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Teoría del Valor (Parte II)

Por Episteme - 22 de Febrero, 2009, 19:26, Categoría: Ciclos y teorías económicas

Teoría del Valor
Francisco Umpiérrez Sánchez
(Director del Centro de Estudios Karl Marx)
Fumsa@msn.com



SEGUNDA SECCIÓN

Guía de la Segunda Sección

3.1. Crítica a Jean Baudrillard

3.2. El Concepto de Valor en Saussure

3.3. Crítica a Roger Backhouse

3.4. Crítica a Samuelson y Nordhaus

3.5. Crítica a la Teoría de la Utilidad de Jevons

3.6. ¿Es Marx Metafísico o Científico?

3.7. Teorías sobre el Intercambio

3.8. Crítica a Michio Morishima

3.9. Crítica a Silvio Gesell


CRITICA A JEAN BAUDRILLARD

El libro de Baudrillard Crítica a la economía política del signo es de arriba abajo una enorme especulación. No define previamente los conceptos guías de su discurso, inventa nuevas categorías que no elabora, carece del más mínimo rigor, y lo confunde y lo mezcla todo. Para demostrar que lo que digo es cierto, he seleccionado una parte de una de las secciones de su libro, Más allá del valor de uso , y la someteré a crítica. Las palabras de Baudrillard las escribiré en bastardilla y las entrecomillaré.

1. “Sabemos que la mercancía es a la vez valor de cambio y valor de uso ”.  Esto es literalmente falso. La mercancía es valor de uso y valor. El valor de cambio es la forma fenoménica del valor. Esta distinción, la existente entre el valor y la forma (fenoménica) del valor, es fundamental en El Capital de Karl Marx. Pero esta distinción, como tantas otras, la ignora Baudrillard y todos los detractores de Marx.

2. “El valor de uso es siempre concreto y particular, en tanto que el valor de cambio es abstracto y general” . Esta es una de las mañas especulativas predilectas de Baudrillard, toma afirmaciones que hace Marx sobre determinaciones del objeto del concepto y se las aplica al objeto considerado como totalidad. Lo que plantea Marx es lo siguiente: el trabajo tiene un carácter doble: por una parte, es una actividad productiva conforme a un fin, y por otra parte, es gasto de fuerza de trabajo humana. En tanto actividad  productiva conforme a un fin lo denomina trabajo concreto, y en cuanto gasto de fuerza de trabajo humana lo denomina trabajo humano abstracto. ¿Qué significa para Marx la expresión “trabajo humano abstracto”? Considerar el trabajo en tanto gasto de fuerza de trabajo sin tener en cuenta la forma en que se gasta. Es decir, que lo de abstracto y concreto se dice del trabajo, no del valor y del valor de uso. Por otro lado, el valor de cambio de una determinada mercancía, por ejemplo de 1 metro de tela, es otra mercancía determinada, 2 kilos de trigo. Y el trigo, en tanto valor de cambio de la tela, es totalmente concreto. Pero Baudrillard es así de espontáneo, hace afirmaciones sin haberlas reflexionado ni sopesado en lo más mínimo. La intuición y los significados generales de las palabras guían su pensamiento.

3. “Naturalmente, no podría haber valor de cambio sin que hubiera valor de uso ; los dos están emparejados, pero no existe implicación de los dos en sentido absoluto”. Esta es la segunda forma especulativa predilecta de Baudrillard y la de todos los filósofos especulativos: hablar siempre de forma general, no decir nunca nada en concreto. Subsanemos este defecto para saber en concreto de que estamos hablando. Una cosa puede ser valor de uso sin ser valor: el aire que respiramos, por ejemplo,  es una valor de uso pero no es un valor, puesto que no es producto del trabajo. Una cosa no puede ser valor si no es valor de uso: si hacemos una porquería, algo inútil, habremos gastado fuerza de trabajo pero no habremos creado valor. Puesto que sólo crea valor aquel trabajo que crea cosas útiles para otros. Y si su producto es inútil, también será inútil la fuerza de trabajo gastada en su producción. El valor sólo puede existir en un valor de uso: quien gasta fuerza de trabajo sólo puede hacerlo objetivándolo en un producto. Hay más aspectos concretos de la lógica o relación entre valor de uso y valor, pero con los mencionados basta.

4. “El valor de uso no se halla implicado en la lógica del valor de cambio, que es una lógica de la equivalencia”.  Esto no es cierto. La lógica del valor de cambio es una lógica fenoménica. Y en esta lógica fenoménica las dos mercancías enfrentadas no desempeñan el mismo papel: una de ellas, la que expresa su valor, está en forma relativa de valor, y la otra, la que sirve de material de expresión del valor, está en forma de equivalente. Por lo tanto, la forma equivalente de valor supone la forma relativa. Y viceversa.

5. “Aunque esté continuamente recobrado por el proceso de producción y de cambio, el valor de uso no se inscribe realmente en el campo de la economía mercantil: tiene su finalidad propia, incluso restringida”. ¡Que manera tan tortuosa, oscura y general     tiene Baudrillard de expresarse! Si el valor de uso constituye el contenido material de la riqueza, independientemente de su forma social, esto es,  de si se produce como mercancía o no, entonces el valor de uso se “inscribirá” realmente en la economía mercantil y en la economía no mercantil. Si la mercancía es tal mercancía porque se produce en vista del valor, y el valor sólo existe en el valor de uso, es evidente que una economía que produce en vista del valor debe “inscribir” el valor de uso como su condición básica. Baudrillard es víctima, como el marxismo de la época en que redactó su libro, de la confusión entre la forma mercantil de la riqueza y su forma de capital. En esa época la lucha por el socialismo se entendía como la lucha por acabar con la forma mercantil de la riqueza. En eso residió el error básico del modelo soviético del socialismo.

6. “Resulta, por lo tanto, que el “fetichismo de la mercancía” no actúa sobre la mercancía definida a la vez como valor de cambio y valor de uso, sino sobre el valor de cambio únicamente”. Baudrillard le atribuye a Marx ideas y formas de pensar que no son suyas. Cuando hablamos del valor de cambio, en su origen, hablamos de la proporción en que los valores de uso de un tipo se cambian por los de otro. Sabemos que en la relación de cambio entre dos mercancías, una de ellas se encuentra en forma relativa de valor y la otra en forma equivalente. Y también sabemos que uno de los contenidos de la forma equivalente de valor es el siguiente: que el valor de uso del trigo, por ejemplo, en su papel de equivalente frente a la tela, deviene forma fenoménica del valor. El fetichismo de las mercancías, en verdad, tampoco tiene nada que ver con las determinaciones del valor: porque es evidente que cualquier clase de trabajo es gasto de nervios, músculos, cerebro, etcétera, y porque es obvio igualmente que la cantidad de trabajo es distinta de la calidad. ¿De dónde proviene entonces el carácter fetichista de la mercancía? De la forma del valor, esto es, de que el valor de uso se presente como forma fenoménica del valor. Así que es totalmente disparatado y caprichoso lo que dice Baudrillard.

7. “El valor de uso, en este análisis restrictivo del fetichismo, no aparece como relación social, ni por lo tanto como lugar de fetichización”. Baudrillard no expone previamente qué entiende Marx por fetichismo de la mercancía en sus mínimos detalles, ni expone lo que entiende él mismo. Y sin saber con rigor y detalle lo que se entiende bajo determinada categoría, se puede especular con ella cuanto uno quiera, y así aparentar que se está diciendo algo con fundamento cuando en verdad todo carece de fundamento. No hay en el discurso de Baudrillard ni un lugar donde uno pueda decir que pisamos firme. No cabe duda que las pirámides de Egipto son unos gigantescos valores de uso, y que fueron creados por el trabajo y muerte de decenas de miles de esclavos. Es obvio que sin la relación social entre los propios esclavos, sin la colaboración y la división del trabajo entre ellos, las pirámides no existirían. También es obvio que su trabajo no era a favor de ellos mismos, sino a favor de los esclavistas. Y es obvio, por último, que la relación social entre los esclavistas y los esclavos no tiene nada de fetichista, pues está claro como la luz del sol que los primeros se apropiaban del trabajo de los segundos. Uno de los aspectos fetichistas de la mercancía estriba en que desde que los productos del trabajo y la propia fuerza de trabajo se convierten en mercancías, la apropiación de trabajo ajeno por parte de los capitalistas queda totalmente oscurecida. Y no porque los capitalistas sean malintencionados, sino porque la riqueza se produce como mercancía. Así que la idea de Baudrillard de que el valor de uso no es fruto de la relación social nada tiene que ver con las ideas de Marx.

