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Rodolfo-J. Rodríguez R.

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12 de Abril, 2008

Escuela Austríaca de Economía

Por Episteme - 12 de Abril, 2008, 23:53, Categoría: Escuela austríaca

Globalización y Escuela Austríaca de Economía

En una época en la cual el capitalismo parece enfrentarse a graves problemas; en una época donde la "globalización", supuesto efecto del capitalismo mundial, parece haber conducido a grandes desigualdades, injusticias y problemas culturales, toda defensa del capitalismo parece ser una mera hipótesis auxiliar elaborada como un recurso dialéctico frente a un fracaso que parece innegable. Ante esa interpretación, es objetivo de este artículo mostrar que:1. El actual proceso de globalización no es más que la globalización del intervencionismo del estado en todas las áreas.2. Que la crítica al intervencionismo forma parte del eje central de la escuela austríaca de economía (Mises, Hayek)3. Que la situación actual no es más que una dramática corroboración de esa crítica,4. y que, por ende, lejos de encontrarnos en una crisis sin nuevos paradigmas interpretativos, la escuela austríaca nos ofrece una explicación y una salida para la situación actual.
Comencemos por el segundo punto.Vayamos a la parte sexta del tratado de economía de L. von Mises . Como vemos, estamos hablando de una obra central y no marginal en su producción. Es más, estamos hablando de una obra sin la cual no hubiera existido el renacimiento de la escuela austríaca de economía a partir de los 70 .Ante todo Mises plantea su tesis general: toda intervención del estado genera exactamente los efectos que con ella se querían evitar, y agravados.Comienza con el intervencionismo fiscal. Todo impuesto a la renta y al capital es criticado como algo que, sencillamente, disminuye la tasa de capital existente y, con ello, disminuye los salarios reales perjudicando a los sectores de menores ingresos.Sigue con lo que él denomina "medidas restrictivas a la producción". Toda intervención del estado fijando tarifas arancelarias es rechazada como algo que, lejos de aumentar la industria y el empleo, los reducirá notablemente, además de crear un sistema económico basado en el privilegio como sistema.Sigue con la intervención en los precios. Además de agravar los problemas inflacionarios, lo peculiar es que Mises advierte allí sobre la dramática consecuencia de fijar el salario por encima de su productividad: la desocupación. Comienza allí su crítica a la actividad sindical de tipo fascista.El capítulo que sigue es esencial a la escuela austríaca y en particular a Mises. Se trata del intervencionismo monetario y crediticio. El monopolio estatal sobre la moneda y el control de la oferta monetaria implica necesariamente inflación. La expansión crediticia implica un período artificial de expansión seguida de su inevitable efecto: la recesión. El capítulo concluye con otra crítica al control de cambios y al control estatal del comercio internacional. En este último aspecto cabe recordar que al hablar de la política monetaria internacional, el FMI recibe allí una importante crítica, y no marginal: "...El Fondo Monetario Internacional en modo alguno ha conseguido aquellos objetivos que perseguían sus patrocinadores" . Mises escribe esto en la década del 40.Sigue otro capítulo criticando toda política confiscatoria, prediciendo su obvio efecto: descapitalización, mayor pobreza y subdesarrollo.Concluye finalmente con una importante crítica al intervensionismo sindical, a esa unión fascista entre sindicatos y estado que concluye en la más amplia y devastadora desocupación, a lo cual se sigue una crítica a la mentalidad belicista como excusa para la intervención del estado.Este último tema es eje central de su obra más importante en filosofía política, Liberalismo, de 1927 . El comercio internacional es entendido allí como la clave del bienestar de lo pueblos y el único desaliento real a la guerra, al militarismo, al nacionalismo y al imperialismo. Pocos recuerdan hoy el énfasis que Mises puso en criticar todo ello. Pero ya en ese entonces Mises critica la política exterior belicista y cerrada al libre cambio de las naciones europeas, prediciendo otra terrible contienda mundial. El libre cambio no tiene nada que ver con acuerdos internacionales entre los gobiernos, y la ya entonces "Sociedad de las naciones" recibe una importante crítica que se aplica hoy a la ONU: inútiles serán todos los acuerdos sin la existencia de un auténtico libre comercio internacional .Volvemos a decir que no estamos hablando de cartas que Mises envió a su abuelita un día antes de morir. Estamos hablando de textos centrales, de textos imprescindibles en cualquier análisis de su pensamiento. Ahora bien, que estos textos sigan siendo absolutamente desconocidos por el paradigma económico dominante, es algo cuya reflexión haremos hacia el final.Hayek es un caso parecido. Ya en 1935 critica los supuestos de los modelos de competencia perfecta y sostiene que el mercado implica otros supuestos: individuos con conocimiento disperso y una capacidad de aprendizaje que sólo es orientada a las necesidades de la demanda en caso de que los presupuestos jurídicos del mercado incluyan la libertad de entrada al sistema . Este presupuesto, contrario a todas las intervenciones estatales en el comercio internacional, se mantiene a lo largo de toda su obra más conocida y no es casualidad que, por ende, en 1974 proponga la eliminación del curso forzoso (esto es, la eliminación de una sola moneda obligatoria) como eje central de su propuesta monetaria . Exactamente lo contrario de lo que después hace la Unión Europea.Sigamos entonces con el punto uno de nuestra análisis. ¿Qué tiene que ver la llamada "globalización" con lo que Mises y Hayek proponían para la política y para la economía internacional? No sólo muy poco, sino sencillamente todo lo contrario. En detalle: impuestos a la renta, progresivos o no; industrias "privadas" protegidas por tarifas arancelarias y todo tipo de monopolios legales y políticas monetarias, crediticias e impositivas; modelos sindicales corporativos con la creencia generalizada, de orientación marxista, de que sin salarios mínimos hay explotación de los trabajadores; control estatal de la moneda y el crédito.... Con todos los efectos estudiados y predichos por Mises y Hayek: menor cantidad de capital por habitante; inflación, recesión, desocupación, crisis crediticias y bancarias; desocupación..... ¿Nos hace acordar a algo? Téngase en cuenta que las críticas de Mises y Hayek están desarrolladas en un contexto europeo y norteamericano...En general: bancos centrales; controles y privilegios al sector privado; alta presión impositiva; pactos inter-gubernamentales (unión europea; Nafta; MERCOSUR), tarifas arancelarias; controles migratorios..... Eso es la actual llamada globalización. Sencillamente, la globalización del intervencionismo.Vamos entonces a los puntos tres y cuatro. La crisis actual de la globalización como sistema no es más que una dramática corroboración de las advertencias de Mises y Hayek. Allí donde la mentalidad neomarxista y neofascista prevaleciente ve demasiado libre mercado, Mises y Hayek veían demasiado poco, y advirtieron toda su vida, y no en notas al pie, las terribles crisis internacionales que de ello se seguirían. No nos hemos quedado, por ende, sin explicaciones. Está la explicación de Fidel Castro, renovado líder intelectual a quien todos han comenzado a repetir después del 11 de Septiembre, porque, aparentemente, el capitalismo de los EEUU, con sus secuelas de pobreza y subdesarrollo en el tercer mundo y en el medio oriente, es caldo de cultivo de mentalidades extremistas. Y está la explicación de Mises, y de su discípulo Hayek. EEUU y Europa están lejos de haber entendido lo que es el libre mercado. Así de simple y complejo."Así de simple y complejo". Si es simple, ¿por qué se lo ignora? Porque los paradigmas alternativos pueden ser simples, pero los paradigmas dominantes tienen la "piel gruesa". El peor enemigo del capitalismo liberal de Mises y Hayek no es Castro. A nivel intelectual, sus peores enemigos son los millones y millones de graduados en economía de casi todas las universidades del mundo, formados en la teoría de las fallas del mercado, que deberían ser corregidas por el estado; formados en manuales de economía neokeynesianos que les explican muy bien los instrumentos de "política monetaria, crediticia e impositiva", esas medidas "macro" que deben estar a cargos de los gobiernos, "para que el capitalismo funcione". Bajo esas creencias (exactamente todo aquello que Mises criticó como intervencionismo) integran ministerios, secretarías y organismos internacionales, asesorando a la ONU, al Banco Mundial, al FMI, a los funcionarios de la Unión Europea, el Nafta y otras tantas instituciones que son, bajo el paradigma explicativo de Mises, el clímax de la mentalidad intervencionista. Mentalidad que forma parte de la ingeniería social que nos gobierna, que forma parte, a su vez, de un positivismo cultural, de una racionalidad instrumental que para colmo es colocada desde la izquierda ilustrada como el eje central del capitalismo.....Las aplicaciones a nuestro país son obvias y dramáticas. Al respecto, sólo una cosa: lo nuestro no es sólo un problema de corrupción, sino de la mentalidad que puede dominar a nuestros más honestos funcionarios, y del sistema que rige para la organización de nuestros poderes legislativos nacionales y los partidos políticos. Sobre estos temas, sobre las crisis de las democracias constitucionales y los partidos políticos, cuyos poderes se han extralimitado, Mises y Hayek también han advertido, y también en partes centrales de sus escritos . Por ende la Argentina puede mañana mismo renovar todas sus autoridades pero con ello el problema no está resuelto.Pero parte del problema estará resuelto cuando comencemos a estudiar seriamente a estos autores. Puede sonar extraño que en medio de todo yo proponga el estudio, pero, montado en Husserl , parafraseo una famosa expresión. El que quiera cambiar al mundo, lo destruirá; el que quiera contemplarlo, lo construirá.
Publicado en Management Herald, 12 de mayo de 2002


