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Teorías de los ciclos económicos

Por Episteme - 4 de Mayo, 2008, 15:51, Categoría: Ciclos y teorías económicas

LOS CICLOS ECONÓMICOS

La "economía de mercado", es decir el capitalismo, se caracteriza por desarrollarse en forma cíclica, mediante sucesivas fases de ascenso, auge, recesión, crisis y reactivación. A continuación se desarrollrán diversas  explicaciones que se han dado en torno a la naturaleza de un ciclo económico, desde el punto de vista de Juglar, Marx, Engels, Schumpeter y Kondratieff.

1. La Ley de Say

Dentro de  los primeros economistas modernos, los denominados "clásicos", creían en cambio en una ley - formulada por Jean Baptiste Say - según la cual el mercado garantizaba por sí mismo el equilibrio entre la oferta y la demanda y la armonía de la economía. Sin embargo cualquier campesino sabía que esto no era cierto, que la ley de la oferta y la demanda operaba y, a veces, salía mejor no recolectar la cosecha porque el precio llegaba a ser tan bajo que era peor vender que no vender y perderlo todo.

A medida que avanzó la industria y el reinado del capital, en lugar de alejarse la posibilidad de crisis económica, se instauró la época de las crisis periódicas, de la caída cíclica de la economía en catástrofes de mayor o menor magnitud, que sacuden todo el proceso productivo. William R. Scott, estudiando los negocios ingleses encontró treinta crisis entre 1558 y 1720, es decir una cada 5 años y 5 meses, en promedio. A partir de 1815, 20 ó 25 en los diversos países europeos y especialmente en Inglaterra se observó más claramente que cada 3, 5, 7 ó 10 años se registraban crisis, cuyo centro era la industria.

En las orgullosas fábricas que emergieron de la revolución industrial, después de grandes expansiones y rápidos crecimientos, se registraron periódicamente acumulaciones de mercancías invendibles e impagables, quiebras. Y no se trataba de una o de un grupo de fábricas, sino de fenómenos generales, de desastres de toda la economía. El orgullo industrial del siglo XIX se vio abatido por las crisis, cuando toda la sabiduría fabril se reducía a cero. ¿A quién echarle la culpa? Si la economía debía fluir libremente de acuerdo con su naturaleza exacta y matemática, debía estar libre de acontecimientos tan incómodos como las crisis y si se presentaban, seguramente se debía a una de dos causas:

a) Los desastres naturales, como terremotos e inundaciones;

b) La intromisión de los gobiernos o de banqueros que emitían papel moneda. Los malos manejos de los reyes, sus impuestos, los monopolios estatales, eran culpables si la industria no marchaba con regularidad y sin crisis. Esos intrusos desataban la ira de los dioses de la economía que se vengaban con la crisis.

Economistas clásicos con gran discernimiento, como Adam Smith, alcanzaron a escribir que era posible producir más de lo que el mercado podía absorber y esa era la causa de la crisis. Aceptaba la posibilidad de la crisis comercial y hasta su necesidad si se producían en exceso.

La doctrina clásica era resumida por David Ricardo así:

"Puede ocurrir que se produzca demasiado de una determinada mercancía, de la que exista tal superabundancia en el mercado que no se reembolse el capital invertido en ella, pero no podrá ocurrir esto con todas las mercancías en general; la demanda de trigo se haya limitada por el número de bocas que han de comerlo, la de calzado y vestido por el número de personas que han de usarlos, pero... no podemos afirmar lo mismo de todas las mercancías producidas por la naturaleza o la industria del hombre. Algunos consumirían más vino si pudieran procurárselo. Otros no desearían más vino, pero sí aumentar la cantidad o mejorar la calidad de su inmobiliario. Otros apetecerían embellecer sus jardines o ampliar sus casas. El deseo de conseguir todo esto o parte de ello palpita en el pecho de todos los hombres..... por consiguiente la propia naturaleza se ha encargado de poner límites a la magnitud del capital que en un momento puede emplearse ventajosamente en la agricultura, sin poner, en cambio, límite alguno al volumen de capital que puede invertirse en procurar al hombre las comodidades y bellezas de la vida" (Marx, 1863:443).

Ricardo expresaba un optimismo sobre el capitalismo propio de una época en la cual se creía que bastaba eliminar del mundo las influencias extrañas al capital como los reyes y los terratenientes, para que la industria capitalista pudiera dedicarse a producir todas las comodidades y bellezas necesarias para la felicidad humana (1)

Los economistas partidarios de la pequeña producción arruinada por la industria, como Jean Charles Sismondi (1773-1842), habían opinado distinto y creían que el capitalismo se destruiría debido a que la miseria de los obreros imposibilitaba un consumo igual a la producción. Sismondi, no tenía en cuenta que parte de la producción no se consume inmediatamente por los capitalistas y obreros, sino que se consume en la misma producción como máquinas o materias primas y esa parte crece cada vez más.  Esta predicción de una crisis capitalista, no pasó de ratificar la posibilidad de la superproducción de mercancías de consumo humano, pretendiendo que era lo mismo que la necesidad de la superproducción de todas las mercancías. Al no explicar el fondo de las crisis económicas, profetizó un derrumbe del sistema, que no ocurrió.

En cambio, en los años siguientes a la muerte de Ricardo se completó en Europa y Estados Unidos el ciclo de las revoluciones burguesas. Tras las revoluciones de 1830 y 1848 en Francia la gran industria pudo establecer su reino en el terreno de la política y sin embargo siguieron viéndose periódicas superabundancias de todas las mercancías. A partir de los sucesos y la gran expansión económica de 1848 en Europa ya no podía sostenerse la creencia sobre el carácter externo de la causa de las crisis industriales. Como continuaron, a pesar del impetuoso desarrollo fabril de entonces, tuvieron que causar la inquietud de los estudiosos que buscaban interpretar los hechos. El industrial capitalista podía ser visto en sus verdaderas proporciones. Se imponía a mediados del siglo pasado una nueva interpretación de los fenómenos económicos que considerara la presencia inevitable de los ciclos y crisis periódicas, reconsiderando la línea que achacaba los males de la economía a la naturaleza y a la intervención de los gobiernos y de los banqueros y que reconociera que la propia economía capitalista restringe las fuerzas productivas y son motivos intrínsecos los que la hacen caer en recesos cada 7 a 10 años.

