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La oclocracia nepotista de Oscar Arias

Por Episteme - 6 de Julio, 2008, 22:09, Categoría: Economía costarricense

Gobernar es escoger… lo que conviene a los Arias
Por: Alvaro Montero Mejía(*)


Como todos los lunes, desde que Oscar Arias escogió cerrar el programa Diagnóstico que durante 17 años dirigimos en el canal 13, hemos venido aquí a exigir la restitución de la libertad de opinión, la que un denominado premio Nobel de La Paz se atrevió a violentar.

Lo hizo para no enfrentar el pensamiento crítico que algunos de los más notables intelectuales y científicos de nuestro país, le opondrían a otra escogencia suya: la de convertir a Costa Rica una factoría al servicio de las corporaciones y al pueblo costarricense, en un conglomerado ignorante de la realidad y sumergido en la sociedad de consumo.


Durante buena parte de los siglos XVII y XVIII, la India fue el principal productor de telas del mundo. Las flotas mercantes de Europa occidental, transportaban hasta sus mercados millones de metros de paño provenientes de la India. Pero en unos pocos años, ese comercio terminó, porque se inició la producción maquinizada de telas en Manchester. Los productores artesanales de la India se arruinaron y pronto el flujo comercial se invirtió. La India comenzó a comprarle a Inglaterra, las miles de toneladas de telas que necesitaba para vestirse.

El gran economista clásico Sismondi de Sismondi, se preguntaba: ¿y de donde cogía la India el dinero necesario para comprarle a Inglaterra las telas que necesitaba? Y el mismo Sismondi se respondía: muy sencillo, decía, Inglaterra les prestaba a los hindúes el dinero que necesitaban para comprarle.

Cuando en 1985 se comenzó a discutir en la Asamblea Legislativa el primer Programa de Ajuste Estructural con el Banco Mundial, una de las razones que di en aquel entonces, para oponerme a su aprobación, era que se hablaba insistentemente de hacer ahorros en los servicios públicos y en los gastos del Estado, al tiempo que se alentaba el consumo y la importación de bienes y servicios producidos en los Estados Unidos. Ni más ni menos que la misma concepción puesta en práctica por el capitalismo de las metrópolis a través de su historia.

Pero la naturaleza de los mercados contemporáneos se ha modificado sustancialmente y el capitalismo desarrollado monopoliza, en su casi exclusivo beneficio, la nueva revolución científica y tecnológica de nuestros días. Desde la informática, el genoma humano, la ingeniería genética o la nanotecnología, hasta los viajes espaciales y la futura explotación de los recursos de los planetas más cercanos, todo es convertido en mercancía y comercio por el capitalismo desarrollado.

Pero ese mundo rico y poderoso, formado por la décima parte de la humanidad, ha entrado en una nueva y profunda crisis. Para aliviarla, necesitan activar su economía y eso sólo se logra si venden cada vez más; si logran inundar los mercados del Tercer Mundo, de toda la basura tecnológica y los bienes suntuarios con que han construido la sociedad de consumo. La propia crisis alimentaria se convierte para ellos en un nuevo instrumento para someter a nuestros países. El mundo rico, con los Estados Unidos a la cabeza, han generado la agricultura más próspera y desarrollada del mundo. Hoy sus agricultores se alegran, porque convertir alimentos en combustibles, ha triplicado el precio de sus cosechas. Con las Cartas de Intenciones del FMI o los programas del Banco Mundial, su plan no era sólo vendernos bienes manufacturados, sino convertirnos en importadores netos de alimentos. El más perverso y despiadado Secretario de Estado de las últimas décadas, Henry Kissinger, lo dijo sin el menor escrúpulo: "controla el petróleo y controlarás a los estados; controla los alimentos y controlarás a la gente".

Esta misma semana, el periódico El Financiero, publica una página alarmante; el Citibank y la Corporación Financiera Holandesa para el Desarrollo, le conceden al grupo M. (Importadora Monge, Almacenes el Verdugo, Play y el Gallo más Gallo), un crédito por $100 millones de dólares. Entre los que colaboran con la gestión de ese crédito, está el Banco Internacional de Costa Rica, propiedad del Estado. Semejante gestión y movimiento de dinero, no habría sido posible sin el apoyo y autorización del Banco Central. La nota de prensa del pasado 21 de junio, le da un tono altruista a la transacción; algo así como permitirles a los hogares humildes dotarse de electrodomésticos. O sea, que ellos son su mercado meta; los humildes pagarán la fiesta.

Gracias a esos $100 millones de dólares, concedidos merced a esa política que el gobierno de los Arias respalda, los pobres consumidores costarricenses y centroamericanos pagarán integralmente, a pagos polacos y altas tasas de interés, toda la basura tecnológica que estará disponible en centenares de tiendas. No tenemos nada contra el comercio, simplemente señalamos el hecho económico, financiero y político, que tendrá terribles consecuencias entre las personas de menores ingresos. Política insólita, que consiste en hacerles pagar a nuestros pueblos los $100 millones del crédito, más los millones de los comisionistas, más los millones de los intereses, más los millones de las utilidades, a costa de inundar de chucherías y aparatos inútiles a los pobres centroamericanos, sumidos en la peor crisis alimentaria de nuestro tiempo. Contradicción insalvable; crédito abundante para comprar baratijas y crédito a cuentagotas para producir alimentos.

Que justo el lema de "Costa Rica Solidaria": ¿En situaciones precARIAS? Reclámele a los Arias.


(*) Doctor en Economía, catedrático de la Universidad de Costa Rica
Disponible
:
http://www.argenpress.info/nota.asp?num=056676&Parte=0


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