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La Doctrina del "shock" económico se muerde la cola

Por Episteme - 27 de Septiembre, 2008, 22:37, Categoría: Crisis financiera

La Doctrina del "shock"
La periodista Naomi Klein, publicó su último libro: "The Shock Doctrine: The Rise of Disaster Capitalism" (2007). Klein ha sido mejor conocida por su libro del año 2000: "No Logo: Taking Aim at the Brand Bullies", un incisivo y perspicaz informe en torno a la reacción contra los oligopolios transnacionales, orientado a la resistencia frente a la historia-pop fraguada por la perspectiva de sus enormes intereses económicos; que llegó a ser considerado por New York Times como la Biblia del movimiento antiglobalización. Klein en este libro se refiere a "The Shock Doctrine" (La doctrina del Shock), dando una explicación consistente a cómo surgió la doctrina económica, social y política dominante en los últimos treinta años.  Ella da cuenta de cómo las tesis monetaristas en torno al liberalismo económico, sustentadas por Milton Friedman y la Escuela de Chicago, sirvieron de fundamento para los devastadores impactos socioeconómicos de la doctrina de shock, cuando fueron aplicadas desde los 70´s por el régimen de Pinochet en Chile, hasta la última administración de Bush.
Klein afirma que las ideas del
premio Nobel Milton Friedman
y sus colegas los Chicago Boys, están detrás de los acontecimientos ligados a las dictaduras de Chile, Argentina, Brasil y explican Ios motivos subyacentes en la guerra de Irak y los escándalos de la reconstrucción en Nueva Orleans y Sri Lanka. Los Chicago Boys,  para imponer su doctrina de shock económico, han necesitado, del uso de la fuerza del ejército y de la tortura para introducir las iniciativas de libre mercado y privatización extrema cruciales en su doctrina en los países donde han sido llamados como asesores.
La doctrina del liberalismo económico monetarista, la doctrina de shock de los Chicago Boys, o el denominado neoliberalismo, se muestra insolvente para dar cuenta y  plantear estrategias económicas ha seguir, ante la descomunal crisis económica de finales de la primera década siglo XXI y que fue gestada en las entrañas mismas de un monetarismo ciego y autista.
Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal  de EE.UU. (FED), ha señalado que se trata de la  crisis financiera  peor en 50 años y probablemente desde hace un siglo:  "Debemos reconocer que esto (esta crisis) es un evento que se produce una vez cada medio siglo".
El premio Nóbel de Economía Joseph E. Stiglitz (2001) ha escrito: "El Fin del Neoliberalismo", expresando que: "El neoliberalismo, ese revoltijo de ideas basadas en la concepción fundamentalista de que los mercados se corrigen a sí mismos, asignan los recursos eficientemente y sirven bien al interés público. Ese fundamentalismo del mercado era subyacente al thatcherismo, a la reaganomía y al llamado "consenso de Washington" en pro de la privatización y la liberalización y de que bancos centrales independientes se centraran exclusivamente en la inflación". [...] "El fundamentalismo neoliberal es una doctrina política al servicio de intereses privados, no reposa sobre una teoría económica. Es ahora evidente que tampoco reposa sobre una experiencia histórica. Esta lección es el único beneficio que podemos sacar de la amenaza que pesa sobre la economía mundial". Consecuentemente Stiglitz, considera que la crisis originada en Wall Street, ha traído como una caída de dominó a los grandes centros financieros del mundo y ha alcanzado dimensiones dramáticas en el 2008, lo que ha puesto en evidencia que el modelo de fundamentalismo de mercado no funciona y que esta representa el equivalente a lo que fue la caída del muro de Berlín para el comunismo.
Por ello, hoy que se derrumban como un castillo de naipes los centros financieros de Wall Street y de las principales potencias económicas del mundo,  son aquellas que habían exigido a los países periféricos,  seguir "a pie juntillas", la doctrina económica monetarista, la que incluía: la apertura de sus mercados,el libre flujo financiero, la privatización de las instituciones estatales, la competitividad del libre mercado, la disminución del tamaño del Estado y la casi prohibición de la intervención del estado en el mercado (-el pie invisible, lo denominaba Friedman-
), de las subvenciones al sector productivo y del aumento en el gasto público, incluso hacia sectores básicos como la salud y la educación, todo ello en el contexto del Consenso de Washington, el FMI, el BM y la OMC, con el respaldo a las dictaduras militares regionales por parte de los "halcones" de Washington, que causaron muertes y desaparecidos en Latinoamérica, abriendo heridas que aun hoy sangran, infringiendo sin piedad el dolor causado a millones de seres humanos. 