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Movimiento internacional de los capitales

Por Episteme - 12 de Abril, 2008, 23:47, Categoría: Capitalismo

Causas y consecuencias

del movimiento internacional de los capitales

Ninguno de los teóricos del estancamiento crónico en los países dependientes del imperialismo supo proyectar como es debido las enseñanzas de esta evidencia empírica del desarrollo internacional desigual. Todavía en 1972, Ernest Mandel seguía viendo un mundo económico dual inamovible, donde el ritmo de crecimiento de los países imperialistas, es constantemente mayor al de los países de su periferia:

<<La acumulación de capital cristalizó internacionalmente como el desarrollo, por una parte, de la gran industria en los países metropolitanos, que avanzaban hacia la completa industrialización a través de una avanzada división del trabajo y de la progresiva innovación técnica, y como la implantación, por otra parte, de la producción de materias primas en las colonias, definida por una división del trabajo fija o estancada, una tecnología atrasada y una economía agrícola precapitalista, factores que bloquearon todo proceso profundo de industrialización y reforzaron y perpetuaron el subdesarrollo. (...) El problema del "intercambio desigual" se remonta en última instancia al problema de la diferente estructura social del mundo subdesarrollado. A este respecto estamos completamente de acuerdo con Emmanuel, Palloyx y Amin; mucho antes que estos autores, señalamos que las condiciones desfavorables para la acumulación del capital en estos países deben ser atribuidas a causas sociales que fueron endureciéndose bajo los efectos del imperialismo. También coincidimos con la tesis básica de Gunder Frank a este respecto: el desarrollo mismo del capitalismo produce la yuxtaposición de "superdesarrollo" en los países metropolitanos y subdesarrollo en las colonias y semicolonias.>> Ernest Mandel: "El Capitalismo tardío" Cap. III y XI)

En todo caso, Mandel acepta un desarrollo industrial que el imperialismo dosifica convenientemente con medios de producción obsoletos. Y piensa que esto es así por la existencia de una división internacional del trabajo supuestamente cristalizada, dando también por supuesto que el movimiento internacional de capitales del centro a la periferia está en función exclusiva de las mayores tasas de ganancia en los países dependientes, como si el movimiento del capital en los países dependientes se rigiera por leyes capitalistas especiales.

