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Octubre del 2008

La bancarrota capitalista en su apogeo

Por Episteme - 22 de Octubre, 2008, 14:29, Categoría: Crisis financiera

La bancarrota capitalista en su apogeo,

la crisis política mundial en pleno desarrollo(*)



La semana que acaba de transcurrir ha sido la más aleccionadora de la bancarrota capitalista internacional en curso. Es que, en cascada, fracasaron para contenerla todos los planes diseñados por los gobiernos y todas las formas de intervención estatal. No sirvió el paquete de rescate de 700.000 millones de dólares que, con forceps, parió el Congreso norteamericano; no sirvieron las nacionalizaciones parciales en Europa ni la extensión de los seguros para los depósitos bancarios; finalmente, tampoco sirvió de nada la medida, francamente excepcional, de la Reserva Federal de ofrecerse para rescatar a cualquier empresa que lo reclame sin la necesidad de pasar por el sistema bancario. Las cotizaciones de las acciones de las empresas, incluidas las de los grandes grupos industriales, que son el índice que mide la solvencia del capital, no dejaron de caer hasta niveles de una década atrás. En definitiva, ocurrió algo tremendo: se quebró el mito de que el Estado es el escudo financiero final del sistema capitalista.
Ahora, ese mismo Estado enfrenta una crisis financiera colosal, porque, como lo admitió Obama frente a McCain, la deuda pública norteamericana es ya de once billones de dólares, y esto sin computar los compromisos de la Reserva Federal
; el banco central de los Estados Unidos ha perdido el 70 por ciento de sus reservas, necesita recapitalización por parte del Estado y, sin embargo, sigue abriendo su ventanilla para adquirir nuevos títulos podridos de los bancos e incluso la posibilidad de endeudarse con ellos para reciclar el dinero al mercado de préstamos.
En efecto, acaba de copiar a nuestro nefasto Martínez de Hoz con una resolución que le permite remunerar los depósitos que los bancos hagan en el organismo monetario central. Se crea, de este modo, el famoso déficit cuasi fiscal que liquidó financieramente a la dictadura argentina.
Pero en esta misma semana ocurrió algo más: el derrumbe de las monedas de América Latina, encabezado por el desplome del real brasileño en un 40%, seguido de los pesos de Chile y Colombia. Brasil tuvo que recurrir a medidas de salvataje del tipo de las que se aplican en Estados Unidos, destinando una partida presupuestaria de 20 mil millones de dólares para hacer frente a una caída de bancos. La más infortunada es, de todos modos, Argentina -que se encuentra al borde de una maxidevaluación. No hace falta decir que la fuga de dinero al dólar habrá de dejar a los bancos en Argentina nuevamente ante la quiebra.

El camino de Islandia


En el cargador quedan apenas una o dos balas: la nacionalización consentida o impuesta del conjunto del sistema bancario. Es lo que acaba de hacer Islandia, que nacionalizó todo el sistema bancario con apoyo financiero de Rusia. El nombre de Islandia puede parecer exótico pero es una plaza "off shore", o sea que da cabida a todos los capitales en negro de otros países. ¿Es una salida?


Hay que aclarar que nacionalizar bancos es la cosa más barata del mundo; esto es porque los capitales de los bancos apenas representan 1/60 parte de los activos y de las deudas en su poder.

