?

Pero al parecer la realidad económica está llena de fenómenos impredecibles.

En las llamadas burbujas, como la inmobiliaria de las hipotecas "sub-prime" que desató la actual crisis,

¿dónde está el mecanismo autoregulador del mercado en estas burbujas?

¿Reflejaba el precio siempre al alza de la propiedad la situación de la demanda y la oferta?

La conclusión más obvia es que demanda, oferta y precio forman parte de un mecanismo económico-social infinitamente más complejo que esa crasa simplificación que se ha aplicado durante tanto tiempo.

2. Crisis del racionalismo de mercado

Las preguntas precedentes ponen en entredicho una premisa fundamental de la ley de la demanda y la oferta: el racionalismo de los mercados.

El ser humano viene buscando la racionalidad en materia económica y filosófica desde hace mucho tiempo.

La planificación económica que hizo furor después de la crisis del 29 y la posguerra buscó sintonizar la producción y el consumo con las necesidades de una sociedad.

Con el derrumbe del comunismo, el mercado se impuso como única lógica global.

Según esta ideología, el mercado era racional y eficiente para asignar recursos, tanto en el ámbito laboral, como productivo y financiero.

La debacle mostró que el mercado tiene la misma dosis de irracionalidad, capricho, imprevisibilidad que cualquier individuo o grupo humano.

Lo que nos enfrenta a una problema inquietante.

Si los mercados o el Estado no son la base de un funcionamiento socio-económico racional, ¿quiere decir que estamos a merced de los elementos?

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3. Consecuencia Axiológica: teoría de los valores

Este aparente desamparo de nuestra praxis económico-social se complementa con una crisis de fundamentos éticos.

Desde los '80 y en particular con la caída del muro de Berlín, se impuso un individualismo a ultranza que se basaba en una teoría del egoísmo como valor organizador ideal de una sociedad.

La teoría se retrotrae a Adam Smith y su consideración de que la mejor manera de comportarse socialmente - de beneficiar al conjunto- era que cada uno persiguiese su propio interés ya que la "mano invisible del mercado" iba a arreglar todos los entuertos que se produjesen en el camino.
Adam Smith jamás negó la acción social ni la labor del Estado, ni la presencia de los valores (la justicia era fundamental en su sistema) como se interpretó con ignorancia o mala fe tiempo después.
Pero uno de sus seguidores, Frederich Von Hajeck y su discípulo Milton Friedman radicalizaron sus ideas.
Ayn Rand, una novelista y filósofa que empezó a ser conocida en los '40, le dió vuelo filosófico y subjetivo a este viraje, planteando que el egoísmo - la búsqueda ciega del propio beneficio- era el fundamento de la civilización.
Entre sus discípulos se encontraba Alan Greenspan, quien años después estaría al frente de la Reserva Federal de Estados Unidos de 1987 a 2006, es decir, durante el período de la más completa desregulación financiera.

El mismo Greenspan reconoció ante el Congreso que su edificio teórico tenía fallas.

"Estoy asombrado. Durante 40 años o más las pruebas apuntaban a que este sistema estaba funcionando excepcionalmente bien", dijo Greenspan.

El consenso hoy es que la búsqueda desenfrenada del propio beneficio ha sido determinante en las dos megacrisis mundiales de los últimos 80 años - la gran depresión y esta crisis.

¿Se necesita alguna otra prueba que el impacto devastador de estas dos debacles?


4. Azar, causalidad, incertidumbre

Una premisa que viene del iluminismo y que durante dos siglos nos sostuvo con su fe, fue la posibilidad de correspondencia entre lo que decíamos y la realidad.

Esta correspondencia era el fundamento del conocimiento científico y la predicción de fenómenos y tendencias.

Desde principios de siglo XX ha habido numerosos cuestionamientos a esta premisa (desde Ludwig Wittengstein hasta el principio de incertidumbre del físico Werner Heisenberg y el radical relativismo de los posmodernos), pero una fe básica en sus fundamentos ha sobrevivido en muchos campos, entre ellos la economía.

Dos conocidos financistas, bien inmersos en los debates de la filosofía, creen que esta crisis exige volver a pensar las cosas.
Soros: finanzas y subjetividad

George Soros estudió filosofía en la London School of Economcis con Karl Popper y acaba de publicar sus conclusiones en "The Crash of 2008" que lleva el sugestivo subtítulo de "El nuevo paradigma de los mercados financieros".

Según Soros, pretender que los mercados financieros reflejan la marcha de la economía real y se manejan por la oferta y la demanda es desconocer el papel fundamental que cumple la subjetividad y un proceso que llama reflexividad.

El valor del oro o la propiedad no sube porque refleje como un espejo una realidad subyacente de demanda y oferta, sino porque los operadores del mercado por su misma interacción influyen en este precio como sucede en las burbujas financieras que se arman en torno a un producto o el comportamiento en manada (todos quieren comprar o vender un producto al mismo tiempo)

Otro inversor con iguales inclinaciones filosóficos, Nassim Nicholas Taleb, publicó en 2007 "El cisne negro", en donde dice que sólo podemos predecir lo obvio y jamás el cambio.

Taleb lo pone con el ejemplo del cisne negro. Durante mucho tiempo se pensó que todos los cisnes eran blancos porque la observación había acostumbrado al hombre europeo a que así eran las cosas.

Hasta que en Australia apareció un cisne negro y hubo que revisar todo.

Según Taleb nadie predijo ningún cambio sísmico en la historia humana.

Desde el advenimiento del cristianismo hasta la caída del comunismo y los atentados del 11 de septiembre, sucedieron sin que nadie los anticipara, aunque a posteriori se construyó una narrativa explicativa llena de causas que volvían inevitables estos fenómenos.

Si no podemos anticipar lo más importante, ¿qué sabemos?

5. Consecuencia ontológica

Después de todo lo dicho, cabe formularse la pregunta central de la ontología, a rama de la filosofía abocada al conocimiento sobre los entes.

En este universo económico-social: ¿qué existe?, ¿qué es lo real?

En el siglo XVII Descartes tuvo que retrotraerse a su propio pensamiento para alcanzar una certeza subjetiva sobre qué existía efectivamente: pienso, luego existo.

El pobre Descartes no vivió en este mundo casi irreal de las finanzas del siglo XXI.

Si es relativamente fácil fundamentar la realidad de la producción y el consumo, es mucho más complejo comprender el status existencial de instrumentos financieros como los famosos activos tóxicos (deudas prácticamente incobrables) o los derivados (contratos de compra a futuro apostando al valor que tendrá este producto o activo: materia prima, hipotecas, moneda, etc), fundamentales para comprender la crisis que vivimos.

En 2007 se calculaba que el PIB mundial (todo los bienes y servicios que produjo el mundo) era de 63 millones de millones.

En ese mismo año se estimaba que el mercado de los derivados era de 596 millones de millones - casi 10 veces más que lo que producía el planeta.

El valor del PIB se refiere a algo tangible.

¿Qué realidad tienen esas gigantescas apuestas a precios futuros que son los derivados o las burbujas?

Esta pregunta no se la hacen sólo los neófitos en materia económica.

"En términos filosóficos los economistas son materialistas para quienes las bolsas de trigo son mucho más reales que las carteras de bonos", explicó al "The Economist" Perry Mehrling del Barnard College, Columbia University.

Y, sin embargo, la economía tiene una realidad mucho más elusiva como lo demuestra el funcionamiento mismo del dinero.

"El dinero no es algo completamente real. El dinero es la promesa de que uno va a poder comprar algo. Igual que el dinero que uno tiene depositado en el banco. Uno tiene una promesa de que el banco va a pagar. Si el banco quiebra, la promesa deja de existir", explicó a BBC Mundo Jon Danielsson de la London School of Economics.

Si se multiplica esto por las miles de millones de transacciones diarias que se hacen en dinero contante o en bonos, títulos y otras volatilidades del mundo financiero, se ve cuántas promesas se quebraron.

--
--
Los amos del mundo
----
Fuente:
Justo, Marcelo (21/7/09) Cinco consecuencias filosóficas de la crisis. En: BBC Mundo. [  En línea ]. Disponible en: http://www.bbc.co.uk/mundo/economia/2009/07/090706_filosofia_crisis_mj.shtml
--
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Quiebra de GM: Los íconos del capitalismo se derrumban

Enlace permanente 1 de Junio, 2009, 18:30



La quiebra de General Motors (GM) supone la caída del gigante industrial que mejor ha representado el modelo capitalista estadounidense hasta el punto que en su época de esplendor, la salud de GM se equiparó con la de todo el país.

A principios de los años de la década de 1950, Estados Unidos estaba en la cima del mundo. El país seguía disfrutando la victoria en la Segunda Guerra Mundial y se disputaba el liderazgo con la emergente Unión Soviética.

La maquinaria industrial estadounidense funcionaba a plena capacidad y las factorías de General Motors (que durante la guerra se concentraron en la producción de material bélico) escupían automóviles a una velocidad vertiginosa para satisfacer el sueño americano.
Un gigante

En 1954, su cuota de mercado en Estados Unidos había alcanzado su punto álgido, 54%, y había producido el vehículo número 50 millones. Millones de familias en todo el país dependían económicamente de General Motors.

La ligazón entre GM y el país era tal que en 1953 el entonces presidente estadounidense, Dwight Eisenhower, nombró al presidente de General Motors, Charles E. Wilson, secretario de Defensa.

Según la biografía oficial del Departamento de Defensa, durante su proceso de confirmación en el Senado, Wilson asoció el futuro de Estados Unidos y General Motors.

Preguntado si como secretario de Defensa podría tomar decisiones contrarias a los intereses de su compañía, Wilson dijo que sí, "porque durante años pensé que lo que era bueno para el país era bueno para General Motors, y viceversa."


Durante décadas, la declaración de Wilson pareció irrefutable
.


La empresa había sido fundada en 1908 por William Durant y en sus primeros años de existencia engulló otros fabricantes como Buick, Oldsmobile, Cadillac y GMC. Pero la empresa realmente no despegó hasta que en 1923 Alfred Sloan fue nombrado presidente y consejero delegado.

Sloan disparó la cuota de mercado del 12% al 41% en 1941 y expandió internacionalmente la compañía estadounidense con la compra de la británica Vauxhall en 1925 y la alemana Adam Opel en 1929.

Cincuenta años después, a principios de los años 1980, General Motors se había convertido en un gigante descomunal, con más de 600.000 empleados en Estados Unidos y otros 250.000 en el resto del mundo.

Pero la compañía que era demasiado grande para caer y que definía lo que era bueno para Estados Unidos empezó a languidecer tan pronto como alcanzó su cima.

Sus ingresos se duplicaron en siete años y pasaron de US$62.700 millones en 1981 a US$123.600 millones en 1988. El fabricante de automóviles se había diversificado para producir desde autobuses hasta satélites y equipos militares.


Declive


Cuando Rick Wagoner llegó a la presidencia de GM en el 2000, la suerte del coloso industrial estaba prácticamente decidida gracias al ascenso de los fabricantes asiáticos y la incapacidad del sector del automóvil estadounidense para cambiar.

A principios del siglo XXI General Motors estaba compuesto por un listado impresionante de marcas: Buick, Oldsmobile, Cadillac, GMC, Chevrolet, Vauxhall, Opel, Saab, Saturn, Daewoo y Hummer.

A pesar de todos estos nombres, GM llegó al siglo XXI dependiendo de que los consumidores estadounidenses seguirían comprando eternamente los grandes todoterrenos de los años 1990 y sin estrategia de cambio.

Mientras, Toyota, Honda y Nissan se asentaron en Estados Unidos y le robaron día a día cuota de mercado, dejando al descubierto todos los puntos débiles del gigante.

El ascenso de los precios del petróleo y la crisis económica del 2008 fueron la puntada final. Los compradores estadounidenses desaparecieron de los concesionarios y las ventas se desplomaron.

Del 2006 y al 2008, sus pérdidas sumaron la increíble cifra de US$90.000 millones y el castillo de naipes en que se había convertido el representante del antiguo capitalismo estadounidense cayó con inusitada velocidad 100 años y 8 meses después de su creación.
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Fuente:
* Quiebra de GM: La caída de un gigante de la industria (1/06/2009). Agencia Efe. En: Los tiempos.Com [En línea]. Disponible en: http://www.lostiempos.com/diario/actualidad/economia/20090601/quiebra-de-gm-la-caida-de-un-gigante-de-la_12282_19830.html

Ver también:
* General Motors, en quiebra. Cae el gigante industrial que representó el esplendor del capitalismo en EEUU (01/06/2009)  Xornal de Galicia. En: Xornal.com[En línea]. Disponible en: http://www.xornal.com/artigo/2009/06/01/economia/ocaso-gigante-gm-declara-quiebra/2009060112195591281.html

* Caída de General Motors se transforma en la tercera mayor quiebra de EE.UU.(1/06/2009). Agencia Efe. En: Los tiempos.Com [En línea]. Disponible en: http://www.lostiempos.com/diario/actualidad/economia/20090601/caida-de-general-motors-se-transforma-en-la-tercera-mayor-quiebra-de_12370_19943.html  

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Ágora: Hypatia y la Biblioteca de Alejandría

Enlace permanente 25 de Mayo, 2009, 17:40

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Ágora (2009)
Director: Alejandro Amenabar

Siglo IV. Egipto bajo el Imperio Romano.

Las violentas revueltas religiosas en las calles de Alejandría alcanzan a su legendaria Biblioteca.


Atrapada tras sus muros, la brillante astrónoma Hypatia lucha por salvar la sabiduría del mundo antiguo con la ayuda de sus discípulos.

Entre ellos, los dos hombres que se disputan su corazón: Orestes y el joven esclavo Davo, que se debate entre el amor que le profesa en secreto y la libertad que podría alcanzar uniéndose al imparable ascenso de los cristianos

Referencias:

* Web de la película Ágora (2009). Disponible en: 
http://www.agoralapelicula.com


* Secuencia animada de imágenes (2009). Disponible en:

http://img505.imageshack.us/slideshow/player.php?id=img505/1223/1243369101tx4.smil


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Hypatia of Alexandria,
the Last Philosopher of the Hellenistic Era
 and her Brutal Assassination


Hypatia, the last great philosopher and mathematician of the Hellenistic Age, who was brutally assassinated by a fanatic christian mob in 415 a.D.

Her life, her contribution to science and philosophy, her death marked the end of the Greek Philosophy and Science. Officially, after the death of Hypatia, Europe entered the long and dark period of the Middle Ages.

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Jürgen Habermas recibe el Premio Brunet a los Derechos Humanos

Enlace permanente 17 de Mayo, 2009, 20:12


El pensador alemán Jürgen Habermas recibió el 9 de mayo, día en el que además se cumplía los 64 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, el Premio Jaime Brunet 2008, creado para fomentar la política a favor de los derechos humanos.


El profesor Habermas cuenta con otros prestigiosos premios, entre los que cabe citar: el Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (2003), los premios Hegel (1974), Sigmund Freud (1976), Adorno (1980). Es Miembro de la Academia Alemana de la Lengua y "doctor honoris causa" por la universidades de Jerusalén, Buenos Aires, Hamburgo, Utrecht, Evanston, Atenas, Tel Aviv y de la New School for Social Research de New York.