A nosotros nos parece que esta es una aplicación errónea y, por tanto, inconsecuente de la Ley general de la acumulación capitalista. En primer lugar, porque es falso que el movimiento internacional de capitales tenga su causa eficiente o necesidad en las diferentes tasas nacionales de ganancia. Dado que las crisis típicas de superproducción de capital se vienen produciendo desde 1857, de aceptarse el supuesto de que los capitales emigran bajo el influjo exclusivo de las distintas tasas internacionales de ganancia, habría que explicar por qué la exportación de capitales se presentó por primera vez como un comportamiento común a las burguesías de todos los países desarrollados recién en la etapa superior del capitalismo y no antes.

El movimiento internacional de capitales tiene que haber obedecido, pues, a una fuerza objetiva del sistema en su conjunto y no a la decisión discrecional de uno u otro sector de ella. ¿De dónde ha surgido esta tendencia objetiva? Una vez más del cumplimiento de la ley general de la acumulación capitalista descubierta por Marx. En efecto, dados los límites de la jornada laboral media individual que no puede extenderse más allá de las 24 horas, si se acepta que la tendencia histórica del capital consiste en apoderarse de una creciente cantidad de trabajo necesario para convertirlo en excedente, el caso es que según aumenta la fuerza productiva del trabajo y la composición orgánica del capital, está en la misma lógica objetiva del sistema que la parte del trabajo colectivo necesario disponible para ser capitalizada disminuye, y el capital acumulado en cada período de rotación se incrementa más rápidamente que el trabajo excedente. Bajo tales condiciones, según avanza el proceso de acumulación el sistema sale de cada crisis de sobreproducción de capital con una composición orgánica más alta y, consecuentemente, con una masa de capital en funciones mayor. En semejantes condiciones tiene que llegar un momento del proceso en que los países de mayor desarrollo económico desembocan en la sobreacumulación de capital, situación sólo superable mediante la exportación creciente de capitales o el desvío hacia mercados especulativos. Este fenómeno deja de ser simplemente ocasional o episódico, limitado a las crísis, para pasar a ser crónico. Típico y necesario en todos los países de desarrollo capitalista avanzado.

Este razonamiento se basa en la idea fundamental de la contradicción inmanente al modo de producción capitalista, entre el proceso de trabajo y el proceso de explotación asalariada, entre la ilimitada capacidad expansiva de las fuerzas productivas y la limitada posibilidad de valorización del capital sobreacumulado. Aquí radica la diferencia señalada por Lenin entre el capitalismo de libre competencia y el capitalismo monopolista

<<Lo que caracterizaba al viejo capitalismo, en el cual dominaba plenamente la libre competencia, era la exportación de mercancías. Lo que caracteriza al capitalismo moderno, en el que impera el monopolio, es la exportación de capital>> V.I. Lenin: "El imperialismo fase superior del capitalismo" Cap. IV)

Marx demostró la imposibilidad de una ilimitada inversión de capital en un determinado país o conglomerado de países y enunció las condiciones bajo las cuales debe surgir la absoluta sobreacumulación de capital que no admite unidades adicionales de valor capitalizables. La continuidad de todo proceso de acumulación exige plusvalor. Pero el plusvalor es trabajo, y la masa de población explotable en cada país está objetivamente determinada, es de una magnitud dada; y con una composición orgánica del capital también presupuestada, de una determinada población disponible sólo se puede extraer una determinada masa máxima de plustrabajo.

Respecto a eso de que el componente material del capital imperialista invertido en los países dependientes es técnicamente obsoleto y de composición orgánica menor que en sus países de origen, esto merece una matización. Está demostrado empíricamente que aun antes de la etapa imperialista del capitalismo, los países atrasados receptores de capital excedentario procedente de las métrópolis más desarrolladas, incorporaron en poco tiempo las técnicas de producción capitalistas más avanzadas. En una carta a Nikolai-on fechada el 15 de noviembre de 1878, Marx reporta que en unos pocos años, el capital extranjero invertidio en EU.UU. ha operado transformaciones cuya realización en Inglaterra demandó siglos. Trotsky observa el mismo progreso experimentado por la industria Rusa desde los tiempos de Pedro el Grande:

<<El desarrollo desigual, que es la ley más general del proceso histórico, no se nos revela, en parte alguna, con la evidencia y la complejidad con que la patentiza el destino de los países atrasados. Azotados por el látigo de las necesidades materiales, los países atrasados vense obligados a avanzar a saltos. De esta ley universal del desarrollo desigual de la cultura se deriva otra que, a falta de nombre más adecuado, calificaremos de ley del desarrollo combinado, aludiendo a la aproximación de las distinta etapas del camino y a la confusión de distintas fases, a la amalgama de formas arcaicas y modernas. Sin acudir a esta ley, enfocada, naturalmente, en la integridad de su contenido material, sería imposible comprender la historia de Rusia ni la de ningún otro país de avance cultural rezagado, cualquiera que sea su grado>> (L.D. Trotsky: "Historia de la revolución rusa" Cap. I)

Y polemizando con Bauer, Gorssman actualiza la verificación de esta misma tendencia histórica en 1929:

<<Si el capitalismo europeo occidental necesitó 150 años para evolucionar de la forma organizativa del periodo manufacturero hasta la forma capitalísticamente desarrollada de los truts mundiales, así los territorios coloniales de Asia, Áfricar y américa no necesitan repetir este largo desarrollo. Ellos reciben los capitales que fluyen de Europa en su forma más madura, que se conformó en el seno de los países altamente capitalistas. De esta manera, ellos saltan por encima de largas series de etpas de desarrollo histórico, y el negro autóctono del sur de África es llevado desde sus selvas vírgenes directamente a las mainas de oro y diamántes dominadas por el capital de los truts, con su forma de organixzación técnica y financiera altamente desarrollada. Si en Ecuador, Sumatra, Venezuela o Trinidad se emprenden perforaciones en busca de petróleo, son utilizadas desde el comienzo los más modernos métodos técnicos e instalaciones que existen en ese momento (1929), y así se contruyen oleoductos, depósitos, refinerías, etc.>> (Grossmann: "La ley de la acumulación y del derrumbe del sistema capitalista" Cap. XIV BIII)

Por lo tanto, según progresa la acumulación del capital social crece el número de países que alcanzan la sobresaturación. Si los primeros países excedentarios de capital fueron Inglaterra y Francia, pronto se le sumaron los EE.UU. de norteamérica e inmediatamente otros a menor escala como Bélgica, Suiza, Holanda, Suecia, Alemania, Italia y más recientemente Japón y España. Y a medida que aumenta el número de países exportadores netos de capital y se acrecienta su masa excedente, es inevitable que la lucha entre las distintas fraciones del capital imperialista por las localizaciones para la inversión productiva se intensifique.