El asunto es lo que viene después, porque esos activos (que suman sesenta veces más que el capital) valen hoy un 70% menos del valor que tienen registrado- de modo que comprarlos a un precio nominal o preferencial representaría una pérdida que ningún país del mundo podría absorber, ya que el mercado financiero opera por centenares de billones de dólares. De manera que, para que la nacionalización sea efectiva, el Estado debería podar coactivamente la deuda de los bancos en la misma proporción de la caída de los activos que los bancos tienen en su poder, o sea reconocerles a los acreedores el 30% del valor que prestaron, lo cual los llevaría a la quiebra.
Si es necesario llegar a confiscaciones parciales para salvar al capitalismo, el Estado lo hará -pero antes deberá enfrentar resistencias invencibles y deberá desarrollar una capacidad de acción que solamente ha llegado a tener en períodos de movilización militar de la población. Por eso no se ve cómo la propuesta de abandonar la línea de comprar bonos, títulos y otra clase de activos (como lo promete el paquete de 700.000 millones de dólares), para pasar a comprar acciones preferidas de los bancos (mucho más barato) podría dar algún resultado. Las acciones preferidas, a diferencia de las ordinarias, no dan derecho a voto, de modo que el Estado no podría influir en la política de los bancos ni, por lo tanto, en el manejo de la deuda que no pueden pagar. El rescate por medio de las acciones preferidas busca evitar la confiscación parcial del capital de los banqueros (las acciones ordinarias han caído por el suelo), o sea operar sin bisturí.
Es interesante destacar que esta opción académica entre nacionalizar bancos, por un lado, para darle una seguridad de rescate a los fondos que financiaron las operaciones bancarias, o comprar directamente la deuda de los bancos, por el otro - sin de ningún modo nacionalizarlos- refleja una pelea real en el "establisment" capitalista entre los banqueros comerciales y de inversión y la infinidad de fondos de cobertura o de capital privado.
La alternativa, entonces, de nacionalizar, incluso integralmente, al capital bancario no reposa en la capacidad del Estado para hacer frente a las deudas bancarias, sino en la expectativa de que la nacionalización sirva para desplazar la crisis en el tiempo mediante una refinanciación más o menos automática de las deudas. Si a esta variante se suma la posibilidad de atenuar la recesión industrial, sus partidarios creen que la crisis puede quedar superada en no mucho tiempo. Pero esta posición no tiene otro sustento que las expectativas que podría generar una compra parcial o total de capital bancario. Lo más probable es lo contrario: en sí misma, una nacionalización generalizada de bancos, por añadidura a precios de remate, debe tener un efecto depresivo sobre el sistema capitalista y augura crisis políticas mayúsculas. Por eso Estados Unidos rescata bancos subsidiando a otros bancos para que los compren (JP Morgan al Bear Sterns o Bank of America al Merril Lynch
), o da créditos que pueden ser convertidos en acciones, pero no se queda de entrada con ellas (compañía de seguros AIG).

Entre diez y trece billones

Para entender el tamaño de la crisis que los gobiernos pretenden superar con medidas improvisadas, no es necesario ir lejos. Basta leer a Juan Manuel Forn, en La Nación del sábado pasado. El ex ejecutivo del Bank of America en Argentina, y actual vicepresidente de Molinos Río de la Plata, no se va con vueltas: en castellano elemental advierte que para el salvataje financiero en Estados Unidos es necesaria "una cantidad de fondos entre cinco y diez veces mayor" que los 700.000 millones de dólares "que autorizaba el plan". O sea entre tres billones y medio y siete billones de dólares. Si se le suman los seis billones ya comprometidos para las hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac, llegamos a un abanico de diez a trece billones de dólares. Imposible, insalvable. Mucho tendrá que caer antes de que algo se levante.

El administrador delegado de la empresa petrolera estatal ENI, Paolo Scaroni, también sabe de lo que habla (Corriere, 5/10), porque "guía una de las sociedades italianas con mayores relaciones con el extranjero". Para Scaroni simplemente no se sabe cuál es el monto de los títulos podridos o tóxicos en manos de los bancos, lo cual los convierte en "el espectro del miedo". La centroderecha italiana coincide en que el paquete de Bush no alcanza, y advierte que "el sistema americano está empantanado más allá de las previsiones más negras". El periodista que transcribe estas declaraciones agrega de su cosecha: "Incluso el escenario político deberá ser reescrito, dice, y se abriría el tema de cómo afrontar de una manera republicana una crisis sin precedentes". La pelada de Mussolini sigue planeando como una alternativa para la derecha italiana.
"Ahora viene la parte difícil", plantea un redactor del Wall Street Journal (6/10): "conseguir la plata para pagar los planes de rescate del gobierno estadounidense". Señala que con los rescates que ya están en marcha, el déficit fiscal de 2009 pasaría de 400 mil a 900 mil millones de dólares, pero si se le agrega la deuda que vence y tiene que ser refinanciada, ese déficit treparía a 1.5 billones de dólares.

