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7 de Julio, 2008

Escasez en época de abundancia

Por Episteme - 7 de Julio, 2008, 2:07, Categoría: Economistas

Escasez en época de abundancia
Joseph E. Stiglitz(*)

Hemos tratado nuestros recursos más preciosos como si fueran gratuitos


NUEVA YORK – En todo el mundo aumenta el número de protestas por el alza de los alimentos y los combustibles. Los pobres, e incluso las clases medias, ven que sus presupuestos se hacen insuficientes a medida que la economía mundial se desacelera. Los políticos desean responder a las legítimas inquietudes de sus votantes, pero no saben qué hacer.

En los EE. UU., tanto Hillary Clinton como John McCain tomaron el camino fácil y apoyaron una suspensión del impuesto a la gasolina, al menos por el verano. Solo Barack Obama se mantuvo firme y rechazó la propuesta, que no habría hecho más que aumentar la demanda de gasolina, lo cual contrarrestaría el recorte de impuestos. Sin embargo, si Clinton y McCain estaban errados, ¿qué habría que hacer? Uno no puede sencillamente hacer oídos sordos a quienes sufren. En los EE. UU., los ingresos reales de la clase media todavía no se recuperan a los niveles que tenían antes de la última recesión, en 1991.

Cuando George Bush fue elegido, afirmaba que los recortes de impuestos a los ricos solucionarían todos los problemas de la economía. Los beneficios del crecimiento económico impulsado por ellos se propagarían a todos los niveles. Estas políticas se han puesto de moda en Europa y otros lugares, pero han fracasado. Se suponía que los recortes de impuestos estimularían el ahorro, pero los ahorros de los hogares de Estados Unidos se han desplomado a cero. Se suponía que iban a estimular el empleo, pero la participación de la fuerza de trabajo es menor que en los años 90. Si hubo crecimiento, benefició solo a unos cuantos privilegiados.


Juegos financieros. La productividad creció durante un tiempo, pero no se debió a las innovaciones financieras de Wall Street. Los productos financieros que se crearon no gestionaron el riesgo, sino que lo aumentaron. Eran tan poco transparentes y complejos que ni Wall Street ni las agencias de clasificación podían evaluarlos adecuadamente. Mientras tanto, el sector financiero no pudo crear productos que ayudaran a la gente común a gestionar los riesgos que enfrentaban, incluidos los riesgos de poseer una propiedad. Es probable que millones de estadounidenses pierdan sus casas y, con ellas, los ahorros de toda una vida.

En el centro del éxito de Estados Unidos está la tecnología, simbolizada por Silicon Valley. La ironía es que los científicos que crean los avances que permiten el crecimiento basado en la tecnología, y las firmas de capital de riesgo que lo financian, no fueron quienes recibieron lo mejor de los beneficios de los días de auge de la burbuja inmobiliaria. Estas inversiones reales se han visto opacadas por los juegos que han absorbido a la mayoría de los participantes de los mercados financieros.

El mundo debe reevaluar cuáles son las fuentes del crecimiento. Si las bases del crecimiento económico radican en la ciencia y la tecnología, no en la especulación de bienes raíces o de los mercados financieros, entonces es necesario realinear los sistemas tributarios. ¿Por qué quienes hacen dinero especulando en los casinos de Wall Street tendrían que pagar menos impuestos que quienes ganan dinero de otras maneras? Sobre las ganancias de capital se debería pagar una tasa de impuestos al menos tan alta como la que pagan los ingresos comunes. (En todo caso, estos ingresos obtendrán un beneficio sustancial porque el impuesto no se impone hasta que se perciba la ganancia). Además, debería haber un impuesto sobre las utilidades inesperadas de las compañías petroleras y de gas.

Mayores impuestos. Considerando el enorme aumento de la desigualdad en la mayoría de los países, es adecuado imponer mayores impuestos a quienes han prosperado, para ayudar a quienes han sido perjudicados por la globalización y el cambio tecnológico, lo que además podría paliar las dificultades creadas por el aumento de los precios de los alimentos y combustibles. Los países que, al igual que EE.UU., tienen programas de estampillas de alimentos claramente necesitan aumentar el valor de estos subsidios para asegurar que no se deterioren los estándares nutricionales. Los países que no tienen programas así deberían pensar en crearlos.