Un primer efecto de esta nueva realidad es, pues, la tendencia irresistible al aumento en la composición orgánica del capital de los países anfitriones económicamente dependientes en las ramas de la industria donde opera el capital extranjero. De la competencia por el mercado del automóvil en el contexto del Mercosur entre la Wolkswagen radicada en Brasil y la Ford en Argentina, por ejemplo, tiene necesariamente que resultar un aumento de la composición técnica y orgánica del capital en la rama del automóvil de ambos países. En un artículo donde cita un estudio elaborado en 1984 por J.L. Tauille: Microelectronics, automation and economic development: The case of numerically controlled machine tools in Brasil", J.P. souza se refiere a las condiciones del uso y fabricación de Máquinas-herramientas de control numérico o aplicación de la informática a los medios de trabajo en Brasil, o sea, la producción semiautomatizada:

<<La difusión de las máquinas herramientas de control numérico (MHCN) en el Estado de San Pablo sigue la misma trayectoria que se observa a nivel mundial, abarcando principalmente a las industrias del sector mecánico-metalúrgico de la econom´ia, y dentro de ésta, al subsector de producción de bienes de equipo no producidos en serie. (...) Se puede comentar con mayores detalles la situación de la industria automovilística, incluyendo las plantas de ensamblaje de automóviles y camiones y sus proveedores de la industria de repuestos. Según Tauille, los fabricantes brasileños de Vehículos empleaban en sus divisiones de útiles y herramientas 40 MHCN en 1983 y las emprersas productoras de repuestos empleaban, en el mismo año, 150 MHCN. Los usuarios de estos equipos son grandes empresas que en su mayoría cuentan con más de 1000 empleados, siendo subsidiarias de empresas transnacionales, o con participación de capital extranjero. (...) Se ha escrito hasta ahora sobre la extensión del uso de MHCN, pero tan importante como el uso es conocer la medida de su producción y de paneles de control numérico. Se estima que en 1980, de las 700 MHCN en uso en el país, 130 fueron producidas localmente. En ese año eran 6 las empresas productoras. Sin embargo, en 1982 ya se registraron 16 empresas produciendo 34 modelos diferentes de control numérico. A partir de ese año, la Secretaría Especial de Informática inició una política de incentivo nacional de paneles de control numérico , autorizando a cuatro empresas para desarrollar proyectos con tecnología norteamericana, y japonesa con el compromiso de una rápida nacionalización de los equipos, 4 años como tiempo máximo. Los incentivos dados a las empresas se pueden reducir básicamente a dos: reserva de mercado y una cuota de dólares para la compra de componentes en el exterior. Las cuatro empresas a las que nos referimos son: Centelha [tecnología Johannes Heidenhain (alemana)]; Digicon [tecnología Mitsubishi (japonesa)]; Mexitec [tecnología Siemens (alemana) y Romi [tecnología Dana (norteamericana)]>> (P. R. Costa Souza: "Los impactos económicos y sociales de las nuevas tecnologías en Brasil" Ed. Fundación para el desarrollo de la función social de las comunicaciones (FUNDESCO)/1986)

En este mismo trabajo Costa Souza reporta que en 1984 había en Brasil 50 robots, la mitad de ellos funcionando en las fábricas de automóviles, aclarando que:

<<La introducción de robots industriales en el Brasil no tiene ninguna relación con la cuestión salarial y casi nada con la presión sindical>> (Ibíd).

lo cual es elocuente en el sentido de que estos progresos tecnológicos obedecen a los puros efectos de la ley general de la acumulación capitalista determinados por el desarrollo de las fuerzas productivas a nivel planetario. Respecto de Argentina, según informaciones recibidas directamente de especialistas en automatización que hace un año visitaron la Ford y la Volkswagen de Argentina, el grado de adelanto tecnológico que vieron allí es notable: decenas de robots funcionando en cooperación para la soldadura por puntos y pintado de los coches denotan una inversión tecnológica de primera línea.

En este mismo país, los ingenieros de Siderca han desarrollado un equipo basado en visión artificial e iluminación con laser para control de calidad de la producción siderúrgica. Desde esta empresa radicada en Argentina se están transfiriendo una cantidad de conocimientos técnicos y equipamientos a su homóloga "Dálmine" en Italia, que opera con un atraso relativo de 15 años. No solo se transfiere tecnología, sino equipos gerenciales con técnicas de gestión determinadas. En general, la tecnología de la industria metalúrgica latinoamericana aventaja considerablemente incluso a la de los EE. UU.

Otra empresa argentina, YPF (ahora Repsol), también opera con tecnología de última generación. Según fuentes de toda solvencia profesional, esta empresa petrolífera cuenta con una válvula para la extracción de petróleo que un operario ubicado en la destilería abre o cierra pozos petrolíferos situados a más de mil kilómetros de distancia, accionando un comando vía satélite con el ratón de una computadora.

Tenemos también el caso de los teléfonos celulares y de la televisión por cable. Estas dos tecnologías llevan implantadas masivamente en Latinoamérica desde hace por lo menos 20 años, cosa que recién hace poco se popularizó en Europa. Otro tanto pasa con el uso de internet y desarrollos de programas de computación (software) en zonas capitalistas periféricas. Tenemos el caso de la India, uno de los principales países en desarrollos de software.

