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¿Qué es conocer ?

Por Episteme - 30 de Septiembre, 2007, 23:38, Categoría: Teoría del conocimiento











Todos creemos percibir el mismo objeto,pero mucho depende del cerebro de cada uno. En la fotografía, el retrato de Adele Bloch-Bauer pintado por el austríaco Gustav Klimt en 1905. Está en el museo Neue Galerie, de Nueva York. ARCHIVO

 

 

Por fin, ¿qué es conocer ?

Róger Churnside

chimi00@racsa.co.cr

 

Hace ya casi veinte años, los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela (q. e. p. d.) escribieron un libro tremendo intitulado El árbol del conocimiento: Las raíces biológicas del entendimiento humano .

 

Esta obra trata un tema que aún se encuentra en estado emergente, en el dominio de especialistas; sin embargo, tarde o temprano será incorporado –o debería ser incorporado– al modo normal de pensar de todos, es decir, en lo que llamamos ‘sentido común’.

 

Las ideas de Maturana y Varela son relevantes no solamente para la biología; también han sido aplicadas en ciencia social, en general, así como al estudio de organizaciones y a la administración, en particular.

 

Me atreveré a intentar un resumen de la tesis principal de esos autores, con la intención de que ustedes, estimables lectoras y lectores, se interesen en la materia, se informen más ampliamente por su cuenta y desarrollen sus propias opiniones al respecto.

 

También espero, para ese efecto, que colegas científicos naturales y sociales complementen o corrijan cualquier aspecto insuficiente de mi planteamiento.

 

Sujeto y objeto. Mediante numerosos experimentos que comenzaron con ranas y extendieron a otros animales, hasta alcanzar seres humanos y grupos enteros, Maturana y Varela llegaron a la siguiente conclusión: es equivocada la idea de que construimos conocimiento de los objetos en nuestro alrededor, a partir de especies de imágenes fotográficas de ellos que proyectan nuestros ojos a nuestros cerebros; dicho en otra forma: la noción del conocimiento como “reacción” de nuestros cerebros u “operación” de ellos –basada en reproducciones o reflejos de las cosas–, no es correcta, sino que la mente es mucho más compleja y activa.

 

Para Maturana y Varela, ocurre también un proceso contrario: la mente proyecta o “rebota” –por decirlo así– sus conceptos, selectivamente, sobre las cosas, e imprime en estas las huellas de su propia estructura.

 

Eso significa que “conocer” los objetos implica, en cierto sentido, reproducir con ellos la interioridad del sujeto que lleva a cabo el proceso cognitivo; entonces, no hay una separación nítida entre objeto y sujeto. Las imágenes subjetivas de los objetos no sólo reflejan las estructuras de ellos, sino también la de la mente.

Como sostenía Jean Piaget –otro distinguido estudioso del conocimiento–, ello implica una “indisociabilidad de lo subjetivo y lo objetivo”. A esa interpretación del conocimiento, Maturana y Varela la designaron autopoiesis , un término griego que significa ‘autorreproducción’.

 

Recreadores. La autopoiesis tiene implicaciones de gran alcance, como las siguientes: el conocimiento no es procesamiento mecánico de información (como proponen quienes equiparan el cerebro a las computadoras); el conocimiento tampoco se deriva de un comportamiento o de acciones puramente individuales, sino que está influido también por la herencia genética y cultural, que tiende a preservar y desarrollar. Por tanto, el conocimiento y las acciones correspondientes “dan a luz un mundo creado con otros en el acto de coexistencia del cual surge lo humano”.

 

En resumen, conocer las cosas o el mundo no es solo “captar” pasivamente sus rasgos, sino también participar en su creación; y esto implica una responsabilidad ética.

 

¿Es todo ello difícil de entender? Ni tanto. ¿Estoy “salido de tiesto” o actuando superficialmente al plantear tales asuntos en un artículo periodístico, en lugar de hacerlo en revistas y libros científicos? Tampoco.

 

Si bien he hecho esfuerzos en ese último sentido, creo que la ciencia plena, la ciencia buena, no es la que se reserva solamente o principalmente para elites y minorías.

 

Como decía la gran economista ya fallecida Joan Robinson, la ciencia social debe ser “instrumento de autoconciencia” de todos los miembros de la sociedad; y, junto con el distinguido físico-cosmólogo Stephen Hawking, pienso que todos –“filósofos, científicos y gente común”– debemos participar juntos en el entendimiento de la ciencia.



Disponible en:

La Nación

Suplemento Ancora

Domingo 10 de junio, 2007

Disponible en:


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