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Teoría del Caos

Por Episteme - 26 de Noviembre, 2012, 17:21, Categoría: Filosofía de la ciencia

Lorenz Attractor on Twitpic

La introducción del Caos en las distintas disciplinas científicas a partir del siglo pasado representa sin lugar a dudas un cambio de paradigma frente a los fundamentos del modelo clásico, quiebre que significa principalmente un claro rechazo a la concepción determinista de los procesos humanos y naturales. Uno de sus precursores fue el matemático francés Henri Poincaré (1854-1912), que ya a principios del siglo XX haba llegado a ciertas conclusiones que habrán de ser un importante antecedente histórico y conceptual a la teoría del caos. As, ensayando con sistemas matemáticos no lineales descubrió que un pequeño error en las condiciones iniciales, en vez de generar pequeñas modificaciones en el sistema, provocara enormes cambios y una transformación sustancial de aquel estado original. Similares conclusiones llegaron al encuentro de Edward Lorenz (1917-2008), matemático y meteorólogo estadounidense, cuando en la década del 60, tratando de predecir el clima a través de fórmulas matemáticas que relacionaban variables como tiempo y humedad, descubrió una propiedad que resume en pocas palabras una característica esencial del caos: la sensibilidad a las condiciones iniciales. Esta propiedad, similar a lo que se desprenda en las conclusiones de Poincaré para las matemáticas, supone que la ms mínima perturbación en las condiciones iniciales de un sistema dado deriva en cambios cualitativos de tal magnitud que terminan por modificar sustancialmente el sistema en su totalidad. De manera tal que Lorenz llegó a la conclusión de la imposibilidad de pronosticar fenómenos climáticos más allá de un cierto número de das. Algo parecido ocurrirá en el campo de la biología para la misma poca; distanciándose de una visión generalizada que se tena respecto a los sistemas dinámicos biológicos, algunos ecólogos manifestaban para ese entonces que el desorden observado en las oscilaciones del tamaño de las poblaciones animales y vegetales era tal vez inherente a dichos sistemas, es decir, se estaba rompiendo con una concepción general de la biología que reconozca en la estabilidad la cualidad determinante de los sistemas, siendo el desorden atribuible a la sola influencia de factores externos.


Todas estas argumentaciones confrontaban con aquella cosmovisión dominante del siglo XIX en donde el orden y el desarrollo determinista del mundo se erijan como ejes fundamentales de la misma. En efecto, exista una adecuación básica a los postulados de la física clásica, a partir de los cuales se crea que en todo proceso temporal el futuro dependa de un modo determinista del pasado. Un ejemplo de esto era el sistema solar, siendo un sistema dinámico, se argumentaba que dadas las posiciones y las velocidades de todos los planetas en un instante dado, las leyes de la mecánica permitirán calcular sus posiciones y velocidades en todo instante ulterior. Pierre Simon Laplace, astrónomo, físico y matemático francés nacido en 1749, supo ser un cabal defensor de esta visión determinista, al tiempo que argumentaba que si un intelecto pudiese condensar todas las fuerzas que animan la naturaleza y las posiciones de los seres que la componen, para ese intelecto nada podrá ser incierto. Mas allá de esta figura ejemplificadora, conocida como el "demonio de Laplace", lo que subyace a este argumento es la concepción determinista del mundo propio de la física clásica, a partir de la cual la imposibilidad de predecir acontecimientos futuros, se crea, estaba dada por la ignorancia de alguna de las condiciones iniciales propias del sistema y no por el desarrollo del mismo.

