Epistemología: Fundamentación
epistemológica de las teorías
Ciclos y teorías económicas
Cinco consecuencias filosóficas de la crisis
22 de Julio, 2009, 0:39
La actual crisis económica no se limita a una cuestión de estadísticas, ni se reduce al devastador impacto social del desempleo y la incertidumbre. Con la debacle mundial, hizo agua una particular visión del mundo que pareció dominante e irreversible con la caída del muro de Berlín.Esta visión se cristalizó en algunas frases famosas como el "fin de la historia" de Francis Fukuyama, "la sociedad no existe" de la primer ministra británica Margaret Thatcher o los 10 mandamientos del consenso de Washington que impulsaban la liberalización-desregulación-privatización global.
El nuevo dogma tras la derrota del comunismo era todo el poder al sector privado, el mercado como medida de racionalidad económica y utopía, y el individualismo más descarnado como principio ético ordenador. --
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Wall Street: Greed is Good (La Codicia es buena, película con Michael Douglas
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Milton Friedman: Greed (Codicia)
-- Con la debacle económica esta visión del mundo también entró en crisis.BBC mundo identificó cinco consecuencias filosóficas: 1. Filosofía política-económica 2. Crisis del racionalismo de mercado 3. Consecuencia Axiológica: teoría de los valores 4. Azar, causalidad, incertidumbre 5. Consecuencia ontológica --
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¿Son racionales los mercados?
-- 1. Filosofía política-económica.
La ley de la oferta y la demanda ejerció un reinado absoluto en la formulación de política económica de las últimas tres décadas.
Según el pensamiento clásico, la oferta y la demanda funcionan como un perfecto sistema homeostático (autorregulado) que tiende al equilibrio perfecto y cuenta con un regulador infalible: el precio.
A mucha demanda y poca oferta de un producto, el precio sube hasta alcanzar la suma que el mercado puede pagar por ese bien.
A la inversa -poca demanda, mucha oferta- el precio se achata hasta que alguien lo adquiere convencido de que no lo va a encontrar más barato.
Ni el premio nobel otorgado al economista Joseph Stiglitz por su investigación sobre el papel que la información cumplía en este mercado -la información con que cuentan los miles o millones de integrantes de un mercado particular no era perfecta y por lo tanto, el precio reflejaba otras variables- destruyó esa confianza ciega en este funcionamiento homeostático.
Con esta premisa teórica, ¿qué mejor que desregular todo y dejar que el mercado se encargue de los equilibrios económico-sociales?
Pero al parecer la realidad económica está llena de fenómenos impredecibles.
En las llamadas burbujas, como la inmobiliaria de las hipotecas "sub-prime" que desató la actual crisis,
¿dónde está el mecanismo autoregulador del mercado en estas burbujas?
¿Reflejaba el precio siempre al alza de la propiedad la situación de la demanda y la oferta?
La conclusión más obvia es que demanda, oferta y precio forman parte de un mecanismo económico-social infinitamente más complejo que esa crasa simplificación que se ha aplicado durante tanto tiempo.
2. Crisis del racionalismo de mercado
Las preguntas precedentes ponen en entredicho una premisa fundamental de la ley de la demanda y la oferta: el racionalismo de los mercados.
El ser humano viene buscando la racionalidad en materia económica y filosófica desde hace mucho tiempo.
La planificación económica que hizo furor después de la crisis del 29 y la posguerra buscó sintonizar la producción y el consumo con las necesidades de una sociedad.
Con el derrumbe del comunismo, el mercado se impuso como única lógica global.
Según esta ideología, el mercado era racional y eficiente para asignar recursos, tanto en el ámbito laboral, como productivo y financiero.
La debacle mostró que el mercado tiene la misma dosis de irracionalidad, capricho, imprevisibilidad que cualquier individuo o grupo humano.
Lo que nos enfrenta a una problema inquietante.
Si los mercados o el Estado no son la base de un funcionamiento socio-económico racional, ¿quiere decir que estamos a merced de los elementos?
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3. Consecuencia Axiológica: teoría de los valores
Este aparente desamparo de nuestra praxis económico-social se complementa con una crisis de fundamentos éticos.
Desde los '80 y en particular con la caída del muro de Berlín, se impuso un individualismo a ultranza que se basaba en una teoría del egoísmo como valor organizador ideal de una sociedad.
La teoría se retrotrae a Adam Smith y su consideración de que la mejor manera de comportarse socialmente - de beneficiar al conjunto- era que cada uno persiguiese su propio interés ya que la "mano invisible del mercado" iba a arreglar todos los entuertos que se produjesen en el camino.
Adam Smith jamás negó la acción social ni la labor del Estado, ni la presencia de los valores (la justicia era fundamental en su sistema) como se interpretó con ignorancia o mala fe tiempo después.
Pero uno de sus seguidores, Frederich Von Hajeck y su discípulo Milton Friedman radicalizaron sus ideas.
Ayn Rand, una novelista y filósofa que empezó a ser conocida en los '40, le dió vuelo filosófico y subjetivo a este viraje, planteando que el egoísmo - la búsqueda ciega del propio beneficio- era el fundamento de la civilización. Entre sus discípulos se encontraba Alan Greenspan, quien años después estaría al frente de la Reserva Federal de Estados Unidos de 1987 a 2006, es decir, durante el período de la más completa desregulación financiera.
El mismo Greenspan reconoció ante el Congreso que su edificio teórico tenía fallas.
"Estoy asombrado. Durante 40 años o más las pruebas apuntaban a que este sistema estaba funcionando excepcionalmente bien", dijo Greenspan.
El consenso hoy es que la búsqueda desenfrenada del propio beneficio ha sido determinante en las dos megacrisis mundiales de los últimos 80 años - la gran depresión y esta crisis.
¿Se necesita alguna otra prueba que el impacto devastador de estas dos debacles?
4. Azar, causalidad, incertidumbre
Una premisa que viene del iluminismo y que durante dos siglos nos sostuvo con su fe, fue la posibilidad de correspondencia entre lo que decíamos y la realidad.
Esta correspondencia era el fundamento del conocimiento científico y la predicción de fenómenos y tendencias.
Desde principios de siglo XX ha habido numerosos cuestionamientos a esta premisa (desde Ludwig Wittengstein hasta el principio de incertidumbre del físico Werner Heisenberg y el radical relativismo de los posmodernos), pero una fe básica en sus fundamentos ha sobrevivido en muchos campos, entre ellos la economía.
Dos conocidos financistas, bien inmersos en los debates de la filosofía, creen que esta crisis exige volver a pensar las cosas.
Soros: finanzas y subjetividad
George Soros estudió filosofía en la London School of Economcis con Karl Popper y acaba de publicar sus conclusiones en "The Crash of 2008" que lleva el sugestivo subtítulo de "El nuevo paradigma de los mercados financieros".
Según Soros, pretender que los mercados financieros reflejan la marcha de la economía real y se manejan por la oferta y la demanda es desconocer el papel fundamental que cumple la subjetividad y un proceso que llama reflexividad.
El valor del oro o la propiedad no sube porque refleje como un espejo una realidad subyacente de demanda y oferta, sino porque los operadores del mercado por su misma interacción influyen en este precio como sucede en las burbujas financieras que se arman en torno a un producto o el comportamiento en manada (todos quieren comprar o vender un producto al mismo tiempo)
Otro inversor con iguales inclinaciones filosóficos, Nassim Nicholas Taleb, publicó en 2007 "El cisne negro", en donde dice que sólo podemos predecir lo obvio y jamás el cambio.
Taleb lo pone con el ejemplo del cisne negro. Durante mucho tiempo se pensó que todos los cisnes eran blancos porque la observación había acostumbrado al hombre europeo a que así eran las cosas.
Hasta que en Australia apareció un cisne negro y hubo que revisar todo.
Según Taleb nadie predijo ningún cambio sísmico en la historia humana.
Desde el advenimiento del cristianismo hasta la caída del comunismo y los atentados del 11 de septiembre, sucedieron sin que nadie los anticipara, aunque a posteriori se construyó una narrativa explicativa llena de causas que volvían inevitables estos fenómenos.
Si no podemos anticipar lo más importante, ¿qué sabemos?
5. Consecuencia ontológica
Después de todo lo dicho, cabe formularse la pregunta central de la ontología, a rama de la filosofía abocada al conocimiento sobre los entes.
En este universo económico-social: ¿qué existe?, ¿qué es lo real?
En el siglo XVII Descartes tuvo que retrotraerse a su propio pensamiento para alcanzar una certeza subjetiva sobre qué existía efectivamente: pienso, luego existo.
El pobre Descartes no vivió en este mundo casi irreal de las finanzas del siglo XXI.
Si es relativamente fácil fundamentar la realidad de la producción y el consumo, es mucho más complejo comprender el status existencial de instrumentos financieros como los famosos activos tóxicos (deudas prácticamente incobrables) o los derivados (contratos de compra a futuro apostando al valor que tendrá este producto o activo: materia prima, hipotecas, moneda, etc), fundamentales para comprender la crisis que vivimos.
En 2007 se calculaba que el PIB mundial (todo los bienes y servicios que produjo el mundo) era de 63 millones de millones.
En ese mismo año se estimaba que el mercado de los derivados era de 596 millones de millones - casi 10 veces más que lo que producía el planeta.
El valor del PIB se refiere a algo tangible.
¿Qué realidad tienen esas gigantescas apuestas a precios futuros que son los derivados o las burbujas?
Esta pregunta no se la hacen sólo los neófitos en materia económica.
"En términos filosóficos los economistas son materialistas para quienes las bolsas de trigo son mucho más reales que las carteras de bonos", explicó al "The Economist" Perry Mehrling del Barnard College, Columbia University.
Y, sin embargo, la economía tiene una realidad mucho más elusiva como lo demuestra el funcionamiento mismo del dinero.
"El dinero no es algo completamente real. El dinero es la promesa de que uno va a poder comprar algo. Igual que el dinero que uno tiene depositado en el banco. Uno tiene una promesa de que el banco va a pagar. Si el banco quiebra, la promesa deja de existir", explicó a BBC Mundo Jon Danielsson de la London School of Economics.
Si se multiplica esto por las miles de millones de transacciones diarias que se hacen en dinero contante o en bonos, títulos y otras volatilidades del mundo financiero, se ve cuántas promesas se quebraron.
"No podemos hablar aquí de lo que es más importante en la obra de Marx: de la fuerza prodigiosa que le permitió crear un arsenal de ideas, puestas a la disposición de una tendencia política determinada y un ejército de consignas, siempre a punto de ser utilizadas y de una sorprendente eficacia, de esta pasión calentada al lrojo, que fascinó a compañeros y adversarios, de este estilo de profeta que hace de sus escritos una obra única en su género. Esto es, ante todo, lo que explica su éxito y lo que hizo salir el marxismo de los límites de la ciencia propiamente dicha. (...) No obstante, sería injusto deducir de ello, o creer que la obra de Marx no es, fundamentalmente, científica y que su pensamiento es, simplemente, función de sus objetivos políticos. (...) Hemos de considerar, pues, su obra como un trabajo minucioso, basado en un saber muy amplio. (...) Sólo se le puede negar a Marx su originalidad en el sentido en que se le puede negar a cualquier otro autor. Sin embargo, no tuvo solamente originalidad, sino también unas dotes científicas de primer orden. (...) Marx sentía, en su más alto grado, la necesidad de un análisis científico y no se satisfizo nunca con estudios de detalle, lo cual, por otra parte, contribuyó a su éxito en Alemania: en la época en que apareció su Tomo I [El Capital, A.Ch.], no había nadie en aquel país que pudiera medirse con él, ni en vigor intelectual ni en saber teórico. (...) Así, Marx había de convertirse en el maestro de muchos no socialistas (en particular del propio autor)."
J. A. Schumpeter, 1963 Síntesis de la evolución de la ciencia económica y sus métodos Barcelona, Ediciones de Occidente, pp.126-128
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-- José Pablo Feinmann: Karl Marx:La Burguesía Capitalista --
-- José Pablo Feinmann Karl Marx: El Manifiesto Comunista --
-- Las dos grandes clases sociales
El sistema capitalista se caracteriza, en primer lugar, por el hecho de que las fábricas, los campos, los bancos, los comercios, es decir, los medios para producir, comerciar y para el intercambio, son propiedad privada de un grupo social, los capitalistas. Frente a ellos se encuentra una inmensa mayoría de personas que no son propietarias de ningún medio para producir, y deben trabajar para los capitalistas por un salario. Son los obreros.
Ser obrero o capitalista no es algo que podamos elegir a voluntad, porque está determinado por la forma en que está organizada la sociedad. Para comprender este importante punto, supongamos dos niños, uno hijo de obreros, el otro de empresarios. El primero, cuando llegue a adulto, a lo sumo tendrá como herencia la casa de sus padres; con eso no podrá para mantenerse, y deberá hacer lo mismo que hicieron sus padres: contratarse como empleado u obrero. Es decir, pertenece a la clase obrera desde su nacimiento, a la clase que no es propietaria de los medios para producir. Es una situación que no elige, porque la conformación de la sociedad lo destina a ese lugar. El segundo, en cambio, cuando llegue a adulto va a heredar la empresa de sus padres, y estará destinado "socialmente" a ser empresario. Como vemos, cada uno de estos niños pertenecerá a grupos sociales distintos. ¿Qué los distingue? El hecho de que uno de esos grupos es propietario de los medios de producción, el otro no lo es. Los que no son propietarios están obligados a trabajar bajo el mando de los que son propietarios.