2 El Ciclo de Juglar y Marx

El médico francés Joseph Clément Juglar (1819-1905) publicó en 1863 su obra "Las Crisis Comerciales y su Retorno en Francia, Inglaterra y Estados Unidos", en la cual demostró valiéndose de las estadísticas que las crisis no eran fenómenos extraños a la economía y al proceso de producción vigentes, sino que eran parte de su propio desarrollo: a la prosperidad capitalista seguía la crisis, como fase inevitable del ciclo y viceversa.


Mientras tanto el notable economista inglés William Stanley Jevons, analista matemático de los mercados y los precios, seguía atribuyendo las crisis a las manchas solares y también a otras injerencias exteriores que perturbaban la economía. Citaba al notable observador Hyde Clarke, quien explicaba desde 1847 los ciclos que encontró cada 10 años y cada período largo de 54 años, por causas meteorológicas y llamaba a este estudio "Economía Física" (Schumpeter 1954: 815). Jevons mediante sus modelos lógico-matemáticos se propuso demostrar cómo el capitalismo sí puede funcionar perfectamente; no obstante Juglar mediante el estudio histórico-estadístico demostró que no funcionaba como Jevons decía y engendraba periódica e indefectiblemente la crisis. Sin embargo, mientras Jevons sustentaba el deber ser del capitalismo, Juglar sólo podía sentar empíricamente el ser, la realidad. La validez concreta del estudio de Juglar adolecía de una ausencia: la explicación teórica. Los datos y juicios estadísticos fueron la base de una corroboración empírica sobre las crisis, pero no eran suficientes y no diferenciaban entre los procesos críticos de la industria capitalista y las crisis comerciales preindustriales.

Los economistas que precedieron a Juglar en el estudio del ciclo se detuvieron especialmente en los fenómenos relativos a la moneda y al crédito. Los más serios como John Fullarton y James Wilson, hablaban de la superproducción de capital como factor desencadenante de las crisis, pero no explicaban por qué se producían necesariamente, como el estudio estadístico de Juglar lo mostraba y además insistían en que una superproducción general de mercancías no podía ocurrir por causas económicas. Andrew Ure y Thomas Corbet llegaron a afirmar que la superproducción era intrínseca a la economía y que para evitar que se convirtiera en crisis se recurría al comercio exterior; pero, tampoco explicaban el porqué de la superproducción y su carácter cíclico.

La incapacidad de la Economía para resolver el enigma de las crisis cíclicas se debía a sus ataduras ideológicas y sociales con el capital.


Karl Marx desarrolló una crítica profunda de la Economía. Así, a más tardar en 1867 había elaborado ya una explicación teórica detallada y de fondo del fenómeno de las crisis capitalistas. Para hacerlo corrigió la explicación de Adam Smith sobre el valor de cambio de las mercancías, según la cual el valor depende del trabajo promedio para producirlas. Esta explicación era opuesta a la que formulaba Jevons, quien pensaba que el valor o el precio, que para él eran lo mismo, estaban determinados por la utilidad adicional que proporcionaba la mercancía a los compradores. Marx consideraba que el punto de vista de Jevons y otros economistas liberales era superficial y no veía sino los fenómenos más externos de la economía y no los elementos fundamentales, esenciales y sus relaciones, de los cuales los precios de las mercancías eran solamente una manifestación en a superficie.

¿Cómo explicar que matemáticos, lógicos y economistas tan destacados como Jevons cayeran en tesis tan superficiales y tan vulgares, como aquellas conque explicaba el ciclo? Simplemente Jevons, Walras, Menger y demás economistas destacados defendían el punto de vista de una clase social: los capitalistas. Y estaban ya en la época en la que ya no se podía sostener que el capitalismo daría bienestar a toda la humanidad.

Refiriéndose a la Economía de los Jevons y Walras, dice Marx:

"La economía vulgar ..... se abre paso tan pronto como la Economía [clásica] socava y hace vacilar sus propias premisas mediante su análisis, sentando las bases de una reacción contra la Economía, bajo una forma más o menos económica, utópica, crítica y revolucionaria. En realidad la evolución de la Economía Política y de la reacción que ella misma engendra [en contra suya] se halla en consonancia con el desarrollo real de los antagonismos sociales y las luchas de clases inherentes a la producción capitalista" (1863: v. III. p. 443).

Y efectivamente las revoluciones burguesas habían desatado los antagonismos de clase entre capitalistas y obreros y, los debates sobre la el valor de cambio de las mercancías era un punto de enfrentamiento teórico entre las dos clases. Mientras para Jevons, el trabajo es tan solo un factor de producción retribuido según su utilidad marginal, para Marx, el trabajo es la fuente del valor y engendra no sólo la retribución salarial, sino la ganancia capitalista en todas sus formas: beneficio industrial y comercial, interés bancario y renta de la tierra.

El valor de cada producto está compuesto por el valor de los medios de producción (máquinas, equipos, materias primas), más el salario, más la ganancia creada por el trabajo nuevo del obrero. Tanto como les interesaba a los capitalista que Jevons ocultara las fuentes de las ganancias, les interesaba elevarlas al máximo con el mínimo de inversión. Analizando este fenómeno Marx descubrió que cada vez que se aceleraba el desarrollo capitalista las ganancias tendían a crecer con menor rapidez que el capital o en otras palabras, el rendimiento de las inversiones tiende a hacerse más pequeño a pesar de que el total del capital aumente y precisamente a medida que aumenta. La causa de este fenómeno puede resumirse así: a medida que la industria capitalista progresa, por cada dólar, invertido, gasta más en máquinas y materias primas que en salarios. Esto significa que a medida que aumenta el capital, la proporción del valor agregado por el trabajo nuevo, por cada dólar invertido, es menor. Así, Marx consideró que al acelerarse el crecimiento, el rendimiento de las inversiones o tasa de ganancia llega a ser cada vez más bajo y, ésta es la causa principal - no única - de las crisis capitalistas. Al bajar la tasa de ganancia se reducen las inversiones y por esta vía el empleo y el consumo de maquinarias, materias primas y artículos de subsistencia, multiplicándose el efecto depresivo.

