Epistemología
Epistemología : Fundamentación epistemológica de las teorías

 

Epistemología: fundamentación epistemológica de las teorías


Autor:
Rodolfo-J. Rodríguez
Correo-E:
rodolfojrr@gmail.com

San José, Costa Rica, América Central




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Epistemología: Fundamentación epistemológica de las teorías

Evolucionismo

 

150 Aniversario de El Origen de las especies

Enlace permanente 25 de Agosto, 2008, 8:38

La revista de filosofía teorema publicará en 2009 un número especial dedicado a conmemorar el 150 aniversario de la publicación de El origen de las especies y el 200 del nacimiento de Charles Darwin.

Con este motivo, teorema invita a proponer para su publicación en la revista artículos originales que traten sobre aspectos históricos, epistemológicos, metodológicos, sociológicos, éticos, etc., relacionados con Darwin y el darwinismo. Se tomarán también en consideración recensiones y notas críticas sobre libros recientes de esa temática.

El director invitado será el Prof. Andrés Moya, Catedrático de Genética de la Universidad de Valencia (España), y director del Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolucionista [http://www.uv.es/ cavanilles/personal/ Andres_Moya/].

Los artículos deberán estar escritos en español o ingles y su extensión no deberá sobrepasar las 15 páginas tamaño A-4 a doble espacio (o 6.000 caracteres). Se ruega a los autores que, para la presentación de sus trabajos, se ajusten a las normas que pueden encontrar aquí.

Se agradece especialmente a los autores que notifiquen la intención de presentar un artículo o recensión, ya que esto ayuda de manera muy importante a la coordinación y el diseño de este número de la revista. Los autores deben presentar sus trabajos tanto en formato electrónico como en papel (3 copias).

Todas las preguntas y propuestas han de ser enviadas a:

Teorema

Prof. Luis M. Valdés Villanueva
Director de teorema
Departamento de Filosofía
Universidad de Oviedo
E-33071 Oviedo (España)
E-mail: lmvaldes@uniovi.es

Plazo límite de entrega para las propuestas: 1º de febrero de 2009

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Richard Dawkins: Biología evolutiva

Enlace permanente 18 de Agosto, 2008, 14:35

Richard Dawkins
Richard Dawkins(1941) ocupa la cátedra Charles Simonyi de Difusión de la Ciencia en la Universidad de Oxford. Nació en Nairobi,Kenia,  de padres británicos. Fue educado en Oxford y realizó su doctorado bajo la tutela del Premio Nobel Nikolaas Tinbergen. Desde 1967 hasta 1969 fue profesor adjunto en la Universidad de California, Berkeley. Dawkins ganó fama con su libro: "El gen egoísta", publicado en 1976, que popularizó la visión de la evolución enfocada desde los genes, e introdujo los términos meme y memética. En 1982 hizo una contribución original a la ciencia de la evolución con la teoría presentada en su libro: "El fenotipo extendido", que afirma que los efectos fenotípicos no están limitados al cuerpo de un organismo, sino que pueden extenderse más allá en el ambiente, incluyendo los cuerpos de otros organismos. Desde entonces ha escrito varios libros muy populares sobre la evolución, y ha aparecido en varios programas de la televisión británica sobre biología evolutiva, creacionismo y religión. Dawkins se declara ateo, humanista y escéptico. Es miembro del movimiento bright y –como comentarista de ciencia, religión y política– está entre los intelectuales públicos más conocidos del mundo en lengua inglesa. En referencia al epíteto de "bulldog de Darwin" que se le daba a Thomas Huxley, la defensa apasionada de Dawkins de la evolución le ha ganado el apelativo de "rottweiler de Darwin".

Vídeos de Richard Dawkins:

El relojero ciego:
Un extracto de El relojero ciego (The Blind Watch Maker), de Dawkins, hecho en 1987. Explica los malentendidos de los creacionistas, y los mecanismos que sigue la evolución biológica.
Entrevista a Richard Dawkins:

Richard Dawkins entrevistado por Paula Zahn

William Crawley entrevista a Richard Dawkins:


¿Porqué estamos aquí?


Parte 1:

Parte 2:

Parte 3:
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Charles Darwin y la evolución de las especies

Enlace permanente 10 de Agosto, 2008, 16:33

Charles Darwin y la evolución de las especies
 Resumen de las ideas de Darwin y del hecho evolutivo según la moderna biología.Vídeo extraído de la Serie Redes de TVE por  de Eduard Punset.

Darwin en las Islas Galápagos
El archipiélago de las Islas Galápagos tuvo una gran influencia en las ideas de Darwin.
Vídeo montado a partir de dos documentales: "Los orígenes de la Humanidad" y "Las Galápagos", de la BBC.

El viaje de Darwin

Darwin y el viaje del H.M.S. Beagle

Biografía de Charles Darwin
La vida de Darwin.
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La teoría de la selección sexual darwiniana

Enlace permanente 9 de Junio, 2008, 1:45

La batalla de los sexos

Una vez en marcha, hace 800 millones de años, la diferenciación de sexos marcó la evolución de dos tendencias, de dos formas de enfrentarse al mundo. Hoy, intentamos averiguar todavía hasta dónde ha influido esa división en el fondo de nuestras conductas sociales.



En la London School of Economics, Helena Cronin, especializada en darwinismo y evolución humana, ha profundizado en el estudio de las diferencias entre hombres y mujeres respecto a comportamientos y capacidades. Mientras escribe un libro con sus últimas conclusiones, Punset quiso conversar con ella sobre las claves que nos da el darwinismo para comprender buena parte de nuestras reacciones, deseos y formas de vida.

Además de contar con las ideas de Cronin, también hemos consultado a Arcadi Navarro, biólogo evolutivo de la Universidad Pompeu Fabra, quien nos explica cuáles son las diferencias sexuales de base genética, aunque opine que la determinación genética no es definitiva debido a la interacción con el ambiente. María Jayme, doctora en psicóloga diferencial del sexo y del género de la Universidad de Barcelona, nos habla de experimentos que demuestran cómo, a los 18 meses de vida, ya hay diferencias innatas manifiestas entre niños y niñas.

Fuente:
Redes / SmartPlanet
http://www.smartplanet.es/redes.php


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Epistemología discontinuista

Enlace permanente 17 de Septiembre, 2007, 6:51

Epistemología discontinuista

15.07.2002

 





Toumai o la esperanza de vida
 

Cada dia estoy mas convencido de que Gerald Holton estaba bien en lo cierto cuando acuñó su idea de themata para la ciencia (-que bien podríamos extender su idea a la economía, a la politica o a cualquiera sistema de creencias cíclico, que los hay por doquier-).

 

En un par de obras muy poco discutidas y escasamente leidas publicadas en los años 70 como fueron Thematic Origins of Scientific Thought. Kepler to Einstein (1973) y The Scientific Imagination: Case Studies (1978), Holton nos instaba a cuestionar la forma tradicional de entender el desarrollo científico aportando una nueva lectura, la temática que se refería a los contenidos de la ciencia a diferencia de los contenidos empíricos y analíticos tradicionales.

 

Según Holton los themata son decisivos en la iniciación y acotación de ciertos insights científicos individuales. En esas obras exquisitas y muy difíciles de leer, Holton hizo uso extensivo de la idea de imaginación científica aplicada a la nociones de relatividad y de complementariedad (para una buena síntesis del pensamiento de Holton ( E. Otero: La Filosofía de la Ciencia de Gerald Holton).

 

Dicho muy mal y rápidamente, para Holton hay una cincuentena de temas (y su negación) que desde los comienzos de la historia del conocimiento se vienen alternando y guiando todas las investigaciones en los mas diversos campos del saber. Entre esos se encuentran dos parejas de opuestos especialmente utiles cuando de entender los vaivenes en la aceptación o no de nuevas teorías y de la evidencia para soportarlas o testearlas se trata, como son el atomismo / corpuscularismo pero sobre todo la fantástica díada continuidad/discontinuidad.

 

Hace décadas que sabemos que los científicos (al igual que las personas comunes y silvestres) no ven lo que quieren sino lo que pueden. No por nada durante décadas se creyó que el cuerpo humano estaba constituido por 48 cromosomas y no por 46. ¿Será que una potencia de dos es una imagen o metáfora muy poderosa como para simplemente descartarla porque por una vez (o por unas cuantas mas) a la naturaleza le gustó mas comportarse según sus secretos que según la idílica imagen matemática que tenemos de un Dios creador implacable y milimétrico?

 

Este retorno a nuestras fuentes epistemológicas es obligado cuando recalamos en una noticia que seguramente será una de la mas importantes en términos de revisión de nuestros orígenes acaecida en el ultimo medio siglo.

 

2. Un cráneo que dará mucho que hablar

 

A mediados de Julio del 2002 se publicó en la sacrosanta revista Nature la insólita noticia de que el mas viejo de los cráneos jamás encontrado había sido desenterrado en el Norte de Chad.

 

Se trata de un fósil de 7 millones de años de antigüedad que seguramente hará tantas olas en nuestra comprensión no solo de la evolución humana sino sobretodo de la epistemología equivocada que ejercemos a diario, como para que empecemos a prepararnos.

 

El descubrimiento (un cráneo casi completo, dos fragmentos del maxilar inferior y tres dientes) con lo esmirriado que parece ser a solo una semana de su promoción mediática, esta causando estragos en las visiones continuistas y lineales que permanentemente se quiere retroproyectar sobre los procesos de hominización.

 

El primer golpe al narcisismo humano está dado por el reconocimiento de que los primeros pre-humanos pueden haberse separado de los antepasados de los chimpancés y otros monos superiores por lo menos un millón de años antes de que lo que la evidencia genética del DNA molecular nos había hecho creer hasta ahora. Queda así de manifiesto que las raíces humanas penetran mucho más profundamente en sus trasfondos animales de lo que muchos estaban dispuestos a admitir.

