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Explicación-Comprensión
El papel de la explicación y la comprensión en las teorías científicas.-- Explicación-Retrodicción-Predicción.-- Comprensión - interpretación - intencionalidad - hermenéutica.-- Explicaciones causales y el círculo de intepretación hermenéutico

Explicación en las ciencias sociales

Por Episteme - 20 de Junio, 2008, 14:48, Categoría: Explicación-Comprensión

La explicación en las ciencias sociales:
Consideraciones intempestivas contra el dualismo metodológico en la teoría social
M i n o r E. S a l a s(*)
Universidad de Costa Rica

"El deseo que nos anima es muy simple: denunciar la impostura y la deshonestidad intelectuales, cualquiera que sea su procedencia."
A. Sokal / J. Bricmont §


Resumen: La discusión metodológica respecto a la explicación científica en la teoría social ha estado dominada, históricamente, por el mito de que existe una separación tajante entre los métodos de las ciencias sociales y los de las ciencias naturales. Este mito ha asumido la forma de un dualismo metodológico que se expresa a través de conceptos como: lo "nomotético" y lo "ideográfico", la "explicación" (Erklären) y la "comprensión" (Verstehen), la "razón" y la "causa". Estos binomios conceptuales han representado, no obstante, mamparas semánticas para fomentar la impostura y la falta de rigor empírico, especialmente en el campo de lo social. El empleo de estos artilugios no es una cuestión del pasado, sino que en la actualidad está presente en corrientes de moda como las "post-modernistas", "discursivas", "hermenéuticas", "funcionalistas", "teorías de la estructuración", entre otras. A continuación se realiza una crítica del dualismo metodológico y sus fundamentos. Palabras claves: método, explicación, comprensión, razón, causa, dualismo, nomotético, ideográfico.


Abstract: The methodological debate about scientific explanation in the social theory has been historically dominated by the Myth that there exists a radical gap between the methods of social sciences and those of natural sciences. This Myth brings about a methodological dualism, which takes the form of concepts like: "nomothetic", "ideographic", "explanation" (Erklären), "comprehension" (Verstehen), "reason", "cause". These polar concepts have been used, nevertheless, as verbal magic to disguise lack of empirical rigor in the social field. The use of these notions is not a matter of the past, since nowadays they are in vogue in social theories like "postmodernism", "hermeneutics", "functionalism", "theories of Structuration", among others. Hereafter follows a critic of methodological dualism and its philosophical fundaments.

Keywords: method, explanation, comprehension, reason, cause, dualism, nomothetic, ideographic.


Desde el surgimiento de las ciencias sociales en los siglos XVIII y XIX se han generado allí tres dogmas fundamentales que, de una u otra forma, han influido enormemente en la praxis de la teoría social: el primero de estos dogmas expresa que para el estudio de la sociedad debe existir un método particular mediante el cual los expertos de estas disciplinas lleven a cabo su trabajo; el segundo dogma postula que este método especial (algo así como una "receta mágica" para el estudio de la sociedad) se diferencia, en aspectos primordiales, del método empleado por los científicos naturales; finalmente, el tercer dogma dice que entre el método propio de las ciencias sociales y el de las ciencias naturales existen grandes diferencias que deben ser respetadas para no violentar el objeto de estudio.i

Estos tres dogmas se conjugaron (en el plano epistemológico) de tal suerte que dieron origen al llamado dualismo metodológico.ii El dualismo metodológico consiste, básicamente, en la tesis de que la actividad científica se vale de diferentes reglas, dependiendo de qué tipo de fenómeno (objeto) se quiera estudiar. Según esta posición, resulta inadecuado que el método científico empleado por un físico, por un biólogo o por un ingeniero mecánico, sea también utilizado por un sociólogo, un psicólogo o un jurista. La realidad social –por ser histórica, dialéctica y contradictoria– requiere, según este enfoque, de unos procedimientos sui generis para ser captada en su vasta complejidad. Es un error, por lo tanto, aplicar al estudio de los fenómenos humanos las mismas reglas de trabajo que se utilizan para estudiar un mineral o una célula. La sociedad es mutable e impredecible, las leyes físicas no tanto; una roca no reacciona ante nuestros pronósticos y predicciones, una persona sí; un elemento químico tiene estas o aquellas propiedades que pueden ser determinadas a priori con mucha exactitud; las propiedades de un grupo humano son emergentes y no pueden conocerse de antemano; las personas reaccionan frente a los intereses, las ideologías o las mentiras, las cosas físicas no. Todo esto hace que el universo de la realidad socio-histórica sea infinitamente más complejo y vasto que el de la realidad natural y que, por lo tanto, esté justificada una neta separación en sus respectivos protocolos investigativos.iii Hasta aquí la tesis esencial del dualismo metodológico.

Ahora bien, para justificar esta dicotomía tajante entre las ciencias naturales y las ciencias sociales se han utilizado, a lo largo de la historia de la Metodología, muy diversas estrategias argumentativas. Estas estrategias consisten, en lo esencial, en el uso de ciertos topoi (conceptos) que vienen, de una u otra manera, a defender el empleo de métodos distintos en el campo social y natural. En lo sucesivo, vamos a estudiar críticamenteiv algunas de estas estrategias que favorecen el dualismo metodológico, tratando, después, de medir su consistencia lógica y rigor discursivo.

1. El conflicto entre lo "nomotético" y lo "ideográfico"

Una de las principales formas discursivas en que se introdujo el dualismo metodológico en el análisis científico de la sociedad consistió en postular una división tajante entre lo nomotético y lo ideográfico. Según este esquema, propuesto originalmente por el filósofo neokantiano Windelband y desarrollado por su discípulo Rickert, las ciencias naturales se basan en criterios universalizadores; es decir, en leyes (de allí el término "nomos") que son aplicables de manera extensiva a una misma categoría de objetos ónticos; es decir, de fenómenos físicos. Por su parte, las disciplinas sociales e históricas son, fundamentalmente, "ideográficas" en el tanto ellas buscan captar lo individual, lo biográfico y, por ende, lo irrepetible en el acontecer humano.v

Muchos de los argumentos a favor de esta dicotomía (que ha influido tanto en autores como Weber, Collinwood o Popper), se encuentran en la obra clásica de Heinrich Rickert: "Ciencia Cultural y Ciencia Natural".vi Es allí donde este autor postula los elementos fundamentales para justificar metodológicamente la separación que aquí nos ocupa:

a) La división refleja, según Rickert, el contraste de intereses cognoscitivos que hay entre un científico natural y uno cultural. Si negásemos la distinción, negaríamos también, se dice, la diferencia de los intereses, lo cual es, a todas luces, absurdo. Siempre habrá individuos con gustos epistemológicos distintos: unos que se preocupan (y ocupan) de la realidad humana e histórica y otros de la realidad física. Ello será siempre así y no se ven razones por las cuales deba cambiar.

b) Las ciencias naturales se valen de un método empírico (natural), mientras que las disciplinas culturales emplean un método histórico. Lo característico del método natural radica en la pretensión de legalidad de sus preconceptos, es decir, en una validez generalizadora; mientras que lo propio del método histórico es su naturaleza singular o individualizadora. Tal y como dice Rickert: "La realidad se hace naturaleza cuando la consideramos con referencia a lo universal; se hace historia cuando la consideramos con referencia a lo particular e individual. Y, en concordancia con ello, quiero oponer al proceder generalizador de la ciencia natural el proceder individualizador de la historia."vii

c) Las ciencias naturales apelan, en su labor, al conocimiento puramente fáctico, mientras que lo social está también emparentado, en no raras ocasiones, con lo intuitivo.

d) Las ciencias culturales operan sobre bases valorativas, "en oposición a la ciencia natural, que es una investigación encaminada a descubrir las conexiones legales o de conceptos universales, sin preocuparse lo más mínimo de los valores culturales..."viii

Creo que con este pequeño listado (que no es exhaustivo, por supuesto) quedará suficientemente neta la distinción entre una disciplina nomotética y una ideográfica. Por lo demás, resulta claro que desde el nacimiento de este esquema hasta la fecha ha corrido mucha agua bajo el puente. Hoy día no es posible sostener, sin reservas, que las ciencias naturales se basan solo en lo empírico, que allí no juega un papel la intuición o que los valores están al margen del conocimiento natural. Estas aseveraciones han sido, entretanto, descartadas como insuficientes o, en muchos casos, como ilusorias. Pero de esto nos encargaremos más adelante. Por ahora, veamos un segundo argumento que se utiliza a favor del dualismo metodológico.

2. El conflicto entre el "erklären" (explicar) y el "verstehen" (comprender)

Se ha dicho que las ciencias naturales explican los fenómenos, mientras que las ciencias sociales los comprenden. La diferencia entre estos dos conceptos reposa en que mientras en el primero se buscan las causas materiales (ontológicas) de un acontecimiento, en el segundo se buscan las razones del fenómeno en cuestión. La explicación apunta, por lo tanto, hacia las estructuras empírico-reales de la naturaleza mientras que la comprensión hacia el significado social de esas estructuras para las comunidades humanas. De allí que la explicación suele ser una respuesta a la pregunta por qué; la comprensión a la pregunta cómo.ix Un ejemplo sencillo servirá para ilustrar mejor la diferencia entre ambos enfoques:

Imaginemos que en una determinada comunidad se comete semanalmente una serie de homicidios violentos contra las mujeres. Un seguidor del esquema de la explicación tratará de encontrar una (o varias) hipótesis de trabajo que le permitan conocer las condiciones (causas eficientes) por las cuales se han cometido esos delitos. Por ejemplo, podría asumir que los homicidios son explicables a partir del alto consumo de drogas que existe en la comunidad, o a partir de la pobreza extrema del sitio, u otras hipótesis semejantes. Sobre esta base, tratará de someter las hipótesis en cuestión a una validación empírica, investigando si hay una relación causa-efecto entre el consumo de drogas, la pobreza y la comisión de los crímenes. Si no se estable tal correlación nomotética o legal, entonces la hipótesis será descartada como insuficiente o falsa. Lo que priva en estos casos, como puede fácilmente apreciarse, es la necesidad de falsar o confirmar fácticamente los enunciados universales adoptados por el científico. Es decir, en términos de Popper, se trata de postular teorías verdaderas sobre los hechos examinados.x

El esquema de explicación dominante en la actualidad, en el campo de la filosofía de la ciencia, es el propuesto por Carl Hempel y Paul Oppenheim.xi La explicación obedece, según este enfoque, a un modelo con la siguiente forma lógica: SI (se presentan ciertas circunstancias), ENTONCES (se producen ciertos efectos) xii. Para comprender mejor el alcance de dicho modelo podemos ofrecer otro ejemplo:

Ejemplo: SI una persona enfrenta graves problemas financieros y familiares, ENTONCES es probable que cometa ciertos delitos (por ejemplo hurtos).xiii

Esta primera parte del esquema (conocido como el "explanans") se debe complementar con dos partes adicionales, a saber: con las condiciones marginales y con el llamado "explanandum". El esquema completo de lo que es una teoría explicativa, en este sentido estricto de la teoría de las ciencias, sería, entonces, el siguiente:

Esquema de Explicación:
1. Teoría: SI una persona tiene graves problemas financieros y familiares, ENTONCES comete, con mayor frecuencia, ciertos delitos (por ejemplo hurtos).
2. Condiciones marginales: La persona X tiene graves problemas financieros y familiares.
3. Explanandum: La persona X cometió un delito de hurto.

Por supuesto, en este trabajo no es posible profundizar en todos los detalles y problemas particulares de este esquema.xiv Baste únicamente con observar que una explicación, en este sentido específico, ofrece un modelo metodológico para la dilucidación analítica de los fenómenos sociales a partir de su validación empírica. Además, no hay que olvidar que, si bien es cierto el esquema de Hempel-Oppenheim goza de preferencia en el ámbito científico, él no excluye otros tipos de explicación (que no se ajusten exactamente a lo postulado por esos autores).

Por su parte, un seguidor de la "verstehen" (comprensión) verá las cosas muy distintas a como se ha expuesto. Él argumentará que las hipótesis empíricas postuladas por el defensor de los métodos explicativos no son suficientes para entender el fenómeno social de la delincuencia. Considerará que es necesario ir mucho más allá de las causas puramente materiales o empíricas e incluso, es probable, que califique al partidario de la "erklären" (explicación) como un reduccionista metodológico.xv Para una comprensión profunda de lo sucedido, dirá, es pertinente acudir a otros baremos, en especial, al sentido que tienen los delitos para la comunidad estudiada, a la experiencia subjetiva de quien cometió el delito, al significado psicológico profundo del homicidio para el ser humano, etc.

3. El conflicto entre "razón" y "causa"

El tercer y último binomio conceptual que se utiliza para justificar el dualismo metodológico está dado por las nociones de causa y de razón. Se dice que en las ciencias naturales es posible (y deseable) localizar las "causas" materiales de los fenómenos: "Felix, qui potuit rerum cognoscere causam"; mientras que en las ciencias sociales hay que conformarse con las "razones" que existen para adoptar una decisión determinada. Dado que la conducta humana, en especial la acción social, no está sujeta a patrones puramente físicos o mecánicos, entonces resulta ilusorio encontrar siempre las causas subyacentes a cualquier evento. Lo pertinente es entender la conducta sobre la base de los motivos (expresos o no) que se ofrezcan para su ejecución.xvi

El concepto de razón está relacionado (a diferencia de lo que sucede con la noción de causa) con el fenómeno de la justificación. Por lo tanto, cuando se le pide a una persona que ofrezca las razones por las cuales actuó de una cierta manera, lo que estamos haciendo es, en realidad, solicitándole que justifique su conducta. Esta justificación opera, por lo general, sobre bases morales, religiosas, éticas o ideológicas en general y no sobre elementos puramente físico-naturales. Así, por ejemplo, si se le solicita a un creyente que nos diga por qué asiste a Misa, es probable que nos llame la atención sobre sus convicciones religiosas, sobre sus tradiciones familiares o sobre las creencias de su círculo cultural. Resultaría inusual una respuesta en el sentido de que sus visitas a la iglesia obedecen a un desbalance neuronal, a un desequilibrio bioquímico o alguna otra causa de índole fisiológica.

De allí –concluyen muchos teóricos de las ciencias sociales partidarios de la "verstehen" y de lo ideográfico– que la comprensión de los fenómenos humanos es imposible si no se toman en cuenta las motivaciones (no siempre racionales) que subyacen a la conducta. Una acción social no es solo un conjunto de causas y efectos mecánicos, sino un agregado de sentido (simbólico), cuya base está dada por las creencias, las convicciones y los valores de los individuos particulares.

Estos han sido, pues, los argumentos más comunes que se ofrecen como apoyo al dualismo metodológico. Ahora bien: ¿Qué pensar al respecto? ¿Es defendible, desde el punto de vista epistemológico, la distinción entre ciencias "nomotéticas" e "ideográficas", entre "explicación" y "comprensión" o entre "razón" y "causa"? ¿O se trata todo ello de una impostura intelectual, de un falso planteamiento del problema? De estas preguntas nos ocuparemos seguidamente.

4. Críticas al planteamiento dualista (posición propia)

Procedamos, acto seguido, a presentar nuestro punto de vista respecto al problema planteado, así como respecto a las distinciones que se han hecho.

a) Punto de partida.
Cualquier debate en torno al concepto de "explicación" en las ciencias sociales debe partir, desde nuestro punto de vista, de la siguiente idea básica:


Qué se acepte como una "explicación científica" en una disciplina determinada (no importa si esta es "natural" o "social"), depende, finalmente, de los valores en juego del investigador. De allí que, y sin necesidad de recurrir a redundancias o tautologías inútiles, se puede decir que una "explicación" es aquello que se admite como una "explicación" en la comunidad respectiva.xvii Un debate (racional) sobre cualquier tema solo es posible para aquellos que acepten un conjunto de postulados lógicos, epistemológicos y, sobre todo, axiológicos iguales o similares. De no aceptarse dichos postulados, entonces cualquier discusión al respecto es literalmente imposible. En este caso, no hay nada que discutir y nos encontramos ante tesis incomensurables, o sea, ante un diálogo de sordos. Así, por ejemplo, si una persona insiste (en virtud de sus convicciones religiosas básicas) que la cura a su enfermedad terminal se debe a un "milagro de Dios" y no a las intervenciones de la ciencia médica, entonces NO habrá explicación racional que valga. Su "explicación" será siempre la de los milagros. En este supuesto, los marcos de referencia (tanto cognitivos como vitales) resultan incompatibles en virtud de las visiones de mundo que sustentan los participantes del debate. Aquí se da, tal y como lo expuso Thomas Kuhn, una "inconmensurabilidad" radical en las teorías defendidas, lo que significa, a la postre, la imposibilidad de una comunicación horizontal y productiva.

En fin: las explicaciones científicas solo son aceptadas como tales por aquellos que creen en la ciencia. Para quienes adoren otras deidades, no habrán templos, ni oraciones, ni santuarios, pero tampoco laboratorios científicos, que logren mermar su incredulidad. Tal y como sabiamente sostenía F. Waismann: "El desconsuelo del corazón no ha de ser jamás acallado por la lógica".xviii Esto no significa, por supuesto, que cualquier explicación sea igualmente válida. Una cosa es el derecho (fe) a creer y otra cosa distinta es pretender que nuestra creencia se ajuste a la realidad del mundo. Un hombre de ciencia no tiene porque rechazar a priori las creencias que no concuerden con sus esquemas, pero tampoco tiene porque aceptar acríticamente aquellos postulados que contradigan, de manera abierta, todas las evidencias empíricas y los hechos conocidos hasta ese momento.

b) Estrategia de inmunización

Lo más grave de postular una tajante dicotomía entre la ciencia social y la ciencia natural radica en que quien no acepte este dualismo (por ejemplo, porque considera que para ambos casos los métodos son básicamente los mismos) es considerado como un "positivista" que quiere reducir lo social a la física, según el mejor estilo de Comte.xix El discurso del dualismo metodológico puede servir, pues, como un "expediente de inmunización" (Albert)xx para desestimar, a priori, cualquier tipo de crítica o, peor aún, para justificar la falta de rigor, la charlatanería y la ignorancia de las evidencias empíricas.