En este momento pareciera que hubiera abundancias de fondos para financiar esas monstruosidades, como lo demostraría la compra frenética de bonos del Tesoro de Estados Unidos en la última semana, al punto que llegaron a agotarse en algún momento. Pero se trata de dinero en tránsito para el pago de deudas, que están nominadas en dólares, por eso acepta un interés del 0.25% contra una inflación anual de cerca del 5%.
Los intereses sobre la deuda pública a largo plazo están, en cambio, subiendo. No va a pasar mucho tiempo para que los inversores abandonen las letras del Tesoro y al propio dólar.
Antes de llegar a recaudar el dinero del rescate, Estados Unidos podría enfrentarse a un desfinanciamiento público y a un derrumbe del dólar
.



En definitiva, la crisis se ha agravado y ha expuesto la incapacidad financiera y política de los Estados para hacerle frente. Las Bolsas se ven obligadas a suspender las transacciones, en el caso ruso por más de tres días, un verdadero feriado a la Argentina
.

Las reacciones populares han comenzado: una huelga general en Bélgica el lunes pasado, acciones defensivas en Renault-Francia frente a despidos. Lo que es cierto es que el desenvolvimiento objetivo y subjetivo de la crisis ha despejado el terreno para una consigna internacional: por la nacionalización de los bancos sin indemnización, por el control y gestión de los obreros - no de los que apadrinaron y encubrieron este derrumbe. Junto a la reivindicación contra las suspensiones y despidos, la consigna de nacionalización sin pago de la banca puede ser muy útil para comenzar a articular las fuerzas del proletariado internacional.

Disponible en:
http://www.apiavirtual.com/2008/10/17/la-bancarrota-capitalista-en-su-apogeo/

(*)Jorge Altamira/ Tomado de Prensa Obrera 1058

The Credit Crunch and the Global Recession 1

 

The Credit Crunch and the Global Recession 2

 

The Credit Crunch and the Global Recession 3

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CAFTA: Encadenamiento a un naufragio

Por Episteme - 22 de Octubre, 2008, 14:23, Categoría: Crisis financiera

El TLC es como aliarse con un moribundo

El estudioso de la economía mundial, Wim Dierckxsens, cree que el Tratado de Libre Comercio (TLC) no beneficiará a Costa Rica en la actual crisis.

La crisis financiera internacional es culpa del gobierno estadounidense, al someterse a la presiones del neoliberalismo de las grandes empresas transnacionales en la aplicación de sus políticas económicas, aseguró Wim Dierckxsens, autor del reciente libro "La crisis mundial del siglo XXI: oportunidad de transición al postcapitalismo".
 

Para el investigador del Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI) -con sede en Costa Rica- y miembro del Foro Mundial de Alternativas, vincularse con Estados Unidos mediante el Tratado de Libre Comercio (TLC) es como aliarse con un moribundo.

Dierckxsens, tiene amplios estudios en ciencias sociales, economía y demografía; nació  en Holanda y está anclado en Costa Rica desde 1971. El especialista hizo un rápido repaso de la coyuntura económica nacional y mundial, en una entrevista con este Semanario el pasado 9 de octubre, cuyo resumen se ofrece a continuación.

En 1992, el escritor Francis Fukuyama anunció el fin de la historia humana en sus luchas ideológicas y propuso la economía liberal democrática como la única opción frente al derrumbe del socialismo, razón por la cual Estados Unidos sería el único camino para alcanzar el sueño marxista de una sociedad sin clases. ¿Es la actual crisis financiera estadounidense un mentís a aquella tesis de Fukuyama?