 

Pero lo mas interesante del descubrimiento no es tratar de poner el dedo en el momento justo en que se produjo la especiación, sino que asesta un golpe mucho mas mortal a nuestras metáforas para entender la evolución humana. A saber la obsesión con los árboles y sus ramas inequívocamente abiertas en dos. Porque lo que los fósiles ponen de manifiesto es que los orígenes humanos tienen una complejidad evolutiva y una diversidad que desafía todo encapsulamiento arbóreo definido.

 

En una palabra nos encontramos aquí con el mismo señalamiento que comentábamos una semana atrás de Wiebe Biejker al reconstruir la historia de las bicicletas o de Rebecca Spang acerca de los orígenes de los restaurantes. En ningún caso se puede hablar de linealidad, ni de supervivencia de los mejores, ni de aproximación a un objetivo teleológicamente asegurado desde siempre.

 

Porque la criatura descubierta en el Chad, con su inusual combinación de rasgos podría representar de pronto una inesperada diversidad en los homínidos ancestrales. En efecto los dientes, la caja craneana y los rasgos faciales sugieren que el habitante de las veras de los lagos dotado de un micro cerebro -no mucho mas alto que un chimpancé- podría ser un antecedente directo de nuestra humanidad actual.

 

Y dado que los fósiles fueron encontrados a una distancia enorme del Valle de Africa del Este que alguna vez se consideró la cuna de la humanidad, existen altísimas probabilidades de que los homínidos primitivos estuvieran mucho mas desparramados de lo que se creía, pero peor aún, para las hipótesis dormitivas y pacificadoras tradicionales (todas empecinadas en justificar una linealidad absoluta en nuestras raíces), que es muy probable que haya existido una enorme diversidad de homínidos -cualquiera de los cuales pudo haber sido nuestro antecesor remoto.

 

Los fragmentos fueron desenterrados en Julio del 2001 en el desierto Djurab en Chad en Africa Central, por una misión paleoantropológica Franco-chadiense, conformada por un grupo de 40 investigadores de 10 países liderada por el paleontólogo francés Michel Brunet de la Universidad de Poitiers.

 

Es la consagración del trabajo de este esforzado investigador que hace 25 años viene trabajando la mayor parte del tiempo solo, y que estuvo investigando en una de las zonas mas inhóspitas del planeta, no solo asediado por las dunas del desierto sino sobretodo por las minas personales que fueron plantadas en él después de décadas de guerra intertribales.

 

3. Y vio la luz y se llamó Sahelanthropus tchadensis

 

Lo que el frondoso equipo de Michel Brunet de la Universidad de Poitiers encontró fue tan inusual que tuvieron que crearle una clasificación propia, incluyendo genero y especie bautizándolo con el nombre de Sahelanthropus tchadensis.

 

Brunet y sus colegas llamaron "Toumai," al homínido con una palabra que en el lenguaje local Goran significa "esperanza de vida " nombre que tradicionalmente se le da a los chicos que nacen en la estación seca.

 

Reiterando lo que decíamos mas arriba el cráneo de Chad es el descubrimiento más importante en la búsqueda de los orígenes del hombre desde que Raymond Dart anunció el "hombre mono" Australopithecus afircanus en 1925, en más de medio siglo. Muestra que la idea del eslabón perdido es insostenible.

 

El cráneo revela, de una vez y para siempre, que la vieja idea de un "eslabón perdido" es pura palabrería. El aspecto mezclado del rostro de Toumai significa que estamos viendo la pequeña punta de un gigantesco iceberg, simplemente el ejemplo de lo que puede haber sido una enorme diversidad de criaturas que vivieron entre 4 y 10 millones de años atrás.

 

La gente y los publicistas tienden a ver a la evolución humana como una línea que va de los monos al hombre, en el cual uno puede encajar cada nuevo fósil encontrado tan fácilmente como los eslabones de una cadena. Hasta los antropólogos modernos caen en esta trampa, aceptando que se abren algunas ramificaciones en el árbol familiar humano entre los 3 y los 2 millones de años atrás, cuando el Homo genus emergió pero considerando la evolución humana anterior básicamente lineal.

 

Las últimas investigaciones ponen en evidencia lo poco que sabemos del pasado: sugieren que tenemos evidencia directa sólo del 7 por ciento de todas las especies de primates que existieron.

 

Esto significa tres cosas. Primero, que tendemos a observar esas pistas que conocemos, las conectamos con líneas y las convertimos en una secuencia lineal de ancestros y descendientes que nunca existió. Pero ahora debería quedar bastante claro que la idea del eslabón perdido, siempre temblorosa, es completamente insostenible.

 

Segundo, que sabemos desesperadamente poco del curso de la evolución humana.

 

Tercero, que allá afuera hay probablemente muchos más fósiles como Toumai para quienes tienen la perseverancia y paciencia de Michel Brunet y su equipo.

 

4. Por las dudas disparar primero y preguntar después.

 

¿Pero si se trata todo de una gran confusión, para no hablar directamente de otra de las habilidades de los científicos que a veces fabrican lo que no existe, e incluso pueden meter ruido para hacerlo mas creíble?

 

Aunque frente a un caos teórico como el disparado por este descubrimiento pareceríamos estar buscándole pelos a la leche, ya hay quienes insisten en que no debemos descartar esta posibilidad.

 

Así ya sea por rivalidades que desconocemos, por algún gen femenista o porque realmente cree que tiene razón, Brigitte Senut del Natural History Museum en Paris (ver Hmmm, About That Skull Find) insiste en que algunas características del cráneo son propias de los gorilas femeninas antes que indicadores de rasgos humanos.

 

Senut no fue la única en dudar. Lo mismo hizo el conocido Yves Coppens del College of France quien le escupió a Le Figaro de Paris que el cráneo tenia una forma ambigua, con la parte de adelante muy homínida y la trasera como la de los monos.

 

La observación cuestionadora no es menor porque la gran diferencia está en ver o no al cráneo como pre-humano o como una cara mas de los grande monos primitivos.

 

Por supuesto que todavía quedan muchos tests por delante y con mucha investigación computacional y química mediante se podrá determinar finalmente si se trataba de un proto-humano o de un mono cualunque. En cualquier caso nadie discute la importancia manifiesta del descubrimiento en términos de una reescritura de nuestros orígenes

 

Pero mucho mas importante aun, es que este hallazgo hace bascular nuevamente a los themata de la ciencia dejando a los arborescentes y a los lineales en off-side y exigiendo una concepción reticular de la evolución mucho mas compleja y nada teleológica. (Para un análisis de los prejuicios arborescentes del propio Darwin se puede ir a los trabajos seminales de Howard Gruber como Darwin on man. A psychological study of scientific cerativity (Universidad de Chicago Press, 1981; Judith Wechsler (ed) On aesthetics in science (MIT Press, 1981) y Lorena Preta (ed) Imágenes y metáforas (Alianza, 1993).

 

Hasta hoy en la genealogía de los monos había agujeros que ocupaban millones de años. Pero mas importante que tratar de suturar ese gruyere lo que el descubrimiento puso de relieve es que la evolución no es meramente un rompecabezas cuyo formato se conoce de antemano y donde simplemente hay que encajar los pedazos faltantes.

 

La propia figura del rompecabezas está en cuestión y probablemente nuestra concepción del progreso científico y sobretodo de nuestras concepciones acerca de la imaginación científica -como tan bien analiza Holton en sus trabajos- están en profunda crisis.

 

Después de todo no deberíamos sorprendernos tanto cuando todo está en plena efervescencia y no hay una pizca de certeza en ningún campo de la acción. ¿Porque debería haberlo en el de la ciencia y la tecnología? ¿O aquí no hay tanta incertidumbre como en los otros ámbitos del hacer? Este ejemplo -y se podrían encontrar mil mas- muestran que así es. Y para quienes comulgamos epidérmica y epistemo-tecnicamente con una lectura discontinuista de los hechos (científicos) este vaiven nos pone mas que contentos. Cuando casi nada ya lo hace.

 

Para saber mas sobre el tema consultar las siguientes referencias en la red:

 

Skull bones discovery may shift theories of human evolution Los Angeles Times

 

http://www.startribune.com/stories/1556/3051410.html

 

Sobre el descubrimiento de Toumai:

http://www.cnrs.fr/cw/fr/pres/compress/Toumai/Tounaigb/infocontacgb.html

 

Fotos del fósil:

http://www.cnrs.fr/cw/fr/pres/compress/Toumai/Tounaigb/illustragb.html

 

Otras noticias periodísticas

 

http://news.ninemsn.com.au/World/story_35221.asp

 

El eslabón perdido no existió Por Henry Gee The Guardian:

http://pagina12.feedback.net.ar/secciones/sociedad/index.php?id_nota=7555&seccion=3&fecha=2002-07-12#

 

Evolution's Surprise: Fossil find uproots our early ancestors de Bruce Bower:

http://www.sciencenews.org/articles/20020713/fob1.asp

 

Disponible en:

http://www.ilhn.com/filosofitis/ensayitis/archives/000499.php

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Evolution: The Pleasures of Pluralism

Enlace permanente 15 de Septiembre, 2007, 16:04

Evolution: The Pleasures of Pluralism

STEPHEN JAY GOULD

New York Review of Books, June 26, 1997

¶1 Charles Darwin began the last paragraph of The Origin of Species (1859) with a famous metaphor about life's diversity and ecological complexity:

It is interesting to contemplate an entangled bank, clothed with many plants of many kinds, with birds singing on the bushes, with various insects flitting about, and with worms crawling through the damp earth, and to reflect that these elaborately constructed forms, so different from each other, and dependent on each other in so complex a manner, have all been produced by laws acting around us.

He then begins the final sentence of the book with an equally famous statement: "There is grandeur in this view of life...."