A los grupos de personas que se distinguen por la propiedad o no propiedad de los medios de producción, se los llama CLASES SOCIALES. La clase capitalista es la clase o grupo de gente propietaria de los medios de producción. La clase obrera es el grupo que no es propietario de los medios de producción y debe trabajar por un salario, bajo el mando de los capitalistas. Un obrero puede ganar más o menos dinero, pero mientras no sea propietario de las herramientas y máquinas con las que trabaja, y esté obligado a emplearse por un salario bajo las órdenes del empresario, seguirá perteneciendo a la clase obrera.
En esta sociedad existen dos grandes clases sociales, los propietarios de los medios de producción, que emplean obreros; y los no propietarios de los medios de producción, que trabajan como asalariados para los primeros.
Entre estas dos grandes clases sociales existe otra clase, que llamaremos la pequeña burguesía. Este grupo ocupa una posición intermedia entre la clase obrera y la clase capitalista, porque por lo general tienen una propiedad (por ejemplo, un taxi, un pequeño comercio, son profesionales independientes), pero no emplean obreros, y viven de su trabajo.
También existen otros sectores, que son más difíciles de clasificar; por ejemplo, los ladrones, los mendigos. Pero lo importante es que nos concentremos por ahora en las dos grandes clases, la capitalista y la obrera, para analizar qué relación existe entre ambas. Esta relación nos mostrará el secreto del funcionamiento de este sistema capitalista.
Antes de terminar este punto, queremos refutar una idea que tratan de inculcar, y que viene a decir que es "natural" que los seres humanos pertenezcan a clases diferentes. Según este argumento, pareciera que la naturaleza ha dispuesto que algunos vengan a este mundo siendo propietarios de los medios para producir y comerciar, y otros no. En el mismo sentido, se nos quiere hacer creer que hace muchos años, hubo un grupo de gente que ahorraba y trabajaba mucho, y otro que haraganeaba todo el día. Entonces, el primer grupo se hizo propietario, y a partir de allí sus hijos y todos sus descendientes ya no tuvieron que trabajar. Mientras que los del segundo grupo, los holgazanes, se vieron obligados a trabajar como empleados, y todos sus descendienes también, y ya no pudieron salir de esa situación.
Como se puede intuir, todos estos son cuentos para disimular el hecho de que esta sociedad está dividida en clases, que esta situación ha sido provocada por la evolución de la historia humana, y por lo tanto es modificable. Veamos ahora qué sucede cuando un obrero trabaja para el patrón.
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La explotación.¿Qué es el valor?
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Vamos a comenzar por una pregunta que está en la base de toda la economía: de dónde viene el precio de las cosas que compramos o vendemos. Aquí vamos a dar una explicación muy sencilla, que nos servirá para lo que sigue.
Cuando hablamos de precio, nos referimos al valor económico que tiene una mercancía. Por ejemplo, si un reloj tiene un precio muy alto, decimos que tiene mucho valor; de un producto de mala calidad, decimos que vale muy poco. Entonces, ¿Qué es lo que da valor a las cosas? ¿Por qué algunas tienen mucho valor (son caras) y otras no?
En el siglo pasado, varios economistas llegaron a la conclusión de que lo que otorga valor a las mercancías (por lo menos, de todas las que se hacen con vistas a la venta) es el trabajo humano empleado para producirlas.
Por ejemplo, si un mueble tiene una madera muy pulida, si tiene muchas manos de barniz, es decir, si tiene muchas horas de trabajo invertidas en su fabricación, tendrá más valor que otra mesa mal terminada, mal pulida. Supongamos que en la primera se han empleado 20 horas de trabajo, y en la segunda 10 horas. La primera tendrá el doble de valor que la segunda y eso se manifestará en el precio: podemos suponer que la primera costará el doble de dinero que la segunda. Por ejemplo, si la primera vale 100 pesos y la segunda 50 pesos, esa diferencia expresará que en la primera se empleó aproximadamente el doble de tiempo de trabajo para producirla.
La fuentte de valor es el trabajo humano que se invierte en producir, en modificar materias tomadas de la naturaleza, para crear los bienes de uso que empleamos en nuestras vidas.
Entonces el valor es una cualidad, una propiedad, de los bienes que compramos o vendemos, que tiene algo así como dos "caras": por un lado, es el tiempo de trabajo que se emplea para producir ese bien; ésta sería la cara oculta, la que no vemos a primera vista, cuando estamos en el mercado. Por otro lado, ese tiempo de trabajo se nos muestra en el precio, en el dinero que pagamos cuando lo compramos o que recibimos cuando lo vendemos; esta es la cara visible del valor, que hace que no nos demos cuenta de que, al comprar o vender cosas, estamos comprando o vendiendo tiempos de trabajo.
Por eso, cuando decimos que un bien (una mesa, una camisa, etc.) vale tanto dinero, estamos diciendo en el fondo que se empleó una cierta cantidad de trabajo para producirla. A pesar de que esto no aparece a la vista, los empresarios siempre están calculando los tiempos de trabajo empleados. Por ejemplo, los empresarios del acero calculan que en Argentina, para producir una tonelada de acero, hoy hacen falta 11 horas de trabajo, en Brasil 8 y en México 12. Estas diferencias pueden estar dadas por las diferentes técnicas, o por otros motivos.
Por supuesto, un trabajo más complejo, más difícil, agrega más valor. Daremos un ejemplo. Supongamos que un campesino leñador va a un bosque y corta un árbol, y lo transporta hasta el pueblo, donde vende la madera, y que toda esa operación le lleva 10 horas de trabajo; supongamos que en cada hora de trabajo los hacheros generan 5 pesos de valor. Por lo tanto, este campesino podrá vender la madera en 50 pesos (10 horas de trabajo x 5 pesos = 50 pesos). Pero quien compra ahora la madera es un artesano, tallador experto, que saca de ella un bonito adorno. Supongamos que este artesano emplea otras 10 horas de trabajo, pero esta vez, como su trabajo es más complejo, más difícil, en cada hora de trabajo agrega 15 pesos de valor, en lugar de los 5 que generaba el leñador. Por lo tanto, habrá sumado a la madera un valor de 150 pesos (10 horas de trabajo x 15 pesos = 150 pesos). El adorno, de conjunto, valdrá 200 pesos = 50 pesos (valor creado por el leñador) 150 pesos (valor creado por el tallador). Estos 200 pesos representarán 10 horas de trabajo "simple", del leñador, y 10 horas de trabajo complejo, del artesano tallador. También podríamos reducir todo a horas de trabajo simple, por ejemplo, decir que los 200 pesos que vale el adorno representan 40 horas de un trabajo tan simple como el que realizó el leñador.
1. Lo obsoleto es el capitalismo y las ideas de sus defensores
Tras la caída del muro de Berlín y la implosión de la ex Unión Soviética, los ataques contra el pensamiento marxista recrudecieron. En muchos centros académicos los defensores del marxismo revolucionario han sido calificados como obsoletos, anacrónicos o dinosaúricos. Frente a esto Alan Woods señala que lo que es obsoleto es el capitalismo. Alan explica cómo a raíz del colapso de la URSS, se dio pie a una contraofensiva ideológica sin precedentes por parte de la burguesía para atacar al marxismo y al socialismo. Esto, dice el marxista galés, se convirtió además en una industria, en un negocio rentable. El autor de Razón y Revoluciónexplica que lo que fracasó hace veinte años no fue el socialismo en el sentido entendido por Marx, Engels, Lenin o Trotsky, sino una caricatura burocrática y totalitaria del socialismo que fue el estalinismo.Esto causó un gran impacto y, en ese momento, la burguesía y sus defensores se pusieron eufóricos anunciando el fin del socialismo, del comunismo y del marxismo.
Los enemigos de las ideas de Marx y Engels llevan más de 150 años anunciando su muerte. Pero ¿por qué se preocupan del marxismo si está muerto?, se pregunta Alan Woods. No obstante esto, los ideólogos de la burguesía todos los años se ven en la necesidad de publicar nuevos libros, artículos, tesis doctorales demostrando que el marxismo está muerto. Para Alan esto tiene una explicación. La clase dominante no es tonta y no gastaría su tiempo atacando ideas muertas. La burguesía ataca ideas que son peligrosas para su clase. Pero tras 20 años desde la caída de los regímenes del llamado "socialismo real", todas estas ilusiones de la burguesía y sus defensores han colapsado. Estamos presenciando la crisis general del capitalismo prevista por Carlos Marx. Como hecho anecdótico Alan Woods dice que el libro más vendido en Alemania es Das Kapital (El capital), cuyas ventas se multiplicaron un 300 %, lo cual demuestra que lejos de ser ideas obsoletas, la gente busca una explicación de la crisis del capitalismo en las ideas científicas de Marx.
2. ¿Por qué tiene plena vigencia el marxismo?
Alan Woods plantea un reto a los lectores: acudir a las bibliotecas y buscar cualquier libro burgués de economía política o de ciencias sociales escrito hace 150 años. Asegura que esos materiales no tendrán más que un mero interés histórico y cero relevancia para la aplicación en el mundo moderno. No obstante, dice el dirigente de la Corriente Marxista Internacional, en El Manifiesto Comunista, escrito hace más de 150 años por Marx y Engels, se encontrará una descripción verdadera, rigurosa y brillante no del mundo de 1848, sino del mundo de hoy. Para ello pone dos ejemplos. El primero hace referencia a la globalización. Ésta ha sido presentada hace 20, 30 años por los economistas burgueses como algo novedoso. Sin embargo, la globalización fue explicada de antemano por Marx y Engels en las páginas de El Manifiesto Comunista. Allí se expone claramente como el capitalismo surge en primer lugar como un mercado nacional para luego convertirse necesariamente en un mercado mundial, siendo esto lo más importante de nuestra época, dice Alan Woods. Cuando Marx y Engels escribieron esta predicción tan brillante no existía el mercado mundial internacional, el capitalismo solo existía en Inglaterra, en Francia estaba en sus principios y Alemania era más atrasada todavía.
La segunda predicción, algo muy polémico, que los enemigos del marxismo han calificado como errónea, es la que se refiere a la concentración del capital. El capitalismo que empieza con pequeñas empresas, cuando Marx explica esto en Gran Bretaña no había grandes empresas, necesariamente producto de la competición y de las leyes del libre mercado, resulta en un proceso de concentración de riqueza en pocas manos y de miseria para otra parte.Cifras emitidas por la ONU señalan que más del 50 % de la riqueza disponible está en manos del dos por ciento de la población del mundo; 1,2 mil millones de seres humanos viven en la más absoluta miseria y de esos, 8 millones de hombres mujeres y niños mueren todos los años por falta de recursos económicos. Si eso no es una concentración de capital ¿qué es?, pregunta Alan Woods. Ese proceso se ha multiplicado por diez en las últimas décadas, hay una concentración de riqueza obscena y una concentración de miseria no solo en América Latina, sino en Inglaterra, en EEUU donde se expresó con mayor profundidad cuando la ciudad de Nueva Orleans fue azotada por el huracán Katrina en el año 2005. He aquí la realidad.
3. Los ataques contra Federico Engels
Federico Engels ha sido objeto de todo tipo de ataques que han pretendido desmerecer su obra. Alan Woods, en su libro escrito conjuntamente con Ted Grant, "Razón y Revolución", explica partiendo de datos obtenidos por recientes investigaciones científicas, la validez de las ideas de Engels y de su método de estudio e investigación. Es una tontería como un piano, como dicen en España, expresa Alan cuando responde a la pregunta sobre las acusaciones vertidas contra Engels. Federico Engels era un genio, pero era un hombre modesto, tan modesto que cuando murió dio órdenes explícitas de cremar su cadáver y echar sus cenizas al mar porque no quería que se erigiera ningún monumento en su honor. Él estaba a la sombra de Marx y eso no ha permitido ver su grandeza, la de un gran revolucionario, un gran pensador, un teórico muy profundo.
Acusar a Engels de ser un positivista es una bobada que solo se escucha en las universidades, dice. Eso es una estupidez. Alan acude a una frase del poeta alemán Friedrich Shiller para explicar la barbaridad de esa imputación infundada: "Contra la estupidez los propios dioses luchan en vano". Es absurdo además expresar que sus ideas eran sólo del siglo XIX. Esto es lógico, Engels tenía que basarse en las ideas del siglo en el que vivió, no podía hacerlo sobre las ideas del siglo XXI, señala irónicamente Alan Woods. Sin embargo, los escritos de Engels, sobre todo La dialéctica de la naturaleza, no reflejan la ciencia del siglo XIX, sino que está bastante por delante de las ideas científicas de su época. Critica duramente las teorías de la mecánica clásica, la física de Newton, su sistema mecanicista. Los últimos descubrimientos del siglo XX y XXI, de los últimos cien años, han demostrado totalmente la vigencia del método de Federico Engels, que es el método dialéctico. Alan pone como ejemplo de su aseveración a la teoría del caos, donde se refleja la aplicación del método dialéctico.