Ciertamente, no son estos más que ejemplos aislados. Países como Argentina, Brasil o la India siguen siendo economías trabadas, con muy pocas vinculaciones con los mercados internacionales en lo que respecta a producción y exportación de tecnología. Constituyen una parte todavía insignificante del desarrollo tecnológico mundial. El ejemplo más acabado de ello es la escasa proporción que ocupan las exportaciones no tradicionales en sus economías. Según datos del Banco Mundial para 1999, las exportaciones argentinas y brasileñas de productos avanzados constituyen aproximadamente el 9 y el 7% del Producto Bruto Interno respectivo; están entre los más bajos del mundo. La Argentina y Brasil son dos de las economías más cerradas del mundo. Cada uno exporta al otro y así cuando, en realidad, las dos economías carecen de competitividad en los mercados mundiales, con la única excepción del Mercosur. Pero no es menos cierto que los datos que aportamos aquí constituyen una tendencia que la ley del valor no hará más que afianzar.

Esta realidad actual del capitalismo desmiente, pues, la tesis de la presunta obsolescencia técnológica cristalizada que acompaña a la inversión del capital imperialista en los países dependientes. Estas ideas de los teóricos del estancamiento permanente en los países dependientes del imperialismo, se reforzaron -como hemos visto ya en este trabajo- con las teorizaciones sobre el monopolio, y su supuesta capacidad para manejar a voluntad los precios y la marcha de la economía. a expensas de los capitales de menor envergadura. Baran y Swezzy, Amin, Palloix y muchos otros, confirieron a los monopolios un poder discrecional para evitar la generalización de las relaciones capitalistas en los países dependientes, a fin de garantizar las ganancias extraordinarias derivadas del intercambio o de la inversión directa de capitales.

En realidad, durante los diez primeros años de la segunda postguerra, el lento progreso de las fuerzas productivas en paises periféricos con estructuras capitalistas acabadas, como Brasil, Méjico, Argentina, Chile o Egipto, en modo alguno fue inducido por el capital imperialista, sino que tuvo su causa fundamental en proyectos de acumulación a caballo de burguesías nacionales débiles a cargo industrias subsidiadas, ancladas en la ineficiencia al amparo de barreras políticas, verdaderos monopolios artificiales que fijaron el atraso relativo en estas áreas de explotación del trabajo social, impidiendo la necesaria difusión del progreso técnico por la única via posible bajo el capitalismo: la competencia. Esto es lo que la ley del valor debió remover y lo vino haciendo desde el inició de la onda larga depresiva tras la inconvertibilidad del dólar en 1971. Así fue como la verdad o no verdad de la proposición acerca del estancamiento crónico de la periferia capitalista –que no tiene nada que ver con el pensamiento de Marx ni de Lenin- ha sido resuelto por la evolución de la realidad económica en la periferia capitalista durante los últimos cuarenta años. Según datos tomados de diversas fuentes por R. Astarita y O Colombo en: "Revalorizando la dependencia a la luz de la crítica de la tesis del estancamiento crónico", entre 1960 y 1968 las economías capitalistas adelantadas crecieron a tasas anuales del 5,2%, y los países subdesarrollados al 5,3%; entre 1968 y 1979, los primeros lo hicieron al 3,5% anual, y los segundos al 6,2%. Entre 1960 y 1968, las industrias de los países atrasados crecieron a un rítmo del 8,5% anual, y entre 1969 y 1979 al 6,4% (datos tomados de Ominami, C."Le tiers monde dans la crise". París, La Découverte 1983). Entre 1970 y 1980 el crecimiento del valor agregado en la manufactura de los países latinoamericanos fue del 6,4% anual y en el Este y Eudeste asiático del 11,5% anual (datos de Ayres y Clark: "Capitalism, Industrialisation and Dependency" en "Capital & Class>"Nº 64 1998);el empleo industrial en los países subdesarrollados creció, entre 1971 y 1982, el 58% (dato tomado de A. Callinicos: "Contra el postmodernismo", Bogotá, El Áncora Editores, 1993, p.239). Además la extensión y profundización de las relaciones capitalistas se registraron en el comercio, transporte y otros rubros de "servicios". Este crecimiento de la periferia capitalista no se operó gracias a las "burguesías nacionales progresistas" de la periferia capitalista sino muy a pesar de ellas. Y la sangre derramada en todo este proceso, desde el genocidio perpetrado por la burguesía internacional en el Cono Sur de América Latina, hasta los recientes acontecimientos en Yugoslavia, es parte de lo que el proletariado mundial está pagando por mantener hipotecada su acción -y el futuro de la humanidad- a un antiimperialismo pequeñoburgués pacato y anacrónico.

En los años ochenta, si bien América Latina y Africa subsahariana sufrieron una profunda recesión, la zona asiática experimentó un desarrollo notable: entre 1982 y 1993 Corea del Sur tuvo una tasa anual de crecimiento del 9,6%, Tailandia del 8,3%. Hong Kong y Malasia superiores al 6% e Indonesia del 6,7%. Si a esto sumamos el crecimiento de China, que está en un proceso de transformación capitalista y recibe cuantiosas inversiones externas, nos da como resultado que una parte del planeta que abarca casi el 60% de la población mundial ha tenido altos índices de crecimiento. Según datos tomados de Ayres y Clark, en los ochenta el valor añadido en la industria manufacturera en el subcontinente indio aumentó a una tasa anual del 6,1%, en el Este y Sudeste asiático al 8,8%, y en la zona Norte y Occidental de Africa al 4,3% anual..


Disponible en:
http://www.nodo50.org/gpm/decadencia/09.htm


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El malestar en la globalización

Por Episteme - 12 de Abril, 2008, 23:13, Categoría: Economistas

El malestar en la globalización:
Joseph E. Stiglitz


Ya sucedió antes con Peter Drucker o Robert Skidelsky; se trata de un síndrome típico de economistas de empresas que, de buenas a primera, sentimos la necesidad de escribir acerca del sistema político-económico mundial. En los dos casos citados, el propio sistema se traslucía en los párrafos de sus autores, pues se trataba de críticas demoledoras al comunismo soviético, con impaciencia por implantar el entonces denominado "sistema de libre mercado".