¶2 For Darwin, as for any scientist, a kind of ultimate satisfaction (Darwin's "grandeur") must reside in the prospect that so much variety and complexity might be generated from natural regularities--the "laws acting around us"--accessible to our intellect and empirical probing. But what is the proper relationship between underlying laws and explicit results? The "fundamentalists" among evolutionary theorists revel in the belief that one overarching law--Darwin's central principle of natural selection--can render the full complexity of outcomes (by working in conjunction with auxiliary principles, like sexual reproduction, that enhance its rate and power).

¶3 The "pluralists," on the other hand--a long line of thinkers including Darwin himself, however ironic this may seem since the fundamentalists use the cloak of his name for their distortion of his position--accept natural selection as a paramount principle (truly primus inter pares), but then argue that a set of additional laws, as well as a large role for history's unpredictable contingencies, must also be invoked to explain the basic patterns and regularities of the evolutionary pathways of life. Both sides locate the "grandeur" of "this view of life" in the explanation of complex and particular outcomes by general principles, but ultra-Darwinian fundamentalists pursue one true way, while pluralists seek to identify a set of interacting explanatory modes, all fully intelligible, although not reducible to a single grand principle like natural selection.

¶4 The first part of this article outlined the general fallacies of ultra-Darwinian fundamentalism, especially in the light of new theories and discoveries in the core disciplines of developmental biology, paleontology, and population genetics.1 In this second and concluding part, I shall analyze a prominent philosopher's influential but misguided ultra-Darwinian manifesto--Darwin's Dangerous Idea, by Daniel Dennett. I shall also take up the methodology of so-called "evolutionary psychology"--a field now in vogue as a marketplace for ultra-Darwinian explanatory doctrine. Evolutionary psychology could, in my view, become a fruitful science by replacing its current penchant for narrow, and often barren, speculation with respect for the pluralistic range of available alternatives that are just as evolutionary in status, more probable in actual occurrence, and not limited to the blinkered view that evolutionary explanations must identify adaptations produced by natural selection.

1.

¶5 Daniel Dennett devotes the longest chapter in Darwin's Dangerous Idea to an excoriating caricature of my ideas, all in order to bolster his defense of Darwinian fundamentalism. If an argued case can be discerned at all amid the slurs and sneers, it would have to be described as an effort to claim that I have, thanks to some literary skill, tried to raise a few piddling, insignificant, and basically conventional ideas to "revolutionary" status, challenging what he takes to be the true Darwinian scripture. Dennett claims that I have promulgated three "false alarms" as supposed revolutions against the version of Darwinism that he and his fellow defenders of evolutionary orthodoxy continue to espouse.

 

¶6 Dennett first attacks my view that punctuated equilibrium is the dominant pattern of evolutionary change in the history of living organisms. This theory, formulated by Niles Eldredge and me in 1972, proposes that the two most general observations made by palentologists form a genuine and primary pattern of evolution, and do not arise as artifacts of an imperfect fossil record. The first observation notes that most new species originate in a geological "moment." The second holds that species generally do not change in any substantial or directional way during their geological lifetimes--usually a long period averaging five to ten million years for fossil invertebrate species. Punctuated equilibrium does not challenge accepted genetic ideas about the rates at which species emerge (for the geological "moment" of a single rock layer may represent many thousand years of accumulation). But the theory does contravene conventional Darwinian expectations for gradual change over geological periods, and does suggest a substantial revision of standard views about the causes of long-term evolutionary trends. For such trends must now be explained by the higher rates at which some species branch off from others, and the greater durations of some stable species as distinguished from others, and not as the slow and continuous transformation of single populations.

¶7 In his second attack, Dennett denigrates the importance of nonadaptive side consequences ("spandrels" in my terminology) as sources for later and fruitful reuse. In principle, spandrels define the major category of important evolutionary features that do not arise as adaptations. Since organisms are complex and highly integrated entities, any adaptive change must automatically "throw off" a series of structural byproducts--like the mold marks on an old bottle or, in the case of an architectural spandrel itself, the triangular space "left over" between a rounded arch and the rectangular frame of wall and ceiling. Such byproducts may later be co-opted for useful purposes, but they didn't arise as adaptations. Reading and writing are now highly adaptive for humans, but the mental machinery for these crucial capacities must have originated as spandrels that were co-opted later, for the brain reached its current size and conformation tens of thousands of years before any human invented reading or writing.

¶8 Third, and finally, Dennett denies theoretical importance to the roles of contingency and chance in the history of life, a history that has few predictable particulars and no inherent directionality, especially given the persistence of bacteria as the most common and dominant form of life on Earth ever since their origin as the first fossilized creatures some 3.5 billion years ago.2 Bacteria are biochemically more diverse, and live in a wider range of environments (including near-boiling waters, and pore spaces in rocks up to two miles beneath the earth's surface), than all other living things combined. The number of E. coli cells in the gut of each human being exceeds the total number of human beings that have ever lived. Moreover, if recent reports of Martian fossil bacteria are true, then bacterial domination may be interplanetary or universal, and not merely earthly.

¶9 These three concepts work as pluralistic correctives to both the poverty and limited explanatory power of the ultra-Darwinian research program. Punctuated equilibrium requires that substantial evolutionary trends over geological time, the primary phenomenon of macroevolution, be explained by the greater long-term success of some species versus others within a group of species descended from a common ancestor. Such trends cannot be explained, as Darwinian fundamentalists would prefer, as the adaptive success of individual organisms in conventional competition, extrapolated through geological time as the slow and steady transformation of populations by natural selection. The principle of spandrels, discussed at greater length later in this article, stresses the role that nonadaptive side consequences play in structuring the directions and potentials of future evolutionary change. Taken together, punctuated equilibrium and spandrels invoke the operation of several important principles in addition (and sometimes even opposed) to conventional natural selection working in the engineering mode that Dennett sees as the only valid mechanism of evolution.

 

¶10 My third pluralistic corrective to traditional theory does not invoke other principles in addition to natural selection, but rather stresses the limits faced by any set of general principles in our quest to explain the actual patterns of life's history. Crank your algorithm of natural selection to your heart's content, and you cannot grind out the contingent patterns built during the earth's geological history. You will get predictable pieces here and there (convergent evolution of wings in flying creatures), but you will also encounter too much randomness from a plethora of sources, too many additional principles from within biological theory, and too many unpredictable impacts from environmental histories beyond biology (including those occasional meteors)--all showing that the theory of natural selection must work in concert with several other principles of change to explain the observed pattern of evolution.


 

¶11 Since Dennett shows so little understanding of evolutionary theory beyond natural selection, his critique of my work amounts to little more than sniping at false targets of his own construction. He never deals with my ideas as such, but proceeds by hint, innuendo, false attribution, and error. I will cite concrete examples in four categories:

 

1. False assimilation to statements made by other authors. Since Dennett can't nail me on his desired charges (for I never said the things he wishes to lay upon me), he often invents a ridiculous interpretation, which he attributes to others and not to me, and then hopes out loud that I never meant such a thing. For example, Dennett invents and attributes to "some" writers an absurd mischaracterization of my views on the Cambrian explosion, the short episode (535-530 million years ago) when nearly all the major groups of animals make their first appearance in the fossil record, including the creatures preserved in the Burgess Shale:

Some say this misses Gould's point: "What is special about the spectacular diversity of the Burgess Shale fauna is that these weren't just new species, but whole new phyla! These were radically novel designs!" I trust this was never Gould's point, because if it was, it was an embarrassing fallacy of retrospective coronation.

It would be--but since I have never even hinted at such a silly view, why bother to point out how stupid I would be if I ever had?

¶12 In an even more unfair example, Dennett conjectures about what I might believe (but I don't, and he cites nothing to support his supposition), and then seems to pretend that I hold such a view by attacking someone else who truly does:

Is it likely that Gould could be so confused about the nature of algorithms? As we shall see in chapter 15, Roger Penrose, one of the world's most distinguished mathematicians, wrote a major book (1989) on Turing machines, algorithms, and the impossibility of Artificial Intelligence, and his whole book is based on that confusion. This is not really such an implausible error, on either thinker's part [I have now become an explicit supporter of the idea--]. A person who really doesn't like Darwin's dangerous idea often finds it hard to get the idea in focus.

2. False characterization. Dennett depicts me as constantly and explicitly claiming to invent one scientific "revolution" after another. No characterization appears more frequently throughout the chapter, and none could be so false. "Gould," he states, "has gone from revolution to revolution. So far, his declarations of revolution have all been false alarms." We then learn that "the spandrel revolution (against panadaptationism) and the exaptation revolution (against preadaptationism) evaporate on closer inspection," and that "Gould's attempted revolution against gradualism was actually his first." In a final summary, we learn that "Gould's self-styled revolutions ...all evaporate."

¶13 Of course, I am never quoted directly as making any personal claim about a "revolution," self-styled or otherwise--and for a good reason: I have, quite consciously and on principle, never used the word to describe my work. I have too much admiration for my dear friend, the late Thomas Kuhn, and I have also too often watched foolish and ambitious colleagues trying to wrap themselves in a caricature of his "paradigm" in ord

 

¶14 Dennett says that I started all this revolution-mongering in my first paper on punctuated equilibrium, published in 1972. In that work, by contrast, I paid homage to Kuhn's influence, and explicitly disavowed any such fatuous intention: "We have no desire," I wrote (with Niles Eldredge) in 1972,

to enter the tedious debate over what is, or is not,...a paradigm [in Kuhn's terminology]. In using the neutral word picture, we trust that readers will understand our concern with alternate ways of seeing the world that render the same facts in different ways.

The details of Dennett's discussions also rest largely on ridicule and mischaracterization. For example, he denigrates the principle of spandrels by mockery, not argument.

Gould wants to convince us that adaptation is not "pervasive," so he needs to have a term for the (presumably many) biological features that are not adaptations. They are to be called "spandrels." Spandrels are, um, things that aren't adaptations, whatever they are.