4. ¿Por qué las ideas de Lenin y Trotsky están vigentes?
Lenin y Trotsky después de Marx y Engels fueron quienes defendieron y desarrollaron sus ideas en el siglo XX. Son ideas maravillosas, profundas, brillantes y totalmente vigentes. Se han dicho muchas falsificaciones acerca del papel de Trotsky, concretamente. Hay una cierta tendencia que viene del estalinismo, esa aberración, esa caricatura terrible del marxismo, que es totalmente falsa de señalar que hubo un conflicto fundamental entre las ideas de Lenin y Trotsky. La realidad es totalmente diferente, dice Alan que con Ted Grant realizaron un magnífico libro hace más de 40 años titulado "Lenin y Trotsky, qué defendieron realmente", donde explican con profundidad las ideas de estos dos revolucionarios.
Alan Woods cuenta una anécdota: "En Rusia hace unos 5 años me invitaron a una célula, un grupo de base del Komsomol, organización de la juventud comunista de educación y origen estalinista. Cuando yo entré en la sala, un joven se me acerca y me dice en ruso ¡¿pero usted es trotskista?! A ver si me explico, le contesté. Yo defiendo las ideas de Marx y Engels, por ende soy marxista; después de la muerte de Marx y Engels quien defendió sus ideas yo creo que fue Lenin, consecuentemente soy leninista; después de la muerte de Lenin quien defendió sus ideas creo yo que fue Trotsky, consecuentemente soy trotskista. ¿He contestado tu pregunta? ¿Puedo hacerte ahora yo una pregunta? ¿Has comprado una botella de vodka en la calle del libre mercado? En la botella viene una etiqueta que indica que el vodka es de categoría. Pero cuando te la bebes descubres que es cualquier cosa, menos de calidad. Hazme caso amigo, no prestes atención a las etiquetas, si yo voy a dar una charla aquí, si te gusta bien y si no, vamos a seguir hablando como camaradas que queremos la misma causa, pero vamos abrir un debate no basado en calumnias, ni basado en pioletazos, un debate honesto, democrático, amistoso entre todos los miembros de la familia comunista". Lo que hace falta es gente más abierta. Los nuevos jóvenes van a descubrir en la práctica la total vigencia del marxismo y van a descubrir que es la herramienta principal, la más potente, el arma, la palanca más fundamental para comprender el sistema capitalista y finalmente derrocarlo y establecer un nuevo orden social que se llame socialismo, señala Alan Woods.
5. Las cosas que Marx no avizoró y los nuevos problemas de la vida
El marxismo es un instrumento muy importante para echar luz sobre todos los problemas que enfrenta la sociedad humana; pero no podemos esperar que el marxismo nos ofrezca una bola de cristal o una varita mágica porque eso ya sale de la ciencia y nos meteríamos a los terrenos místicos y religiosos, dice Alan Woods. Eso sí, explica, esta herramienta nos ofrece un cuerpo de ideas bastante completo, profundo que nos posibilita analizar cualquier cosa, cualquier problema. El marxista galés explica cómo si bien es cierto que los problemas cambian y aparecen otros nuevos, no varían tanto como se podría pensar. Y esos problemas no sólo tienen que ver con la miseria de las masas, las guerras o el terrorismo. Hay otros que son iguales, o tal vez más importantes, que afectan a la persona, a la familia y que tienen que ver con la moralidad, la religión por ejemplo. Pero ¿no fue así también en el pasado?, cuestiona Alan Woods. Si miramos cualquier sociedad en los últimos diez mil años de lo que, correcta o incorrectamente, se ha dado en llamar como civilización, han existido diversos sistemas socioeconómicos como el esclavismo, el feudalismo, el capitalismo que han nacido, crecido, madurado y han llegado a un grado de desarrollo que después entra en declive, llegando a un tipo de techo de sus posibilidades y, entonces aparecen en forma más abierta las contradicciones que siempre están presentes, agravándose cada vez más, lo cual afecta a la sociedad en muchos aspectos.
Una calumnia estúpida emitida contra el marxismo es la que señala que Marx redujo todo a lo económico. ¿Cómo es posible que alguien pueda reducir todo a lo económico? Marx era un filósofo, la filosofía no es economía. La sociedad tiene muchos más aspectos que tienen que ver con la religión, la poesía o el arte que no están directamente vinculados a la economía. Lo que sí es verdad, que es una verdad como un templo, que no admite contradicción, es que en última instancia la viabilidad de cualquier sistema socioeconómico está determinado por la capacidad de desarrollar las fuerzas productivas, es decir la industria, la agricultura, la ciencia, la tecnología que son la base material, los fundamentos, los cimientos sobre lo cual todo lo demás se desarrolla, se rige. Cuando una sociedad llega a los límites de sus posibilidades, cuando ya no es capaz de desarrollarse y de mejorar la situación de las personas como el sistema capitalista, por ejemplo, eso tiene repercusiones importantes que se reflejan a nivel psicológico, generando un ambiente general de pesimismo, una especie de nihilismo. En Francia, en la actualidad, hay más astrólogos profesionales que curas católicos, el ex presidente de EEUU, Ronald Reagan tenía como una de sus asesoras a una astróloga, el misticismo ha invadido la ciencia, a nivel intelectual eso se refleja en la mal llamada filosofía posmoderna, etc.
Hoy hablan del fin de la ideología.Antes la burguesía tenía una ideología, el liberalismo, que fue bastante progresista. Era optimista. La burguesía estaba en una fase ascendiente, se sentía progresista y lo era de alguna manera. Ahora, en vez de decir la verdad, que este sistema en concreto no es capaz de seguir avanzando, se cuestiona la posibilidad de desarrollo y progreso en general. Todos estos son síntomas de una cultura en plena decadencia. Existe un nivel mezquino, miserable, trivial. No hay filosofía que valga el nombre, si comparas los productos miserables de los filósofos actuales con la filosofía gloriosa de Hegel, de Kant. La filosofía pretende ser reducida al estudio de la significación de palabras sueltas. Pero las grandes ideas siguen existiendo, dice Alan Woods. Pero no son las ideas de la burguesía, sino las que anticipan otra sociedad que si puede ofrecer a la humanidad lo que necesita y que no son sólo las que ofrecen trabajo, pan o casas. Es mucho más que eso.
La Biblia dice: no sólo de pan vive el hombre. Trotsky en su libro Problemas de la vida cotidiana analizó temas relacionados con los problemas de los seres humanos, la sexualidad, la moralidad por ejemplo. En esta sociedad hay un florecimiento del crimen, de las drogas, del alcohol. ¿Por qué la juventud acude a ello? Porque sus vidas son vacías. Cuando una sociedad entra en crisis, en declive, eso se siente aunque la gente no lo entiende en forma racional. Se entra en una fase de pesimismo general, de desorientación general. Frente a eso hay dos opciones: o cierras los ojos y vuelves la mirada hacia dentro, hacia el misticismo, o intentas llegar a una comprensión racional de este mundo y sus problemas para combatirlo o cambiarlo. La droga, el alcohol, la religión, el misticismo son intentos para escaparse de este mundo en lugar de luchar para cambiarlo. La única solución a la droga es revolución. Cuando la juventud comprende esa necesidad de luchar y se le ofrece una causa que vale la pena van a olvidarse de esos paraísos falsos, artificiales, como dice la frase del poeta francés Baudelaire.
Lamentablemente, hay un sinnúmero de elementos despreciables, reformistas que quieren sembrar la confusión, poner un muro que evite que la juventud tenga acceso a las lecciones históricas de la revolución rusa, a las enseñanzas del materialismo dialéctico. Es una función netamente contrarrevolucionaria, son retrógrados intelectualmente, una bancarrota total. Quieren aparecer como exponentes de ideas nuevas como el señor Heinz Dieterich, ideas que realmente no ofrecen nada nuevo, que son realmente sacadas de la prehistoria del movimiento obrero internacional, de los utópicos, ideas premarxistas.Las ideas auténticamente nuevas, son las ideas del marxismo. El marxismo es la filosofía del futuro.
6. Sobre Dieterich
Alan Woods, junto al nieto de León Trotsky, Esteban Volkov, realizó la presentación de su más reciente libro "Reformismo o Revolución". Este constituye un material imprescindible para desenmascarar las patrañas intelectuales de Heinz Dieterich, personaje que se jacta de científico y que con sus ideas lo que pretende es, en forma subrepticia, atacar al pensamiento marxista y reforzar las ideas reformistas. Alan con humor dice: este señor no llega hasta el tobillo de unBernstein, de un Kautsky, ellos eran genios. Charlatán es una palabra mal sonante, Dieterich se cree un gran genio y, hoy por hoy, me quedo con una duda razonable al respecto.
7. Humor y revolución
Mi gran amigo, camarada y maestro, Ted Grant decía que para ser un revolucionario se necesita dos cosas: un sentido de la proporción y un sentido del humor, manifiesta Alan Woods. Cuando más vivo, más comprendo cuán profunda es esta idea. La idea de un intelectual como algo seco, alejado de la clase trabajadora no corresponde a la realidad. La ironía de Sócrates tenía un gran sentido del humor y era muy profunda, los aforismos de Heráclito son muy divertidos. El humor es dialectico. Marx y Engels tenían un gran sentido del humor y Lenin y Trotsky también. Marx tenía como su lema favorito: considero que nada humano es ajeno a mí. La imagen de un intelectual metido en una torre de mármol, aislado de la realidad, leyendo su libro, totalmente indiferente al destino de la humanidad es precisamente la que desprestigia a la filosofía.
El revolucionario galés afirma además que la llamada filosofía posmoderna está totalmente desprestigiada y pregunta ¿quién lo toma en serio ahora, a más de cuatro estúpidos en las universidades? Realmente no tienen nada que ofrecer y la gente lo sabe y si somos honestos cualquier estudiante lo sabe, cuando más superficiales y estúpidos son, más se toman en serio, se creen Gardel. Alan señala: para mí la filosofía es importante porque la vida, la sociedad es importante. Todos somos partícipes en esta gran aventura para cambiar el mundo. La filosofía debe ser una herramienta en esta lucha y como somos parte de la raza humana, nada humano nos puede ser ajeno. --
-- Alan Woods discute sobre su libro Razón y Revolución, y explica desde un punto de vista marxista qué es la revolución, qué significa el socialismo y cómo se puede evitar el surgimiento de una burocracia. --
-- Alan Woods habla de la amenaza de contrarrevolución en Venezuela y se opone a la noción de que la revolución es irreversible. En la medida en que las palancas fundamentales de la economía sigan en manos privadas la oligarquía puede volver. Alan Woods está en firme desacuerdo con las ideas reformistas expresadas por intelectuales tales como Heinz Dieterich. --
-- Alan Woods advierte contra las peligrosas ideas de Heinz Dieterich, las cuales diluyen el auténtico contenido de lo que es el "socialismo del siglo XXI". --------------------------- (*)Alan Woods (Gales, 1944) es político trotskista, escritor británico y dirigente galés de la Corriente Marxista Internacional. Actualmente es el máximo dirigente de la CMI(Corriente Marxista Internacional) y editor de su página web In Defence of Marxism. Sus escritos actuales sobre la revolución en Venezuela y las tareas a llevar a cabo por los revolucionarios de todo el mundo son seguidos con entusiasmo por los miembros de la CMI en todo el mundo. Algunas de sus publicaciones son las siguientes:
* Lenin y Trotsky, qué defendieron realmente (1969) * Razón y Revolución: filosofía marxista y ciencia moderna (1995) * Bolchevismo: el camino a la revolución (1999) * El marxismo y la cuestión nacional (2000) * La revolución bolivariana, un análisis marxista (2005) *Reformismo o Revolución, Marxismo y socialismo del siglo XXI, (2008)
(**)Toscano,Dax (28/2/2009) Entrevista con Alan Woods: La vigencia plena del marxismo. ArgenPress.Info. [En línea]. Disponible en: http://www.militante.org/node/785
TRANSFORMACIÓN DE LA MERCANCIA EN DINERO Francisco Umpiérrez Sánchez Director del Centro de Estudios Karl Marx Fumsa@msn.com
-------- Guía de primera parte 1. Prólogo 2. Primera Sección 2.1. Transformación de la mercancía en dinero (teoría del valor) 2.1.1. Introducción 2.1.1.1.Economía marxista y economía convencional 2.1.1.2.Lo que se manifiesta y la forma de manifestarse 2.1.1.3.El Capital y la semiótica 2.1.1.4.El destino histórico de El Capital 2.1.2. La forma de mercancía 2.1.3. El valor de uso 2.1.4. El valor de cambio 2.2. Carácter doble del trabajo representado en la mercancía 2.2.1. La forma del valor 2.2.2. Forma simple o individual del valor 2.2.3. Forma desarrollada o total del valor 2.2.4. Forma general del valor 2.2.5. Forma dinero 2.2.6. De la forma individual del valor a la forma dinero ------------ PROLOGO: Este trabajo interesa a todos aquellos investigadores que hacen uso, por una parte, de los conceptos de forma y de valor, y por otra parte, de la distinción filosófica entre esencia y fenómeno. Así que creo que interesará a economistas, sociólogos, filósofos, lingüistas y semiólogos. También será de mucho interés para todas aquellas personas dedicadas a la defensa de los intereses de los trabajadores y a propagar la necesidad del socialismo. Y será de interés igualmente para todas aquellas personas que quieran conocer el pensamiento de Marx en origen, cuya riqueza en contenidos conceptuales y en formas categoriales no tiene parangón. Este trabajo se compone de dos secciones: en la primera se expone la transformación de la mercancía en dinero, esto es, la teoría del valor de Marx, y en la segunda, una crítica a los detractores de Marx. Para las personas inquietas, las que desde el principio quieren saber cuál es el sentido, el estilo y el modo de este trabajo, les recomiendo que lean, en la segunda sección, el artículo titulado: ¿Es Marx metafísico o científico? Pero para comprender a ciencia cierta toda la parte crítica, es necesario leer previamente la primera sección. Es imposible entender la crítica a Baudrillard sin conocer la primera sección.