No es inusual, así, que quienes predican unos ciertos "métodos" muy especiales (hermenéuticos, dialécticos, post-estructuralistas) para las ciencias sociales, sean los mismos que se cobijan bajo los mantos de una jerga incomprensible o bajo la negativa a discutir abiertamente sus postulados epistemológicos. Son ellos quienes, precisamente, consideran que pueden hacer teoría social sin tomar en cuenta la realidad o sin acercarse a las evidencias fácticas; es decir, que se puede hacer ciencia desde un "inmaculado cielo de los conceptos" (R. von Jhering).

c) Función ideológica:
En tercer lugar, es necesario señalar que el dualismo metodológico cumple, visto bien el problema, una doble función (ideológica):


Por un lado, legitima la especialización del saber y con ello la consecuente división gremial del trabajo, lo que conduce a una justificación de ciertos grupos de poder académicos: los "gurus intelectuales" y su séquito de aduladores y falsos profetas. Es claro que si para el análisis de un problema social se requiere un conjunto de conocimientos sui generis, entonces es necesario que existan personas que dominen precisamente esos conocimientos. Estos serán los legitimados (y autorizados) para decidir cuándo se han respetado los "juegos del lenguaje" (Wittgenstein) admitidos en la disciplina y cuándo un miembro de esa comunidad se encuentra acreditado para ejercer la profesión respectiva. Esta función, propia de la sociología de las profesiones, no es del todo irrelevante, pues ella viene, en la práctica cotidiana del saber, a determinar, en una gran medida, la difusión, la relevancia o la aceptación que tenga una concepción teorética en el mundo académico respectivo.xxi La defensa de una especialización metodológica; es decir, la afirmación de que el ejercicio de las ciencias sociales requiere, necesariamente, de unos conocimientos especializados (que solo pueden ser ejecutados por una casta sacerdotal entrenada) garantiza un puesto de trabajo, o al menos un mercado laboral abierto. En definitiva: la praxis del conocimiento está aquí sujeta a las condiciones materiales e ideológicas de su reproducción mercantil.

Pero, por otro lado, y esto también es importante, el dualismo metodológico tiene como función (al menos latente) soslayar la falta de rigor e incluso ocultar la charlatanería en el planteamiento de hipótesis de trabajo. Si yo no me encuentro obligado a confutar empíricamente mis afirmaciones y si, por otra parte, tampoco mis colegas se interesan por ello (pues les basta algunos planteamientos supergenerales sobre la "cultura" o sobre la "postmodernidad"), entonces las puertas se encuentran abiertas para defender los más descabellados planteamientos.xxii Tal y como certeramente lo han denunciado Alan Sokal y Jean Bricmont, detrás de algunos planteamientos "relativistas" de la teoría social contemporánea, asechan, en no raras ocasiones, verdaderas "imposturas intelectuales". "Cuando se combina el olvido de lo empírico con una buena dosis de dogmatismo cientificista, se suele caer en las peores lucubraciones..."xxiii

d) Ausencia de un criterio (o método) único:
En último lugar, es necesario tener presente que en la investigación científica NO existen –contrario a lo que predican algunos de los gurus de la ciencia social– unos criterios de distinción definitivos. Pretender que haya una fórmula mágica (llámesele "verificación" al estilo del positivismo lógico, "falsación" al estilo de Popper o "explicación" a lo Hempel) para dividir el terreno de lo histórico del de lo físico es ilusorio. Lo anterior no implica, clara está, que conceptos como "explicación" y "comprensión" o "causa" y "razón" no posean una cierta utilidad heurística. De hecho, la tienen. Lo que no se puede aceptar es que estas nociones sean absolutizadas. Un poco de información –y sobre todo de honradez intelectual– bastará para darse cuenta de que, prácticamente en ninguna cuestión humana, existe "la" piedra filosofal que permita resolver todos los enigmas. Si analizamos con cuidado, por ejemplo, el tema de la explicación y la comprensión nos percataremos de que hay ámbitos, o sea, problemas específicos, en los que la explicación es mucho más factible que en otros y, por su parte, hay problemas en los cuales no es posible una explicación causal, resultando necesario, por ende, valerse de argumentos comprensivos. En definitiva: todo depende de los casos o problemas concretos que se encuentren bajo nuestro estudio. No es conveniente incurrir en las típicas "falacias del todo" y en las falsas generalizaciones, propias de algunas corrientes "holistas" de la sociología.


Así, es probable que en lo que atañe a las cuestiones históricas (¿por qué Alemania invadió Rusia durante la II Guerra Mundial? o ¿por qué Julio César cruzó el Rubicón en el 49 A.C.?) no se puedan encontrar con facilitad "causas" o "explicaciones" en el sentido de las ciencias naturales. Sin embargo, y esto es lo fundamental, ello no significa que las causas o las explicaciones naturalistas no tengan validez en otros ámbitos de las ciencias sociales y que sean allí plenamente posibles. Por ejemplo, hoy día es más o menos aceptado de que determinados factores fisiológicos (determinables médica- y químicamente) juegan un papel en ciertas formas de agresión y, por lo tanto, en la comisión de ciertos delitos. Sería absurdo que el Derecho o la Sociología criminal cerraran las puertas a este tipo de datos por mera pureza metodológica, indicando que en estas disciplinas están vedadas las explicaciones y que hay que aspirar a la comprensión.

5. Conclusiones

La clásica distinción entre los métodos de las ciencias naturales y los de las ciencias sociales es artificial. Se trata de un pseudo-problema. No hay que dejarse aquí marear por las modas o los esquemas metodológicos facilistas y simplificadores de distinta ralea. Esta separación puede inducirnos a errores o incluso a engaños. Detrás del pretendido "dualismo metodológico" (con sus estrategias argumentativas) pueden esconderse muchas cosas: una ideología gremial que propicia las elites intelectuales de poder, una falta de rigor en lo relativo a la constatación empírica de los postulados básicos de la disciplina, una poca seriedad en cuanto a las exigencias con que se utiliza el lenguaje científico o, incluso, al decir de Sokal y Bricmont, una buena dosis de "impostura intelectual".

No existe, pues, en la ciencia social ?o natural? un "punto arquimédico del conocimiento" (Albert); es decir, una base única y segura para comprender los distintos fenómenos, ello puesto que el científico capta únicamente parcelas del mundo mediante procesos muy complejos de selección. Presuponer una unidad ontológica subyacente que pueda ser capturada mediante la explicación científica es el resultado de un prejuicio racionalista. Dicha "unidad del mundo" refleja más que todo el carácter sintetizador y, por qué no, mitológico de nuestra conciencia, mas no el estatuto empírico de la realidad. Tal y como decía hermosamente William Blake: "Menos que Todo no puede satisfacer al hombre".xxiv El científico tendrá que enfrentarse, empero, quiéralo o no, con un universo fragmentario, contingente, discontinuo y, en muchas ocasiones, arbitrario y azaroso.xxv De allí que la búsqueda de un instrumento teorético que genere una síntesis total (llámesele "explicación" o "comprensión") es producto más de sus deseos, de su afectividad existencial, que de las evidencias fácticas que se le presentan.

La llamada "explicación científica" es, por lo dicho, una mezcla indisoluble de hecho y valor, de conocimiento y creencia. Solo quienes comparten un sistema axiológico o una visión de mundo similares, es decir, quienes cultivan una misma "forma de vida", al decir de Wittgenstein, están en capacidad de aceptar la legitimidad epistemológica de la explicación y de reconocer así su estatuto científico. Para quien no acepte esas mismas premisas, es decir, para aquellos que manejan "gramáticas" de interpretación del mundo diferentes, no habrá tal "explicación", ni podrá esta ser catalogada jamás como "científica". Él se adscribirá, probablemente, más a la sentencia de Oscar Wilde:

"La ciencia es la historia de las religiones muertas." xxvi


Bibliografía citada

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Notas:

§ Epígrafe tomado de la obra de Alan Sokal y Jean Bricmont 1999: Imposturas Intelectuales, traducción de Joan Carles Guix, Editorial Paidós, Barcelona, Buenos Aires, México, p. 33.

i.Para una discusión detallada de los problemas que se anuncian con estos tres dogmas, véase la obra clásica (lamentablemente no traducida al español) de Topitsch, E. 1980: Logik der Sozialwissenschaften,10. edición, Verlagsgruppe Athenäum. Haim. Scriptor. Hanstein, Königstein/Ts., in toto.
ii.Anunciando ya el surgimiento del dualismo metodológico: Dilthey, W. 1966: Introducción a las ciencias del espíritu. Ensayo de una fundamentación del estudio de la sociedad y de la historia, traducción al castellano de Julián Marías, prólogo de José Ortega y Gasset, 2. edición, Revista de Occidente, Madrid, España. Siempre vale la pena leer al respecto los trabajos de Homans, G. 1967: en especial, The Nature of Social Science, Harcourt, Bace & World, New York.Una discusión clara en: Bunge, M. 1999: Buscar la filosofía en las ciencias sociales, trad. de Tziviah Aguilar Aks, Editores Siglo XXI, México, cap. 9. Para una discusión general véase Giddens, A., Turner, J., et. al. 2000: La teoría social, hoy, trad. de Jesús Alborés, Alianza Universidad, Madrid.
iii.Es interesante señalar el gran "parecido de familia" (Wittgenstein) que existe entre el dualismo metodológico y lo que Karl Popper denominó el "historicismo". Según esta última posición "the course of historical development is never shaped by theoretical constructions, however excellent, although such schemes might, admittedly, exert some influence, along with many other less rational (or even quite irrational) factors." Vid. Popper, K. 1974: The Poverty of Historicism, Routledge & Kegan Paul, Londres, p. 47.
iv.El enfoque crítico que aquí se adopta justifica, al menos eso espero, lo relativo a las "consideraciones intempestivas" que se anuncian en el subtítulo. Hay que aclarar, empero, que el libro de Nietzsche, con ese nombre, no fue utilizado más que de inspiración.
v.Para una discusión actual del problema: Bunge, M. 1999? Las ciencias sociales en discusión. Una perspectiva filosófica, traducción de Horacio Pons, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, Argentina, en especial las páginas 36-48, aunque con algunas tesis que nos parecen insostenibles (o al menos exageradas). Sigue siendo clásico el trabajo de Dilthey citado, así como la obra de Heinrich Rickert que se menciona en la siguiente nota al pie No. 5.
vi.Rickert, H. 1965: Ciencia Cultural y Ciencia Natural, traducido del alemán por Manuel García Morente, Espasa-Calpe S.A., cuarta edición, Madrid.
vii.Ibid., p. 92.
viii.Ibid., p. 131-132.
ix.Una posición crítica, catalogando la discusión como "falsa querella del método" en: Boudon, R. 1978: Los métodos en Sociología, traducción de Amanda M. Forns de Gioia, Librería "El Ateneo" Editorial, Buenos Aires, et. al., en especial el primer capítulo. Igualmente puede consultarse los trabajos recogidos en el libro editado por Borger, R., y Cioffi, F. 1970: Explanation in the Behavioural Sciences, Cambridge University Press, Cambridge.
x.Sobre este procedimiento y el proceso de inducción que él lleva aparejado véase Popper, K. 1994: Logik der Forschung, 10. edición, J.C.B. Mohr, Tübingen, en especial los capítulos 1-4 y 10. Para el análisis de ejemplos propios del Derecho (penal) véase la obra: Salas, Minor E. 2005: Kritik des strafprozessualen Denkens. Rechtstheoretische Grundlagen einer (realistischen) Theorie des Strafverfahrens Verlag C.H. Beck, Munich, Alemania, en especial el parágrafo 1.
xi.Véase el libro: Hempel, C., y Oppenheim, P. 1979: La explicación científica. Estudios sobre la filosofía de la ciencia, traducción castellana de M. Frassineti de Gallo et al., Editorial Paidós, Buenos Aires, en especial la cuarta parte, páginas 233 y siguientes.
xii.Por supuesto, se trata aquí de una presentación bastante simplificada del esquema de Hempel-Oppenheim. Más detalles se podrán encontrar en: Stegmüller, W. 1978: Hauptströmungen der Gegenwartsphilosophie, Bd. I, S. 449 ff.; Opp, K.-D. 1970: Methodologie der Sozialwissenschaften, Kap. II und VII y, finalmente, Hempel, C. y Oppenheim, P., en la obra citada en la nota al pie número 10 supra.
xiii.Aquí es importante tener en cuenta la forma lógica de la teoría y no necesariamente su contenido de verdad.
xiv.Para mayores detalles, véase la obra de Opp, K.D., citada supra ?nota al pie número 11, en especial el capítulo I.
xv.Respecto a la objeción del "reduccionismo metodológico" véase la clásica disputa entre Jürgen Habermas y Hans Albert, recogida en: Adorno, Th., Albert, H., et.al. 1993: Der Positivismusstreit in der deutschen Soziologie, Deutscher Taschenbuch Verlag, Hamburg.
xvi.Consúltese el esclarecedor ensayo de Stephen Toulmin, "Reasons and Causes", en la obra de Borger/Cioffi ya citada en la nota al pie número 8, a partir de la página 1.
xvii.Quien me llamó la atención sobre este hecho, muy elemental pero frecuentemente olvidado y de una gran importancia práctica, fue el Profesor E. P. Haba.
xviii. F. Waismann 1968, en su extraordinario artículo: "How I See Philosophie", en la obra con el mismo título, editor R. Harré, Editorial Macmillan, New York, página 13. Trad. M.E.S.
xix.Véase el ilustrativo caso de Habermas y su calificación de Popper y Albert como "reduccionistas", "panfleteros" y "positivistas", en: Adorno, Th., Albert, H., et.al. 1993: Der Positivismusstreit in der deutschen Soziologie, Deutscher Taschenbuch Verlag, Hamburg.
xx. Respecto al importante tema de los "expedientes o estrategias de inmunización" hay que consultar sobre todo a Albert, H. 2000: "Wissen, Glaube und Heilsgewissheit", recogido en: Kritischer Rationalismus. Vier Kapitel zur Kritik illusionären Denkens, UTB für Wissenschaft, Tübingen, pp. 138 y ss.
xxi. Respecto al tema, se puede consultar: MacDonald, K. 1999: The Sociology of the Professions, Sage Publications, Londres et al.
xxii. Estas situaciones las denunciaba Andreski muchos años atrás, vid: Andreski, S. 1974: Die Hexenmeister der Sozialwissenschaften. Missbrauch, Mode und Manipulation einer Wissenschaft, List Verlag, Munich.
xxiii. Sokal, A., Bricmont, J., op.cit., p. 211
xxiv.Citado en Kolakowski, L. 1974: Die Gegenwärtigkeit des Mitos, R. Piper & Co. Verlag, Munich, p. 11.
xxv.Véase Salas, Minor E. 2006? Vade Retro, Fortuna. O de la expulsión de "Satanás" –el Azar– del mundo de las Ciencias Sociales (con especial énfasis en la "ciencia" jurídica), en DOXA. Cuadernos de Filosofía del Derecho, Universidad de Alicante, España.
xxvi.Citado en Strich, M., y Hossfeld, P. 1985: Wissenschaft im Zitat, Verlag Werner Dausien Hanau, Leipzig, p. 19, trad. del autor.


(*)Dr. Minor E. Salas
Universidad de Costa Rica
Cátedras de Filosofía del Derecho y de Derecho Penal
Tel. (00506) 207-5872
Fax. (00506) 234-1220
E-Mail: msalas@derecho.ucr.ac.cr


(*)Minor E. Salas, costaricense, estudios en Arte y Filosofía, en la Universidad de Georgetown en Washington, USA
Estudios postgrado en Filosofía en la Universidad de Costa Rica. Licenciatura en Derecho en la Universidad de Costa Rica con una investigación titulada: "Entre lo Mítico y lo Verde", en la cual critica las tendencias "ecologistas" (mitológicas) de los fallos de la Sala Constitucional de Costa Rica.
Estudios de Maestría de la Universidad Maximiliana de Münich: "Institut für die gesamten Strafrechtswissenschaften", Prof. Dr.h.c.mult. Claus Roxin. Graduación con la tesis: "Dogmatische und Rechtstheoretische Überlegungen über den Legalitäts- und Opportunitätsgrundsatz",la cual recibió la máxima calificación. Estudios de doctorado, trabajo final: "Kritik des strafprozessualen Denkens. Rechtstheoretische Grundlagen einer (realistischen) Theorie des Strafverfahrens", que recibe la distinción "Summa Cum Laude", premiada y publicada por la Universidad Maximiliana de Münich en la prestigiosa editorial C. H. Beck Verlag en el 2005. Los referentes de la tesis fueron el Prof. Dr. Claus Roxin y el Prof. Dr. Heinz Schöch. En el año 2005 el libro fue galardonado con el premio de la Universidad de Munich: Fakultätspreis 2004.
Se desempeña, actualmente, como Catedrático en las Cátedras de Filosofía del Derecho y de Derecho Penal conjuntamente. Además, dedica medio tiempo de su jornada de trabajo al Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad de Costa Rica, desde el cual ha realizado diversas publicaciones nacionales e internacionales (Alemania, España, Colombia, México, Argentina, etc.).





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La teoría pragmática de la explicación de Bas C. van Fraassen

Por Episteme - 28 de Noviembre, 2007, 21:17, Categoría: Explicación-Comprensión

Something More on What Explanation Explains

Norma Silvia Horenstein
National University of Cordoba, Cordoba, Argentina



RESUMEN: Es propósito de esta comunicación revisar la teoría pragmática de la explicación sostenida por van Fraassen en The Scientific Image y otros escritos. Se cuestiona la necesidad de responder objeciones como las de Kitcher y Salmon en términos de la identificación de una relación de relevancia objetiva en las explicaciones concebidas como respuestas a preguntas por qué. En consecuencia, se examina la alternativa de considerer positivamente la existencia de haces de relaciones de relevancia especialmente como determinantes de la producción de diferentes desarrollos teóricos que proporcionen nuevas imágenes no literales de cómo es el mundo. Se toma como punto de partida para esta propuesta la adhesión de van Fraassen a la concepción semántica de las teorías científicas. Se señala entonces el contraste entre el análisis complementario que de la explicación y de la reconstrucción de teorías realiza el enfoque estructural y la posición sustentada por van Fraassen. En esta última se advierte el divorcio entre la concepción pragmática de la explicación y la tesis de que las teorías científicas se identifícan a través de sus modelos más la definitió teórica que define estas estructuras. Se sugiere la necesidad de restablecer la conexión entre ambas aun sin comprometerse en una teoría de la unificación, pero reconociendo virtudes informacionales en la explicación. En un análisis que incorpora las dimensiones pragmática y diacrónica se intenta reivindicar el valor de la explicación en la generación de teorías que sean empíricamente adecuadas en principio.