But I have always defined spandrels precisely as one particular and eminently testable kind of nonadaptive structure--an architectural byproduct, or what Darwin called, in his own favorite and pluralistic example of nonadaptation, a "correlation of growth."


 

¶15 Dennett's account of punctuated equilibrium is a farrago of false charges, finally capped on the last page by a grudging glimmer of understanding that the theory might be trying to say something interesting and new after all. We first learn that "Gould has several times changed his mind about just what he and Eldredge were claiming." We have, of course, often altered and expanded the theory in recognizing further implications and dropping untenable corollaries--as any active and interesting formulation of a scientific theory must continually do. The basic principles have, however, remained intact and have, I believe, gained strength. But Dennett cares little about this method of scientific work; he is only interested in charging me with flimflam and backpedaling.

 

¶16 In particular, he claims that we turned the theory into a phony revolutionary claim for abrupt, or "saltational," non-Darwinian change, i.e., the sudden transformation of one ancestral species into another of markedly different form. Of course, Dennett cannot quote us on this--because we never said such a thing. He acknowledges my frequently published complaint that this charge is a standard mischaracterization, and he quotes several of our rebuttals. But, for Dennett, the situation remains entirely our fault: "Confusion on this score still abounds, however, and Gould has had to keep issuing his disclaimers."

 

¶17 Dennett can't support his charge of revolution-mongering with any quotation from me, but since he remains convinced of his claim, he quotes me in supposed support, when I am obviously making an almost opposite point--a clear illustration of the power of an idée fixe to trigger a misreading. Dennett begins with the standard canard: "For a while, Gould was proposing that the first step in the establishment of any (my emphasis) new species was a doozy--a non-Darwinian saltation." To illustrate this claim, Dennett quotes from a 1980 paper, in which I wrote:

Speciation is not always an extension of gradual, adaptive allelic substitution to greater effect, but may represent, as Goldschmidt argued, a different style of genetic change--rapid reorganization of the genome, perhaps nonadaptive.

This statement still strikes me as entirely reasonable, and I see no reason to modify it today. I said that some instances of speciation--probably only a small percentage--proceed in this rapid mode. "Not always" surely means "not all the time, but usually." It cannot mean "never"--as Dennett charges in claiming that I attribute "any" speciation event to the opposite mode of saltation. In other words, I am trying to carve out a modest space for an unconventional mechanism at low frequency--and Dennett charges me with advocating a revolution based on universal occurrence for this unorthodox mode.

 

3. High density of error. A fair test can be made for a nonprofessional's grasp of scientific material by noting the frequency of factual errors in his descriptions of technical work. I do not claim that any of these minor mistakes produces great distortion, but Dennett's high density of errors, on easy points that only require accurate reading or copying, indicates an apparent indifference to the vital details that build the history of life.

 

¶18 Dennett's account of my book Wonderful Life includes the following errors in only four pages. He misstates the date of the Cambrian explosion by 70 million years--"a time around six hundred million years ago when the multicellular organisms really took off." The actual date is 530 million years ago. He then states (a serious error this time) that C.D. Walcott based his original Burgess Shale work on "literal dissection of some of the fossils"--when I emphasize in my book (as a major theme of my narrative) that Walcott failed precisely because he did not dissect the specimens, which he incorrectly interpreted as squashed absolutely flat. Dennett then says twice that most of the Burgess Shale species perished as rapidly as they arose--"most of them vanished just as suddenly"--when I clearly state that we know nothing at all about the manner of their dying, because they left no fossil record after the Burgess beds. Finally, Dennett lists eight of the wonderful Burgess creatures in a single sentence--and he spells three of their names wrong. I don't wish to harp on trivialities but Dennett could legitimately accuse me of disrespectful inattention if I listed Denet, Dawkuns, and Maynid Smith as the apostles of ultra-Darwinism.

 

4. Gratuitous speculation about motives. In Dennett's last few pages he apparently feels he must figure out why I could be so obtuse (since he doesn't regard me as stupid). "It might seem disingenuous," he writes, "for me not even to mention the obvious 'rival' explanations crying to be considered: politics and religion." Dennett has no clue about my political or religious views, and he has never bothered to ask me--but did lack of data ever derail the ultra-Darwinian game of adaptationist storytelling? So we first hear a little red-baiting. Then, in a surprise turnaround, I become a closet theist who secretly hates Darwinism because "Humanity cannot be special enough to matter if it is the product of merely algorithmic processes." As evidence, Dennett writes:

Gould often quotes the Bible in his monthly columns, and sometimes the rhetorical effect is striking. Surely, one thinks, an article with this opening sentence has to have been written by a religious man: "Just as the Lord holds the whole world in his hands, how we long to enfold an entire subject into a witty epigram."

I do often quote the Bible as great literature, but this time I was only citing a famous African-American folk song.

 

 

2.

 

¶19 The fallacy of Dennett's argument also undermines his other imperialist hope--that the universal acid of natural selection might reduce human cultural change to the Darwinian algorithm as well. Dennett, following Dawkins once again, tries to identify human thoughts and actions as "memes," thus viewing them as units that are subject to a form of selection analagous to natural selection of genes. Cultural change, working by memetic selection, then becomes as algorithmic as biological change operating by natural selection on genes--thus uniting the evolution of organisms and thoughts under a single ultra-Darwinian rubric:

According to Darwin's dangerous idea...not only all your children and your children's children, but all your brainchildren and your brainchildren's brainchildren must grow from the common stock of Design elements, genes and memes.... Life and all its glories are thus united under a single perspective.

But, as Dennett himself correctly and repeatedly emphasizes, the generality of an algorithm depends upon "substrate neutrality." That is, the various materials (substrates) subject to the mechanism (natural selection in this case) must all permit the mechanism to work in the same effective manner. If one kind of substrate tweaks the mechanism to operate differently (or, even worse, not to work at all), then the algorithm fails. To choose a somewhat silly example that actually played an important role in recent American foreign policy, the cold war "domino theory" held that communism must be stopped everywhere because if one country turned red, then others would do so as well, for countries are like dominos standing on their ends and placed one behind the other--so that the toppling of one must propagate down the entire line to topple all. Now if you devised a general formula (an algorithm) to describe the necessary propagation of such toppling, and wanted to cite the algorithm as a general rule for all systems made of a series of separate objects, then the generality of your algorithm would depend upon substrate neutrality--that is, upon the algorithm's common working, regardless of substrate (similarly for dominos and nations in this case). The domino theory failed because differences in substrate affect the outcome, and such differences can even derail the operation of the algorithm. Dominoes must topple, but the second nation in a line might brace itself, stay upright upon impact, and therefore fail to propagate the collapse.

 

¶20 Natural selection does not enjoy this necessary substrate neutrality. As the great evolutionist R.A. Fisher showed many years ago in the founding document of modern Darwinism (The Genetical Theory of Natural Selection, l930), natural selection requires Mendelian inheritance to be effective. Genetic evolution works upon such a substrate and can therefore be Darwinian. Cultural (or memetic) change manifestly operates on the radically different substrate of Lamarckian inheritance, or the passage of acquired characters to subsequent generations. Whatever we invent in our lifetimes, we can pass on to our children by our writing and teaching. Evolutionists have long understood that Darwinism cannot operate effectively in systems of Lamarckian inheritance--for Lamarckian change has such a clear direction, and permits evolution to proceed so rapidly, that the much slower process of natural selection shrinks to insignificance before the Lamarckian juggernaut.


 

¶21 This crucial difference between biological and cultural evolution also undermines the self-proclaimed revolutionary pretensions of a much-publicized doctrine--"evolutionary psychology"--that could be quite useful if proponents would trade their propensity for cultism and ultra-Darwinian fealty for a healthy dose of modesty.3

¶22 Drawing on my preceding discussion, may I propose a good rule of thumb in judging public announcements by scientists: always be especially suspicious of claims for revolutionary status, especially since Thomas Kuhn reformulated the history of science to make "revolution" the explicit object of every ambitious scientist's fancy. Carol K. Yoon, a perceptive science writer for The New York Times, cut through the rhetoric to the weak foundation below when she wrote: "'It's a scientific revolution,' [a prominent supporter of evolutionary psychology] said of this newly named science, which sometimes seems an uncomfortable mixture of scientific method and cocktail party conversation."

 

¶23 Humans are animals and the mind evolved; therefore, all curious people must support the quest for an evolutionary psychology. But the movement that has commandeered this name adopts a fatally restrictive view of the meaning and range of evolutionary explanation. "Evolutionary psychology" has, in short, fallen into the same ultra-Darwinian trap that ensnared Daniel Dennett and his confrères--for disciples of this new art confine evolutionary accounts to the workings of natural selection and consequent adaptation for personal reproductive success.

¶24 Evolutionary psychology, as a putative science of human behavior, itself evolved by "descent with modification" from 1970s-style sociobiology. But the new species, like many children striving for independence, shuns its actual ancestry by taking a new name and exaggerating some genuine differences while ignoring the much larger amount of shared doctrine--all done, I assume, to avoid the odor of sociobiology's dubious political implications and speculative failures (amid some solid successes when based on interesting theory and firm data, mostly from nonhuman species).


 

¶25 Three major claims define the core commitments of evolutionary psychology; each embodies a considerable strength and a serious (in one case, fatal) weakness:

l. Modularity. Human behavior and mental operations can be divided into a relatively discrete set of items, or mental organs. (In one prominent study, for example, authors designate a "cheater detector" as a mental organ, since the ability to discern infidelity and other forms of prevarication can be so vital to Darwinian success--the adaptationist rationale.) The argument for modularity flows, in part, from exciting work in neurobiology and cognitive science on localization of function within the brain--as shown, for example, in the precise mapping, to different areas of the cerebral cortex, of mental operations formerly regarded as only arbitrarily divisible by social convention (production of vowels and consonants, for example, or the naming of animals and tools).

