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Mayo del 2008

El ocaso de los dioses del neoliberalismo

Por Episteme - 30 de Mayo, 2008, 12:47, Categoría: Crisis financiera

¿El fin de la globalización neoliberal?
Luis Paulino Vargas Solís(*)

Estado Unidos va de cabeza hacia la que probablemente sea la más severa recesión en décadas.
Sin duda, esto se hará sentir con dureza en Costa Rica y pondrá en evidencia cuan falso es el tal auge económico de la administración Arias, cuya energía impulsora ha provenido del endeudamiento descontrolado, el consumismo irresponsable y una burbuja inmobiliaria que ya acumula costos sociales y ambientales altísimos.
Conviene recordar cómo empezó esto en Estados Unidos, cosa aún más importante en vista del tipo de respuesta que están ensayando las autoridades públicas de ese país.
Y, cosa notable, estas respuestas se sintetizan en una cosa: hoy los neoliberales -tradicionales enemigos del Estado- viven un apasionado idilio…con el Estado mismo.


1) Alquimia financiera

Conforme el desastre se profundiza, asimismo se van aclarando las fuentes de las cuales se alimentó. Durante varios años, incluso ya desde finales de los años noventa, Estados Unidos recibió flujos masivos de capitales financieros que su sistema bancario se encargo de canalizar hacia la inversión inmobiliaria. Con ese fin se aceleró la creación de entidades financieras opacas frente a la regulación pública, así como toda una gama de artilugios destinados a facilitar la colocación rentable de esos capitales. Alquimia financiera pura.

El cuento empieza -tan solo empieza- con las llamadas hipotecas basura (sub-prime), es decir, la colocación de créditos hipotecarios entre deudores de muy bajos ingresos o pobre trayectoria financiera. Siendo su parte más débil, fue por ahí donde se rompió la cuerda.
Las tasas de interés muy bajas al inicio, vinieron a rebelar el veneno que llevaban oculto cuando al cabo de algún tiempo se convirtieron en tasas muchos más altas. Pero en cuanto mucha de esa gente -que seguramente incluye numerosas familias negras e hispanas- dejaron de pagar y comenzaron a perder sus casas, empezó a verse que ellos tan solo habían sido la piedra de base sobre la que se levantó una gigantesca montaña de créditos asumidos con fines de inversión especulativa e instrumentos financieros diseñados para dar curso a esa especulación.


Tales son los famosos derivados que, en este caso particular, se hicieron célebres bajo un nombre -en inglés: Collateralized Debt Obligations, C.D.O.- cuya retorcida sofisticación es justo la característica distintiva de este negocio.
De las hipotecas basuras se hicieron trocitos que luego se empaquetaron como C.D.O"s posteriormente colocados en los mercados financieros.
A su vez, inversores de diverso tipo recurrieron a crédito a fin de engrosar sus apuestas.

La Reserva Federal o banco central estadounidense -con Greenspan a la cabeza- se hizo cómplice del proceso, no solamente por la política de bajísimas tasas de interés que promovió por varios años sino, además, por la manifiesta indolencia con que permitió que la burbuja se inflara. También han sido directos partícipes de esta estafa las llamadas "calificadoras de riesgo", esas mismas que medios de desinformación como La Nación y presidentes-marioneta como Arias se toman tan en serio, las cuales no tuvieron empacho en conceder máxima calificación (la llamada triple A) a esos tales C.D.O.

De esa forma, vestían con trajes de máxima confiabilidad a instrumentos financieros altamente riesgosos. Así, la banca transnacional chapoteaba a placer en su lodazal favorito, e incluso grupos económicos cuyas operaciones dominantes no son de tipo financiero, entraron gustosos al fiestón. Entre ellos el grupo Carlyle, una de cuyas filiales -Carlyle Capital- se declaró en quiebra en estos días a raíz de sus inversiones especulativas en valores ligados al negocio hipotecario. Recordemos que la siniestra familia Bush es socia de este grupo.



2) La especulación se alimenta de la mentira

Ocurrió algo similar a lo que había acontecido con motivo de la llamada burbuja tecnológica de la segunda mitad de los noventas, cuando los valores en bolsa de las empresas tecnológicas y de Internet se lanzaban por las nubes aún si su contabilidad no reflejaba ganancias apreciables. Entonces se afirmaba que estas empresas abrían nuevas e insospechadas posibilidades, imposibles de ser reflejadas en ningún estado contable tradicional. El gigantesco derrumbe de los valores accionarios de estas empresas en el período 2000-2003 dejó en claro la magnitud del error cometido. También la burbuja inmobiliaria se alimentó de una inmensa mentira: la de que el aumento de los precios de los inmuebles jamás se detendría. Solo que ahora las consecuencias sociales y económicas de la mentira son mucho mayores.

Por esta vía se atrajo hacia a la espiral de endeudamiento a muchos millones de familias que son parte de la maltrecha "clase media" estadounidense, las cuales, por lo tanto, no corresponden al segmento de bajos ingresos atrapados en las hipotecas basura.
La suya es una historia con sus propias peculiaridades, en cuanto recurrieron a la refinanciación de sus hipotecas a fin de obtener nuevos créditos, aprovechando con ese fin el alza del precio de su vivienda.
Ahora se enfrentan a la cruda realidad de que su deuda excede del valor de su casa con lo que bien podría decirse que se les agotó la última frontera -el endeudamiento hipotecario- a la que podían recurrir para satisfacer las obsesiones de consumo que les impone el sistema de vida de que son parte.