Ahora Stiglitz, premio Nobel de Economía de 2001 por sus aportaciones a la Teoría financiera, hace una crítica implacable a este sistema conocido ahora como 'globalización' y carga las tintas contra el Fondo Monetario Internacional, sobre todo por su indiferencia ante las consecuencias inhumanas de sus políticas y el peligro de sus injerencias en las soberanías nacionales.

Esta crítica resulta sumamente ilustrativa y acerca al lector menos técnico la comprensión de los mecanismos que influyen en la inflación, el desempleo, los movimientos de capitales, etcétera.

A lo largo de todo el libro, se sigue de primera mano la experiencia en las altas instancias 'globales' de un hombre que está viendo pasar la historia ante sus ojos y que tiene facultad para influir en ella. Se hace un repaso casi exhaustivo de todos los países en los que el FMI ha causado algún despropósito y se dan a conocer los nombres y apellidos de los responsables de las decisiones incorrectas.

El caso de Rusia es uno de los más llamativos, por la brillantez de las sentencias que realiza este autor, en refutación de tesis oportunistas y fanáticas sobre la apertura y la desregulación; lo que él llama "atajo hacia el capitalismo".

A diferencia de éstas, la postura de Stiglitz no tiene inconveniente en reconocer al régimen soviético como más próspero y solidario que el capitalismo este-europeo actual. En aquél, se mantenían bajos los precios que más onerosos resultaban a los pobres; ahora sólo se mantienen bajos los que podrían perjudicar el interés de los especuladores, mafiosos y 'amiguetes'.

Un hombre tan leído, admirado y laureado como Stiglitz no puede describir un panorama apocalíptico, porque sabe que sin duda haría cundir el pánico. Su mensaje es esperanzador, pero no por eso tembloroso, pues su rotundidad nos permite apreciar algunas características del mundo actual: el mal funcionamiento del mercado o su inexistencia o la sinrazón de las políticas estadounidenses, de cara al exterior, predicando el ultraliberalismo, al tiempo que se trata de socorrer a sus multinacionales de la competencia coreana, a través de las influencias del gobierno americano en el FMI. La excusa del Fondo es que el éxito de sus políticas habrá de verse a largo plazo, pero Stiglitz considera demostrado que esto no es cierto.

Hay dos matizaciones que se podría hacer a la crítica de Stigliz. La primera es que pone a salvo al Banco Mundial, de donde había sido despedido como economista jefe, y nos muestra esta institución como una entidad cuasi-benéfica, aunque se trata de un banco. La otra es que las actividades inicuas del FMI son tratadas como errores y no como fechorías; se atribuyen a rigideces ideológicas (fundamentalismo de mercado) de los responsables del Fondo y no a la intención de desestabilizar a otros países o a sus empresas, hipótesis que niega expresamente. Stiglitz no puede ser ostensiblemente descalificador con autoridades que le son muy cercanas, aunque en ciertos pasajes del libro insinúa e incluso llega a afirmar que las acciones de Estados Unidos a través del FMI estarían destinadas a favorecer a determinados intereses particulares.

El autor se detiene en los 'especuladores', salvaguardando así el anonimato de dichos intereses, y no entra directamente a poner en duda a las multinacionales norteamericanas. Como economista moderno reconocido defiende la necesidad de incentivos para que la economía de mercado funcione, pero advierte que la desigualdad excesiva obstruye el crecimiento económico. En numerosos asuntos económicos, se muestra abiertamente partidario de la intervención del Estado (el Gobierno), especialmente, cuando la situación puede ser dramática en términos sociales.

No obstante, cuando se habla de 'intervención' en la terminología económica actual, no se está haciendo referencia al empleo de capital público en iniciativas empresariales, sino al socorro de empresas y bancos en apuros. También parece incluirse en este concepto el establecimiento de marcos reguladores que hagan funcionar los mercados como se supone que sería más conveniente para el interés general. En otros casos, apela a una versión restringida del keynesianismo (políticas fiscales y monetarias expansivas) que no incluye la creación de empresas públicas.

Se hace una descripción de marcos institucionales, comparando la legislación de países menos desarrollados con la de Norteamérica o Europa; también se analiza con agudeza la repercusión de las estructuras agrarias en la economía de una nación. Sin embargo, todo planteamiento de Economía normativa queda prácticamente restringido a la regulación del sistema financiero y las políticas monetaria y fiscal.

Nada se reclama en cuanto al establecimiento de sistemas asistenciales o derechos sociales, pero hace una advertencia implacable: La subsanación de los perjuicios sociales y humanos derivados de las políticas erróneas sale más barata que la reestructuración de los mercados financieros.

En definitiva, en contraste con la contundencia del lenguaje utilizado, que es muy de agradecer por su didáctica, la crítica que se ejerce resulta, en términos generales, más suave de lo que cabría esperar de un intelectual con acceso a la información más relevante. En muchos aspectos de la política del Tesoro estadounidense y su reflejo en el FMI, los principales y nocivos logros -la crisis mexicana, asiática o argentina- se nos presentan como efectos colaterales. Esto es más bien un fallo, puesto que aparentemente se está restando importancia a hechos dramáticos y eso podría denotar un disimulo prepotente, si no fuera porque Stiglitz se encarga de confirmar su imparcialidad en el conjunto de la obra.

A pesar de todo, no deja de sorprender que un miembro ostensible del sistema, instalado en él como una celda en medio de un panal, se decida a desahogarse contra sus instituciones, como lo hemos hecho otros que ocupamos celdas periféricas. En todo momento se vislumbra un cierto ánimo de sinceramiento tendente a esquivar al mismo tiempo el pegajoso discurso del sistema y los enfados previsibles de los aludidos. En qué medida lo consigue es algo que el lector deberá juzgar.

Notas

* Traducción de la edición original en inglés Globalization and its discontents por Carlos Rodríguez Braun

Madrid, Suma de Letras, 2003, 471 pp.