 

¶26 Ironically, though, neurobiology and evolutionary psychology employ the concept of modularity for opposite theoretical purposes. Neurobiologists do so to stress the complexity of an integrated organ. Evolutionary psychology uses modularity to atomize behavior into a priori, subjectively defined, and poorly separated items (not known modules empirically demonstrated by neurological study), so that selective value and adaptive significance can be postulated for individual items, as the ultra-Darwinian approach requires.

 

2. Universality. Evolutionary psychologists generally restrict their study to universal aspects of human behavior and mentality, thereby explicitly avoiding the study of differences among individuals or groups. They argue that variations among individuals, and such groups as races and social classes, only reflect the influence of diverse environments upon a common biological heritage. In this sense, they argue, evolutionary psychology adopts a "liberal" position in contrast with the conservative implications of most previous evolutionary arguments about behavior, which viewed variation among individuals and groups as results of different, and largely unalterable, genetic constitutions.

 

¶27 I welcome much of this change; but, in one important respect, this new approach to universals and differences continues to follow the old strategy of finding an adaptationist narrative (often in the purely speculative or storytelling mode) to account for genetic differences built by natural selection. For the most-publicized work in evolutionary psychology has centered on the universality in all human societies of a particular kind of difference: the putative evolutionary reasons for supposedly universal behavioral differences between males and females.

 

3. Adaptation. Evolutionary psychologists claim that they have reformed the old adaptationism of sociobiology into a new and exciting approach. They will no longer just assume, they now say, that all prominent and universal behaviors must, ipso facto, be adaptive to modern humans in boosting reproductive success. They recognize, instead, that many such behaviors may be tragically out of whack with the needs of modern life, and may even lead to our destruction--aggressivity in a nuclear age, for example.

¶28 Again, I applaud this development. If this principle were advanced in conjunction with the recognition that a putative evolutionary origin does not necessarily imply an adaptive value at all, then evolutionary psychology could make a substantial advance in applying Darwinian theory to human behavior. But the advocates of evolutionary psychology proceed in the opposite direction by twisting the observation that the behavior of modern humans may not necessarily have adaptive value into an even more dogmatic, and even less scientifically testable, panadaptationist claim. Evolutionary universals may not be adaptive now, they say, but such behaviors must have arisen as adaptations in the different ancestral environment of life as small bands of hunter-gatherers on the African savannas--for evolutionary theory "means" a search for adaptive origins.

¶29 The task of evolutionary psychology then turns into a speculative search for reasons why a behavior that may harm us now must once have originated for adaptive purposes. To take an illustration proposed seriously by Robert Wright in The Moral Animal, a sweet tooth leads to unhealthy obesity today but must have arisen as an adaptation. Wright therefore states:

The classic example of an adaptation that has outlived its logic is the sweet tooth. Our fondness for sweetness was designed for an environment in which fruit existed but candy didn't.

This ranks as pure guesswork in the cocktail party mode; Wright presents no neurological evidence of a brain module for sweetness, and no paleontological data about ancestral feeding. This "just-so story" therefore cannot stand as a "classic example of an adaptation" in any sense deserving the name of science.


 

¶30 Much of evolutionary psychology therefore devolves into a search for the so-called EEA, or "environment of evolutionary adaptation" that allegedly prevailed in prehistoric times. Evolutionary psychologists have gained some sophistication in recognizing that they need not postulate current utility to advance a Darwinian argument; but they have made their enterprise even more fatuous by placing their central postulate outside the primary definition of science--for claims about an EEA usually cannot be tested in principle but only subjected to speculation. At least an argument about modern utility can be tested by studying the current impact of a given feature upon reproductive success. Indeed, the disproof of many key sociobiological speculations about current utility pushed evolutionary psychology to the revised tactic of searching for an EEA instead.

 

¶31 But how can we possibly know in detail what small bands of hunter-gatherers did in Africa two million years ago? These ancestors left some tools and bones, and paleoanthropologists can make some ingenious inferences from such evidence. But how can we possibly obtain the key information that would be required to show the validity of adaptive tales about an EEA: relations of kinship, social structures and sizes of groups, different activities of males and females, the roles of religion, symbolizing, storytelling, and a hundred other central aspects of human life that cannot be traced in fossils? We do not even know the original environment of our ancestors--did ancestral humans stay in one region or move about? How did environments vary through years and centuries?

 

¶32 In short, evolutionary psychology is as ultra-Darwinian as any previous behavioral theory in insisting upon adaptive reasons for origin as the key desideratum of the enterprise. But the chief strategy proposed by evolutionary psychologists for identifying adaptation is untestable, and therefore unscientific. This central problem does not restrain leading disciples from indulging in reveries about the ubiquity of original adaptation as the source of revolutionary power for the putative new science. I detect not a shred of caution in this proclamation by Wright--embodying the three principal claims of evolutionary psychology as listed above:

The thousands and thousands of genes that influence human behavior--genes that build the brain and govern neurotransmitters and other hormones, thus defining our "mental organs" [note the modularity claim]--are here for a reason. And the reason is that they goaded our ancestors into getting their genes into the next generation [the claim for adaptation in the EEA]. If the theory of natural selection is correct, then essentially everything about the human mind should be intelligible in these terms [the ultra-Darwinian faith in adaptationism]. The basic ways we feel about each other, the basic kinds of things we think about each other and say to each other [note the claim for universality], are with us today by virtue of their past contribution to genetic fitness.

Wright's closing sermon is more suitable to a Sunday pulpit than a work of science:

The theory of natural selection is so elegant and powerful as to inspire a kind of faith in it--not blind faith, really.... But faith nonetheless; there is a point after which one no longer entertains the possibility of encountering some fact that would call the whole theory into question.

I must admit to having reached this point. Natural selection has now been shown to plausibly account for so much about life in general and the human mind in particular that I have little doubt that it can account for the rest.

¶33 This adaptationist premise is the fatal flaw of evolutionary psychology in its current form. The premise also seriously compromises--by turning a useful principle into a central dogma with asserted powers for nearly universal explanation--the most promising theory of evolutionary psychology: the recognition that differing Darwinian requirements for males and females imply distinct adaptive behaviors centered upon male advantage in spreading sperm as widely as possible (since a male need invest no energy in reproduction beyond a single ejaculation) and female strategies for extracting additional time and attention from males (in the form of parental care or supply of provisions, etc.). (In most sexually reproducing species, males generate large numbers of "cheap" sperm, while females make relatively few, "energetically expensive" eggs, and then must invest much time and many resources in nurturing the next generation.)

 

¶34 This principle of differential "parental investment" makes Darwinian sense and probably does underlie some different, and broadly general, emotional propensities of human males and females. But contrary to claims in a recent deluge of magazine articles, parental investment will not explain the full panoply of supposed sexual differences so dear to pop psychology. For example, I do not believe that members of my gender are willing to rear babies only because clever females beguile us. A man may feel love for a baby because the infant looks so darling and dependent, and because a father sees a bit of himself in his progeny. This feeling need not arise as a specifically selected Darwinian adaptation for my reproductive success, or as the result of a female ruse, culturally imposed. Direct adaptation is only one mode of evolutionary origin. After all, I also have nipples not because I need them, but because women do, and all humans share the same basic pathways of embryological development.

 

¶35 If evolutionary psychologists continue to push the theory of parental investment as a central dogma, they will eventually suffer the fate of the Freudians, who also had some good insights but failed spectacularly, and with serious harm imposed upon millions of people (women, for example, who were labeled as "frigid" when they couldn't make an impossible physiological transition from clitoral to vaginal orgasm), because they elevated a limited guide into a rigid creed that became more of an untestable and unchangeable religion than a science.


 

¶36 Exclusive adaptationism suffers fatally from two broad classes of error, one external to Darwinian theory, the other internal. The external error arises from fundamental differences in principle and mechanism between, on the one hand, genetic Darwinian evolution and, on the other, human cultural change, which cannot be basically Darwinian at all. Since every participant in these debates, including Dennett and the evolutionary psychologists, agrees that much of human behavior arises by culturally induced rather than genetically coded change, giving total authority to Darwinian explanation requires that culture also work in a Darwinian manner. (Dennett, as discussed earlier, makes such a claim for cultural change in arguing for the "substrate neutrality" of natural selection.) But for two fundamental reasons (and a host of other factors), cultural change unfolds virtually in antithesis to Darwinian requirements.


¶37 First, topological: As the common metaphor proclaims, biological evolution builds a tree of life--a system based upon continuous diversification and separation. A lineage, after branching off from ancestors as a new species, attains an entirely independent evolutionary fate. Nature cannot make a new mammalian species by mixing 20 percent dugong with 30 percent rat and 50 percent aardvark. But cultural change works largely by an opposite process of joining, or interconnection, of lineages. Marco Polo visits China and returns with many of the customs and skills that later distinguish Italian culture. I speak English because my grandparents migrated to America. Moreover, this interdigitation implies that human cultural change needn't even follow genealogical lines--the most basic requirement of a Darwinian evolutionary process--for even the most distant cultural lineages can borrow from each other with ease. If we want a biological metaphor for cultural change, we should probably invoke infection rather than evolution.

 

¶38 Second, causal: As argued above, human cultural change operates fundamentally in the Lamarckian mode, while genetic evolution remains firmly Darwinian. Lamarckian processes are so labile, so directional, and so rapid that they overwhelm Darwinian rates of change. Since Lamarckian and Darwinian systems work so differently, cultural change will receive only limited (and metaphorical) illumination from Darwinism

 

¶39 The internal error of adaptationism arises from a failure to recognize that even the strictest operation of pure Darwinism builds organisms full of nonadaptive parts and behaviors. Nonadaptations arise for many reasons in Darwinian systems, but consider only my favorite principle of "spandrels."