3) La epidemia se extiende

Así pues, la crisis de las hipotecas basuras se extendió, como verdadera epidemia, a todo el sistema financiero, pero asumiendo formas insidiosas y subrepticias: aún hoy día -siete meses después de que el problema empezó a manifestarse en toda su magnitud- no está claro cuáles son sus verdaderos alcances y quiénes los posibles afectados.
Ello ha dado lugar a un fenómeno de secamiento del crédito (credit crunch), ya que, al difundirse el pánico y crecer la desconfianza, nadie quiere prestarle a nadie y es del caso que ni siquiera los bancos transnacionales quieren concederse crédito entre ellos mismos.
Los capitales sobrevivientes se fugan entonces hacia inversiones que se juzgan como más "seguras".
En parte, lo hacen hacia los bonos del Tesoro estadounidense -un destino conservador y confiable- pero pareciera que también se está recurrido a otra forma de inversión especulativa y, por lo tanto, altamente riesgosa: metales preciosos y materias primas (las llamadas commodities). De ahí, en parte, el alza descontrolada del oro, el petróleo y otras mercancías similares. Posiblemente aquí viene gestándose otra burbuja especulativa que se superpone sobre la implosión de la burbuja inmobiliaria y que, como ésta, y llegado el momento, seguramente también colapsará.

Así, se van clarificando los mecanismos por cuyo medio el problema se ha transmitido de forma que, lejos de quedar confinado a un segmento del sistema financiero -el de las hipotecas basura- ha terminado por provocar una recesión que amenaza ser sumamente grave.
Quizá dos sean las mediaciones principales que lo explican: primero, el golpe sobre las posibilidades de endeudamiento y consumo de la familia promedio estadounidense y, segundo, el recorte drástico del crédito que, con seguridad, también afecta la inversión privada. Lo primero -las consecuencias sobre el consumo- es particularmente importante, puesto que más del 70% del PIB estadounidense satisface la demanda de consumo. Si ésta experimenta una restricción apreciable, ello tendría indudables consecuencias recesivas.


4. Papá-Estado al rescate

La catástrofe está en proceso. No será fácil recuperar la estabilidad ni iniciar la recuperación. Pero, entretanto, papá-Estado ha venido al rescate. Y no precisamente a favor de la gente de menos ingresos que cometió la imprudencia de dejarse arrastrar por los cantos de sirena de las entidades financieras hipotecarias, y hoy día se está quedando en la calle.
Papá-Estado está interviniendo -y de forma realmente masiva- a favor justo de quienes más lo han denostado y despreciado, de quienes más se niegan a pagar impuestos o cumplir regulaciones que preserven el bien público. A favor de aquellos que vociferan que el Estado es una antigualla y la democracia una rémora insoportable que frena el progreso (por cierto, lo mismito que proclaman las cámaras empresariales en Costa Rica a propósito de su agenda de implementación del TLC).


Los beneficiarios de la acción de emergencia que el papá-Estado estadounidense hoy pone en marcha, son los grandes bancos transnacionales, las empresas de corretaje en bolsa, las aseguradoras y, en fin, todo ese diversificado tejido de negocios constituido por los especuladores profesionales de diversos pelaje.
Ya lo vemos: desde agosto pasado, seis rebajas acordadas por la Reserva Federal en relación con su tasa de interés de referencia a corto plazo, la ha traído desde 5,25% a 2,25%, mientras al mismo tiempo rebaja la tasa que cobra por redescuento a los bancos.
En días recientes -y en operación concertada con otros bancos centrales de países centrales- se puso "a disposición" de un grupo selecto de grandes bancos, la insignificancia de US$ 200 mil millones. Conviene recordar que a mediados de diciembre se aplicó una medida similar, como también se había hecho en los inicios del derrumbe, allá por agosto del año pasado.


La calidad de la intervención alcanza nuevas cimas con la operación de rescate concertada alrededor de la quiebra de Bear Stearns, el quinto mayor banco de inversión de Estados Unidos.


Otro megabanco -JPMorgan Chase & Co- lo compra a precio de ganga, mientras la Reserva Federal pone US$ 30 mil millones, pero además se compromete a proveer al banco comprador la liquidez que requiera y le garantiza a sus accionistas que la operación no implicará riesgo alguno para ellos.

Esto se describe claramente apelando a un concepto que los neoliberales costarricenses -promotores de la desnacionalización bancaria y carnales de la banca privada- aplicaban para descalificar al Estado social costarricense: socialización de pérdidas.
Eso se hace hoy día en Estados Unidos aunque justo es decir que un poco antes -en febrero- una operación similar tuvo lugar en Gran Bretaña: la nacionalización del banco Northern Rock, el cual también entró en crisis a raíz de sus inversiones en instrumentos ligados a las hipotecas basura.


5. ¿Y las responsabilidades del sistema y sus especuladores?