I. Van Fraassen sostiene una teoría pragmática de la explicación a la vez que adhiere a la concepción semántica de las teorías científicas. Estas dos doctrinas se presentan bifurcadas en su obra. Uno podría preguntarse si es posible superar los aspectos más discutidos y discutibles de la teoría de la explicación, esto es, aquellos relativos a la determinación y restricción de las relaciones de relevancia (1) mediante la búsqueda de algún nexo que instaure conexiones entre ambos enfoques a través de un replanteo de las nociones implicadas.

Las críticas de Van Fraassen al patrón clásico de explicación por cobertura legal y el desarrollo de su propia teoría pragmática de la explicación tienen como punto de partida la denuncia de lo que Salmon denominara un "tercer dogma del empirismo." (2) Sostener que las explicaciones son argumentos es precisamente este dogma, incapaz-siempre-de dar cuenta de la condición de que el explanans contenga sólo información relevante para el explanandum, de la asimetría entre explicación con alta y baja probabilidad de ocurrencia y de la exigencia de asimetría temporal. Van Fraassen adhiere a la tesis fuerte de Salmon y va a decir que "Una explicación no es lo mismo que una proposición o un argumento . . .: es una respuesta." (3) Debe abandonarse el camino equivocado que conduce a concebir la explicación como descripción de una relación teoría/hecho, ya que la explicación "es en realidad una relación de tres términos entre la teoría, el hecho y el contexto." (4) Hay que seguir el patrón según el cual una pregunta puede representarse mediante el triplo ordenado <Tk, X, R>, donde Tk es el tópico (en la terminología de H. Leonard que Van Fraassen adopta) de la pregunta, X es la clase de contraste que incluye a Tk y R es la relación que establece el elemento contextual o factor explicativo. Una respuesta directa a la pregunta P es aquélla que proporciona sólo información suficiente y es de la forma Tk en contraste con (el resto de) X porque A, donde A debe ser verdadera y otro tanto Tk, los otros miembros de la clase de contraste deben ser falsos y A debe tener la relación R con <Tk,X>.Van Fraassen agrega, empero, un requisito más: "Propongo que consideremos [la citada respuesta] como directa sólo si A es relevante." (5) Toda pregunta surge en un contexto y parte del mismo lo constituye la teoría básica subyacente y la información fáctica, tal que este conocimiento básico (K) implique la presuposición central, distinguiéndose así una explicación científica de otro tipo de explicaciones.

En el modelo hempeliano de explicación científica el explanans es el par ordenado <T,C> donde T es un conjunto de oraciones generalizadas y C las condiciones singulares. Este modelo funciona sobre el concepto de que existe una relación distinguida, la relación de deducibilidad: las leyes sirven deductivamente a la explicación de los fenómenos. Van Fraassen cuestiona este criterio por considerar que se apoya en el supuesto de mejores y aun óptimas teorías (pensemos en Lewis, por ejemplo), supuesto que fundamenta la definición de ley. En el programa van Fraassen, en la medida en que no existen leyes de la naturaleza, las respuestas a una teoría de la explicación, una teoría de la confirmación, una explicación de la necesidad y una manera de comprender la ciencia, (6) deben buscarse fuera del círculo que delimita la afirmación de la realidad de las leyes.

Las dificultades emergentes del modelo hempeliano pueden evitarse y/o resolverse-cree van Fraassen-sustituyéndolo por la teoría pragmática. Por ejemplo, puede superarse la cuestión del rechazo de demanda de explicación porque la formulación de una pregunta-o su rechazo-depende del conocimiento básico que implica que por lo menos una de las proposiciones para las que vale la relación R con el par ordenado <Tk,X> es verdadera, o bien no surge la pregunta o si lo hace cabe una respuesta correctiva. Sólo cuando K implica efectivamente la presuposición central será legítimo formular la pregunta y su respuesta constituirá explicación.

No obstante, lo problemático es la determinanción de la relación de relevancia en el sentido de lo que Salmon y Kitcher consideran una presuposición extra indispensable: que R sea una relación de relevancia objetiva. El añadido de esta presuposición obligaría a enfrentar problemas adicionales toda vez que se quiera establecer qué cuenta como relevancia objetiva. Estas dificultades, por otra parte, no difieren demasiado de las que debió enfrentar el propio Hempel. De ahí que uno pueda preguntar si no sería viable, en vez de buscar un criterio de discriminación de relaciones objetivamente relevantes, conservar el cúmulo de las relaciones posibles y reinterpretar la cuestión de la explicación en el marco de la concepción semántica de las teorías y más allá de la discusión acerca de la necesidad de que las explicaciones tengan virtudes confirmacionales.

II. Aunque van Fraassen sustenta una versión de la concepción semántica de las teorías científicas no parece considerar la posibilidad de inscribir su teoría de la explicación en un enfoque global que tal vez podría proporcionar inteligibilidad a fenómenos individuales y resolver algunas de las debilidades marcadas a su modelo de explicación científica. Presumiblemente esto es así porque para él la explicación no tiene bondades especiales a pesar de que ofrezca ventajas desde un punto de vista táctico. (7) No obstante, ¿en qué consiste la ventaja táctica? ." . . en conducirnos a la fuerza y adecuación empíricas." (8) Por ello, afirmamos que:

    (a) tal como lo hacen los sostenedores de la concepción estructural de las teorías científicas, (9) es viable y tal vez deseable establecer la conexión entre la explicación y las historias aunque no sean literales acerca de cómo es el mundo;

    (b) el desarrollo de tales nexos es la vía para la obtención de respuestas que "descansen en teorías y experimentación (y no en cuentos de viejas)." (10)

    (c) es posible reivindicar para las explicaciones ciertas virtudes informacionales.

La metodología estructuralista recorre un camino que va desde la modelización de teorías científicas a una teoría de la explicación a la cual se incorporan distintos aspectos de la dinámica pregunta/respuesta, recurriendo a relaciones de especialización que permiten hacer afirmaciones sobre casos más limitados de las aplicaciones propuestas (intended applications). Con independencia del hecho de que el enfoque estructural no discute la tesis de que la función propia de la explicación científica sea convertir los sucesos singulares en nómicamente esperables (enfoque informacional de Stegmüller, 1983)-tesis que van Fraassen rechazaría-encontramos en la obra de éste un desarrollo de una teoría de la explicación que no acompaña a la metodología para modelizar efectivamente las teorías científicas, tal vez por el rechazo a la unificación. Sin embargo, ¿no podría la primera proporcionar un marco para la segunda? Para van Fraassen como para los estructuralistas las teorías se identifican a través de sus modelos y la fuerza lógica que ellas tengan depende de la clase de los modelos. Queda claro que las teorías no se identifican con sus modelos puesto que ellos constituyen una clase de estructuras, de ahí que sea necesario según van Fraassen identificar un segundo elemento constitutivo, la definición teórica que a la vez que describe la clase de los modelos es condición de la afirmación de que el mundo es una de estas estructuras.

A nuestros propósitos sirve recordar que el enfoque semántico incorpora al estudio de la actividad teórica, además de las nociones de verdad y fuerza lógica, las de adecuación y fuerza empírica. (11) Una teoría es empíricamente adecuada si tiene por lo menos un modelo al que se ajustan los fenómenos, observados o no. La fuerza empírica queda establecida por las clases de subestructuras empíricas así como la fuerza lógica va a ser determinada por la clase de los modelos. Cada modelo M de T identifica una clase de estructuras y cada parte de ese modelo representa fenómenos observables.

Así como una teoría científica se admite, en términos del enfoque de van Fraassen, cuando "salva los fenómenos," esto es, cuando sus modelos representan de modo más preciso los fenómenos reales, de manera similar, una buena explicación será aquella que responda a preguntas que emergen de comunidades que sustentan determinadas convicciones respecto de las teorías que describen más adecuadamente lo observable. Se preserva el elemento pragmático que tal como lo ve van Fraassen está ineludiblemente a la base de las condiciones de legitimidad de los interrogaciones en general, y particularmente los del ámbito científico.

La elección de una de dos teorías empíricamente equivalentes supone una decisión que se asienta en motivaciones de índole pragmática. Se trata de elegir teniendo en cuenta un proyecto de investigación que define el marco en el cual se considerarán nuevos fenómenos. En el caso de teorías no equivalentes la elección depende de la consideración de los modelos y sus subestructuras, entendiéndose que se estimará superior la teoría que represente de manera más adecuada los fenómenos, es decir, contenga más modelos o incluya nuevas partes de manera que los fenómenos resulten mejor representados. Debería, además, admitirse una tercera posibilidad: que las respuestas a preguntas en las que se requiere información determine una especie de expansión teórica en el sentido de permitir, e incluso exigir, la formulación de nuevas teorías.

El rechazo de van Fraassen de la tesis de la unificación de Friedman (1974), lo lleva a afirmar que " . . . el contexto puede determinar que se necesiten porciones muy diferentes de información -sucesos precedentes, condiciones constantes, composición material o rol funcional, por ejemplo" (12) toda vez que se solicita información científica. Esto, sin embargo, no obsta para que -sin que quede implicado afirmar información disponible acerca de leyes o causas- pueda pensarse que la respuesta a cada pregunta por qué da lugar potencialmente al desarrollo de un conjunto de modelos de las teorías, pues no se dispone de leyes (de la naturaleza, no de los modelos) que se puedan usar para la teoría tomada como un todo, o argumentos suficientes para suponer que es una teoría privilegiada.

Según Sintonen, si bien van Fraassen ve la explicación como un "placer puramente antropomórfico" (13) su planteo está bien orientado al cumplimiento de lo criterios de adecuación de Bromberger para el análisis lógico y metodológico de las preguntas-respuestas en la filosofía de la ciencia. Dichos criterios son: (a) disponer de una lógica de la interrogación tan rica que permita la caracterización de diversos tipos de cuestiones científicas; y (b) tener la posibilidad de discriminar entre preguntas que no se formulan porque se ha admitido algo que es un error factual y aquéllas que quien interroga no considera susceptibles de respuesta directa.

Volvemos a nuestro punto inicial en la medida en que la solución de van Fraassen a la cuestión suscitada por el segundo criterio se conecta con el problema de la postulación de una relación de relevancia que es precisamente el punto que da origen a las críticas más severas.

Al considerar-como lo hace ven Fraassen en Laws and Symmetry-teorías no relativistas para las cuales los sistemas son entidades físicas que se desarrollan en el tiempo, dichos sistemas aparecen como espacio de posibles estados, lo que permite hablar de cúmulos de modelos, cada uno de ellos con su espacio de estado. Podría admitirse que cada espacio de estado que unifica un cúmulo de modelos instala una relación de relevancia entre una respuesta A y la presuposición lógica Tk o tópico de la pregunta. Kitcher y Salmon se preguntan "¿Hay un conjunto de relaciones de relevancia genuinas que subyacen las preguntas por qué para todas las ciencias y para todos los tiempos?" (14) Sostenemos que las relaciones de relevancia tal como acabamos de plantearlas no son independientes del contexto ni de las disciplinas o del estado de desarrollo de las mismas, y que es tal vez imposible, pero con seguridad muy poco fértil intentar fijar relaciones de relevancia objetiva. La idea que está tras la anterior afirmación es que-como expresa Friedman" . . . el significado de 'comprensión científica' varía con la tradición histórica pues así lo hace lo que cuenta como ideal de inteligibilidad." (15)

Se pregunta siempre a partir de un estado de creencia que, por otra parte, podría llegar a representarse en términos de una dinámica de creencias en algún sistema como AG.M. (16) Cada contexto es un estado de creencia, aunque no siempre valga la recíproca lo cual, para nuestros propósitos no sería relevante. Cada contexto determina una relación de relevancia que no es, naturalmente, objetiva. Pero, ¿no podría la admisión de posibles contextos conceptuarse como legítimo sucedáneo de la imposible objetividad en la medida en que abra el juego hacia la participación de teorías alternativas? Dado que las teorías no son verdaderas ni falsas y se trabaja sobre la base de cúmulos de modelos se daría en principio la posibilidad de consideración sucesiva, y aun simultánea, de diferentes relaciones de relevancia integradas a nuevas teorías. Los diferentes contextos determinarían la construcción de conjuntos de modelos distintos, de diferentes descripciones parciales.

¿Puede hablarse de éxito explicativo de las teorías en el contexto del enfoque de van Fraassen así revisado? La identificación de cúmulos de modelos daría lugar a plexos de explicaciones cuya capacidad heurística y éxito explicativo quedarían, en último término, sujetos a decisiones que adoptaran las comunidades científicas. Esto es, la preservación del elemento pragmático se convierte igualmente en una incorporación de la dimensión diacrónica. E, inversamente, cúmulos de explicaciones contextualmente determinadas (¿por qué no?) servirían al propósito de la formulación de nuevas teorías.

La verdad no está presupuesta en la afirmación de que una teoría explica algo. Desde la perspectiva sugerida en esta comunicación, cuando a la pregunta por qué se responde desde un contexto y esta respuesta se integra en una de las posibles modelizaciones de una teoría, se dirá que la teoría explica ciertos fenómenos y ello contará como parte de la evidencia que moverá a los científicos a aceptarla. "Lo que encontramos en el enfoque semántico es cómo describir estructuras relevantes según maneras que son también directamente relevantes y se las reconoce como tales." (17)

Haces de posibles respuestas configurarían cúmulos de relaciones de relevancia. Si explicar un fenómeno consiste en individualizar la(s) causa(s) del mismo en un recorte de la red causal total y la selección de causas o rasgos destacados del entramado causal depende de factores contextuales, por qué no pensar que la posibilidad de diferentes explicaciones para un mismo hecho, si bien muestra-como sostiene van Fraassen- contrafácticos en competencia, no es una consecuencia del todo indeseable. (18) Se estaría postulando el potencial heurístico y explicativo de la rivalidad entre contrafácticos.

El enfoque semántico de las teorías científicas no necesita comprometerse con una teoría de la unificación ni con alguna concepción particular de las leyes. Pero la versión que nos ofrece van Fraassen de la explicación parece ser un camino de mano única. Las explicaciones científicas recurren a la ciencia para requerir información. Debería habilitarse el camino contrario: las respuestas a preguntas por qué abrirían la posibilidad de nuevos desarrollos teóricos en tanto herramientas útiles para la definición, búsqueda y formulación de respuestas para interrogantes empíricos y teóricos. Tales desarrollos teóricos pretenderán ser nuevas descripciones de cómo es el mundo y darán lugar a la identificación de cúmulos de modelos diferentes bajo el signo de alguna relación de relevancia emanada del contexto en que se formulara la pregunta.

Al trabajar sobre el supuesto de la admisión de cúmulos de relaciones de relevancia que configuraran haces de posibles respuestas, la psicologización de la explicación, efecto no deseado de una teoría pragmática tal como la ve Scriven, perdería su necesariedad para conventirse en un subproducto prescindible siempre que se privilegie un abordaje múltiple que, a través de la consideración de las distintas subestructuras empíricamente adecuadas, produzcan un enriquecimiento conceptual para revertir el proceso que " . . . nos ha separado mille milles de toute habitation scientific, aislado en nuestros propios sueños abstractos" (19) y podríamos agregar, en ideales de inteligibilidad fijados de una vez y para siempre.


Notas

(1) Cf. Kitcher y Salmon (1987) y (1990).

(2) Salmon (1990), p. 101.

(3) Van Fraassen (1980), p. 134.

(4) Van Fraassen (1980). p. 156.

(5) Ibid., p. 144

(6) Van Fraassen (1991), p. 184.

(7) Cf. van Fraassen (1991), p. 352, nota 21.

(8) Ibid., p. 352.

(9) Cf. Sintonen en Balzer y Moulines, (1996).

(10) Van Fraassen (1980), p. 129

(11) Van Fraassen (1980), p. 68.

(12) Van Fraassen (1991), p.186.

(13) Sintonen (1996), p. 59.

(14) Kitcher, P. y Salmon, W. (1987) p. 325.

(15) Friedman (1974), p. 12.

(16) Cf. Alchourron, C., Gärdenfors, P. y Makinson, D. (1985).

(17) Van Fraassen (1991), p. 225.

(18) Y para ello bastaría una teoría deflacionaria de la causalidad

(19) Van Fraassen (1991), p. 225.

Referencias

Alchourrón, C., Gärdenfors, P. y Makinson, D. (1985) "On the Logic of Theory Change." Journal of Synmbolic Logic, 50: 510-530.

Friedmann, M. (1974) "Explanation and Scientific Understanding." Journal of Philosophy LXXI: 5-19.

Kitcher P. y Salmon, W. (1987) "Van Fraassen on Explanation." Journal of Philosophy, LXXXIV: 315-330.

Kitcher, P. y Salmon, W. (eds.) (1989) Scientific Explanation. Minnesota Studies in the Philosophy of Science.

Sintonen, M (1996) "Structuralism and the Interrogative Model of Inquiry" en Balzer, W. y Moulines, U. (eds.) Structuralist Theory of Science. De Gruyter, Berlín.

Van Fraassen, B (1980) The Scientific Image. Clarendon Press, Oxford.

Van Fraassen, B. (1991) Clarendon Press, Oxford.


Disponible en:
http://www.bu.edu/wcp/Papers/Scie/ScieHore.htm

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Aproximación metodológica al problema de la comprensión

Por Episteme - 22 de Septiembre, 2007, 19:20, Categoría: Explicación-Comprensión

Aproximación metodológica

al problema de la comprensión

Gustavo Caponi

Universidad Federal de Santa Catarina

sandrap@repensul.ufsc.br

 

ABSTRACT: In The Open Society and Its Enemies and The Poverty of Historicism, Popper argues that there is no essential methodological distinction between human and natural sciences. Each of them, he claims, endeavors to elaborate and test causal explanations of the phenomenal world. However, in later writings he revises his position. The very notion of "situational (or logic) analysis" (previously introduced to characterize a simple heuristic device employed in the elaboration of explanations of human action) is more and more identified with the notion of "objective understanding." Such a notion is thought of as referring to the method which is peculiar to the human sciences. I show that the peculiarity of this method lies in the fact that experience is no longer investigated by means of "the principle of causality." Rather, it is investigated by means of what Popper calls "the principle of rationality" or "the principle of the adequacy of actions."