PRIMERA SECCIÓN
TRANSFORMACIÓN DE LA MERCANCÍA EN DINERO
(TEORIA DEL VALOR)
INTRODUCCION
La mayoría de los textos que hablan de la teoría del valor de Marx, tanto de sus defensores como de sus detractores, carece de la riqueza de detalles, del rigor y del orden presentes en el texto de Marx. Predominan la confusión, la oscuridad y la especulación en aquellos textos. Mi método de exposición es diferente porque sigo directamente el texto de Marx, hablo con sus palabras, y no me salto los pasos necesarios en el devenir de los razonamientos. Acompaño al lector por todo el texto, le reduzco el recorrido, y le indico los aspectos lógicos, filosóficos, antropológicos y fenomenológicos presentes en sus distintas partes. Si el lector estudia atentamente y con rigor mi trabajo, después podrá estudiar directamente el texto de Marx con relativa facilidad. Según el propio Marx, la parte más difícil de El Capital está en su primer capítulo, esto es, en la exposición de la transformación de la mercancía en dinero. Y de esto trata el presente trabajo.
1. Economía marxista y economía convencional. Se tiene la idea de que la economía marxista, representada por El Capital de Karl Marx, y la economía convencional habitan en dos mundos distintos: Marx en el de los metafísicos, y los economistas convencionales en el de los científicos. Se presenta el pensamiento de Marx como un cuerpo teórico oscuro, metafísico y poco práctico, mientras que a la economía convencional se le presenta como un cuerpo teórico científico, riguroso y eminentemente práctico. Cuando lo cierto es que El Capital de Karl Marx incluye los conceptos principales de la economía convencional. En la filosofía contenida en El Capital no existe la contraposición entre apariencia y realidad. Domina, por el contrario, la concepción de que la realidad está constituida por apariencias y esencias. Es decir, que la apariencia es parte de la realidad y no algo contrapuesto a la realidad. Llamaremos categorías esenciales a aquellas categorías que reflejan las esencias de la realidad, mientras que llamaremos categorías aparentes a las categorías que reflejan las apariencias de la realidad. Pongamos un ejemplo para dejar estas diferencias filosóficas bien claras. En la economía convencional es fundamental el estudio de la categoría de precio, pero también lo es en El Capital de Marx. ¿Dónde reside entonces la diferencia? La economía convencional define el precio de acuerdo con su función práctica (aparente). Marx también analiza la función práctica del precio, pero añade algo más: explica la génesis de la forma de precio, expone el proceso mediante el cual el valor sufre una serie de metamorfosis, desde su figura más simple, la que se da en el trueque, hasta su figura más compleja, que constituye la forma de precio. Ahí reside el componente fundamental de El Capital : el análisis de las formas del valor . La categoría precio refleja una apariencia de la realidad económica, mientras que la categoría valor refleja una esencia de la realidad económica. El movimiento teórico de Marx va desde las esencias a las apariencias, esto es, parte del valor en su forma natural hasta llegar a la forma de precio; mientras que la economía convencional sólo se mueve en el ámbito de la apariencia. Por lo tanto, no hay que ver en la economía convencional la negación de la economía marxista, sino todo lo contrario: una parte necesaria de ella.
2. Lo que se manifiesta y la forma de manifestarse. Pongamos una mesa a dos metros de un espejo. Si acercamos la mesa al espejo, la mesa del espejo (la imagen de la mesa) aumentará de tamaño. Si alejamos la mesa respecto del espejo, la mesa del espejo disminuirá de tamaño. Esta experiencia tan sencilla demuestra la necesidad científica de distinguir, en el ámbito de las relaciones entre cosas, lo que se manifiesta de la forma de manifestarse. El aumento del tamaño de la mesa del espejo es la forma en que se manifiesta la aproximación de la mesa al espejo, mientras que la disminución del tamaño de la mesa del espejo es la forma de manifestarse el alejamiento de la mesa respecto del espejo. Así que el aumento de tamaño de la mesa del espejo no es sólo el aumento del tamaño de la mesa del espejo, sino también la forma fenoménica, la forma de manifestación, de la aproximación de la mesa al espejo. Si en el mundo de las relaciones físicas entre las cosas es necesaria esta distinción fenomenológica, mucho más necesaria lo será en el mundo de las relaciones entre los hombres mediada por los productos del trabajo. Así que cuando Marx estudia el precio como forma fenoménica del valor, no está llevando a cabo ninguna aventura metafísica ni dando un salto en el vacío. Sólo está teniendo en cuenta una necesaria distinción científica. La gran dificultad que tienen los economistas convencionales y los marxistas para comprender acertadamente El Capital de Karl Marx, es que piensan en términos de lógica formal o en términos de lógica dialéctica general. Desconocen por completo la lógica fenoménica, que es la quintaesencia del pensamiento dialéctico de Marx. Ignoran que el concepto de forma fenoménica es la categoría lógica fundamental en El Capital .
3. El Capital y la Semiótica Cualquier investigador en Semiótica, sobre todo aquellos que reflexionan sobre la semiótica del dinero, están obligados a estudiar, cuanto menos, el primer capítulo de El Capital de Karl Marx, que trata de la transformación de la mercancía en dinero, y donde se expone la teoría del valor. Hay que saber que la relación de cambio entre las mercancías es una relación de expresión , esto es, una relación semiótica. Así que en este capítulo de Marx está dada una semiótica, que puede ser desarrollada hasta postulados más generales, y que tiene sus fundamentos en la Fenomenología. También es importante señalar que el concepto de forma y el concepto de valor, que tanta importancia tienen para la Lingüística y la Semiótica, son básicos en el desarrollo teórico del capítulo de El Capital mencionado.
4. El destino histórico de El Capital. La primera popularización de El Capital correspondió a Engels. Pero Engels vulgarizó la dialéctica presente en El Capital, en especial en su libro Anti-Dühring. Después sucedió, desde finales del siglo XIX, que las posibilidades de una revolución socialista, sobre todo en términos de condiciones subjetivas, se trasladaron desde Francia, Inglaterra y Alemania a Rusia, un país semipatriarcal, semifeudal y semicapitalista. A partir de ese entonces el papel desempeñado por Marx fue ocupado por Vladimir Ilích Ulianov. Más del 90 por 100 de los textos del líder de los comunistas rusos son de carácter político. De ahí que los comunistas europeos, encandilados por el genial Vladimir Ilích, dejaran a Marx de lado, y en especial a El Capital. La preparación económica de los comunistas de todo el mundo durante todo el siglo XX cayó en picado, permitiendo que las concepciones económicas liberales dominaran por completo el panorama de las ciencias económicas. Hay, sin embargo, dos textos de Vladimir Ilích sobre economía muy importantes, pero que nunca tuvieron gran importancia ideológica para los comunistas. El primero de esos textos, escrito a finales del siglo XIX, trataba sobre el desarrollo del capitalismo en Rusia, la creación del mercado interno y las transformaciones mercantiles capitalista que se producían en la agricultura. El segundo de esos textos, un par de años antes de que Vladimir Ilích muriera, trata de la Nueva Economía Política que propuso después de visto el fracaso económico que significó el comunismo de guerra. En esa Nueva Economía Política se proponía restaurar las relaciones mercantiles monetarias, y potenciar el pequeño capital y el capitalismo de Estado. Las reformas económicas chinas iniciadas en 1978 tiene su principal precedente teórico en esa Nueva Política Económica diseñada por Vladimir Ilích. Pero después de muerto Vladimir Ilích la importancia del conocimiento económico entre los comunistas decayó a los niveles más bajos, y así fueron derrotado tan fácilmente por los economistas convencionales (capitalistas) y se abrió la ola de las capitulaciones ideológicas entre los intelectuales marxistas. No obstante, Stalin y Mao Zedong hablaron siempre de que los comunistas debían respetar la ley del valor. ¿Y qué significaba para estos dos líderes respetar la ley del valor? Respetar la idea de que el valor de la riqueza está determinado por la cantidad de trabajo socialmente necesario para producirla. Sin embargo, aunque promovían el respeto por la ley del valor, promovieron al mismo tiempo la suspención de las relaciones mercantiles monetarias. Por lo tanto, en la práctica no respetaron la ley del valor. ¿Por qué? Porque el valor sólo existe de forma objetiva en forma de dinero. Sólo si permito que la producción en el socialismo sea una producción mercantil, estoy permitiendo que la ley del valor se manifieste. Pero si prohibo la producción mercantil, entonces en la práctica no estoy respetando la ley del valor.
LA FORMA DE MERCANCIA
Primer juicio: En las sociedades capitalistas la riqueza se presenta como mercancía .
Forma lógica del juicio : A se presenta como B. Este es un juicio de presentación donde hay que distinguir dos lados: por un lado, el objeto que se presenta, y por otro lado, en calidad de que se presenta. Y en el ámbito lingüístico habrá que distinguir igualmente dos lados: por un lado, el nombre del objeto que se presenta, y por otro lado, el sintagma con que expresamos en calidad de que se presenta dicho objeto. Aquí el objeto que se presenta es la riqueza, y se presenta en calidad de mercancía. Esta forma de juicio es muy usada en la vida cotidiana. Dirigiéndonos a un amigo y señalándole a nuestro acompañante le decimos: "este es Juan Sánchez, marido de Ana Ruiz, profesor de Lingüística de la Universidad de La Laguna, y un amigo de la infancia". "Juan Sánchez" es el nombre del objeto que se presenta, y "marido de Ana Ruiz", "profesor de Lingüística de la Universidad de La Laguna" y "un amigo de la infancia" son los sintagmas con que expresamos en calidad de que presentamos a dicho objeto. Cuando decimos que Juan Sánchez lo presentamos en calidad de marido de Ana Ruiz, estamos presentando a Juan Sánchez como miembro de determinadas relaciones sociales. Así que "en calidad de' y "miembro de determinadas relaciones' las tomaremos como expresiones equivalentes.
Contenido del juicio : En las sociedades esclavista y feudal sólo una pequeña parte de la riqueza se producía como mercancía. Mientras que en las sociedades capitalista toda la riqueza se produce como mercancía. Y en las sociedades socialistas, de acuerdo con la experiencia de la Nueve Economía Política elaborada por Vladimir Ilích y con las reformas económica emprendidas en China a partir de 1978, la riqueza se tiene que seguir produciendo como mercancía. Entre los marxistas, después de muerto Vladimir Ilích, se había confundido la forma mercantil de la riqueza con su forma de capital, y el socialismo se entendía en ese sentido: como movimiento conducente a acabar con la forma mercantil de la riqueza. En este consistió la esencia económica del modelo soviético de construcción del socialismo y ahí residió su error y la fuente de su fracaso. Se confundía los mecanismos económicos para desarrollar la producción de riqueza, donde la experiencia ha demostrado que el mercado es superior al plan, con la forma de propiedad de la riqueza, donde la experiencia demuestra que para los intereses de la mayoría la forma socialista es superior a la forma capitalista. Hasta hace poco la electricidad se producía en España como mercancía, pero no como capital. Las industrias productoras de electricidad eran de propiedad del Estado. Pero con la ola de liberalizaciones, estas industrias han pasado a manos privadas, y en vez de producirse la electricidad como un bien socialista se produce como capital. El camino esencial del socialismo no está en luchar contra la forma mercantil de la riqueza, sino en luchar por cambiar su forma capitalista por su forma socialista. La lucha por el socialismo es una lucha que se manifiesta fundamentalmente el ámbito de la propiedad.
No obstante, el capitalismo ha evolucionado de tal manera que todo, absolutamente todo, se quiere producir como mercancía. Así, aspectos de la vida social como el deporte, la fama o la vida privada se producen en la actualidad como mercancías. De manera que el camino del socialismo también se manifestaría como una delimitación de qué aspectos de la vida social se pueden producir como mercancías y qué aspectos no. Hasta la Iglesia Católica ve en los fabulosos sueldos que ganan los futbolistas de elite una enorme injusticia. Pero también los enormes ingresos que reciben las personas de famas en concepto de publicidad y en concepto de ventas de exclusivas a revistas, representan una enorme injusticia. Por lo tanto, el camino del socialismo también exige que se acabe con la forma mercantil que tienen esos aspectos de la vida mencionados anteriormente.