Todo esto tendrá enormes costos. En un artículo reciente (The New York Times, 17 de marzo), Krugman insinúa que podría llegar a los 3 billones (millones de millones) de dólares, lo que equivale a más de un 20% del PIB de Estados Unidos.
Sin duda, este costo será colocado sobre las espaldas del pueblo estadounidense, sea por medio de mayores impuestos o bien por vías inflacionarias, ya que en su esfuerzo por "salvar" al sistema financiero, y en virtud del tipo de medidas que viene adoptando, la Reserva Federal apuesta por una más aguda desvalorización del dólar y una mayor inflación futura.


La masiva operación de "salvamento" de los mercados financieros, como, en particular, el rescate urdido alrededor de Bear Stearns (que podría repetirse en el futuro cercano), es justificado apelando a la necesidad de impedir una crisis sistémica de grandes proporciones.
Y, con seguridad, de no darse este tipo de intervenciones, ocurriría un derrumbe generalizado del sistema financiero y, enseguida, una gravísima crisis económica.
Pero lo curioso del caso es que quieran salvar un sistema que provocan trastornos tan severos, sin que quienes tal cosa hacen pronuncien una solo palabra acerca de la obvia necesidad de que, más allá de las urgencias extremas del momento, se proceda cuanto menos a reformar los rasgos más patológicos característicos de ese sistema.
 Hay que enfatizarlo: la crisis no es producto de la casualidad sino que ha sido fabricada, paso a paso, por este sistema y su fauna de especuladores inescrupulosos.


6. ¿El fin de la globalización neoliberal?

El sistema financiero gringo, en cuyo seno se ha incubado todo esto, es, sin duda, punta de lanza y buque insignia de la globalización neoliberal. Sintetiza y desarrolla hasta su máxima expresión, lo que esa globalización contiene y significa.
Es un sistema que ofrece una fachada altamente sofisticada, cosa que se expresa en su capacidad para "innovar" -es decir, para hacer alquimia financiera- como en la frondosidad de sus tecnocracias y el boato de sus recursos tecnológicos.
Pero, esencialmente, es un sistema orientado a la especulación. No conoce la moderación ni la prudencia. Es un sistema patológicamente retorcido, que apuesta sin límites al despilfarro más enfermizo.



Para este sistema, el mundo es un casino y la vida una apuesta.
Pero, en último término, la suya es una apuesta contra la vida de la gente, contra la democracia, contra la soberanía de los pueblos…contra la naturaleza misma. Es lo que ahora se ha puesto en evidencia con terrible crudeza. Claramente se apostó contra el pueblo estadounidense, y ahora este pueblo le toca afrontar las consecuencias.



Pero además se ha apostado sistemáticamente contra la democracia: por medios de los mecanismos opacos a los que se recurre; la renuencia a toda forma de regulación o control público; la negativa a tributar; el reiterado chantaje de que los capitales migrarán si no se les complace sus caprichos.
Esto ha golpeado a Estados Unidos, no obstante ser lo que son y, con mucho mayor contundencia, golpea a pueblos y países pobres y débiles.


Así procedieron los grandes intereses financieros al interior de los Estados Unidos. Así proceden esos mismos intereses financieros en su proyección a escala transnacional.
Así funciona esta globalización financiera. Se subvierte y debilita al Estado y la democracia y, en el proceso, se deterioran las condiciones de vida de los pueblos y se profundiza el proceso de destrucción de la naturaleza.
Pero cuando su proceder provoca el desastre, recurren de nuevo al Estado y exigen que éste se ponga a su servicio y los rescate del infierno que ellos mismos crearon.


Digamos que es razonable que se tomen medidas para impedir que esta catástrofe llegue hasta sus últimas consecuencias, con lo que tan solo se viene a ratificar, de nueva cuenta, cuan imperfectos pueden resultar los mecanismos del mercado y cuan necesaria la intervención del Estado.

Pero, como primer paso, debería garantizarse que el costo sea asumido principalmente por quienes más tienen, que son también los que usufructúan de este sistema asentado en la locura especulativa.


Pero, además, debería quedar planteada una agenda que, como mínimo, limpie los rasgos más manifiestamente patológicos e irracionales que hoy constituyen el motor central que mueve e insufla vida a este sistema.


La verdad sea dicha, salvar este sistema no tiene sentido alguno, excepto si se estuviese dispuestos a aceptar que el único sentido valedero es el del total sinsentido.

Parece que por ahí andan sintonizados los señores de la Reserva Federal estadounidense y del gobierno de Bush, pero, en todo caso, no otra cosa era esperable de este tipo de gente.



En cambio, los intereses de la humanidad demandan algo totalmente distinto.
Esta crisis debería ser oportunidad para que nuevas opciones adquieran visibilidad, peso y viabilidad política.
De esa forma, esta crisis bien podría marcar el fin de la globalización neoliberal.
Dependerá, esencialmente, de la claridad y decisión con la que los movimientos ciudadanos alrededor del mundo -y también en mi pequeña Costa Rica- asuman y lleven adelante sus estrategias políticas.


(*)Economista y catedrátido de la UNED, Costa Rica

Disponible en:
http://www.tribunademocratica.com/2008/03/el_fin_de_la_globalizacion_neoliberal.html 22 de Marzo 2008


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Burbujas del capitalismo especulativo

Por Episteme - 28 de Mayo, 2008, 13:50, Categoría: Crisis de materias primas

Especular con alimentos
Por Wim Dierckxsens(*)
Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI)

La especulación con los precios de los alimentos condujo a una ola de hambre mundial. Grandes fondos de inversión trasladaron millonarias sumas a la plaza internacional de commodities cuando la burbuja inmobiliaria se pinchó. Los cereales se han convertido en un objeto más del juego financiero y entre marzo de 2007 y marzo de 2008, el trigo ha aumentado 130 por ciento, la soja 87, el arroz 74 y el maíz 53 por ciento.