8. “El valor de uso, la utilidad misma, es una relación social fetichizada –una abstracción, la del sistema de necesidades, que adopta la evidencia falsa de un destino concreto, de una finalidad propia de los bienes y servicios”. Esta frase no hay manera de entenderla, recuerda los sinsentidos y requiebros discursivos del enajenado Alonso Quijana.  Por valor de uso entendemos  una cosa que por sus propiedades puede satisfacer necesidades humanas. Por lo tanto, las necesidades son una de las determinaciones del valor de uso. Así que representarse las necesidades independientes del concepto de valor de uso, del que es uno de sus contenidos, y afirmar que el sistema de las necesidades es una abstracción, es un sinsentido, o tiene un sentido meramente especulativo.  Además, ¿desde cuándo el hambre y la sed, por señalar dos necesidades humanas básicas, son abstracciones? ¿Cómo puede pensarse que los doce niños que mueran cada minuto de hambre son abstracciones? Creo que Baudrillard, en su enajenación especulativa, hace un flaco favor a la ciencia y a los intereses de las capas pobres del mundo.

9. “La hipótesis es, en efecto, que las necesidades son el equivalente del trabajo social abstracto: sobre ellas se funda el sistema del valor de uso, como sobre el trabajo social abstracto se funda el sistema del valor de cambio”. Esta frase de Baudrillard es todo un disparate. Carece del más mínimo rigor. En primer lugar quisiera decirles que donde Baudrillard escribió “trabajo social abstracto”, en rigor debió escribir  “trabajo humano abstracto”. Puesto que no sabemos que quiere decir Baudrillard cuando afirma que el trabajo social es abstracto, mientras que sí sabemos que quiere decir Marx cuando habla del trabajo humano abstracto. ¿Por qué Marx llama abstracto al trabajo humano? Porque se trata de considerar el trabajo haciendo abstracción de la forma en que se gasta, de considerarlo solamente bajo la condición de que se ha gastado nervios, músculos, cerebro, etcétera. En toda abstracción hay que saber de dónde se abstrae, qué se abstrae, y cuál es el resto. Pero Baudrillard entiende por abstracción algo que no se ve, que es oscuro, que sólo se puede intuir. En segundo lugar diré lo siguiente: Baudrillard afirma que las necesidades son el equivalente del trabajo humano abstracto, esto es, que una de las determinaciones del valor de uso, las necesidades, es el equivalente de la determinación básica del valor: el trabajo humano abstracto. Así que al afirmar que las necesidades son el equivalente del trabajo humano abstracto, Baudrillard está afirmando que el valor de uso es el equivalente del valor. Todo un disparate. Todo este lenguaje de Baudrillard es resultado de los caprichos del pensamiento especulativo, que entre otros defectos no examina nunca las consecuencias de sus afirmaciones. Y en tercer lugar, quiero examinar la idea de Baudrillard  “ sobre las necesidades se funda el sistema del valor de uso”. Si en el lugar del nombre del objeto del concepto, esto es, el nombre ‘valor de uso', ponemos el sintagma con que expresamos el contenido del concepto de valor de uso, esto es, el sintagma ‘cosas que por sus propiedades satisfacen necesidades humanas', el juicio de Baudrillard quedaría como sigue: sobre las necesidades se funda el sistema de las cosas que por sus propiedades satisfacen necesidades humanas. Y esto, con toda evidencia, es un sinsentido, un enredo, una hablar sin pensar. Además, y siendo prácticos, que es donde todas las especulaciones se hacen añicos, sobre los doce niños que cada minuto se mueren de hambre, que representan la necesidad que se ha enajenado de la satisfacción, no se funda ningún valor de uso. Si se fundara algún valor de uso, no morirían de hambre.

10. “Marx definió la forma del valor de cambio y de la mercancía por el hecho de que todos los productos pueden equivalerse sobre la base del trabajo social abstracto. Y planteó a la inversa la “incompatibilidad” (más adelante dice “incomparabilidad”) de los valores de uso”. Otra frase endiabladamente especulativa. Sólo les diré lo que dijo Marx al respecto, y comprueben ustedes mismos hasta que punto Baudrillard adultera, tergiversa y enreda las ideas de Marx. La relación de cambio supone que las mercancías que se cambian sean valores de uso cualitativamente diferentes . A nadie se le ocurre cambiar tela por tela, trigo por trigo, el mismo valor de uso por el mismo valor de uso. Así que Marx no dice que los valores de uso sean incomparables o incompatibles, sino que en la relación de cambio deben ser cualitativamente diferentes. Esta es una de las peculiaridades del cambio entre las mercancías: como valores de uso son cualitativamente diferentes, y como valores son cualitativamente iguales y cuantitativamente comparables.

11. “Como valores útiles, todos los bienes son ya comparables entre sí, por estar asignados al mismo denominador común funcional/racional, a la misma determinación abstracta ”. Todas las cosas rojas son comparables entre sí  en tanto seres rojos, como todos los objetos físicos lo son en cuanto seres físicos, y a sí hasta el infinito. De manera que no hay nada de original en decir que los valores útiles son comparables entre sí en tanto seres útiles. Lo que no dice Baudrillard es cuál es la necesidad práctica de compararlos y cuál es la consecuencia práctica de compararlos.

12. “Únicamente los objetos o categorías de bienes invertidos en el intercambio simbólico son estrictamente incomparables. En cambio, como valor útil, el objeto alcanza la universalidad abstracta, “la objetividad”. ¡¡¿¿??!! Como dice Cervantes de los dichos y requiebros de Alonso Quijana: ni el mismísimo Aristóteles sería capaz de desentrañar semejantes enredos y sinsentidos. No es necesario comparar los valores de uso entre sí para hacerlos objetivos. Del valor de uso, en tanto unidad de propiedades naturales y utilidades, no hay duda de su objetividad. Nuestros sentidos dan testimonio de su existencia sensible y objetiva. Del valor si hay dudas acerca de su objetividad, si se considera a la mercancía aisladamente. Como dice Marx: se le pueden dar las vueltas que se quiera a una mercancía, mas como cosa de valor permanece inasequible. El valor sólo se hace objetivo mediante la relación de una mercancía con otra. Y esa objetividad se vuelve firme cuando el valor, tras experimentar una serie de metamorfosis, adopta la forma de dinero.

13. “El individuo es una estructura ideológica, una forma histórica correlativa de la forma/mercancía (valor de cambio) y de la forma objeto (valor de uso)”. Baudrillard nos habla de las siguientes formas: forma histórica, forma mercancía y forma objeto. Pero no nos habla del contenido de esas formas. Si alguien nos habla de que algo tiene una forma y no explica el contenido de esa forma, lo único que está aportando al debate   es la palabra ‘forma'. Con Marx sabemos cuál es el contenido de la forma relativa de valor, que es la mercancía que expresa su valor; cuál es el contenido de la forma de equivalente, que es la mercancía que sirve de material de expresión del valor y que el valor de uso que desempeña el papel de equivalente deviene forma fenoménica del valor. Pero en Baudrillard ocurre todo lo contrario: sus palabras son un puro vacío. No hay manera de coger lo que dice por ningún lado.

Creo sinceramente que con esto basta. Baudrillard es un puro especulador. Su discurso carece de fundamento, rigor y claridad. No hay parte de su libro donde podamos pisar firme, encontrarnos en terreno seguro, avistar un camino teórico. Es un hablar sin pensar. Sus ideas no gravitan en torno a ningún objeto del conocimiento. Jamás nos lo presenta ni lo define. Lo supone, lo intuye, o nos lo da en  escorzos fugaces. Inventa categorías, mezclas determinaciones conceptuales, y enreda. No teje ni desteje, ni ovilla tan siquiera, sino enreda y enreda. Y creo una inutilidad desenredar sus múltiples enredos. Con los trece que he desenredado creo que son argumentos  suficientes para catalogarlo, sin género de dudas, como un puro especulador.