El Jurado del Premio Jaime Brunet ha querido resaltar la figura de un filósofo que a lo largo de su trayectoria ha apostado, por una racionalidad comunicativa orientada hacia el entendimiento mutuo y la búsqueda del mejor argumento, como base legítima de la voluntad de los sujetos. Aboga para ello por un contexto democrático, como modelo de organización de la vida política, en el que los ciudadanos formados participan, debaten y dialogan sobre distintas alternativas. El Jurado quiere subrayar también el optimismo democrático de Habermas para quien la universalidad de las normas, aunque sea en potencia, es garantía formal para el cumplimiento de la justicia. Valoran especialmente su apuesta por un desarrollo simultáneo de la inteligencia moral junto con la inteligencia tecnológica e instrumental, que implica la formación de ciudadanos maduros y autónomos dispuestos a poner en entredicho sus convicciones más firmes y a aceptar el resultado de la discusión democrática.

En su discurso de aceptación del premio ha repasado que "los derechos humanos surgieron de la resistencia política contra la arbitrariedad, la represión y la humillación" y han ido incorporándose desde el siglo XVIII paulatinamente a todas las naciones e idiomas, y "desde entonces han sido violados pero también ratificados con mucha frecuencia".

En todo caso, ha dicho que la lucha por su instauración, continúa hoy en China, África, Bosnia o Kosovo "y también en nuestros propios países", de forma que "cada una de las repatriaciones de un solicitante de asilo al que se le cerró la entrada en un aeropuerto, cada uno de los barcos repletos de fugitivos de la pobreza que naufraga en la ruta entre Libia y la Isla de Lampedusa nos interpela a nosotros, los ciudadanos europeos".


Al respecto, ha puesto el acento en dos circunstancias que, en torno a los derechos humanos, se han revelado como características actuales, ya que mientras que en Europa se lucha por el reconocimiento de las minorías, la igualdad de condiciones laborales o de género, "la retórica de los derechos humanos ha ido desgastándose más" y "se han convertido en palabrería hueca que brota fácilmente de nuestras bocas".


Al respecto, Habermas ha planteado que los derechos humanos "constituyen aquella parte de la moral que no sólo hay que respetar en el trato personal sino que debe convertirse en realidad política, adoptando la robusta figura de los derechos fundamentales obligatorios".


En todo caso, ha reconocido que "el afianzamiento de los derechos humanos es problemático, pero no sólo en el ámbito internacional y en otras sociedades. Lo corrobora de inmediato el ejemplo del más que cuestionable trasiego sobre garantías de seguridad y las libertades civiles que, a raíz del terrorismo internacional, nuestros gobiernos imponen a su ciudadanía".


Además, durante la rueda de prensa Habermas dio su punto de vista sobre varios temas de actualidad como son el arribo de Barack Obama a la Casa Blanca y las posibles soluciones a la crisis financiera mundial.

Respecto al primer tema el pensador alemán se mostró positivo afirmando que el nuevo gobierno es "un regalo muy grande" para Estados Unidos de América después de ocho años de mandato de G.W Bush. También mencionó que el fenómeno Obama no podría concebirse en Europa, pues la cultura estadounidense tiene una "gran disponibilidad a emocionarse con las cosas"; mientras que en Europa, "con una historia complicada del siglo XX, con catástrofes y dictaduras, quizá es conveniente que aquí seamos menos entusiastas y estemos más en el suelo".

En cuanto a la crisis económica aseguró que ésta sólo podrá paliarse por la vía política, el interés que despierten la nuevas generaciones y el cambio de mentalidad que procura el éxito personal hacia el bienestar colectivo.


Fuentes:

* El pensador Jürgen Habermas recibe el Premio Brunet a los Derechos Humanos(08/05/2009) EFE. En : Soitu.es. [En línea]. Disponible en: http://www.soitu.es/soitu/2009/05/08/info/1241787638_455954.html

* Gregersen, Thomas (10/05/2009)Habermas receives Spanish prize for human rights. En: Habermas Forum. [En línea]. Disponible en: http://www.habermasforum.dk/index.php?type=news&text_id=453

* Jürgen Habermas afirma que Obama ha supuesto "un regalo muy grande" para EEUU (8/5/09). En: Europa Press.net.[En línea]. Disponible en:
 
http://www.europapress.es/navarra/noticia-jurgen-habermas-afirma-obama-supuesto-regalo-muy-grande-eeuu-20090508200618.html?rel 
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Jurgen Habermas at Nexus Institute
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Fundamentales de la socioeconomía marxista

Enlace permanente 27 de Abril, 2009, 3:17

"No podemos hablar aquí de lo que es más importante en la obra de Marx: de la fuerza prodigiosa que le permitió crear un arsenal de ideas, puestas a la disposición de una tendencia política determinada y un ejército de consignas, siempre a punto de ser utilizadas y de una sorprendente eficacia, de esta pasión calentada al lrojo, que fascinó a compañeros y adversarios, de este estilo de profeta que hace de sus escritos una obra única en su género. Esto es, ante todo, lo que explica su éxito y lo que hizo salir el marxismo de los límites de la ciencia propiamente dicha. (...) No  obstante, sería injusto deducir de ello, o creer que la obra de Marx no es, fundamentalmente, científica y que su pensamiento es, simplemente, función de sus objetivos políticos. (...) Hemos de considerar, pues, su obra como un trabajo minucioso, basado en un saber muy amplio. (...) Sólo se le puede negar a Marx su originalidad en el sentido en que se le puede negar a cualquier otro autor. Sin embargo, no tuvo solamente originalidad, sino también unas dotes científicas de primer orden. (...) Marx sentía, en su más alto grado, la necesidad de un análisis científico y no se satisfizo nunca con estudios de detalle, lo cual, por otra parte, contribuyó a su éxito en Alemania: en la época en que apareció su Tomo I [El Capital, A.Ch.], no había nadie en aquel país que pudiera medirse con él, ni en vigor intelectual ni en saber teórico. (...) Así, Marx había de convertirse en el maestro de muchos no socialistas (en particular del propio autor)."
J. A. Schumpeter, 1963
Síntesis de la evolución de la ciencia económica y sus métodos
Barcelona, Ediciones de Occidente, pp.126-128
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José Pablo Feinmann:
Karl Marx:La Burguesía Capitalista
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José Pablo Feinmann
Karl Marx: El Manifiesto Comunista
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Las dos grandes clases sociales

El sistema capitalista se caracteriza, en primer lugar, por el hecho de que las fábricas, los campos, los bancos, los comercios, es decir, los medios para producir, comerciar y para el intercambio, son propiedad privada de un grupo social, los capitalistas. Frente a ellos se encuentra una inmensa mayoría de personas que no son propietarias de ningún medio para producir, y deben trabajar para los capitalistas por un salario. Son los obreros.

Ser obrero o capitalista no es algo que podamos elegir a voluntad, porque está determinado por la forma en que está organizada la sociedad. Para comprender este importante punto, supongamos dos niños, uno hijo de obreros, el otro de empresarios. El primero, cuando llegue a adulto, a lo sumo tendrá como herencia la casa de sus padres; con eso no podrá para mantenerse, y deberá hacer lo mismo que hicieron sus padres: contratarse como empleado u obrero. Es decir, pertenece a la clase obrera desde su nacimiento, a la clase que no es propietaria de los medios para producir. Es una situación que no elige, porque la conformación de la sociedad lo destina a ese lugar. El segundo, en cambio, cuando llegue a adulto va a heredar la empresa de sus padres, y estará destinado "socialmente" a ser empresario. Como vemos, cada uno de estos niños pertenecerá a grupos sociales distintos. ¿Qué los distingue? El hecho de que uno de esos grupos es propietario de los medios de producción, el otro no lo es. Los que no son propietarios están obligados a trabajar bajo el mando de los que son propietarios.

A los grupos de personas que se distinguen por la propiedad o no propiedad de los medios de producción, se los llama CLASES SOCIALES. La clase capitalista es la clase o grupo de gente propietaria de los medios de producción. La clase obrera es el grupo que no es propietario de los medios de producción y debe trabajar por un salario, bajo el mando de los capitalistas. Un obrero puede ganar más o menos dinero, pero mientras no sea propietario de las herramientas y máquinas con las que trabaja, y esté obligado a emplearse por un salario bajo las órdenes del empresario, seguirá perteneciendo a la clase obrera.

En esta sociedad existen dos grandes clases sociales, los propietarios de los medios de producción, que emplean obreros; y los no propietarios de los medios de producción, que trabajan como asalariados para los primeros.

Entre estas dos grandes clases sociales existe otra clase, que llamaremos la pequeña burguesía. Este grupo ocupa una posición intermedia entre la clase obrera y la clase capitalista, porque por lo general tienen una propiedad (por ejemplo, un taxi, un pequeño comercio, son profesionales independientes), pero no emplean obreros, y viven de su trabajo.

También existen otros sectores, que son más difíciles de clasificar; por ejemplo, los ladrones, los mendigos. Pero lo importante es que nos concentremos por ahora en las dos grandes clases, la capitalista y la obrera, para analizar qué relación existe entre ambas. Esta relación nos mostrará el secreto del funcionamiento de este sistema capitalista.

Antes de terminar este punto, queremos refutar una idea que tratan de inculcar, y que viene a decir que es "natural" que los seres humanos pertenezcan a clases diferentes. Según este argumento, pareciera que la naturaleza ha dispuesto que algunos vengan a este mundo siendo propietarios de los medios para producir y comerciar, y otros no. En el mismo sentido, se nos quiere hacer creer que hace muchos años, hubo un grupo de gente que ahorraba y trabajaba mucho, y otro que haraganeaba todo el día. Entonces, el primer grupo se hizo propietario, y a partir de allí sus hijos y todos sus descendientes ya no tuvieron que trabajar. Mientras que los del segundo grupo, los holgazanes, se vieron obligados a trabajar como empleados, y todos sus descendienes también, y ya no pudieron salir de esa situación.

Como se puede intuir, todos estos son cuentos para disimular el hecho de que esta sociedad está dividida en clases, que esta situación ha sido provocada por la evolución de la historia humana, y por lo tanto es modificable. Veamos ahora qué sucede cuando un obrero trabaja para el patrón.

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La explotación.¿Qué es el valor?
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Vamos a comenzar por una pregunta que está en la base de toda la economía: de dónde viene el precio de las cosas que compramos o vendemos. Aquí vamos a dar una explicación muy sencilla, que nos servirá para lo que sigue.

Cuando hablamos de precio, nos referimos al valor económico que tiene una mercancía. Por ejemplo, si un reloj tiene un precio muy alto, decimos que tiene mucho valor; de un producto de mala calidad, decimos que vale muy poco. Entonces, ¿Qué es lo que da valor a las cosas? ¿Por qué algunas tienen mucho valor (son caras) y otras no?

En el siglo pasado, varios economistas llegaron a la conclusión de que lo que otorga valor a las mercancías (por lo menos, de todas las que se hacen con vistas a la venta) es el trabajo humano empleado para producirlas.

Por ejemplo, si un mueble tiene una madera muy pulida, si tiene muchas manos de barniz, es decir, si tiene muchas horas de trabajo invertidas en su fabricación, tendrá más valor que otra mesa mal terminada, mal pulida. Supongamos que en la primera se han empleado 20 horas de trabajo, y en la segunda 10 horas. La primera tendrá el doble de valor que la segunda y eso se manifestará en el precio: podemos suponer que la primera costará el doble de dinero que la segunda. Por ejemplo, si la primera vale 100 pesos y la segunda 50 pesos, esa diferencia expresará que en la primera se empleó aproximadamente el doble de tiempo de trabajo para producirla.

La fuentte de valor es el trabajo humano que se invierte en producir, en modificar materias tomadas de la naturaleza, para crear los bienes de uso que empleamos en nuestras vidas.

Entonces el valor es una cualidad, una propiedad, de los bienes que compramos o vendemos, que tiene algo así como dos "caras": por un lado, es el tiempo de trabajo que se emplea para producir ese bien; ésta sería la cara oculta, la que no vemos a primera vista, cuando estamos en el mercado. Por otro lado, ese tiempo de trabajo se nos muestra en el precio, en el dinero que pagamos cuando lo compramos o que recibimos cuando lo vendemos; esta es la cara visible del valor, que hace que no nos demos cuenta de que, al comprar o vender cosas, estamos comprando o vendiendo tiempos de trabajo.

Por eso, cuando decimos que un bien (una mesa, una camisa, etc.) vale tanto dinero, estamos diciendo en el fondo que se empleó una cierta cantidad de trabajo para producirla. A pesar de que esto no aparece a la vista, los empresarios siempre están calculando los tiempos de trabajo empleados. Por ejemplo, los empresarios del acero calculan que en Argentina, para producir una tonelada de acero, hoy hacen falta 11 horas de trabajo, en Brasil 8 y en México 12. Estas diferencias pueden estar dadas por las diferentes técnicas, o por otros motivos.

Por supuesto, un trabajo más complejo, más difícil, agrega más valor. Daremos un ejemplo. Supongamos que un campesino leñador va a un bosque y corta un árbol, y lo transporta hasta el pueblo, donde vende la madera, y que toda esa operación le lleva 10 horas de trabajo; supongamos que en cada hora de trabajo los hacheros generan 5 pesos de valor. Por lo tanto, este campesino podrá vender la madera en 50 pesos (10 horas de trabajo x 5 pesos = 50 pesos). Pero quien compra ahora la madera es un artesano, tallador experto, que saca de ella un bonito adorno. Supongamos que este artesano emplea otras 10 horas de trabajo, pero esta vez, como su trabajo es más complejo, más difícil, en cada hora de trabajo agrega 15 pesos de valor, en lugar de los 5 que generaba el leñador. Por lo tanto, habrá sumado a la madera un valor de 150 pesos (10 horas de trabajo x 15 pesos = 150 pesos). El adorno, de conjunto, valdrá 200 pesos = 50 pesos (valor creado por el leñador) 150 pesos (valor creado por el tallador). Estos 200 pesos representarán 10 horas de trabajo "simple", del leñador, y 10 horas de trabajo complejo, del artesano tallador. También podríamos reducir todo a horas de trabajo simple, por ejemplo, decir que los 200 pesos que vale el adorno representan 40 horas de un trabajo tan simple como el que realizó el leñador.
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Filosofía de la praxis y crítica de la economía política

Enlace permanente 22 de Abril, 2009, 12:30

José Pablo Feinmann:
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Karl Marx - Georg Hegel
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¿Cuál es la función de la filosofía según Marx?
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Karl Marx-El Capital-Mercancia--

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Karl Marx:El secreto de la mercancia

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Karl Marx-El Capital-Acumulación originaria- Plusvalía
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Teoría de la Crisis según J. Habermas y C. Offe

Enlace permanente 19 de Abril, 2009, 17:51

La Crisis del capitalismo monopolista financiero


La "segunda generación" de la Escuela de Frankfurt plantea sobre el concepto de crisis el análisis del capitalismo post-industrial o neocapitalismo. Frente a la visión optimista neoliberal de la existencia de un mercado autónomo, los frankfurtianos consideran que en su fase actual, el capitalismo ha necesitado introducir la regulación estatal para continuar su pervivencia. El capitalismo tardío , entonces, es el que organiza el mercado utilizando al Estado como un mecanismo más. De manera que, según esto, los beneficios son adjudicados al mercado y las pérdidas son asumidas por el Estado. Por tanto, el Estado deviene en un mecanismo de equilibrio económico y social. Pero, las fluctuaciones y oscilaciones de la economía especulativa supondrá la existencia de una permanente y continua crisis. Crisis que es estudiada pormenorizadamente por Jürgen Habermas en su obra: Problemas de legitimación en el capitalismo tardío y por Claus Offe en: Contradicciones en el Estado del Bienestar.
 