 

¶40 All organisms evolve as complex and interconnected wholes, not as loose alliances of separate parts, each independently optimized by natural selection. Any adaptive change must also generate, in addition, a set of spandrels, or nonadaptive byproducts. These spandrels may later be "co-opted" for a secondary use. But we would make an egregious logical error if we argued that these secondary uses explain the existence of a spandrel. I may realize someday that my favorite boomerang fits beautifully into the arched space of my living room spandrel, but you would think me pretty silly if I argued that the spandrel exists to house the boomerang. Similarly, snails build their shells by winding a tube around an axis of coiling. This geometric process leaves an empty cylindrical space, called an umbilicus, along the axis. A few species of snails use the umbilicus as a brooding chamber for storing eggs. But the umbilicus arose as a nonadaptive spandrel, not as an adaptation for reproduction. The overwhelming majority of snails do not use their umbilicifor brooding, or for much of anything.

 

¶41 If any organ is, prima facie, replete with spandrels, the human brain must be our finest candidate--thus making adaptationism a particularly dubious approach to human behavior. I can adopt (indeed I do) the most conventional Darwinian argument for why the human brain evolved to large size--and the nonadaptationist principle of spandrels may still dominate human nature. I am content to believe that the human brain became large by natural selection, and for adaptive reasons--that is, for some set of activities that our savanna ancestors could only perform with bigger brains.


 

¶42 Does this argument imply that all genetically and biologically based attributes of our universal human nature must therefore be adaptations? Of course not. Many, if not most, universal behaviors are probably spandrels, often co-opted later in human history for important secondary functions. The human brain is the most complicated device for reasoning and calculating, and for expressing emotion, ever evolved on earth. Natural selection made the human brain big, but most of our mental properties and potentials may be spandrels--that is, nonadaptive side consequences of building a device with such structural complexity. If I put a small computer (no match for a brain) in my factory, my adaptive reasons for so doing (to keep accounts and issue paychecks) represent a tiny subset of what the computer, by virtue of inherent structure, can do (factor-analyze my data on land snails, beat or tie anyone perpetually in tic-tac-toe). In pure numbers, the spandrels overwhelm the adaptations.

 

¶43 The human brain must be bursting with spandrels that are essential to human nature and vital to our self-understanding but that arose as nonadaptations, and are therefore outside the compass of evolutionary psychology, or any other ultra-Darwinian theory. The brain did not enlarge by natural selection so that we would be able to read or write. Even such an eminently functional and universal institution as religion arose largely as a spandrel if we accept Freud's old and sensible argument that humans invented religious belief largely to accommodate the most terrifying fact that our large brains forced us to acknowledge: the inevitability of personal mortality. We can scarcely argue that the brain got large so that we would know we must die!

 

¶44 In summary, Darwin cut to the heart of nature by insisting so forcefully that "natural selection has been the main, but not the exclusive means of modification"--and that hard-line adaptationism could only represent a simplistic caricature and distortion of his theory. We live in a world of enormous complexity in organic design and diversity--a world where some features of organisms evolved by an algorithmic form of natural selection, some by an equally algorithmic theory of unselected neutrality, some by the vagaries of history's contingency, and some as byproducts of other processes. Why should such a complex and various world yield to one narrowly construed cause? Let us have a cast of cranes, some more important and general, others for particular things--but all subject to scientific understanding, and all working together in a comprehensible way. Why not admit for theory the same delight that Robert Louis Stevenson expressed for objects in his "Happy Thought":

 

The world is so full of a number of things,

I'm sure we should all be as happy as kings.

 

 

Reseña: Stephen Jay Gould,

La estructura de la teoría de la evolución

El legado de un científico humanista

Salvador López Arnal

Rebelión

Stephen Jay Gould, La estructura de la teoría de la evolución.

Tusquets (Metatemas), Barcelona, 2004, 1.426 páginas;

traducción de Ambrosio García Leal.

Todo lo que no sea dedicar diez o doce mil páginas a comentar con detalle (es decir, estudiar, informarse, preguntar, discutir) este voluminoso libro de libros laico está de más y probablemente sea una tarea inconsistente con el objeto comentado. Intentemos, pues, llamar la atención poniendo el acento en algunas aristas, acaso secundarias. Antes una señal de la deslumbrante desmesura de esta Estructura: el índice comprimido del volumen ocupa una página, apenas 9 líneas; el índice expandido ocupa 13 páginas. Es, por consiguiente, una tarea imposible dar breve cuenta de un libro científico-filosófico de esta naturaleza. Hacer una reseña justa y documentada de un libro de libros como es La estructura de la teoría de la evolución es una de esas tareas imposibles o sobrehumanas a las que solía hacer referencia Martin Gardner. Gould ha sido, es, muy conocido entre nosotros por sus ensayos de divulgación e instrucción científica: La vida maravillosa, El pulgar del panda, Érase una vez el zorro y el erizo, y tantos otros. Si bien La estructura no pertenece a este género científico-literario, está escrita con el mismo rigor, la mima calidad literaria, el mismo gusto por el detalle y por la reflexión histórica y cultural y la misma precisa argumentación a la que Gould nos tenía acostumbrados.

En un comentario que Steven Rose escribió sobre La estructura gouldiana para The Times Literary Suplement, señalaba lo siguiente: a finales de los setenta, Gould, junto con Richard Lewontin, presentó una ponencia en la Royal Society londinense titulada "Las pechinas de San Marcos y el paradigma panglossiano: una crítica del programa adaptacionista". Estableciendo una analogía con la arquitectura del Duomo de Venecia, argumentaba Gould que muchas adaptaciones evolutivas son consecuencia de otros elementos estructurales del organismo -la barbilla humana se forma como una consecuencia arquitectónica accidental de distintos gradientes de crecimiento óseo en el cráneo humano- o bien, en expresión de Gould, "exaptaciones", esto es, elementos que surgen en un contexto pero que posteriormente se subvierten para encajar en otro muy distinto. Por ejemplo, las plumas, en su origen, no se desarrollaron para poder volar sino que surgieron en los ancestros reptiles de las aves actuales para regular su temperatura. Pues bien, cuenta Rose que durante el receso posterior a la comunicación, un distinguido y estricto neodarwinista, especialista en las bancas de las conchas de caracol, le agarró, temblando, con la cara desencajada y llena de furia, y le insistió en que él podía demostrar, sin posibilidad de error, que cualquier variación en los modelos de sus conchas representaba una adaptación funcional seleccionada naturalmente, y que, por tanto, Gould debía ser denunciado como lo que era: ni más ni menos que un marxista revolucionario. Era el inicio de una batalla entre las, digamos, "izquierda" y "derecha" darwinistas, entre los gouldianos y los dawkinianos, entre los cuales cabe situar a filósofos de tanto renombre como Daniel Dennett -La peligrosa idea de Darwin-, con quien Gould polemiza sin irse por las armas ni esgrimiendo un lenguaje muy diplomático en las páginas 1036-1038 del volumen.

No fue, empero, el encuentro londinense la única ocasión donde se señalaron acusaciones de ese tenor. La segunda mitad de La estructura establece los pilares fundamentales del revisionismo darwiniano de Gould: su teoría del equilibrio puntuado o interrumpido. Gould y su colaborador Eldredge defendieron que la especiación se hacía a ráfagas, rápidas en tiempo geológico, pero cientos de generaciones en la vida real. Por tanto, aparte de romper el estrecho vínculo entre genotipo y fenotipo (cambios mutacionales en el primer nivel no se traducían inmediatamente a nivel fenotípico), se establecía una crítica al asentado gradualismo a favor de una concepción evolutiva por saltos. ¿Y a qué suena este no gradualismo continuista? Suena, efectivamente, a "cambio dialéctico", a ley engelsiana, a transformación de la cantidad en cualidad, esto es, a marxismo clásico, ortodoxo, puro, duro y paleolítico. De hecho, alguno de los críticos de Gould "argumentó" que la génesis de su disparatada teoría "científica" tenía una fácil explicación: el autor de La falsa medida del hombre había recibido instrucción marxista desde muy pequeño y por ello esta tradición alocadamente rupturista estaba presente, ideológicamente presente, en sus conjeturas "científicas". No debíamos olvidar, señalaba el sin duda agudo crítico, que el padre de Gould había sido... ¡militante del partido socialista norteamericano! (como realmente fue el caso).

Pero, bien mirado, la situación no es atípica. Ernst Mayr, el para algunos Darwin del siglo XX, que propuso la teoría de la "especiación alopátrica", el aislamiento geográfico, como mecanismo para el nacimiento de una nueva especie y quien consolidó la definición de especie -dos individuos pertenecen a la misma especie si y sólo si pueden producir descendencia fértil- publicó unos 600 artículos científicos y describió 24 nuevas especies de pájaros y 400 subespecies. Pero no siempre tuvo éxito en sus propuestas teóricas. Su teoría de la revolución genética, la idea de la que Mayr se sentía más orgulloso, señalaba un mecanismo para la generación rápida de nuevas especies que irritó a la mayoría de los darwinistas ortodoxos. Todas las grandes teorías, con cosmovisiones derivadas y adheridas, tienen un sector ortodoxo-conservador en su seno no siempre vacío de argumentos. Tampoco la teoría del equilibrio puntuado de Jay Gould ha obtenido acuerdo total entre la comunidad de biólogos evolucionistas o de filósofos dedicados a este tema, y también Gould (1941-2002), como Mayr, ha sido uno de los grandes científicos humanistas de la pasada centuria. De lo cual no se infiere que Gould no reconozca cambios en la formulación y contenido de su teoría ni que niegue haber cometido errores. Lo dice explícitamente: "Tampoco mantengo una postura que sería aún más estúpida: que no cometimos errores importantes que obligaran a introducir correcciones en la teoría. Por supuesto que los cometimos y hemos intentado enmendarlos" (p. 1036).