Como la riqueza en las sociedades capitalistas se presenta como mercancía, Marx inicia su investigación analizando la mercancía. Pero la mercancía es un objeto doble: valor de uso y valor. De ahí que lo primero que haga Marx sea proporcionarnos dos conceptos de valor de uso.
EL VALOR DE USO
Segundo juicio: El valor de uso es una cosa que por sus propiedades satisface necesidades humanas de cualquier clase.
Tercer juicio: El valor de uso es una cosa que por sus propiedades puede ser útil en diversos aspectos.
Todos los juicios cuyo operador verbal sea el verbo ser los denominaremos juicios conceptuales. Y en todo concepto debemos distinguir dos lados: el objeto y el contenido. Y en el ámbito lingüístico debemos distinguir también dos lados: el nombre del objeto del concepto y el sintagma con que se expresa el contenido del concepto. Así, en nuestro caso, "valor de uso' es el nombre del objeto del concepto, mientras que "cosa que por sus propiedades puede satisfacer necesidades humanas' y "cosa que por sus propiedades puede ser útil en diversos aspectos' son los sintagmas con que expresamos el contenido del concepto.
Forma lógica del contenido del juicio: una cosa que por ser A, puede ser B. Es muy importante esta distinción, puesto que A y B no desempeñan el mismo papel ni tienen el mismo valor en la elaboración del juicio de concepto. Una cosa no puede ser B si no es A. Sin embargo, una cosa puede ser A sin ser necesariamente B.
La tarea científica, el trabajo propiamente conceptual, debe centrarse en la indagación, análisis y desarrollo del contenido del concepto, y no en el uso caprichoso y arbitrario del nombre del objeto del concepto. Y esta es la primera tarea que hace Marx en El Capital : elaborar el concepto de valor de uso. Y una vez que ha sido elaborado el concepto, el nombre del objeto del concepto (valor de uso) puede circular como categoría, como nombre que ha sido cargado previamente con un contenido conceptual o con un contenido informativo. Y quien no elabore previamente el concepto de valor de uso, empleara el nombre "valor de uso', no como categoría, sino como simple palabra cargada de su significado general. Categoría es el uso que damos al nombre del objeto de un concepto una vez que hemos elaborado su contenido. En este sentido el libro de Baudrillard, Crítica de la economía política del signo, no es categorial, no elabora previamente los conceptos que pone en circulación o los elabora muy deficientemente.
Pero reflexionemos sobre los dos contenidos conceptuales. Empecemos por el segundo: como cada cosa es un conjunto de muchas propiedades, puede ser útil en diversos aspectos. Representemos la lógica de este juicio: como cada cosa es A, puede ser B. Observamos que la lógica de este juicio le asigna a A (las propiedades) y a B (la utilidad) dos papeles distintos. Analicemos esos dos papeles en el ámbito de la dialéctica formal. Primera consideración: una cosa puede ser útil, si tiene propiedades. Si la cosa no tiene propiedades, no puede ser útil. Así, por ejemplo, si un martillo no tuviera ciertas propiedades, como la dureza y una determinada forma física, no sería útil para clavar tachas. Segunda consideración: una cosa puede tener propiedades y no ser útil, por ejemplo, el polvo que recogemos todos los días en nuestras casas. Por lo tanto, las propiedades constituyen la parte independiente del valor de uso, puede existir sin que exista la otra parte, la utilidad. Mientras que la utilidad constituye la parte no independiente del valor de uso, no puede existir si la otra parte no existe, las propiedades. Marx lo expresa así: la utilidad no flota en el aire, condicionada por las propiedades del cuerpo del valor de uso, no existe sin ellas.
Reflexionemos ahora sobre el segundo contenido del concepto: una cosa que por sus propiedades puede satisfacer necesidades humanas. Representemos la lógica de este juicio: una cosa que por ser A, puede ser B. Observamos que la lógica de este juicio le asigna a A (las propiedades) y a B (la satisfacción de necesidades humanas) papeles distintos. Analicemos estos dos papeles en el ámbito de la dialéctica formal. Una cosa sólo satisface necesidades humanas, si tiene propiedades. Si no tiene propiedades, la cosa no puede satisfacer necesidades humanas. Una cosa puede tener propiedades y no satisfacer necesidades humanas, pero nunca una cosa podría satisfacer necesidades humanas si no tuviera propiedades. Así, por ejemplo, una naranja puede satisfacer necesidades alimenticias porque tiene propiedades nutritivas. Por lo tanto, las propiedades constituyen la parte independiente del valor de uso, puede existir sin que exista la otra parte, la satisfacción de las necesidades humanas. Mientras que la satisfacción de las necesidades humanas constituye la parte no independiente del valor de uso, no puede existir si no existe la otra parte, las propiedades.
Vemos pues que el contenido del concepto de valor de uso tiene tres aspectos, partes o momentos: las propiedades, la utilidad y la satisfacción de las necesidades. Uno de esos aspectos, las propiedades, tiene una existencia independiente, mientras que los otros dos, la utilidad y la satisfacción de las necesidades humanas, tienen una existencia dependiente. De ahí que sea erróneo concebir la utilidad como si constituyera una existencia independiente y no como una parte que depende en su existencia de las propiedades. Y ese error lo comete Baudrillard. Y no sólo es que la utilidad de una cosa resida en sus propiedades, sino además que a determinadas propiedades sólo le corresponden determinadas utilidades. Así una naranja sirve como alimento porque tiene propiedades nutritivas, pero no sirve para romper la corteza de una nuez porque carece de la suficiente dureza. Sin embargo, una piedra sirve para romper la corteza de una almendra porque tiene la suficiente dureza, pero no sirve como alimento porque carece de propiedades nutritivas.
Valor ideológico del concepto de valor de uso. Fijémonos en el primer concepto de valor de uso, aquel que dice que es una cosa que por sus propiedades satisface necesidades humanas. Por medio de este contenido podemos definir lo que es un pobre y lo que es un rico. Un trabajador que vive del salario mínimo tiene las necesidades básicas satisfechas, pero sus necesidades superiores y sus necesidades de lujo no las tiene satisfechas. Son personas que tienen tendencia a soñar, a pensar que un día puedan ganar una suma de dinero por medio del juego, y así hacer feliz a su familia. Esperan un golpe de suerte. Y disfrutan de soñar esa posibilidad. Un capitalista es una persona que tiene las necesidades básicas, superiores y de lujo satisfechas. Pero como las necesidades no cesan de multiplicarse, los capitalistas también viven la ansiedad de ganar más y más dinero. Un pobre, sobre todo las miles de personas que mueren a diario de hambre, es una persona que no tiene ni tan siquiera las necesidades básicas satisfechas. Representan la necesidad que se ha enajenado completamente de los medios de satisfacción . Y la necesidad que se ha enajenado completamente de los medios de satisfacción, conduce a quien la padece a la muerte. Los pobres del mundo, las personas que viven en el reino de la necesidad abstracta, no sueñan con un golpe de suerte, sino que su alma se abre de par en par al mayor de los sueños humanos: la existencia de un Dios benefactor que les asegure una vida después de la muerte.
Forma objetiva y subjetiva del concepto de valor de uso. Cuando decimos que el valor de uso es una cosa que por sus propiedades satisface necesidades humanas, estamos definiendo el valor de uso de una manera subjetiva. ¿Pero qué significa elaborar el concepto de valor de uso de una forma subjetiva? Significa que en la definición del objeto introducimos el sujeto, y en el caso que nos ocupa esto queda perfectamente claro: las necesidades y las satisfacciones son aspectos que residen en la persona, en el sujeto, no en el objeto. Mientras que cuando decimos que el valor de uso es una cosa que por sus propiedades puede ser útil, estamos definiendo el valor de uso de una manera objetiva. ¿Pero qué significa aquí elaborar el concepto de valor de uso de una forma objetiva? Significa que en la definición del objeto no introducimos el sujeto, y en el caso que nos ocupa esto queda perfectamente claro: la utilidad es un aspecto que reside en la cosa, en el objeto, no en el sujeto.
Tercer juicio: El valor de uso se realiza únicamente en el uso o en el consumo. Esta distinción entre el ser de una cosa y su realización es muy importante, y tanto en el ámbito económico como en el ámbito filosófico. Esta distinción también se aplica al valor. Se dice que el valor sólo se realiza en el mercado, en el cambio. Esta distinción no es equivalente a la existente entre ser en potencia y ser en acto. Aquí se trata sencillamente de saber que en la esfera del consumo es donde se demuestra que un valor de uso es tal valor de uso, si efectivamente es útil. Al igual que en la esfera del mercado se demuestra si una determinada mercancía es valor, esto es, si el trabajo gastado en producirla es socialmente necesario. Resulta paradójico que a Marx se le atribuya la idea de haber negado el mercado y haber concebido el valor al margen del mercado, cuando en verdad afirmó que sólo en mercado es donde se demuestra si una determinada mercancía tiene valor.
Cuarto juicio: Los valores de uso constituyen el contenido material de la riqueza, cualquiera que sea su forma social. Independientemente de que la riqueza se produzca de forma esclavista, de forma feudal, de forma capitalista o de forma socialista, el contenido material de la riqueza es el mismo: el valor de uso. Con el concepto de valor de uso no podemos saber en que forma social se produce la riqueza. Samuelson y Nordhaus dicen en su libro ECONOMIA: "Dado que los deseos son ilimitados, es importante que una economía saque el mayor provecho de sus recursos limitados, lo cual nos lleva al concepto fundamental de eficiencia. Eficiencia significa utilización de los recursos de la sociedad de la manera más eficaz posible para satisfacer las necesidades y los deseos de los individuos " (La negrita de esta última parte es mía). Si esto fuera cierto, si la economía persiguiera satisfacer las necesidades y los deseos de los individuos, sería una evidencia que el capitalismo no es eficiente. Y por dos razones: primera, porque una gran parte de la población está condenada sólo a satisfacer las necesidades primarias, y segunda, porque cada minuto doce niños mueren de hambre. Es evidente que Samuelson y Nordhaus definen lo que es una economía en términos de valor de uso, esto es, una definición que sería común a cualquier modo de producción, mientras que evitan definirla por su forma social. ¿Y por qué razón afirmo que definen la economía en términos de valor de uso? Porque el contenido conceptual que emplean, la satisfacción de las necesidades de los individuos, pertenece al concepto de valor de uso. Los economistas convencionales quieren definir la economía independientemente de la naturaleza concreta de las relaciones de los hombres en la producción. Esta enajenación llega al extremo de que conciben la explotación del hombre por el hombre como un problema ético y no económico.
El concepto de valor de uso es también muy importante para el socialismo. El socialismo en tanto modelo soviético se entendió como un socialismo pobre, como un socialismo donde los trabajadores tenían limitado al mínimo sus necesidades materiales y condenada totalmente sus necesidades de lujo. La reforma china impulsada por Deng Xiaoping buscaba superar el socialismo pobre y conquistar el socialismo rico, el socialismo donde los trabajadores tengan mayores riquezas y, por lo tanto, mayores satisfacciones. ¿Y por qué esta demanda es justa? Porque la riqueza la producen los trabajadores. El hecho de que en el modelo soviético los trabajadores tuvieran un bajo nivel de vida no se debió a la existencia de una clase capitalista que se apropiara de una enorme plusvalía, sino al hecho de que en la economía total la industria pesada representaba el 70 por 100, mientras que la industria ligera representaba el 30 por 100. Y la vida de las masas, el consumo de la gente, su satisfacción diaria, depende de que la industria ligera ocupe un mayor peso en la economía total. Esta es una de las direcciones que siguió la economía china, aumentar el peso de la industria ligera, aumentar la cantidad, la calidad y la variedad de los bienes de consumo de masas. Y este aumento del consumo, este enriquecimiento de los trabajadores chinos, es interpretado erróneamente desde Occidente como el camino del capitalismo. Y no es así: confunden el capitalismo con el socialismo rico. China no ha cambiado el socialismo por el capitalismo, sino el socialismo pobre por el socialismo rico.
EL VALOR DE CAMBIO
El aparecer . La elaboración del concepto de valor de cambio por parte de Marx se divide en dos fases: primero expone cómo aparece el valor de cambio a primera vista, y después expone cómo aparece cuando lo vemos más de cerca. Y al mirarlo más de cerca, Marx nos demuestra que el valor de cambio es un modo de expresión o forma fenoménica. Más adelante explicaré qué es un modo de expresión o forma fenoménica.