Frecuentemente se afirma que Marx románticamente deducía de este análisis que el capitalismo se autodestruiría. Pero, el anticapitalismo de Marx no se fundaba en la creencia según la cual el capital llegaría a una crisis de la cual no podría salir, sino en los sufrimientos que el capitalismo, sus crisis, recuperaciones y auges descargan sobre miles y millones de seres, en la seguridad de la limitación histórica del capitalismo y en el análisis según el cual del propio seno del capitalismo surgió la clase obrera, que se vería en la necesidad de enfrentarlo y derribarlo y que podría adquirir la capacidad de hacerlo, sin que pueda esperar un "derrumbe" del sistema.

Al contrario de lo que piensan los observadores superficiales del marxismo, Marx demostró, no solo por qué el capitalismo tiene que caer en crisis periódicas, que tienden a ser más catastróficas, sino también que puede salir de cada una de ellas y ¡cómo sale de ellas! . Explicó que la baja de la tasa de ganancia se contrarresta mediante la destrucción de capitales, bien sea física por la guerra o meramente económica por la competencia desgarradora que inutiliza grandes masas de capitales: la máquina sigue siendo máquina, pero deja de ser capital pues no sirve para producir ganancias, su dueño se arruina, los obreros son despedidos y sobre las ruinas resurge la acumulación de capital pues para los competidores victoriosos el aumento de la ganancia vuelve a ser más rápido que el incremento de la inversión. A este proceso básico de la recuperación se agregan otros métodos, como el aumento de horas de trabajo de los obreros y la rebaja de salarios reales y prestaciones, aprovechando el desempleo; el aumento de la eficiencia de los trabajadores; el saqueo de otros pueblos o de los campesinos, indígenas y artesanos; la conquista y la inversión en países o zonas atrasadas donde la tasa de ganancia es más alta; el cobro de intereses a las empresas del Estado o a otros Estados; o como quien dice, todas las ruindades que caracterizan al capitalismo. El único método "limpio" para salir de las crisis ha sido abaratar el capital mediante los descubrimientos y el avance tecnológico, pero este método a la larga también termina en descenso de la cantidad proporcional de trabajo agregado y de la parte de capital invertida en salarios, restableciendo al cabo del tiempo la causa de la crisis, al utilizar menos trabajo vivo por dólar invertido y volver a incorporar menos valor nuevo y obtener menos plusvalía con relación a los valores viejos, al capital constante o muerto.

Un caso, de descubrimiento del que abarata el capital y, a la vez, aumenta los salarios con respecto al conjunto del capital invertido, puede imaginarse así: se averigua un que las hojas de los árboles sustituyen al petróleo. Esto consumiría menos capital constante, más trabajo y causaría un auge cíclico. Pronto inventarían máquinas para recoger hojas y, a largo plazo, invertirían más en ellas que en contratar personas y, la proporción de plusvalía sobre la inversión, sería menor, volviendo a bajar la tasa de ganancia.

el alemán Karl Marx emprendió su obra " El Capital, Crítica de la Economía Política". Como la mayoría de los libros y artículos importantes de su época, El Capital está penetrado por la necesidad de explicar a fondo las crisis comerciales recurrentes.


Por los mismos días de Juglar, 
Marx  enmprendió la explicación de sobre las crisis estuvo lista desde 1867, en su obra " El Capital, Crítica de la Economía Política".  y como la mayoría de los libros y artículos importantes de su época, está penetrado por la necesidad de explicar a fondo las crisis comerciales recurrentes. No obstante no pudo ver la luz hasta fines de 1894, cuando se publicó el tomo III de esta obra. El retraso en la publicación resultó desafortunado: el período entre 1867 y 1894 fue particularmente crítico para el capitalismo y los años de rápido crecimiento sucedidos desde 1848 se interrumpieron bruscamente. Las crisis se repetían rápidamente y las recuperaciones conducían a ascensos muy pequeños de la acumulación. En cambio, desde 1896 y hasta 1914 el capitalismo vivió un período de prosperidad relativa, en el cual si bien se presentaron crisis (1900 y 1908), fueron de menores consecuencias y sobre todo, fueron seguidas rápidamente por auges impetuosos de la producción y la ganancia.

Lo paradójico fue que el tomo III de "El Capital" se mantuvo oculto precisamente en uno de los períodos en que más atención podían despertar sus primeras tres secciones, que explican la crisis. Los lectores habrían devorado en esos días un tratado sobre las...
"diversas influencias... que se hacen valer más bien simultáneamente en el espacio o más bien sucesivamente en el tiempo; el conflicto entre estos factores en pugna se abre paso periódicamente en forma de crisis" (Marx 1867: T.III, 247).


Esta parte del libro se mantuvo sin publicar, tanto por el hecho fortuito de la enfermedad y posterior muerte de Marx, como por el desinterés de las editoriales, especialmente después de la derrota de la Comuna de París. Las gentes tuvieron que contentarse con las estadísticas de Juglar, para refutar las  teórías más ingenueas de Jevons.

El Ciclo Largo

Desde los aportes de Juglar y Marx, la teoría conocía la existencia de un ciclo económico, que de acuerdo con la evidencia estadística duraba alrededor de 10 años.  Sobre períodos más largos, de 54 años, que Clarke atribuyó a la meteorología, nada se volvió a decir. Karl Marx, con
Frederick Engels, un industrial partidario de la lucha obrera, estudiaron las relaciones entre ese ciclo y la reposición de la maquinaria de las fábricas y se dieron cuenta cómo los fenómenos de naturaleza económica, como la ganancia y la crisis, se interrelacionan con el proceso técnico. Pero Marx y Engels observaron detenidamente que el período de agudización de las crisis que comenzó a fines de 1867, no era causado sólo ni principalmente por la regularidad de los procesos técnicos y en cambio, la determinante de estos procesos estaba en los factores económicos que se entrecruzan.