Frente a la crisis financiera e inmobiliaria, que estalló en Estados Unidos en agosto de 2007, los grandes fondos de inversión especulativos trasladaron millonarias sumas de dinero a la plaza internacional de commodities.



Cuando la burbuja inmobiliaria se pinchó, los especuladores rehabilitaron un viejo paraíso: los mercados de cereales. Estos alimentos se han convertido en un objeto más del juego financiero, cuyos precios se modifican (y aumentan) por movimientos especulativos y no en función de los mercados locales o las necesidades de la población.


Según la FAO, entre marzo de 2007 y marzo 2008, el trigo ha aumentado 130 por ciento, la soja 87, el arroz 74 y el maíz subió 53 por ciento. El alza del precio de los alimentos se atribuye a una "tormenta perfecta" provocada por la mayor demanda de alimentos por parte de India y China, la disminución de la oferta a causa de sequías y otros problemas relacionados con el cambio climático, el incremento de los costos del combustible empleado para cultivar y transportar los alimentos, y la mayor demanda de biocombustibles, que ha desviado cultivos como el maíz para alimento hacia la producción de etanol.
Poco y nada se habla de la especulación con el hambre.


En los últimos nueve meses de 2007, el volumen de capitales invertidos en los mercados agrícolas se quintuplicó en la Unión Europea y se multiplicó por siete en Estados Unidos, según precisa Domique Baillard en "Estalla el precio de los cereales", en Le Monde Diplomatique, en la edición de mayo.
La especulación en torno a los alimentos básicos se transforma empuja los precios de los cereales y el azúcar hacia nuevos máximos, inalcanzables para una inmensa masa de población, que principalmente se encuentra en Asia, Africa y América Latina.


Los recientes aumentos especulativos en los precios de los alimentos condujeron a una ola de hambre mundial que no tiene precedentes por su escala. La ausencia de medidas de regulación en esos mercados especulativos desencadena esta crisis. La volatilidad en los mercados alimentarios se debe sobre todo a la desregulación, la falta de control sobre los grandes agentes y la ausencia de la intervención estatal para estabilizar los mercados. En ese sentido, la disparada del crudo por encima de los 130 dólares en las últimas jornadas tiene su explicación exclusivamente en la especulación.

En el actual contexto, un congelamiento de la especulación en los mercados de alimentos de primera necesidad, tomado como una imperativa decisión política, contribuiría inmediatamente a bajar los precios de los alimentos. Nada impide hacerlo pero nada hace prever que se esté pensando en un cuidadoso conjunto de medidas en ese sentido. No lo que está proponiendo ni el Banco Mundial ni el Fondo Monetario Internacional.


La crisis alimentaria está ocurriendo mientras hay suficiente comida en el mundo para alimentar a la población global. El hambre no es la consecuencia de la escasez de alimentos sino al revés: en el pasado, los excedentes de alimentos en los países centrales fueron utilizados para desestabilizar las producciones de los países en desarrollo.
Según la FAO, el mundo podría aún alimentar hasta 12 billones de personas en el futuro. La producción mundial de grano en 2007/2008 está estimada en 2108 millones de toneladas: un crecimiento de 4,7 por ciento comparado a la del 2006/2007. Esto supera bastante la media de crecimiento del 2,0 por ciento en la pasada década. Aunque la producción permanece a un nivel alto, los especuladores apuestan en la escasez esperada y elevan artificialmente los precios. De acuerdo con la FAO, el precio de los granos de primera necesidad se incrementó un 88 por ciento desde marzo de 2007.

Mientras los especuladores de gran escala se benefician de la crisis actual, la mayoría de los campesinos y agricultores no se benefician de los precios altos. La tierra se vuelve más cara. La especulación con la tierra agrícola va en aumento. Los desalojos a menudo forzados son la consecuencia. Los campesinos que se mantienen cultivan pero la cosecha a menudo ya está vendida al que presta el dinero, a la compañía de insumos agrícolas o directamente al comerciante o a la unidad de procesamiento. Aunque los precios que se pagan a los campesinos han subido para algunos cereales, ese aumento es muy poco comparado con los incrementos en el mercado mundial y a los ajustes que se han impuesto a los consumidores.

La especulación se aprovecha de la escasez relativa de los alimentos. Los vendedores mantienen sus reservas alejadas del mercado para estimular alzas de precio en el mercado nacional, creando enormes beneficios. Las multinacionales adquieren agresivamente enormes áreas de tierras agrícolas alrededor de las ciudades con fines especulativos, expulsando a los campesinos

LIBRE COMERCIO

Las reglas del juego cambiaron dramáticamente en 1995, cuando el acuerdo en la OMC sobre la agricultura entró en vigor. Las políticas neoliberales socavaron las producciones nacionales de alimentos, y obligaron a los campesinos a producir cultivos comerciales para compañías multinacionales y a comprar sus alimentos de las multinacionales en el mercado mundial.
Los tratados de libre comercio han forzado a los países a "liberalizar" sus mercados agrícolas: reducir los aranceles a la importación. Al mismo tiempo, las multinacionales han seguido haciendo dumping con los excedentes en sus mercados, utilizando todas las formas de subsidios directos e indirectos a la exportación.
El resultado fue que Egipto, el antiguo granero de trigo del Imperio Romano, se convirtió en el primer importador; Indonesia, una de las cunas del arroz, hoy importa arroz transgénico; y México, cuna de la cultura del maíz importa hoy maíz transgénico. Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá y Australia son los mayores exportadores.