EL CONCEPTO DE VALOR EN SAUSSURE

“Consideremos primero la significación tal como se suele presentar, y tal como la hemos imaginado en la página 103. Como indican las flechas de la figura, no es más que la contrapartida de la imagen auditiva. Todo ocurre entre la imagen auditiva y el concepto, en los límites de la palabra considerada como un dominio cerrado, que existe por sí mismo.

Pero el aspecto paradójico de la cuestión es el siguiente: de un lado, el concepto se nos aparece como la contrapartida de la imagen auditiva en el interior del signo; y de otro, ese signo mismo, es decir, la relación que vincula sus dos elementos, es también y de igual modo la contrapartida de los demás signos de la lengua. Puesto que la lengua es un sistema del que todos los términos son solidarios y donde el valor del uno no resulta más que de la presencia simultánea de los otros . ¿Cómo es que el valor, así definido, se confunde con la significación, con la contrapartida de la imagen auditiva? Para responder a esta cuestión, tengamos en cuenta primero que, incluso fuera de la lengua, todos los valores parecen regidos por este principio paradójico. Están siempre constituidos:

1° Por una cosa desemejante susceptible de ser cambiada por otra cuyo valor está por determinar.

2° Por cosas similares que se pueden comparar con aquella cuyo valor está en cuestión.

Se necesitan estos dos factores para la existencia de un valor. Así, para determinar lo que vale una moneda de cinco francos, hay que saber, 1°) que se puede cambiar por una cantidad determinada de una cosa diferente, por ejemplo, de pan; 2°) que se puede comparar con un valor similar del mismo sistema, por ejemplo, con una moneda de 1 franco,... De igual modo una palabra puede ser cambiada por cualquier cosa desemejante: una idea; además puede ser comparada con algo de igual naturaleza: otra palabra. Su valor no está fijado por tanto mientras nos limitemos a comprobar que puede ser cambiada por tal o cual concepto; tenemos que compararla todavía con los valores similares, con las demás palabras que puedan oponérsele” . (La negrita es mía)

La representación que tiene Saussure sobre las determinaciones del valor es errónea, supone que se intercambia el valor, en su forma acabada de dinero, con el valor de uso. Cuando en la realidad la relación de intercambio supone que se hace abstracción del valor de uso y se intercambian valores iguales. Pero no quiero incidir sobre este aspecto por considerarlo poco útil en el tema que ahora nos ocupa. Lo que sí haré será lo siguiente: expresaré las ideas de Saussure de acuerdo con la representación de Marx sobre el valor, expuesta en la transformación de la mercancía en dinero. Lo que Saussure, en el marco de la palabra, llama significado, en Marx, en el marco de la mercancía, se llama valor. Y lo que en Saussure, en el marco de la palabra, se llama valor; en Marx, en el marco de la mercancía, se llama valor de cambio. Aunque emplean términos distintos en ámbitos distintos del saber, la representación filosófica del problema es la misma: la concepción de las unidades como dos caras, y la relación entre las distintas unidades. Para unificar la terminología hablaremos del valor significativo de la palabra y del valor significativo de cambio de la palabra . En Saussure el valor significativo (el significado, el concepto, la idea) es inmanente, inherente, intrínseco, al signo. Pero bajo esta condición o modalidad, su valor significativo no está fijado (determinado). Si consideramos la palabra ‘mesa' aisladamente, su significado permanece inasequible. El significante es sensible y objetivo, pero el significado, considerada la palabra aisladamente, no es sensible ni objetivo. Por lo tanto, el problema que se plantea es cómo hacer objetivo y sensible el significado de la palabra ‘mesa'. Y la respuesta es que el significado de la palabra ‘mesa' se hace sensible y objetivo por medio de otras palabras: ‘mueble compuesto por un tablero horizontal sostenido por uno o varios pies, que sirve para comer, etcétera'. Si empleáramos la representación de Marx, podríamos afirmar que el significado de la palabra ‘mesa' está en forma relativa de valor significativo , puesto que es la palabra que expresa su significado, mientras que el significado de la secuencia de palabras ‘mueble compuesto por...'  está en forma de equivalente significativo , puesto que son las palabras que sirven de material de expresión del valor significativo de la palabra ‘mesa'. Los diccionarios pueden considerarse como el mejor ejemplo de intercambio de valores significativos, y  tienen la forma del ejemplo utilizado.

CRITICA A ROGER BACKHOUSE


Backhouse, en su libro Historia del análisis económico moderno , página 157, dice lo siguiente: “Los defectos de la teoría del valor-trabajo que llevaron a Jevons a reaccionar en contra de Ricardo también están presentes en la obra de Marx. Parece plausible que la principal explicación del compromiso de Marx con la teoría del valor-trabajo resida en sus implicaciones ideológicas. Marx no se limitó a medir el valor por el tiempo de trabajo, pues la plusvalía entrañaba la implicación ética de que los beneficios constituían los frutos de la explotación”.

Vamos a desmenuzar estas ideas de Backhouse en una serie de puntos para saber con claridad y precisión de qué habla. Primero: por implicaciones ideológicas de Marx debemos entender que Marx defendía los intereses de los trabajadores y dañaba los intereses de los capitalistas. Segundo: por dicho motivo, por estar implicado ideológicamente con los trabajadores, Marx defendió la teoría del valor-trabajo. Tercero: al hacerlo así, al defender la teoría del valor-trabajo, Marx no respetó las leyes objetivas de la economía. Hizo ideología y no ciencia. Y cuarto: Jevons, al contrario de Marx, elaboró su teoría del valor sin implicarse ideológicamente. Hizo ciencia y no ideología. Sobre la base de estos cuatro ideas, cabe preguntarse: ¿es posible que un economista siendo objetivo pueda favorecer los intereses de una determinada clase? ¿Cuál es la relación entre ciencia e ideología?

Para aclararnos con fundamentos firmes sobre estos cuatro puntos vamos a exponer de forma resumida la teoría de Marx sobre el valor de uso, el valor y el beneficio. Una mesa, por ejemplo, es un valor de uso que satisface una necesidad particular. Para producirla se requiere una determinada actividad productiva. Esta viene determinada por su fin, su modo de operar, sus medios y su resultado. Llamamos trabajo útil al trabajo cuya utilidad se presenta en el hecho de que su producto es un valor de uso. Por lo tanto, en el valor de uso de toda mercancía se encierra una determinada actividad productiva conforme a un fin, esto es, trabajo útil.

Es obvio que Marx concibe el valor de uso como obra del trabajo útil. Creo que lo concibe Marx  es totalmente objetivo. No obstante, respetando la ley objetiva de la creación de valores de uso, Marx favorece claramente los intereses de los trabajadores. Por lo tanto, un economista puede ser totalmente objetivo y, no obstante, favorecer los interese de una determinada clase social.

.) Hablemos ahora del valor. Supongamos que el carpintero tardó 8 horas en hacer la mesa. Podríamos suponer que el valor creado por el carpintero asciende a 8 horas. Pero no es así. Tenemos conocimiento de que las carpinterías industrializadas producen la misma clase de mesas en 4 horas. De ahí que el valor de la mesa del carpintero sea realmente de 4 horas y no de 8 horas. Es cierto que su trabajo individual asciende a 8 horas, pero sólo representa un trabajo social de 4 horas. Por lo tanto, en el valor de toda mercancía se encierra una determinada cantidad de trabajo social (de trabajo humano abstracto).

Es obvio que Marx plantea que la substancia del valor es el trabajo humano abstracto, el gasto de fuerza de trabajo sin tener en cuenta la forma de su gasto. Creo que Marx concibe las cosas de modo totalmente objetivo. No obstante, respetando la ley objetiva de la creación del valor, Marx favorece claramente a los intereses de los trabajadores.  Por lo tanto, vuelve confirmarse que un economista puede ser totalmente objetivo y, no obstante, favorecer los intereses de una determinada clase social.