Dos factores dispararon la crisis actual: la guerra e Iraq contribuyó al alza sostenida de los precios del petróleo, lo que ocurrió también con la mayor inestabilidad en el Oriente Próximo, que era el proveedor de petróleo a bajos costes, mientras que los biocombustibles han significado que los mercados de la energía y los alimentos están cada vez más integrados. Si bien es bienvenido el énfasis sobre las fuentes de energía renovables, no lo son las políticas que distorsionan la oferta de alimentos.

Los subsidios de los EE. UU. al etanol producido a partir del maíz contribuyen más a los cofres de los productores de etanol que a limitar el calentamiento global.
Los enormes subsidios agrícolas en EE.UU. han debilitado la agricultura en el mundo en desarrollo, donde un porcentaje demasiado bajo de la ayuda internacional apuntó a mejorar la productividad agrícola. La ayuda para el desarrollo destinada a la agricultura ha caído desde un 17% de la ayuda total a apenas un 3% en la actualidad, mientras algunos donantes internacionales reclaman la eliminación de los subsidios a los fertilizantes, lo que dificultaría aún más el que los agricultores con problemas económicos puedan competir.


Los países ricos deben reducir, si es que no eliminar, las políticas energéticas y agrícolas que distorsionan el mercado, y ayudar a los países más pobres a mejorar su capacidad de producir alimentos. Pero este es tan solo un punto de partida: hemos tratado nuestros recursos más preciosos –el agua potable y el aire– como si fueran gratuitos. Solo nuevos patrones de consumo y producción (es decir, un nuevo modelo económico) puede dar respuesta a este problema de recursos más fundamental.


(*)Joseph E. Stiglitz, profesor de Economía en la Universidad de Columbia, recibió el Premio Nobel de Economía en el 2001. Su libro más reciente, escrito en colaboración con Linda Bilmes, es "The Three Trillion Dollar War: The True Costs of the Iraq Conflict".

Disponible en:

http://www.nacion.com/ln_ee/2008/junio/29/opinion1597666.html



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No es una nueva crisis, es "La Crisis" de la economía Global

Por Episteme - 7 de Julio, 2008, 1:47, Categoría: Crisis financiera

El tren desbocado de la economía
Kenneth Rogoff(*)



CAMBRIDGE –La economía global es un tren desbocado que está reduciendo su velocidad, pero no lo suficientemente rápido. Eso es lo que el extraordinario aumento de los precios del petróleo, los metales y los alimentos nos está gritando en la cara. El espectacular e histórico auge económico global de los últimos seis años está a punto de llegar a un abrupto fin.

Lamentablemente, nadie –y ciertamente no en Asia ni en los Estados Unidos– parece dispuesto a tomar el toro por las astas y ayudar a diseñar la retirada, que necesariamente debe ser un esfuerzo coordinado, para volver a un crecimiento sostenido por debajo de la tendencia, lo cual es necesario para que los nuevos suministros de productos básicos y sus alternativas puedan ponerse al día con la demanda.

En lugar de ello, los Gobiernos tratan de prolongar con garras y uñas auges insostenibles, empujando más aún los precios de los productos básicos al alza, y elevando el riesgo de que se produzca un caos financiero y económico sin precedentes. Todo este asunto no tiene por qué terminar horriblemente, pero las autoridades de la mayoría de las regiones tienen que comenzar a poner un buen pie en el freno, no en el acelerador.


Buscar liderazgo en Estados Unidos en un año de elecciones presidenciales es una tarea sin sentido. Por el contrario, el Gobierno de Estados Unidos ha estado entregando cheques de descuento a los impuestos para que los estadounidenses compren hasta que les dé infarto, y ahora en el Congreso se habla de prolongar la fiesta. Tampoco hay que buscar en los mercados emergentes. Desesperados por sostener su boyante ritmo político y económico, la mayoría ha adoptado una amplia variedad de medidas para evitar que sus economías sientan todo el golpe de las alzas de los precios de los productos básicos. Como resultado, estos son absorbidos por colchones fiscales, en lugar de limitar la demanda.

Una vía injusta. Me deja perplejo el que tantos supuestos expertos parezcan pensar que la solución es que todos los Gobiernos, tanto ricos como pobres, entreguen todavía más cheques y subsidios para que el auge siga. Las políticas de estímulo keynesiano pueden ayudar a reducir las dificultades de países individuales que actúen por separado, pero si cada país intenta estimular el consumo al mismo tiempo, las cosas no van a funcionar. Un aumento general de la demanda global no hará más que reflejarse en un alza de los precios de los productos básicos, con pocos efectos útiles sobre el consumo. ¿No es acaso obvio? Sí, hay todavía una crisis financiera en Estados Unidos, pero avivar la inflación es una manera increíblemente injusta e ineficaz de enfrentarla.