En el 2001,  el FMI, bajo la doctrina de shock monetarista del saneamiento fiscal  de la economía, prohibió el salvataje de las instituciones financieras argentinas, creando una crisis sin precedentes y empobreciendo a millones de argentinos de la noche a la mañana. Una de las principales secuelas que dejó la crisis de 2001 fue el aumento de la inequidad en la distribución de la riqueza en comparación con los demás países de América Latina. A nivel nacional la pobreza alcanzó al 57,5% de la población, la indigencia al 27,5% y la desocupación al 21,5%, todos niveles récord para el país gaucho.
Pero ahora, cuando entran en crisis de las grandes entidades financieras, que se sustentan en gigantescos capitales especulativos, se renuncia abruptamente a las tesis monetaristas, y se decide que es imposible evitar la intervención estatal, pues el libre mercado sin esta intervención que lo sostenga, que le inyecte grandes capitales provenientes del erario público, se viene abajo.
Se hace visible la mano invisible que había propuesto Adam Smith, y se descubre que ha sido invisible, para favorecer el lucro desmedido de los principales agentes sustentadores de un "capitalismo sin trabas". La mano que sostiene el libre mercado es invisible, para evitar los controles gubernamentales, para realizar e inventar nuevos tipos de transacciones riesgosas, que generen multibillonarias ganancias por los movimientos relámpagos de los capitales especulativos. Es invisible para lograr impunemente la explotación laboral de millones de seres humanos, para evitar las normas fiscales y la redistribución social de los capitales nacionales, lo que propicia el aumento significativo de la concentración de la riqueza en unos pocos plutócratas y extendiendo impunemente la pobreza y la miseria entre millones de seres humanos, sin que se pueda encontrar las causas visibles de estas. El capitalismo especulativo y la globalización propiciada por el liberalismo económico, ha llevado a más de 200 millones de personas más alrededor del mundo, a cruzar la línea de la pobreza en los últimos 20 años. Asimismo, su invisibilidad posibilita la dominación y explotación de los recursos naturales, energéticos, humanos y financieros de naciones enteras bajo la piel del libre comercio. Así, a pesar de las maravillas que ostentaban los vestuarios del emperador monetarista del liberalismo económico, hoy develamos lo que era evidente, que:  !este emperador siempre estuvo desnudo¡. 
Queda visible entonces, que los supuestos subyacentes de la doctrina monetarista, se sustentan en una perspectiva  ética, tipificable como un utilitarismo egoísta, conformando una visión de mundo alevosamente perverso,  en tanto ha convertido el egoísmo humano en un acto virtuoso, en  tanto lo "bueno",  es todo aquello que es útil o utilitario para los intereses de lucro individuales, todo lo que sustenta a los individuos "exitosos", sin considerar los medios requeridos para este éxito financiero, y  por otra parte la solidaridad y la cohesión social,  son consideradas como disvalores, propiciadas  por individuos débiles y fracasados, y por sistemas económicos  "no competitivos".  Entonces, cuando  los monetaristas o los Chigago Boys, han abogado  por la tesis medular del liberalismo económico, que es que en el contexto del libre mercado, del libre flujo de capitales, las empresas o instituciones privadas deben optimizar sus ganancias y minimizar  sus pérdidas; guiados por el afán de lucro, más que la búsqueda del bien común o de la distribución equitativa de la riqueza ( -pues se le considera como una distribución de la pobreza inaceptable para los individuos "exitosos" -), aquello que permite el progreso de un sistema económico. Por todo ello, es  medular promover el afán de lucro empresarial o institucional, que permita la competitividad y así obtener la mayor tasa de ganancias posibles;  por lo que para poder lograrlo debe ponderarse, la osadía y la astucia financiera para ganar por encima de los otros. Se necesita entonces asumir una espiral sin fin de nuevos y más grandes riesgos, pues existe existe un principio financiero básico, que establece una proporción directa entre el grado de riesgo adquirido y tasa de ganancia obtenida.  Las empresas y las instituciones financieras  incurrirán en  transacciones o movimientos  con riesgos bajos, moderados o altos, y si son exitosas, tienen todo el derecho a obtener  el nivel de utilidades, de acuerdo al riesgo que han tomado; pero si fracasan, tienen que pagar el precio, asumir las pérdidas, e incluso quebrar y desaparecer en el contexto de la libre competencia. Cuando, los anillos financieros en los últimos 10 años, lograron  obtener descomunales utilidades por medio de nuevos tipos de complejas transacciones riesgosas, esto hizo emerger gigantescas fortunas y a decenas de nuevos "supermillonarios", que llegaron a ser considerados casi como -una mezcla de héroes épicos griegos y santos medievales- cuya vida y milagros debía ser imitada, por todos aquellos que anhelaban ansiosamente entrar en el "Olimpo" o el "Paraíso" prometido por este "capitalismo sin trabas".  Un caso evidente de este paraíso de un capitalismo sin trabas, han sido la gestión de fondos de cobertura o de riesgos (Hedge Funds
). Son unas 1.300 personas, las más ricas de Wall Street, las gestoras de fondos de riesgos o cobertura, que especulan a más no poder con instrumentos derivativos y contratos derivados. En la burbuja de esta elite, 1 dólar de sustento puede llegar a generar 40 o 50 de aire. En 1990 los fondos de riesgo manejaban menos de US$ 40.000 millones. Actualmente se aproximan a un billón, es decir, veinticinco veces más.  Un estudio reciente de Crédit Suisse First Boston advierte que los fondos de cobertura son responsables de casi la mitad de la especulación financiera en Occidente. Este tipo de especulación financiera ha gestado las burbujas, que cuando se han inflado  más allá de sus posibilidades, no resisten y han terminado por estallar.