 

En La Miseria del Historicismo, Popper insistió en que no había ninguna diferencia metodológica esencial entre ciencias humanas y ciencias naturales. Ambas, nos decía, obedecen a nuestras tentativas de construir y contrastar explicaciones causales de los fenómenos que en uno y otro caso estudiamos; sean ellos "humanos" o "naturales" (Popper 1973:p145 y ss; Popper 1985: Cap.25). Pero, en escritos posteriores (Popper 1978:p 25; Popper 1974:p.169 y ss.; Popper 1977: p.158; Farr 1983), esa posición será revisada, y la misma noción de "análisis situacional" que inicialmente había sido propuesta para caracterizar un mero recurso heurístico que se utilizaría en la construcción de putatívas explicaciones nomológico-deductivas de la acción humana (Popper 1973:p. 163 yss), comienza a ser identificada con la de "comprensión objetiva"(Popper 1978:p.25; Popper 1974: p.177). Siendo que este ultimo concepto es introducido en el discurso popperiano para aludir a una operación teórica distintiva y común a todas las ciencias humanas (Popper 1978: p.25): una operación cuya peculiaridad consistiría en que, al ejecutarla, ya no pensamos a la acción humana como si se tratase de un comportamiento cuya descripción puede deducirse de una conjunción de condiciones iniciales y enunciados nomológicos; sino que la consideramos como una respuesta adecuada a cierta situación problema cuya reconstrucción conjetural constituye aquello que hemos de denominar "comprensión". Y lo que esa reconstrucción nos mostraría es como, dada una cierta "ecuación" entre las metas del agente, sus valores y las informaciones con que cuenta, el curso de acción por él escogido pude ser considerado como el mas indicado, el mas oportuno o el mas adecuado para resolver la situación-problema en la que el mismo se encuentra.

 

Así, podemos presentar a la comprensión objetiva como obedeciendo a una estructura silogística muy simple (y, por cierto, bastante débil) cuya conclusión (C) es una descripción de la acción u opción que queremos comprender; y cuyas premisas son: (A) una descripción de las metas del agente; y (B) una descripción no solo de las informaciones y de las teorías, sino también de las pautas axiológicas a las que obedece su opción. Siendo posible representar ese tipo de razonamiento con el esquema general:

 

(A) La meta de X es Y.

 

(B) En base a las teorías, informaciones y pautas axiológicas de X, Z es el mejor  (técnicamente), mas aceptable (moralmente) medio disponible para lograr Y.

 

(C) X opta por (o intenta, o decide) realizar Z.

 

Pero, si lo que nos interesa es, justamente, explicitar la forma y la lógica de esa operación llamada comprensión, un esquema tan simple y claro como el que acabamos de proponer solo puede servirnos para mostrar que la idea popperiana de "análisis situacional" parece suponer algo mas que la mera referencia a metas y pautas epistémicas o axiológicas de agente cuya acción queremos comprender. Y ese "algo mas", tal como el propio Popper (ahora si) nos dice, no es otra cosa que ese principio "conocido bajo el nombre de 'principio de racionalidad'"(Popper 1968: p.136). Siendo que lo que el mismo afirmaría es precisamente que "los individuos obran siempre de un modo adaptado a la situación en que se encuentran"(Popper 1968: p.139); entendiendo, por supuesto, que los fines y las actitudes de tales individuos son los elementos que definen esa situación (Popper 1968: p.136). O como lo explica John Watkins: "Un individuo está inmerso en una situación-problema objetiva; tiene ciertos fines (...) o quizá un fin único, y hace una apreciación fáctica (que puede ser una apreciación errónea) de su situación problema. El principio de racionalidad dice que actuará de un modo 'apropiado' para su(s) fin(es) y apreciación situacional"(Watkins 1974: p.86)

 

La cuestión principal, sin embargo, reside menos en la formulación de dicho enunciado que en la determinación de su estatuto epistemológico. Así, una alternativa consistiría en pensarlo como una suerte de enunciado nomológico, entre inexacto y trivial, al cual - tal vez por no contar con una alternativa mejor, o tal vez por esa misma trivialidad - siempre recurrimos en la explicación de la acción. Pero, otra posibilidad diferente sería la de considerarlo como un marco indispensable, o un horizonte intransponible, para toda tentativa de comprender la acción. En el primer caso, volveríamos a la posición que Popper ya había esbozado en aquel, párrafo de La Sociedad Abierta y sus Enemigos en donde leemos que:

 

    "La mayor parte de las explicaciones históricas hacen un uso tácito, no tanto de las leyes sociológicas y psicológicas triviales, sino de lo que llamamos (...) la 'lógica de la situación'; es decir, que además de las condiciones iniciales que describen los intereses y objetivos personales y demás factores de la situación (...) suponen tácitamente, a modo de primera aproximación, la ley general trivial de que las personas cuerdas actúan, por lo común, en forma mas o menos racional"(Popper 1985: p.427).

 

Y así, no solo podríamos concluir que, para Popper, la comprensión no es mas que un tipo de explicación, sino que también podríamos identificar su "principio de racionalidad" con aquel enunciado nomológico L1, que, según Churchland, esta implícito en nuestras explicaciones causales de la acción. Pero, pese a que el propio Popper finalmente parecía inclinado o propenso a optar por este modo de ver las cosas, sus textos nos dan elementos suficientes como para intentar esbozar y proponer aquella otra manera de entender "el principio de la acción adaptada (es decir: el principio de racionalidad)"(Popper 1968: p.140) a la que aludíamos poco mas arriba: aquella manera de pensarlo en la cual lo consideramos, no como un mero recurso para la explicación de la acción, sino justamente como un principio metodológico constitutivo y definitorio de esa otra operación llamada "comprensión". Es decir de pensarlo como si se tratase de aquello que propone y define la forma de toda indagación que, en relación al sentido de la acción, quepa plantear y desarrollar.

 

Se trata, en definitiva, de atender a la posibilidad de reconocer en este enunciado a una genuina "máxima regulativa de la investigación social"(Farr 1983: p.172) cuyo lugar en la comprensión de la acción humana podría ser pensado como análogo al que, según el propio Popper, el "principio de causalidad" ocuparía en la explicación de los fenómenos naturales. Y cuando decimos esto no estamos aludiendo a otra cosa que al tratamiento que nuestro autor da a este último principio en La Lógica de la Investigación Científica. Allí, y en ocasión de presentar el "modelo nomológico causal" de explicación, Popper nos dice que, en el marco de una reflexión metodológica, no es necesario introducir ninguna afirmación relativa a la aplicabilidad universal de dicho modelo tal como lo sería un principio de causación universal entendido, sea como un enunciado empírico, sea como una regla relativa a la constitución de la propia experiencia;(Popper 1980: p.59) sino que basta con aceptar la decisión o cláusula metodológica de que "no abandonaremos la búsqueda de leyes universales y de un sistema teórico coherente, ni cesaremos en nuestros intentos de explicar causalmente todo tipo de acontecimientos que podamos describir".(Popper 1980: p.59)

 

Es decir: la metodología no solo no precisa de recurrir a una frágil o imposible justificación empírica (como las propuestas por Mill y Schlick) del principio de causalidad; sino que tampoco requiere de una fundamentación metafísica del mismo. Pero, cuando decimos esto último, no solo pensamos en una trasnochada "ontología determinista" o, simplemente, "causalista"; sino que también aludimos, en general, a cualquier tentativa de presentarlo, en virtud de argumentos trascendentales, como un principio constitutivo de toda experiencia posible. Sea este el caso de Kant y de su "segunda analogía de la experiencia"; como el del Wittgenstein del Tractatus, para quién: "lo que se puede describir puede ocurrir también, y lo ha de excluir la ley de causalidad es cosa que tampoco puede describirse"(Wittgenstein 1987: 6.362; cfr también: 6.32 y 6.36).

 

De lo que se trata, en resumen, es tanto de prescindir de cualquier tentativa de prometer el mundo a nuestras hipótesis causales (es decir: de garantir a priori su inteligibilidad); como de eludir toda pretendida justificación de los eventuales, dudosos y frágiles éxitos conseguidos en nuestros esfuerzos por explicar y predecir los fenómenos en términos nomológico-deductivos. Pero, si se evitan tales recursos no es tanto porque se los considera problemáticos, o, incluso, ilegítimos; sino mas bien por considerarse que, en el marco de una reflexión metodológica, solo necesitamos de una norma que nos conmine a procurar una explicación causal aceptable para todo fenómeno natural registrado y observado. Siendo que, torpemente formulada, esa regla metodológica sería mas o menos así:

 

    "Dada la descripción (C) de un fenómeno X, se debe formular y testar un conjunto de hipótesis tal que contenga: (1) la descripción (B) de un otro fenómeno Y y (2) la formulación de un enunciado nomológico no ad-hoc (A) que establezca una conexión deductiva entre X e Y, de modo tal que [(A.B)=> C]".

 

Pero, mucho más importante que dar con una formulación más o menos elegante o precisa de esa "máxima regulativa de la investigación experimental", es percatarse de que la misma, lejos de pretender ofrecernos una guía para resolver problemas científicos, lo que hace es instituir la forma y el principio generador de tales problemas. Nos da, por decirlo de alguna manera, la pauta de lo que se espera que sepamos; pero no nos dice como saberlo. Nos propone, en definitiva, un modo de preguntar: aquel que es propio y definitorio de la ciencia experimental y que podríamos llamar "modo experimental" o, aun, "modo nomológico-causal de interrogar los fenómenos".

 

En el marco del mismo, y ante un hecho cualquiera, el científico ha de preguntarse bajo la mediación de que leyes, que causas lo produjeron; siendo que la respuesta que se espera de una pregunta semejante constituye lo que se denomina una "explicación del fenómeno". Pero claro: no siempre interrogamos a la realidad en términos nomológicos-causales; es decir: no siempre pedimos explicaciones de los fenómenos. En ciertas ocasiones, indagamos al mundo desde otra perspectiva; y, dejando de considerar a las cosas como efectos determinados por un marco de leyes naturales y una conjunción de condiciones iniciales, comenzamos a abordarlas como respuestas o soluciones a determinadas "situaciones-problemas". Siendo este el caso, por lo menos, de las ciencias humanas. En ellas ya no se atiende a esa máxima regulativa (o decisión metodológica) que nos exige explicar causalmente a los fenómenos; sino que se sigue el imperativo de una otra decisión metodológica que bien podríamos llamar "principio de racionalidad" o, aun usando otra expresión de Popper, "principio de adecuación de las acciones". Y el mismo, si se nos permite, podría ser formulado así:

 

    "Dada la descripción (C) de un curso de acción Z escogido por un agente X, se debe formular y testar un conjunto de hipótesis tal que contenga: (1) la descripción (A) de una meta Y empíricamente imputable a X y (2) la enumeración (B) de un conjunto de informaciones, teorías, preferencias y pautas axiológicas, también atribuibles a X, bajo cuya consideración Z podría ser pensado como la mejor (o mas correcta) alternativa disponible para conseguir Y."

 

Pero atención: esta versión metodológica del principio de racionalidad ya no cumple ni la función de aquel L1 formulado por Churchland, ni tampoco la de aquella torpe e inexacta aproximación a lo real de la que Popper nos hablaba. Su papel no es el de completar la "explicación intencional" explicitando una premisa tácita que permitiría predecir una acción en virtud de hipótesis sobre metas y actitudes epistémicas; sino el de decirnos cual debe ser la forma de tal "explicación". Lejos de ayudarnos a "comprender", el principio de racionalidad nos dice en que consiste la comprensión y estipula que es lo que debemos saber para poder afirmar que hemos comprendido un cierto curso de acción. Por eso, si esta "máxima regulativa de la investigación social" no sirve como complemento del modelo de "explicación teleológica" propuesto por Von Wright, es simplemente porque su función es mostrarnos la forma y sancionar la suficiencia del mismo, al indicarnos que comprender no es otra cosa que conocer las pautas epistémicas y axiológicas bajo cuya consideración una acción puede ser pensada como adecuada a un cierto fin.

 

Siendo que, en este sentido, las analogías entre ambas formulaciones metodológicas de los principios de causalidad y racionalidad son obvias y saludables: la primera define la operación discursiva requerida para tornar inteligible un fenómeno natural y, de ese modo, le marca el rumbo a la ciencia de la naturaleza; la segunda, por su parte, hace otro tanto con la operación requerida para tornar inteligible una acción y, de ese modo, marca el rumbo de las ciencias humanas. La primera, en suma, nos dice que es "explicar"; y la segunda, en cambio, nos dice que es "comprender". Pero ninguna de las dos, insistimos, se propone como recurso para tales operaciones: ni el principio de causalidad refuerza la explicación, ni el principio de racionalidad completa la comprensión.

 

Notemos, además, como de ambas reglas se siguen, de un modo tácito, sendos criterios para evaluar la suficiencia de los elementos de juicio con que contamos para explicar los fenómenos naturales y para comprender la acción humana. Así, mientras en lo referente al primer caso, el principio de causalidad nos indica que aquello que adujimos para explicar un fenómeno debería ser suficiente para predecirlo; en lo referente al segundo caso, el principio de racionalidad parece decirnos que: "si el curso de acción efectivamente escogido por un determinado agente no se muestra adecuado a los objetivos y actitudes que hipotéticamente le imputamos; entonces, este último conjunto de hipótesis debe ser rectificado o complementado con información adicional". Y esto significa que, si comprendo una acción, entonces debo poder anticiparla. Siendo que mi dificultad para lograr esto último puede ser considerada como un índice de mi falta de comprensión.

 

Con todo, abundar en las analogías puede ser menos provechoso que llamar la atención sobre las diferencias entre las operaciones de comprender y explicar que estos principios permiten establecer. Así, y del mismo modo en que ya dijimos que el principio de racionalidad no debe ser considerado como un tipo peculiar (o precario) de ley científica, también debemos insistir en que la comprensión no debe ser entendida como una clase especial (tal vez "parcial") de explicación causal: comprender no es determinar las causas (o aun los motivos o estímulos) que desencadenaron un comportamiento. Las metas, las teorías y las pautas axiológicas o normativas bajo cuya consideración una acción puede ser juzgada como "adecuada a la situación", no son causa eficiente de la misma; y por ello no se requiere de ningún enunciado nomológico que las vincule de modo necesario. La comprensión no exhibe una conexión causal sino teleológica; y era a eso que aludíamos cuando nos referíamos a esos contextos en donde la experiencia ya no es pensada en términos de relaciones (nomológicamente mediadas) de causa-efecto, y si en virtud del par "solución-problema".

 

Pero atención: ese desplazamiento en el modo de conceptualizar la experiencia tampoco debe ser pensado en términos de auxilio o de complemento. La comprensión no está llamada a completar, a socorrer, o, aún, a suplantar a la explicación causal cuando esta se enfrenta con fenómenos muy complejos o especiales: ambas operaciones responden a intereses diferentes, a dos modos distintos de interrogar los fenómenos; y una nunca puede servir para responder las preguntas que piden por la otra. Cuando dejamos de considerar un comportamiento en términos puramente físicos o fisiológicos (es decir: cuando dejamos de pensarlo como un movimiento o una reacción pasible de explicación) y comenzamos a entenderlo como una acción digna de comprensión, no es porque carezcamos de recursos para responder las preguntas del físico o del fisiólogo; sino porque las propias preguntas han cambiado. Lo que queremos saber, lo que ignoramos, ya no es lo mismo; y lo que ha cambiado es, antes que nada, la propia forma de nuestra interrogación: he ahí, pues, la primera y fundamental diferencia entre comprensión y explicación que aquí queremos presentar y subrayar.

 

Por fin, y retornando al juego de analogías entre los principios de causalidad y de racionalidad en el que antes nos demoramos, insistamos en el hecho de que los mismos permiten caracterizar y distinguir las operaciones de explicar y de comprender sin incurrir en disquisiciones relativas a la constitución de la propia experiencia. Al ser enunciados puramente metodológicos, estas "máximas regulativas" de la investigación experimental y social, definen sendos procedimientos discursivos sin presuponer nada en relación a los objetos a que cada una se dirige: ni el principio de causalidad promete una naturaleza legaliforme y, por lo tanto, explicable; ni el principio de racionalidad promete una humanidad racional y, por lo tanto, comprensible.

 

 

Referencias

 

Caponi, Gustavo. 1995. "Epistemología en Clave Institucional". En Manuscrito 18, pp.65-96

 

Churchland, Paul. 1970. "The Logical Character of Action-Explanations". En The Philosophical Review 79, pp 214-236

 

Farr, James.1983."Popper's Hermeneutics". En Philosophy of the Social Sciences 13, pp.157-176

 

Mises, Ludwig Von. 1980. La Acción Humana. Trad. Cast. de Joaquín Reig Albiol. Madrid, Unión.

 

Popper, Karl.1968. "La Racionalidad y el Status del Principio de Racionalidad". En Revista de Occidente 4, pp.133-146.

 

Popper, Karl. 1973. La Miseria del Historicismo. Trad.Cast. de Pedro Schuwartz. Madrid, Alianza-Taurus.

 

Popper,Karl. 1974. Conocimiento Objetivo. Trad. Cast. de Carlos Solís Santos. Madrid, Tecnos.

 

Popper, Karl. 1977. Busqueda sin Término. Trad. Cast. de Carmen García Trevisano. Madrid, Tecnos.

 

Popper, Karl. 1978. "La Lógica de las Ciencias Sociales". En La Lógica de las Ciencias Sociales. Trad. Cast. de Jacobo Muñoz. Grijalbo, México.

 

Popper, Karl. 1980. La Lógica de la Investigación Científica. Trad. Cast. Victor Sanchez de Zavala. Tecnos, Madrid.

 

Popper, Karl. 1985. La Sociedad abierta y sus Enemigos. Trad. Cast. de Virgilio Ortega. Orbis, Buenos Aires.

 

Watkins, John. 1974. "Racionalidad Imperfecta". En La Explicación en las Ciencias de la Conducta. Trad.Cast. de J. Daniel Quesada. Alianza, Madrid.

 

Wittgenstein, Ludwing. 1987. Tractatus Lógico-Philosophicus. Trad. Cast. de Jacobo Muñiz e Isidoro Reguera.Alianza, Madrid.

 

Wright, Georg H. Von (a). 1980. Explicación y Comprensión. Trad. Cast. de Luis Vega Reñón. Alianza, Madrid.

