Web-Blog

Epistemología



Rodolfo-J. Rodríguez R.

rodolfojrr@gmail.com

about.me/rodolfojrr

San José, Costa Rica,

América Central




 


Calendario

<<   Julio 2008  >>
LMMiJVSD
  1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31    

Subscripción

Sindicación

Ciencias y tecnologías económicas

Latindex

Programas de investigación filosófica

BCCR y las bandas cambiarias de la moneda costarricense

Por Episteme - 24 de Julio, 2008, 9:57, Categoría: Economía costarricense

Tómese su rato
Don BCCR, don FMI, don F, don BC, doña M de H, una foto y un paraguas…
Ronulfo Jiménez(*)

El país en donde vive don BCCR, es muy lluvioso. Por eso, don BCCR, así conocido por las iniciales de su distinguido nombre, tenía mini- paraguas que lo protegían de los terribles aguaceros tropicales. Un día volvió a ver su colección diaria de miniparaguas y la vio muy agotada. Le entraron, de inmediato, unas tremendas ganas de comprarse un nuevo paraguas. Empezó a imaginarse todos los defectos de su colección de minis. Incluso, llegó a insinuar –afirmar no, porque a don BCCR le entró la manía de hablar a medias, por temor a lo que especularan de él– que su inflada figura era causada por la colección de minis y no por su voracidad en la mesa.

Además, llegó su amigo, don FMI, especialista en recetas para bajar la hinchazón y la gordura, y le trajo la lista de personas de categoría que habían comprado nuevos modelitos de paraguas. Los había a dos bandas y flotantes. Toda una corronguera.
Don F, como le decían solo los íntimos, le trajo panfletos y recetas para que pudiera ponerse a la moda internacional y dejar atrás la moda furris. Convencido, don BC –también solo para los íntimos– decidió comprarse un paraguas a dos bandas con una imagen en la que San Francisco nadaba apaciblemente en una pequeña laguna entre ballenas, tiburones y otros peces menores. Con tanto entusiasmo, BC no le puso mucha atención a los posibles defectos del paraguas o a las complicaciones de su funcionamiento.

Antes de comprarse el paraguas, don BCCR le tomó una foto. Se veía como una culebrita que subía y bajaba armoniosamente entre el techo y el piso de las bandas. BCCR iba mostrando la foto a sus amigos en todos los eventos que organizó para mostrar su triunfal entrada a la moda internacional y prometer que, con el paraguas, su inflación desaparecería como por arte de magia, sin esfuerzo alguno y sin más dietas, ni ejercicios. Era, por decir lo menos, cosa de magia con un poquito de misterio. Además, entre las dos bandas habría protección y abrigo para más de 4 millones de sus compatriotas.

Al día siguiente. Al día siguiente de inaugurado el paraguas, don BCCR se dio cuenta de su tragedia: el paraguas no flotaba y tercamente permanecía en el suelo y, en lugar de volar entre sus bandas, amenazaba con irse entre un guindo cercano. De eso don F no le había dicho nada. Ese era el defecto de don F: pensar que sus recetas siempre funcionaban en cualquier lugar. Pero, como en la canción, el nuevo paraguas se negaba a volar arrastrando la cobija y ensuciando el apellido de don BC.

Por más que don BCCR volvía a ver la foto de la culebrita, el paraguas nuevo, el flamante paraguas flotador seguía en el piso. Y ahora, ¿qué decir? Se preguntó don BCCR para sus adentros: ¿decir que el nuevo paraguas no funciona o que yo no sé cómo hacerlo flotar? Eso nunca. BCCR recordó el consejo de un amigo infiel: negarlo siempre todo. Por eso, cuando le preguntaban a don BC por qué no volaba su paraguas, él decía: "Es que ustedes no me escucharon bien, yo ya había advertido que al inicio hay que tomarse su rato, porque el paraguas es tan bueno que tiene apertura retardada, como las bóvedas de las sucursales bancarias.