-Escribí en aquel año un documento como respuesta a lo dicho por Fukuyama, titulado "De la globalización a la perestroika en Occidente". En ese momento se celebraba aún la caída del Muro de Berlín y el neoliberalismo se sentía triunfante. Señalé que el neoliberalismo era finito por definición y que no iba a durar décadas. Esto por las siguientes razones: el keynesianismo pretende hacer dinero y agrandar el pastel, mientras que neoliberalismo lo que busca es acaparar este pastel. Por ejemplo, hoy en Costa Rica todo lo que compramos es transnacional y antes había que buscar con lupa productos que no eran hechos aquí, pues tenía tasas altas de impuestos. Yo dije que era cuestión de tiempo para que ese pastel estuviera repartido, y dicho y hecho; allí comenzaron los problemas.

En los últimos años Ud. se ha dedicado a estudiar la economía del mundo. ¿Se veía venir esta crisis financiera o resultó inesperada?

-Se veía venir. Cuando el pastel estaba repartido -a finales de los años 90-, durante la reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC) -en 1999- se llegó a la clara conclusión de que el modelo se había agotado y que las grandes potencias no querían abrir sus fronteras a los contrincantes; allí fue donde de alguna manera murió la OMC y a partir de ese momento se ve que disminuyen las tajadas nuevas del mercado que acaparan las transnacionales.

Las acciones comenzaron a bajar entre marzo del 2000 y el 10 de setiembre del 2001, aunque algunos lo atribuyen a los ataques del 11 de setiembre. Fue cuando colapsó la primera burbuja bursátil. A partir de ese momento la Reserva Federal de Estados Unidos comenzó con la política de bajar las tasas de interés, con el fin de inyectarle recursos a la economía y se inició la burbuja hipotecaria que estalló recientemente, a lo que se suma un gran endeudamiento, no solo de las empresas transnacionales por sus carreras de fusiones y adquisiciones, sino también del Estado, con su deuda privada y pública que superaba la deuda de los países del mundo juntas. Han estado viviendo de fiado y eso tiene un límite; ahora llegó la hora de pagar.  

¿Hubo intentos de ocultar esta crisis?

-Claro, todo el mundo quiere ganar. La codicia es muy fuerte. La mismas personas que buscan la hipoteca tienen codicia, ya  que hoy compran una casa en $100.000 y dentro de algunos años piensan que va a valer $200.000, por lo que están  haciendo plata mientras dan vueltas en la cama. En cuanto al capital, la idea era obtener ganancia en el corto plazo y si no nos va bien nos callamos las eventuales consecuencias. No es que por falta de inteligencia no pudieron haber previsto las cosas. Allan Greenspan conscientemente dejó la cosa pasar, aunque recibiera presiones, porque como se ha visto en estos días, la Reserva Federal es un banco privado, no es un banco del Estado; los bancos privados son accionistas de esta Reserva.  

¿La culpa es entonces del gobierno estadounidense? ¿Qué papel juegan aquí las bolsas de valores?

-La culpa es de un gobierno que está bajo presiones de los grandes capitales. No se gobierna el país en forma independiente, sino que está respondiendo a intereses de cierta clase. El neoliberalismo responde a los intereses de las empresas privadas grandes. No es como en los tiempos del keynesianismo, cuando el gobierno tenía un papel de rector de la economía. En este caso, el gobierno acompaña las exigencias -por decirlo así- de la empresa privada, como lo es el sector financiero.  

¿Se pudo evitar que el derrumbe financiero alcanzara las dimensiones que tiene hoy?

-Si en el 2001 se hubiera sido consecuente y no se hubiera intentado buscar la salida mediante un globo financiero, se podría haber tenido una crisis de mucho menor intensidad. Pero, al fomentar el endeudamiento se llegó a un punto extremo.