Por lo anterior, los países periféricos se han convertido en adictos a las importaciones de alimentos baratos. Y ahora que los precios se están disparando, el hambre está creciendo. Muchos países que hasta entonces producían suficiente comida para su propia alimentación fueron obligados a abrir sus mercados a productos agrícolas del extranjero. Al mismo tiempo, la mayoría de las regulaciones estatales sobre existencias de reserva, precios, producciones o control de las importaciones y exportaciones fueron desmanteladas gradualmente. Como resultado, las pequeñas explotaciones agrícolas y ganaderas de todo el mundo no han sido capaces de competir en el mercado mundial y muchos se arruinaron.

Las políticas neoliberales de las últimas décadas han expulsado a millones de personas de las áreas rurales hacia las ciudades donde la mayoría de ellos acaban en barrios pobres, con una vida muy precaria. De acuerdo con la FAO, en los países en vías de desarrollo la comida representa de 60 a 80 por ciento del gasto de loss consumidores. Un aumento brusco en los precios condena a grandes mayorías al hambre.

En todo el mundo están estallando disturbios por los precios de los alimentos. Ha habido protestas en Egipto, Camerún, Indonesia, Filipinas, Burkina Faso, Costa de Marfil, Mauritania y Senegal. Demostraciones similares, huelgas y enfrentamientos tuvieron lugar no sólo en la mayor parte del Africa sub-Sahariana sino también en Bolivia, Perú, México y sobre todo en Haití. El precio de los alimentos en Haití subió un promedio de más 40 por ciento en 2007, con los de primera necesidad como el arroz, duplicándose en una semana a fines de marzo de 2008. Los disturbios por el alza de los precios de los alimentos en Haití han dejado muertos y cientos de heridos, y condujeron a la destitución del primer ministro Jacques-Edouard Alexis.
El Programa Mundial de Alimentos calificó la actual crisis alimentaria como un "tsunami silencioso" que sumirá en el hambre a otras 100 millones de personas.


Después de 14 años del Nafta (Tratado de Libre Comercio de Norte América) México enfrenta un grave problema con el alimento básico de su población, denominada la "crisis de la tortilla". De ser un país exportador, México pasó a ser dependiente de la importación de maíz de Estados Unidos. Actualmente México importa el 30 por ciento de su consumo de maíz. Durante el último medio año, crecientes cantidades de maíz de los Estados Unidos fueron súbitamente derivadas a la producción de agrocombustibles. Las cantidades disponibles para los mercados mexicanos disminuyeron, provocando un aumento de precios y dejando al país con una situación de vulnerabilidad en su seguridad alimentaria.

PROTECCIONISMO NEOLIBERALISMO

Mientras estallan los disturbios por hambre en todo el mundo, dirigentes mundiales como Pascal Lamy (director general de la OMC), Dominique Strauss-Kahn, director del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, están alertando de los peligros del proteccionismo.

Según Ki-Moon, "más comercio, no menos nos sacará del agujero en el que estamos". Bajo las reglas del libre comercio, la protección de los alimentos se ha convertido en una palabra sucia.


Cuanto contraste con la ayuda de miles de millones de dólares que reciben los grandes bancos y financieras para evitar su quiebra ante los juegos especulativos.

El Banco Mundial y el FMI, así como algunos países centrales están ahora abogando por más importaciones, eliminando todos los aranceles para los países pobres importadores de alimentos y liberalizar más los mercados para que los países puedan mejorar sus ingresos mediante la exportación.

Siguen promoviendo más acceso para sus multinacionales en la Ronda de Doha y condicionar el apoyo financiero extra a criterios políticos para aumentar la dependencia de esos países. Nada dicen sobre la necesidad de una mayor regulación y estabilización del mercado, ni mucho menos de la necesidad de la soberanía alimentaria.



Robert Zoellick, actualmente presidente del Banco Mundial, anuncia que los precios seguirán altos por varios años, y que es necesario fortalecer la "ayuda alimentaria" para gestionar la crisis. Zoellick, que pasó a ese cargo luego de ser jefe de negociaciones de Estados Unidos en la Organización Mundial de Comercio, sabe de lo que habla. Desde su puesto anterior hizo todo lo que pudo para romper la soberanía alimentaria de los países, en función de favorecer los intereses de las grandes trasnacionales de los agronegocios. Incluso ahora, la receta de la "ayuda alimentaria", es otra vez un apoyo encubierto a esas compañías, que tradicionalmente son quienes venden al Programa Mundial de Alimentos los granos que "caritativamente" les entregan a los hambrientos, con la condición de que ellos mismos no produzcan los alimentos que necesitan.