 

Wright, Georg H. Von (b). 1980. "Réplicas".En Ensayos sobre Explicación y Comprensión. Trad. Cast. de Luis Vega. Alianza, Madrid. pp. 141-182

 

Wright, Georg H. Von (c). 1980. "El Determinismo y el Estudio del Hombre".En Ensayos sobre Explicación y Comprensión. Trad. Cast. de Luis Vega. Alianza, Madrid. pp. 183-204

 

Disponible en:

http://www.bu.edu/wcp/Papers/Soci/SociCapG.htm

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El Dualismo Explicación-Comprensión en la Metodología de la Investigación.

Por Episteme - 15 de Septiembre, 2007, 14:19, Categoría: Explicación-Comprensión

El Dualismo Explicación-Comprensión

en la Metodología de la Investigación

Un intento para comprenderlo

María Eugenia Parra.

 Magíster en Educación. Universidad Central.

Cinta de Moebio: http://www.moebio.uchile.cl/01/frprin01.htm

Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Chile

 
Introducción

Se pregunta Bunge: ¿Por qué tienen que buscar los científicos explicaciones? ¿No podrían bastar las descripciones y predicciones? y continúa: "según varias escuelas filosóficas de bastante influencia, la ciencia no debe proponerse dar respuesta a cuestiones de por- qué, sino sólo a preguntas de cómo, o sea, que tiene que limitarse a producir descripciones máximamente completas y económicas de los fenómenos actuales y posibles. Desde ese punto de vista la explicación es superflua o hasta una desviación" (Bunge 1969:613). Sin embargo, sostiene este autor "esa opinión es inadecuada".

Los científicos no han dejado nunca de preguntarse por qué ni de darles respuesta, o sea, no ha dejado nunca de ofrecer explicaciones subsuntivas e interpretativas a los fenómenos que estudia y aun más, reconocen que "toda explicación tiene forzosamente que ser defectuosa, porque se construye con teorías imperfectas, con hipótesis simplificadoras, subsidiarias y con información más o menos inexacta. Al mismo tiempo, los científicos suelen tener confianza en la perfectibilidad ilimitada del ámbito, la precisión y a veces incluso la profundidad de las explicaciones científicas" (Ibid: 620).

Por su parte Popper afirma: "La cuestión de si el verdadero motivo de la investigación científica es el deseo de conocer, es decir, una curiosidad puramente teórica o "gratuita", o si, por el contrario, deberíamos entender la ciencia como un instrumento para resolver los problemas prácticos que nacen en la lucha por la vida, es una cuestión que no es necesario decidir aquí ... Pero incluso la opinión, algo extrema (por la que personalmente me inclino), de que el aspecto más significativo de la ciencia es el de ser una de las aventuras espirituales más grandes que el hombre haya conocido, puede ser combinada con un reconocimiento de la importancia de los problemas prácticos y de los experimentos prácticos para el progreso de la ciencia, tanto aplicada como pura, porque la práctica tiene incalculable valor para la ciencia no sólo como estímulo, sino también como freno. No necesita uno adherirse al pragmatismo para apreciar las palabras de Kant: "El ceder a todos los caprichos de la curiosidad y permitir que nuestra pasión por la investigación no quede refrenada sino por los límites de nuestra capacidad, demuestra una mente entusiasta y anhelosa, no indigna de la erudición. Pero es la sabiduría la que tiene el mérito de seleccionar, de entre los innumerables problemas que se presentan, aquellos cuya solución es importante para la humanidad"" (pág. 99-100).

A la base de la discusión entre explicación y comprensión está la cuestión de donde reside el origen de la controversia, para Hempel "Entre los diversos factores que han estimulado y sostenido la investigación científica a través de su larga historia se encuentran dos inquietudes humanas predominantes, que proporcionan, según creo, la motivación básica para toda investigación científica. Una de éstas es el deseo persistente del hombre por mejorar su posición estratégica en el mundo por medio de métodos confiables para la predicción y, cuando sea posible, el control de los acontecimientos. Hasta qué punto la ciencia ha sido capaz de satisfacer tales deseos se refleja de modo impresionante en la amplia y creciente gama de sus aplicaciones tecnológicas. Pero además de esta inquietud de orden práctico existe una segunda motivación fundamental para la indagación científica: a saber, la insaciable curiosidad intelectual del hombre, su profunda preocupación por conocer el mundo en el que vive y explicar, y por tanto comprender, la interminable red de fenómenos que éste le presenta". (Hempel 1981)

Por su parte von Wright sostiene que "El descubrimiento y la descripción de hechos no siempre pueden aislarse conceptualmente de la correspondiente teoría acerca de ellos y representan con frecuencia un paso importante hacia la comprensión de su naturaleza". (1979: 19)

El dualismo explicación-comprensión hunde sus raíces en la historia de las ideas y se relaciona con el problema de si la construcción teórica es intrínsecamente un mismo género de empresa tanto en las ciencias naturales como en las ciencias humanas y sociales.

En la historia de las ideas es posible distinguir dos tradiciones importantes en la ciencia y en la filosofía del método científico. Una de ellas es la aristotélica y la otra, la galileana. Estas tradiciones se vinculan a los esfuerzos del hombre por comprender las cosas teleológicamente y por explicarlas causalmente.

La tradición galileana que si bien es de origen relativamente reciente cuenta con una ascendencia que se remonta a Platón (la nueva ciencia de la naturaleza que surgió a finales del renacimiento y durante el Barroco tenía un trasfondo platónico) en el ámbito de la ciencia discurre a la par que el avance de la perspectiva mecanicista o causal en los esfuerzos del hombre por explicar y predecir fenómenos, la tradición aristotélica discurre al compás de sus esfuerzos por comprender los hechos de modo teleológico o finalista. (von Wright, 1979).

La revolución que se produjo en las ciencias naturales durante el renacimiento tardío y la época Barroca fue hasta cierto punto similar al que conoció en el siglo XIX el estudio sistemático del hombre, de su historia, lenguaje, costumbres e instituciones sociales.

En efecto, mirando hacia atrás, hacia los siglos XVIII y XIX, encontramos una época tumultuosa, cuando los violentos cambios sociales producidos por revoluciones y sublevaciones en Estados Unidos, en las Colonias y en Francia, sacudieron las mentes del pueblo que alguna vez defendió las opiniones tradicionales de la sociedad. La revolución industrial, también anunció una amplia gama de cambios sociales. A medida que se levantaban las fábricas, las ciudades se hacían más densas por las migraciones campo-ciudad, las relaciones entre obreros y empresarios se hacían impersonales y burocráticas; las tasas de criminalidad aumentaron y parecía que se desvanecían algunos valores tradicionales.

"Era una época que aturdía a los que vivían en ella. La sociedad parecía haber sido colocada patas arriba. En estos tiempos extraordinarios, algunos pensadores talentosos trataron de dar sentido a los cambios que tenían lugar a su alrededor utilizando las herramientas de la ciencia. Al hacerlo, pusieron de moda una nueva disciplina, la sociología, término acuñado por el pensador, pionero francés, Auguste Comte (1798-1857)" (Light 1991:15). De este modo, la sociología surge cuando una gran cantidad de cambios sociales y de agitación despertaron muchos interrogantes acerca de las funciones de la sociedad.

"La gente tuvo que admitir que las ideas de sentido común acerca del mundo social resultaban inadecuadas. Lo que se necesitaba, en cambio, era un gran cuerpo de información sobre los hechos puesto en perspectiva mediante teorías acerca de la sociedad sistemáticamente verificados".(Ibid 16)

Los primeros sociólogos reunieron la información y elaboraron teorías que se orientaban a dar respuesta a dos interrogantes básicos: ¿Qué mantiene unida a la sociedad? y ¿Cuál es la relación entre el individuo y la sociedad?, ellas se constituyen en los cimientos básicos del pensamiento sociológico actual. De hecho, algunas de las teorías del siglo XIX y del actual siglo XX son las que han ejercido mayor influencia de las desarrolladas hasta ahora. (Light, et. al., 1991).

Sin embargo, el desarrollo de una nueva ciencia había precedido al surgimiento de la sociología. El notable despertar ocurrido en las ciencias naturales se ha ubicado sin que realmente sea posible fechar un fenómeno gradual y complejo, hacia fines del siglo XVI. En el ocaso de la era medieval se habían acumulado cambios tanto en el área de la física, la biología, astronomía, matemáticas y geometría como en el área de las ciencias sociales y en las orientaciones de los hombres hacia la realidad.

"Como resultado de estos cambios se produjo una Revolución Comercial que puso término al sistema feudal y estableció el modo de producción capitalista en Europa Occidental. El comercio empezó a estimular la industria. Los mercados de lugares distantes terminaron rompiendo la relación personal entre el artesano y el cliente y a hacer necesarios intermediarios como comerciantes y financistas. Un progresivo énfasis en el dinero y el crédito comenzó a caracterizar la vida económica, social y religiosa".(Dockendorff 1990:17)

La crisis del sistema feudal fue acompañada por importantes cambios en la estructura social, los que incluyeron un aumento sin precedentes en la movilidad social de la clase artesanal. Este hecho fue muy significativo en el contexto del surgimiento de la mentalidad científica puesto que elevó el conocimiento tecnológico, acumulado por el quehacer práctico de estas clases, al rango de conocimiento verdadero capaz de comprender la realidad. (Dockendorff, 1990)

Hacia una explicación en las ciencias

En el plano de las ideas cabe distinguir dos grandes constelaciones de pensamiento que fueron los que sirvieron de fundamento al actual paradigma moderno, en reemplazo del medieval, a saber: la revolución científica y el humanismo liberal. (Dockendorff, 1990).

En relación a la Revolución Científica, fueron hombres como Descartes, Bacon, Galileo, Newton, quienes aportaron las ideas básicas de lo que posteriormente se ha transformado en el enfoque científico que rige hasta la actualidad.

Bacon reaccionó contra la lógica aristotélica, específicamente el silogismo, como instrumento para aprehender la realidad. Según él esa lógica no captaba la cosa y no era posible esperar de ella un avance del conocimiento. Afirmaba que el escolasticismo había estado detenido durante siglos mientras que "las artes mecánicas fundadas en la naturaleza y a la luz de la experiencia están continuamente progresando".

Su idea era buscar el conocimiento preguntándole directamente a la Naturaleza colocándola en una situación en que se viera forzada a suministrar respuestas: el experimento. Su célebre noción de "natura vexata" es la expresión de su perspectiva empirista. Por otra parte, Bacon afirmaba que la tecnología sería la fuente de una nueva epistemología. La elevación de la tecnología al nivel de la filosofía y la postulación del concepto de experimento como una situación artificial que arrancara bajo apremio los secretos de la Naturaleza constituyeron los aportes principales de Bacon a lo que fue la revolución científica.

Descartes parte también criticando al Escolasticismo pero su preocupación principal era la certeza. Consideraba que la ciencia estaba basada sobre meras opiniones tomadas de la filosofía y comenzó por ponerlas todas en duda. Su único punto de partida cierto fue el hecho de pensar (de ahí su celebre "pienso luego existo"). Desprovisto el pensamiento de toda credulidad pudo abocarse a descubrir un método de pensamiento tan riguroso que asegurase certeza al ser aplicado a cualquier fenómeno que quisiese estudiar. Lo descubrió en las matemáticas y la geometría. Decía que la ciencia debía convertirse en una "matemática universal" puesto que los números eran la única prueba de certidumbre.

La geometría, por su parte, aportaba el método para abordar los problemas: la división de ésta en sus unidades más simples, y una vez comprendidas y resueltas dichas unidades finalmente rearmar el problema completo, resuelto en cada uno de sus componentes. Un método simple y mecánico aplicable a cualquier objeto. Según Descartes, la mente del hombre poseyendo este método puede conocerlo todo. Este método atomístico implica que la cosa consiste en la suma de sus partes, idea que está en la base de su filosofía mecánica. Según ésta el universo es una enorme máquina en la cual cada elemento o parte está formada de materia y movimiento, incluso aquellos fenómenos que no aparecen como materiales pero que igualmente tienen una base material.

La idea de que el hombre puede conocerlo todo por vía de su razón implicó para Descartes la separación entre mente y cuerpo y entre sujeto y objeto, ideas que se han transformado en pilares básicos del enfoque científico. Por otra parte, su método de conocimiento basado en la geometría en el que la división de un problema en sus partes y luego la recomposición en largas cadenas de raciocinios lo hizo reafirmar el principio aristotélico de la no contradicción, otro de los supuestos básicos del enfoque científico.

La unión de los aportes de Bacon y Descartes, el empirismo y el racionalismo, que en su época aparecieron como dos epistemologías opuestas, constituyen el más sólido fundamento de la revolución científica. No sólo resultaron epistemologías complementarias sino fueron cada una la posibilidad concreta de actualización de la otra: crearon un método y se transformaron en un nuevo modo de pensar, en una nueva conciencia.

Los trabajos de Galileo primero y Newton después encarnaron esta mentalidad, revolucionaria para su época. Galileo inició sus experimentos prácticos refutando las ideas aristotélicas: los cuerpos que caen son inanimados, no tienen metas ni objetivos, por lo tanto no buscan ningún "lugar natural" en el universo. Para Galileo sólo había materia y movimiento y lo único que se podía observar y medir era cómo se comportaban, no por qué. Este cambio de perspectiva es un elemento crucial en el pensamiento científico. La búsqueda de conocimiento dejó de preguntarse por qué o para qué y los reemplazó por el cómo.

Los experimentos de Galileo, llevados a cabo bajo un enfoque práctico y en el marco de la movilidad social que había legitimado el conocimiento tecnológico como proveedor de verdad, fueron considerados la comprobación práctica de que el nuevo método científico podía conocer mejor que ningún otro la realidad. Sin embargo, a pesar del éxito de sus experimentos, de la lógica y la demostrabilidad de sus planteamientos, corroborados y valorados por muchos otros investigadores, hombres de oficio, Galileo tuvo que enfrentarse al poder institucional que aún se aferraba al enfoque medieval. La Iglesia veía amenazada su verdad y obligó a Galileo a retractarse de sus puntos de vista y a pasar su vejez bajo arresto domiciliario.

Sólo una generación más tarde, la nueva figura que encarnó la revolución científica fue aclamada como héroe en toda Europa.

Newton nació el mismo año de la muerte de Galileo (1642) y en sus manos la combinación del racionalismo y el empirismo no sólo se transformó en un nuevo método sino también en una completa filosofía de la naturaleza. Su visión completa del cosmos se basaba en la ley de gravedad que él trató bajo los cánones de la nueva ciencia: no necesitaba explicar (ni podía) lo que era la gravedad, de dónde provenía, ni por qué operaba. Lo importante era observar, medir y hacer predicciones que se basaran en ella. Esta, su filosofía experimental, que ha sido llamada positivismo, constituye otro de los pilares fundamentales de la revolución científica. El punto de vista central cartesiano, que postulaba al mundo como una gran máquina de materia y movimiento obedeciendo leyes matemáticas fue plenamente validado por Newton.

Estas nuevas concepciones implicaron, sin embargo, el total reemplazo de la conciencia participativa por una conciencia no participativa. Lo cual significa un cambio radical en el modo de conocer. La conciencia no participativa implica una diferenciación ontológica entre sujeto y objeto. El sujeto se sitúa frente al objeto, fuera de él, lo aprehende y conoce con su mente, su razón. Lo divide en sus partes constitutivas, lo mide, lo recompone, en última instancia lo manipula y lo controla. La manipulación y el control de la realidad es una implicación del método científico de conocimiento que gradual y tácitamente legitima no sólo el control sobre los objetos sino también sobre los demás seres humanos. (Berman, Morris, 1987).

En esta forma de conocer, el objeto es desprovisto de sentido, los procesos naturales son despojados de sus objetivos inmanentes por lo que su único valor posible, es su valor de uso. El resultado del conocimiento, la verdad, adquiere así una equivalencia no con el bien sino con la utilidad.

La revolución científica cambia radicalmente la conciencia y la vida del hombre. Lo hace valorizar la utilidad, el logro, lo práctico; lo hace creer sólo en lo visible, confiar sólo en su razón; lo hace olvidarse del ser en el hacer y el tener.

Así, desde el momento en que la ciencia natural hubo sentado sus bases intelectuales y los estudios humanísticos con pretensiones científicas alcanzaron a unirse a ella, resultó natural que una de las principales cuestiones de la metodología y de la filosofía de la ciencia del siglo XIX fuera lo concerniente a las relaciones entre estas dos importantes ramas de la investigación empírica. Las principales posiciones al respecto pueden engarzarse en las dos importantes tradiciones (aristotélica y galileana) del pensamiento metodológico que hemos distinguido (von Wright, 1979).

"Una de estas posiciones es la filosofía de la ciencia típicamente representada por Auguste Comte y John Stuart Mill. Es la comúnmente llamada positivismo. El nombre, como ya se dijo, fue acuñado por Comte, pero usado con la debida cautela también es apropiado para caracterizar la posición de Mill y toda una tradición intelectual que partiendo de Comte y Mill no sólo desemboca en nuestros días, sino que se remonta hacia atrás hasta alcanzar a Hume y a la filosofía de la Ilustración". (von Wright, op. cit. 23)

Hay distintas maneras de caracterizar el positivismo, Mill se asocia a un sentido del positivismo clásico que lo vincula a una teoría fenomenalista o sensualista del conocimiento y el positivismo moderno a una teoría verificacionista del significado. En tanto que el positivismo de Comte es por encima de todo una filosofía de la ciencia. Su pasión fue, el último término, ser un paladín del espíritu científico "positivo" en el estudio de los fenómenos sociales (Comte. 1830. Leçon I, sec. 6). A ella asoció una firme confianza en el valor del conocimiento científico para la reforma social: "Una ... propiedad fundamental ... de lo que he llamado filosofía positiva, y que sin duda alguna debe hacerle acreedora más que a ninguna otra de la atención general, dado que es hoy en día la más importante en la práctica, es la de poder ser considerada como la única base sólida de la reorganización social" (Comte, Leçon I. sec. 8. 1830).

Para von Wright "como apóstol de una actitud tecnológica hacia el conocimiento, Comte puede ser comparado, sin que ello carezca de interés, con Francis Bacon. Ambos han contribuido en gran manera a la creación de un cierto "clima de opinión cientificista", pero muy poco al progreso real de la ciencia" (von Wright. op. cit. 23)

Pero, ¿qué sostiene el positivismo? Tal vez, una forma en que podemos mejor comprenderlo es conociendo sus principios:

El primer principio se refiere al monismo metodológico, o la idea de la unidad del método científico por entre la diversidad de objetos temáticos de la investigación científica. " ... por filosofía positiva ... entiendo solamente el estudio propio de las generalidades de las distintas ciencias, concebidas como hallándose sujetas a un método único y formando las diferentes partes de un plan general de investigación. Por lo que se refiere a la doctrina , no es menester que sea una, basta con que sea homogénea. Consideramos, pues, en este curso, las diferentes clases de teorías positivas desde el doble punto de vista de la unidad de método y de la homogeneidad doctrinal" (Comte. Leçon I. sec. 10. 1830).