Las innovadoras propuestas científicas de Gould pueden ser resumidas del modo siguiente: 1) La selección natural no consiste siempre en una competencia entre individuos sino que, en ocasiones, compiten genes, poblaciones e incluso especies. 2) La selección no es el único motor de la evolución: el genoma tiene una dinámica interna, hace propuestas por su cuenta, sin que la adaptación al medio tenga un papel preponderante en ellas, y 3) La evolución no es siempre una transición suave, continua y gradual. Pensemos, por ejemplo, en las extinciones masivas causadas por sucesos drásticos e imprevisibles como la caída de un gigantesco meteorito en nuestro planeta.

La estructura de la teoría de la evolución pide tiempo y atención pero no exige una preparación especial para adentrarse en sus consideraciones básicas. Sin duda, si los tiempos y atmósferas culturales fueran otros, La estructura sería un excelente volumen para un seminario no forzosamente universitario. Bastaría un grupo de ciudadanos/as con pulsión intelectual para disfrutar y aprender durante largo tiempo, con él y con lecturas derivadas. Además, con regalos "puntuados": las consideraciones históricas y filosóficas que Gould va diseminando aquí y allá a lo largo de las páginas del volumen, así como sus cuidadas argumentaciones contra las mil caras del creacionismo y los diez mil oportunismos de esta concepción teológico-cientificista.

Hay, por otra parte, otro punto de interés desde una perspectiva social y política. Preguntado en 2000 por la tendencia a recurrir en ciencias sociales a explicaciones neodarwinistas -tal vez un resurgimiento mutante del darwinismo social del XIX- Gould señaló: "Esta es una época conservadora y creo que a los conservadores les resulta tentador decir: "¿Por qué reclaman el cambio o la igualdad cuando lo que tenemos ahora refleja el estado natural de la naturaleza humana?". Además, creo que, a veces, en la actualidad utilizamos mal a Darwin a la hora de intentar aliviar nuestra decepción ante algunos de nuestros peores rasgos. O sea que, si no nos gusta nuestra agresividad o nuestro sexismo, podemos intentar disculparlo diciendo: Bueno, estamos hechos así. No podemos evitarlo". También La estructura nos enseña, en este plano, a no confundir el conocimiento de lo que hay con la conciliación con lo existente, al saber con la excusa ideológica, al prejuicio con el pseudoargumento científico. Esto es, las témporas con algunas zonas corporales.

Disponible en:

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=46699

19-02-2007

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La peligrosa idea de Darwin

Enlace permanente 15 de Septiembre, 2007, 16:02

Reseña de:

Dennet, Daniel (1999)

La peligrosa idea de Darwin.

Barcelona : Galaxia Gutemberg

(original en inglés, 1995), 926 páginas.

Alejandro Ramírez Figueroa

Sumario revista DOXA N°3

 

El origen de las especies se publicó en 1859. Desde entonces, pero especialmente en los últimos 50 años, la Teoría de la Evolución por selección natural se ha convertido en objeto de análisis epistemológico y filosófico en general. La razón de esto puede estar en los alcances de dicha teoría. Hay teorías científicas que , por su contenido y propuestas rebasan completamente los límites de su disciplina e influyen , no sólo en otras ciencias u otras teorías, sino que en casi todos los ámbitos de una cultura o de una civilización incluso. Ello ocurrió, por ejemplo, con el heliocentrismo; no se trató de un mero cambio entre una astronomía por otra más explicativa , con mayor alcance empírico o que resistiera mejor las contrastaciones, ni se trataba, tampoco, sólo de una transformación epistemológica radical. El fenómeno fue amplio , profundo y duradero en toda la cultura y en la manera de sentir la vida, en la forma en que los hombres se consideraron en el universo, en lo que significa ser o no ser un centro y entidad creada. Más adelante, la mecánica newtoniana, aparte de constituirse en la primera síntesis y modelo moderno de ciencia y de conocimiento, tuvo, también, una influencia parecida. Todo podía entenderse y reducirse a explicaciones mecánicas; no sólo eso, la Ilustración sintió que todo era explicable y racional en términos de acciones de fuerzas, desde los cuerpos, hasta la economía y el alma. Ello duró con plenitud hasta el mecanicismo , esto es, hasta fines del siglo XIX. Es posible que la teoría darwiniana tenga similar, o, incluso mayor relevancia, influencia ( buena o mala) y alcances en la cultura que las dos anteriores. Ni la física relativista ni la cuántica parecen poseer dicho sentido, a pesar del calibre epistemológico que conllevan. Es posible que la actual genética molecular pueda ponerse a la par del darwinismo en cuanto influencia cultural.

Darwin ha venido a trastrocar un mundo "tranquilo" . Antes de Darwin nada se oponía, en términos de conocimiento, de ciencia, a la idea de un mundo bondadosamente creado. Así expresa Dennett la idea matriz que guía su libro: Casi nadie es indiferente a Darwin y nadie debería serlo. La teoría de Darwin es una teoría científica, pero no sólo eso. Los creacionistas que se oponen tan amargamente tienen razón en una cosa: la peligrosa idea de Darwin penetra más profundamente en el entramado de nuestras creencias fundamentales de lo que muchos de sus refinados apologistas han admitido hasta ahora. ( cap I pág. 16 ). Y añade a continuación: El amable Dios que amorosamente nos ha creado ( a todas las criaturas, grandes y pequeñas) y que, para nuestra delicia, ha esparcido por el cielo las brillantes estrellas, ese Dios es, como Papá Noel, un mito de la infancia, y no algo en lo que un adulto en su sano juicio y no desesperado pudiera realmente creer. ( op. cit.)

Se trata, pues, de un asunto delicado. En la primera parte del libro , Dennett da la idea matriz de dicho asunto y hace ver por qué es delicado; en la segunda parte, debate con otros filósofos de la biología y biólogos acerca de dicha idea y en la tercera y última parte, extiende el problema hasta el problema de la mente y la cultura. En realidad, Dennett es un filósofo que ha tenido gran relevancia dentro de la actual filosofía de la ciencia cognitiva, al defender la postura intencional de la mente en contra, principalmente, de los eliminativismos de Churchland o Armstrong o del funcionalismo de Putnam o Fodor. En este texto, conecta sus intereses en filosofía de la mente con la cuestión de la evolución.

La idea central defendida por Dennett es que se puede entender la selección natural como un proceso algorítmico. Y nada más que eso. Nada más se requiere para que haya aparecido lo orgánico y, finalmente, la mente humana. Somos un algoritmo. Hasta Darwin era claro que algo como la mente no podía emerger de algo inferior , o distinto; se requería un "diseñador" , un ser cogitante en grado sumo. El autor se detiene en el análisis de los argumentos que daba Locke a favor de esta idea y de cómo Hume , en su Diálogo sobre la religión natural estuvo a punto de ver más allá. Pero el peso de las ideas reinantes era demasiado fuerte, y su intento abortó. Si no era mediante la idea de la actuación de una mente diseñadora, no era explicable la existencia de nuestras mentes.

La teoría evolutiva darwiniana cambió tal situación. Y ello basta para advertir los alcances culturales de la teoría que, al introducir un recurso histórico en las especies orgánicas hasta entonces pensadas como fijas desde y para siempre, proporcionó una segunda vía de explicación para la existencia humana y orgánica en general. Una explicación que no necesita suponer un diseñador que guíe, que piense y produzca las criaturas que somos. El libro, en toda su extensión, se dedica a defender esta interpretación del darwinismo.

El diseñador supremo, el cogitador infinito es reemplazado por la estupidez . El algoritmo es estúpido, mecánico, ciego. Pero, a la vez, invariablemente poderoso, productivo e infalible y, merced a eso, paradojalmente, capaz de producir algo inteligente y creador. Eso es la selección natural.

Dennett ejemplifica. El ejemplo de un campeonato deportivo por eliminación es esclarecedor. Es el caso de un torneo de tenis. Hay una organización en que juega cada pareja; los perdedores se retiran; los ganadores pasan a otra ronda y se enfrentan nuevas parejas. El procedimiento se repite hasta llegar a la última pareja y, de allí, el ganador será el campeón. Esto es, el algoritmo asegura que, de todos los jugadores que inician el juego solamente uno de ellos llegará al final sin haber perdido nunca. Otro ejemplo; afirma Dennett: un chef puede decir: Cocer a fuego lento el pescado en vino blanco hasta que esté bien hecho. Pero un algoritmo debe decir: Escoja un vino blanco cuya etiqueta diga seco; coja un sacacorchos y abra la botella; vierta un chorrito de vino..." ( pág. 73) etc., esto es una larga y fatigosa división de pasos, fáciles de seguir, y mientras más larga, mejor. Tal algoritmo, pues, no requiere decisiones ni conocimientos ni inteligencia por parte de quien la sigue; sólo necesita seguirla.