 Para explicar adecuadamente el concepto de crisis neofrankfurtiano hay que referirse al examen que Marx hizo del desarrollo histórico capitalista. Para Marx, este desarrollo es inseparable del proceso de explotación. La dialéctica entre beneficio y explotación determina asimismo una dialéctica de conflictos y contradicciones no sólo económicos sino especialmente políticos, sociales y culturales. Y, aunque la infraestructura económica fue privilegiada por Marx en cuanto núcleo condicionante del resto de estructuras, lo cierto es que ya en el análisis marxiano se avanza una primera teoría de las crisis económicas del capitalismo. Y es aquí en donde en enlaza la "segunda generación" con la herencia teórica de Marx.

Ahora bien, si algo caracteriza a los neofrankfurtianos es su posición de síntesis entre diferentes tradiciones intelectuales. Habermas, en este sentido, es el mejor ejemplo de la búsqueda de una armonización entre el paradigma dialéctico y el paradigma analítico-funcional parsoniano. Su Teoría de la Acción Comunicativa sólo puede entenderse globalmente desde ese interés por ensamblar conceptos provenientes de teorías sociales y políticas que parecían inconciliables entre sí. Marxismo y parsonianismo estarían en esta situación.


Habermas, por tanto, recoge el significado de crisis del modelo marxiano que lo explica y entiende como crisis de integración social y, a la par, lo enlaza con el elaborado por Parsons y el Neofuncionalismo de Niklas Lühmann que describe los conflictos como procesos de crisis sistémicas. La conciliación entre integración social e integración sistémica que hace Habermas se referirá a la comprensión del concepto de crisis y desajuste en la sociedad de capitalismo tardío como consecuencia de la imposibilidad de asumir por y en las instancias institucionales y organizativas las demandas sociales y, al mismo tiempo, esa imposibilidad organizativa-institucional actuará de manera determinante sobre "el-mundo-de-la-vida"; es decir, se está ante una doble contradicción : la incapacidad del neocapitalismo para adaptarse a las necesidades de su población y, asimismo, la incapacidad de la población para poder adaptarse a los objetivos de una economía mundializada y cuyo funcionamiento se articula en la búsqueda especulativa de ganancias por parte de la transnalización de las empresas corporativas.

La dialéctica entre intersubjetividad y objetividad institucional es el hilo conductor de la perspectiva teórica de la "segunda generación".  Sin establecer esta dialéctica entre lo psicológico y lo sociológico, el estudio de la sociedad de capitalismo tardío apenas supondría un paso adelante en relación a Marx. Mas, el capitalismo tecnológico se ha complejizado de manera que alcanza a todos los sectores de la existencia humana. Lo microsociológico referido al mundo subjetivo del sujeto ("el-mundo-de-la-vida") y a la cotidianidad se tienen que encuadrar en la dinámica de las grandes estructuras sociopolíticas. Habermas, pues, al diferenciar entre integración social aludirá a los procesos de socialización, mientras que por integración sistémica entenderá los rendimientos colectivos de autogobierno regulado; esto es, la articulación de las estrategias sociopolíticas que mantienen el sistema de intercambios económicos hegemónicos.

   Tanto para Habermas como para Offelas contradicciones entre integración social e integración sistémica son expresiones de la imposibilidad de autogobierno y resolución de problemas que tiene el capitalismo tardío y el Estado del Bienestar surgido de la economía keynesiana, tras el final de la Segunda Guerra Mundial, y cuyo objetivo estaba en la evitación de conflictos sociales. Si el sistema quiere seguir conservando sus límites, pese a la mayor complejidad, todo el sistema se hace inestable. Y es en este punto en donde Habermas y Offe sitúan su concepto de crisis: en la inestabilidad e ineficacia de este modo económico para asumir y aceptar sus contradicciones. A continuación se expondrán las dos posiciones -la de Habermas y Offe- y, pese a sus diferencias, se verá que no sólo son complementarias sino también coincidentes.


Crisis  y capitalismo tardío: El análisis de Jürgen Habermas


   La Teoría de la Crisis de Habermas nace de la aproximación del autor alemán a las teorías marxianas sobre la crisis del capitalismo industrial. El concepto de "crisis", no obstante, se remonta a la Estética clásica y, desde Aristóteles hasta Hegel, se entiende como el punto de inflexión de un proceso fatal en el que sucumben los personajes incapaces de hacer frente al poder del destino. La Filosofía de la Historia ilustrada, ya en pleno siglo XVIII, introduce este concepto en su significado de cambio de los ciclos históricos. con la Ciencia Nueva  de Vico se consolida su sentido moderno. Pero serán las teorías evolucionistas de la sociedad las que biologizan las transformaciones experimentadas por una determinada formación social. Frente a este modelo de crisis basado en la Naturaleza, Habermas vuelve al concepto de crisis enunciado por Marx que lo refiere como un elemento estructural de la sociedad de capitalismo. Desde este horizonte conceptual, el neofrankfurtiano enfocará las crisis económicas, políticas y culturales de la sociedad post-industrial actual.

La novedad de la teoría de la Crisis habermasiana proviene de que la vincula con la Teoría de Sistemas. En este planteamiento, el sistema de sociedad puede entenderse como un sistema de sistemas sociales. Esa conexión establece un doble concepto de integración. Precisamente en esa dualidad es en donde Habermas situará su interpretación de las dificultades del capitalismo en la adaptación del individuo no sólo en su integración social, sino especialmente en su integración sistémica.

Así pues, de integración social hablamos respecto de sistemas de instituciones en las que se socializan sujetos hablantes y actuantes; los sistemas de sociedad aparecen con el aspecto de un mundo-de-vida (lebenswelt) (-término acuñado por Edmund Husserl y redefinido por A. Schütz en el contexto de la sociofenomenología-) estructurado por medio de símbolos de comunicación e interrelación.

La integración sistémica, a su vez, se relaciona con la Teoría de Sistemas en cuanto que el sistema intenta reducir la complejidad del ambiente de autogobierno específico de un sistema autorregulado. Los sistemas de sociedad aparecen aquí con el aspecto de la capacidad para conservar sus límites y su patrimonio dominando la complejidad de los fenómenos inestables.

Bajo el aspecto de mundo-de-vida , acaparamos el campo de las estructuras normativas -valores e instituciones- y con ello se analizan acontecimientos y estados en su dependencia respecto de las funciones de integración social, mientras que los componentes no normativos del sistema se consideran condiciones limitantes. En el aspecto sistémico se tematizan los mecanismos de autogobierno de una sociedad determinada y la aplicación del campo de contingencia, los acontecimientos y estados se analizan en su mutua dependencia respecto a funciones de integración sistemática, considerándose dados los valores normativos.

Desde esta doble integración es desde donde hay que entender en profundidad la gravedad del concepto de crisis expuesto por Habermas porque  no se tratará sólo de una crisis de estructuras "exteriores" al sujeto, sino especialmente de una crisis que afecta a todas las esferas de la existencia.

Habermas estima que los sistemas sociales cumplen tres condiciones, resumidamente expuestas se pueden definir como procesos universales de toda sociedad y serían:


1º)  El intercambio de los sistemas de sociedad con su ambiente se basan en la producción (apropiación de la naturaleza externa) y la socialización (apropiación de la naturaleza interior), lo cual implica un nivel de existencia sociocultural.

2º)  Los sistemas de sociedad alteran sus patrones de normalidad de acuerdo con el estado de las fuerzas productivas y el grado de autonomía sistémica. Pero la variación de los patrones de normalidad está restringida por una lógica del desarrollo de imágenes del mundo sobre la cual carecen de influencia los imperativos de integración sistémica. Desde este punto de vista, los individuos socializados configuran un "ambiente interior" que resulta paradójico desde la perspectiva del "Autogobierno", esto es debido a las imprecisiones generadas por una extensión indebida de la Teoría de Sistemas. Desapareciendo tan pronto como se escoge entre sistema y autogobierno o mundo-de-vida e intersubjetividad producida lingüísticamente y se fundamentan en pretensiones de validez susceptibles de crítica.


3º)  El principio de organización , entonces, vendrá dado por el nivel de desarrollo de una sociedad, el cual se determina por la capacidad de aprendizaje institucionalmente admitida y, en particular, según se diferencien las cuestiones teóricas-técnicas de las prácticas y se produzcan procesos de aprendizaje discursivo.


Habermas sitúa en los principios de organización de las sociedades su Teoría de la Crisis. En este punto, repasa las formaciones sociales tradicionales hasta llegar a la aparición del capitalismo liberal y sus crisis sistémicas. Pero son las tendencias a la crisis en el capitalismo tardío las que centran el análisis del teórico de la "segunda generación" de Frankfurt.  Para el autor de Teoría y Praxis , el paso del capitalismo liberal al capitalismo de organización ha supuesto una transición muy compleja y muestra interesantes variaciones nacionales. Mas interesa especialmente articular un modelo de capitalismo de organización a través del que poder describir y explicar esas tendencias a la crisis. Por consiguiente, una de las principales aportaciones de Habermas será la elaboración de un modelo descriptivo del capitalismo tardío.


Las denominaciones de capitalismo de organización, capitalismo regulado por el Estado  o  capitalismo tardío hacen referencia a dos clases de fenómenos, aunque todas remiten al estadio avanzado del proceso de acumulación. Por una lado, aparece el proceso de concentración de empresas (nacimiento de las corporaciones nacionales y multinacionales) y la organización de los mercados de bienes, de capitales y de métodos de trabajo; asimismo, por otro lado, el Estado pasa a ser un mecanismo regulador del mercado e interviene en los crecientes desequilibrios del funcionamiento de éste. El capitalismo tardío, pues, es el que necesita del estado para organizar los desajustes creados por la lógica del beneficio de las enormes corporaciones industriales y financieras. Para Habermas, la difusión de estructuras oligopólicas de mercado significa, sin duda, el fin del capitalismo de competencia. Ese  fin del capitalismo liberal está en la génesis de un conjunto de problemas derivados del crecimiento de ese reajuste y nueva fase del sistema.

Un teoría del capitalismo tardío, en consecuencia, debe buscar resolver una serie de cuestiones como son:


 -   ¿Admiten las estructuras del capitalismo tardío una superación, por vía evolutiva, cuando la contradicción dominante resulta ser una producción con fines no generalizables para toda la población ya que se basa en la apropiación privada?


 -   ¿En el caso de una vía autosuperadora, cuál sería la dinámica de desarrollo que llevaría a dicha dirección?


-     ¿En caso negativo, cuáles son las tendencias a la crisis en las que se exterioriza el antagonismo de clases provisionalmente reprimido pero no resuelto?


En último término, la pregunta fundamental desde la que Habermas construye su análisis será: ¿las estructuras del capitalismo tardío parecen contener una crisis económica de largo plazo, luego es ésta una crisis económica o es una crisis desplazada dirigida hacia una crisis sistémica a partir de la que habrá que considerar diversas tendencias a la crisis dentro de los subsistemas de esta sociedad?

La pregunta anterior puede clasificar las tendencias a la crisis que Habermas realiza de los sistemas o subsistemas que conforman la sociedad de capitalismo tardío. Se van a definir, pues, los procesos que determinan la existencia de una crisis global que se desplaza desde lo económico hasta los niveles de la subjetividad ("mundo-de-la-vida")  y que está en el origen de los continuos procesos de reajuste del sistema en su conjunto.

Tales tendencias, por tanto, se sintetizan en las siguientes:


A) Tendencias a la crisis económica:


En el capitalismo liberal el mercado no cumplió por sí solo las funciones de la socialización en el sentido de la integración social; la relación de clases pudo adoptar la forma no-política de la relación entre trabajo asalariado y capital, pero sólo bajo esta condición: que el Estado asegurase las premisas generales de la producción. Ahora bien, la crisis económica surge cuando la cuota de ganancia y la valorización del capital decrecen. El sistema económico requiere input  en trabajo y capital transformados en valores consumibles. Para el modo de producción capitalista es atípica una crisis atribuida a insuficiencias de input. Las perturbaciones del capitalismo liberal fueron crisis de output que trastornaron la distribución de valores canalizada en conformidad con el sistema por la vía del ciclo. Mas, si en el capitalismo avanzado persisten las tendencias a la crisis económica, ello significa que la intervención del Estado en el proceso de valorización obedece a los mecanismos de mercado, a las leyes económicas que operan espontáneamente y están sometidas a la lógica de la crisis económica, como en etapas históricas anteriores. El Estado pasará a ser un mecanismo autorregulador en el proceso de valorización del beneficio. Sin embargo, precisará Habermas, la tendencia a la crisis está determinada por la ley del valor y la actividad del Estado no puede contrarrestar la tendencia a la cuota de ganancia con lo que la crisis económica se impone a través de la crisis social y hace renacer las luchas políticas y la oposición entre las diferentes clases sociales.


 B) Tendencias a la crisis política:


Como ya es sabido, Habermas utiliza el concepto de desplazamiento para articular su Teoría de la Crisis. A partir del desplazamiento de la crisis económica al sistema o subsistema político es como se explica el que tal crisis afecte a todos los aspectos de la sociedad. El desplazamiento hacia lo político es la lógica consecuencia de la imposibilidad de solucionar la crisis económica con medios de carácter económico ya que no es posible transformar el sistema de apropiación privada del beneficio. De aquí su reenvío hacia lo político.


En problemas de legitimación en el capitalismo tardío se determinan, como en un rompecabezas, los elementos que conexionan la aparición de la crisis y es, fundamentalmente, sobre la actividad política en donde los conceptos de legitimidad  y racionalidad  asumen un papel de primera magnitud e interactúan entre sí. El sistema político, según Habermas, requiere un complejo input de lealtad de masas , pero esta lealtad tiene que estructurarse de la manera más difusa posible. Así, cuando en el cumplimiento de los imperativos de autogobierno marcados por el sistema económico, el sistema de legitimación no alcanza el nivel de lealtad de masas requerido, se produce ineludiblemente una crisis de legitimación. Es este aspecto el que conviene subrayar ya que toda la obra posterior del autor alemán tratará de encontrar una solución para restaurar la relación legitimidad-racionalidad a partir de su Teoría de la Acción Comunicativa.

En efecto, para Habermas, la crisis de racionalidad es una crisis sistémica desplazada al igual que la crisis económica, mientras que la crisis de legitimación es directamente una crisis de identidad. El déficti de racionalidad de la Administración pública significará que el aparato del Estado, en determinadas condiciones, no puede aportar al sistema económico rendimientos positivos ya que actúa para intereses no generalizables. Asimismo, el déficit de legitimación significa que con medios administrativos no podrán producirse estructuras normativas. El sistema político tendrá entonces que desplazar sus límites hacia el interior del sistema sociocultural y no sólo del económico con lo que la crisis afectará a todas la esferas incluidas las del mundo-de-vida y sus procesos ideológicos y simbólicos.

C) Tendencias a la crisis sociocultural:


Este aspecto y su análisis resulta de la mayor relevancia para comprender la evolución de las propuestas teóricas posteriores de Habermas. Pero, también aparece como el nexo de unión entre la "primera generación" y la "segunda" de la Escuela de Frankfurt. Y, a la vez, resulta un complejo esfuerzo para salir ideológico de los marxismos mecanicistas. Así, el sistema sociocultural se constituye en el punto de inflexión de la Teoría de la Crisis.