En 1946 un minucioso estudio de Burns y Mitchel (Estey, p. 91) permitió apreciar los cambios operados en la duración de los ciclos en la época de Marx y Engels, tomando como ejemplo a Estados Unidos. Este registro a posteriori mostró dos fenómenos: por una parte un ciclo más corto que el estudiado por Juglar y Marx, con duración de unos 40 meses y que sería demostrado estadísticamente en 1923 por Joseph Kitchin y W.S. Crum. Pero además y sobre todo pudo notarse que después del punto crítico de 1867, los meses de contracción o depresión pasaron a ser superiores a los de expansión. La recuperación tras la depresión de 1867, sólo fue seguida por 18 meses de auge: a 34 meses de ascenso, siguió una gran depresión de 65 meses desde finales de 1873 hasta el primer trimestre de 1879. Observando eso mismo, Engels hizo un importante descubrimiento como fruto de su observación de este período y logró registrarlo en una nota anexa al tomo III de "El Capital", publicado un año antes de la muerte de Engels:

"Como ya hemos hecho notar en otro pasaje, se ha operado aquí un viraje desde la última gran crisis general [la de 1867]. La fórmula aguda del proceso periódico con su ciclo de 10 años que hasta entonces venía observándose parece haber cedido el puesto a una sucesión más bien crónica y larga de períodos relativamente cortos y tenues de mejoramiento de los negocios y períodos relativamente largos de opresión sin solución alguna. Aunque tal vez se trate simplemente de una mayor duración del ciclo. En la infancia del comercio mundial, puede observarse sobre poco más o menos crisis de 5 años; de 1847 a 1867, los ciclos son resueltamente de 10 años ¿Estaremos tal vez en la fase preparatoria de un nuevo crack mundial de una vehemencia inaudita? Hay algunos indicios de ello. Desde la última crisis general de 1867, se han producido grandes cambios. El gigantesco desarrollo de los medios de comunicación - navegación transoceánica de vapor, ferrocarriles, telégrafo eléctrico, canal de Suez - ha creado por primera vez un mercado mundial. Inglaterra, país que antes monopolizaba la industria, tiene hoy a su lado una serie de países industriales competidores; en todos los continentes se han abierto zonas definitivamente más extensas y variadas a la inversión del capital europeo sobrante, lo que permite distribuirse mucho más y hacer frente con más facilidad a la superespeculación local. Todo esto contribuye a eliminar o amortiguar fuertemente los antiguos focos de crisis y las ocasiones de crisis. Al mismo tiempo, la competencia del mercado interior cede a los cartels y los trusts y en el mercado exterior se ve limitada por los aranceles protectores de que se rodean todos los países con excepción de Inglaterra. Pero a su vez, estos aranceles protectores no son otra cosa que los armamentos para la campaña general y final de la industria que decidirá la hegemonía en el mercado mundial. Por donde cada uno de los elementos con que se hace frente a la repetición de las antiguas crisis lleva dentro de sí el germen de una crisis futura mucho más violenta." (El Capital, T.III, p.p. 459-460).

Engels reunió ahí una serie de apreciaciones valiosas para completar la teoría del ciclo, que pueden enumerarse y resumirse así:

A. Podían distinguirse ya en esta época tres períodos del desarrollo del capitalismo con respecto a los ciclos económicos:

a) 1815-1947, con crisis frecuentes;

b) 1847-1867, con desarrollo sostenido, crisis alejadas y auges duraderos;

c) 1867-1894, con crisis frecuentes y depresiones duraderas.

B. Se habían creado condiciones económicas, políticas y técnicas para terminar la fase depresiva comenzada en 1867 y suavizar las crisis por un período.

C. Las mismas condiciones que acelerarían el desarrollo del capitalismo lo llevarían a una crisis más violenta que la anterior.

D. Una hipótesis: "tal vez se trate de una mayor duración del ciclo".

Si Engels deja el descubrimiento del ciclo largo a nivel de una hipótesis no se debe a que no hubiera reunido todos los datos en su favor, como lo demuestra la periodización que propuso, sino porque era necesario que se complementaran datos de más de uno y medio ciclos largos, para que pudiera certificarse su existencia. No obstante formuló dos previsiones geniales en su nota: un período de estabilidad y crecimiento económico rápido y luego una nueva gran crisis, cuyo anuncio acompañó en la época por artículos en que denunció la necesidad en que se verían las burguesías de los países avanzados de adelantar una gran guerra por la hegemonía mundial. Dos guerras mundiales y la gran depresión económica de 1929 certificaron la precisión de las previsiones de Engels.

Estos hallazgos no fueron casuales, sino consecuencia del análisis de la ganancia y la tasa de ganancia que hizo Marx en el tomo III de "El Capital". A partir de él se pueden comprender la necesidad del ciclo medido por Juglar y la de los ciclos más largos que detectó Engels. Después de la muerte de Engels, nuevos artículos, estadísticas y análisis aportaron evidencias mayores para probar la hipótesis sobre el ciclo largo. Dentro de los círculos cercanos a este autor se formularon apreciaciones al respecto, casi inmediatamente.

En 1896 Alexander Helphand (Parvus) formuló un esquema de "ondas" largas de expansión en las cuales la industria capitalista se adueña de nuevos países, zonas o ramas de la producción, seguidas de ondas largas depresivas en las cuales se agotaba el efecto explosivo de las nuevas conquistas.



Karl Kautsky (1854-1938) aceptó la existencia de los ciclos largos y los explicó en diversos factores del mercado capitalista, como las variaciones de la cantidad de oro, las nuevas regiones y ramas de la producción explotadas y la capacidad de consumo de la población. Confrontó así a Bernstein, quien basándose en el período de prosperidad, concluyó que las crisis ya no eran inevitables en el capitalismo.


En 1913 el marxista holandés Van Gelderen a partir de las variaciones de los precios afirmó la existencia de ondas largas y agregó a las causas propuestas por Parvus y Trotsky una explicación de orden interno económico, relativa a la formación de nuevas ramas industriales o a su modernización tecnológica.  El ruso Tugan Baranowski, quien explicaba la crisis por desproporciones entre los sectores de la producción se refirió por esta época al ciclo largo y a las evidencias de que comenzaba un nuevo período largo depresivo. Lenin recogió en su artículo "Carlos Marx" para la "Granat Encyclopaedia", la observación de Engels sobre la duración más larga del ciclo. Trotsky tomó de Parvus la noción de "onda larga", que hace referencia a factores externos a la producción, para contraponerla a la de "ciclo", que se refiere a los factores internos económicos y que según él sólo operan en los ciclos normales de Juglar.

A partir de 1914 la crisis agravada del capitalismo copó el panorama, primero por la guerra mundial y luego de 1917 por el triunfo de la revolución rusa que comenzó con el derrocamiento del zar y continuó con el derrocamiento del gobierno de Kerenski. El viceministro de alimentación de ese gobierno, Nikolai Kondratieff fue devuelto a sus investigaciones económicas por el triunfo bolchevique y se dedicó a acumular estadísticas entre 1919 y 1921.