¿Sufrirá la doctrina del capitalismo un cambio sustancial a partir de los últimos acontecimientos, o podrá capear este vendaval?

-Esta es una crisis grande. Hoy en día estamos más interconectados que en los años 30, por lo que no hay lugar dónde escaparse. No quiero decir que va a afectar a todos con igual fuerza. Entre más conectados se esté, más fuerte será el impacto. La gente se pregunta si es una crisis del sistema.

Para mí es una crisis civilizatoria, e incluso no es solo financiera, sino también ecológica cuando hay un problema por los precios del petróleo, que dispara los costos de los alimentos y provoca especulación. Todo esto hace que haya no solo un problema del sistema capitalista, sino del modo de vida de la humanidad.

Es difícil prever si el sistema sobrevivirá o no a esta crisis, que para mí es real y profunda, y que se puede ver radicalizada por algunos movimientos sociales, ya sea hacia la derecha o hacia la izquierda. Hay pánico en Estados Unidos o en Europa; la gente tiene miedo de perder su pensión, sus ahorros, y ante esta situación no se van a quedar quietos.    

El director gerente del FMI -Dominique Strauss-Kahn- ha dicho que la crisis financiera internacional fue provocada por la falta de controles o porque estos fueron insuficientes. ¿Comparte usted esta afirmación?
 
-Claro que no hubo controles. Hicieron toda la desregulación posible. En Costa Rica también hemos tenido financieras sin ningún control y de repente echan el dinero en la maleta y se van. Con los controles rigurosos que había en los años 70 este tipo de cosas no eran posibles, pero con el tiempo eso se liberalizó, con el fin de abrirle campo a la iniciativa privada, especulativa también.

¿Cree que son correctas las medidas que está tomando Estados Unidos para remediar el desastre financiero?
 
-No creo. Con $700.000 millones para comprar papeles chatarra, los bancos se liberan de eso, pero la magnitud es mucho más grande. Los papeles no tienen respaldo en la economía real. Si hubiese una mayor nacionalización que le dé más garantías al ahorrante, se podría lograr un mejor efecto que amortigüe el pánico financiero. Pero, en este caso Estados Unidos nada más atiende a los bancos y estos al recibir los fondos los dedican a pagar a los gerentes que hay que despedir, entonces la gente se va a encachimbar y ya está furiosa. ¿A quién se está protegiendo, al gran capital, o a la ciudadanía? La gente tiene la clara sensación de que están tratando de salvar al capital y no a las personas, ni al sistema en su conjunto.

¿Va la economía mundial hacia una recesión?

-Ya está en recesión en Estados Unidos. En Japón desde hace 20 años. Europa está entrando. Si hay inseguridad económica ¿qué hago yo como ciudadano? En vez de endeudarme, comienzo a retener mi plata. Eso hace que caiga la demanda, aparte de que ningún banco presta.

En Costa Rica, el Ministro de Hacienda -Guillermo Zúñiga- dice que con el superávit que tiene el país se le puede hacer frente a la crisis; mientras tanto el presidente ejecutivo del Banco Central -Francisco Gutiérrez- estima que la economía costarricense no se verá muy afectada. ¿Qué opina de estas predicciones?

-En cuanto a lo que dijo Gutiérrez sobre la bolsa de valores estoy de acuerdo, ya que esta no es importante y allí no va a pasar mayor cosa. Lo que sí va a haber es una contracción fuerte en el turismo, en la construcción, y en los servicios. Vamos a tener que comer más piñas, porque no se podrán vender; y volver a cultivar arroz, porque no podremos importarlo.

En este momento de crisis de la economía estadounidense, ¿la eventual aplicación del TLC sería ventaja o desventaja para Costa Rica?