Los grandes ganadores de la crisis alimentaria son también actores centrales en la promoción de los agrocombustibles: las trasnacionales que acaparan el comercio nacional e internacional de cereales, las empresas semilleras, los fabricantes de agrotóxicos.


En estos dos últimos rubros son en muchos casos las mismas empresas: Monsanto, Bayer, Syngenta, Dupont, BASF y Dow. Estas seis empresas controlan el total de las semillas transgénicas en el mundo.
Con la mayor casualidad del mundo, las semillas transgénicas y los agrotóxicos constituyen hoy la solución que proponen los poderosos a los nuevos problemas que ellas mismas han generado.


Cargill, ADM, ConAgra, Bunge, Dreyfus dominan juntas más del 80 por ciento del comercio mundial de cereales.


El neoliberalismo ha permitido que los alimentos pasen a ser una mercancía más expuesta a la especulación y al juego del mercado.

SOBERANIA ALIMENTARIA

La actual crisis con los alimentos es el resultado directo de tres décadas de globalización neoliberal. En otras palabras, el mercado de valores no da de comer a los hambrientos. Detrás de los disturbios se encuentran los fracasos de los llamados acuerdos de libre comercio y de los acuerdos de préstamos de emergencia impuestos a los países pobres por las instituciones financieras como el Fondo Monetario Internacional.

Ante la gravedad de la crisis, la soberanía alimentaria y el derecho a la alimentación resulta la respuesta más evidente. En el ámbito internacional hay que tomar medidas para la estabilización.
Deben establecerse reservas de seguridad internacionales así como un mecanismo de intervención para estabilizar los precios. Los países exportadores deben aceptar las normas internacionales que controlan las cantidades que pueden llevar al mercado. Los países deben tener la libertad de controlar las importaciones para poder fomentar y proteger la producción nacional de alimentos.


Jacques Diouf, secretario general de FAO, ha afirmado que los países en vías de desarrollo deben poder llegar a la autosuficiencia alimentaria. Urge una moratoria inmediata sobre los agrocombustibles para evitar un auténtico desastre. La soberanía alimentaria es un derecho inalienable de los pueblos. En cada país hay que establecer un sistema de intervención que pueda estabilizar los precios del mercado. Los gobiernos nacionales no deben repetir el error de promover que las grandes compañías agrícolas inviertan en unidades de producción masiva de alimentos.

(Página/12 - Buenos Aires)


(*)

Wim Dierckxsens es doctor en Ciencias Sociales de la Universidad de Nimega, Holanda. Trabaja en América Central desde 1971. Fue funcionario de Naciones Unidas en el campo de la demografía de 1971 a 1975. Trabajó como consultor del gobierno de los Países Bajos en el área de economía y población entre 1975 y 1979. Fue director del Post grado de Economía y Planificación del Desarrollo de la Universidad Nacional de Honduras y fundador de la Maestría en Política Económica de la Universidad Nacional en Costa Rica en los años ochenta. Fue consultor del movimiento cooperativo centroamericano hasta 1995 y desde entonces es investigador del Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI) en Costa Rica. Desde 1999 trabaja para el Foro Mundial de Alternativas (FMA) donde coordina investigaciones sobre alternativas al neoliberalismo. Ha publicado múltiples libros y artículos en diferentes idiomas de los cuales los más recientes son Los límites de un capitalismo sin ciudadanía (1998), Del neoliberalismo al poscapitalismo (2000) y El ocaso del capitalismo y la utopía reencontrada (2003).

Disponible en:
http://www.tribunademocratica.com/2008/05/especular_con_alimentos.html


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Capitalismo depredador

Por Episteme - 23 de Mayo, 2008, 17:33, Categoría: Pensamiento Latinoméricano


Dos lobos hambrientos y una caperucita roja

Una idea básica ocupaba mi mente desde mis viejos tiempos de socialista utópico. Partía de la nada con las simples nociones del bien y el mal que a cada cual le inculca la sociedad en que nace, lleno de instintos y carente de valores que los padres, en especial las madres, comienzan a sembrar en cualquier sociedad y época.

Como no tuve preceptor político, el azar y la casualidad fueron componentes inseparables de mi vida. Adquirí una ideología por mi propia cuenta desde el instante en que tuve una posibilidad real de observar y meditar los años que viví como niño, adolescente y joven estudiante. La educación se convirtió para mí en el instrumento por excelencia de un cambio en la época que me tocó vivir, de la cual dependería la propia supervivencia de nuestra frágil especie.

Después de una larga experiencia, lo que pienso hoy sobre el delicado tema es absolutamente coherente con esta idea. No necesito pedir excusas, como prefieren algunos, por decir la verdad aunque sea dura.

Hace más de dos mil años, Demóstenes, orador griego famoso, defendió con ardor en las plazas públicas una sociedad en la que el 85 por ciento de las personas eran esclavas o ciudadanos que carecían de igualdad y derechos como algo natural. Los filósofos compartían ese punto de vista. De allí surgió la palabra democracia. No se les podía exigir más en su tiempo. Hoy, que se dispone de un enorme caudal de conocimientos, las fuerzas productivas se han multiplicado incontables veces y los mensajes a través de los medios masivos se elaboran para millones de personas; la inmensa mayoría, cansada de la política tradicional, no quiere oír hablar de ella. Los hombres públicos carecen de confianza cuando más la necesitan los pueblos ante los riesgos que los amenazan.