Los felices 90.
La semilla de la destrucción

Joseph E Stiglitz


Como se ha dicho en otras ocasiones, los mejores economistas de la historia han sido marxistas y los mejores marxistas han sido economistas. Por eso no es de extrañar que el último libro del izquierdoso Stiglitz lleve un subtítulo tan provocativo, que se diría hipócrita, si no fuera por la sinceridad de su contenido y por los precedentes publicados. Este autor que afirma comprender a los "anti-globalización" ha sido destituido por las buenas del Banco Mundial (BM), después de haber alcanzado el rango de Economista Jefe. Anteriormente fue asesor del presidencial Consejo de Asesores Económicos de Bill Clinton y en su estancia en el BM ha pasado décadas visitando países pobres y realizando portentosos trabajos de investigación en el mundo de las finanzas corporativas. Afirma tener vocación académica, pero eso en el mundo anglosajón y más concretamente, en un campo como las finanzas empresariales, resulta casi una herejía.

El ambiente de Stiglitz resulta turbulento, por el entorno de personas vinculadas a su etapa profesional (entre ellos, Alan Greenspan, siendo presidente de la Reserva Federal). A pesar de ello, él conoce con fundamento las desgracias causadas por las decisiones del Fondo Monetario Internacional (FMI). Al lado de ellas, resulta una bendición perder su empleo en el BM, dada su formación y su país de origen. Ahora Joseph Stiglitz se dedica a algo totalmente revolucionario en su entorno: Redistribuir el conocimiento.

Desde el punto de vista histórico, es una suerte contar con un Economista de izquierdas después de 1989, pero lo es más si éste ha recibido el premio Nobel en el año 2001 y cuenta con la admiración de una generación de investigadores en finanzas empresariales a la que pertenezco. No obstante, el libro Los felices 90 no es únicamente un libro entretenidísimo para un economista, sino un libro de historia fácil de leer y portador de lecciones para todo lector ocasional.

El planteamiento, ya sea de forma intencionada o por calidad científica, es ajeno a los frecuentes planteamientos esperanzadores y justificativos que tanto proliferaron precisamente en aquella década.

Como best-seller del siglo XXI, rezuma el aroma de decepción de otros libros que he reseñado para esta misma revista, sin ir más lejos, El malestar en la globalización, del mismo autor. De forma simultánea y escalonada, hasta la actualidad, se han publicado otros comentarios del mismo libro, como el de Basu[1], entrevistas con Stiglitz, como la de Greg Palast[2] y colaboraciones del propio economista[3] en revistas, antes y después de publicar el libro sobre la década pasada. En una de estas publicaciones, Stiglitz comenta un artículo de Rogoff y Prasad[4] (antiguos economistas jefes del FMI) que viene a dar la razón a la idea que aparecía en El Malestar en la Globalización: Las recetas del FMI son nocivas para los países que las obedecen.

A pesar de que parafrasea a Marx en el título, sigue adoptando, formalmente, un planteamiento de reformismo utópico, al igual que lo hiciera en el libro anterior; no obstante en el artículo mencionado de 2004, declara expresamente que los planteamientos ideológicos erróneos coinciden irónicamente con determinados intereses económicos, en referencia a los especuladores de Wall Street. Se sigue acusando al FMI y al Tesoro estadounidense y se hace extensiva la crítica a la Reserva Federal, por su implicación en aquellos "errores" que otorgaron[5] a Estados Unidos una ventaja competitiva sobre otros países. Acusa al FMI de falta de transparencia.

En este nuevo libro, aborda la Economía mundial y la estadounidense (que, según reconoce, se confunden en un mismo objeto) desde una aproximación progresista y empieza a confrontar los intereses privados con los públicos, como ya adelantó en el penúltimo libro, pero de una manera más resolutiva y explícita y, sobre todo, con una gran didáctica, en lo referente a detalles.

Adopta una perspectiva histórica más reciente y, desde ese punto de vista, supera, como es lógico, a la obra anterior, de la que conserva un cierto e imprescindible matiz constructivo, aunque algo más realista. Como si hubiese aceptado la crítica que en aquél se le hizo, desdeña la posibilidad de equivocación ingenua en el FMI y afronta el despropósito de los intereses perversos.

El libro anterior, por el contrario, tenía otro encanto, puesto que se hacía un tour por los países en crisis y se contaba, como desde dentro, el documental de los hechos ocurridos, de las lesiones infligidas por el todopoderoso EEUU. Este libro es, en cambio, una autocrítica de alcance colectivo, made in USA, sin duda igual de valiente y con el aliciente de que se explican fenómenos económicos con mayor detenimiento, para feliz comprensión del profano en tales temas. Se podría afirmar que el anterior era un libro más político y éste más científico, si bien nunca estarán nítidas las características de lo uno y lo otro.

Se nos explican las cosas tal y como son en realidad: La interdependencia entre países, la política estadounidense de predicar sin el ejemplo, el triste trasfondo económico de la crisis de Argentina, la presión de grupos de interés empresariales a favor de recetas macroeconómicas.

Se habla de temas que han supuesto alguna controversia, como los incentivos a directivos basados en opciones sobre acciones o el escándalo del caso Enron. Dedica un capítulo entero al encumbramiento y derrumbe de esta Compañía. También contiene una lección magistral de macroeconomía, cuando explica cómo la reducción del déficit condujo casualmente a un crecimiento superior al esperado, debido fundamentalmente a que la Reserva Federal no se dio cuenta, a efectos de incrementar el tipo de interés, como era su costumbre. Olvidó un asunto que, en Todd[6] se ha considerado imprescindible para explicar el crecimiento económico de la era Clinton y que en el propio trabajo de Stiglitz[7] se mencionaba: La importación de mano de obra.

Una de las consecuencias predecibles del llamado Pacto de Estabilidad en Europa[8] se confirman expresamente en este libro, en concordancia con las cifras de PIB obtenidas en 2003. La "manía" del déficit público ha causado estancamiento en las economías europeas. Otra cuestión en la que no entra Stiglitz es el posible impacto de la guerra de Irak en estos resultados macroeconómicos[9]. Como hicimos en Pérez y Galindo, se lleva a cabo una recopilación de los mitos del capitalismo global, como el de la competencia, el déficit cero, etc. y se concluye con un interesante razonamiento acerca de la democracia y la reforma política. Ya en el libro anterior coincidió con nosotros en la idea de las promesas incumplidas y en determinadas definiciones de "globalización".