Pero a partir del siglo XX esta cosmovisión comienza a resquebrajarse, y frente a los conceptos de orden, determinismo y desarrollo lineal entronizados por el modelo clásico, empiezan a surgir nuevas concepciones que dan cuenta de un cambio de mentalidad y de un quiere de poca fundamental; desorden, caos, indeterminismo y desarrollo aleatorio comienzan a ser conceptos explicativos validos de la realidad. Uno de los principales exponentes de esta visión general y de la Teoría del Caos en particular fue Ilya Prigogine, Físico, químico y profesor universitario belga de origen soviético, galardonado con el Premio Nobel de Química del año 1977. Su formulación de una termodinámica general se explica a partir del estudio de las estructuras disipativas (estructuras que cambian materia y energía con el exterior y, por ende, altamente inestables) en el mundo físico y del análisis de una de sus propiedades fundamentales, la posibilidad de dar lugar a una auto-organización espontánea, o dicho en otros términos, la manera en que el desorden genera orden. Esto último resulta clave para entender el pensamiento de Prigogine puesto que el autor no sostiene, así como tampoco las formulaciones generales del Caos, que nicamente existe el desorden y el caos (de ser as cualquier intento científico estará condenado al fracaso) sino que en el Universo se manifiestan ciclos sucesivos de orden y desorden, es decir, la realidad se presenta como una "mezcla" de estados. De este modo, el estudio de las estructuras disipativas le sirvió a Prigogine para postular que los desequilibrios químicos no desembocan siempre en la anarquía, sino que algunas veces permiten la aparición espontánea de organizaciones o estructuras perfectamente ordenadas. Ahora bien, al interior de este proceso dinámico el lugar no menor que ocupa el azar y lo aleatorio define sobremanera el proceso mismo, lo que hace imposible predecir con absoluta exactitud el desarrollo del sistema ("el fin de las certidumbres"). Una figura clásica y ejemplificadora de este desarrollo es la de "puntos de bifurcación", a través de la cual se explica cómo el desarrollo de un sistema dado no prosigue una secuencia lineal y susceptible de ser anticipada sino que en determinado momento de su evolución se enfrenta ante la posibilidad de "caminos" alternativos, siendo imprevisible la "rama" de la bifurcación que "escoger" el sistema, lo que hace al fenómeno absolutamente aleatorio. De esta forma las leyes del caos no solo rompen con el modelo determinista y lineal de la mecánica clásica sino que incorporan cambios sustanciales en la concepción del tiempo, dejando atrás la visión reversible y bidireccional del mismo (sin distinguir entre pasado y futuro) por aquella ligada a la "flecha del tiempo", esto es, transcurriendo irreversiblemente en una sola dirección. Siguiendo el principio de Bolzmann, el paso del tiempo implicara un "olvido" de las condiciones iniciales a punto tal de pensarlo imposiblemente reversible. As definido, Prigogine entiende que su "dimensión creadora" o "papel constructivo" evidencia claramente una forma de ruptura frente a la concepción clásica del tiempo.


Uno de los aspectos ms enriquecedores que se desprenden de la Teoría del Caos es que nos invita a pensar una realidad esencialmente "abierta" y "plural", lejos ya de aquella cosmovisión determinista del siglo XIX. De esta forma la libertad humana ya no depende exclusivamente de la voluntad ni de la responsabilidad del sujeto, sino que la libertad es parte objetiva de la realidad misma, lo que representa una invitación estimulante a discutir tica y moralmente la "pluralidad de futuros" posibles. El fin de la capacidad humana ("laplaciana") para poder predecirlo todo termina por ser una condición liberadora cuando se llega a reconocer en ella una ganancia del saber, o dicho en otros términos, cuando la ciencia logra integrar lo posible a su esfera de conocimiento, reconociendo a lo real solo como una realización entre las muchas posibles.


Fuentes: Lombardi, O., Los aportes de Prigogine a la Biología y a las ciencias sociales, tesis doctoral; Revista "Mundo Científico", N 115 volumen 11; Prigogine, I., Las leyes del caos, Critica, Barcelona, 2004; Spire, A., El pensamiento de Prigogine, Andrés Bello, España, 2000; Cazau, P., La teoría del Caos, www.antroposmoderno.com

Vilardo, Fernando. Teoría del Caos [En línea] Disponible en: CECIES. Pensamiento Latinoamericano alternativo. http://www.cecies.org/articulo.asp?id=126

 

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