Kondratieff pudo establecer con claridad, tanta como la que tuvo Juglar 60 años antes, que existen ciclos de precios de 50 años de duración.

En un artículo posterior (1926:45) sintetizó el curso de los ciclos largos así:




Primer Gran Ciclo: El ascenso duró desde fines de la década de los 80 del 90 del siglo XVIII, hasta 1810-17. El descenso desde 1810-17, hasta 1844-51.


Segundo Gran Ciclo: Ascenso = de 1844-51 a 1870. Descenso = 1870 a 1890-96.

Tercer Gran Ciclo: Ascenso 1896 - 1914, con descenso que empezó en 1914-20.

Kondratieff pronunció así desde su retiro intelectual, el veredicto sobre una nueva fase de contracción de la economía capitalista y se anticipó al interés con que muchos economistas hurgarían en la crisis después de la depresión de 1929.

Kondratieff explicó el ciclo largo acudiendo a factores internos de la economía, pero no enfatizó en las variaciones de la tasa de ganancia y en cambio destaca la parte técnica referente a la sustitución de la gran maquinaria y edificios y su relación con factores que pueden estar presentes en un sistema no capitalista:

a) La abundancia del ahorro;

b) el crédito barato;

c) la concentración de la inversión;

d) los precios bajos.

Cuatro factores crean las condiciones para reponer los grandes bienes de capital, iniciándose una fuerte expansión larga que termina cuando la reposición de maquinaria pesada y edificios se ha cumplido. La progresiva inversión de los factores, a lo largo del desarrollo del ciclo, conducen a su final, en tanto que nuevas ramas de la producción, como la agricultura, se industrializan como resultado de las inversiones que atraen sus precios altos durante la expansión.

La teoría del ciclo largo desató entre 1921 y 1930 una polémica en los círculos económicos y políticos soviéticos, en los que tuvo más acogida el concepto de "ondas".
Según Garvy (1943), los economistas soviéticos Bogdanov, Oparin, Studensky, Novozhilov, Granosky y Guberman acogieron la tesis de Trotsky, quien afirmaba que los períodos largos de crecimiento y expansión no estaban determinados fundamentalmente por la dinámica interna de la economía, sino por las condiciones externas a través de las cuales fluye el desarrollo capitalista: adquisición de nuevos países, nuevos recursos naturales, guerras y revoluciones.
Por lo mismo opinaba Trotsky que no tiene carácter de "ley" la ocurrencia de ciclos largos, como sí lo tiene la sucesión de ciclos de Juglar. Según Trotsky, Kondratieff hacía "una falsa generalización de una analogía formal" (v. Mandel 1979: 125-126).


Kondratieff (p.p. 47-48) refutó a Trotsky así:

" Se ha objetado que las grandes oscilaciones carecen de la regularidad mostrada por los ciclos de los negocios. Pero esto es falso. Si uno define 'regularidad' como una repetición de intervalos de tiempo regulares, entonces los grandes ciclos poseen esta característica igual que los ciclos intermedios. Una periodicidad estricta en los fenómenos sociales y económicos no existe del todo ni en las fluctuaciones grandes ni en las intermedias. La longitud de estas últimas varía de 7 a 11 años, es decir el 57 por ciento. La longitud de los grandes ciclos varía entre los 48 y los 60 años, esto es sólo 25 por ciento".

"Si por regularidad se entiende la semejanza y la simultaneidad en las fluctuaciones de series diferentes, entonces se presenta en el mismo grado en las oscilaciones grandes que en las intermedias. Y finalmente si la regularidad se hace consistir en el hecho de que las oscilaciones intermedias son un fenómeno internacional, entonces las grandes oscilaciones tampoco difieren en este aspecto de las intermedias. En consecuencia no hay menor regularidad en las grandes oscilaciones que en las intermedias y si deseamos designar a estas últimas como cíclicas, no tenemos por qué negarle el mismo carácter a las primeras".


Hoy no habría nada que agregar a ese dictamen de Kondratieff, aunque sí hay que observar que él consideraba los fenómenos políticos como meros "síntomas" del ciclo.
Marx y Engels, así como Lenin, mostraron la interrelación causa-efecto-causa entre los fenómenos económicos y políticos. Si el descenso de la tasa de ganancia conducía a la guerra, el resultado de la guerra definía el curso de la ganancia. Así si la inminencia de la terminación de un período de expansión condujo a Estados Unidos a la guerra de Viet Nam y seguramente la victoria habría prolongado esa expansión, la prolongación de la guerra y luego la derrota estadounidense aceleraron y profundizaron la fase depresiva del ciclo internacional. Esta interrelación entre ciclo económico y política es válida también para los ciclos clásicos. Debido a que los factores que contrarrestan la baja de la tasa de ganancia exigen una actuación política, guerras entre clases y naciones, ni los ciclos cortos ni los clásicos ni los largos escapan de la influencia y determinaciones de la política.


Los escritos de Kondratieff sugieren que el ciclo largo afectaría a la Unión Soviética. Esto lo deducía de su explicación técnica de las causas de este ciclo. Hoy puede plantearse la hipótesis de que efectivamente la existencia de la URSS estuvo marcada por un ciclo económico largo. La fase de crecimiento acelerado de la URSS cubrió desde 1929, a partir de la colectivización y "acumulación socialista originaria" hasta 1956 o tal vez hasta 1962. Luego vino la desaceleración y la crisis; un ciclo de 60 años. Los hechos obligan a replantearse este asunto. 
Si bien la economía interna estaba por fuera del capitalismo y seguía las reglas de otro sistema, y escapó así a la ley de los ciclos de Juglar, en las inversiones a mediano plazo; no obstante los ligámenes con la economía internacional hacían que como conjunto la economía de la URSS, como la de China y demás países socialistas, estuviera sometida en la inversión a más largo plazo, a las leyes de la ganancia. Solo la sustitución mundial del capitalismo extinguiría los ciclos largos.




De todos modos, a lo anotado sobre Kondratieff hay que añadir que el economista austríaco Joseph Schumpeter(1883-1950) continuó y perfeccionó su obra y reunió en su obra "Business Cycles" evidencia de gran valor para demostrar y explicar el "desenvolvimiento" de la economía en la forma de los tres tipos de ciclos económicos básicos:



a) Corto, de 40 meses o de Kitchin;


b) Medio de 6 a 10 años o de Juglar;

c) Largo de 54 a 60 años o de Kondratieff.