El segundo principio es la consideración de que las ciencias naturales exactas, en particular la física matemática establecen un canon o ideal metodológico que mide el grado de desarrollo y perfección de todas las demás ciencias, incluidas las humanidades. (véase Comte 1830)

El tercer principio consiste en una visión característica de la explicación científica. Comte no ofrece una versión sistemática de la explicación. Su mayor énfasis recae sobre la predicción: "Así, el verdadero espíritu positivo consiste sobre todo en ver para prever, en investigar lo que es a fin de concluir de ello lo que será, conforme al dogma general de la invariabilidad de las leyes naturales. (Comte 1844. P.I. sec. 3)

Tal explicación es "causal", en un sentido amplio, tal como la concibe Mill "se dice que un hecho individual queda explicado señalando su causa, esto es, estableciendo la ley o las leyes causales de las que su producción resulta instancia" (Mill. 1843, 1. III, c. xii, sec. 1.). Consiste, más específicamente, en la subsunción de casos individuales bajo leyes generales hipotéticas de la naturaleza "la explicación de los hechos ... ya no es otra cosa en lo sucesivo que la relación establecida entre los distintos fenómenos particulares y ciertos hechos generales" (Comte, Leçon I, sec. 2. 1830), incluida la naturaleza humana. Mill (1843, 1. VI, c. iii, sec. 2) señala: "Puede decirse que la ciencia de la naturaleza humana existe en la medida en que las verdades aproximadas que componen un conocimiento práctico del género humano, pueden revelarse corolarios de las leyes universales de la naturaleza humana en que se fundan"

La actitud hacia las explicaciones finalistas, por ejemplo, hacia los ensayos de dar razón de los hechos en términos de intenciones, fines, propósitos, conduce o bien a rechazarlas como acientíficas, o bien a mostrar que, una vez debidamente depuradas de restos "animistas" o "vitalistas", vienen a transformarse en explicaciones causales (von Wright, 1979).

"La predicción y la explicación, por su parte, no han dejado de verse en ocasiones como procesos del pensamiento científico básicamente idénticos ¾que difieren únicamente desde un punto de vista temporal, por así decir. La predicción mira hacia adelante, de lo que ocurre a lo que ocurrirá, mientras la explicación vuelve por lo general la vista atrás desde lo que hay a lo que previamente ha tenido lugar. No obstante, se ha alegado, los términos de las relaciones predictiva y explicativa resultan similares, así como la conexión entre ellos". (von Wright. op. cit. 20)

De este modo, a través de la insistencia en la unidad de método, en la tipificación ideal matemática de la ciencia y en la relevancia de las leyes generales para la explicación, el positivismo queda vinculado a esa tradición más amplia y ramificada de la historia de las ideas que von Wright llama galileana. Según Comte, fue de la mano de Bacon y de Galileo como la ciencia entró definitivamente en la etapa positiva. (von Wright, 1979).

Para Hempel (1981), existen dos tipos básicos de explicación científica en las ciencias naturales, las denomina: explicación nomológico-deductiva y explicación probabilística y desde su perspectiva estos dos tipos básicos de explicación sirven de soporte al modelo de explicación característicamente histórico. En la historia, según este autor se pueden encontrar explicaciones nomológicas, genética y explicación por razones motivadoras. Parece paradójica esta relación de los modelos explicativos entre las ciencias naturales y la historia y es en este sentido que von Wright indica "Retrospectivamente casi parece una ironía del destino el que la formulación más completa y lúcida de la teoría positivista sobre la explicación llegara a establecerse a propósito de la materia para la que, obviamente, la teoría se halla peor dispuesta, a saber la historia. Aun cuando es probable que, precisamente por esa razón, el trabajo de Hempel provocara discusiones y controversias sin cuento" (Ibid. 32)

Estas posturas y discusiones cobran sentido cuando se las analiza en relación al tipo de investigación que debiera caracterizar los distintos conjuntos de ciencias.

En su aplicación a las ciencias sociales, en general, se admite que el positivismo implica dos postulados estrechamente vinculados. El primero es que los objetivos, los conceptos y los métodos de las ciencias naturales son aplicables a las indagaciones científico sociales. El segundo es la convicción de que el modelo de explicación utilizado en las ciencias naturales proporciona las normas lógicas en base a las cuales pueden valorarse las explicaciones dadas por las ciencias sociales.

Hacia una comprensión en las ciencias

La otra posición en el debate sobre las relaciones entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias del hombre fue una reacción contra el positivismo. La filosofía antipositivista de la ciencia, que alcanza un lugar prominente a finales del siglo XIX, representa una tendencia mucho más diversificada y heterogénea que el positivismo.

Entre las figuras representativas de este tipo de pensamiento se incluyen eminentes filósofos, historiadores y científicos sociales alemanes. Entre ellos los más conocidos son Droysen, Dilthey, Simmel y Max Weber. Wierdelband y Rickert, de la escuela neokantiana de Baden, son afines a ellos. Del italiano Croce y del eminente filósofo de la historia y del arte, el británico Collingwood, puede decirse que pertenecen al ala idealista de esta tendencia antipositivista en metodología.

Todos estos pensadores rechazan el monismo metodológico del positivismo y rehusan tomar el patrón establecido por las ciencias naturales exactas como ideal regulador, único y supremo, de la comprensión racional de la realidad.

Muchos de ellos acentúan el contraste entre las ciencias que, al modo de la física, la química o la fisiología, aspiran a generalizaciones sobre fenómenos reproducibles y las ciencias que, como la historia, buscan comprender las peculiaridades individuales y únicas de sus objetos.

Windelban dispuso los términos "nomotético" para calificar las ciencias que persiguen leyes e "idiográfico" para calificar el estudio descriptivo de lo individual. (Windelban, 1894. En: von Wright, 1979).

Los antipositivistas también han impugnado el enfoque positivista de la explicación. El filósofo e historiador alemán Droysen (1858) parece haber sido el primero en introducir una dicotomía metodológica que ha ejercido gran influencia. Acuñó en tal sentido los nombres de explicación y comprensión. El objetivo de las ciencias naturales consiste, según él, en explicar; el propósito de la historia es más bien comprender los fenómenos que ocurren en su ámbito. Estas ideas metodológicas fueron luego elaboradas hasta alcanzar plenitud sistemática por Dilthey.

Dilthey (1833-1911) rechaza la tendencia de fundar un conocimiento sobre lo humano siguiendo los procedimientos de las ciencias naturales.

"Para Dilthey, la experiencia concreta y no la especulación representa el único punto de partida admisible para desarrollar lo que llama las ciencias del espíritu o del hombre (Geisteswissenschaften). El pensamiento no puede ir más allá de la vida, sostendrá... Dilthey es considerado el fundador de la corriente psicológica llamada descriptiva o de la comprensión. Ella se opone a la idea de una psicología explicativa". (Echeverría 1993: 199)

El uso común no hace una distinción aguda entre las palabras "explicar" y "comprender". Cabe decir que prácticamente cualquier explicación, sea causal o teleológica o de otro tipo, nos proporciona una comprensión de las cosas. Pero "comprensión" cuenta además con una resonancia psicológica de la que carece "explicación". Desde este carácter psicológico se considera la comprensión, como método característico de las humanidades, es una forma de empatía (Einfûblang) o recreación en lamente del estudioso de la atmósfera espiritual, pensamientos, sentimientos y motivos, de sus objetos de estudio. (Simmel, 1892 y 1918).

"Sin embargo, no es únicamente por este sesgo psicológico por lo que cabe diferenciar a la comprensión de la explicación. La comprensión se encuentra además vinculada con la intencionalidad de una manera en que la explicación no lo está. Se comprenden los objetivos y propósitos de un agente, el significado de un signo o de un símbolo, el sentido de una institución social o de un rito religioso. Esta dimensión intencional o, como también seguramente podría decirse, esta dimensión semántica de la comprensión ha llegado a jugar un papel relevante en la discusión metodológica más reciente". (von Wright. op. cit. 26)

Sostiene von Wright (1979) que la noción diltheyana de comprensión era en un principio sobremanera "psicologista" y "subjetivista". Luego, al parecer bajo la creciente influencia de Hegel, Dilthey acentúo el carácter "objetivo" de los frutos del método de comprensión. Y, Echeverría agrega "Dilthey recibe una importante influencia de la escuela romántica, a través de autores como Goethe, Novalis y el propio Schleiermacher, que reivindicaban un retorno a la vida y un deseo por acceder a lo inmediato y a la totalidad. Simultáneamente con ello, sin embargo, Dilthey va a profesar el ideal desarrollado desde las ciencias naturales por alcanzar un conocimiento que sea objetivamente válido". (Echeverría. op. cit. 199).

Siguiendo a Echeverría, Dilthey se propone en 1883 realizar una "crítica de la razón histórica". Esta obra completaría la contribución de Kant al establecer los fundamentos epistemológicos para los estudios del hombre.

El gran objetivo de Dilthey consiste, precisamente, en desarrollar una metodología apropiada para el entendimiento de las obras humanas, que eluda el reduccionismo y mecanicismo de las ciencias naturales. La vida debe ser entendida a partir de la propia experiencia de la vida. Las ciencias humanas no pueden pretender la comprensión de la vida a través de categorías externas a ella, sino a través de categorías intrínsecas, derivadas de ella misma. "Por las venas del "sujeto cognoscitivo" construido por Locke, Hume y Kant, no corre sangre verdadera" señala Dilthey.

Dilthey emprende dicha tarea entendiendo que se trata de un problema que no es metafísico, sino epistemológico; que requiere la profundización de nuestra conciencia histórica, y que requiere, por sobre todo, concentrarse en las expresiones (obras) que resultan de la propia vida. Para Dilthey, la metafísica es a la vez imposible e inevitable. Los hombres no pueden permanecer en un relativismo absoluto, ni negar la condicionalidad histórica de cada uno de sus productos culturales. Ello se expresa en la antinomia entre la pretensión de validez absoluta del pensar humano, por un lado, y la condición histórica del pensar efectivo, por el otro.

Por su interés en la historia y las ciencias del espíritu, la filosofía de Dilthey presenta una cierta afinidad con la tradición hegeliana. Hegel procuraba entender la vida desde la propia vida, pero recurría para ello a la metafísica. Dilthey adopta un enfoque más cercano a la fenomenología, ceñida a las experiencias concretas de los hombres. Dilthey comparte la afirmación de Hegel de que la vida es "histórica", pero concibe la historia no como una manifestación de un espíritu absoluto, sino, por el contrario, como expresión de la propia vida. La vida para Dilthey es relativa y se manifiesta de múltiples maneras; en la experiencia humana la vida no es nunca un absoluto.

Es central en la concepción planteada por Dilthey la distinción entre las ciencias naturales y las ciencias del espíritu. Mientras las primeras descansan en el concepto de fuerza propuesto por la física y en las matemáticas, las ciencias humanas se apoyan en el concepto de "sentido" y en la historia. Los estudios sobre lo humano disponen de algo que está ausente en las ciencias naturales: la posibilidad de entender la experiencia interior de un otro a través de un misterioso proceso de transferencia mental. Dilthey, siguiendo a Schleiermacher, concibe esta transposición como una reconstrucción de la experiencia interior del otro. Lo que interesa a Dilthey, sin embargo, no es el entendimiento de la otra persona, sino del mundo que a través de ello se revela.

El concepto clave en las ciencias del espíritu es el del entendimiento o la comprensión (Verstehen). Las ciencias naturales generan conocimiento a través de la explicación de la naturaleza; los estudios del hombre (las ciencias del espíritu) lo hacen a través de la comprensión de las expresiones de la vida. La comprensión permite acceder al conocimiento de la entidad individual; las ciencias naturales sólo se preocupan de lo individual como un medio para llegar a lo general, al tipo. Es más, las ciencias del espíritu, según Dilthey, son epistemológicamente anteriores a las de la naturaleza, a las que, por lo demás, abarcan pues toda ciencia natural es también un producto histórico.

La fórmula hermenéutica de Dilthey pone el énfasis en tres conceptos claves: la experiencia, la expresión y la comprensión o entendimiento.

El concepto de experiencia propuesto por Dilthey anticipa uno de los aspectos centrales de la filosofía posterior de Heidegger. No en vano este último reconoce el acierto de Dilthey. En efecto, la experiencia para Dilthey no es el contenido de un acto reflexivo de la conciencia. Es más bien el propio acto de la conciencia. No es algo que se halla fuera de conciencia y que ésta aprehende. La experiencia a la que alude Dilthey es algo mucho más fundamental, algo que existe antes de que el pensamiento reflexivo acometa la separación entre sujeto y objeto. Representa una experiencia vivida en su inmediatez, un ámbito previo al pensamiento reflexivo. Al distinguir de esta forma pensamiento y vida (experiencia), Dilthey coloca los cimientos a partir de los cuales se desarrollará la fenomenología en el siglo XX.

De lo anterior se deduce que representa un error considerar a la experiencia invocada por Dilthey como una realidad subjetiva. La experiencia aludida apunta a aquella realidad que se me presenta antes de convertirse en experiencia objetiva y, por lo tanto, antes de que lo subjetivo también se constituya. La experiencia representa un ámbito anterior, previo, a la separación sujeto-objeto, un ámbito en el cual el mundo y nuestra experiencia de él se hallan todavía unidos. En él tampoco se separan nuestras sensaciones y sentimientos del contexto total de las relaciones mantenidas juntas en la unidad de la experiencia.

Otro aspecto importante en el énfasis que pone Dilthey en la "temporalidad" del "contexto de relaciones" dado en la experiencia. Esta no es estática. Por el contrario, la experiencia, en su unidad de sentido, integra tanto el recuerdo que proviene del pasado, como la anticipación del futuro. El sentido sólo puede ser concebido en términos de lo que se espera del futuro. Este contexto temporal es el horizonte inescapable dentro del cual es interpretada toda percepción del presente.

Dilthey insiste en señalar que la temporalidad de la experiencia no es algo impuesto reflexivamente por la conciencia (como lo afirmara Kant al sostener que la conciencia es el agente activo que organiza e impone unidad en la percepción), sino que ya se encuentra en la experiencia que se nos es dada.

Al destacar la importancia de la temporalidad, Dilthey introduce una dimensión que será central para la tradición hermenéutica posterior. Permite reconocer que la experiencia es intrínsecamente temporal (histórica) y que, por lo tanto, la comprensión de la experiencia debe realizarse en categorías de pensamiento temporales (históricas). Ello significa que sólo entendemos el presente en el horizonte del pasado y futuro. No se trata del resultado de un esfuerzo consciente, sino que pertenece a la propia estructura de la experiencia.

El segundo término clave de la fórmula hermenéutica de Dilthey es el de la expresión. Por ella se entiende cualquier cosa que refleja la huella de la vida interior del hombre. Se trata de las "objetivaciones" de la vida humana. Para Dilthey la hermenéutica debe concentrarse en estas expresiones objetivadas de la experiencia por cuanto le permiten al entendimiento dirigirse a elementos fijos, objetivos, y eludir así el intento de capturar la experiencia a través del esquivo procedimiento de la introspección. No olvidemos, por lo demás que Dilthey busca alcanzar un conocimiento objetivamente válido. La introspección es descartada por cuanto genera una intuición que no puede comunicarse, o bien, una conceptualización de ella que es, ella misma, una expresión objetivada de la vida interior.

Las ciencias del espíritu, por lo tanto, deben dirigirse hacia las "expresiones de la vida". Al hacerlo, al concentrarse en las objetivaciones de la vida (obras), ellas no pueden sino ser hermenéuticas. Se orientarán centralmente a descifrar el sentido de la vida de que ellas son portadores.

"Todo aquello en lo que se ha objetivado el espíritu humano pertenece al campo de las Geisteswissenschaften. Su circunferencia es tan ancha como el entendimiento, y el entendimiento tiene su verdadero objeto en la propia objetivación de la vida" (Echeverría. op. cit. 203)

Dilthey clasifica las distintas manifestaciones de la experiencia humana interior en: las manifestaciones de la vida (que incluye ideas y acciones) y las expresiones de la experiencia vivida. Estas últimas son para Dilthey las más importantes dado que la experiencia humana interior alcanza en ellas su más plena expresión. Dentro de ellas, el papel preponderante lo tienen las obras de arte, en la medida en que en ellas no sólo se manifiesta su autor, sino la vida misma, como sucede, por ejemplo, con las obras literarias. De allí que, para Dilthey, la hermenéutica no comprende sólo la teoría de la interpretación de los textos, sino de cómo la vida se manifiesta y expresa en obras.

El tercer término de la fórmula hermenéutica propuesta por Dilthey es el de la comprensión o el entendimiento (Verstehen). A la naturaleza, la explicamos; al hombre, señala Dilthey, lo comprendemos. Llevamos a cabo la explicación a través de procesos puramente intelectuales; pero para comprender es necesaria la actividad combinada de todos los poderes mentales de la aprehensión. La inteligencia, señala Dilthey, existe como realidad en los actos vitales de los hombres, todos los cuales poseen también los aspectos de la voluntad y de los sentimientos, por lo cual (la inteligencia) existe como realidad sólo dentro de la totalidad de la naturaleza humana. La comprensión no es, por lo tanto, sólo un acto del pensamiento; es la transposición y vuelta a experimentar el mundo tal como otra persona lo enfrenta en una experiencia de vida. Por lo tanto, la comprensión supone una transposición prerreflexiva de uno en un otro. Ello implica el redescubrimiento de uno en el otro.

El sentido propio de la comprensión (o entendimiento) siempre se halla en un contexto de horizonte que se extiende hacia el pasado y el futuro. La historicidad y la temporalidad sin dimensiones inherentes e inevitables de toda comprensión.

Dilthey insiste en la idea del círculo hermenéutico. El todo recibe su sentido de las partes y las partes sólo pueden comprenderse en relación al todo. Desde esta perspectiva, el sentido representa la capacidad de aprehensión de la interacción recíproca y esencial del todo con las partes. Pero, para Dilthey, el sentido es histórico. Se trata siempre de una relación del todo con las partes mirada desde una determinada posición, en un tiempo determinado y para una determinada combinación de partes. El sentido, por lo tanto, es contextual; es siempre parte de una determinada situación.