El sistema sociocultural toma su input de los sistemas económico y político (bienes, servicios, actos legislativos, Seguridad Social, etc.), en consecuencia, la crisis de output de los otros sistemas suponen perturbaciones en el sociocultural, y ello se traduce en profundos déficit de legitimación.

La importancia dada por Habermas a esta esfera será innegable. La integración de una sociedad depende del output del sistema sociocultural y, sobre todo, de las motivaciones que ofrece al sistema político como legitimación y de las motivaciones de rendimientos que produce para el sistema de formación de profesionales. La crisis de motivación, pues, se muestra como consecuencia de transformaciones acaecidas en el propio sistema sociocultural, de modo que resulta perturbada la complementariedad entre los requerimientos del aparato del estado y del sistema de profesiones, y las necesidades y expectativas de los miembros de la sociedad. Estas tendencias a la aparición de una crisis de motivación generalizada y generalizable acabarán desarrollándose tanto en el plano de la tradición cultural como en los procesos estructurales que afectan al sistema educativo.


En este sentido, Habermas se sitúa directamente en el plano del análisis de las superestructuras ideológicas de la "primera generación"
. Para Adorno y Horkheimer, la desestructuración de la cultura y de la educación por efectos de procesos de falsa motivación social (medios de comunicación de masas y formas de consumo serializadas) determinaba una progresiva irracionalización de las sociedades avanzadas. Habermas recoge esta propuesta pero la enfoca como un desplazamiento del sistema administrativo-político, tratando de conciliar a Weber con Adorno y Horkheimer y dando una perspectiva pluridimensional de los fenómenos ideológicos y de sus transformaciones.


En suma, la Teoría de la Crisis habermasiana se sintetiza en una enumeración de la serie de contradicciones que afectan al sistema de las sociedades post-industriales avanzadas. Estas contradicciones se resumirían en:


a) El sistema económico no produce la cantidad requerida de valores consumibles.

b) El sistema administrativo no aporta decisiones racionales en el grado requerido.

c) El sistema de legitimación no produce motivaciones generalizadas también en el grado necesario.

d)  El sistema sociocultural no genera sentido motivante de la acción en el grado imprescindible y básico.

La conclusión última a la que llega Habermas es la articulación del concepto de crisis no tanto sobre los procesos de carácter económico sino sobre los procesos ideológicos y significativos colectivos y, aquí, la motivación social y la racionalidad se han convertido en los fenómenos más vulnerados por el sistema. La irracionalización global de todas las esferas sociales, si no se toman medidas esenciales, puede ser el rumbo de las futuras sociedades de capitalismo tardío.
 
Crisis y Estado de Bienestar: El análisis de Claus Offe

Habermas recogió elementos teóricos del análisis de Claus Offe, aunque le imprimió un giro más cercano a la reflexión filosófica que a la politológica del autor de Contradicciones en el Estado de Bienestar. Offe experimentó desde diferentes posiciones teóricas hasta llegar a una formulación más organizada de su Teoría de la Crisis. Si repasamos la exposición de Offe, de nuevo nos encontramos con un análisis de índole superestructural y cuya función es delimitar conceptos. Offe, por consiguiente, se interroga sobre el enigma según el cual cómo es posible que el capitalismo sobreviva cuando ya no existe una ideología burguesa compacta como la estudiada por Max Weber en: "La ética protestante y el espíritu del capitalismo".

Para comprender esta interrogación, la Teoría de la Crisis de Offe sugiere la necesidad de repasar dos definiciones de crisis determinando sus deficiencias y sus limitaciones.


Una primera definición del significado de crisis especifica los procesos en donde se pone en cuestión la estructura de un sistema. Siguiendo en este punto a Karl Deutsch, Offe propone dos explicaciones para esta definición. Una primera sería entender la crisis como un acontecimiento catastrófico e imprevisible. Este sería un concepto esporádico de crisis que sirve como mucho para el análisis de subsistemas bien demarcados y como un proceso de toma de decisiones ante acontecimientos externos.

Una segunda definición no es de corte estructural sino procesual. Esta nueva definición nace de la necesidad de un concepto diferente del anterior. Según Offe, la crisis son procesos que violan la "gramática" de los procesos sociales, siendo sus resultados bastante impredecibles e indeterminados.


En la primera definición, las tendencias a la crisis se entienden como catástrofes y sin un origen predecible. Es una definición ligada a un modelo biológico de explicación social, emparentado con el darwinismo social del siglo XIX y los organicismos del siglo XX.

La segunda definición nos resulta de mayor utilidad e interés. Pero asoman dos problemas de muy difícil solución:


a) Identificar los mecanismos sociales productores de acontecimientos.

b) Describir y definir los límites que actúan en los mecanismos productores de acontecimientos.

Aquí, Offe recurrirá al modelo analítico de Etzioni y, desde una perspectiva general, distinguirá los siguientes procesos como mecanismos productores de acontecimientos en la sociedad post-industrial:

   -  Sistemas y mecanismos de intercambio.
   -  Sistemas de elección política.
   -  Burocracia y sus formas de acción.
   -  Procesos de negociación y sus variedades.

Esta tipología resume el marco desde el que poder enfocar los subsistemas -aplicando una terminología de la Teoría de Sistemas- en los que se desarrollan no sólo hechos sino, fundamentalmente, variaciones entre acontecimientos. Este marco se puede compendiar también con el desarrollo hecho por Etzioni para clasificar organizaciones formales y que Offe recoge por su capacidad de articular un modelo de la sociedad post-industrial. De esta manera, Etzioni distingue y diferencia los procesos sociales atendiendo a:

   -  Estructuras normativas.
   -  Relaciones de intercambio
   -  Relaciones coercitivas.

Esta tricotomía con la que Etzioni explora las dificultades inherentes a las organizaciones formales, sirve en el análisis de Offe para determinar los principios organizativos de las sociedades de capitalismo avanzado. Estas sociedades, entonces, se caracterizarán por el hecho de que en ellas el principio organizativo del intercambio es universal. Dicho principio que incluye también la mercantilización de la fuerza laboral, se hace dominante porque queda liberado de restricciones normativas y de la coerción política. Pero, ante todo, se conforma una sociedad basada sobre intercambios de mercado que no puede funcionar correctamente sin el sistema familiar ni el sistema legal.

Como puede observarse, Offe construye su Teoría de la Crisis desde una posición diferenciada de la de Habermas. Para Offe, si el principio organizativo dominante de los procesos sociales de toda sociedad capitalista, es el intercambio, entonces, una Teoría de la Crisis de tal sociedad se puede identificar con los procesos que desafían el dominio de este principio central. Por tanto, habrá que referirse a los dos modos interpretativos a través de los que se han tratado de investigar los procesos que ponen en contradicción el dominio del principio organizativo del intercambio universal.

Los dos modos interpretativos a los que hay que aludir son, por un lado, los planteamientos del Materialismo Histórico que demuestra que los procesos organizativos y formados a través del intercambio llevan a resultados que no pueden conducirse mediante el propio proceso de intercambio generalizado. Por otra parte, las teorías sistémicas tienden a centrarse en la relación entre los tres principios organizativos básicos de la sociedad globalmente entendida. Ahora bien, en esta posición no se niega el principio de intercambio, más bien se trata de ver su restricción y puesta en cuestión por los otros dos principios organizativos y sus efectos colectivos.

Offe expone, por consiguiente, dos diferentes tipos de relaciones posibles entre los tres principios organizativos. Es decir, estos dos tipos reflejan como el sistema normativo y político-coercitivo se subordinan al principio organizativo dominante del intercambio. Pero el problema de la subordinación entre principios es si tal conexión va a plantearse desde una posición positiva o negativa. Según Offe, un tipo de relación es la subordinación positiva cuando la relación entre economía y sistemas normativos y político-administrativos se organizan positivamente para contribuir al funcionamiento del principio organizativo dominante y la esfera de la economía determinada por él. Este tipo de subordinación se distinguirá por el ajuste del contenido de los subsistemas normativo y político de manera que se adapte a procesos económicos.

Por otra parte, la subordinación negativa se producirá cuando los sistemas ideológicos y de poder estatal se relacionan con el sistema económico de un modo que les limita y aisla de dicho sistema económico, aunque no por ello les permita contribuir de una forma sustancial a su capacidad de funcionamiento. De este modo, a la subordinación positiva le importará la producción de funciones complementarias; mientras que a la negativa le interesa el dominio del sistema económico sobre los otros subsistemas y dependiendo  de que se puedan estabilizar las fronteras entre los respectivos sistemas de tal manera que el sistema económico pueda evitar interferencias de los sistemas normativos y políticos en su propio dominio de la producción y distribución de bienes. En consecuencia, los procesos que hacen aparecer la crisis serán aquellos que dificultan una clara separación del sistema económico con respecto a los otros dos sistemas que quedan en una clara relación de subsidiariedad.

Offe, en resumen, establece una Teoría de la Crisis a partir del concepto de subordinación sistémica. Habermas, a su vez, sitúa sobre el concepto de desplazamiento de la crisis su análisis sociológico. En ambos autores, no obstante, se da una profunda coincidencia cuando observan los problemas paulatinamente más complejos que el sistema político tiene para prevenir y compensar las crisis económicas. La racionalidad administrativa que se irá perdiendo y la lealtad de las masas al sistema serán los puntos vulnerables ya que se va conformando una temible irracionalidad interna en la estructura organizativa. Mas, sobre todo, en una Sociedad de Masas la incapacidad del sistema político-administrativo para conseguir una estabilización de sus disfunciones internas significa la pérdida de la aceptación social de las estructuras, procesos y resultados políticos efectivos de los que dependen las normas culturales y símbolos con los que se legitima el poder. Tanto para Habermas como para Offe, el problema de problemas de las sociedades post-industriales va a compendiarse en la desvinculación del concepto de legitimidad del de racionalidad , y, a su vez, el paso de la racionalidad no ya a racionalidad instrumental sino a un tipo de cosmovisión colectiva de fuertes matices primitivos y arcaicos. Y es en este punto en donde se descubre el nexo de unión más evidente en la vuelta de la "segunda generación" frankfurtiana a los análisis de la Cultura de Masas, y sus efectos, desarrollados por Adorno, Horkheimer, Benjamin y Marcuse.

BIBLIOGRAFIA


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Blanca Muñoz
Universidad Carlos III de Madrid
En Román Reyes (Dir): Diccionario Crítico de Ciencias Sociales, Pub. Electrónica, Universidad Complutense, Madrid 2004 Disponible en: http://www.ucm.es/info/eurotheo/diccionario/C/teoria_crisis.htm
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Jürgen Habermas Interview

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La desesperante política económica

Enlace permanente 31 de Marzo, 2009, 18:30


Paul Krugman(*)



A lo largo del fin de semana, The New York Times y otros periódicos publicaban detalles filtrados sobre el plan para rescatar a los bancos del Gobierno de Obama. Tim Geithner, secretario del Tesoro, ha convencido al presidente Obama para que recicle la política del Gobierno de Bush, y más concretamente, la propuesta "Dinero a cambio de basura"  que presentó hace seis meses el entonces secretario del Tesoro Henry Paulson y que después se abandonó.



Esto es más que decepcionante. De hecho, me llena de desesperación. Después de todo, acabamos de pasar por una tormenta de fuego con las primas de AIG, durante la cual los miembros del Gobierno afirmaban que no sabían nada, que no podían hacer nada, y que de todos modos era culpa de otros.



Por otra parte, la Administración no ha resuelto las dudas de los ciudadanos acerca de qué hacen los bancos con el dinero público. Y ahora, por lo visto, Obama se ha decidido por un plan financiero que, en esencia, da por sentado que los bancos están básicamente saneados y que los banqueros saben lo que hacen.


Es como si el presidente estuviera decidido a confirmar la impresión cada vez más extendida de que él y su equipo económico han perdido el contacto con la realidad, y de que su visión económica está nublada por unos lazos excesivamente estrechos con Wall Street. Y es posible que para cuando Obama comprenda que necesita cambiar de rumbo, ya haya perdido su capital político.

Centrémonos por un momento en el análisis económico de la situación. Ahora mismo, nuestra economía se ve lastrada por un sistema financiero disfuncional, paralizado por las enormes pérdidas provocadas por los activos hipotecarios y otros activos.

Como bien pueden explicar los historiadores económicos, ésta es una vieja historia, no muy distinta de docenas de crisis similares a lo largo de los siglos. Y hay un procedimiento probado para lidiar con las repercusiones de la quiebra financiera generalizada, que es el siguiente: el Gobierno se asegura la confianza en el sistema garantizando muchas deudas bancarias (aunque no necesariamente todas). Al tiempo, asume el control provisional de los bancos verdaderamente insolventes, para limpiar sus balances. Es lo que Suecia hizo a principios de la década de 1990. Es también lo que hizo EE UU tras la catástrofe de las cajas de ahorro en los años de Reagan. Y no hay razón para que ahora no podamos hacer lo mismo.

Pero al parecer, el Gobierno de Obama, al igual que el de Bush, quiere una salida más fácil. El elemento común entre el plan de Paulson y el de Geithner es la insistencia en que los activos incobrables de los libros contables valen en realidad mucho, mucho más de lo que cualquiera está dispuesto a pagar por ellos en la actualidad. De hecho, su verdadero valor es tan alto que si se les adjudicara el precio que les corresponde, los bancos no tendrían problemas.

Y por ello el plan es usar fondos públicos para impulsar al alza el precio de los activos incobrables hasta que alcancen niveles "justos". Paulson proponía que el Gobierno comprase directamente los activos. Geithner, por el contrario, plantea un complejo plan según el cual el Gobierno presta dinero a inversores privados, que lo usan para comprar esos activos. La idea, explica el principal asesor económico de Obama, es usar "la experiencia del mercado" para establecer el valor de los activos tóxicos.

Pero el plan de Geithner propone una apuesta cuyo resultado ya se sabe de antemano: si el valor de los activos sube, los inversores se benefician, pero si baja, los inversores pueden escaquearse de su deuda. Por lo tanto, en realidad no se trata de permitir que los mercados funcionen. Es sólo una forma indirecta y encubierta de subvencionar la compra de activos incobrables.



Dejando a un lado el probable coste para los contribuyentes, hay algo extraño en todo esto. Según mis cuentas, ésta es la tercera vez que el Gobierno de Obama presenta un plan que es esencialmente un refrito del plan de Paulson, y cada vez ha añadido un nuevo conjunto de extras y afirmado que está haciendo algo completamente distinto. Empieza a parecer obsesivo.

Pero el verdadero problema de este plan es que no va a funcionar. Sí, es posible que los activos problemáticos estén algo infravalorados. Pero el hecho es que los ejecutivos financieros apostaron literalmente sus bancos basándose en la creencia de que no había una burbuja de la vivienda, y en la creencia relacionada de que los insólitos niveles de endeudamiento de las familias no eran un problema. Perdieron esa apuesta. Y ningún abracadabra financiero -porque en el fondo eso es lo que es el plan de Geithner- va a cambiar ese hecho.



A lo mejor se preguntan por qué no probar el plan y ver qué pasa. Una respuesta es que el tiempo se está agotando: cada mes que no atacamos la crisis, desaparecen otros 600.000 puestos de  trabajo.