.) Hablemos ahora del beneficio. Marx dividió la jornada laborar en dos partes. Durante la primera parte el obrero produce su salario, y durante la segunda produce el beneficio del capitalista. En el capitalismo ocurre lo que en la época feudal. La jornada laboral se dividía igualmente en dos partes. Durante tres días de la semana el siervo trabajaba en su tierra para sí mismo y durante los tres días siguientes trabajaba en las tierras del señor gratuitamente. Yo creo que aquí Marx vuelve a ser totalmente objetivo. No obstante, respetando la ley objetiva de la creación del beneficio, Marx favorece claramente los intereses de los trabajadores. Vuelve a confirmarse aquí por tercera vez que un economista puede ser totalmente objetivo y, no obstante, favorecer los intereses de determinada clase social.

.) Veamos ahora los planteamientos de Jevons en torno al valor de uso, el valor y el beneficio. Cuando Jevons analiza la naturaleza de la utilidad lo hace bajo el punto de vista del consumidor y no del productor. Su definición de la utilidad es la siguiente: “La utilidad no es una cualidad inherente a las cosas. Se define mejor como una propiedad circunstancial de las cosas que nace de su relación con las necesidades humanas”.

Jevons no habla para nada del trabajo útil. No dice que en el valor de uso de toda mercancía se encierra una determinada actividad productiva conforme a un fin. De hecho afirma que la utilidad brota o nace de la necesidad y no del trabajo útil. Por una parte, es obvio que Jevons no es plenamente objetivo, puesto que no habla para nada del trabajo útil como condición esencial de existencia de los valores de uso. Por otra parte, es obvio que el planteamiento de Jevons favorece los intereses de los capitalistas, puesto que hace desaparecer el protagonismo esencial que tienen los trabajadores en la creación de los valores de uso.

.) En lo que se refiere a la naturaleza del valor, el planteamiento de Jevons se resumen en tres de sus ideas. Primera: “hablando sólo de cosas que son transferibles o susceptibles de pasar de mano en mano, observamos que dos de las más claras definiciones del valor reconocen a la utilidad y a la escasez como las cualidades esenciales”. Segunda: “el valor de cambio está definido por la utilidad terminal, por el deseo remanente que nosotros u otros tenemos de poseer más”. Y tercera: “aunque el trabajo nunca es la causa del valor, es en una gran proporción de casos la circunstancia determinante”.

En suma. Jevons plantea que las cualidades esenciales del valor son la escasez y la utilidad, mientras que el trabajo es meramente una cualidad circunstancial. Por lo tanto, es obvio que el planteamiento de Jevons favorece los intereses de los capitalistas, puesto que el papel que le asigna al trabajo en la creación del valor es meramente circunstancial y no esencial. Resumiendo: por una parte, cuando Jevons habla de los valores de uso no menciona para nada el trabajo útil, y por otra parte, cuando habla del valor le asigna al trabajo un papel meramente circunstancial. Es obvio que los planteamientos de Jevons sobre el valor de uso y sobre el valor tienen claras implicaciones ideológicas.

.) Hablemos ahora del planteamiento de Jevons sobre el beneficio. Jevons, citando a Senior, afirma: “Con la palabra Abstinencia queremos expresar ese agente distinto del trabajo y del concurso de la naturaleza cuya concurrencia es necesaria para la existencia del capital y que está en la misma relación con los beneficios que el trabajo con los salarios”.

El capitalista puede hacer con su dinero dos cosas: o gastarlo en su vida personal o emplearlo como  capital. Pero si lo emplea como capital, no puede gastarlo en su vida personal. Por lo tanto, la existencia del dinero como capital sólo es posible por la abstinencia del capitalista. Podemos admitir este conocimiento como cierto.  No obstante, Jevons no explica como la Abstinencia crea el beneficio.

Es obvio que ningún trabajador ha visto jamás en su empresa a la Abstinencia en persona, como un agente más de la producción, al igual que se ven los medios de producción y los propios  trabajadores. La Abstinencia sí que es un dato inobservable. Y si los economistas utilitaristas saben de su forma de existencia objetiva, que lo digan para asombro de todos. Por lo tanto, es obvio que la teoría de la abstinencia sirve para justificar que el capitalista obtenga un beneficio de su negocio, pero no sirve para explicar  cómo se crea ese beneficio.

CRITICA A SAMUELSON Y NORDHAUS


“La economía es el estudio de la manera en que las sociedades utilizan los recursos escasos para producir mercancías valiosas y distribuirlas entre los diferentes individuos. Tras esta idea se esconden dos ideas claves en economía: los bienes son escasos y la sociedad debe utilizarlos eficientemente”. Pg. 4.

Crítica

11) Samuelson y Nordhaus hablan de la escasez en términos absolutos. No se han visto influenciados por la teoría de la relatividad, donde se afirma que el movimiento de un cuerpo no es absoluto, sino que depende del sistema de referencia empleado. Si tiramos una piedra por la ventanilla de un tren en movimiento uniformemente acelerado, respecto del tren la piedra describe una línea recta y respecto del terraplén describe una parábola. De igual modo la escasez tampoco es un dato absoluto, depende del individuo empleado como referencia. Los pobres, por ejemplo, viven la escasez de los medios de vida más elementales, mientras que los ricos no sufren ninguna clase de privaciones al respecto. Por lo tanto, la medida de la escasez de los bienes varía de acuerdo con la clase social a la que pertenece el individuo empleado como sistema de referencia.

12) Samuelson y Nordhaus hablan de la escasez en términos metafísicos. No se han visto influenciados por la filosofía de Hegel, donde se conciben las cosas como unidad de contrarios. Si hablamos de escasez, por lógica dialéctica deberíamos hablar también de su contrario: la abundancia. Los recursos de una sociedad no se presentan sólo en calidad de escasos, también se presentan en calidad de abundantes. Los ricos, por ejemplo, viven en la abundancia, mientras que los pobres viven en la escasez. Por lo tanto, la proporción entre la abundancia y la escasez de bienes depende de la clase social a la que pertenece el individuo en cuestión.

“Dado que los deseos son ilimitados, es importante que una economía saque el mayor provecho de sus recursos limitados, lo cual nos lleva al concepto fundamental de eficiencia. Eficiencia significa utilización de los recursos de la sociedad de la manera más eficaz posible para satisfacer las necesidades y los deseos de los individuos ”. Pg. 4.

Crítica

21) Samuelson y Nordhaus están envueltos en piel burguesa. De ahí que afirmen que los deseos sean ilimitados. Están pensando en los capitalistas, que cuanto más tienen más quieren. Todos sabemos que los capitalistas son insaciables en sus deseos de acumular riquezas. Lo que filosóficamente les sucede a Samuelson y Nordhaus es que son incapaces de pensar en una sociedad que no sea burguesa, en una sociedad donde, al contrario de la capitalista, los deseos sean moderados y limitados. ¿No estará la verdadera felicidad de todos en una sociedad donde los deseos sean moderados y limitados? Yo creo que sí. Si se ha establecido un salario mínimo, un tope mínimo de ingreso que asegure a los trabajadores la satisfacción de las necesidades básicas, por lógica dialéctica se debería establecer igualmente un ingreso máximo, un tope máximo de ingreso que evite el despilfarro y las desorbitadas acumulaciones de riquezas en manos privadas.

22) Según Samuelson y Nordhaus “eficiencia significa utilización de los recursos de la sociedad de la manera más eficaz posible para satisfacer las necesidades y los deseos de los individuos”. Pero de acuerdo con esa definición y con lo que observamos en la cruda realidad, podemos concluir que la economía capitalista, sobre todo a escala mundial, no es nada eficiente, pues mantiene a una gran parte de la población sin satisfacerle sus necesidades básicas.

Aún admitiendo que la economía capitalista, dentro de ciertos parámetros, es eficiente, el modo en que se satisfacen las necesidades y los deseos de los individuos es muy distinto. Depende de la clase social a la que pertenece el individuo en cuestión. Los ricos, por ejemplo, tienen muchas necesidades y la mayoría plenamente satisfechas; los obreros que perciben el salario mínimo tienen las necesidades básicas satisfechas, pero las necesidades superiores insatisfechas; y los pobres tienen las necesidades básicas sin satisfacer.