-Hace un año dije que lo que se estaba aprobando con este tratado es un moribundo. Cuando se apruebe esta ley se van a dar cuenta de que ya no tiene sentido, que ya pasó la era del neoliberalismo. La aplicación del TLC acentuaría la crisis financiera actual. No se va a poder exportar a Estados Unidos, porque ellos no estarían importando; entonces, habría que volcarse hacia adentro. Ellos hicieron creer que Costa Rica tenía una economía desconectada del comercio internacional. Pero cuando en agosto del 2007 en Estados Unidos surgió la crisis, dijeron que había que desengancharse de la economía, para que no aumentara el efecto de ésta. Si Costa Rica dejara pasar de largo el TLC, creo que esto protegería al país. Vamos a tener que fomentar en el futuro una mayor intervención estatal, menor dependencia del exterior y un vuelco hacia adentro.

 

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Paul Krugman, un crítico del neoliberalismo, elegido Premio Nóbel de Economía 2008

Por Episteme - 18 de Octubre, 2008, 14:48, Categoría: Economistas

El Nobel premia al mayor crítico de la política de Bush

La Academia sueca destaca los trabajos de Paul Krugman sobre la nueva teoría del comercio internacional(*)


"Algo muy divertido me ha pasado esta mañana…" Ésa fue ayer la primera reacción pública de Paul Krugman (Nueva York, 1953) a la concesión del Premio Nóbel de Economía, desde su blog en The New York Times.  Krugman, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2004, columnista del diario neoyorkino y profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton, ha sido uno de los posibles candidatos al premio desde hace años.

La Real Academia Sueca de las Ciencias justificó el galardón en "su análisis sobre los patrones comerciales y dónde se lleva a cabo la actividad económica".

En realidad, Krugman ayudó a fundar la nueva teoría del comercio internacional. La tesis clásica justificaba el comercio en el intercambio de los productos que cada uno de los países fabricaba por su ventaja comparativa. Krugman desarrolla un modelo que demuestra que "los países también intercambian productos similares porque aprovechan la variedad de gustos de los consumidores y las economías de escala", explica Federico Steinberg, investigador del Real Instituto Elcano. Además, admite que hay cosas en el mercado que se producen por casualidad (los accidentes históricos) y eso puede determinar donde se instala la producción.

"Este premio recupera la visión del economista que analiza la actualidad y está comprometido políticamente", apunta Steinberg. Y es que, como él mismo reconoce, en los últimos años su faceta de analista político ha ganado terreno a la investigación y ahí ha dejado claro su profundo rechazo a las políticas del Gobierno Bush. "Vamos a decirlo así, el Nobel se ha entregado a bastantes intelectuales y la mayoría de ellos rechaza a Bush", aseguraba ayer en la rueda de prensa.

Una posición que le ha granjeado grandes adeptos y un número similar de críticos y que difícilmente ha podido ser ignorada por el jurado del Nóbel.

Krugman, premiado por unos trabajos que realizó hace treinta años, es un gran crítico del neoliberalismo económico y de la ausencia de regulación y supervisión de los mercados, el origen para muchos de la actual crisis financiera. A preguntas de EL PAÍS por videoconferencia, Krugman rechazó connotaciones políticas indirectas en el premio "pero sí el reconocimiento del comportamiento imperfecto de los mercados", su gran batalla.

Krugman nunca ha ocultado sus posiciones demócratas y su respaldo a Hillary Clinton en la carrera por la nominación. Y eso que, con 29 años, formó parte del Consejo Económico Asesor de la Casa Blanca con el republicano Ronald Reagan en la presidencia.


(*) ALICIA GONZÁLEZ - Madrid - 14/10/2008, El País


Paul Krugman, Premio Nóbel en Economía 2008

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El Nóbel de Economía 2008

Por Episteme - 18 de Octubre, 2008, 14:28, Categoría: Economistas



La Real Academia Sueca de las Ciencias ha otorgado el Premio Nobel de Economía 2008 a Paul Krugman de la Universidad de Princeton. Se trata sin duda de uno de los premiados con mayor perfil público en los últimos años.