Este modelo coincide en general con las fluctuaciones cíclicas ocurridas desde la aparición del libro de Schumpeter hasta la fecha, aunque habría que decir que las estadísticas sugieren que en los últimos años la duración del ciclo de Kitchin ha aumentado a los 51 meses.

Por otra parte, muchos estudiosos de las oscilaciones de los precios de las acciones en las Bolsas de Valores han adoptado un modelo de matemático más complejo, de ocho ciclos, desarrollado desde 1930 por Ralph Nelson Elliott. Él encontró dentro de cada ciclo (del más largo hasta el más corto) ocho "ondas": tres impulsos de ascenso con dos correcciones y luego dos descensos con una corrección (Frost y Prechter  1978). Elliot descubrió que la bolsa no se comporta de manera caótica sino en ciclos repetitivos, como reflejo de las acciones y emociones de los humanos y debidas en gran parte a la psicología de masas a la que considera la culpable principalEn parte se basó en la Teoría de Dow, que también usa las ondas para el estudio de la bolsa, pero Elliott descubrió la naturaleza fractral de la bolsa (repitiéndose las mismas pautas a mayor y menor escala), analizándola en mayor profundidad, y tras años de estudio, identificando patrones adecuados para hacer predicciones  Entonces,
las cotizaciones bursátiles se "movían" siguiendo unos patrones "reconocibles" con la suficiente paciencia, preparación técnica y destreza.


De acuerdo al gráfico 1 anterior, los patrones de impulso constan de cinco ondas de las cuales las ondas 1,3 y 5 dan lugar al movimiento direccional, mientras las ondas 2 y 4 representan movimientos "correctivos" y se producen en la dirección contraria a las 1, 3 y 5 (van en contra de la tendencia).
De las tres ondas impulsivas (1, 3 y 5) la tercera nunca puede ser la más corta, si bien tampoco es obligado que sea la más larga. La onda 1 es normalmente un "rally" en dirección contraria a la tendencia o corrección anterior, en la que participa un escaso porcentaje de traders. Cuando la onda 1 termina, se produce una severa corrección provocada en gran parte por la "incertidumbre" reinante en cuanto al "carácter" de la onda 1. (Aun no se sabe a ciencia cierta si es la primera onda de un nuevo impulso tendencial o se trata sólo de una corrección al movimiento anterior).

Estas "ondas de Elliott" no contradicen el modelo de Schumpeter y Kondratieff, aunque sí muestran una mayor complejidad de los movimientos y enfatizan en las oscilaciones de las Bolsas de Valores. Sigue sin embargo el problema de explicar las causas profundas de los ciclos.


Schumpeter consideró que la innovación, la aplicación de los inventos en la industria, así como las mejoras en el mecanismo económico y la apertura de nuevos mercados, son las fuerzas que provocan los auges cíclicos y en el caso del ciclo largo provocan la renovación del equipo de larga duración. El modelo tricíclico de Schumpeter (p.26) y la investigación estadística y matemática de Elliott, son importantes registros de la realidad de los ciclos y crisis capitalistas aunque eluden su causa más profunda: las fluctuaciones de la tasa de ganancia.

Schumpeter de todos modos fue más lejos en el análisis de las interrelaciones económicas, políticas y sociales que se desarrollan en torno a los ciclos y afirmó que:

"cada fluctuación económica constituye una unidad histórica que no puede explicarse sino mediante un análisis detallado de los numerosos factores que concurren en cada caso" (cit. p.16).

4.  Debate sobre las causas del ciclo y las crisis

Un año antes de la primera guerra mundial el liberalismo neoclásico había expuesto una tesis sobre el ciclo. Fue la explicación monetarista de Ralph G. Hawtrey (1879-1971), según el cual los ciclos son provocados por el manejo de la moneda y del crédito, los cuales al crecer en exceso causaban un auge artificial y que se convertía después en una crisis.
"El ciclo es un fenómeno monetario, porque la demanda general en sí misma lo es" decía (Estey: 220).
Hawtrey buscó establecer la verdadera causa y el gran responsable de los booms y las depresiones. Y creyó encontrar al gran culpable de estos ciclos económicos: el manejo del crédito por parte de los bancos. En su libro Comercio y crédito (1928) y, especialmente, en El arte del Banco Central (1932),  explicitó una teoría monetaria de las fluctuaciones económicas que combina los movimientos del crédito, del dinero y de los encajes bancarios.  ¿Por qué se produce, entonces, una depresión económica? Según Hawtrey, todo comienza cuando hay un buen nivel de la economía. Las mejoras en las expectativas ocasionan que los comerciantes se deshagan del efectivo y busquen aumentar el crédito bancario con el fin de incrementar su capital de trabajo. Así, la existencia de un crédito barato los lleva a querer aumentar sus inventarios y a acelerar el ritmo de sus pedidos a los fabricantes. Los bancos, según Hawtrey, son los principales responsables de los ciclos económicos. Los aumentos de producción incrementan la demanda, la que, a su vez, favorece la expansión de la actividad productiva. Por su parte, los bancos acrecientan los préstamos incrementando así el ingreso monetario de la comunidad y estimulando la demanda en exceso. El resultado es que los beneficios para las empresas aumentan debido a que venden más sin tener que incrementar los salarios que pagan a sus trabajadores. Sin embargo, esta realidad no puede ser mantenida para siempre. Llega un momento en que, agotada la capacidad productiva, comienzan a subir los precios y se desata un espiral inflacionario. Paralelamente, la plata de los bancos comienza a escasear, por lo que, necesariamente, obliga a estas instituciones a subir las tasas de interés para impedir que se siga expandiendo el crédito. Esto desalienta a los comerciantes a invertir y comienza un proceso de despidos que, al mismo tiempo, contrae el ingreso del consumidor. Tarde o temprano la demanda efectiva también se contrae y la sociedad queda sumida en una crisis y depresión. El resultado será un círculo vicioso: tras un tiempo de depresión, en que los bancos comenzarán a acumular reservas, volverán a bajar las tasas de interés y el proceso sufrirá un desarrollo inverso.
Por lo tanto, en la teoría monetaria de los ciclos de Hawtrey, la depresión de una economía se produce por la política de los bancos que pueden contraer los créditos cuando se ven expuestos a una disminución de sus reservas. De aquí se deriva la solución. La única posibilidad de regularizar un proceso tan inestable es, según Hawtrey, que alguien controle los créditos bancarios. Y ese alguien debería ser el Banco Central. La función del Banco Central es, por lo tanto, seguir "la tendencia real" de la economía. Algo que en sí mismo, a pesar del optimismo de Hawtrey, supone una dificultad difícil de soslayar.
Esa concepción anunciaba el neoliberalismo, al añadir a las viejas doctrinas económicas liberales la necesidad de intervenir para controlar la oferta monetaria y prescribir correcciones de la misma como política anticíclica.
En el siglo XX el liberalismo dejó de ser la ideología de una clase emergente e ilusionada y pasa a serlo del capital financiero - fusión de los bancos con los monopolios industriales - que justificaba las alzas de las tasas de interés como "correcciones automáticas" de la economía y a las depresiones como sanadoras de "errores" anteriores o de excesos de dinero y crédito. Así se santificaban las operaciones financieras y el curso de la concentración monopolista de capitales. Las recetas liberales fueron pulverizadas por el curso de la Gran Depresión desde 1929. El capital tuvo que adaptarse a otras ideas y abrirse a nuevas explicaciones.