23) La economía esclavista y la economía feudal, al igual que la economía capitalista, empleaban sus recursos “escasos” para satisfacer las necesidades y los deseos de los individuos. Bajo este punto de vista no sabemos en qué se diferencia la economía capitalista de las economías esclavista y feudal. Por lo tanto, la definición dada por Samuelson y Nordhaus sólo nos habla de la índole general de la economía capitalista, pero no de su índole específica. Pero la cosa va más lejos: Samuelson y Nordhaus nos dan la definición de la índole general de la economía capitalista como si nos estuvieran dando la definición de su índole específica. De esa manera la definición de la índole general de la economía capitalista sirve para ocultar, hacer desaparecer, la definición de su índole específica.

Sabemos que en el esclavismo el modo en que se satisfacían las necesidades de los esclavistas era muy distinto del modo en que se satisfacían las necesidades de los esclavos. También sabemos que en el feudalismo el modo en que se satisfacían las necesidades de los señores feudales era muy distinto del modo en que se satisfacían las necesidades de los siervos. Y por lógica deducimos que para conocer esencialmente la naturaleza de las economías esclavista y feudal es necesario, no sólo hablar del modo en que  los recursos escasos eran empleados para satisfacer las necesidades de los individuos, sino también  de los diferentes modos en que se satisfacían las necesidades de dichos individuos. No hay que romperse la cabeza para ver que el modo en que satisface un individuo sus necesidades depende de la clase social a la que pertenece.

Resulta sospechoso, entonces, que Samuelson y Nordhaus no se refieran para nada a los distintos modos en que se satisfacen las necesidades humanas en el capitalismo. Hablan de la satisfacción de las necesidades humanas a secas, haciendo abstracción, dejando de lado, las diferencias en los modos de satisfacción. Así logran presentar la economía capitalista como una economía natural, carente de forma económico social. Pero al igual que sucedía en el esclavismo y en el feudalismo, hablar de las diferencias en los modos de satisfacción resulta clave para  comprender la esencia de la economía capitalista. Cualquier postura, como la de Samuelson y Nordhaus,  tendente a hacer desaparecer las diferencias en los modos de satisfacción en la economía capitalista, favorece los intereses de los capitalistas y les proporciona un gran activo ideológico.

CRITICA A LA TEORÍA DE LA UTILIDAD DE JEVONS


Las tesis fundamentales de Jevons sobre la  naturaleza de la utilidad son las siguientes:

Primera: La utilidad no es una cualidad inherente a las cosas, sino una propiedad circunstancial de las mismas que nace de su relación con las necesidades humanas.

Segunda: En consecuencia, nunca podremos afirmar de forma absoluta que unos objetos tienen utilidad y otros no. Así, por ejemplo, la fruta no recolectada para los consumidores no tiene la más mínima utilidad.

Tercera: todas las partes de una misma mercancía no tienen el mismo grado de utilidad. Así, por ejemplo, un litro de agua diario tiene la máxima utilidad, pues evita que nos muramos de sed; varios galones de agua tienen gran utilidad, puesto que nos permite satisfacer las necesidades de bañarnos, fregar el suelo, lavar la losa, etc.; pero por encima de estas cantidades la utilidad empieza a descender hasta llegar a cero.

Podríamos incluir algunas tesis más de Jevons sobre el particular, pero con estas nos basta para nuestro propósito. Ahora paso a exponer las tesis fundamentales de Marx sobre el mismo tema,  para luego pasar a  compararlas con las tesis de Jevons:

Primera: Marx proporciona dos definiciones de valor de uso: una, es una cosa que por sus propiedades puede satisfacer necesidades humanas, y dos, es una cosa que por sus propiedades puede ser útil en diversos aspectos.

Segunda: La utilidad de una cosa no flota en el aire. Condicionada por las propiedades del cuerpo de la mercancía no existe sin ellas.

Tercera: Los valores de uso se realizan en el uso o en el consumo.

Cuarta: En todo valor de uso se encierra una determinada actividad productiva conforme a un fin, esto es, trabajo útil.

CRITICA


De acuerdo con Jevons diremos que una manzana, por ejemplo, es útil porque satisface necesidades humanas, pero de acuerdo con Marx diremos que una manzana satisface necesidades humanas porque tiene propiedades nutritivas. El hombre primitivo, en su calidad de cazador, tuvo necesidad de lanzar objetos a sus presas. Fue la necesidad de cazar la que le obligó a usar piedras como elementos arrojadizos. Pero la utilidad de las piedras como elementos arrojadizos no dependía de que él las necesitara, sino del peso, volumen y configuración de las mismas. Por lo tanto, la utilidad  no es una  propiedad circunstancial de las cosas que nace de su relación con las necesidades humanas, sino una cualidad inherente a las cosas que depende en su existencia de las propiedades naturales de las  mismas.

Supongamos que tenemos una manzana en el frutero y que de momento nos abstenemos de consumirla. Por el hecho de que no se consume, Jevons deduce que la manzana deja de ser valor de uso. Es decir, que el no consumo de un valor de uso supone para Jevons la negación de su existencia como valor de uso. Si seguimos a Marx, el planteamiento cambia: aunque no consumamos la manzana, no por ello deja de ser valor de uso. Sigue siendo un valor de uso, lo que sucede es que no se realiza como valor de uso. Marx diferencia entre el ser de una cosa y su realización, en este caso, entre valor de uso y consumo, mientras que Jevons toma la no realización de un valor de uso como negación de su existencia como valor de uso. La diferencia  que presenta Marx entre ser y realización, Jevons la presenta como diferencia entre ser y no ser.

Supongamos ahora que al cabo de cinco días decidimos comernos la manzana. Pero no podemos hacerlo porque está podrida. La manzana ha perdido su condición de valor de uso, no porque no se consumiera, sino porque perdió sus propiedades nutritivas. Vuelve a quedar claro aquí que la utilidad de las cosas reside en sus propiedades naturales y no en su relación con las necesidades humanas.

Pensemos ahora en el guepardo y en uno de sus alimentos habituales: el impala. El impala libre y vivo es objeto de la necesidad alimenticia del guepardo, pero no es medio de consumo, no es apto para el consumo, no es un valor de uso. Sólo es apto para el consumo el impala capturado y muerto. Pero para que se produzca este cambio en la forma de existencia del impala, que de estar libre y vivo pase a estar capturado y muerto, el guepardo tiene que realizar una determinada actividad productiva conforme a un fin: cazar. Entre la  necesidad alimenticia del guepardo y su satisfacción media su trabajo de cacería. Por lo tanto, la utilidad de las cosas no brota de las necesidades humanas, sino del trabajo útil.
Conclusiones de la crítica

Los errores de Jevons son los siguientes: uno, ignora que la utilidad de una cosa reside en sus propiedades naturales, dos, no diferencia entre el ser de una cosa y su realización, confundiéndola con la diferencia entre ser y no ser, y tres, ignora que la utilidad de las cosas es obra del trabajo útil.

¿ES MARX METAFÍSICO O CIENTÍFICO?

( Distinción entre esencia y fenómeno)

Los economistas convencionales se niegan a reconocer que en economía es necesario distinguir entre la esencia de las cosas y su forma de manifestación. Las expresiones “esencia” y “forma de manifestación” les suena tanto a Marx y a su herencia hegeliana, que el rechazo es prácticamente instintivo. Y como no reconocen la necesidad de hacer tal distinción filosófica, ignoran que en la forma de manifestación las cosas se presentan a menudo distintas a como son en esencia. Por lo tanto, lo primero que debemos hacer será demostrar que esa distinción filosófica es un saber más corriente de lo que se supone y que el conocimiento de su poder inversor es básico para el desarrollo exitoso de  todas las ciencias.

Todos estamos acostumbrados a decir que el Sol sale por el Este y se pone por el Oeste. De hecho, de acuerdo con nuestra experiencia diaria y la información que nos suministra los sentidos, las cosas se presentan así: la Tierra aparece como un cuerpo inmóvil y el Sol aparece moviéndose alrededor de ella. Pero todos sabemos que en esencia las cosas ocurren al contrario: el Sol es el cuerpo inmóvil y la Tierra es el cuerpo móvil. Si expresáramos esta contradicción de forma dialéctica, estaríamos obligados a decir que el movimiento de la Tierra sobre sí misma genera la apariencia de que  el Sol  se mueve alrededor de aquella.