Sin embargo, lo más importante es la forma en que Obama está malgastando su credibilidad. Si este plan fracasa -como sucederá casi con toda seguridad- es improbable que consiga persuadir al Congreso de que apruebe más fondos para hacer lo que debería haber hecho desde el principio.

No todo está perdido: los ciudadanos quieren que Obama tenga éxito, lo cual significa que todavía puede rescatar su plan para rescatar a los bancos. Pero se nos acaba el tiempo.


(*)Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel de Economía de 2008. © 2009 New York Times News Service. Traducción de News Clips.


Fuente:

Krugman, Paul (24/03/2009). La desesperante política económica. El Pais.com  [En linea]. Disponible en:
http://www.elpais.com/articulo/economia/desesperante/politica/economica/elpepieco/20090324elpepieco_3/Tes


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La vigencia plena del marxismo

Enlace permanente 29 de Marzo, 2009, 16:19


Entrevista con Alan Woods(*)

1. Lo obsoleto es el capitalismo y las ideas de sus defensores

Tras la caída del muro de Berlín
y la implosión de la ex Unión Soviética, los ataques contra el pensamiento marxista recrudecieron. En muchos centros académicos los defensores del marxismo revolucionario han sido calificados como obsoletos, anacrónicos o dinosaúricos. Frente a esto Alan Woods señala que lo que es obsoleto es el capitalismo. Alan explica cómo a raíz del colapso de la URSS, se dio pie a una contraofensiva ideológica sin precedentes por parte de la burguesía para atacar al marxismo y al socialismo. Esto, dice el marxista galés, se convirtió además en una industria, en un negocio rentable. El autor de Razón y Revolución explica que lo que fracasó hace veinte años no fue el socialismo en el sentido entendido por Marx, Engels, Lenin o Trotsky, sino una caricatura burocrática y totalitaria del socialismo que fue el estalinismo. Esto causó un gran impacto y, en ese momento, la burguesía y sus defensores se pusieron eufóricos anunciando el fin del socialismo, del comunismo y del marxismo.

Los enemigos de las ideas de Marx y Engels llevan más de 150 años anunciando su muerte. Pero ¿por qué se preocupan del marxismo si está muerto?, se pregunta Alan Woods. No obstante esto, los ideólogos de la burguesía todos los años se ven en la necesidad de publicar nuevos libros, artículos, tesis doctorales demostrando que el marxismo está muerto. Para Alan esto tiene una explicación. La clase dominante no es tonta y no gastaría su tiempo atacando ideas muertas. La burguesía ataca ideas que son peligrosas para su clase. Pero tras 20 años desde la caída de los regímenes del llamado "socialismo real", todas estas ilusiones de la burguesía y sus defensores han colapsado. Estamos presenciando la crisis general del capitalismo prevista por Carlos Marx. Como hecho anecdótico Alan Woods dice que el libro más vendido en Alemania es Das Kapital (El capital), cuyas ventas se multiplicaron un 300 %, lo cual demuestra que lejos de ser ideas obsoletas, la gente busca una explicación de la crisis del capitalismo en las ideas científicas de Marx.

2. ¿Por qué tiene plena vigencia el marxismo?

Alan Woods plantea un reto a los lectores: acudir a las bibliotecas y buscar cualquier libro burgués de economía política o de ciencias sociales escrito hace 150 años. Asegura que esos materiales no tendrán más que un mero interés histórico y cero relevancia para la aplicación en el mundo moderno. No obstante, dice el dirigente de la Corriente Marxista Internacional, en El Manifiesto Comunista, escrito hace más de 150 años por Marx y Engels, se encontrará una descripción verdadera, rigurosa y brillante no del mundo de 1848, sino del mundo de hoy. Para ello pone dos ejemplos. El primero hace referencia a la globalización. Ésta ha sido presentada hace 20, 30 años por los economistas burgueses como algo novedoso. Sin embargo, la globalización fue explicada de antemano por Marx y Engels en las páginas de El Manifiesto Comunista. Allí se expone claramente como el capitalismo surge en primer lugar como un mercado nacional para luego convertirse necesariamente en un mercado mundial, siendo esto lo más importante de nuestra época, dice Alan Woods. Cuando Marx y Engels escribieron esta predicción tan brillante no existía el mercado mundial internacional, el capitalismo solo existía en Inglaterra, en Francia estaba en sus principios y Alemania era más atrasada todavía.

La segunda predicción, algo muy polémico, que los enemigos del marxismo han calificado como errónea, es la que se refiere a la concentración del capital. El capitalismo que empieza con pequeñas empresas, cuando Marx explica esto en Gran Bretaña no había grandes empresas, necesariamente producto de la competición y de las leyes del libre mercado, resulta en un proceso de concentración de riqueza en pocas manos y de miseria para otra parte. Cifras emitidas por la ONU señalan que más del 50 % de la riqueza disponible está en manos del dos por ciento de la población del mundo; 1,2 mil millones de seres humanos viven en la más absoluta miseria y de esos, 8 millones de hombres mujeres y niños mueren todos los años por falta de recursos económicos. Si eso no es una concentración de capital ¿qué es?, pregunta Alan Woods. Ese proceso se ha multiplicado por diez en las últimas décadas, hay una concentración de riqueza obscena y una concentración de miseria no solo en América Latina, sino en Inglaterra, en EEUU donde se expresó con mayor profundidad cuando la ciudad de Nueva Orleans fue azotada por el huracán Katrina en el año 2005. He aquí la realidad.

3. Los ataques contra Federico Engels

Federico Engels ha sido objeto de todo tipo de ataques que han pretendido desmerecer su obra. Alan Woods, en su libro escrito conjuntamente con Ted Grant, "Razón y Revolución", explica partiendo de datos obtenidos por recientes investigaciones científicas, la validez de las ideas de Engels y de su método de estudio e investigación. Es una tontería como un piano, como dicen en España, expresa Alan cuando responde a la pregunta sobre las acusaciones vertidas contra Engels. Federico Engels era un genio, pero era un hombre modesto, tan modesto que cuando murió dio órdenes explícitas de cremar su cadáver y echar sus cenizas al mar porque no quería que se erigiera ningún monumento en su honor. Él estaba a la sombra de Marx y eso no ha permitido ver su grandeza, la de un gran revolucionario, un gran pensador, un teórico muy profundo.



Acusar a Engels de ser un positivista es una bobada que solo se escucha en las universidades, dice.
Eso es una estupidez. Alan acude a una frase del poeta alemán Friedrich Shiller para explicar la barbaridad de esa imputación infundada: "Contra la estupidez los propios dioses luchan en vano". Es absurdo además expresar que sus ideas eran sólo del siglo XIX. Esto es lógico, Engels tenía que basarse en las ideas del siglo en el que vivió, no podía hacerlo sobre las ideas del siglo XXI, señala irónicamente Alan Woods. Sin embargo, los escritos de Engels, sobre todo La dialéctica de la naturaleza, no reflejan la ciencia del siglo XIX, sino que está bastante por delante de las ideas científicas de su época. Critica duramente las teorías de la mecánica clásica, la física de Newton, su sistema mecanicista. Los últimos descubrimientos del siglo XX y XXI, de los últimos cien años, han demostrado totalmente la vigencia del método de Federico Engels, que es el método dialéctico. Alan pone como ejemplo de su aseveración a la teoría del caos, donde se refleja la aplicación del método dialéctico.



4. ¿Por qué las ideas de Lenin y Trotsky están vigentes?


Lenin y Trotsky después de Marx y Engels fueron quienes defendieron y desarrollaron sus ideas en el siglo XX. Son ideas maravillosas, profundas, brillantes y totalmente vigentes. Se han dicho muchas falsificaciones acerca del papel de Trotsky, concretamente. Hay una cierta tendencia que viene del estalinismo, esa aberración, esa caricatura terrible del marxismo, que es totalmente falsa de señalar que hubo un conflicto fundamental entre las ideas de Lenin y Trotsky. La realidad es totalmente diferente, dice Alan que con Ted Grant realizaron un magnífico libro hace más de 40 años titulado "Lenin y Trotsky, qué defendieron realmente", donde explican con profundidad las ideas de estos dos revolucionarios.

Alan Woods cuenta una anécdota: "En Rusia hace unos 5 años me invitaron a una célula, un grupo de base del Komsomol, organización de la juventud comunista de educación y origen estalinista. Cuando yo entré en la sala, un joven se me acerca y me dice en ruso ¡¿pero usted es trotskista?! A ver si me explico, le contesté. Yo defiendo las ideas de Marx y Engels, por ende soy marxista; después de la muerte de Marx y Engels quien defendió sus ideas yo creo que fue Lenin, consecuentemente soy leninista; después de la muerte de Lenin quien defendió sus ideas creo yo que fue Trotsky, consecuentemente soy trotskista. ¿He contestado tu pregunta? ¿Puedo hacerte ahora yo una pregunta? ¿Has comprado una botella de vodka en la calle del libre mercado? En la botella viene una etiqueta que indica que el vodka es de categoría. Pero cuando te la bebes descubres que es cualquier cosa, menos de calidad. Hazme caso amigo, no prestes atención a las etiquetas, si yo voy a dar una charla aquí, si te gusta bien y si no, vamos a seguir hablando como camaradas que queremos la misma causa, pero vamos abrir un debate no basado en calumnias, ni basado en pioletazos, un debate honesto, democrático, amistoso entre todos los miembros de la familia comunista". Lo que hace falta es gente más abierta. Los nuevos jóvenes van a descubrir en la práctica la total vigencia del marxismo y van a descubrir que es la herramienta principal, la más potente, el arma, la palanca más fundamental para comprender el sistema capitalista y finalmente derrocarlo y establecer un nuevo orden social que se llame socialismo, señala Alan Woods.

5. Las cosas que Marx no avizoró y los nuevos problemas de la vida

El marxismo es un instrumento muy importante para echar luz sobre todos los problemas que enfrenta la sociedad humana; pero no podemos esperar que el marxismo nos ofrezca una bola de cristal o una varita mágica porque eso ya sale de la ciencia y nos meteríamos a los terrenos místicos y religiosos, dice Alan Woods. Eso sí, explica, esta herramienta nos ofrece un cuerpo de ideas bastante completo, profundo que nos posibilita analizar cualquier cosa, cualquier problema. El marxista galés explica cómo si bien es cierto que los problemas cambian y aparecen otros nuevos, no varían tanto como se podría pensar. Y esos problemas no sólo tienen que ver con la miseria de las masas, las guerras o el terrorismo. Hay otros que son iguales, o tal vez más importantes, que afectan a la persona, a la familia y que tienen que ver con la moralidad, la religión por ejemplo. Pero ¿no fue así también en el pasado?, cuestiona Alan Woods. Si miramos cualquier sociedad en los últimos diez mil años de lo que, correcta o incorrectamente, se ha dado en llamar como civilización, han existido diversos sistemas socioeconómicos como el esclavismo, el feudalismo, el capitalismo que han nacido, crecido, madurado y han llegado a un grado de desarrollo que después entra en declive, llegando a un tipo de techo de sus posibilidades y, entonces aparecen en forma más abierta las contradicciones que siempre están presentes, agravándose cada vez más, lo cual afecta a la sociedad en muchos aspectos.

Una calumnia estúpida emitida contra el marxismo es la que señala que Marx redujo todo a lo económico. ¿Cómo es posible que alguien pueda reducir todo a lo económico? Marx era un filósofo, la filosofía no es economía. La sociedad tiene muchos más aspectos que tienen que ver con la religión, la poesía o el arte que no están directamente vinculados a la economía. Lo que sí es verdad, que es una verdad como un templo, que no admite contradicción, es que en última instancia la viabilidad de cualquier sistema socioeconómico está determinado por la capacidad de desarrollar las fuerzas productivas, es decir la industria, la agricultura, la ciencia, la tecnología que son la base material, los fundamentos, los cimientos sobre lo cual todo lo demás se desarrolla, se rige. Cuando una sociedad llega a los límites de sus posibilidades, cuando ya no es capaz de desarrollarse y de mejorar la situación de las personas como el sistema capitalista, por ejemplo, eso tiene repercusiones importantes que se reflejan a nivel psicológico, generando un ambiente general de pesimismo, una especie de nihilismo. En Francia, en la actualidad, hay más astrólogos profesionales que curas católicos, el ex presidente de EEUU, Ronald Reagan tenía como una de sus asesoras a una astróloga, el misticismo ha invadido la ciencia, a nivel intelectual eso se refleja en la mal llamada filosofía posmoderna, etc.

Hoy hablan del fin de la ideología. Antes la burguesía tenía una ideología, el liberalismo, que fue bastante progresista. Era optimista. La burguesía estaba en una fase ascendiente, se sentía progresista y lo era de alguna manera. Ahora, en vez de decir la verdad, que este sistema en concreto no es capaz de seguir avanzando, se cuestiona la posibilidad de desarrollo y progreso en general. Todos estos son síntomas de una cultura en plena decadencia. Existe un nivel mezquino, miserable, trivial. No hay filosofía que valga el nombre, si comparas los productos miserables de los filósofos actuales con la filosofía gloriosa de Hegel, de Kant. La filosofía pretende ser reducida al estudio de la significación de palabras sueltas. Pero las grandes ideas siguen existiendo, dice Alan Woods. Pero no son las ideas de la burguesía, sino las que anticipan otra sociedad que si puede ofrecer a la humanidad lo que necesita y que no son sólo las que ofrecen trabajo, pan o casas. Es mucho más que eso.

La Biblia dice: no sólo de pan vive el hombre. Trotsky en su libro Problemas de la vida cotidiana analizó temas relacionados con los problemas de los seres humanos, la sexualidad, la moralidad por ejemplo. En esta sociedad hay un florecimiento del crimen, de las drogas, del alcohol. ¿Por qué la juventud acude a ello? Porque sus vidas son vacías. Cuando una sociedad entra en crisis, en declive, eso se siente aunque la gente no lo entiende en forma racional. Se entra en una fase de pesimismo general, de desorientación general. Frente a eso hay dos opciones: o cierras los ojos y vuelves la mirada hacia dentro, hacia el misticismo, o intentas llegar a una comprensión racional de este mundo y sus problemas para combatirlo o cambiarlo. La droga, el alcohol, la religión, el misticismo son intentos para escaparse de este mundo en lugar de luchar para cambiarlo. La única solución a la droga es revolución. Cuando la juventud comprende esa necesidad de luchar y se le ofrece una causa que vale la pena van a olvidarse de esos paraísos falsos, artificiales, como dice la frase del poeta francés Baudelaire.

Lamentablemente, hay un sinnúmero de elementos despreciables, reformistas que quieren sembrar la confusión, poner un muro que evite que la juventud tenga acceso a las lecciones históricas de la revolución rusa, a las enseñanzas del materialismo dialéctico. Es una función netamente contrarrevolucionaria, son retrógrados intelectualmente, una bancarrota total. Quieren aparecer como exponentes de ideas nuevas como el señor Heinz Dieterich, ideas que realmente no ofrecen nada nuevo, que son realmente sacadas de la prehistoria del movimiento obrero internacional, de los utópicos, ideas premarxistas. Las ideas auténticamente nuevas, son las ideas del marxismo. El marxismo es la filosofía del futuro.