Algunos banqueros centrales nos dicen que no hay que preocuparse, porque serán mucho más disciplinados que los bancos centrales de la década de 1970, cuando el mundo enfrentó un alza similar de los precios de los productos básicos. Sin embargo, esta vez es diferente.  El problema de los precios de los productos básicos ha persistido tercamente, a pesar de las importantes reformas institucionales en las políticas macroeconómicas en todo el mundo.

El arribo histórico de nuevos participantes en la fuerza de trabajo global, cada uno aspirando a estándares de consumo occidentales, simplemente está empujando el crecimiento global más allá de lo que se puede considerar seguro. Como resultado, las limitaciones a los recursos básicos que antes esperábamos enfrentar a mediados del siglo XXI nos están afectando ahora. Espere un segundo, podría usted decir.

¿Por qué nuestras economías de mercado maravillosamente flexibles no pueden adaptarse a estos problemas? ¿Los altos precios no deberían hacer que las personas sean más cautas en su consumo y busquen nuevas fuentes de oferta?

Sí, y eso fue lo que terminó ocurriendo con la oferta de energía en los años 80. Pero el proceso toma tiempo y, debido al creciente peso de economías de mercado emergentes y relativamente inflexibles en el consumo global, probablemente el ajuste demore más que hace unas cuantas décadas. Los exportadores de petróleo y China han representado dos tercios del crecimiento global de la demanda de petróleo en los últimos años.

Los consumidores de los países ricos están respondiendo a los mayores precios de la energía, y esto ayuda. Por ejemplo, en los últimos seis meses la ciudad de Nueva York ha tenido una reducción de quizás un 5% de los vehículos privados que entran a la ciudad. Los embotellamientos sin posibilidad de movimiento han disminuido, y en estos días casi es posible recorrer la ciudad en automóvil.

La principal limitación. Sin embargo, la respuesta es más lenta en casi todo el resto del mundo. Ciertamente, no se ha hecho más fácil circular en automóvil en lugares como São Paulo, Dubái y Shanghái. Por una variedad de razones, la mayoría relacionadas con la intervención gubernamental, de pocas economías de mercados emergentes, se puede decir que tengan una demanda flexible de los recursos, de modo que las alzas en los precios de los productos básicos no están teniendo un efecto particularmente importante sobre la demanda.

Los banqueros centrales que nos dicen que no nos preocupemos por la inflación, apuntan a la relativa estabilidad de los salarios. Por lo general, las expansiones comienzan a contraerse cuando la mano de obra se vuelve demasiado escasa y costosa.

Sin embargo, la expansión actual es excepcional en cuanto a que, debido a circunstancias únicas (en la era moderna), las limitaciones de la mano de obra no son un problema. Por el contrario, la fuerza de trabajo global eficaz no hace más que crecer. No, esta vez los recursos básicos son la principal limitación más que un problema secundario, como lo eran en el pasado.

Por eso es que seguirán en ascenso hasta que el crecimiento mundial se desacelere por un periodo lo suficientemente prolongado como para que las nuevas opciones de oferta y conservación puedan alcanzar los niveles de la demanda.

Esta economía global que semeja un tren desbocado tiene todas las marcas características de una gigantesca crisis en ciernes, tanto en lo financiero como en lo político y económico.

¿Encontrarán las autoridades alguna manera de lograr la necesaria coordinación internacional?
 Hacer un diagnóstico correcto es la manera de comenzar. El mundo como un todo necesita una política monetaria y fiscal más estricta. Es el momento de aplicar los frenos a este tren desbocado, antes de que sea demasiado tarde.



(*) Kenneth Rogoff es profesor de Economía y
Políticas Públicas en la Universidad de Harvard,
y fue economista en jefe del FMI.
Project Syndicate, 2008. www.project-syndicate.org
Traducido por David Meléndez Tormen@nacion.com

Disponible en:
http://www.nacion.com/ln_ee/2008/julio/06/opinion1607238.html



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Top 100 intelectual

Por Episteme - 7 de Julio, 2008, 0:04, Categoría: General

Eligieron a los cien intelectuales
más influyentes del mundo



Como el reflejo de un mapa político y cultural transformado, los diez primeros puestos en el listado de los 100 intelectuales más influyentes del planeta están ocupados por líderes políticos y religiosos, filósofos y escritores vinculados con el mundo islámico.

