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Globalización y mundialización

Por Episteme - 13 de Abril, 2008, 15:15, Categoría: Globalización/Antiglobalización

Globalización y mundialización: clarificando términos


En los últimos años se ha popularizado una vieja discusión sobre el alcance de la globalización y la mundialización, produciéndose una notable confusión sobre el significado de cada uno de estos términos, y en la que se muestran un conjunto de varias tendencias, que no siempre están conectadas entre sí. La "globalización" es un proceso multidimensional (cultural, tecnológico, social, etc.), basado en hechos reales, objetivos, con aspectos positivos y negativos, y que afecta de manera desigual a la gente. Es verdad que puede llevarnos al desastre si al final agranda aún más el foso que separa a los ricos de los pobres, pero es también una ocasión para crear una ciudadanía cosmopolita y para que las personas y las sociedades estén más conectadas. La globalización permite, en todo caso, una mayor interconexión y comunicación, gracias a las nuevas tecnologías, y ello conlleva mayores posibilidades de influir e incidir en los asuntos mundiales. La parte buena de la globalización, por tanto, es que potencialmente permite que la gente sea participativa y creativa en cosas transformadoras. Pero el aspecto negativo no es ya una potencialidad, una posibilidad, sino la constatación de una cruel realidad: ha ayudado a la concentración en muy pocas manos de la riqueza, los beneficios, los conocimientos y el poder. En definitiva, existe ya una globalización elitista.

La mundialización (o internacionalización) de la economía, en cambio, podemos definirla como una ofensiva capitalista, un reflejo del capitalismo actual y de la expansión de las fuerzas del mercado, con nuevas estrategias que se han ido consolidando en las últimas dos décadas. Los movimientos de capitales buscan su propio provecho financiero, no la inversión productiva, y quieren hacerlo en condiciones de absoluta libertad y sin controles externos. Aunque es un proceso fundamentalmente económico, tiene consecuencias sociales, culturales, medioambientales y políticas. Los actores fundamentales de la mundialización son bancos, instituciones financieras, grupos multinacionales, seguros y fondos privados de pensiones, toda una oligarquía transnacionalizada que utiliza de manera muy interesada a los Organismos Internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), o la Organización Mundial de Comercio (OMC), organismos muy poco transparentes y democráticos, que actúan de mensajeros del gran capital transnacionalizado.

¿Qué persigue esta mundialización vinculada a la violencia estructural? En primera instancia, la liberalización del comercio y de los flujos de capitales, buscando la movilidad sin restricciones del capital; por el contrario, se limitan los movimientos de las personas y trabajadores inmigrantes. El segundo objetivo de la mundialización es garantizar la internacionalización y la especulación financiera. La tecnología actual permite a los financieros operar en tiempo real por todo el mundo y manejar gigantescas operaciones financieras y especulativas, con lo que el desarrollo de las redes financieras es muy superior al comercio internacional de bienes y servicios. Esto implica un debilitamiento de la capacidad de intervención y control de los Estados, por la ausencia de un contrapeso político a las dinámicas económicas, y de ahí que se hable de la existencia de un déficit democrático, una falta de transparencia en estas políticas, del desarrollo de una estrategia de privatización de los servicios, y de una incapacidad para frenar los abusos del poder.

Otro componente de la mundialización económica es la "internacionalización de la producción". Sus aspectos más visibles son la "deslocalización", es decir, la práctica de invertir y producir en países más pobres donde se pagan menos salarios y donde existe menor protección social (con lo que ello supone de flexibilización del mercado de trabajo, la desregulación, la precariedad del empleo, la aceptación de los trabajadores de los países ricos de disminuir sus conquistas sociales), y la subcontratación (que permite controlar sin ser los propietarios). Todo ello está comportando una profunda transformación de los sistemas de trabajo. La mundialización, por tanto, tiene un fuerte sentido de la territorialidad. Las fronteras físicas desaparecen para los más ricos y se refuerzan para los más pobres.

Este tipo de dinámicas económicas buscan también una desconexión del poder respecto a sus obligaciones. Se ha formado un auténtico gobierno en la sombra dirigido por las empresas transnacionales, exentas de responsabilidad, porque no han de rendir cuentas a nadie, de ahí que una estrategia de paz orientada a combatir esta violencia estructural insista en pedir responsabilidades sobre cuanto hacemos y en saber a quien hay que pedirlas.

Este apasionante debate sobre los efectos de la mundialización va de la mano con una crítica a lo que se denomina el "pensamiento único" y al neoliberalismo. Para Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, el llamado "pensamiento único" no es más que la traducción, en términos ideológicos y con pretensión universal, de los intereses de un conjunto de fuerzas económicas, en particular las del capital internacional. Es el discurso y la estrategia que busca naturalizar la mundialización económica, un discurso donde prima la lógica económica y la presenta como la nueva utopía, rechazando y despreciando las grandes ideologías y los meta-relatos del siglo pasado.

Si insistimos en estos conceptos no es porque sí, sino porque su extensión por todo el planeta está provocando cotas impresionantes de exclusión y de pobreza. Y lo que es realmente grave es que la pobreza en la que viven centenares de millones de personas no es el resultado de la escasez, sino que, como nos recuerda John Berger, es el fruto de las prioridades establecidas por los ricos. La miseria, insisto, no es algo inevitable, como un fenómeno natural, sino el resultado de un planificación deliberada.

Este "pensamiento único" va ligado a la sacralización de dos conceptos estrechamente vinculados entre sí, nada inocentes y muy presentes en la sociedad occidental industrializada, a saber, el superproductivismo y la competitividad. Y no son inocentes o inocuos, porque la competitividad llevada al extremo supone, inevitablemente, la pérdida del sentido comunitario, de la cooperación, la solidaridad, la justicia y la equidad, es decir, la pérdida de todos aquellos valores y prácticas asociadas a la paz.

Vicenç Fisas (Titular de la Cátedra Unesco sobre Paz y Derechos Humanos, UAB)

Disponible en:
http://www.telepolis.com/especiales/globalizacion/opiniones1.htm


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