Don BCCR, desesperado, como un niño al que no le funciona su juguete en Navidad, se dijo: "Si bajo el piso, se podría ver al paraguas flotar y, entonces, yo habría demostrado que ¡sí flota!". De todas formas, en este país a todo le bajan el piso. ¿Por qué no bajarle el piso a mi juguete preferido? Ni lerdo, ni perezoso, bajó el piso. Lo hizo dos veces y más bien resultó peor porque el paraguas, en lugar de mantenerse en la posición anterior, se hundió junto con el piso y no flotó como en la foto.

Estamos en trance. En todo caso, delante de los descreídos, don BCCR siempre decía: "Tal como yo lo dije al principio y ustedes no lo escucharon por despistados, estamos en trance". Un chapulín del mercado central, cercano a la señorial residencia de don BC, decía que era en trance para levitar. Pero qué va, el paraguas ni levitaba ni flotaba y don BCCR seguía preocupadísimo sin creerse ya ni sus propias explicaciones. Don BCCR se dijo: ¿Qué más hago para que mi nuevo juguete a dos bandas funcione? Se le ocurrió bajar su interés. Don BCCR ya no tenía interés en casi nada. Excepto, en su paraguas a dos bandas. Con tan bajo interés demostrado por don BC, a todos los compatriotas les entro un súbito interés por comprar de todo: carros, casas, comida fina, fincas. Esto puso muy furioso a don BC, quien empezó a echar la culpa del jolgorio a unos vecinos grandulones y a otros más enanos que eran los que les prestaban la plata a los demás para financiar, según don BC, semejante despilfarro. Ese había sido otro consejo de su amigo infiel: apurarse a repartir las culpas, antes que lo culpabilicen a uno.

El fracaso de don BC con su paraguas nuevo no se notaba mucho, porque hacía muy buen clima dentro y fuera de las fronteras del país y, por ello, mientras no lloviera no era importante que el paraguas no sirviera.

Ayudaba mucho que doña M de H, la pareja de don BCCR, que siempre había tirado el dinero a raudales, se había convertido y, en lugar de despilfarrar como antes, ahora con abnegación y devoción matrimonial le daba sus ahorros a don BCCR para que mantuviera su inservible y costoso paraguas. Pero el mundo es ingrato, muy pocos le reconocieron a doña M de H su buen comportamiento.

Además de decepcionado, don BCCR estaba más inflado que antes y cada mes que pasaba le advertían que, si seguía así, al final del año iba a estar más obeso que nunca. Esto no le gustaba para nada a sus 4 millones de vecinos. Esto sí era una complicación para don BC porque su inflación se notaba y se sentía. Lo peor era que había prometido que con el nuevo paraguas la molesta gordura dejaría de existir, o que al menos se reduciría. Al principio, don BCCR pensó que si usaba otra báscula de marca ISI, su obesidad no sería tan notoria. Pero esa explicación duró poco, porque también su inflación aumentó con la báscula marca ISI.

La miseria humana. Así las cosas, don BCCR seguía inflado cada vez más y con su paraguas en el suelo. Las malas noticias externas del petróleo, el arroz, los frijoles y el maíz lo inflaban realmente más, pero le daban motivo para echarles la culpa y decir que el mal era de muchos y que venía de lejos. En medio de esto vinieron los aguaceros de mayo. Del norte soplaron vientos de huracán. Un temporal fuerte, pero ,¡aleluya!, con el mal tiempo, el paraguas se abrió, pero, en lugar de volar apacible entre las bandas, empezó a dar abruptos saltos. A pesar de ello, al puro principio, don BCCR con el paraguas en la mano gritó: ¡milagro! El chapulín del mercado central, que también se había convertido, dijo: ¡aleluya!, esto es mejor que el milagro del paralítico que se convirtió en maratonista. Pero, como queda dicho, el paraguas no flotó como en la foto, que va: brincó amenazante y corrió. ¡Qué pichazo!, dijo un malhablado de los del Boulevard. Esos del Boulevard son unos vagabundos que se la pasan todo el día viendo el paraguas de BCCR y sacándole chistes, tanto si yace inerte en suelo como si pega brincos entre las bandas.

Pero lo que es la miseria humana, las alegrías duran poco: después de tanto esperar a que su paraguas desplegara las alas y volara, don BCCR se asustó al verlo obscenamente abierto y flotando hacia los negros nubarrones. Con el milagro todos estaban asustados, algunos golpeados y otros aplaudían.