En la medida en que se afirma que el sentido es histórico, se sostiene que éste ha cambiado con el tiempo; que es un asunto de relación y está siempre referido a la perspectiva desde la cual se ven los acontecimientos. La interpretación siempre remite a la situación en la cual se halla el intérprete. El sentido podrá cambiar, pero será siempre una forma particular de cohesión, una fuerza de unión; será siempre un contexto.

El sentido es inherente a la textura de la vida, a nuestra participación en la experiencia vivida. En último término, es "la categoría fundamental y abarcante bajo la cual la vida logra aprehenderse". De allí que Dilthey afirme que:

"la vida es el evento o elemento básico que debe representar al punto de partida para la filosofía. Se la conoce desde dentro. Es aquello más allá de lo cual no podemos ir. La vida no puede hacérsela comparecer frente al tribunal de la razón" (Echeverría. op. cit. 205)

El sentido no es subjetivo; no es una proyección del pensamiento sobre el objeto; es una percepción de una relación real dentro de un nexo anterior a la separación sujeto-objeto en el pensamiento.

La circularidad del entendimiento (círculo hermenéutico) tiene otra importante consecuencia: no existe realmente un punto de partida verdadero para el entendimiento. Ello significa que no es posible concebir un entendimiento carente de presupuestos. Todo acto de entendimiento tiene lugar al interior de un determinado contexto u horizonte. Ello es igualmente válido para las explicaciones científicas. Estas siempre requieren de un marco de referencia. Un intento interpretativo que ignore la historicidad de la experiencia vivida y que aplique categorías atemporales a objetos históricos, sólo irónicamente puede pretender ser objetiva, dado que ha distorsionado el fenómeno desde el inicio.

No existe un entendimiento carente de una posición. Entendemos sólo por referencia a nuestra experiencia. La tarea metodológica del intérprete, por lo tanto, no consiste en sumergirse completamente en su objeto, sino en encontrar maneras viables de interacción entre su propio horizonte y aquel del cual el texto es portador.

La hermenéutica de Dilthey se mantendrá apegada al objetivo de producir un conocimiento objetivamente válido como, asimismo, a la idea de Schleiermacher de que la hermenéutica tiende a la reconstrucción de la experiencia del autor. A pesar de ello, su contribución será de gran importancia para las concepciones hermenéuticas posteriores, como las de Heidegger, Gadamer y Ricoeur. Uno de los principales méritos de Dilthey ¾según Echeverría¾ reside en haber colocado a la hermenéutica en el horizonte de la historicidad. Su pensamiento ejercerá una influencia significativa en pensadores como Max Weber (1864-1920) Y Karl Jaspers (1883-1969). Weber, por ejemplo, en que las explicaciones en las ciencias sociales o culturales no sólo deben ser causales, sino también ser capaces de revelar el sentido que se halla comprometido en la acción de los hombres.

Si se acepta una demarcación metodológica fundamental entre las ciencias naturales y las ciencias del espíritu o del hombre, surgirá inmediatamente la cuestión de dónde situar a las ciencias sociales y a las ciencias de la conducta. Estas ciencias nacieron en buena medida bajo la influencia de una presión cruzada de las tendencias positivistas y antipositivistas en el último siglo. No es sorprendente por lo tanto el que hayan venido a resultar un campo de batalla para las dos tendencias en liza en la filosofía del método científico. La aplicación de métodos matemáticos a la economía política y a otras formas de estudio social fue un legado de la Ilustración del siglo XVIII que encontró apoyo en los positivistas del siglo XIX. El mismo Comte -como se ha repetido antes- acuñó el nombre de "sociología" para el estudio científico de la sociedad humana. De los dos grandes sociólogos del cambio de siglo, Emile Durkheim fue esencialmente un positivista en todo lo referente a su metodología, mientras que en Max Weber se entremezclaba un cierto tinte positivista con el énfasis en la teleología y en la comprensión empática. (von Wright, 1979).

Hegel es uno de los grandes filósofos del pasado siglo que ha ejercido una profunda y duradera influencia en este orden de consideraciones metodológicas, pero a quien es difícil de situar tanto respecto del positivismo del sigloXIX como respecto de las reacciones contra el positivismo. Las ideas hegelianas sobre el método cargan el acento sobre las leyes, la validez universal y la necesidad.

Según von Wright (1979) Hegel se consideró a sí mismo seguidor de Aristóteles. Si bien, a diferencia del Filósofo Maestro, Hegel apenas comprendió la ciencia natural. En este punto, su talante intelectual es extraño al del positivismo y presenta una íntima afinidad con el de las ciencias del espíritu o del hombre (Geisteswissenschaften). Pero a pesar de este acento "humanista y antinaturalista", parece justo decir que Hegel fue el gran renovador -después de la Edad Media y por lo tanto necesariamente en oposición al espíritu platonizante del Renacimiento y de la ciencia Barroca- de una tradición aristotélica en la filosofía del método.

Para Hegel, como para Aristóteles, la idea de la ley es primordialmente la de una conexión reflexiva, no la de una generalización inductiva establecida por observación y experimentación. Para ambos filósofos, la explicación consiste en procurar que los fenómenos sean inteligibles teleológicamente, más bien que en determinar su predecibilidad a partir del conocimiento de sus causas eficientes. Para la teleología hegeliana la explicación "mecanicista" no facilita una comprensión plena de los fenómenos de la naturaleza, la explicación sólo es completa cuando se sitúa en una perspectiva teleológica.

A la luz de su afinidad y parentesco con Hegel, la metodología antipositivista del siglo XIX en su conjunto puede remitirse a una venerable tradición aristotélica, desplazada durante los últimos siglos por un nuevo espíritu en filosofía de la ciencia cuyo representante más característico fue Galileo.

El punto de la relación de Dilthey, y de los filósofos de la metodología hermenéutica en general, con Hegel es complejo. La transición diltheyana de una posición más "psicológica subjetiva" a otra más "hermenéutico-objetivista" constituyó al mismo tiempo una progresiva orientación hacia Hegel y la tradición hegeliana.

En el esquema hegeliano la inferencia práctica, la primera premisa viene dada por la tendencia del sujeto hacia un fin, la segunda premisa está constituida por la contemplación de medios con vistas al fin y la conclusión consiste en la "objetivación" de la tendencia en acción. Hegel escribe: "El fin se funde a través de un medio con la objetividad y en ésta consigo mismo ...Por consiguiente el medio es el término medio formal de un silogismo formal; es externo tanto respecto al extremo del fin subjetivo como, por ende, también respecto al extremo del fin objetivo" (Citado por von wright, 1979).

Al apoyo del positivismo a mediados del siglo XIX sucedió una reacción antipositivista hacia fines del sigloXIX y a comienzos del siglo XX como se ha indicado antes. Sin embargo, en las décadas que mediaron entre las dos guerras mundiales resurgió el positivismo con más vigor que nunca. El nuevo movimiento fue llamado neopositivismo o positivismo lógico, más tarde también se le conoció por empirismo lógico. El atributo "lógico" fue añadido para indicar el apoyo que el redivivo positivismo obtuvo de los nuevos desarrollos en lógica formal.

El resurgimiento de la lógica, después de medio milenio de decadencia y estancamiento ¾aproximadamente desde 1350 hasta 1850, con la excepción de las contribuciones de Leibniz en el siglo XVII¾ ha sido un evento de la mayor importancia en si mismo para la metodología y la filosofía de la ciencia (von Wright, 1979).

En este mismo sentido Hegel señala: "Desde Aristóteles la lógica no ha retrocedido pero tampoco avanzó un paso; esto último ocurrió porque según todas las apariencias, parece acabada y completa. Pero si desde Aristóteles en la lógica no se han efectuado modificaciones -en efecto, las modificaciones, como se ve si se observan los modernos compendios de lógica, consisten a menudo sólo en eliminaciones- esto lleva más bien a la conclusión de que esta ciencia necesita con mayor razón una reelaboración total; pues una labor del espíritu continuada, durante 2000 años, debe haberle proporcionado una conciencia más elevada en torno a su pensamiento y a su pura esencia en sí misma" (Hegel 1956:68)

Y por las muchas "deformaciones" en el contenido y la forma como se presenta la lógica en los libros de enseñanza, Hegel afirma "En realidad, hace mucho tiempo que viene experimentándose la necesidad de una transformación de la lógica" (Ibid)

Tal como fuera planteado por Kant, desde que Aristóteles fundara la lógica, ésta no había tenido desarrollos ulteriores de importancia. De allí que se considerara que junto con su nacimiento había alcanzado su completamiento, lo que se traducía en que no se esperaba que ella registrara innovaciones significativas. Se partía de la base, por lo tanto, de que la lógica estaba completa.

El desarrollo filosófico ulterior, sin embargo, demostrará que ello estaba lejos de ser efectivo. De hecho, habrán dos importantes esfuerzos de cuestionamiento de la lógica tradicional. Primero, aquel efectuado por la dialéctica e inspirado en el objetivo de comprensión del desarrollo histórico y, luego aquel asociado con la obra de Frege y realizado a partir de desarrollos registrados en las matemáticas. (Echeverría, 1993).

En términos generales, los grandes intentos de superar la lógica tradicional los encontramos, en primer lugar, en el desarrollo de la dialéctica, iniciada por Hegel en su variante idealista y, posteriormente, propuesta por Marx, en su variante materialista y, en segundo lugar, en aquellos desarrollos que se iniciaran a partir del análisis lógico de los números efectuados por Frege y, posteriormente, continuados por Russel y otros.

A partir de algunos de los rasgos de la lógica tradicional, ellos se pueden considerar como los puntos de arranque diferentes de los distintos intentos de cuestionamiento de la lógica tradicional. En el caso de la dialéctica, se objetará el carácter formal de la lógica, se cuestionará globalmente el principio de identidad y, consiguientemente, se rechazará el principio de contradicción que representa el principio de identidad invertido. Sin embargo, se aceptará el supuesto de la universalidad de las proposiciones predictivas y se le seguirá confiriendo prioridad a la dimensión asertiva.

La revolución lógica de Frege, en cambio, pondrá en duda el supuesto de que todas las proposiciones se someten a una estructura predictiva y, desde allí, introducirá algunas importantes distinciones correctivas relacionadas con el principio de identidad (Echeverría, 1993).

Sin embargo, difícilmente cabría decir que la lógica formal se halla comprometida intrínsecamente con el positivismo o con una filosofía positivista de la ciencia.

Por su parte, el positivismo lógico de los años 1920 y 1930 fue el principal, aun si no el único, afluente del que se nutrió la más amplia corriente de pensamiento filosófico hoy comúnmente conocida como filosofía analítica. Sería totalmente erróneo considerar que la filosofía analítica en su conjunto representa una rama del positivismo. Pero es acertado reconocer que las contribuciones de la filosofía analítica a la metodología y a la filosofía de la ciencia se han mantenido hasta hace bien poco predominantemente fieles al espíritu positivista, si por "positivismo" se entiende una filosofía partidaria del monismo metodológica, de ideales matemáticos de perfección y de una perspectiva teórico-subsuntiva de la explicación científica. (von Wright, 1979).

La discusión de los problemas de la explicación en el seno de la tradición de la filosofía analítica recibió un impulso decisivo del trabajo clásico de Carl Gustav Hempel (1942). Aun cuando otros positivistas lógicos y filósofos analíticos ya habían adelantado puntos de vista sobre la explicación semejantes a los de Hempel, en esencia, todas estas propuestas vienen a ser variantes de la teoría de la explicación expuesta por los clásicos del positivismo, en particular por Mill. (von Wright, 1979).

Por su parte, el estudio general de control y de mecanismos de dirección, es conocido como cibernética. Ha tenido una influencia considerable, por no decir revolucionaria, en la ciencia moderna, especialmente en biología y en ingeniería; la trascendencia de su contribución en metodología ha consistido en propiciar un notable desarrollo, en el espíritu de la tradición galileana, de la perspectiva "causalista" y "mecanicista". Al mismo tiempo ha reforzado algunos de los dogmas más importantes de la filosofía positivista de la ciencia, en particular la consideración unitaria del método científico y la teoría de la explicación por subsunción.

Sin embargo, el pensamiento cibernético ha tenido también un gran impacto en las ciencias del hombre, tales como economía, psicología social y en la teoría jurídica.

Por su parte, el razonamiento práctico reviste gran importancia para la explicación y comprensión de la acción. El silogismo práctico provee a las ciencias del hombre de algo durante mucho tiempo ausente de su metodología: un modelo explicativo legítimo por sí mismo, que constituye una alternativa definida al modelo de cobertura legal teórico-subsuntiva. En líneas generales, el silogismo práctico viene a representar para la explicación teleológica y para la explicación en historia y ciencias sociales, lo que el modelo de subsunción teórica representa para la explicación causal y para la explicación en ciencias naturales.

Los trabajos de Elizabeth Anscombe (1957), William Dray (1957) , Melden (1961), Kenny (1963), d"Arcy (1963), Brown (1968) y otros reflejan el creciente interés, en el seno de la filosofía analítica, por el concepto de acción y por las formas del discurso práctico. Pero no fue hasta la aparición del importante trabajo de Charles Taylor en 1964, cuando esta nueva orientación de la filosofía analítica llegó a conectar con la teoría de la explicación en psicología y en las otras ciencias de la conducta.

Por su parte, en la tradición antipositivista se puede identificar la tradición antipositivista de los estudios sociales fundada en la fenomenología social, este planteamiento procura sustituir las nociones científicas de explicación, predicción y control por las interpretativas de comprensión, significado y acción.

Hasta aproximadamente 1970 reinó una coincidencia general en cuanto a que el "funcionalismo" suministraba el marco de referencia idóneo para el estudio de los fenómenos sociales. Los rasgos positivistas de este tipo de estudios sociales se evidencian en su visión de la realidad social como mecanismo autorregulado, así como en su preocupación por facilitar explicaciones exentas de juicio de valor. La orientación positivista se transparenta asimismo en la imagen funcionalista del comportamiento humano como determinado por leyes impersonales que funcionan lejos del control del individuo. (Carr y Kemmis, 1988).

En el campo de las Ciencias Sociales, los sociólogos, especialmente Comte, Durkheim, Spender, Mead y Schutz se preocuparon desde el principio por la ciencia, y muchos querían modelar la sociología a partir de las ciencias de la física y la química, que habían obtenido un gran éxito. Sin embargo, en seguida surgió un debate entre los que aceptaban de buen grado el modelo científico y los que como Weber pensaban que las características particulares de la vida social dificultaban y hacían no recomendable la adopción de un modelo absolutamente científico (Ritzer, 1994).

Estos planteamientos se originan en la fenomenología social de Alfred Schutz (1967) y de la sociología del conocimiento desarrollada por Berger y Luckman (1967). Esta "nueva sociología" aducía que la sociedad no es un "sistema independiente" mantenido mediante relaciones de factores externos a los miembros de aquélla sino que la característica crucial de la realidad social es la posesión de una estructura intrínsecamente significativa, constituida y sostenida por las actividades interpretativas rutinarias de sus miembros individuales. El carácter "objetivo" de la sociedad, por tanto, no es una realidad independiente a la que están sujetos, no se sabe cómo, los individuos. Por el contrario, la sociedad posee cierto grado de objetividad gracias a que los actores sociales, en el proceso de interpretación de su mundo social, la exteriorizan y objetivan. La sociedad sólo es "real" y "objetiva" en la medida en que sus miembros la definen como tal y se orientan ellos mismos hacia la realidad así definida" (Carr 1988: 99)

La sociología fenomenológica de Schutz se centra en la intersubjetividad "El mundo intersubjetivo no es un mundo privado, es común a todos. Existe "porque vivimos en él como hombres entre hombres", con quienes nos vinculan influencias y labores comunes, comprendiendo a los demás y siendo comprendidos por ellos" (Schutz 1973:10). La intersubjetividad existe en el "presente vivido" en el que nos hablamos y nos escuchamos unos a otros. Compartimos el mismo tiempo y espacio con otros. "Esta simultaneidad es la esencia de la intersubjetividad, significa que capto la subjetividad del alter ego al mismo tiempo que vivo en mi propio flujo de consciencia... Y esta captación en simultaneidad del otro, así como en su captación recíproca de mí, hacen posible nuestro ser conjunto en el mundo" (Ritzer 1994:628).

Según Ritzer "mientras Husserl indentificaba el ego trascendental como su preocupación central, Schutz dio un giro exterior a la fenomenología para analizar el mundo intersubjetivo, el mundo social. (Si bien es esta una importante diferencia, no debemos perder de vista el hecho de que ambos pensadores se centraron en la intersubjetividad, Husserl dentro del reino de la conciencia y Schutz en el mundo social" (Ibid).

Para Schutz los actores y las estructuras societales se influyen recíprocamente, pero, además, su reflexión sobre el mundo cultural permite conectar al hombre presente son su historia pasada, con sus predecesores "es evidente que tanto las personas del pasado como las del presente crean el mundo cultural, puesto que se "origina en acciones humanas y ha sido instituida por ellas, por las nuestras y las de nuestros semejantes, contemporáneos y predecesores". Todos los objetos culturales -herramientas, símbolos, sistemas de lenguaje, obras de arte, instituciones sociales, etc- apuntan en su mismo origen y significado a las actividades de sujetos humanos" (Schutz, 1973: 329 citado por Ritzer). Por otro lado, este mundo cultural es externo y coercitivo para los actores: "me encuentro a mí mismo en mi vida diaria dentro de un mundo que no sólo yo he creado ...He nacido en un mundo social preorganizado que me sobrevivirá, un mundo compartido desde el exterior con semejantes organizados en grupos" (Schutz, 1973: 329 citado por Ritzer).

De lo anterior se deduce que considerar el orden social como un rasgo determinado de la sociedad no sólo propone una "reificación" ilegítima (tratar los patrones percibidos como realidades objetivas), sino que además fracasa en la explicación de cómo se ha producido dicho orden y cómo el mismo se reafirma continuamente por medio de las interpretaciones cotidianas de los actores sociales. La investigación social, por consiguiente, debe preocuparse más por mostrar cómo se produce el orden social, para lo cual ha de revelar la red de significados a partir de los cuales los miembros de la sociedad constituyen y reconstituyen dicho orden. (Carr y Kemmis, 1988).