Tras leer este libro, podemos dar la espalda a las narraciones épicas de historiadores convencionales y enunciar, de una vez por todas, que la implantación del neo-liberalismo en el cono Sur americano no se debió a los caprichos de los dictadores, sino a la previa situación de excesivo endeudamiento en dólares.

Como crítica negativa, aportaría la siguiente idea: La cuestión no está en si el Estado debe intervenir, sino a favor de quién lo hace o debe hacerlo. Otra cuestión que ningún economista parece abordar, en relación con el déficit público es si un Estado que no tiene capacidad para intervenir es capaz de regular de modo efectivo.

Otro aspecto que se echa en falta con respecto a la política exterior estadounidense, a través de la diplomacia o de los organismos multilaterales, es la existencia de una amenaza militar sobreentendida en la aceptación de recetas macroeconómicas. Otro tema que podría haber tenido cabida en la crítica de Stiglitz sería la utilización de la guerra en el exterior como instrumento de reactivación económica interna y el negocio de la reconstrucción.

Vuelve a haber algún error aislado de traducción, en este caso, la expresión conventional wisdom[10]. También se muestra alguna ambigüedad, como cuando se afirma, con respecto a los atentados de 2001, que "las mayores facilidades para la movilidad transfronteriza benefician también al terrorismo". Al leer esto, se podría interpretar que no sólo se refiere a la movilidad de capitales, sino también al tránsito de trabajadores y, en general, de personas. La más desafortunada de las afirmaciones de Stiglitz hace gala de una debilidad patriótica que reclama, de nuevo utópica, como alguna vez hemos comprobado en Schumpeter, la intervención de Estados Unidos "como líder del mundo libre"[11] en socorro de las injusticias internacionales. También en este caso podemos arrojar una duda de sospecha acerca del carácter irónico de dicho comentario.

Como ocurre con otros autores estadounidenses, la preocupación principal en las demandas de participación y control democráticos, no es tanto la situación de los votantes frente a las políticas públicas, sino la de los contribuyentes, que pueden ser los mismos individuos, pero que, expresado de este modo, pone de manifiesto el entramado cultural e histórico de aquél país.

Esta modalidad de lenguaje puede ser un indicio a favor del esquema institucional de clientelismo, basado en el mejor postor. Éste se decanta por una participación pecuniaria en las Instituciones, por encima de la idea de participación civil.

Como enseñanza principal de los hechos expuestos sobre los años noventa en Estados Unidos y el resto del mundo, parece apropiado concluir que en las democracias modernas los intereses nacionales están supeditados a los empresariales y que por eso a veces no se atiende a recomendaciones como las que hace Stiglitz. En varios trabajos, criticas lo que se ha denominado "el capitalismo de amiguetes", de forma que sienta las bases, a mi entender, para una mejor comprensión del capitalismo institucional actual.

En suma, se trata de un libro que aporta mucho a lo que lleva escrito este economista y, por supuesto, a la bibliografía sobre el sistema económico actual. Lo fundamental de la crítica a que lo podemos someter es de tipo metodológico, puesto que se asume una voluntad no demostrada, por parte de las instituciones, hacia ciertos fines éticamente defendibles. Sin perder de vista las críticas que, en términos generales, hemos hecho al enfoque denominado "neo-institucionalista", estamos ante un brillante análisis de la historia económica reciente, magníficamente expuesto, bien documentado, recomendable para todo lector mínimamente culto; una crónica de primera mano de uno de los protagonistas de la historia actual.

En su análisis araña los últimos días de impresión mecánica de la versión en inglés y abarca recomendaciones para el futuro. Seguramente esté hoy reflexionando acerca de las elecciones en Ucrania o de las propias elecciones de 2004 en Estados Unidos, asuntos que sin duda, entre otros muchos, le darán motivo para el próximo libro. "No existe oportunidad más importante que la oportunidad de trabajar"[12].

Notas

[1] Basu, K., "Globalisation and International Financial Politics: The Verdict of Stiglitz", Journal of Economic Literature, 2004.
[2] Palast, G., "IMF's four steps to damnation", The Observer. April 29, 2001.
[3] Stiglitz, J.E., "Capital-Market Liberatization, Globalization and the IMF", Oxford Review of Economic Policy, vol. 20, 1, 2004, 57- 71.
[4] Rogoff, K. y Prasad, E., "The Emerging Truth of Going Global", Financial Times, 2 de septiembre, 2003.
[5] Esto se llega a mencionar expresamente en Stiglitz, Joseph E., Los felices 90. La semilla de la destrucción. Santillana, Madrid, 2003, 269.
[6] Vid. Todd, E., La ilusión Económica. Ensayo sobre el estancamiento de las sociedades desarrolladas. Grupo Santillana, Madrid, 2001.
[7] Vid. Stiglitz, J. E., El malestar en la globalización. Santillana- Suma de letras, Madrid, 2003. Un análisis de este libro puede encontrarse en Galindo Lucas, A., "Comentario de 'El malestar en la globalización'", Historia Actual On-Line, 4 (Primavera 2004), [artículo on-line]. Disponible desde Internet en <http://www.hapress.com/ haol.php?a=n04r04>.
[8] Que se auguraban en Pérez Serrano, J. y Galindo Lucas, A., "El capital intelectual en el nuevo paradigma global", en II Seminario Internacional 'Nuestro Patrimonio Común', Cádiz, 2002 y en Todd, E., La ilusión Económica..., op. cit.
[9] Galindo Lucas, A., Procesos de integración y competencia en los Mercados Financieros Europeos, en II Encuentro Virtual Internacional 'Globalización financiera', Universidad de Málaga, 2004.
[10] Siglitz, Joseph E., Los felices 90..., op. cit., 270.
[11] Ibid., 268.
[12] Ibid., 342.

Madrid, Santillana, 2003, 415 pp.
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Disponible en:

http://www.monografias.com/trabajos32/malestar-stiglitz/malestar-stiglitz.shtml

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