6. Sobre Dieterich

Alan Woods, junto al nieto de León Trotsky, Esteban Volkov, realizó la presentación de su más reciente libro "Reformismo o Revolución". Este constituye un material imprescindible para desenmascarar las patrañas intelectuales de Heinz Dieterich, personaje que se jacta de científico y que con sus ideas lo que pretende es, en forma subrepticia, atacar al pensamiento marxista y reforzar las ideas reformistas. Alan con humor dice: este señor no llega hasta el tobillo de un Bernstein, de un Kautsky, ellos eran genios. Charlatán es una palabra mal sonante, Dieterich se cree un gran genio y, hoy por hoy, me quedo con una duda razonable al respecto.

7. Humor y revolución

Mi gran amigo, camarada y maestro, Ted Grant decía que para ser un revolucionario se necesita dos cosas: un sentido de la proporción y un sentido del humor, manifiesta Alan Woods. Cuando más vivo, más comprendo cuán profunda es esta idea. La idea de un intelectual como algo seco, alejado de la clase trabajadora no corresponde a la realidad. La ironía de Sócrates tenía un gran sentido del humor y era muy profunda, los aforismos de Heráclito son muy divertidos. El humor es dialectico. Marx y Engels tenían un gran sentido del humor y Lenin y Trotsky también. Marx tenía como su lema favorito: considero que nada humano es ajeno a mí. La imagen de un intelectual metido en una torre de mármol, aislado de la realidad, leyendo su libro, totalmente indiferente al destino de la humanidad es precisamente la que desprestigia a la filosofía.

El revolucionario galés afirma además que la llamada filosofía posmoderna está totalmente desprestigiada y pregunta ¿quién lo toma en serio ahora, a más de cuatro estúpidos en las universidades? Realmente no tienen nada que ofrecer y la gente lo sabe y si somos honestos cualquier estudiante lo sabe, cuando más superficiales y estúpidos son, más se toman en serio, se creen Gardel. Alan señala: para mí la filosofía es importante porque la vida, la sociedad es importante. Todos somos partícipes en esta gran aventura para cambiar el mundo. La filosofía debe ser una herramienta en esta lucha y como somos parte de la raza humana, nada humano nos puede ser ajeno.
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Alan  Woods discute sobre su libro Razón y Revolución, y explica desde un punto de vista marxista qué es la revolución, qué significa el socialismo y cómo se puede evitar el surgimiento de una burocracia.
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Alan Woods habla de la amenaza de contrarrevolución en Venezuela y se opone a la noción de que la revolución es irreversible. En la medida en que las palancas fundamentales de la economía sigan en manos privadas la oligarquía puede volver. Alan Woods está en firme desacuerdo con las ideas reformistas expresadas por intelectuales tales como Heinz Dieterich.
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Alan Woods advierte contra las peligrosas ideas de Heinz Dieterich, las cuales diluyen el auténtico contenido de lo que es el "socialismo del siglo XXI".
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(*)Alan Woods (Gales, 1944) es político trotskista, escritor británico y dirigente galés de la Corriente Marxista Internacional. Actualmente es el máximo dirigente de la CMI(Corriente Marxista Internacional) y editor de su página web In Defence of Marxism. Sus escritos actuales sobre la revolución en Venezuela y las tareas a llevar a cabo por los revolucionarios de todo el mundo son seguidos con entusiasmo por los miembros de la CMI en todo el mundo. Algunas de sus publicaciones son las siguientes:

* Lenin y Trotsky, qué defendieron realmente (1969)
* Razón y Revolución: filosofía marxista y ciencia moderna (1995)
* Bolchevismo: el camino a la revolución (1999)
* El marxismo y la cuestión nacional (2000)
* La revolución bolivariana, un análisis marxista (2005)
*Reformismo o Revolución, Marxismo y socialismo del siglo XXI, (2008)

(**)Toscano,Dax (28/2/2009) Entrevista con Alan Woods: La vigencia plena del marxismo. ArgenPress.Info.   [En línea]. Disponible en:
http://www.militante.org/node/785



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Lecciones del crack de 1929 y el New Deal

Enlace permanente 17 de Marzo, 2009, 0:26



La depresión económica mundial y los planes de la administración Obama


El mundo capitalista se encuentra trastornado. La crisis económica iniciada en el verano de 2007 en EEUU se ha convertido en una recesión mundial de consecuencias imprevisibles. A primera vista, las semejanzas con la mayor depresión de la historia del capitalismo, el crack de 1929, son evidentes por mucho que los estrategas de la burguesía se hayan resistido a aceptarlas durante meses. Y estas semejanzas dibujan un cuadro sombrío para la clase dominante.

Una nueva estrategia

La crisis se ha caracterizado por su rapidez y simultaneidad a la hora de contagiar a todas las economías del mundo, desde las más avanzadas hasta las más dependientes, y se extiende a una velocidad de vértigo por todos los vasos comunicantes de la actividad económica (industria, agricultura, sector servicios, sistema financiero, intercambio comercial...).

La conmoción ha puesto patas arriba lo que se consideraba axiomas inviolables de la economía de libre mercado, especialmente tras el derrumbe del estalinismo hace ahora dos décadas. Los gobiernos capitalistas, empezando por el de Obama, están buscando desesperadamente una solución, una orientación estratégica que impida una rebelión social de dimensiones mundiales y una catástrofe aún mayor. Este es el motivo por el que viejas ideas en defensa de la regulación de los mercados, de la intervención del Estado en la economía, de un nuevo esquema redistributivo han vuelto a la palestra con fuerza. Muchos economistas burgueses se desgañitan a favor de planes económicos keynesianos y un nuevo New Deal para sacar a la economía del hoyo. Se trata, en teoría, de aplicar reformas basadas en el déficit público y la inversión estatal con el objetivo de aumentar la demanda mundial, recuperar las tasas de inversión, la producción industrial y frenar la sangría del desempleo.

Para ilustrar la gravedad de la situación, el consenso a favor de la nacionalización de la banca, después del fracaso de la intervención multimillonaria para salvar el sistema financiero y de la nacionalización de bancos en países como Gran Bretaña y EEUU, se está haciendo cada día más patente. No es casualidad que el semanario norteamericano Newsweek titulara a toda plana en su portada de hace unas semanas "Ahora somos todos socialistas". Pero en realidad, todas estas medidas tienen muy poco de socialistas. Como señaló el desdichado ex presidente estadounidense George W. Bush, ahora es necesario abandonar los principios de la economía de mercado para salvar el capitalismo.

En un momento en que la prensa capitalista manosea para sus propios fines propagandísticos las medidas económicas y políticas adoptadas por Franklin D. Roosevelt con el llamado New Deal es necesario explicar qué supuso en realidad este plan, a quién benefició y si realmente evitó la crisis mundial. Las lecciones de aquella época, y el fracaso del keynesianismo a la hora de resolver los problemas de la clase obrera, arrojan luz para entender también las perspectivas para la crisis actual del capitalismo.

El crack de 1929

Para comprender las condiciones objetivas que llevaron a la burguesía estadounidense a adoptar la nueva estrategia del New Deal es imprescindible partir del crack de 1929. Pero a su vez el desplome bursátil de aquel año, y la subsiguiente recesión económica mundial, sólo se pueden explicar a partir del auge económico precedente.

Los EEUU emergieron de la Primera Guerra Mundial como la potencia económica decisiva, colocando a Gran Bretaña en una posición subalterna. Partiendo de la excepcional acumulación de capitales propiciada por la guerra, EEUU concentraba las mayores reservas de oro del mundo, el dólar era la única moneda convertible en oro y el superávit acreedor de EEUU alcanzaba los 3.000 millones de dólares. La industria norteamericana registró un gigantesco avance gracias a la aparición de nuevos mercados para sus manufacturas (Europa y Latinoamérica). Paralelamente, la aplicación de nuevos inventos y tecnología militar a la producción civil favoreció el desarrollo de nuevas ramas de la producción que transformarían la vida cotidiana (plástico, aeronáutica, telecomunicaciones,...). Este proceso dinámico se intensificó gracias a una nueva organización de la explotación fabril (fordismo y taylorismo), que a su vez impulsó un fuerte aumento de la productividad del trabajo.

En un periodo de seis años, entre 1923 y 1929, la producción de automóviles creció un 33% y el consumo de energía eléctrica se incrementó en más de un 100%. En 1925 las tasas de inversión productiva en EEUU rozaban el 20% del Producto Nacional Bruto.

No obstante, los primeros síntomas claros de desaceleración de la actividad productiva se manifestaron a finales de 1926 derivados del estancamiento europeo y de la saturación en los mercados mundiales de cereales y productos agrícolas. A partir de ahí se produjo un fenómeno típico de los periodos de ascenso: la sobreabundancia de capitales existentes, ya que no todos podían ser colocados de manera rentable en la economía productiva, empezó a pujar con fuerza el mercado bursátil y la especulación inmobiliaria en busca de mayores beneficios. Entre 1926 y 1929 se agudizó la brecha entre la actividad económica real y la bolsa de valores, enmascarando la crisis de sobreproducción latente. Cuando el estallido se produjo nada lo pudo detener.

Como en la actualidad, el desmoronamiento de las cotizaciones fue brusco y sorprendente, pero reflejaba un hecho incontrovertible: los activos de las empresas y su volumen de producción eran mucho menores que lo que indicaban los índices de cotización. La crisis de sobreproducción se agudizó por la existencia de miles de millones de capital ficticio que actuaron como una losa sobre el mercado y los efectos fueron devastadores. El crack de los valores bursátiles se trasladó inmediatamente al sector bancario que se vio incapaz de recuperar los créditos multimillonarios que habían concedido para financiar la compra de títulos y empresas que ya no valían nada. Entre 1929 y 1932, más de 7.000 entidades financieras entraron en bancarrota.

El colapso del crédito reflejó a su vez la caída abrupta de la actividad productiva estadounidense. Tomando un índice de producción industrial de 100 en 1928, en 1930 se situaba en el 83 y en 1932 en el 54. El parón de la producción provocó una oleada de cierre de empresas. Las tasas de inversión privada colapsaron: si en 1929 todavía se mantenían al 15,4%, en 1931 se redujeron al 7,2% y en 1932 al 1,5%. Paralelamente el desempleo creció a niveles desconocidos: de 1,5 millones de parados en 1929 se pasó a 4,5 millones en 1930, 7,9 millones en 1931, 11,9 millones en 1932 y 13 millones en 1933. En el campo se produjo un auténtico éxodo hacia las ciudades y regiones prósperas de más de 600.000 campesinos al año, retratado magistralmente por John Steinbeck en su obra Las uvas de la ira.

Proteccionismo y crisis de sobreproducción

En una economía mundializada, la crisis no se detuvo en las fronteras de los EEUU y se trasladó a Europa, donde el sistema financiero no pudo evitar quedar suspendido en el aire tras la repatriación de los capitales estadounidenses. Pero lo que tuvo mayores consecuencias a la hora de ampliar y profundizar el movimiento recesivo, fue la adopción generalizada de medidas proteccionistas y devaluaciones competitivas entre las diferentes potencias para proteger sus mercados. En EEUU los aranceles se incrementaron sensiblemente; en Francia, las tasas que gravaban las importaciones pasaron del 17,8% en 1929 al 29,4% en 1935. En Gran Bretaña también aumentó la dosis de proteccionismo: los aranceles subieron del 19,8% en 1932 al 23,3% en 1935. Todas estas medidas indujeron a una contracción del comercio mundial que sufrió una reducción muy severa. Tan sólo en EEUU, el valor de sus importaciones pasó de 4.400 millones de dólares en 1929 a 1.339 millones en 1932. En definitiva, la producción se desplomó en todos los países y el desempleo se convirtió en un fenómeno de masas.

El crack de 1929, como otras crisis anteriores y la que vivimos hoy, reivindican plenamente las palabras de Marx y Engels en El Manifiesto Comunista:
 "La historia de la industria y del comercio no es más que la historia de la rebelión de las fuerzas productivas modernas contra las actuales relaciones de producción, contra las relaciones de propiedad que condicionan la existencia de la burguesía y su dominación (...) Durante cada crisis comercial, se destruye sistemáticamente, no sólo una parte considerable de productos elaborados, sino incluso de las mismas fuerzas productivas ya creadas. Durante las crisis, una epidemia social, que en cualquier época anterior hubiera parecido absurda, se extiende sobre la sociedad: la epidemia de la superproducción (...) Y todo eso, ¿por qué? Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados medios de vida, demasiada industria, demasiado comercio (...) Las relaciones burguesas resultan demasiado estrechas para contener las riquezas creadas en su seno. ¿Cómo vence esta crisis la burguesía? De una parte, por la destrucción obligada de una masa de fuerzas productivas; de otra, por la conquista de nuevos mercados y la explotación más intensa de los antiguos. ¿De qué modo lo hace, pues? Preparando crisis más extensas y más violentas y disminuyendo los medios de prevenirlas".[1]


Los efectos políticos de la depresión económica fueron tremendos. El orden capitalista se vio amenazado en todo el mundo. En Europa se produjo una completa ruptura del equilibrio político y la sociedad fue sacudida por un nuevo ascenso revolucionario que se prolongó durante varios años. Las huelgas generales, las manifestaciones de masas y la crisis de la democracia burguesa y sus instituciones dominaron el panorama. Se abrió una fase en la lucha de clases europea sólo comparable con el periodo revolucionario de 1917-1923. La burguesía en Alemania y en Italia se volvió hacia el fascismo como la solución de la crisis política y social derivada del colapso económico.

El movimiento obrero estadounidense

A diferencia del boom estadounidense de las últimas dos décadas, el periodo de crecimiento de los años veinte se tradujo en un aumento de los niveles de bienestar para una masa importante de trabajadores, especialmente de los sectores cualificados empleados en la industria. Los salarios experimentaron un alza considerable: entre 1914 y 1926 el ingreso anual promedio se elevó de 682 a 1.473 dólares; descontando el efecto de la inflación, el salario obrero creció un 38% en términos reales entre 1915 y 1929. El auge significó también el ocaso del sindicalismo combativo, representado por las organizaciones del IWW, y el fortalecimiento del sindicalismo colaboracionista de la AFL [2]. La conflictividad obrera se redujo considerablemente.

Partiendo de estas condiciones, el impacto del crack de 1929 entre los trabajadores fue dramático. La depresión pilló por sorpresa al grueso de los obreros norteamericanos y el látigo del desempleo paralizó temporalmente su voluntad de respuesta. En 1930 la tasa de desempleo superó el 15%, pero durante el invierno de 1932-1933 el paro alcanzó al 25% de la fuerza de trabajo. Los salarios cayeron un 40%. El impacto de la crisis entre los pequeños agricultores fue tremendo: en este sector los ingresos promedio descendieron a la mitad.