En este sencillo ejemplo quedan claras dos cosas: una, la necesidad que tienen los físicos de reconocer  la distinción filosófica entre esencia y forma de manifestación, y dos, la necesidad que tienen los físicos de saber que en la forma de manifestación las cosas se presentan al contrario de cómo son en esencia. En primer lugar, la Tierra, que es el cuerpo móvil, aparece como inmóvil, y el Sol, que es el cuerpo inmóvil, aparece como móvil. Y en segundo lugar, lo que en esencia es un movimiento de rotación, se presentan en apariencia como un movimiento de traslación.

Primera reflexión. ¿El hecho de que nosotros sepamos cómo son las cosas en esencia hace desaparecer su forma de manifestación? Dicho de forma más práctica: ¿el hecho de que nosotros sepamos cómo son las cosas en esencia implica que mañana, cuando nos levantemos de la cama y hagamos nuestra vida diaria, veremos las cosas tal y como son en esencia, esto es, al Sol inmóvil y a la Tierra  girando sobre sí misma? Pues no y mil veces no. El conocimiento de cómo son las cosas en esencia no disipa la ilusión generada por la apariencia, no evita que en su forma de manifestación las cosas sigan apareciendo invertidas.

Segunda reflexión. ¿El hecho de que nosotros sepamos cómo son las cosas en esencia hace necesario que le pidamos a los profesores que no enseñen a los niños en la idea de que el Sol sale por el Este y se pone por el Oeste y a las autoridades locales que se empeñen en convencer a los ciudadanos de que no calculen la hora observando la posición del Sol? Pues no y mil veces no. El conocimiento de la forma de manifestación de una cosa es tan necesario como el conocimiento de su esencia y, por lo tanto, las categorías fenoménicas son tan necesarias como las categorías de esencia.

Tercera reflexión. Si en un fenómeno físico tan sencillo, como es la relación de movimiento entre la Tierra y el Sol, es necesario distinguir entre esencia y forma de manifestación y saber que en la forma de manifestación las cosas aparecen al contrario de cómo son en esencia, ¿cómo no va a ser necesario hacer tal distinción y tener en cuenta tal saber en unos fenómenos tan complejos como son los económicos? Negarse a ello, como hace la economía convencional, es actuar en contra del saber filosófico más básico y, por lo tanto, en  contra de la ciencia. Puesto que la ciencia nació de la filosofía y  no debe proceder ignorando sus postulados básicos.

Cuarta reflexión. Lo que en economía es el valor, tal y como fue concebido por Marx, en nuestro ejemplo es la Tierra girando sobre sí misma. Lo que dice la economía convencional es que como el valor, tal y como lo concibió Marx, no puede percibirse por los sentidos, no habiendo manera de descubrirlo en el mercado, debemos concluir que dicho valor no es más que un ente metafísico inventado por la mente ideologizada de Marx. Si aplicáramos a nuestro ejemplo el procedimiento seguido por la economía convencional en el tratamiento crítico del concepto de valor de Marx, estaríamos obligados  a plantear las cosas en los siguientes términos: cómo no podemos ver a la Tierra girar sobre sí misma, debemos concluir que dicho movimiento no es más que un ente metafísico inventado por la mente de los astrónomos.

Para los economistas convencionales las cosas son tal y como aparecen: es el capital la causa del interés, y la tierra la causa de la renta del suelo (es el Sol el que se mueve sobre la Tierra.) Pero para Marx las cosas no son tal y como aparecen: no es la tierra la causa de la renta del suelo ni el capital la causa del interés, sino que la causa del interés y de la renta del suelo es la fuerza de trabajo (es la Tierra  la que se mueve.) Lógicamente los economistas convencionales están en su derecho de argumentar en contra de que  las cosas sean como dice Marx. Pero la economía convencional no argumenta en contra de Marx, sencillamente lo descatalogan como científico. ¿Y por qué? Porque Marx hace uso de la distinción filosófica entre esencia y forma de manifestación cuando analiza los hechos económicos. Pero en verdad los que no actúan como científicos son los economistas convencionales, que ignoran que todas las ciencias, o la mayoría de ellas, actúan sobre la base de ese conocimiento filosófico.

TEORIAS SOBRE EL INTERCAMBIO

(Crítica a la economía oficial)

En el presente trabajo haré uso de tres obras teóricas: ECONOMIA de Samuelson y Nordhaus, La teoría  de la Economía Política de William Stanley Jevons, y  Análisis Económico de Kenneth E. Booulding. A partir de aquí cuando me refiera a ellas sólo indicaré el autor y la página. Con el propósito de determinar el uso correcto de la palabra “valor”, Jevons habla de si en un mercado 1 tonelada de hierro se cambia por 1 onza de oro, “la expresión más correcta y segura es que el valor de la tonelada de hierro es igual al valor de la onza de oro, o que sus valores están en relación  uno a uno”. (p. 121) Dicho en términos de Marx, el intercambio entre la tonelada de hierro y la onza de oro se puede representar por medio de la ecuación: 1 tonelada de hierro = 1 onza de oro, esto es, 1 tonelada de hierro/1onza de oro = 1. Esta es la primera idea que queremos dar por sentada: Jevons afirma que la relación de intercambio entre dos mercancías es una relación de igualdad. A esta afirmación de Jevons la denominaremos primera tesis de la economía oficial.

“En un sistema de mercado, todo tiene un precio, que es el valor del bien expresado en dinero”. (Samuelson y Nordhaus, p. 27) En esta definición de precio está contenida la idea de que entre las mercancías y el dinero hay una relación de expresión. Y en esta relación de expresión se ve con claridad que la mercancía y el dinero no desempeñan el mismo papel: la mercancía desempeña un papel activo, puesto que es el miembro de la relación que expresa su valor, mientras que el dinero desempeña un papel pasivo, puesto que es el miembro de la relación que sirve de material de expresión del valor de la mercancía. A esta afirmación de Nordhaus y Samuelson, que entre la mercancía y el dinero hay una relación de expresión, la denominaremos segunda tesis de la economía oficial.

Supongamos que 1 tonelada de hierro tenga un precio de 1000 pesetas. De acuerdo con la definición de precio, las 1000 pesetas sirven para expresar el valor de 1 tonelada de hierro. Pero que 1 tonelada de hierro tenga un precio de 1000 pesetas implica que, en condiciones normales, la tonelada de hierro se cambiará por 1000 pesetas. “Pero en economía siempre necesitamos “atravesar el velo” del dinero para expresar las verdaderas consecuencias de las distintas decisiones”. (Samuelson y Nordhaus, p. 27) Sigamos entonces el consejo de Samuelson y Nordhaus y atravesemos el velo del dinero. Si una tonelada de hiero vale o es igual a 1000 pesetas y una onza de oro vale o es igual a 1000 pesetas, entonces una tonelada de hiero vale o es igual a una onza de oro. Por lo tanto, la relación de cambio entre la mercancía y el dinero no es más que una caso especial de la relación entre dos mercancías. Por lo tanto, la afirmación de que la relación de cambio entre las mercancías y el dinero es una relación de expresión, nos lleva a la afirmación de que la relación de cambio entre las propias mercancías también es una relación de expresión.

Resumiendo: cuando se analiza el fenómeno del cambio, y de acuerdo con la economía oficial, hay que tener en cuenta dos determinaciones fundamentales: primera, que la  relación de cambio es una relación de igualdad, y segunda, que la relación de cambio es una relación de expresión. Pero la economía oficial, a pesar de establecer estas dos tesis como premisas de su teoría del cambio, no dedica página alguna a analizar el cambio entre  mercancías ni como relación de igualdad ni como relación de expresión. Por lo tanto, procede de una forma totalmente inconsecuente. Lo peor del caso es que encima, cometiendo esta flagrante inconsecuencia, la economía  oficial se presenta en sociedad como el no va más  del rigor científico.