Al encontrar el origen de la prosperidad en la innovación, Schumpeter atribuyó al sujeto empresario, a la voluntad y la acción histórica, la fuerza desencadenante y consideró que el ciclo se produce ante todo por la acción del empresario. Él veía como la innovación acelera la acumulación mediante toda la serie de fenómenos inducidos y movimientos secundarios que constituyen el auge (Schumpeter 1935: 22-23).
Una vez se agota su efecto, los pagos de los préstamos bancarios agotan los depósitos y se inducen los fenómenos y movimientos secundarios inversos que conducen a la recesión, en una forma como podría ilustrarse con la Gran Depresión Latinoamericana de los 80 que sí fue concomitante con una crisis de pago de deuda, pero que no es el único modelo de recesión capitalista.


Schumpeter vio en su modelo tricíclico un esquema de clasificación de las inversiones a corto, mediano y largo plazo, pero no explicó claramente por qué las inversiones se detenían durante el período de crisis, lo cual se puede entender si la tasa de ganancia ha bajado. No diferenció entre la innovación que ahorra mano de obra disminuyendo el valor agregado de las mercancías y la que ahorra capital constante y por tanto tampoco vio como el segundo tipo de innovación conduce finalmente al primero y como el mismo avance tecnológico y los cambios conducen en el capitalismo a la crisis, no sólo por agotamiento de sus efectos, sino especialmente por sus efectos en la tasa de ganancia. Schumpeter sin embargo consideraba inevitables los ciclos en el capitalismo.

Por el contrario, teorías surgidas durante la Gran Depresión, negaron la inevitabilidad de las crisis cíclicas. En 1922 Hobson, siguiendo los rastros de Fullarton, revivió la teoría del subconsumo, según la cual la concentración del ingreso y del capital provoca que los empresarios inviertan en exceso, mientras las grandes masas no tienen dinero para consumir. Con una adecuada distribución del ingreso se podría evitar las crisis.
Este análisis fue mejorado por los suecos Ohlin y Myrdal, el polaco Kalecki y el inglés Keynes. Este expuso sus tesis en el "Tratado sobre el Dinero" (1930) y en la "Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero" (1936).


Para John Maynard Keynes (1883-1946) la Gran Depresión era la refutación viva de la Ley de Say y demás teoría clásicas sobre la imposibilidad de la superproducción general. También refutaba las teorías monetaristas que consideraban las crisis como correcciones o ajustes de la cantidad de dinero y crédito.
La crisis del 30 era una catástrofe gigante. Keynes demostró que se habían generado defectos en el sistema distintos de los simplemente monetarios: capacidad de consumo insuficiente; deseo excesivo de tener dinero disponible sin arriesgarlo (preferencia por la liquidez); tasas de interés demasiado altas y, un descenso de lo que llamó "eficiencia marginal del capital" que es el rendimiento adicional esperado por una nueva inversión. Estos defectos paralizaron la inversión y provocaron la crisis. Por lo mismo, la inversión del Estado y el aumento de la proporción del ingreso dedicada al consumo, si se conjugaban con medidas para disminuir el deseo de tener dinero efectivo disponible y con la baja de las tasas de interés por debajo de la eficiencia marginal del capital, podían controlar y hasta evitar las crisis.


La categoría de eficiencia marginal de capital tiene parentesco con la tasa de ganancia marxista. Pero, además de la base "marginalista" del análisis de keynesiano, su diferencia con Marx radica en que Keynes no consideró que la caída de la eficiencia del capital fuera necesariamente cíclica, sino que era un factor en juego que podía influirse mediante la intervención económica del Estado y estímulos sicológicos y otros factores subjetivos. Keynes constató la limitación creciente de ciertos remedios que proponía (por ejemplo trató la tendencia de las sociedades industrializadas a dedicar menor proporción del ingreso al consumo), pero Keynes pensó que siempre es posible una política económica de equilibro.

Sin embargo, Keynes afirmaba que una vez desencadenada la crisis debía pasar un tiempo que podía prolongarse de 3 a 5 años para que cedieran los factores que la provocaron. Se eliminaran los excesos de capital y mercancías y se recuperaran el consumo, la demanda y las inversiones estatales produjeran un efecto notable de reactivación (Keynes 1936:305).

Harrod (1936)
hizo una representación dinámica de la visión keynesiana y agregó el concepto de lo que llamo "acelerador" de la inversión "inducida" por las innovaciones (siguiendo a Schumpeter) y desarrolló así un análisis matemático con resultados cíclicos.