Casi como una norma revelada y superlativa de la moral de los osados especuladores, tipificados como el modelo de los individuos  "competitivos" o "exitosos", es considerar sin la más mínima dubitación, que la rentabilidad,  las ganancias, las utilidades  deben ser privadas  y pertenecientes de manera exclusiva a aquellos que  ha resultado "ganadores" o han demostrado ser "exitosos" y que todos los demás  que no alcanzaban la meta del éxito financiero, debían resignarse con su miserable destino. Entonces, la pobreza tendría que ser explicada  como un castigo merecido a los individuos sin aspiraciones, sin competitividad,  a los débiles de carácter, vagos y antisociales.  Por ello, la redistribución social de estas ingentes ganancias, debería ser considerada como algo ilegítimo, inmoral, y como un  manifiesto desestímulo a la inversión de capitales privados, por lo que cualquier propuesta fiscal que intente esto, debe ser "anatemizada a priori".   No obstante la ideología del monetarista del individuo exitoso premiado,  en su espiral infinita de lucro, obnubiló a miles de financieros rapaces por billonarias ganancias a corto plazo, y no solo se olvidaron del bien común, sino de obvios avatares financieros como "la incertidumbre", y se olvidaron de tener una sólida teoría económica capaz de explicar satisfactoriamente las relaciones entre capital, trabajo y mercado, quedándose en alevosamente complejas herramientas financieras de corto plazo, que optimizaran el lucro, por medio de instancias "maquiladoras de crédito" y por cualquier medio promovieran un desenfadado y acelerado ciclo de: consumo / despilfarro / desecho, sin consideraciones económicas bien justificadas, ni de lo imprescindible de considerar factores a largo plazo, como los sociales y los ecológicos.
Lo más perverso de la historia,  es que los grandes magnates, involucrados, que quedaron cegados en su cinismo financiero,  se enfrentan a lo que se veía venir mucho tiempo atrás, cuando se desata una descomunal crisis financiera a finales de la primera década del siglo XXI,  que ha llevado a las grandes entidades financieras a pérdidas trillonarias, entonces, los "exitosos" entran en pánico y corren a cobijarse temorosos y temblorosos al amparo de los anillos políticos protectores, moviendo sus pesadas influencias(- por medio de funcionarios que se mueven por una puerta giratoria que los hace pasar ligeramente de puestos ejecutivos del sector financiero privado a puestos  públicos en instancias gubernamentales que fijan las políticas financieras sustentadas en el erario público-), para lograr así,  a toda costa que sus pérdidas, sí sean socializadas, y para ello se realizan compulsivamente intervenciones estatales y nacionalizaciones para salvar a las grandes instituciones financieras privadas que han fracasado en sus transacciones riesgosas, por parte de las autoridades políticas y económicas de Washington y de las otras potencias industriales, con una rapidez y una magnitud, que muestran a los presidentes suraméricanos, adheridos a los ideales del Socialismo del Siglo XXI: Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, en sus acciones de intervención del estado, expropiaciones y nacionalizaciones, como intervencionistas amateurs.

Si los EE.UU. ( - con un agujero fiscal de más de US $53 trillones
-  )  y las otras potencias industriales del mundo fracasan en su intento de salir flote de la actual pandemia económica en la que están sumergidos, y como Estados fallan, se vuelven insolventes y finalmente quiebran, con todas las consecuencias derivadas; el resto del de las grandes masas humanas del mundo, que ha padecido pobreza, hambre y  pauperización por causa de la histórica explotación a que han sido sometidos por centurias; es completamente seguro, que no derramarán ni una lágrima por ellas, y sabrán salir adelante mejor ante los nuevos avatares económicos, que los nuevos millones de pobres y miserables emergidos de los países ex-centrales y ex-económicamente hegemónicos.
Naomi Klein en Argentina 25/04/08- Cap 1
Naomi Klein en Argentina 25/04/08- Cap 2
Naomi Klein en Argentina 25/04/08- Cap 3

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