Al derrumbarse la URSS, Francis Fukuyama, ciudadano norteamericano de origen japonés, nacido y educado en Estados Unidos y titulado en una universidad en ese mismo país, escribe su libro: "El fin de la historia y el último hombre", lo que muchos seguramente conocen, pues fue muy promovido por los dirigentes del imperio. Se había convertido en un halcón del neoconservadurismo y promotor del pensamiento único.

Quedaría, según él, una sola clase, la clase media norteamericana; los demás, pienso yo, estaríamos condenados a ser mendigos. Fukuyama fue partidario decidido de la guerra contra Iraq, como el vicepresidente Cheney y su selecto grupo.

Para él la historia finaliza en lo que Marx veía como "el fin de la prehistoria".


En la ceremonia inaugural de la cumbre América Latina y Caribe-Unión Europea celebrada en Perú el pasado 15 de mayo, se habló en inglés, alemán y otros idiomas europeos sin que partes esenciales de los discursos se tradujeran por las televisoras al español o al portugués, como si en México, Brasil, Perú, Ecuador y otros, los indios, negros, mestizos y blancos —más de 550 millones de personas, en su inmensa mayoría pobres— hablasen inglés, alemán u otro idioma foráneo.

Sin embargo, se menciona ahora elogiosamente la gran reunión de Lima y su declaración final. Allí, entre otras cosas, se dio a entender que las armas que adquiere un país amenazado de genocidio por el imperio, como lo ha sido Cuba desde hace muchos años y lo es hoy Venezuela, no se diferencian éticamente de las que emplean las fuerzas represivas para reprimir al pueblo y defender los intereses de la oligarquía, aliada a ese mismo imperio. No se puede convertir la nación en una mercancía más ni comprometer el presente y el futuro de las nuevas generaciones.

La IV Flota no se menciona, por supuesto, en los discursos que se televisaron de aquella reunión, como fuerza intervencionista y amenazante.

Uno de los países latinoamericanos allí representados acaba de realizar maniobras combinadas con un portaviones de Estados Unidos del tipo Nimitz, dotado con todo tipo de armas de exterminio en masa.


En ese país hace unos pocos años las fuerzas represivas desaparecieron, torturaron y asesinaron a decenas de miles de personas. Los hijos de las víctimas fueron expropiados por los defensores de las propiedades de los grandes ricos. Sus principales líderes militares cooperaron con el imperio en sus guerras sucias. Confiaban en esa alianza.
¿Por qué caer de nuevo en la misma trampa? Aunque es fácil de inferir el país aludido, no deseo mencionarlo por no herir a una nación hermana.(1)


La Europa que en esa reunión llevó la voz cantante, es la misma que apoyó la guerra contra Serbia, la conquista por Estados Unidos del petróleo de Iraq, los conflictos religiosos en el Cercano y Medio Oriente, las cárceles y aterrizajes secretos, y los planes de torturas horrendas y asesinatos fraguados por Bush.

Esa Europa comparte con Estados Unidos las leyes extraterritoriales que, violando la soberanía de sus propios territorios, incrementan el bloqueo contra Cuba obstaculizando el suministro de tecnologías, componentes e incluso medicamentos a nuestro país. Sus medios publicitarios se asocian al poder mediático del imperio.

Lo que dije en la primera reunión de América Latina con Europa, celebrada hace nueve años en Río de Janeiro, mantiene toda su vigencia. Nada ha cambiado desde entonces excepto las condiciones objetivas, que hacen más insostenible la atroz explotación capitalista.

El anfitrión de la reunión estuvo a punto de sacar de sus casillas a los europeos, cuando en la clausura mencionó algunos puntos planteados por Cuba:

1.Condonar la deuda de América Latina y el Caribe.

2.Invertir cada año en los países del Tercer Mundo el 10 por ciento de lo que gastan en las actividades militares.

3.Cesar los enormes subsidios a la agricultura, que compiten con la producción agrícola de nuestros países.

4.Asignar a Latinoamérica y el Caribe la parte que les corresponde del compromiso del 0,7% del PIB.

Por las caras y las miradas, observé que los líderes europeos tragaron en seco durante unos segundos. Pero, ¿por qué amargarse? En España sería todavía más fácil pronunciar discursos vibrantes y maravillosas declaraciones finales. Se había trabajado mucho. Venía el banquete. No habría en la mesa crisis alimentaria. Abundarían las proteínas y los licores. Faltaba sólo Bush, que trabajaba, incansable, por la paz en el Medio Oriente, como es habitual en él. Estaba excusado. ¡Viva el mercado!

El espíritu dominante en los ricos representantes de Europa era la superioridad étnica y política. Todos eran portadores del pensamiento capitalista y consumista burgués, y hablaron o aplaudieron en nombre de este. Muchos llevaron consigo a los empresarios que son el pilar y sostén de "sus sistemas democráticos, garantes de la libertad y los derechos humanos". Hay que ser expertos en la física de las nubes para comprenderlos.

En la actualidad, Estados Unidos y Europa compiten entre sí y contra sí por el petróleo, las materias primas esenciales y los mercados, a lo que se suma ahora el pretexto de la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado que ellos mismos han creado con las voraces e insaciables sociedades de consumo.  Dos lobos hambrientos disfrazados de abuelitas buenas, y una Caperucita Roja.