El ranking de los "100 intelectuales públicos" más relevantes del mundo, conocido, estuvo organizado por segunda vez -la primera elección había sido en 2005- por las revistas Foreign Policy y Prospect, que propusieron en mayo pasado un listado de personalidades y lo sometieron al voto online de sus lectores.

Unas 500.000 personas -"una avalancha de votantes que nadie esperaba", dijeron- hicieron llegar sus elecciones durante un mes.

En el listado final hay sólo cinco latinoamericanos.

El primer puesto fue para el teólogo turco Fethullah Güllen, un influyente intelectual moderado, tan respetado como resistido en su país, que reside en los Estados Unidos desde 1999. Le siguió Muhammad Yunus, el creador del sistema de microcréditos y premio Nóbel de la Paz, nacido en Bangladesh; y en tercer lugar se ubicó Yusuf al-Qaradawi, un líder espiritual egipcio, conductor de un popular programa televisivo a través de la cadena Al Jazeera. Orhan Pamuk, el escritor turco ganador del Premio Nobel en 2006, sigue en la lista, que incluye además 30 norteamericanos y 30 europeos.

Según Foreign Policy, prestigiosa revista norteamericana creada en 1970, el criterio usado para armar el listado fue simple: "Los candidatos deben estar vivos y todavía activos en la vida pública. Tienen que haberse destacado en sus respectivos campos de estudio y ser capaces de influir en el debate internacional".

En el listado -una muestra de la diversidad que hoy incluye el campo intelectual, y que muchos discutirían- hay escritores, activistas políticos, investigadores científicos, periodistas, economistas, filósofos, jueces, especialistas en ciencias sociales, un estratega militar y hasta un "teleevangelista musulmán". El listado completo puede verse abajo.

Entre los ocupantes de los primeros 20 puestos se encuentra el lingüista y referente de la izquierda mundial Noam Chomsky (puesto 11°), que había encabezado el primer ranking. También, el ex vicepresidente norteamericano y premio Nóbel de la Paz 2007 Al Gore (puesto 12°); el semiólogo y novelista Umberto Eco (puesto 14°), y el hindú Amartya Sen, Premio Nobel de Economía 1998 (puesto 16°).

Cinco latinoamericanos

Cierra esos primeros puestos, con el número 20, el primer latinoamericano de la lista: Mario Vargas Llosa, que la revista presenta como "un gigante de la literatura latinoamericana, un firme convencido del poder de la literatura para exponer la injusticia y la tiranía de las dictaduras".

Los otros intelectuales de la región que aparecen son el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso (35°) y la periodista y escritora mexicana Alma Guillermoprieto (58°), una habitual "maestra" en los talleres de periodismo que organiza la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano de Gabriel García Márquez. También, el músico y compositor argentino-israelí Daniel Barenboim (80°) y el historiador mexicano Enrique Krauze (86°).

El papa Benedicto XVI aparece en el puesto 32°, mientras el filósofo Jürgen Habermas quedó en el puesto 22°, seguido por Salman Rushdie (puesto 23°) y por el sociólogo y filósofo esloveno Slavoj Zizek, en el 25° lugar, entre otros intelectuales europeos.

Hay más nombres conocidos de este lado del mundo, como el escritor sudafricano J. M. Coetzee, ganador del Premio Nóbel en 2003 (53°), y el israelí Amos Oz, en el 72°. O el ex presidente checo y escritor Václav Havel (26°) y el ex ajedrecista y actual activista ruso Garry Kasparov (18°).

Las ciencias sociales y políticas están representadas por el economista francés Jacques Attali (89°), Alain Finkielkraut (99°), y los norteamericanos Francis Fukuyama (43°), Samuel Huntington (28°) y Paul Krugman (30°).

El lugar de la mujer

Sólo se cuentan once mujeres en el listado. Entre ellas, la actual rectora de la Universidad de Harvard, Drew Gilpin Faust (51°), la primera mujer en llegar a ese cargo, historiadora especializada en la Guerra Civil norteamericana, y la periodista Samantha Power (73°), ex asesora en temas de política exterior del candidato Barack Obama.

Las ciencias biológicas y naturales aportaron, entre otros, a J. Craig Venter, el director de Synthetic Genomics, que compite con el Proyecto Genoma Humano, en el puesto 71°.

"Parte de ser un «intelectual público» está en tener talento para comunicarse con un público amplio y diverso", dice Foreign Policy, al relatar cómo varios de los integrantes de la lista se ocuparon de promover sus nombres y conseguir votos. Algunos, como Noam Chomsky, promocionaron el ranking en sus páginas web personales. Otros prepararon gacetillas para la prensa o dieron entrevistas en diarios.