Pero la economía oficial no sólo es inconsecuente con las premisas que establece, sino que va más allá y llega al absurdo: “Cuando una persona acepta comprar un Ford a un concesionario por dos millones de pesetas, eso indica que para ella el Ford vale más que dos millones de pesetas y que para el concesionario los dos millones de pesetas valen más que el Ford”. (Samuelson y Nordhaus, p. 27) Esta interpretación del fenómeno del cambio tira por los suelos la primera tesis de la economía oficial, aquella que dice que la relación de cambio entre dos mercancías es una relación de igualdad. Si el Ford vale para el comprador más de dos millones de pesetas, debemos suponer que para él vale, por ejemplo, dos millones doscientas mil pesetas. Si a esta  situación aplicamos la primera tesis de la economía oficial, obtenemos la ecuación absurda de que  2.000.000 pesetas = 2.200.000 pesetas. Es decir, el comprador cambia un valor en pesetas de dos millones de pesetas por un valor en Ford de 2.200.000 pesetas. No hay que ser muy listo para descubrir que esto es un disparate. Y si para el vendedor los dos millones de pesetas valen más que el Ford, debemos suponer que  para él  el Ford vale, por ejemplo, 1.800.000 pesetas. Si a esta situación aplicamos la primera tesis de la economía oficial, obtenemos la ecuación igualmente absurda de que 1.800.000 pesetas = 2.000.000 pesetas. Es decir, el concesionario cambio un valor en Ford de 1.800.000 pesetas por un valor en pesetas de 2.000.000 de pesetas. ¡Otro disparate!

Si analizamos las cosas más en detalle,  comprobamos que el Ford no tiene un valor sino tres: el que paga el comprador y recibe el vendedor, dos millones de pesetas, el que se imagina el comprador, 2.200.000 pesetas, y el que se imagina el vendedor, 1.800.000 pesetas. En verdad que no hay por donde coger esta teoría que se presenta como excelente en el rigor. Pero lo cierto es que el único valor objetivo, perceptible y externo, es el de dos millones de pesetas, el que paga el comprador y recibe el vendedor.  Mientras que el valor que se imagina el comprador y el que se imagina el vendedor son fenómenos inmanentes a la psicología del vendedor y del comprador. Resulta curioso comprobar cómo la economía oficial pone el grito en el cielo porque Marx concibe el valor como algo inmanente a las mercancías y, sin embargo, habla de dos inmanencias psicológicas de muy difícil  contrastación. De todos modos, y procediendo con sentido común, cabe preguntarse: ¿qué importancia práctica tienen los precios que se imaginan el comprador y el vendedor frente al precio que en verdad paga el comprador y cobra el vendedor?  Ninguna.

Lo peor del caso es que el señor Boulding quiere presentar esta interpretación del fenómeno del cambio como la interpretación apropiada, frente a la interpretación inapropiada de Marx. Esto es ser cara dura y nada más que cara dura. Puesto que, como ha quedado demostrado, la teoría sobre el fenómeno del cambio por parte de la economía oficial es, en parte, inconsecuente con las tesis que establece, y en parte, un disparate y una irracionalidad. Pero dediquémonos ahora a examinar las excelencias mentales del señor Boulding.

Boulding parte de un ejemplo análogo al de Samuelson y Nordhaus para analizar el fenómeno del cambio. Habla de una tal señora Jones que le compra a un tendero un kilo de mantequilla por trescientas pesetas. “...la señora Jones cree que un kilo de mantequilla vale más que trescientas pesetas y el tendero piensa que trescientas pesetas valen más que 1 kilo de mantequilla” (p. 51) Aunque Boulding rechaza la idea de un valor intrínseco a la mercancía, en su análisis del fenómeno del cambio presupone dos hechos intrínsecos: la creencia de la señora Jones y el pensamiento del tendero. Me gustaría saber qué método utiliza la economía oficial para verificar la existencia de esos hechos inmanentes a los agentes del cambio, puesto que a primera vista no resultan observables. Marx a este respecto habla del motivo material del intercambio: como la señora Jones necesita comer y el dinero no le vale para ese fin, cambia el dinero por un valor de uso que le sirva para tal fin, la mantequilla. Por su parte, el tendero no ha comprado la mantequilla para comérsela sino para hacer negocio, esto es, para venderla por una suma de dinero superior al precio de costo. Así que cambia su mercancía por dinero. Esta explicación proporcionada por Marx sobre el motivo material del intercambio, a diferencia de los supuestos psicológicos de la economía  oficial, si es totalmente contrastable.

Boulding se pregunta: ¿Cómo es posible que algo valga más para una persona que para otra? Y responde: “cuanto más tengamos de una cosa, menos necesitamos de ella. Si sólo tenemos 60 gramos de azúcar a la semana, recibiremos con alegría otros 30 gramos adicionales. Sin embargo, si tenemos 300 gramos de azúcar por semana, 30 gramos significarán muy poco. Cuanto más azúcar tengamos, menos necesitaremos otros 30 gramos. Cuanto menos azúcar poseamos, más necesitaremos esos 30 gramos de azúcar”. (p. 51)Aquí, en el razonamiento de Boulding, hay un truco de orden lógico teórico. En todo concepto cabe distinguir el objeto del contenido. Según Boulding el objeto del concepto que él está analizando es el de valor  y el contenido del concepto que él presenta es, por una parte, la cantidad que una persona posea de un determinado bien, y  por otra parte, el grado en que esté satisfecha su necesidad de ese bien.  ¿En qué consiste entonces el truco lógico de Boulding? En que al objeto del concepto le pone un nombre, el de valor, mientras que el contenido conceptual que expone corresponde al concepto de valor de uso, cantidad que se posee de un bien y grado de satisfacción de la necesidad. ¿Cómo deshacer el truco de Boulding? Muy fácil: donde Boulding pone la palabra “valor” nosotros pondremos la palabra “necesidad”,  demostrando que con este cambio de palabra el sentido de sus afirmaciones no cambia en nada. Donde Boulding dice que para la señora Jones 1 kilo de mantequilla vale más que  trescientas pesetas,  nosotros diremos que la señora Jones necesita más la mantequilla que el dinero, puesto que la mantequilla se come y el dinero no. Y cuando Boulding dice que para el tendero las trescientas pesetas valen más que 1 kilo de mantequilla, nosotros diremos que el tendero necesita más el dinero que la mantequilla,  puesto que compró la mantequilla no para comérsela sino para sacar más dinero del que invirtió en su compra. Está claro que las expresiones de Boulding  “es más valiosa” y “tiene más valor” no son más que metamorfosis mal intencionadas de las expresiones “es más necesaria” y “tiene más necesidad”.

Profundicemos un poco más en estas metamorfosis lingüísticas. Boulding dice: ¿cómo es posible que la mantequilla valga más para la señora Jones que para el tendero?  Esta pregunta es una expresión  metamorfoseada de esta otra: ¿cómo es posible que la mantequilla sea más necesaria para la señora Jones que para el tendero? A lo que Boulding responde: cuanto más tengamos de una cosa, menos necesitamos de ella; y cuanto menos tengamos de una cosa, más necesitamos de ella. Como la señora Jones tiene poca o ninguna mantequilla, necesita mantequilla; y como el tendero tiene mucha, no la necesita. Está clarísimo de que contenido conceptual está  hablando aquí Boulding: del valor de uso, de la cantidad que poseamos de ellos y del grado en que  satisfacen nuestras necesidades. ¿Por qué entonces Boulding denomina al objeto de este contenido conceptual “valor” cuando el que le corresponde en propiedad es el de valor de uso? Por una razón muy sencilla: para escamotear el estudio de la verdadera naturaleza del valor.