Sus continuas críticas al gobierno republicano de George W. Bush, publicadas en su columna bisemanal en el New York Times, le han convertido en una figura importante dentro del panorama demócrata norteamericano. ¿Puede uno interpretar la concesión del premio a Krugman como una nueva bofetada a Bush, como algunos quisieron leer el Premio Nobel de la Paz otorgado al ex-candidato demócrata Al Gore en 2007? La respuesta es un contundente no: el Nobel a Krugman no tiene ningún cariz político.

Simplemente reconoce su trabajo pionero en el desarrollo de las teorías modernas del comercio internacional y la geografía económica.

La teoría clásica del comercio internacional, fundada por David Ricardo a principios del siglo XIX y desarrollada, entre otros, por Paul Samuelson y Bertil Ohlin (anteriores ganadores del Premio Nobel), enfatiza los beneficios asociados con el comercio internacional entre países que difieren en sus potencial productor.

Es natural y beneficioso que países relativamente abundantes en ciertos recursos productivos se especialicen en la producción de bienes que usen esos recursos intensivamente. La evidencia empírica indica, sin embargo, que los mayores flujos de comercio internacional ocurren entre países dotados con similares niveles relativos de recursos productivos que se intercambian bienes relativamente parecidos (automóviles, productos electrónicos,…). ¿De dónde se deriva entonces el beneficio de la especialización?

A finales de los años 70 y principios de los 80, Krugman revolucionó el campo de la economía internacional al proponer una nueva teoría para explicar la estructura comercial internacional. Su teoría se basa en dos conceptos básicos: la heterogeneidad o diversidad de gustos entre consumidores y la presencia de economías de escala en producción. El primer factor explica por qué, dentro de una industria (por ejemplo, la del automóvil) las empresas deciden ofrecer diferentes variedades (o modelos) de un mismo bien comercial.

El segundo factor racionaliza el hecho de que la producción de cada una de estas variedades se acabe concentrando en un país o región. El resultado es un mundo donde los países no se especializan en ciertas industrias, sino en particulares variedades dentro de cada industria.

Además de explicar por qué el comercio internacional entre países con idéntico potencial productor puede ser beneficioso, la teoría de Krugman también racionaliza el hecho de que una parte muy significativa del comercio internacional ocurra entre los países más desarrollados del mundo, algo que la teoría tradicional difícilmente puede explicar. Durante la década de los 80 y con la colaboración de Elhanan Helpman (mi colega en la Universidad de Harvard), Krugman estudió las implicaciones de esta nueva teoría del comercio para otras cuestiones fundamentales en Economía Internacional, como el diseño óptimo de políticas comerciales o el rápido crecimiento de las empresas multinacionales en la economía mundial.

En la década de los 90, Krugman se dio cuenta que los mismos factores que explican la localización de la producción a nivel internacional son relevantes para entender la distribución de la actividad económica dentro de un país.

Al igual que su teoría de comercio internacional, la "nueva geografía económica" desarrollada por Krugman también se basa en la existencia de economías de escala en producción, pero enfatiza la importancia de los costes de transporte y la potencial movilidad del trabajo entre regiones.

La interacción de estas fuerzas permite entender la emergencia de grandes centros de producción (que uno puede interpretar como ciudades), donde los trabajadores (en tanto que consumidores) se benefician de estar cerca del núcleo de producción, mientras que las empresas (y sus trabajadores) se benefician de un mayor nivel de demanda que permite una mejor explotación de las economías de escala.

En los círculos académicos, Krugman también es admirado por su enorme talento en el desarrollo de simples modelos matemáticos que consiguen plasmar la esencia del problema económico estudiado. Su estilo fue percibido como heterodoxo en los años 70 (lo cual explica que Krugman fracasara en sus intentos de publicar su primer artículo sobre comercio internacional en una las principales revistas de economía americanas), pero el "estilo Krugman" (Krugman-style) es hoy en día venerado e imitado en todo el mundo.

(*) Pol Antràs Puchal, Catedrático de Economía Internacional en la Universidad de Harvard.


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