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El deterioro de la Seguridad Social en Costa Rica

Por Episteme - 26 de Julio, 2008, 20:34, Categoría: General

A Johnny, compañero indispensable

Ángel Ocampo

Como una amenaza la muerte rastrera deja tras su paso una ausencia que se quiere eterna; una partida que por definitiva siempre desgarra con su gélido "ya no más". Sin embargo, con su temprana y dolorosa despedida, Johnny debilita esta amenaza al recordar el lazo que irremisiblemente atraviesa a los seres humanos. Al fin y al cabo, tan sólo se nos adelantó. Por ello, los íngrimos Héroes o incluso Superhéroes, son incapaces de hacerle siquiera mella a la muerte vulgar. Su engañoso aislamiento perpetúa la opresión sobre una falsa trascendencia. El heroísmo de Johnny estuvo en mantenerse entre los suyos y entre nosotros con la sencillez de un sabio, que no transita el falso camino de los héroes agresores.

En los informales encuentros de compañeros de carrera sabíamos que Johnny, con cierta picardía, haría su propuesta de esos días: el sistema se derrota con la alegría. Al final, lograba su cometido: subvertía el orden de la actividad y sobrevenía la fiesta sin culpa. En el oficio de la docencia itinerante, hicimos dilatadas travesías -Ciudad Neyli, Liberia, Quepos, Puntarenas- durante las cuales me conversaba de las obras recientes en las bibliotecas que serían de mi interés; sobre su oficio de panadero con el cual, ya a temprana edad y desde las dos de la mañana, se agenciaba el sustento de la familia que amorosamente lo cuidó hasta su partida; con indignación analizaba la exclusión social de los PAE´ S, y la lucha social que se sobrevenía. Varias veces comentó apesadumbrado, la capacidad de cooptación del sistema: "¿qué fácil -y barato- se vendieron algunos?" Nunca supe a quienes se refería, pero no era necesario.

Recuerdo haberle dicho que no les pudo ser difícil porque nunca cambiaron; siempre fueron así y siempre estuvieron ahí. Sedientos de figurar, no de ayudar, antes y ahora maltratan al otro enarbolando un revolucionarismo de cafetín, ayuno de las condiciones reales del pueblo al que invocan; con afán desmedido se lanzan sobre cuanta pasarela aparezca, a decir lo mismo en distinto orden, una y otra vez. Junto al individualismo de mercado, esta pose del tipo "yo-contra-el-mundo", cúmulo de odio y rencor solapado contra los humildes, esconde una subyugación e idolatría por los poderosos, detrás de pueriles egolatrías que no conocen de las privaciones reales que empujan a los que luchan, no por esnobismo sino por necesidad.

Contrario a la indolencia y fogoso como fue, no malgastó energías en quejas y reclamos por su suerte; reclamó, eso sí, por la suerte de los otros en los que se sabía incluido. La valentía con la que enfrentó el dolor indecible provocado por su severo quebranto de salud, no mermó su persistente y genuina denuncia del mundo que se erige sobre las espaldas de la mayoría, y vive precisamente de espaldas a ella. Fue una mezcla poco común de dignidad y humildad, de honestidad y tesón, propia de un compañero indispensable a quien la "sensibilidad" excluyente del "yo sí, usted no", le fue ajena; recurrentemente, con su actuar testimoniaba la sensibilidad inclusiva del "yo sí, usted también".

En la que fue mi última visita, horas antes de su muerte, adquirí un compromiso que ahora honro. En medio de su lucha titánica contra el aletargamiento de las drogas inútiles y el dolor infeliz que lo tenía sin dormir ni comer ya casi por una semana, Johnny nos demandó -con todo derecho- que denunciáramos la deshumanización del sistema hospitalario. Me han tratado como un perro -insistió. Con enormes esfuerzos al fin puntualizó: "Otros pacientes me dan el auxilio que los enfermeros me niegan. Me dicen que se les olvidó. ¡Se les olvidó! No fue sólo Memito, un ex alumno mío. ¡Ningún enfermero atiende mis súplicas!" Ya exhausto, redobló esfuerzos y concluyó: "¡sí eso me lo hacen a mí, que saben que soy profesor universitario, qué no están haciendo con la gente humilde! Unos campesinos que venían de Guanacaste los dejaron ahí solos. Yo quiero que esto se sepa. Quieren privatizar la seguridad social". Hasta en su última hora, consecuente hasta su último aliento, Johnny denunció lo que tanto le indignaba: el avasallamiento del que son objeto los humildes.

Si su cuerpo agotado hasta el último aliento no pudo más, nosotros hoy podemos prestarle generosamente el nuestro, y albergar ahí su espíritu para que crezca vigoroso. Cuando logremos testimoniar en nuestras vidas algo parecido a su humildad y valentía, a su tesón y sinceridad, extirpando toda arrogancia y agresión hacia el otro real y concreto, la muerte cobarde habrá sido derrotada. De lo contrario, Johnny nos pasará desapercibido y, nuestra pobreza espiritual, ya desnuda, mostrará tristemente que los muertos hemos sido nosotros.



Disponible en:

http://www.semanario.ucr.ac.cr/

Conferir adicionalmente:

CAJA COSTARRICENSE DE SEGURO SOCIAL VIOLA DERECHOS HUMANOS

LA CAJA, POR EL CAMINO DEL BANCO ANGLO


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