Pero el más eficiente fue quien llegó al primer puesto: Fethullah Gülen. En mayo, la iniciativa del ranking apareció en la portada del diario turco Zaman, cercano a Güllen. Durante ese día, los votos en su favor comenzaron a acumularse en la página web de la revista. "Sus votantes no sólo querían apoyar a su campeón, sino también a otros musulmanes en la lista", comenta la publicación.


Raquel San Martín (La Nación - Buenos Aires)


LA LISTA Entre paréntesis: * indica nuevo, un número indica el lugar ocupado antes.

1 Fethullah Gülen () 2 Muhammad Yunus () 3 Yusuf Al-Qaradawi (56) 4 Orhan Pamuk (54) 5 Aitzaz Ahsan () 6 Amr Khaled () 7 Abdolkarim Soroush (15) 8 Tariq Ramadan (58) 9 Mahmood Mamdani (*) 10 Shirin Ebadi (12)

11 Noam Chomsky (1) 12 Al Gore () 13 Bernard Lewis (34) 14 Umberto Eco (2) 15 Ayaan Hirsi Ali 16 Amartya Sen (8) 17 Fareed Zakaria (35) 18 Garry Kasparov () 19 Richard Dawkins (3) 20 Mario Vargas Llosa (29)

21 Lee Smolin (*) 22 Jürgen Habermas (7) 23 Salman Rushdie (10) 24 Sari Nusseibeh (65) 25 Slavoj Zizek (23) 26 Vaclav Havel (4) 27 Christopher Hitchens (5) 28 Samuel Huntington (28) 29 Peter Singer (33) 30 Paul Krugman (6)

31 Jared Diamond (9) 32 Pope Benedict XVI (17) 33 Fan Gang (82) 34 Michael Ignatieff (37) 35 Fernando Henrique Cardoso (43) 36 Lilia Shevtsova () 37 Charles Taylor () 38 Martin Wolf (*) 39 E.O. Wilson (31) 40 Thomas Friedman (16)

41 Bjørn Lomborg (14) 42 Daniel Dennett (24) 43 Francis Fukuyama (21) 44 Ramachandra Guha () 45 Tony Judt () 46 Steven Levitt () 47 Nouriel Roubini () 48 Jeffrey Sachs (27) 49 Wang Hui () 50 V.S. Ramachandran ()

51 Drew Gilpin Faust () 52 Lawrence Lessig (40) 53 J.M. Coetzee (44) 54 Fernando Savater () 55 Wole Soyinka (66) 56 Yan Xuetong () 57 Steven Pinker (26) 58 Alma Guillermoprieto () 59 Sunita Narain (80) 60 Anies Baswedan (*)

61 Michael Walzer (68) 62 Niall Ferguson (45) 63 George Ayittey () 64 Ashis Nandy () 65 David Petraeus () 66 Olivier Roy () 67 Lawrence Summers (60) 68 Martha Nussbaum (53) 69 Robert Kagan (62) 70 James Lovelock (71)

71 J Craig Venter (74) 72 Amos Oz (59) 73 Samantha Power () 74 Lee Kuan Yew () 75 Hu Shuli () 76 Kwame Anthony Appiah () 77 Malcolm Gladwell () 78 Alexander De Waal () 79 Gianni Riotta () 80 Daniel Barenboim ()

81 Thérèse Delpech () 82 William Easterly () 83 Minxin Pei () 84 Richard Posner (32) 85 Ivan Krastev () 86 Enrique Krauze (85) 87 Anne Applebaum () 88 Rem Koolhaas (51) 89 Jacques Attali () 90 Paul Collier (*)

91 Esther Duflo () 92 Michael Spence () 93 Robert Putnam (77) 94 Harold Varmus (94) 95 Howard Gardner (70) 96 Daniel Kahneman (64) 97 Yegor Gaidar () 98 Neil Gershenfeld (87) 99 Alain Finkielkraut (81) 100 Ian Buruma ()

Los únicos que mantienen idénticas posiciones en 2005 y 2008 son Samuel Huntington (28) y Harold Varmus (94). Excluidos los nuevos entrantes, el mayor avance fue 53 lugares para Yusuf Al-Qaradawi, de 56 a 3. El mayor retroceso de 52 lugares fue el de Richard Posner, de 32 a 84.

Original disponible en:
www.prospect-magazine.co.uk/article_details.php?id=10261


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