Volvamos ahora al ejemplo del tenis , que parece mucho más claro, para ver en qué consiste un algoritmo y cómo la selección natural se explica por ese concepto.. 1) Lo primero es la neutralidad, afirma Dennett, que, en realidad, es un rasgo formal. El algoritmo funciona con completa independencia de la materialidad y del poder causal de los elementos que componen el sistema de que se trate. Sólo es relevante la forma lógica. Es indiferente la ropa, el nombre, etc de los jugadores: lo decisivo es que jueguen a parejas y uno pierda. 2) Una segunda cuestión notoria es que el algoritmo gasta tiempo. Y en el caso de la evolución, mucho tiempo. La forma lógica es un proceso. Y eso es justamente la evolución: pasar de muchos jugadores hasta evolucionar hasta el campeón. 3) Quizás el rasgo más paradojal es lo que Dennett denomina la estupidez subyacente del algoritmo. Afirma: Mientras que el diseño global del procedimiento puede ser brillante, o producir resultados brillantes, cada paso constituyente así como la transición entre los pasos es absolutamente simple ¿Cómo de simple? Lo suficientemente simple para que un idiota obediente lo realice o para que un dispositivo mecánico lo lleve a cabo ( p.72) . Los algoritmos son como recetas ( el segundo ejemplo mencionado arriba). 4) Una cuarta determinación es la de proporcionar una garantía en los resultados. Como se ve, jueguen como jueguen los tenistas, alguien siempre gana y alguien siempre debe retirarse y alguien siempre resultará campeón. Aquí se presenta siempre un malentendido, afirma el autor. Los críticos de esta peligrosa idea se inclinan a pensar que en realidad es la calidad del jugador el que lo lleva a ganar y, al final, a vencer en el torneo. Su calidad tendría una eficacia causal en su éxito. Pero, el asunto es que , sea como sea que juegue un jugador, lo que afirma el algoritmo es que producirá un ganador, no que sea ni el mejor ni el que tuvo más suerte, etc. De igual modo, no se puede afirmar que sean las propiedades causales de los electrones de un circuito computacional el que produzca el cumplimiento de un programa; ello se lleva a cabo sólo por el orden lógico, por el algoritmo del programa, por los pasos fijos estipulados en la receta. Los músculos y el cerebro del tenista tendrán capacidades causales para hacerlo moverse en la cancha, más no para producir directamente el efecto de que el sistema total tenga un campeón. El hecho de que en el campeonato haya un campeón depende de la receta, de la forma en que está estipulado los pasos que se deben seguir. Si , por ejemplo, el juego se organizara de tal modo que se aceptara que el juego terminase en la semifinal, entonces sería otro algoritmo . Hicieran lo que hicieran los jugadores, siempre habría dos ganadores. 5) queda un rasgo , quizás el más difícil. El algoritmo no está hecho para que el tenista que salió campeón hubiera tenido que salir campeón. El torneo no estuvo hecho para que él justamente ganara. Lo único que asegura el algoritmo es que alguien será ganador, pero no quién. Si se volviera a jugar inmediatamente el mismo torneo, con las mismas condiciones, es claro que cualquier otro podría ganar esta vez. El azar, aquí, es el protagonista.

Si se traslada todas estas características a la evolución, se tiene esta figura : la selección natural es capaz de explicar por qué hoy una especie es como es, sólo apelando a la capacidad de funcionamiento ciego de un algoritmo que selecciona y selecciona, a través de eones, que preserva a quienes mejor se adaptan a las condiciones del medio.( adaptacionismo). Como todo algoritmo, aquello que produce una especie determinada es sólo el poder formal aplicada infinidad de veces sobre sus propios resultados ( de allí que la evolución sólo es posible en grandes lapsos). Además, como todo algoritmo, es sólo un recetario simple y estúpido. Pues bien, es ese mecanismo ciego el que puede producir , mediante su infinita reduplicación, algo inteligente, tal como el torneo eliminativo al final produce el campeón. Pero, al igual que la identidad del campeón, la especie human que hoy conocemos, nosotros, no está asegurada por el algoritmo. El algoritmo no tiene ninguna finalidad. Es más, puede haber algoritmos perfectos , que no produzcan nada interesante. Esto nos enfrenta con la concepción humana que se contiene aquí: somos producto del azar. Una confusión siempre presente, dice Dennett, es creer que la selección natural es un procedimiento para producir finalmente al hombre. (Teilhard de Chardin creía eso.). Nada en el algoritmo asegura que un jugador en especial llegará al final. Hoy, en nuestro lugar, debido a la infinita variedad de circunstancias que intervienen, otra especie podría haber llegado a donde estamos nosotros. Es duro, afirma Dennett, pensar en que no estemos aquí por algo, debido a alguna razón especial para nosotros. Pero, si así fuera, no se lo puede demostrar. En cambio, el algoritmo , la selección natural, sí ofrece una explicación plausible, bastante contrastada. Quiero citar de nuevo a Dennett : "Aquí está, pues, la peligrosa idea de Darwin: el nivel algorítmico es el nivel que mejor explica la velocidad del antílope, las alas del águila, ...Es difícil creer que algo tan estúpido y tan mecánico como un algoritmo pueda producir cosas tan admirables. Por muy impresionantes que sean los productos de un algoritmo, siempre el proceso subyacente no consiste más que en un conjunto de pasos individuales , no inteligentes, que se suceden unos a otros sin la ayuda de una supervisión inteligente...Se alimentan unos a otros por el ciego azar .( p 87). Por supuesto que la mayoría de los algoritmos hacen cosas no interesantes o, aún, inútiles; pero no implica que haya otros que produzcan algo cualitativamente superior a su propio funcionamiento. Es el caso de la selección natural y sus producciones.

Este es, entonces, el punto central del libro. Pero el libro contiene mucho más. El lector podrá encontrar en él, en las partes II y III, los debates sobre la evolución en la propia biología , en la llamada síntesis moderna . Por ejemplo, el neodarwinismo ha producido la idea de que es posible una evolución sin adaptación, sólo por la reduplicación interminable de lo mismo. Es claro, afirma Dennett, que la teoría de Darwin puede acomodarse a eso mediante la idea del algoritmo. El autor debate con biólogos no adaptacionistas, como Gould, o Lewontin, por ejemplo, para tratar de demostrar que esa postura no implica nada en contra de la propuesta a favor del algoritmo. En la tercera parte y final, Dennett discute su interpretación de la evolución como algoritmo en la cultura, en las ideas y en la mente. Inevitable no toparse allí con la propuesta de Dawkins, quien en 1976 produjo la idea de que había, en la cultura, cierta unidad de evolución cultural. Al igual que es el gen el elemento que soporta la explicación evolutiva, sería el "MEME", la unidad de evolución cultural. El meme es una unidad de significado, no sintáctica, que se transforma y cambia. Por ejemplo, las primeras cuatro notas de la quinta sinfonía de Beethoven es un meme: se replica a sí misma en múltiples roles diferentes que se esparcen y separan de su contexto y comienzan a cambiar de significado. ( p.560). Al revés de lo que sucede con la selección natural, la cultural es rápida. Además, la selección natural no posee inercia: una presión puede ejercerse durante miles de años y luego desvanecerse. En cambio, en la evolución cultural, tal cosa no ocurriría. En todo caso, la idea fundamental es que , al igual que los genes, los memes no se replican" para algo"; sólo lo hacen, nada más. Y eso es suficiente fuerza explicativa. También, en el cap 13 de la parte III, se encuentra un importante debate en torno al carácter evolutivo del lenguaje. Para Descartes, por supuesto que el alma, la mente en términos actuales, no es evolucionada: es una marca no transformable que diferencia al hombre de la máquina y de los animales. Esta cuestión cobra, hoy, gran relevancia en la actual filosofía de la mente. Pensadores como Chomsky, Fodor y Gould, desde distintos lugares teóricos, atacan el evolucionismo: lo mental y, específicamente una de sus mayores marcas, el lenguaje, no puede haber evolucionado. En realidad, a nivel genético individual, estos autores parecen tener razón: un niño aprende su lengua materna más o menos automáticamente; algo tan complejo como una lengua no podría ser aprendida inductivamente. Sin embargo, argumenta Dennett, el punto no es cómo un niño se hace de un lenguaje, sino cómo nuestra especie llegó a incorporar el lenguaje, lo cual es un asunto distinto. Finalmente, recomiendo al lector, fijarse en la discusión de Dennett con Penrose acerca de la naturaleza de los algoritmos. ( cap.15). Si el algoritmo posee la importancia que hemos visto en la postura del autor, es importante asistir a la defensa que hace frente a otras opiniones sobre el tema.

Pero, dado que el asunto parece centrarse en el la naturaleza explicativa del algoritmo, podría pensarse en un contra argumento a favor del creacionismo. Se podría aceptar que un algoritmo sea el productor del hombre . Ello no impediría, entonces, plantear la tesis de la necesidad un autor del algoritmo mismo, lo que equivale a dar una vuelta al argumento de la gran mente diseñadora. Eso sí, aceptar la creación del algoritmo supone aceptar la creación de una formalidad que se cumplirá en eones, y no instantáneamente como supone el creacionismo tradicional. Dicha súper mente no diseñaría hombres directamente: diseñaría algoritmos para producirlo. Pero este argumento no funciona. Y no porque la hipótesis de una mente diseñadora del algoritmo no sea plausible, sino porque el algoritmo no trabaja como requeriría esa hipótesis. Recuérdese: el algoritmo no produce necesariamente algo determinado. La evolución no tenía por qué haber producido necesariamente a la especie humana, tal como el campeonato no asegura que una determinada persona llegue al final del juego. El biólogo Stephen J. Gould lo dice así: Si volviéramos a rebobinar la cinta de la vida, y la proyectáramos de nuevo, una y otra vez, la posibilidad de que fuéramos nosotros el producto final a través del molino de la evolución es infinitesimal.( p 82). La evolución no existe para nosotros. Sólo "de hecho" nos ha producido. Esto basta , a mi juicio, para dudar de la fuerza de un replanteo creacionista sobre la base de una mente diseñadora de algoritmos.

Pasaron aproximadamente cien años hasta que Kant tomara finalmente las ideas contenidas en la física moderna naciente para producir su gran síntesis explicativa sobre el conocimiento y la razón. Han pasado siglo y medio desde la teoría de la evolución. En ese lapso se ha replanteado en términos biológicos y se la ha estudiado en términos filosóficos, algunas veces con nefastas consecuencias sociales. Quizás no sea imposible pensar en una nueva síntesis sobre las ideas de razón, de mente y de conocimiento sobre la base de Darwin.

1.- Alejandro Ramírez es Dr. en Filosofía y académico del Departamento de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. alramire@abello.dic.uchile.cl

 

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