Primera fase. El valor de cambio aparece primero como la proporción en que los valores de uso de un tipo se cambia por los de otro. Pero como esta proporción varía con el tiempo y el lugar, un valor de cambio intrínseco a la mercancía se presenta como una contradicción en el adjetivo . Ilustremos esta idea. Se trata de imaginar un mercado donde la seda se cambia por trigo, el hierro por papel, el oro por zapatos, etcétera. Pero con respecto a la proporción en que se intercambian estos valores de uso, ocurre lo siguiente: en un lugar 1 metro de seda se cambia por 2 kilos de trigo, pero en otro lugar 1 metro de seda se cambia por 3 kilos de trigo; hoy 1 metro de seda se cambia por 2 kilos de trigo, pero mañana en el mismo lugar 1 metro de seda se cambia por 1 kilo de trigo. Como el valor de cambio de 1 metro de seda cambia con el lugar y con el tiempo, pensar que ese metro de seda tiene un valor de cambio intrínseco se presenta como una contradicción en el adjetivo. Puesto que la experiencia nos dice que el valor de cambio es una pura relación externa entre valores de uso, que nada tiene que ver con propiedades inmanentes o intrínsecas. Es así como se ve el valor de cambio a primera vista.
Segunda fase. Miremos el valor de cambio más de cerca. Al mirar el valor de cambio más de cerca, observamos que una misma mercancía se cambia por otras mercancías en las proporciones más diversas . Así, por ejemplo, 1 kilo de trigo se cambia por x betún, y seda, z oro, etcétera. Por lo tanto, el trigo tiene múltiples valores de cambio y no uno sólo. Pero como x betún, y seda y z oro son el valor de cambio de 1 kilo de trigo, entonces x betún, y seda y z oro son valores de cambio sustituibles unos por otros o de magnitud igual entre sí. De ahí deducimos dos cosas: una, que los valores de cambio válidos de la misma mercancía expresan la misma cosa, y dos, que el valor de cambio es un modo de expresión (o forma fenoménica) de un contenido que debemos distinguir de él. Esta es la conclusión a la que llegamos cuando miramos las cosas más de cerca: la relación de cambio entre las mercancías es una relación de expresión. De modo que la primera tarea a realizar a continuación será distinguir cuál es el contenido que se expresa en la relación de cambio entre las mercancías. Es el mismo problema que se nos planteaba cuando vimos la distinción filosófica entre lo que se manifiesta y la forma de manifestación, cuando hablábamos de la mesa y de su reflejo en el espejo. Veíamos que la mesa del espejo aumentaba y disminuía de tamaño, pero llegábamos a la conclusión de que ese aumento y disminución de la mesa del espejo eran formas fenoménicas, y que en consecuencia había que distinguir unos contenidos distintos de ellas. Uno de esos contenidos era la aproximación del espejo a la mesa, y el otro el alejamiento de la mesa respecto del espejo. Lo mismo hay que hacer en el caso de la relación de cambio entre las mercancías: cuando decimos que un metro de tela se cambia o vale 2 kilos de trigo, 2 kilos de trigo es una forma fenoménica. Y por lo tanto, la tarea a realizar será descubrir el contenido de esta forma fenoménica.
Esta conclusión tiene consecuencias muy importantes para la Semiótica, puesto que la relación de expresión es la primera y la más básica de las relaciones semióticas, que no debe confundirse con la relación referencial o con la relación de significación. La relación que se da entre el espejo y los objetos que refleja es una relación de expresión. También es una relación de expresión la que se da entre los órganos de los sentidos y los objetos del mundo exterior. Sólo hay que tener en cuenta que la relación de cambio entre los valores de uso es un caso particular de forma fenoménica o modo de expresión. Pero repito lo que es fundamental para la Semiótica: la relación de cambio entre los valores de uso es una relación semiótica, en concreto, una relación de expresión.
Del aparecer al representar. Hemos visto que el valor de cambio es un modo de expresión y que, por lo tanto, la primera tarea a realizar es distinguir o descubrir el contenido expresado. Pero para distinguir este contenido hemos de pasar del aparecer del valor de cambio a representarlo por medio de una ecuación. Tomemos una de las relaciones de cambio vistas anteriormente, por ejemplo, 1 metro de tela se cambia por 2 kilos de trigo. Esta relación de cambio se puede representar por medio de una ecuación, donde se equiparan 1 metro de tela con dos kilos de trigos. Así tenemos que 1metro de tela = 2 kilos de trigo. ¿Qué nos dice esta ecuación? Que en dos cosas diferentes, en 1 metro de tela y en 2 kilos de trigo, existe algo de común y de la misma magnitud. Hay que tener en cuenta que la base de la ecuación es tela = trigo. Por lo tanto, lo primero que hay que hacer es descubrir lo que hay de común en la tela y en el trigo. Y para saber lo que hay de común en la tela y en el trigo, tendremos que restar o abstraer lo que hay de diferente en el trigo y en la tela.
Del representar al proceso de abstracción. Surge el problema de saber qué debemos abstraer en la relación de cambio. Y esto sólo nos lo puede decir la propia relación de cambio entre los valores de uso. Lo que caracteriza el valor de cambio es precisamente la abstracción del valor de uso. Dentro de ella, un valor de uso vale tanto como cualquier otro, aunque sólo si existe en la proporción suficiente. Al analizar la ecuación vemos que la seda y el trigo son valores de uso cualitativamente diferentes, esto es, tienen distintas propiedades y distintas utilidades. Pero el problema es saber qué tienen de común la seda y el trigo. Por lo tanto, de la seda y del trigo debemos restar o abstraer su valor de uso, para ver cuál es el resto que obtenemos. Si a la mercancía le restamos su valor de uso, sólo nos queda la propiedad de que es un producto del trabajo. (Mercancía – valor de uso = producto del trabajo) (M – VU = Pt). Si en esta ecuación despejamos la mercancía, obtenemos que la mercancía es el valor de uso más el producto del trabajo. (M = VU + Pt). Esta es la primera conclusión a la que llegamos, que la mercancía es un objeto doble: valor de uso y producto del trabajo.
Pero el proceso de abstracción no es tan simple como aparece en este primer paso. Detallemos el proceso de abstracción. Si de la tela restamos o abstraemos su valor de uso, abstraemos las propiedades y la utilidad de la tela. Pero la utilidad de la tela es obra del trabajo útil del tejedor. De manera que en la utilidad de la tela está representado el trabajo útil del tejedor. Por lo tanto, si de la tela hacemos abstracción de su utilidad, hacemos abstracción del trabajo útil del tejedor. Lo mismo ocurre con el trigo: al hacer abstracción de la utilidad del trigo, hacemos abstracción del trabajo útil del agricultor. Miremos ahora a la tela y al trigo después de haber llegado a esta fase de abstracción: se han disuelto sus propiedades sensibles, han desaparecido las propiedades y las utilidades que los diferenciaba, pero también han desaparecido el trabajo útil del tejedor y el trabajo útil del agricultor. ¿Qué nos queda entonces? Sólo nos queda el hecho de que en la tela y en el trigo se ha gastado fuerza de trabajo humana (gasto de nervios, músculos, cerebro, etcétera) sin tener en cuenta la forma de su gasto . Ahora la tela y el trigo sólo representan el hecho de que en ellos se ha gastado fuerza de trabajo humana sin tener en cuenta la forma de su gasto, esto es, sin tener en cuenta si se gasta en forma de tejeduría o en forma agrícola. Dicho de otro forma: la tela y el trigo representan el hecho de que en ellos se ha acumulado trabajo humano abstracto, esto es, gasto de fuerza de trabajo humana sin tener en cuenta la forma de su gasto. Lo que nos dice ahora la ecuación, después de haber realizado el proceso de abstracción, es lo siguiente: en un 1 metro de tela se ha gastado la misma cantidad de fuerza de trabajo humana que en 2 kilos de trigo. Como cristalizaciones de esta sustancia social común a ellas, como cristalizaciones de trabajo humano abstracto, son valores, valores de mercancías. Por lo tanto, un valor de uso o un bien sólo tiene valor porque se ha cristalizado en él trabajo humano abstracto.
Forma lógica del juicio. El valor de una mercancía es el trabajo humano abstracto acumulado en ella. A es B. Esto es un juicio de concepto, donde debemos distinguir el nombre del objeto del concepto, "el valor', y el sintagma con que expresamos el contenido del concepto, "trabajo humano abstracto acumulado'. Lo único que hay que destacar aquí es que este concepto no ha sido obtenido de modo inmediato, recurriendo a la percepción, como ocurría en el caso del concepto de valor de uso, sino que lo hemos obtenido mediante un proceso de abstracción. Aunque el punto de partida fue también un hecho perceptivo: el aparecer del valor de cambio.
La medida del valor. Habíamos dicho que un valor de uso tiene valor porque se ha objetivado en él trabajo humano abstracto. ¿Cómo medimos entonces la magnitud del valor de una mercancía? Mediante la cantidad de trabajo acumulado en la mercancía. ¿Y cómo medimos la cantidad de trabajo acumulado en la mercancía? Mediante la duración del trabajo. ¿Y cómo medimos la duración del trabajo? Mediante unidades de tiempo: horas, días, semanas, meses, etcétera. Dicho en camino inverso: por medio de unidades de tiempo (horas) mido la duración del trabajo; y mediante la duración del trabajo mido el trabajo acumulado o la fuerza de trabajo humana gastada. Entre los marxistas y no marxistas es habitual confundir la sustancia del valor con su medida. La sustancia del valor es la cantidad de trabajo acumulada en la mercancía o el trabajo gastado en su producción, mientras que la duración del trabado es el medio por el que medimos dicho gasto.
Trabajo individual y trabajo social. Si el valor de una mercancía viene determinado por la cantidad de trabajo gastada en su producción, cuanto más holgazana y menos diestra sea una persona, más valor tendrá su mercancía, puesto que consume más tiempo en su elaboración. Pero el trabajo que constituye la sustancia del valor de las mercancías es trabajo humano igual, gasto de la misma fuerza de trabajo. Toda la fuerza de trabajo de la sociedad que se representa en los valores del mundo de las mercancías rige aquí como una sola y la misma fuerza de trabajo , aunque conste de numerosas fuerzas de trabajo individuales. Es aquí muy importante el concepto de "regir como'. Es cierto que la fuerza de trabajo es individual, pero también es evidente que todas las fuerzas de trabajo son iguales en el sentido de que todas representan gasto de nervios, músculos, cerebro, etcétera. De ahí que la fuerza de trabajo representada en los valores de las mercancías rija como una y la misma fuerza de trabajo. Marx pone el siguiente ejemplo: Un tejedor manual emplea 1 hora de trabajo en transformar 100 metro de hilo en tela. Pero con la introducción del telar a vapor se requiere sólo ½ hora de trabajo para transformar 100 metros de hilo en tela. El tejedor manual, atado al viejo método de producción, seguirá necesitando 1 hora de trabajo para transformar 100 metros de hilo en tela, pero su hora de trabajo individual, después de la introducción del telar a vapor, representa solamente ½ hora de trabajo social. Es evidente, por lo tanto, que en la consideración de los valores de las mercancías toda la fuerza de trabajo de la sociedad rige como una y la misma fuerza de trabajo. Esta representación se hace todavía más evidente cuando en vez de considerar a la sociedad en su conjunto, consideramos a una persona que vive sola en una isla. Trabaja dos horas de pescador, dos horas de agricultor, dos horas de cocinero y dos horas de carpintero. Es obvio que pescar, cultivar la tierra, cocinar y fabricar muebles son actividades productivas diferentes, pero también es obvio que son formas distintas de gastar una y la misma fuerza de trabajo. La diferencia está, y es la causa de la dificultad de esa representación, en que en un caso, en el de la isla, son funciones de un mismo individuo, mientras que en el otro caso, en el de la sociedad, son funciones de individuos distintos. Así que únicamente el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de un valor de uso determina su magnitud de valor. Tiempo de trabajo socialmente necesario es el tiempo de trabajo requerido para representar cualquier valor de uso con las existentes condiciones de producción socialmente normales y el grado medio de habilidad e intensidad de trabajo . Dicho de forma más corriente: tiempo de trabajo socialmente necesario es el tiempo que necesita la sociedad para producir la riqueza.