Salvar el capitalismo: el "New Deal'

Desde que Roosevelt ocupara la presidencia a finales de 1932, los líderes del Partido Demócrata buscaron una nueva estrategia para salir de la depresión económica sin afectar las bases fundamentales del sistema capitalista, exactamente como hoy intentan Obama y sus asesores. El recurso a la intervención del Estado en la economía, la reforma de la legislación para canalizar el descontento laboral, la defensa del pacto social con los líderes sindicales y políticos de la izquierda norteamericana (socialdemócratas y estalinistas) se convirtieron en el eje de la acción del gobierno Roosevelt. Una política semejante, intentada en Europa a través de los gobiernos de Frente Popular y que acabó en un tremendo fracaso, sólo podía ser aplicada con relativo éxito en un país con reservas económicas importantes. León Trotsky lo señaló en un texto escrito en 1938:
"Actualmente hay dos sistemas que rivalizan en el mundo para salvar al capital históricamente condenado a muerte: son el Fascismo y el New Deal. El fascismo basa su programa en la disolución de las organizaciones obreras, en la destrucción de las reformas sociales y en el aniquilamiento completo de los derechos democráticos, con el objetivo de prevenir el renacimiento de la lucha de clases del proletariado (...) La política del New Deal, que trata de salvar a la democracia imperialista por medio de regalos a la aristocracia obrera y campesina sólo es accesible en su gran amplitud a las naciones verdaderamente ricas, y en tal sentido es una política norteamericana por excelencia".[3]


En 1933, la economía norteamericana se encontraba al borde de la catástrofe: la mitad de los estados habían decretado el cierre de todos los bancos; el Producto Nacional Bruto (PNB) se redujo en un 30% y la producción industrial se desplomó un 50% con relación a 1929. La inversión privada, motor de la actividad económica bajo el capitalismo, simplemente se paró. En un contexto de hundimiento de la producción, interrupción del crédito, desempleo masivo, cierres de empresas, deflación generalizada y caída de la tasa de beneficios, las bases del capitalismo norteamericano estaban realmente amenazadas.

Las primeras medidas del New Deal fueron orientadas al sector financiero a través de medidas de rescate, inyectando miles de millones de dólares de dinero público que impidieran su quiebra total. Incluso se llevaron a cabo nacionalizaciones de entidades financieras. Como en la actualidad, este trasvase de recursos públicos se convirtió, en la práctica, en una aceleración de la concentración del capital financiero y un nuevo paso en el fortalecimiento de los monopolios. Lenin explicó en su libro sobre el imperialismo cómo funciona este mecanismo:
 "Los magnates bancarios parecen temer que el monopolio del Estado se deslice hasta ellos cuando menos lo esperen. Pero, naturalmente, dicho temor no rebasa los límites de la competencia entre dos jefes de negociado de una misma oficina, porque, de un lado, son al fin y al cabo esos mismos magnates del capital bancario los que disponen de hecho de los miles de millones concentrados en las cajas de ahorro; y de otro lado, el monopolio del Estado en la sociedad capitalista no es más que un medio de elevar y asegurar los ingresos de los millonarios que están a punto de quebrar en una u otra rama de la industria".[4]


La Administración Roosevelt también adoptó medidas de ayuda a la industria, a través de la NRA (Ley de Recuperación Industrial), que aceleraron la concentración empresarial y eliminaron las restricciones a los monopolios concediéndoles importantes préstamos y subsidios. Para acabar con la deflación de los precios agrarios se aprobó, entre otras, la Ley de Ajuste Agrícola (Agricultural Adjustment Administration, AAA) de 1933 que facilitó subsidios para limitar la superficie de cultivo y la cría de animales. En última instancia, estas decisiones beneficiaron a los grandes y medianos propietarios agrícolas aumentando la concentración de la propiedad de la tierra: se despidió a miles de jornaleros y pequeños arrendatarios que abandonaron en masa sus tierras.

A pesar de todo, estas medidas no evitaron que creciera el descontento social, especialmente entre los parados que se contaban por millones. En un primer momento, la administración Roosevelt recurrió a medidas de caridad públicas con la puesta en marcha de la Ley Federal de Auxilio de Emergencia, que distribuyó hacia los municipios y Estados una cantidad en torno a los 500 millones de dólares, cifra ridícula si se la compara con el desembolso realizado a favor de las empresas y los bancos. También se puso en marcha un plan de obras públicas para dar empleo a los parados a través de la PWA (Administración de Obras Públicas) que manejó un presupuesto de 3.000 millones de dólares. Para lograr el apoyo de la burocracia de la AFL a todas estas medidas, se incorporó a la NRA la famosa cláusula 7 a) que reconocía el derecho de los trabajadores a organizarse en sindicatos y negociar en forma colectiva con la intermediación del Estado.

El New Deal puso en marcha los recursos estatales para reactivar la economía privada y recuperar las ganancias de los grandes capitales. Al igual que hoy, la mayoría de las grandes empresas estadounidenses se mostraban satisfechas con esta intervención estatal, de hecho, los grandes monopolios fueron los que escribieron las reglas. En definitiva, la intervención estatal mostraba con toda crudeza lo lejos que había llegado la anarquía del libre mercado y la incapacidad del orden burgués para organizar la economía de manera progresiva, pero en ningún caso se trataba de un rasgo de socialismo. Federico Engels abordó la cuestión de la siguiente manera en su celebre Anti Dühring:
"Si las crisis descubren la incapacidad de la burguesía para seguir administrando las modernas fuerzas productivas, la transformación de las grandes organizaciones de la producción y cambio en sociedades anónimas y en propiedad del Estado muestra que la burguesía no es ya imprescindible para la realización de aquella tarea. Todas las funciones de los capitalistas son ya desempeñadas por los empleados a sueldo. El capitalista no tiene ya más actividad social que percibir beneficios, cortar cupones y jugar a la bolsa, en la cual los diversos capitalistas se arrebatan los unos a los otros sus capitales (...) Pero ni la transformación en sociedades anónimas ni la transformación en propiedad del Estado suprimen la propiedad del capital sobre las fuerzas productivas. En el caso de las sociedades anónimas, la cosa es obvia. Y el Estado moderno, por su parte, no es más que la organización que se da la sociedad burguesa para sostener las condiciones generales externas del modo de producción capitalista contra ataques de los trabajadores o de los capitalistas individuales. El Estado moderno, cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista, un Estado de los capitalistas: el capitalista total ideal. Cuanta más fuerzas productivas asume en propio, tanto más se hace capitalista total, y tantos más ciudadanos explota. Los obreros siguen siendo asalariados, proletarios. No se supera la relación capitalista, sino que, más bien, se exacerba...".[5]


La ofensiva obrera

Durante toda esta etapa de crisis, Roosevelt entró en conflicto, a determinada escala, con individuos y grupos de capitalistas. Pero esos choques respondían, precisamente, a que el éxito de su política en defensa de los intereses generales del capitalismo, los grandes monopolios y el imperialismo norteamericano dependía de neutralizar el descontento de la clase obrera. Para lograrlo no dudó en fabricarse una imagen de "amigo de los trabajadores" y enemigo de los monopolios, dando rienda suelta a la demagogia más descarada mientras subordinaba a la burocracia sindical a los intereses generales del capital. Todas sus medidas y giros calculados fueron una respuesta a la ofensiva obrera que se desató desde 1932 hasta 1937 y que culminó en grandes luchas contra los desahucios, marchas masivas de parados y una oleada de huelgas masivas, ocupaciones de fábricas y escisión del movimiento sindical.[6]

Animados por las medidas del New Deal y los tímidos indicios de la reactivación económica, cientos de miles de obreros, entre 1932 y 1934, se organizaron sindicalmente en todos los sectores: en la industria textil, el automóvil, el acero, el caucho, etcétera. Ese movimiento masivo provocó un choque entre los intereses de la burocracia sindical de la AFL, que organizaba fundamentalmente a trabajadores cualificados, y miles de obreros no cualificados que luchaban por la formación de comités de fábrica integrados por toda la clase obrera. Finalmente, la cascada de luchas obreras, ocupaciones de fábricas y de-sobediencia sindical cristalizó en la escisión de la AFL en octubre de 1935: una fracción de la burocracia sindical, encabezada por John Lewis, dirigente del sindicato de mineros, organizó el CIO (Comité por la Organización Industrial) que agrupó a un número de sindicatos muy destacado.

El nuevo panorama abierto con el giro a la izquierda en el movimiento obrero tuvo hondas repercusiones políticas. La posibilidad de que los trabajadores culminasen con éxito el camino iniciado y se dotaran de una organización política independiente,[7] obligó a Roosevelt a realizar un nuevo giro para afianzar una nueva alianza con los sindicatos y los sectores proclives al acuerdo: el Partido Socialista y el Partido Comunista. Para calmar el descontento, el gobierno Roosevelt aprobó una nueva batería de medidas reformistas: desde una reforma fiscal significativa, pasando por la creación del sistema público de pensiones y nuevas ayudas públicas a los ayuntamientos y los Estados. También realizó concesiones a los nuevos comités de fábrica y a los líderes del CIO a través de la llamada acta Wagner, que legislaba a favor de la negociación colectiva por parte de los comités de fábrica. En esta coyuntura se crearon las condiciones para un cambio significativo del panorama político estadounidense. El Partido Demócrata consolidó la alianza entre un sector del capital norteamericano y los sindicatos, un modelo que se ha extendido hasta la actualidad, logrando mantener la confianza de una parte considerable de las masas en el Estado burgués y el sistema capitalista.

En las elecciones de 1936, Roosevelt cosechó un amplio apoyo entre los trabajadores norteamericanos gracias a la ayuda de la burocracia sindical, fundamentalmente del CIO, y de la izquierda, especialmente de los estalinistas que habían jugado un papel importante en la formación de los nuevos sindicatos. Trotsky señaló en aquel momento que "en los EEUU, el frente popular asumió la forma de rooseveltismo, es decir, el voto de los radicales, comunistas y socialistas por Roosevelt".

¿Resolvió el New Deal la crisis capitalista?

El conjunto de medidas adoptadas por el New Deal no pudo resolver la crisis ni las contradicciones profundas del capitalismo norteamericano y mundial. En 1937, tras dos años de modesta recuperación de los indicadores económicos, la recesión se hizo de nuevo visible. El paro seguía en tasas alarmantes (más de diez millones), y los niveles de inversión productiva no se habían recuperado. De hecho, la producción industrial en 1937 era un 9% inferior a la de 1929. Lo que sí consiguió la administración Roosevelt fue abortar el ascenso revolucionario de los trabajadores norteamericanos, neutralizar la expresión política independiente de su descontento, y lograr una adhesión al sistema capitalista que parecía imposible años antes. Para lograrlo contó con el auxilio de los reformistas, los estalinistas y la burocracia sindical. Estas fueron las precondiciones para garantizar el apoyo del movimiento obrero a los planes del gobierno a favor del rearme y de los preparativos de guerra, insuflando un nuevo sentimiento chovinista y patriota en la sociedad. Y fue el factor de la guerra, y su impulso económico tanto en los años que duró el conflicto como en la reconstrucción económica mundial al finalizar la contienda, lo que realmente permitió salir de la depresión iniciada en 1929 y fortalecer el dominio del imperialismo norteamericano sobre el mundo.

El fracaso del keynesianismo

A los teóricos del pacto social y la colaboración de clases, es decir a la socialdemocracia, la perspectiva de la crisis y sus consecuencias en la lucha de clases les provoca auténtico pánico. Por eso les gustaría volver a los buenos viejos tiempos, a los años de crecimiento económico de la posguerra en Europa occidental y EEUU, la época dorada del estado del bienestar, del keynesianismo y del reformismo.

La nota más destacada de aquel periodo en cuestión, que se prolongó hasta la década de 1970, fueron las grandes inversiones en la industria, el giro hacia la mecanización y la automatización, y el avance espectacular de la productividad del trabajo. Se asistió a un crecimiento tremendo de medios de producción y bienes de consumo. A su vez, esta espiral ascendente se vio fortalecida por el crecimiento del comercio mundial, que favoreció rápidos retornos del capital productivo acelerando el ciclo industrial, y una acumulación de capital formidable. Las tasas de ganancia que obtuvieron los capitalistas de los países avanzados en la década de los cincuenta y sesenta han sido las más altas en un siglo.

La intervención estatal fue un factor que contribuyó al auge de la posguerra, pero no fue el decisivo. En países de Europa occidental como Francia o Gran Bretaña, el Estado se hizo con el control de sectores productivos que el capital privado consideraba poco rentables. La modernización de estas industrias (ferrocarriles, minería, siderurgia, eléctricas, etc.) exigía grandes desembolsos de capital fijo, cuya amortización era mucho más lenta que en otras ramas productivas. Estos sectores estatalizados de la economía proporcionaban materias primas y servicios baratos a los capitalistas privados, que de esta manera se beneficiaban de los subsidios y las inversiones estatales. Pero esta intervención estatal no alteraba las leyes básicas ni las contradicciones en que se mueve el capitalismo. El factor clave del auge de posguerra fue el aumento de la inversión de capital privado que ya hemos señalado anteriormente. Era la dinámica del mercado, y no la intervención del Estado, lo que determinaba el movimiento ascendente de la economía.

Tal como los marxistas de la época no dejaron de señalar, esta fase extraordinaria de acumulación finalmente chocó con los límites de la producción y las contradicciones insalvables del sistema. En última instancia toda una serie de factores se combinaron para precipitar la recesión, es decir, la reaparición de la crisis de sobreproducción con sus efectos conocidos: cierres masivos de empresas, ataques a los salarios, desempleo de masas..., abriendo un nuevo periodo de ascenso revolucionario en la década de los setenta.[8]

La depresión económica actual

El contexto general en que se mueve la nueva administración Obama y el resto de los gobiernos capitalistas es espeluznante. Cada dato que se conoce diariamente es peor que el anterior y basta un repaso a los más esenciales para entender la extrema gravedad, profundidad y extensión de la crisis. La contracción de la economía norteamericana (PIB) en el último trimestre de 2008 ha sido del ¡6,2%!; sus exportaciones e importaciones cayeron respectivamente un 19,7% y un 15,7%, el mayor descenso desde 1971; a su vez el consumo se ha desplomado registrando la peor caída en 28 años; la inversión en bienes de equipo, indicador fundamental de la inversión productiva, se redujo en ese mismo periodo un 27,8%, el peor dato en medio siglo.

Por otra parte, la tasa de paro en los EEUU se sitúa ya en el 7,2% y podría acercarse al 10% en los próximos meses. Oficialmente 11 millones de estadounidenses están en el paro, un 48 por ciento más que hace un año. En 2008 el número de norteamericanos que se ha apuntado a las listas del desempleo es de 4,78 millones, la cifra más elevada desde que comenzaron las estadísticas en 1967. La crisis afecta a todos los sectores de la producción, donde el cierre de plantas y la destrucción de empleo se desarrolla a un ritmo endiablado. Pero este fenómeno de paro masivo no es privativo sólo de la economía estadounidense: afecta a todos los países en todos los continentes.[9]

La situación es igual de mala, o peor, en Europa. La actividad económica del conjunto de la UE se redujo el 1,5% durante el cuarto trimestre de 2008. La crisis golpea especialmente a Alemania, que vivió una caída de la actividad durante el último trimestre del pasado año del 2,1%, la más intensa desde la reunificación alemana de hace dos décadas. Las economías de Francia y Reino Unido cayeron también significativamente, el 1,2% y el 1,5%, respectivamente, mientras que Italia descendió el 1,8% y España, el 1%. Por su parte, la caída del PIB en Japón, la tercera economía mundial, fue del 11,7% durante el cuarto trimestre del pasado año en tasa anualizada, según datos de la oficina del gobierno. El índice de la producción industrial del país nipón se redujo un 9,6% en 2008 respecto al año anterior. En el caso de China, si en 2007 su economía había crecido un 13%, en 2008 el impacto de la crisis internacional redujo el crecimiento a un 6,7%.