Este enfoque "interpretativo" de la naturaleza de las ciencias sociales tiene una larga tradición, elaborado inicialmente por los teólogos protestantes del siglo XVII a través de la hermenéutica, fue utilizado durante el siglo XVIII además para interpretar la literatura, las obras de arte y la música. La jurisprudencia y la filología también adoptaron el método hermenéutico, y durante el siglo XIX el "entendimiento interpretativo" fue el concepto central de una gran discusión metodológica entre historiadores de habla alemana sobre la naturaleza de la historia. No fue, sin embargo, hasta finales del siglo XIX y principios del XX (período durante el cual el planteamiento positivista de las ciencias sociales triunfaba en Gran Bretaña y en todas partes) cuando una serie de teóricos sociales alemanes como Dilthey, Rickert, Simmel y Weber, trataron de difundir la idea de la interpretación hermenéutica y perfeccionarla hasta dar a las ciencias sociales una base epistemológica alternativa. Hacia las décadas de 1960-1980, la alternativa "interpretativa" empezó a ganar adeptos en los países de habla inglesa. Por otra parte, los desarrollos recientes de la filosofía analítica neowittgensteniana han generado interpretaciones de la acción, el lenguaje y la vida social que no sólo minan la interpretación positivista sino que además proporcionan respaldo lógico al enfoque interpretativo de cómo deben explicarse y entenderse los fenómenos sociales.

La noción de "ciencia social interpretativa" es un término genérico que comprende gran variedad de posturas. Puede explicarse asimismo a partir de una variedad de fuentes distintas, desde la hermenéutica alemana hasta la filosofía analítica inglesa.

Según Carr y Kemmis "puede que la expresión más clara del punto de vista interpretativo sea la famosa definición de sociología de Max Weber:

La sociología ... es una ciencia que intenta el entendimiento interpretativo de la acción social ... En "acción" se incluye cualquier comportamiento humano en tanto que el individuo actuante le confiere un significado subjetivo. En este sentido, la acción puede ser manifiesta o puramente interior o subjetiva; puede consistir en la intervención positiva en una situación, o en la abstención deliberada de tal intervención o en el consentimiento pasivo a tal situación. La acción es social en la medida en que, en virtud del significado subjetivo que le atribuye el individuo actuante (o los individuos), tiene en cuenta el comportamiento de otros y orienta su dirección en consecuencia."

En un análisis de tal definición, los elementos claves que podemos identificar se relacionan con el objeto de estudio que Weber afirma le compete a las ciencias sociales, ella se ocuparía del "entendimiento interpretativo" de la acción social, y la característica más notable de la acción en su "significado subjetivo", el que va estrechamente unido a la distinción entre acción humana y conducta humana refiriéndose esta última al movimiento físico aparente. La importancia de esta distinción resulta obvia cuando se comprende que el comportamiento de los objetos físicos sólo se hace inteligible cuando se le impone alguna categoría interpretativa.

El comportamiento de los seres humanos, en cambio, está principalmente constituido por sus acciones y es rasgo característico de las acciones el tener un sentido para quienes las realizan y el convertirse en inteligibles para otros sólo por referencia al sentido que les atribuye el actor individual. Observar las acciones de una persona, por tanto, no se reduce a tomar nota de los movimientos físicos visibles del actor, sino que hace falta una interpretación, por parte del observador, del sentido que el actor confiere a su conducta. Es por este motivo que un tipo de comportamiento observable puede constituir toda una serie de acciones y, por eso mismo, las aciones no pueden observarse del mismo modo que los objetos naturales. Sólo pueden ser interpretadas por referencia a los motivos del actor, a sus intenciones o propósitos en el momento de llevar a cabo la acción. Identificar correctamente esos motivos e intenciones es entender el "significado subjetivo" que la acción tiene para el actor.

Las acciones, a diferencia del comportamiento de casi todos los objetos, siempre incorporan las interpretaciones del actor, y por ese motivo sólo pueden ser entendidas cuando nos hacemos cargo de los significados que el actor les asigna. Una de las misiones de la ciencia social "interpretativa" consiste en descubrir esos significados y, así, hacer inteligible la acción.

La afirmación de que las acciones humanas tienen significado implica bastante más que una referencia a las intenciones conscientes de los individuos. Requiere también que se entienda el contexto social dentro del cual adquieren sentido tales intenciones. Las acciones no pueden ser privadas, la mera identificación de una acción como perteneciente a tal o cual especie implica el empleo de reglas de identidad según las cuales pueda decirse de dos acciones que son lo mismo. Tales reglas son necesariamente públicas; si no lo fueran, sería imposible distinguir entre la interpretación correcta de una acción y una interpretación equivocada. Y de esta característica "pública" de las reglas de interpretación se desprende que una acción sólo puede ser identificada correctamente cuando corresponde a alguna descripción que sea públicamente reconocible como correcta.

El carácter social de las acciones implica que éstas surgen de las redes de significados conferidas a los individuos por su historia pasada y su orden social presente, las cuales estructuran de cierta manera su interpretación de la "realidad". En este sentido, los significados en virtud de los cuales actúan los individuos están predeterminados por las "formas de vida" en que éstos han sido iniciados. Por este motivo, otra misión de una ciencia social "interpretativa" es la de descubrir el conjunto de reglas sociales que dan sentido a determinado tipo de actividad social, y así revelar la estructura de inteligibilidad que explica por qué tienen sentido cualesquiera acciones que observemos.

Si se considera de esta manera las acciones humanas, es claro que cualquier intento de explicarlas del mismo modo que las ciencias naturales explican el comportamiento de los objetos naturales priva a aquéllas de sus significados propios, que reemplaza por las interpretaciones causales del tipo que demanda el concepto positivista de explicación. Cuando esto ocurre, las acciones significativas se reducen a patrones de conducta que, como la dilatación de los metales, se suponen determinados por fuerzas externas y pueden reducirse a la explicación científica convencional. La acción queda desprovista de su sentido y halla su lugar en un cálculo de movimientos que sólo tienen el sentido ilícito que les dan los significados y valoraciones que el científico positivista trata en vano de extirpar de sus teorías. Si se quiere evitar esto, si los intentos de comprender los fenómenos humanos y sociales han de tomarse en serio, es preciso admitir que las ciencias sociales versan sobre una materia temática totalmente diferente de la de las ciencias naturales, y que los métodos y las formas de explicación que se utilicen en ambos tipos de ciencia han de ser completamente distintos.

Históricamente, el tipo de métodos y de explicaciones que se ocupan de ofrecer interpretaciones teóricas de los significados subjetivos de la acción social está dado por los métodos y las explicaciones del verstehen. En el intento de descubrir los significados de la acción, las explicaciones del verstehen no contemplan las intenciones, los propósitos y los motivos como eventos mentales "internos" que causan de alguna manera el comportamiento físico aparente. Se admite que las "intenciones" y los "motivos" aluden, no a un género de procesos mentales ocultos, sino a aquello que permite que las acciones observadas sean descritas como acciones de un tipo determinado. Las intenciones y los motivos no están "detrás" de las acciones funcionando como "causa" mental, invisible, de las mismas, sino que se relacionan intrínsecamente con las acciones como parte de su definición y significado. Por esta razón, las explicaciones del verstehen no dependen de una especie de empatía intuitiva misteriosa que permita al científico social, no se sabe cómo, colocarse en la mente de las personas a quienes observa, sino que son explicaciones que procuran dilucidar la inteligibilidad de las acciones humanas clarificando el pensamiento que las informa y situándolo en el contexto de las normas sociales y de las formas de vida dentro de las cuales aquéllas ocurren. Con esto, las explicaciones del verstehen apuntan a explicar los esquemas conceptuales básicos que estructuran la manera en que se hacen inteligibles las acciones, las experiencias y los modos de vida de aquellos a quienes observa el científico social. Su objetivo no es ofrecer explicaciones causales de la vida humana, sino profundizar y generalizar nuestro conocimiento de por qué la vida social se percibe y experimenta tal como ocurre. (Carr y Kemmis, 1988).

Siguiendo a Carr y Kemmis, el enfoque interpretativo de las ciencias sociales ha recibido variadas críticas: Por una parte, están las objeciones de inspiración positivista, que atacan los fundamentos esenciales de la ciencia interpretativa y se presentan generalmente en forma de valoraciones basadas en los cánones positivistas de racionalidad. Entre otras cosas, apuntan a la incapacidad del planteamiento interpretativo para producir generalizaciones de amplio alcance o para suministrar normas "objetivas" y aplicables a la verificación o la refutación de las explicaciones teóricas.

De otro lado, están las críticas que sostienen que la tarea de establecer las interpretaciones correctas de las intenciones y los significados de la acción social no agota los propósitos de las ciencias sociales. En otras palabras, entienden que es innecesariamente restrictivo que las ciencias sociales se limiten a descubrir las "definiciones de la situación" formuladas por los propios agentes y la asimilación subsiguiente entre la aprehensión científica y la corriente cotidiana. Las críticas de este tenor asumen muchas formas, pero en un sentido general reflejan la creencia de que el planteamiento interpretativo, al distinguir entre la "comprensión" como meta de la ciencia social interpretativa y la "explicación" como objetivo de las ciencias naturales, y al negar que las explicaciones científicas tengan ningún lugar en la investigación de los fenómenos sociales, excluye por consiguiente de la indagación científico-social la explicación de ciertos rasgos de la realidad social que son de máxima importancia. Se aduce, en particular, que el enfoque interpretativo omite cuestionar los orígenes, las causas y los resultados de que los agentes adopten unas interpretaciones determinadas de sus actos así como de la vida social, y que descuida los problemas cruciales del conflicto social y el cambio social. Y entienden que estos defectos implican una seria imperfección del planteamiento interpretativo de la relación entre lo teórico y lo práctico.

Una tercera objeción se fija en la insistencia del enfoque interpretativo en cuanto a la inadmisibilidad de toda explicación de la acción social que no sea compatible con la que se dan los propios agentes, ya que, si aceptamos esto, quedarán si explicar todas aquellas situaciones en que sea ilusoria o engañosa la percepción que tienen las personas acerca de lo que están haciendo. Es obvio que las maneras en que la gente caracteriza sus actos pueden no ir en consonancia con lo que hacen en realidad, de tal modo que sus percepciones y explicaciones no pasarán de ser racionalizaciones que confunden la verdadera naturaleza de su situación y ocultan la realidad en alguna medida importante. Las explicaciones de cómo y por qué ocurre esto asumirán, tal vez, la forma de un planteamiento teórico que demuestre cómo la comprensión individual puede estar condicionada por "conciencias equívocas" y cómo los protagonistas de la realidad social están atados a concepciones irracionales y distorsionadas de la misma por obra de determinados mecanismos sociales. También podría tratar de revelar, en el plano socioestructural, el carácter ideológico de la vida del grupo, demostrando de qué modo los procesos sociales, como el lenguaje y otros de producción y reproducción cultural, configuran nuestra experiencia del mundo social de maneras concretas y obedeciendo a finalidades específicas.

En Resumen

Se ha procurado relacionar algunos desarrollos de la filosofía del método científico con dos grandes tradiciones en la historia de las ideas. En los últimos 100 años la filosofía de la ciencia se ha adherido sucesivamente a una u otra de estas dos posiciones básicamente opuestas. Después de Hegel, advino el positivismo, luego de la reacción antipositivista y en parte neohegeliana en torno al cambio de siglo, vino el neopositivismo; ahora el péndulo tiende de nuevo hacia la temática aristotélica que Hegel reanimó.

Ha habido diálogo entre ambas posiciones y aun una especie de progreso. El dominio temporal de una de las dos tendencias es por regla general el resultado del camino abierto a continuación de un período durante el que la tendencia opuesta se ha visto criticada. Lo que surge a resultas de este paso adelante nunca se limita simplemente a la reposición de algo que había estado antes ahí, sino que lleva además la impronta de las ideas a través de cuya crítica ha surgido. El proceso ilustra lo que Hegel ha descrito con los términos aufgehoben y aufbewart, cuya mejor equivalencia inglesa tal vez sea "superseded" y "retained". La posición que está en vías de ser reemplazada (superseded) derrocha por lo común sus energías polémicas combatiendo características ya trasnochadas de la tendencia opuesta y tiende a ver en lo asimilado (retained) por la alternativa emergente una sombra deformada de ella misma. Esto es lo que ocurre cuando, por ejemplo, los filósofos positivistas de nuestros días fundan sus objeciones a la Verstehen en argumentos quizás válidos contra Dilthey o Collingwood, o cuando toman equivocadamente la filosofía de la psicología de Wittgentein por no otra cosa que una forma más de conductismo. (von Wright, 1979).

"Sería ciertamente ilusorio creer que la verdad reside inequívocamente en una de estas dos posiciones opuestas. Al decir esto no estoy pensando en la trivialidad de que ambas posturas son parcialmente verdaderas y cabe llegar a un compromiso en algunos puntos. Puede que sea así. Pero también existe una confrontación de base, al margen de la posibilidad tanto de reconciliación como de refutación incluso, en cierto modo, al margen de la verdad. Se funda en la elección de conceptos primitivos, básicos para la argumentación en su conjunto. Podría calificarse esta elección de "existencial". Consiste en la opción por un punto de vista no susceptible de ulterior fundamento". (von Wright. op. cit. 57)

Más que intentar una conclusión que supondría una suerte de darle un corte definitivo al problema -pretensión que está muy lejos de mi intención y posibilidades- surgen interrogantes que la discusión anterior -en lo absoluto acabada y menos agotada- ha abierto en formas fecundas:

¿Explicamos para comprender?, ¿Comprendemos para explicar?: ¿Está la comprensión subsumida en la explicación?, ¿Está la explicación subsumida en la comprensión?, o bien, ¿se trata de un continuo que va del conocer, pasa por el comprender y llega a explicar? El conocer, comprender, explicar ¿Es cada uno de ellos un proceso en si, que se opone al otro y en esa oposición tiene un "contenido"? ¿Es un nuevo concepto, pero un concepto superior, más rico que el precedente, porque se ha enriquecido con la negación de dicho concepto precedente o sea con su contrario; en consecuencia lo contiene, pero contiene algo más que él, y es la unidad de sí mismo y de su contrario? ¿Podemos afirmar con certeza que los fenómenos de las ciencias naturales requieren sólo de ser explicados y no comprendidos?, y, a su vez, que ¿los fenómenos o hechos de las ciencias sociales sólo requieren ser comprendidos, interpretados o analizados críticamente como una forma emancipatoria de la acción social de modo que la teoría social critique el statu quo?

Desde los metodólogos se argumenta que las teorías fácticas se construyen principalmente o para explicar, prever o actuar, o bien para conocer y comprender. Las explicaciones, por su parte, reúnen elementos inicialmente aislados en un cuerpo unificado de conocimiento, y calman temporalmente una comezón intelectual. La predicción conecta el presente con el futuro y el pasado a través de la teoría, y sirven también para contrastar éstas.

La explicación y la predicción intervienen combinadas en el planeamiento racional y la ejecución de actos. Así, las teorías pueden aplicarse a objetivos de conocimiento o prácticos. Las aplicaciones cognoscitivas de las teorías, por ejemplo, las explicaciones y las predicciones, preceden a su aplicación práctica: antes de poder hacer algo racionalmente con un objetivo práctico tenemos que entender qué es (descripción), por qué es así (explicación) y cómo puede comportarse (predicción).

Si la búsqueda de conocimiento válido y confiable lo hace el hombre, desde el hombre y para el hombre y escudriña en los fenómenos que lo rodean así como en las subjetividades e intersubjetividades de la vida social e histórica, sus explicaciones, predicciones, descripciones, comprensiones, interpretaciones y acciones se relacionan ¾en mi opinión¾ directamente con su universo de referencia. En su evolución cultural, el hombre se ha planteado las preguntas relativas a su existencia y la existencia del cosmos del que forma parte. Las respuestas que se ha dado han sido las que sus circunstancias y tiempo en que ha vivido las han posibilitado.

Para muchos cientistas sociales actuales las opciones son radicales o se elige una posición u otra. Para otros, en cambio, las opciones no son tales, ellas se pueden ubicar en un continuo a través del cual se puede ir comprendiendo y explicando, en una suerte de modelo ecléctico. Para otros, en tanto, es hora de construir una metateoría y una metametodología que logre integrar las diversas posiciones en los ámbitos respectivos y que supere las antinomias o dualismos, por ejemplo: teoría-práctica; micro nivel de análisis-macro nivel de análisis; explicación-comprensión, etc.

Tal vez, el punto crucial esté en el fenómeno que se estudia y en la necesidad que éste tiene de ser develado a través de su comprensión y explicación. Por ejemplo: ¿están los niños pequeños preparados para aprender ciencias tanto naturales como sociales? Las preguntas que podemos hacernos a partir de la precedente, es ¿cómo aprenden los niños pequeños? ¿ a través de que mecanismos mentales? ¿por que aprenden de determinada manera? ¿ por qué aprender ciencias? ¿ para qué aprender ciencias? ¿por qué tienen que aprender algo los niños?, etc. Sin duda, tales preguntas tienen respuestas en la variada investigación que se ha realizado sobre el tema desde fines del siglo XIX y profusamente en el siglo XX. Un grupo de esta investigación se ha orientado a dar explicaciones del por qué. En tanto, otro tanto de las indagaciones han dado cuenta del cómo. En mi opinión ambos cúmulos de conocimientos han sido beneficiosos y aportadores y han permitido a los educadores saber más y comprender mejor este fenómeno en el contexto del momento que vivimos y nuestras circunstancias históricas.

Desde el punto de vista metodológico, abordar una investigación que intente comprender y explicar determinado fenómeno o fenómenos sería ¾ciertamente¾ más fructífera que aquella que aborde sólo un elemento del dualismo, en razón de que daría cuenta no sólo del por qué ocurre el hecho , sino también de cómo ocurre el fenómeno que se estudia y si, además, ella posibilita una práctica reflexiva que le permita al actor social mejorar la realidad, se podría hacer una mirada mas holística e integradora en la búsqueda de conocimiento acerca del hombre y su entorno, de los cambios y de cómo trabajar en un ambiente de continuo cambio científico y tecnológico y en las posibilidades de hombres y mujeres de una vida más plena.

Al terminar, deseo insistir que la búsqueda y reflexión sobre el tema del dualismo explicación-comprensión ha posibilitado dos experiencias en sí mismas valiosas, la primera relacionada con una apertura mental frente a diversas y contrarias -pero interesantes- posiciones y la segunda a la formulación de diversas interrogantes abiertas para una indagación ulterior.

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