Reflexionemos un poco más sobre las diferencias entre el trabajo individual y el trabajo social. Al imponerse las condiciones sociales medias de producción, las que establece el método de producción basado en el telar a vapor, la magnitud del valor de los 100 metros de hilo transformado en tela por el trabajador manual y la del valor de los 100 metros de hilo transformado en tela por el obrero colectivo mediante el telar a vapor, es la misma: ½ hora de trabajo social. Pero el trabajo individual contenido en los 100 metros hilo transformado en tela por el trabajador manual y el trabajo colectivo contenido en los 100 metros de hilo transformado en tela por el obrero colectivo son distintos: en el primero hay contenido 1 hora de trabajo y en el segundo hay contenido ½ hora de trabajo. Esta distinción es muy importante para el estudio del comercio internacional, y que Samir Amin interpretó erróneamente como intercambio de valores desiguales. En el mercado mundial se impone las condiciones sociales medias de producción, que no son sino las condiciones sociales medias de los países más avanzados. Por lo tanto, en el mercado mundial también se impone el intercambio de valores iguales, aunque los contenidos de trabajo nacionales sean distintos para los mismos valores. Es decir, se intercambian los mismos valores pero distintos trabajos nacionales. De ahí la necesidad ineludible que tienen los países económicamente más atrasados de proteger su agricultura, industria, comercio y finanzas nacionales, si no quieren ser explotados por los países más avanzados. CARÁCTER DOBLE DEL TRABAJO REPRESENTADO EN LA MERCANCÍA
El valor representativo de las mercancías. Hasta aquí hemos estudiado la mercancía en sí misma, ahora la analizaremos por su valor representativo, derivado de que su existencia está mediada por el trabajo. Al igual que la mercancía es una unidad doble, valor de uso y valor, del mismo modo el trabajo que crea la mercancía tiene un carácter doble. El trabajo representado en el valor de uso no tiene las mismas características que el trabajo en cuanto constituye la sustancia del valor. Para aclarar más estas diferencias volvamos al ejemplo inicial. Tomemos esas dos mercancías: 1 metro de tela se cambia por 2 kilos de trigo. La tela es un valor de uso que satisface una necesidad particular. Para producirla se requiere un tipo de terminado de actividad productiva. Esta viene determinada por su fin, su modo de operar, sus medios, su objeto y su resultado. Llamaremos trabajo útil al trabajo cuya utilidad se presenta en el hecho de que su producto es un valor de uso. El trabajo del tejedor es un trabajo útil en la medida en que en su producto, la tela, es un valor de uso. (Recuerdo que no debe confundirse el ser de una cosa con su realización. Aquí hablamos sólo del ser del valor de uso, no de su realización) Del mismo modo que la tela y el trigo son valores de uso cualitativamente diferentes, también son cualitativamente diferentes los trabajos que les dan existencia. Si estos objetos no fueran valores de uso cualitativamente diferentes, tampoco podrían enfrentarse como mercancías. 1 metro de seda no se cambia por 1 metro de seda, un valor de uso por el mismo valor de uso. Por lo tanto, para que dos objetos se enfrenten como mercancías, tienen que ser valores de uso cualitativamente diferentes.
Escuchemos, a este respecto, a Baudrillard en su trabajo Más allá del valor de uso : "Si el principio del intercambio y el principio de utilidad tienen tal afinidad, es porque, opuestamente a lo que dice Marx de la icomparabilidad de los valores de uso, la lógica de la equivalencia está ya toda entera en la utilidad". Marx no dice que los valores de uso sean incomparables, sino que los valores de uso que se intercambian deben ser cualitativamente diferentes, que nadie cambia un valor de uso por el mismo valor de uso. Todos los valores de uso en cuanto valores de uso son comparables, como son comparables todas las mesas en cuanto mesas, y los coches en cuanto coches, etcétera. Esta es una de las "habilidades" especulativas de Baudrillard: atribuirle a Marx una cosa que él no ha dicho, que los valores de uso no son comparables, para después criticarlo sin saberse con qué finalidad. De todos modos, con lo dicho hasta aquí podemos concluir que en el valor de uso de toda mercancía se encierra una determinada actividad productiva conforme a un fin, esto es, trabajo útil. De manera que los valores de uso además de tener un valor en sí mismo como tales valores de uso, tienen un valor representativo: representan el trabajo útil . Así que la mesa representa el trabajo útil del carpintero, la paella el trabajo útil del cocinero, la acera limpia el trabajo útil del barrendero, etcétera.
En calidad de valores, seda y trigo son objetos de idéntica sustancia, expresiones objetivas de un trabajo idéntico. Más tejeduría y agricultura son trabajos cualitativamente diferentes. Pero aunque tejeduría y agricultura sean trabajos cualitativamente diferentes, son ambos gasto productivo de cerebro, músculos, nervios, etcétera, humanos, y en este sentido son ambos trabajo humano. No son más que dos formas distintas de gastar fuerza de trabajo humana. En suma, tejeduría y agricultura son elementos constitutivos de los valores de usos seda y trigo precisamente por sus cualidades diferentes. Pero sólo son sustancias del valor de la seda y del trigo en tanto se hace abstracción de su calidad particular, y ambos poseen la misma cualidad, la de ser trabajo humano abstracto. De manera que las mercancías en tanto valores tienen un valor representativo: representan el trabajo humano abstracto, esto es, el gasto de la fuerza de trabajo.
Por un lado, todo trabajo es gasto de fuerza de trabajo humana en sentido fisiológico, y en esta calidad de trabajo humano igual o de trabajo abstractamente humano constituye el valor de las mercancías. Por otro lado, todo trabajo es gasto de fuerza de trabajo humana en forma específica y determinada por su fin, y en esta calidad de trabajo útil concreto produce valores de uso.
Contenido ideológico del valor representativo de las mercancías. En el muelle deportivo de un municipio turístico veo a la familia Ramírez disfrutar de un hermoso yate. El precio de mercado de este espléndido yate es de 12 millones de euros. Ante semejante hecho un capitalista se expresaría del siguiente modo: "ese hombre ha sabido hacerlo bien, ha trabajado duro, ha sido listo y se lo merece en justicia. Lo que sucede es que vivimos en una sociedad de envidiosos, y en vez de tratar de imitar el genio del señor Ramírez lo que hacemos es dudar que haya adquirido esa riqueza de modo legal y como fruto de su duro e inteligente trabajo". Si fuera Veblen quien contemplara el yate, tal vez opinaría del siguiente modo: "la familia Ramírez usa el yate como ostentación, como signo para diferenciarse de los miembros de las clases oprimidas". Sin embargo, si lo viera un marxista, su opinión sería esta otra: primero se fijaría en el valor representativo de su valor de uso, y diría que en ese yate hay encerrado muchos y variados trabajos útiles: los del carpintero, del electricista, del ingeniero, del fontanero, etcétera. Después se fijaría en su valor, esto es, en su precio: 12 millones de euros. Siguiendo el consejo de Samuelson y Nordhaus atravesaría el velo del dinero y diría: con 12 millones de euros se pueden comprar 72 viviendas urbanas de 90 metros cuadrados. De manera que el yate vale 72 viviendas urbanas de 90 metros cuadrados. Así apreciamos de modo sensible el valor del yate. Y no pueden imaginarse hasta que punto se torna sensible. Pensemos en esos matrimonios de trabajadores, donde trabajan hombre y mujer, que después de haber estado trabajando más de 40 años, tienen al final de sus vidas una vivienda de 90 metros cuadrados y una pensión de mala muerte. Es decir, el dueño del yate tiene en sus manos un valor equivalente al trabajo de 144 personas al cabo de 40 años. Esto es lo que vería un marxista en el ostentoso yate en cuanto valor: el trabajo de 144 personas durante cuarenta años. Y le surgiría una duda: por muy cualificada que sea la fuerza de trabajo del señor Ramírez, es inexplicable que el valor de su fuerza de trabajo durante 10 años sea equivalente al trabajo de 144 personas durante 40 años. De manera que la única explicación posible es la siguiente: que el señor Ramírez, gracias a las relaciones de producción capitalista, ha podido apropiarse de una enorme cantidad de trabajo ajeno, del trabajo de 40 años de 144 trabajadores. Es evidente que el ostentoso yate se ha vuelto tremendamente ideológico. LA FORMA DEL VALOR
Partimos del valor de cambio y llegamos a la conclusión de que era un modo de expresión o forma fenoménica. Surgió entonces la necesidad de descubrir cuál era el contenido de ese modo de expresión, y llegamos a la conclusión de que era el valor. Después analizamos el valor. Ahora tenemos que retornar a la forma del valor, esto es, al valor de cambio . El valor concebido como la cantidad de trabajo socialmente necesario para producir una mercancía es el valor en su forma natural. Tenemos que representárnoslo como una propiedad inmanente a la mercancía. Y como es inmanente, esto es, no trascendente, carece de forma objetiva. En palabras de Marx: "De ahí que se le puedan dar las vueltas que se quiera a una mercancía, mas como cosa de valor permanece inasequible". Las mercancías sólo poseen objetividad del valor en tanto son expresión de la misma unidad social, del trabajo humano. Por lo tanto, su objetividad de valor es puramente social. De manera que la objetividad del valor sólo pueda presentarse en la relación de cambio de una mercancía con otra. Todo el mundo sabe que las todas las mercancías tienen una forma de valor que contrasta con sus multicolores formas naturales, y que es común a todas: el dinero. Así se hace en economía: el valor de todos los bienes y servicios se expresa en dinero. Se trata, según Marx, de demostrar la génesis del dinero, esto es, de seguir el desarrollo de la forma del valor desde su figura más simple hasta la deslumbrante forma del dinero. Podemos también expresar esta tarea en términos hegelianos: se trata de que el valor, que existe de forma inmanente y unido al valor de uso, se independice del valor de uso, se objetive y se sustantive frente a él.
FORMA SIMPLE O INDIVIDUAL DEL VALOR
1 metro de tela = 2 kilos de trigo. Esta ecuación, con la que representamos la relación de cambio entre esas dos mercancías, puede transformarse en una pregunta y en una respuesta. Pregunta: ¿cuánto vale 1 metro de tela? Respuesta: 2 kilos de trigo. De esta manera hacemos más evidente que las dos mercancías no desempeñan el mismo papel. La seda desempeña un papel activo, puesto que es la mercancía que expresa su valor . Mientras que el trigo desempeña un papel pasivo, puesto que es la mercancía que sirve de material de expresión del valor de la tela. Pues bien, de la mercancía que expresa su valor, diremos que está en forma relativa de valor , y de la mercancía que sirve de material de expresión de la otra diremos que se encuentra en forma equivalente de valor. Por lo tanto, la forma del valor o valor de cambio incluye dos formas de valor: la relativa y la equivalente. Baudrillard erróneamente concibe la relación de cambio entre las mercancías sólo como una relación de equivalencia. Es obvio que una mercancía necesita expresar su valor, pero no puede expresar su valor en sí misma. No podemos decir que 1 metro de tela vale 1 metro de tela, pues así estamos expresando lo contrario, que 1 metro de tela no es más que 1 metro tela. La tela sólo puede expresar su valor de forma relativa, esto es, en otra mercancía. Por lo tanto, la forma relativa de valor presupone que otra mercancía se halle frente a ella en forma equivalente. Y a la inversa, ninguna mercancía puede estar en forma equivalente si otra mercancía no se encuentra frente a ella en forma relativa. Por lo tanto, forma relativa de valor y forma equivalente de valor son dos momentos de la expresión del valor, se pertenecen el uno al otro, cada uno existe por medio del otro, y se excluyen polarmente. Es evidente que la ecuación 1 metro de tela = 2 kilos de trigo incluye la contraria: 2 kilos de trigo = 1 metro de tela. Pero si hacemos eso, será entonces el trigo la mercancía que esté en forma relativa de valor, mientras que la tela se encontrará en forma equivalente. Pero nunca podrá suceder que una misma mercancía se encuentre simultáneamente bajo las dos formas.
Consecuencia semiótica. La relación de cambio entre mercancías constituye un caso particular de modo de expresión. Así que sobre la base de este caso particular podemos atrevernos a definir lo que es un modo de expresión en general. Hay modo de expresión cuando dos objetos entran en una relación de expresión, donde uno de ellos es el objeto que se expresa y el otro sirve de material de expresión. (He elaborado un pequeño Tratado de Semiótica donde desarrollo en todos sus detalles el concepto de modo de expresión. Dicho tratado se encuentra publicado en el ARCHIVO VIRTUAL DE SEMIOTICIANS con el título "Reflexiones sobre Semiótica")
Contenido de la forma relativa del valor. Volvamos a nuestro ejemplo. 1 metro de tela se cambia por 2 kilos de trigo. Recordemos que esta relación de cambio se puede representar por medio de una ecuación: 1 metro de tela = 2 kilos de trigo. Pero para comparar dos magnitudes de cosas distintas, hay que reducirlas primero a la misma unidad . Deben ser concebidas como objetos de la misma índole, y pueden concebirse así porque efectivamente son de la misma índole, esto es, valores. Así que la base de la ecuación es tela = trigo. Las dos mercancías desempeñan papeles distintos. Sólo se expresa el valor de la tela. ¿Y cómo? Mediante su relación con el trigo en calidad de equivalente suyo. En esta relación el trigo figura como forma de existencia del valor o como cuerpo de valor . Esta noción es muy importante para comprender el análisis de las formas del valor. Así que entremos en detalles. Empecemos con un ejemplo del mundo religioso. Nosotros podemos considerar a Jesucristo como un personaje histórico real sin más, como podemos considerar el trigo como un valor de uso sin más. Pero de acuerdo con la representación religiosa cristiana, podemos ver en Jesucristo, no sólo ni fundamentalmente un personaje histórico, sino la forma de existencia sensible de Dios. Así se presenta Jesucristo ante el cristiano: como Dios hecho hombre. Dios es una sustancia espiritual y, por consiguiente, imperceptible. Necesita, por lo tanto, volverse sensible, objetivo, perceptible. Y Jesucristo representa esa objetivación sensible. En suma, a Jesucristo lo podemos concebir de dos modos: por un lado, en sí mismo, en tanto personaje histórico de carne y hueso, y por otro lado, como forma fenoménica de Dios. Del mismo modo el valor de la tela es una sustancia social y, por lo tanto, imperceptible. Necesita objetivarse, volverse sensible. Y esto sólo puede hacerlo relacionándose con otra mercancía en calidad de equivalente suyo, por ejemplo, con el trigo. Y así, en su relación de cambio con la tela, el trigo existe como forma sensible del valor de la tela. No figura como valor de uso, sino que su valor de uso figura como forma de existencia del valor, del mismo modo que Jesucristo figura como forma de existencia de Dios. Lo mismo ocurre con la palabra: podemos concebirla en si misma, como valor referencial sonoro sin más, o como significante, esto es, como forma de existencia sensible del significado.