Los gobiernos capitalistas están paralizados ante el tamaño de la crisis. Sus rescates multimillonarios del sistema financiero han fracasado miserablemente, y eso que han desembolsado más de dos billones de euros de dinero público entre inyecciones de liquidez y compras de activos bancarios en el último año (entre EEUU, Europa y Japón). La persistencia en el cortocircuito del crédito, cuya sequía es una consecuencia del desplome de la economía real, demuestra que todas estas aportaciones de capital se han incorporado a los balances de los bancos o han sido distribuidos directamente como beneficios entre los accionistas. Esta es la razón por la que se ha abierto de forma descarnada el debate sobre la nacionalización de la banca, y de por qué todos los defensores acérrimos de la libertad de empresa se inclinan ahora por la intervención estatal.

Todas estas intervenciones, incluida la nacionalización, tienen una lógica aplastante: auxiliar a la banca privada a través de las finanzas públicas, del dinero que saldrá del bolsillo de los trabajadores, del recorte de los subsidios de desempleo, de los gastos en educación y sanidad pública, sin que ello suponga que el capital de estos bancos se vaya a destinar a resolver las necesidades acuciantes de la población. Los marxistas no apoyamos este tipo de "nacionalizaciones" capitalistas. Nuestro programa frente a la crisis se basa en la expropiación de la banca y de los monopolios, sin indemnización salvo en casos de necesidad comprobada, y controladas por los trabajadores y sus organizaciones. Sólo de esta manera, poniendo este capital privado a disposición de la mayoría de la sociedad, capital que no es más que la plusvalía expropiada a los trabajadores en el proceso de la producción, se podría acometer la planificación de la economía de una manera racional, aumentando exponencialmente el bienestar del conjunto de la humanidad y acabando con la lacra del desempleo y la orgía de destrucción de fuerzas productivas a la que estamos asistiendo. Obviamente este sería un paso colosal en la transformación socialista de la sociedad, poniendo punto y final a esta pesadilla que se llama capitalismo. Pero esta opción, lógicamente, no es la que contemplan los gobiernos capitalistas del planeta, sean del signo que sean.

Las medidas de Obama y las perspectivas para la crisis

Los paralelismos entre el New Deal y los planes anunciados por Obama para tratar de sacar a la economía estadounidense de su actual atolladero son evidentes. Las medidas para rescatar el sistema bancario, pasando por los "planes" de déficit público, hasta el "aumento" de los impuestos para los ricos, demuestran que el guión de la historia ha sido bien estudiado. Incluso hasta en los detalles hay similitudes, como prueba la demagogia empleada por Obama en sus discursos contra los "excesos" de los especuladores y los salarios "escandalosos" de los altos ejecutivos, o sus declaraciones y las del vicepresidente, Joe Biden, a favor de "sindicatos fuertes". En todas las medidas de la nueva administración norteamericana hay un aroma calculado a New Deal, buscando fabricar una nueva legitimidad del sistema y transformar el descontento de millones de trabajadores norteamericanos en un apoyo al capitalismo "de rostro humano".

El nuevo plan económico de Barack Obama, anunciado a bombo y platillo como la solución para evitar una catástrofe, supondrá la utilización de 789.000 millones de dólares (615.000 millones de euros) con los que pretende crear tres millones y medio de puestos de trabajo en dos años. En el camino hasta lograr la luz verde del senado, Obama ha tenido que recortar muchas de sus previsiones iniciales debido a las presiones de los republicanos: ha reducido 40.000 millones de dólares destinados a los Estados para el fomento de la educación y otros 6.000 millones más para la rehabilitación de escuelas públicas, entre otros. El plan, tal como ha sido aprobado, supondrá que el Estado dejará de percibir unos 219.000 millones de euros en deducciones fiscales con el fin de "animar" el consumo de las clases medias. El resto del paquete, 395.000 millones de euros, son nuevas inversiones en infraestructuras, pagos a la seguridad social de los Estados que están al borde de la quiebra, educación y ayudas al desempleo. A este plan se suma el anuncio de un presupuesto para este año, que disparará el déficit presupuestario hasta 1,7 billones de dólares (12,3% del PIB).

Ahora bien, ¿será suficiente este plan para sacar a la economía norteamericana del atolladero? El primer paquete de estímulo aplicado por la administración Bush, cerca de 700.000 millones de dólares, fracasó estrepitosamente. Esta nueva cantidad de dinero puede evaporarse también, sobre todo teniendo en cuenta que es una nadería en comparación con la gravedad de la crisis del sector financiero y el desplome de la producción. La Oficina Presupuestaria del Congreso ha previsto que a lo largo de los próximos tres años se producirá un desfase de 2,9 billones de dólares entre lo que la economía puede producir y lo que de hecho producirá. Y 800.000 millones de dólares, aunque parezca mucho dinero, no sirve ni mucho menos para salvar ese abismo. Como hemos señalado anteriormente, la intervención estatal no es suficiente para reactivar la economía capitalista que depende de la inversión productiva y de la venta de mercancías para obtener beneficios, paralizados en estos momentos por la lógica de la sobreproducción.

Además los peligros de esta estrategia son evidentes. Recurrir al déficit masivo puede colocar en riesgo de suspensión de pagos al conjunto de la economía capitalista norteamericana que, no olvidemos, arrastra ya un déficit fiscal y comercial histórico financiado gracias a los miles de millones de dólares que China y otros países asiáticos emplean en comprar bonos del tesoro y demás títulos de deuda pública.[10] La diferencia fundamental con la época de posguerra, en pleno ascenso de las fuerzas productivas, es que la crisis también afecta a China y a Japón de una manera contundente. Obama corre el riesgo de quedarse bloqueado a la hora de obtener fondos para financiar este déficit espectacular que va a dispararse en los próximos meses. Si el gobierno norteamericano intenta cubrirlo poniendo en circulación una gran masa monetaria, como ya están haciendo, provocarán una devaluación aún mayor del dólar. Este hecho tendrá sus efectos. Por un lado, retraerá a los inversores extranjeros en deuda pública, que no querrán comprar más bonos del tesoro devaluados. En segundo lugar azuzará las medidas proteccionistas y las devaluaciones competitivas de otros países, un fenómeno que ya se está extendiendo por todo el planeta y que trae a colación los peores fantasmas del crack de 1929.[11]

La volatilidad de la situación es extrema. El lunes 2 de marzo, cuatro días después de que el presidente Obama presentara sus nuevos presupuestos, las bolsas mundiales registraron una nueva jornada de pánico, tras el anuncio del gobierno estadounidense de una nueva inyección de otros 30.000 millones de dólares a la aseguradora AIG. Por primera vez desde el crack de 1997 el índice Dow Jones cayó por debajo de los 7.000 puntos.

La dinámica de depresión económica es difícil de determinar en sus detalles. Pero una cosa es clara: igual que ocurrió con el crack de 1929, sus consecuencias políticas serán profundas. La confianza en el capitalismo será cuestionada por millones de trabajadores y jóvenes que, a pesar del fuerte impacto que están sufriendo en estos momentos, se verán obligados a pasar a la acción con una fuerza desconocida en las últimas décadas. Las grandes movilizaciones de Italia, Francia y Grecia son sólo un anticipo de lo que está por venir. Las organizaciones obreras, tanto políticas como sindicales, serán sacudidas de arriba abajo y las oportunidades para transformar la sociedad en líneas socialistas se multiplicarán en decenas de países. En estas circunstancias, el programa del genuino marxismo se abrirá paso con fuerza, ganando un apoyo consciente entre millones de oprimidos de todo el mundo.

NOTAS


1. Carlos Marx - Federico Engels, El Manifiesto Comunista, Fundación Federico Engels, p. 44.

2. IWW Trabajadores Industriales del Mundo  (IWW o los Wobblies), sindicato revolucionario estadounidense, inspirado en la doctrina del sindicalismo revolucionario y el anarcosindicalismo. AFL (American Federation of Labor), una de las primeras federaciones sindicales de EEUU. Fue fundada en Ohio en 1886 por   que la dirigió hasta su muerte en 1924,  basándose en un programa conservador y colaboracionista con las patronales y los diferentes gobiernos capitalistas de EEUU.
Si en 1919 se produjeron en torno a 3.600 huelgas que afectaron a más de 4 millones de trabajadores (casi el 21% de la fuera laboral norteamericana), diez años después las huelgas solo sumaron 900 y los trabajadores implicados fueron alrededor de 300.000, es decir, un 1,2% de la fuerza de trabajo.

3. León Trotsky, ¿Qué es el marxismo?, Fundación Federico Engels, Madrid 2003, p. 28.

4. V. I. Lenin, El imperialismo fase superior del capitalismo, Fundación Federico Engels, Madrid 2007, p. 375. Federico Engels, Anti Dühring, Editorial Grijalbo, OME, Barcelona 1977, p 289-90. El propio Engels contestó a aquellos "socialistas", como los socialdemócratas actuales, que veían en la intervención del Estado en la economía un signo de socialismo: "Recientemente, desde que Bismarck se dedicó también a estatizar, se ha producido un cierto falso socialismo -que ya en algunos casos ha degenerado en servicio al estado existente- para el cual toda estatalización, incluso la bismarckiana, es sin más socialista. La verdad es que si la estatalización del tabaco fuera socialista, Napoleón y Metternich deberían contarse entre los fundadores del socialismo..." (Ídem)

6. En 1933 y 1934 fueron a la huelga más de un millón de trabajadores de diferentes industrias, en defensa de los salarios, mejoras en los convenios colectivos y por el reconocimiento de las comisiones sindicales, de las cuales destacaron, por su combatividad y radicalización, la huelga de los Camioneros en Minneapolis, los estibadores de San Francisco y los del sector automotriz en la ciudad de Toledo. La primera de estas huelgas fue liderada por los trotskistas de la Liga Comunista, que organizaron un soviet en la ciudad de Minneapolis en el que participaron trabajadores de todos los sectores, encabezados por los camioneros y su sindicato local, y una auténtica milicia obrera que se enfrentó a miles de policías y esquiroles movilizados para acabar con la huelga. La segunda lucha fue dirigida por el PC. Los estibadores iniciaron la huelga para abolir el sistema de shape-up (una especie de mercados de esclavos donde por la mañana temprano se elegían grupos de trabajadores para el día), se enfrentaron a la represión armada de la policía en los muelles y la lucha se trasladó a toda la clase obrera de San Francisco que protagonizó una gran huelga general. Las tres huelgas mencionadas acabaron en grandes victorias.
En otoño de 1934 tuvo lugar la mayor de todas las huelgas, con 325.000 trabajadores textiles que abandonaron las fábricas y se organizaron en piquetes enfrentándose durante semanas a la represión policial y militar en numerosas ciudades. También fueron muy importantes las huelgas de brazos caídos, en realidad una manera de ocupar las fábricas e impedir la producción, como la de los trabajadores del caucho en Akron (Ohio) y la de la fábrica Fisher Body (General Motors) en Flint (Michigan) que se prolongó desde diciembre de 1936 hasta febrero de 1937. Para ver más en detalle el desarrollo de este periodo se puede consultar: Howard Zinn, La otra historia de los EEUU, Hiru, Hondarribia 1999; Farell Dobbs, Rebelión Teamster, Pathfinder, Canadá 2004.

7. En la Convención del Sindicato del Automóvil y en la de la AFL de 1935 (donde Lewis rompió para fundar el CIO), un sector de trabajadores propuso la formación de un Partido de Trabajadores nacional. Todos estos intentos expresaban un avance formidable en la conciencia política de amplios sectores de la clase obrera. En agosto de 1937 encuestas realizadas por Gallup mostraban que el 21% de los consultados apoyaban la formación de tal partido.

8. Por un lado el fuerte incremento de capital constante en proporción al capital variable hizo inevitable el aumento de la composición orgánica del capital. A pesar de todas las fuerzas contrarrestantes, la tasa de ganancia experimentó un descenso paulatino a partir del final de la década de los sesenta. Por otra parte, el aumento del precio de las materias primas industriales, especialmente del petróleo, fue un factor importante a la hora de encarecer los costes de producción. Éste hecho se enlazó a otros muchos. Uno de los más significativos fue el ascenso de la lucha de clases en el mundo colonial y también en los países capitalistas avanzados. Desde EEUU hasta Francia, donde la gran huelga revolucionaria de mayo de 1968 estuvo cerca de liquidar el capitalismo, o Italia, durante el otoño caliente de 1969. La larga lista de factores que influyeron no termina ahí. Los enormes déficits públicos, alimentados durante veinte años y que conformaban la espina dorsal de la doctrina keynesiana, actuaron como un lastre y dispararon la inflación. La sobreacumulación y las dificultades de colocación de los capitales calentó la burbuja especulativa. Un análisis brillante de todo este periodo se puede consultar en el primer volumen de las obras de Ted Grant, especialmente en la sección titulada: El auge económico de la posguerra. Orígenes, efectos y declive. Fundación Federico Engels, Madrid 2007.  

9. La Organización Internacional del Trabajo pronosticó que 2009 puede acabar con 50 millones de desempleados más en todo el mundo, considerando un total de 230 millones de parados para este año.

10. La teoría de Keynes y sus seguidores a favor de estimular la demanda puede funcionar temporalmente, si las reservas públicas están saneadas y son abundantes o durante una época de auge de la economía, aunque sea a costa de un endeudamiento agónico del Estado. Tal como ocurrió en los años del New Deal, los resultados que se pueden obtener con estos métodos en una fase de depresión económica son muy modestos. Pero en la actualidad se parte de unas condiciones muy diferentes: EEUU tiene en estos momentos una deuda global superior al 50% del PIB. El déficit público es de 1,3 billones de dólares, cerca de un billón de euros, el  mayor desde la Segunda Guerra Mundial, equivalente al 8,3% del producto interior bruto (PIB). En palabras del historiador estadounidense Paul Kennedy: "Estoy aterrado porque muy probablemente tendremos muy poco dinero para pagar los bonos del Tesoro que van a ser emitidos, en decenas de miles de millones cada mes, en los próximos años (...) Hoy, nuestra dependencia de los inversores extranjeros se aproximará más y más al estado de endeudamiento internacional que nosotros los historiadores asociamos con los reinados de Felipe II de España y Luis XIV de Francia" (El poder de EEUU está decayendo).

11. Los ejemplos de un nuevo proteccionismo proliferan por todas partes. Hace dos meses, Rusia decidió elevar del 5% al 30% el gravamen para los coches importados. También ha introducido aranceles a la carne de ave y de cerdo. India ha anunciado que durante los próximos seis meses prohibirá la importación de juguetes de China (la mitad de los que importa). El Gobierno chino antes elevó las deducciones de los impuestos a la exportación de sus juguetes en un 14% para ayudar a sus fabricantes nacionales. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha aclarado que las ayudas a las empresas de automóviles son para "ayudar a frenar la huida de empleo de Francia". Estados Unidos ha salido a apoyar a los gigantes del motor de Detroit, pero sólo para que salven sus plantas en el país. Para que el PIB de los países avanzados crezca al 3%, el comercio internacional debe hacerlo al 8% pero ahora la economía mundial apenas crece. Según la OMC, el comercio mundial caerá en 2009 por primera vez en 27 años, en torno a un 2%.

Juan Ignacio Ramos
El Militante
Fecha: 10 de marzo de 2009
Disponible en:  http://www.militante.org/lecciones-del-crack-1929


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