Sin duda, después de tanta espera y frustración, el más aturdido era el propio don BC, quien como madre trastornada, optó por darle algunos golpes –agresiones, gritaron los del PANI– porque estaba muy abierto y tendiendo hacia las nubes. El paraguas, que había pasado año y medio sin volar, sufrió la paliza por no comportarse como la culebrita de la foto y, en lugar de ascender y descender majestuoso entre las bandas, andaba pegando inelegantes brincos. Don BCCR le echó las culpas del fracaso a los dibujos de las ballenas y a los tiburones que tenía el paraguas. Para sus adentros se dijo: "A San Francisco se lo van a comer los tiburones".

El destino del paraguas. Ahora ya no se sabe el destino del paraguas. Para unos está roto e inservible ya que, además de los problemas iniciales que tenía, las intervenciones de don BC lo dejaron aún más turulato que siempre. Los más mal pensados del barrio dicen que el paraguas, nacido para ser libre y majestuoso como un águila, flota suciamente, es deci,r vuela como un zopilote.

Lo cierto es que en todo el pueblo, la credibilidad de don BC se vino abajo, lo que es un problema para todos porque, hasta hace poco, don BC era uno de los pocos prohombres del barrio en los que se podía confiar.

Finalmente, cuando a don BC le preguntan por la intervención que le ha hecho al paraguas, se niega a contar la historia, al igual que la empleada que esconde los platos quebrados para evitar pagarlos. En realidad, los que preguntan o critican su obesa figura son los mismos vagos del Boulevard que se pasaban los días sin otra cosa que hacer que ver si el famoso paraguas nuevo de don BC flotaba o se desfondaba y nunca se imaginaron que el paraguas ¡brincaba! Por eso tiene razón don BC cuando dice que ni que el asunto del paraguas a dos bandas fuera un asunto público; es tan privado que don BCCR guarda la historia de la golpiza entre pecho y espalda. ¿Acaso alguno de esos vagos tiene derecho a preguntar lo que no deben, ni lo que no les importa? Razón tiene don BCCR cuando exclama entre dientes: "¡La gente inoportuna me ofende con sus dudas!". En vez de preguntar, mejor que se tomen su rato para esperar lo bien que funcionarán las cosas algún día cuando el paraguas golpeado se mueva como en la foto.

Claro que, como nunca falta un borracho en una vela, hay un borracho que se pregunta: ¿Para qué hay que tomarse el rato? ¡Acaso para adivinar el final de este cuento!

-------------------------------------------
‘Mejor volver a la minidevaluación’
 ¿Cómo evalúa la decisión de estrechar la banda cambiaria?

El sistema de bandas hasta ahora ha sido un fracaso. El tipo de cambio ha estado en el piso, brincando abruptamente, o ahora en el techo. Hay una gran indefinición de cuál es el sistema cambiario vigente. Oficialmente es un sistema de bandas, pero como el Banco se reserva el derecho de intervenir, en forma discrecional, se parece a un sistema de flotación turbia. Como ahora el techo se fijó cerca del nivel máximo alcanzado, el sistema podría terminar pareciéndose a las minidevaluaciones.

“Reducir el ancho de las bandas es positivo, pero hay dos problemas: el Banco ha perdido el capital de credibilidad que tenía al inicio del proceso y hay un problema de transparencia porque el Banco se deja la discrecionalidad actuar dentro de las bandas sin regla alguna y no da información relevante”.

¿Cuál es el camino?

Lo mejor que podría hacer el Banco Central es volver al sistema de minidevaluaciones por dos razones: primero, es un sistema sencillo que el Banco Central sí sabe administrar y, segundo, es un sistema que las personas y las empresas conocen.

Si el tipo de cambio se pega al techo y se vuelve a las minidevaluaciones, ¿puede el Banco Central mantener como principal objetivo el control de la inflación?

En estos momentos, lo prioritario es evitar una crisis cambiaria. El objetivo de inflación lo veo secundario. En todo caso, no son cosas independientes.


(*)Economista, UCR, Exdirectivo del Banco Central de Costa Rica (BCCR)


Permalink :: Comentar | Referencias (0)