Samuelson siguiendo a Harrod elaboró en 1939 un modelo según el cual las expansiones y depresiones se producen por necesidad matemática después de una inversión adicional, debido a que las leyes de la economía se desplegan de tal manera que los aumentos de la inversión terminan siendo más pequeños que los aumentos del ingreso y del consumo y así se producen la recesión y la crisis, que duran hasta que la inversión disminuye con menor rapidez que la caída del ingreso y del consumo. La escuela de Samuelson se dedicó a buscar recetas sobre los niveles de inversión necesarios para evitar la crisis, tal vez por no centrar su análisis en la baja de la tasa de ganancia. Después de la segunda guerra mundial prevaleció la idea según la cual la inversión estatal - muchas veces financiada con emisiones de dinero inflacionaria o con cupos de crédito - si se hacía en el momento y en la cantidad oportunos podía evitar o reducir a la mínima expresión las crisis. Samuelson terminó por reunir en una sola versión el keynesianismo y las nociones clásica y monetarista de equilibrio en lo que llamó la "síntesis neoclásica", proclamando el fin de las crisis mediante el control monetario, la inversión estatal adecuada, el control del crédito y la política de salarios.

Otra vertiente del keynesianismo la representó Alvin H. Hansen quien consideró que el capitalismo tendía a un "estancamiento secular" que se ocultaba sólo por catastróficas guerras mundiales y conquistas. Opinión olvidada al culminar la Gran Depresión. Samuelson apenas si mencionaba en sus libros de los años 60 sus modelos matemáticos del ciclo. El optimismo reinó hasta 1967 y aun quienes mencionaban el ciclo largo como Dupriez, daban una explicación monetarista. Pero en los años 70 la economía internacional se debatió en la crisis.

Resonaron las palabras de Estey (p. 139) comentando a Alvin Hansen:
"Con la acumulación continua de grandes volúmenes de ahorro en los países de altos ingresos y con la contribución de la corriente de ahorro de las áreas recién industrializadas, la presión sobre la inversión continuará siendo severa. Sin duda esta presión ha cedido de cuando en cuando. La primera guerra mundial con su gran destrucción de capital y la segunda guerra mundial y sus consecuencias, con la necesidad de rehabilitación de capital en todo el mundo aplazaron el problema por un momento, pues una vez que el período de reconstrucción termine, la presión para encontrar salidas a ala inversión resurgirá y una vez más se presentará la amenaza de que falle la economía para mantener altos niveles de inversión y ocupación."

Los economistas, excepto parte de los marxistas y de los schumpeterianos habían olvidado que la expansión de los 50 y 60 fue preparada por la destrucción de la guerra mundial. Detrás del "milagro japonés" estaban Hiroshima y Nagasaki, las bombas atómicas y su destrucción. Detrás del "milagro alemán" estaba la destrucción de Alemania y de Europa. Hitler no triunfó pero, de la guerra renació el capitalismo aunque hubiera perdido - transitoriamente - una parte del mundo.

Aunque antes de 1968 fue posible de todos modos estudiar la ocurrencia de crisis cíclicas en Estados Unidos, Francia, Inglaterra o Italia y economistas como Mienschikov o Mandel hicieron minuciosos análisis sobre ellas, la aparente no ocurrencia de recesiones en Japón hasta 1965 y los poderosos auges en Estados Unidos y Europa Occidental permitieron hablar del éxito keynesiano para evitar o controlar las crisis. Sin embargo Mienschikov (1970: 80 s.s.) pudo prever el final del crecimiento sosegado del Japón y la agudización internacional de las crisis capitalistas. La verdad saltó tras las crisis de 1967-68, 1974 y 1980-83. Entonces a los ministerios de Economía volvieron los monetaristas neoliberales, los "Chicago boys"(2), que contra Keynes pregonaron dejar a la economía a sus libres "leyes", pero evitando el exceso de dinero y de crédito. Para ellos fueron "ajustes necesarios", lo que para millones de personas fueron desastres.
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* Nota de actualización:
Tras la hegemonía económica y militar de EE.UU. y Europa, tras las políticas de una nueva forma de neocolonización por medio de las estrategias prescriptivas de la globalización neoliberal, tras la la sobreexplotación a los trabajadores asalariados de todo el planeta y la ruina a de millones de pequeños productores agrarios, tras la disolución de la URSS y del bloque socialista, tras la crisis capitalista en el sudeste asiático, Latinoamerica y Rusia, tras las guerras del Golfo, Yugoslavia, Afganistán e Irak, tras el surgimiento de nuevas potencias económicas como Brasil, India y China; las grandes potencias económicas de EE.UU. y Europa han entrado en situación crítica que está llegando a médula misma de sus economías y por lo que se considera el fin del fundamentalismo del mercado, construido en todo el mundo durante la era de Reagan, la Thatcher, Kohl, Yeltsin, Suharto y Pinochet; entonces, si se rememora a Kondratieff y Schumpeter, cabe preguntarse:
¿Está dando vuelta la vuelta el ciclo largo, otra vez?
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Autor: (1997)Héctor Mondragón: http://www.gratisweb.com/ciclocrisis/index.htm
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*(2008) Notas de actualización, correcciones y adaptaciones: Rodolfo-J. Rodríguez-R. (4/5/2008): http://cognoscibilidad.blogspot.com/
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(1)
Ni el propio Ricardo opinaría lo mismo si se enterara sobre los estudios de vivienda en Colombia, según los cuales en las crisis de la construcción, como la de 1996-99 y la de 1979-82, a la vez que se registra una demanda insatisfecha de vivienda popular, aquella que es imprescindible para subsistir, hay a la vez superproducción de vivienda suntuaria, aquella que forma parte de "las comodidades y bellezas de la vida" y que los urbanizadores no tienen a quien vender a pesar de su suntuosidad. Los que tienen casa la pierden por deudas y los que no tienen no pueden comprarlas. La gran depresión latinoamericana de comienzos de los 80 se registró después de quince años de distorsión hacia la producción de bienes suntuarios para el consumo de los ricos y de los sectores de ingresos medio-alto. Todo esto refuta la idea de que se puede combatir la crisis de superproducción mediante el lujo.

(2) Referencia a la Escuela de Economía de Chicago  partidaria del libre mercado desde mediados del siglo XX. Fue liderada históricamente por George Stigler y Milton Friedman. En alguna medida, el pensamiento económico de esta escuela, se encuentra ligado a las teorías de la Escuela Austríaca de Economía. En el campo económico se le suele relacionar con la teoría neoclásica de precios y el rechazo al keynesianismo en favor del monetarismo, a la vez que es conocido su rechazo por las regulaciones económicas y su apoyo al liberalismo económico. En la metodología, sus estudios suelen estar más basados en el uso de estadística antes que en la teoría. En el aspecto político suele ser ligada a las corrientes libertarianas norteamericanas.
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