“Esta proposición (el hecho de que algo valga más para una persona que para otra) puede aparecer incluso demasiado evidente para hacerla, pero resulta sorprendente comprobar las dificultades  que ha dado origen en los estudios económicos el no comprender la verdad que encierra. Así, Carlos Marx argumentó que como un cambio es una ecuación, las dos cosas que son iguales deben de tener un atributo en común. Marx decidió que el atributo común era el trabajo. Este error, que se extiende a toda la escuela “clásica” de la Economía, podría haberse evitado si se hubiese interpretado con más propiedad el fenómeno del cambio” (Boulding, p. 51)

Empecemos primero por enmendar las tergiversaciones del pensamiento económico de Marx llevadas a cabo por Boulding. No es cierto que Marx afirmara que el cambio es una ecuación, sino que la relación de cambio entre dos mercancías se puede representar por una ecuación. Es obvio que  “ser” y  “representar” no son palabras de igual significación. Tampoco es cierto que Marx decidiera que el atributo que comparte  las mercancías en común fuera el trabajo, sino que lo demostró. Es obvio también que decidir cuál es el  atributo común de las mercancías y demostrarlo son actividades intelectuales muy distintas. Pero tampoco es cierto que Marx demostrara que el atributo común de las mercancías es el trabajo, sino el trabajo humano abstracto. En economía marxista es esencial distinguir entre trabajo útil y trabajo humano abstracto, circunstancia que Boulding pasa totalmente por alto.  Por lo tanto, está claro que Boulding es un tergiversador del pensamiento económico de Marx.

Resumamos las críticas a la economía oficial, que tanto se las da de rigurosa y científica frente a la supuesta naturaleza ideológica y carencia de rigor del pensamiento económico de Marx. Primera: la economía oficial no es consecuente con las premisas que establece,  puesto que determinando que la relación de cambio es una relación de igualdad y una relación de expresión, no analiza el intercambio entre mercancías  ni como relación de igualdad ni como relación de cambio. Segunda: combina de forma fraudulenta en un mismo pensamiento el objeto del concepto de valor con el contenido del concepto de valor de uso. Para ello metamorfosea la palabra “necesidad” en la palabra “valor”, evitando así analizar la verdadera naturaleza del valor. Y tercera: tergiversa de forma burda y descarada el pensamiento económico de Marx  para facilitar “su crítica rigurosa”, que así y todo no deja de ser superficial.

CRÍTICA A MICHIO MORISHIMA


(Valor y precio)

“...la teoría del valor trabajo podría aun ser criticada porque los valores, a diferencia de los precios, no son observables ni existe ninguna institución que los determine, y parece razonable que la ciencia ignore un concepto tan metafísico” (p. 28)

Lo primero que deberíamos preguntarle a Morishima es si él ha tenido la oportunidad de ver en alguna ocasión a la fuerza de la gravedad. Estaría obligado a respondernos que no, que a lo largo de su dilatada vida jamás ha tenido la oportunidad de verla. Por lo tanto, y de acuerdo con el procedimiento que ha seguido Morishima con el concepto de valor de Marx, la ciencia debería ignorar el concepto de fuerza de gravedad porque el objeto de dicho concepto no es observable.

Pero la ciencia no haría tal cosa, no llegaría a tal extremo de insensatez y  de falta de razón teórica. Lo que sin duda sí haría sería rechazar la afirmación crítica  de Morishima, por su falta de fundamentos gnoseológicos y por ser contraria al desarrollo de la ciencia. Ya que el desarrollo de la ciencia, y muy en especial el de la ciencia matemática, se basa en el conocimiento de esencias no observables.

Avancemos un poco más en este camino. Si desde la ventana de un segundo piso dejamos suelta una manzana, ésta caerá hasta chocar contra el suelo. De la existencia de este hecho observable inferimos que en la Tierra hay una fuerza que atrae hacia ella a la manzana. Es decir, tomamos constancia de la existencia de la fuerza de la gravedad,  no por medio de una percepción inmediata de la misma, sino por medio de la percepción de su expresión o manifestación objetiva. Y la caída de la manzana desde el segundo piso hasta el suelo es la manifestación objetiva de la existencia de la fuerza de la gravedad. Por lo tanto, el conocimiento de la fuerza de la gravedad es mediato y no inmediato.

Esta contradicción entre esencia y fenómeno (o manifestación) que se nos presenta en el conocimiento de la fuerza de la gravedad, también se nos presenta en el conocimiento del valor de las mercancías. En el mercado resulta imposible percibir de forma inmediata el valor de las mercancías, no obstante, si podemos observar su precio, que no es más que la manifestación objetiva de la existencia del valor. De hecho, hasta la propia economía contemporánea define el precio como la expresión (o manifestación) en dinero del valor de las mercancías. Por lo tanto, es un absurdo total que Morishima acepte la existencia objetiva del precio y al mismo tiempo rechace aquello de lo que es expresión el precio, esto es, el valor. Si Morishima quisiera hacer compatible su aceptación del precio con su rechazo del valor, debería dar una definición de precio que no incluyera la referencia al valor de las mercancías. Pero mientras esperamos a que nos dé tal definición, debemos declarar que Morishima no procede con rigor científico cuando crítica el pensamiento económico de Marx.

Si Morishima hubiera procedido con rigor, no debió haber afirmado que el valor no es observable, sino que de él no tenemos una percepción inmediata. Pero del hecho de que del valor no tengamos un conocimiento inmediato no podemos inferir que sea incognoscible y, por lo tanto, que su conocimiento sea metafísico. Puesto que la ciencia no sólo se compone de conocimientos inmediatos, sino también, y en mayor medida, de conocimientos mediatos. De manera que Morishima debió haber demostrado que del valor no sólo no tenemos conocimiento inmediato, sino tampoco podemos tener un conocimiento mediato. Sólo si hubiera hecho tal demostración, sería legítima su propuesta que el concepto de valor de Marx no tenga carta de ciudadanía en la economía contemporánea.

Pero tampoco es del todo cierto que el valor de las mercancías no es observable. Es totalmente cierto que las mercancías existen y se realizan como valores en el mercado,  pero también es totalmente cierto que el valor no se crea en el mercado sino en la producción. ( Al menos esto es así en la concepción de Marx) Sin embargo, Morishima no se tomó la molestia de estudiar y someter a crítica el proceso de creación del valor que Marx elaboró en El Capital, donde resulta totalmente observable el valor. Surge una pregunta: ¿cómo es posible que Morishima afirme que el concepto de valor de Marx es metafísico sin haber estudiado y criticado  la parte de El Capital donde Marx expone cómo se crea el valor? Sólo cabe una explicación: Morishima no es serio ni honesto, y como crítico del pensamiento económico de Marx es puro fraude.

Morishima se nos presenta como una persona que persigue el loable fin de darle expresión rigurosa al pensamiento de Marx. Aparentemente los marxistas deberíamos estar muy agradecidos con que un economista de tanto prestigio le dé rigor al pensamiento económico de Marx.  Pero bajo ese loable fin se oculta una intención malvada: con dicha pretensión se presenta a sí mismo en el papel del científico, con todo el rigor que eso conlleva, y a Marx en el papel de metafísico e ideólogo, con toda la falta de rigor que eso conlleva. Pero según hemos podido ver en todo lo que llevamos dicho, Morishima ni es riguroso ni es honesto en la crítica al pensamiento económico de Marx. No es cierto que él represente a la ciencia y Marx a la ideología y a la metafísica. Nada es lo que parece en Morishima, aunque tenga engañado a propios y a extraños.  Lo repito: Morishima, como crítico del pensamiento económico de Marx,  es puro fraude.

CRITICA A SILVIO GESELL

(El orden económico natural. Primera parte: El dinero tal cual es)

Escuchemos primero como leyó Gesell a Marx: “Si abstraemos –decía Marx- de las sustancias elaboradas, las cualidades corporales, queda tan solo una propiedad, el valor”. Y escuchemos ahora cómo armó su crítica: “ Quien acepte estas palabras escritas al principio de la obra El Capital sin descubrir en ellas algo sospechoso, puede seguir leyendo tranquilamente. Ya no se pervertirá. Pero quien se plantee el interrogante: ¿qué es una cualidad separada de su materia?, o perderá la razón, o la tachará de tontera, y su punto de partida de fantasía”. El truco principal de este crítico de Marx estriba en tergiversar previamente las palabras de Marx, aderezarlas a su manera, para después armar una crítica a la medida de sus propios intereses. Y no sólo tergiversa las ideas de Marx, sino además las oscurece y las empobrece.

Disponible en:

http://www.zonaeconomica.com/historiapens/marx/teoriadelvalor.php#gessel

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