Fidel Castro Ruz

Mayo 18 de 2008


Disponible en:
Granma Internacional. La Habana, 19 de Mayo de 2008.
http://www.granma.cu/espanol/2008/mayo/lun19/Reflexiones-19mayo.html

Nota
(1) Castro se refiere a Argentina



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La fórmula del hambre mundial del FMI

Por Episteme - 23 de Mayo, 2008, 15:21, Categoría: Crisis de materias primas

El FMI y el hambre

Serge Halimi*


El Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC) prometieron que el aumento de los flujos de mercancías contribuiría a erradicar la pobreza y el hambre.



¿Cultivos alimentarios? ¿Autonomía alimentaria?


Se había encontrado algo más inteligente: se abandonaría la agricultura local o se orientaría hacia la exportación.

Así se obtendría el mejor partido, no de las condiciones naturales -más favorables, por ejemplo, para el tomate mexicano o la piña filipina-, sino de los costos de explotación, más bajos en estos dos países que en Florida o en California.

El agricultor de Malí dejaría su alimentación en manos de las empresas cerealistas de la Beauce o el Midwest, más mecanizadas, más productivas.
Abandonaría sus tierras e iría a engrosar la población de las ciudades para convertirse en obrero de una empresa occidental que habría deslocalizado sus actividades con el fin de aprovecharse de una mano de obra más barata.

Al mismo tiempo, los Estados costeros de África reducirían la carga de su deuda externa vendiendo sus derechos de pesca a los barcos-fábricas de los países más ricos.
Por lo tanto a los guineanos ya no les quedaría más remedio que comprar conservas de pescado danesas o portuguesas.
A pesar de la contaminación suplementaria causada por los transportes, el paraíso estaba garantizado. Y los beneficios de los intermediarios (distribuidores, transportistas, aseguradoras y publicistas), también…


De repente el Banco Mundial, que prescribió este modelo de «desarrollo», anuncia que treinta y tres países van a conocer los «motines del hambre».


Y la OMC se alarma por la vuelta al proteccionismo al observar que varios países exportadores de productos alimentarios (India, Vietnam, Egipto, Kazajstán…) han decidido reducir sus ventas al extranjero con el fin -¡qué desfachatez!- de garantizar la alimentación de su población.





El norte se ofende rápidamente por el egoísmo de los demás.
 
Es porque los chinos comen demasiada carne, por lo que los egipcios se quedan sin trigo…



Los Estados que siguieron los «consejos» del Banco Mundial y el FMI sacrificaron su agricultura alimentaria.


Por lo tanto ya no pueden reservarse el uso de sus cosechas. Pues bien, pagarán, es la ley del mercado.


La Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) ya ha calculado el encarecimiento disparatado de su factura de importación de cereales: el 56% en un año.

Lógicamente, el Programa Mundial de Alimentos (PMA), que alimenta todos los años a setenta y tres millones de personas en setenta y ocho países, reclamó 500 millones de dólares suplementarios.

Esas pretensiones se debieron de juzgar extravagantes, ya que el PMA únicamente consiguió la mitad.


Sin embargo sólo mendigaba el importe de algunas horas de guerra en Iraq y la milésima parte de lo que la crisis de las subprimes va a costar al sector bancario, generosamente ayudado por los Estados.





Se pueden calcular las cosas de otra forma: el PMA imploraba, en nombre de millones de muertos de hambre
el 13,5% de las ganancias que obtuvo el año pasado, él sólo, John Paulson, dirigente de un fondo especulativo demasiado inteligente para prever que cientos de miles de estadounidenses caerían en la quiebra inmobiliaria.


Se ignora cuánto beneficio producirán, y a quiénes, las hambrunas que ya han comenzado, pero en una economía moderna nunca se pierde nada.




Porque todo se recicla; una especulación sustituye a otra. Después de abastecer la burbuja de Internet, la política monetaria de la Reserva federal (FED) animó a los estadounidenses a endeudarse. E infló la burbuja inmobiliaria.






En 2006, el FMI todavía consideraba que: «Todo indica que los mecanismos de asignación de créditos en el mercado inmobiliario de Estados Unidos siguen siendo relativamente eficaces».


Mercado-eficacia: ¿no se deberían soldar estas dos palabras de una vez por todas? La burbuja inmobiliaria estalló.






Entonces los especuladores rehabilitan un viejo filón: los mercados de cereales.

Compran contratos de entrega de trigo o arroz para el futuro y esperan para revenderlos mucho más caros.

Lo que mantiene la subida de los precios y el hambre…




Y entonces, ¿qué hace el FMI dotado, según su director general, de «el mejor equipo de economistas del mundo»?



Explica:
«Una de las maneras de solucionar el problema del hambre es incrementar el comercio internacional».


El poeta Léo Ferré escribió:
«Para que incluso la desesperación se venda, sólo hace falta encontrar la fórmula»


Parece que ya la han encontrado

*Periodista del mensual Le Monde diplomatique, y autor del libro Les Nouveaux Chiens de Garde (Los nuevos perros guardianes), Raisons d"agir, 2ª edición, 2005.

Fuente:
(Le Monde Diplomatique - www.monde-diplomatique.fr/2008/05/HALIMI/15859)


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