Las tres particularidades del contenido de la forma equivalente del valor. La tela al expresar su valor en el trigo, le imprime al trigo su forma de valor particular, la de equivalente. La tela saca a relucir su valor mediante el hecho de que el trigo equivale a ella. La forma de equivalente de una mercancía es, por consiguiente, la forma de su inmediata intercambiabilidad por otra mercancía. Hemos visto que la tela al expresar su valor en el trigo, le imprime a esta última su forma de valor particular, la de equivalente. Pues bien, la primera particularidad de la forma de equivalente es ésta: el valor de uso se convierte en forma fenoménica del valor . Para ilustrar esta primera particularidad Marx recurre a un ejemplo muy interesante. Una manzana es pesada y tiene, por lo tanto, peso. Pero no se puede ver ni tocar el peso de la manzana. Por lo tanto, a la manzana le pasa lo que a la tela con su valor, que no puede expresar su peso en sí misma, sino que tiene que expresarlo en otro cuerpo. Tomemos entonces diversos trozos de hierro cuyo peso se ha determinado previamente. Para expresar el peso de la manzana lo ponemos, por medio de una balanza, en relación con los trozos de hierro. En esta relación el hierro figura como un cuerpo que sólo representa peso. Dicho en términos fenomenológicos: en esta relación el cuerpo del hierro se presenta como forma fenoménica del peso. Si la manzana y el hierro no fueran ambos pesados, el uno no podría servir de expresión del peso de la otra. Si ponemos la manzana y el hierro en el platillo de la balanza, vemos que en cuanto peso son lo mismo y que en cierta proporción pesan lo mismo. Del mismo modo, por una parte, el trigo en su relación con la tela figura como cosa que sólo representa valor, y por otra parte, en cierta proporción tienen la misma magnitud de valor. Por lo tanto, se ha demostrado que la primera particularidad de la forma equivalente estriba en que el valor de uso se convierte en forma fenoménica del valor.
Intrínseco y extrínseco. Dice Marx: " Las propiedades de una cosa no surgen de su relación con otras cosas, sino que más bien se limitan a actuar en tal relación ". La propiedad de ser pesada de la manzana no brota de su relación con el hierro, sino que la tiene independientemente de esa relación. Tampoco la magnitud del peso de la manzana viene determinada por su relación con el hierro, sino que es independientemente de esa relación. Es la magnitud del peso de la manzana quien determina la cantidad de hierro que expresa esa magnitud. Lo mismo sucede en la relación de cambio entre las mercancías. La propiedad de ser valor de la tela no brota de su relación con el trigo, sino que la tiene independientemente de esa relación. Tampoco la magnitud del valor de la tela viene determinada por su relación con el trigo, sino que viene determinada independientemente de esa relación. Es la magnitud del valor de la tela quien determina la cantidad de trigo que expresa esa magnitud. En suma, del mismo modo que no podemos confundir el peso de la manzana con su expresión por medio del hierro, tampoco debemos confundir el valor de la tela con su expresión por medio del trigo. Es evidente, por lo tanto, que el valor de la tela es intrínseco a la tela.
Segunda particularidad de la forma de equivalente . El cuerpo de la mercancía que sirve de equivalente, el trigo, por una parte, es producto de un trabajo útil determinado, el de agricultura, y por otra parte, en su relación con la tela figura como encarnación de trabajo humano abstracto. Por lo tanto, este trabajo concreto deviene expresión del trabajo humano abstracto. Tanto en forma de tejeduría, el trabajo útil que crea la tela, como en forma de agricultura, el trabajo útil que crea el trigo, se gasta fuerza de trabajo humana. Nada de esto es misterioso. Lo que sucede es que en la relación de la tela con el trigo las cosas se presentan al revés. Para expresar que el tejer constituye el valor de la tela en su propiedad general de trabajo humano, se le contrapone la agricultura en calidad de forma sensible de realización de trabajo humano abstracto. Por lo tanto, la segunda particularidad de la forma de equivalente estriba en que el trabajo concreto se convierte en forma fenoménica del trabajo humano abstracto.
Tercera particularidad de la forma de equivalente. Al figurar este trabajo concreto, el agrícola, como expresión de trabajo humano indiferenciado , posee la forma de igualación con el otro trabajo, el de tejeduría . Y por eso, aunque trabajo privado, es trabajo en forma social directa . Así, pues, la tercera particularidad de la forma de equivalente consiste en que el trabajo privado devenga forma del trabajo social directo .
Resumamos las tres particularidades de la forma de equivalente: primera, el valor de uso se convierte en forma fenoménica del valor, segunda, el trabajo concreto deviene forma sensible de realización del trabajo humano abstracto, y tercera, el trabajo privado deviene forma del trabajo social directo.
Insuficiencia de la forma simple del valor. Marx llama a la forma simple del valor forma germinal del valor. ¿Por qué? Porque esta forma tiene que experimentar aún una serie de metamorfosis, esto es, una serie de cambios de formas, hasta concluir en la forma dinero. La forma acabada del valor sería aquella donde la tela pudiera representar, por una parte, su igualdad cualitativa con el resto de las mercancías, y por otra parte, su proporcionalidad cuantitativa con el resto de las mercancías . Pero en la forma simple del valor este objetivo no se logra, pues la tela lo único que representa es su igualdad con el trigo.
FORMA DESARROLLADA O TOTAL DEL VALOR
En la forma desarrollada del valor no vemos ya el intercambio fortuito y ocasional entre una mercancía individual y otra mercancía individual, sino lo que vemos es que cada mercancía se cambia con una serie de otras mercancías. Esta forma del valor corresponde históricamente a un estadio donde en el mercado hay un intercambio habitual y regular de distintas especies de mercancías. Representado por medio de ecuaciones tenemos: 1 metro de tela = 2 kilos de trigo, o 1 metro de tela = 20 gramos de oro, o 1 metro de tela = 4 kilos de café, etcétera.
1. Forma relativa desarrollada del valor. El valor de una mercancía, el de la tela, se expresa ahora en todas las mercancías presentes en el mercado. Se refleja, como en un espejo, en cualquier otra mercancía. El valor se presenta así por primera vez como cristalización de trabajo humano indiferenciado. ¿Por qué? Porque el trabajo que crea el valor de la tela equivale a cualquier otro trabajo humano, tenga la forma natural que tenga. Ya se objetive el trabajo humano en forma de trigo, en forma de oro, o en forma de café, en todos los casos equivale al trabajo que crea el valor de la tela. El hecho de que la tela pueda expresar su valor en cualquier otro valor de uso, implica que al valor le es indiferente el valor de uso en el que exista. Al igual que al peso, por ejemplo 3 kilos, le es indiferente el cuerpo en el que exista: en hierro, en pan, en madera, en paja, etcétera. A los niños les cuesta mantener la representación de la indiferencia de las sustancias respecto de los cuerpos en los que puedan existir. Así que cuando les preguntamos qué pesa más, si un kilo de hierro o un kilo de paja, nos responden: 1 kilo de hierro. No mantienen la representación del peso independientemente del cuerpo en el que exista. Una misma magnitud de valor, por ejemplo, 8 horas de trabajo social medio, puede existir en forma de 1 metro de tela, de 2 kilos de trigo, de 20 gramos de oro, de 4 kilos de café, etcétera. En este estadio de desarrollo, el que corresponde a la forma relativa desarrollada del valor, el valor ha logrado dar un paso más en su independencia y objetivación frente al valor de uso.
2. Forma particular de equivalente. En el estadio de la forma desarrollada del valor, todas las mercancías desempeñan la forma de equivalente, puesto que todas sirven para expresar el valor de la tela. Así que cada una de estas mercancías es una forma particular de equivalente junto a otras formas particulares de equivalentes. A la forma relativa desarrollada del valor de una mercancía corresponde la forma de equivalente particular del resto de las mercancías. También es importante señalar aquí que los trabajo útiles, concretos, contenidos en las mercancías que se encuentran en forma de equivalente, figuran como formas particulares de realización del trabajo humano.
3. Defectos de la forma desarrollada del valor. Primer defecto: La expresión relativa del valor de la mercancía es incompleta. ¿Por qué? Porque su serie nunca se cierra. Con cada nueva mercancía que entra en el mercado, tenemos otra nueva expresión relativa del valor de la tela. Segundo defecto: Como la forma natural (forma de valor de uso) del trigo, del oro, del café, etcétera es una forma particular de equivalente junto a muchas otras, no existen más que formas limitadas de equivalentes que se excluyen mútuamente . Y tercero: El tipo de trabajo útil contenido en cada equivalente particular de mercancía es una manifestación particular y no exhaustiva del trabajo humano . Se podría decir que el valor de la tela tiene su forma de manifestación completa en el conjunto de esas formas particulares de manifestación, en el del trigo, oro, café, etcétera. Pero así carece de forma fenoménica unitaria .
FORMA GENERAL DEL VALOR
Recordemos que la forma total o desarrollada del valor contiene la serie de ecuaciones siguientes:
1 metro de tela = 2 kilos de trigo
1 metro de tela = 20 gramos de oro
1 metro de tela = 4 kilos de café
Si un mercader expresa el valor de su mercancía, la tela, en una serie de otras mercancías, en el trigo, el oro y el café, entonces los dueños de estas otras mercancías expresan el valor de las suyas en la tela. Así que invirtiendo estas ecuaciones tenemos que:
2 kilos de trigo = 1 metro de tela
20 gramos de oro = 1 metro de tela
4 kilos de café = 1 metro de tela
Al invertir aquellas ecuaciones ha cambiado el carácter de la forma de valor. Las mercancías expresan ahora su valor de una manera simple y unitaria . ¿Por qué las mercancías trigo, oro y café expresan sus valores de una manera simple? Porque lo hacen en una sola mercancía. ¿Y por qué lo expresan de manera unitaria? Porque lo hacen en la misma mercancía. Hay que tener en cuenta que un grupo de mercancías puede expresar su valor, por ejemplo, sólo en la tela, y otro grupo puede hacerlo sólo en cabezas de ganado. Las mercancías expresarían ahora su valor de una manera simple, porque lo hacen en una sola especie de mercancías; pero no expresarían su valor de manera unitaria, porque un grupo lo hace en la tela y el otro en cabezas de ganado.
Recuento de las distintas formas del valor . La forma individual del valor corresponde al estadio histórico donde los productos del trabajo se transforman en mercancías mediante el cambio fortuito y ocasional . Corresponde a una época en la evolución de la humanidad donde las distintas comunidades apenas tenían contactos entre sí. Sólo una parte muy pequeña de los productos del trabajo, tanto en términos de variedad como de cantidad, se cambiaban como mercancías. Bajo esta forma, la de la forma individual del valor, la tela sólo es capaz de distinguir su valor de su propio valor de uso, pero no lo distingue de la totalidad de los valores de uso o de cualquier otro valor de uso. La forma desarrollada del valor corresponde al estadio histórico donde los productos del trabajo se transforman en mercancías mediante el cambio regular y habitual . Éste era el caso donde 1 metro de tela se cambiaba por 2 kilos de trigo, por 20 gramos de oro, por 4 kilos de café, etcétera. Ahora la tela ya es capaz de distinguir su valor de cualquier valor de uso. ¿Y por qué? Porque al poder expresar su valor en el trigo, en el oro, en el café y en cualquier otra mercancía, demuestra que al valor le es indiferente el valor de uso en el que exista. Siendo cierto que en este estadio el valor se ha distinguido por completo del valor de uso, no obstante, las mercancías carecen de una expresión común de los valores. La forma general del valor corresponde al estadio histórico donde un producto de trabajo determinado, por ejemplo, el ganado, se cambia de forma habitual por el resto de las mercancías . Ahora los mercaderes se hacen con la costumbre de expresar el valor de sus mercancías en una sola de ellas, en el ganado. Este era el caso donde 2 kilos de trigo, 20 gramos de oro y 4 kilos de café se cambian por 1 metro de tela. Ahora todas las mercancías expresan su valor mediante su igualdad con la tela, y así adquieren una expresión común para sus valores.
Lo individual y lo social . En la forma individual del valor era un asunto privado de la tela darse una forma de valor en otra mercancía individual, por ejemplo, en el trigo. En la forma desarrollada del valor seguía siendo un asunto privado de la tela expresar su valor en una serie de mercancías particulares: trigo, oro, café, etcétera. En cambio, en la forma general del valor es un asunto social de todas mercancías darse una forma de valor. Surge como obra común del mundo de las mercancías. Como todas las mercancías expresan su valor en la tela, ésta adquiere la forma general de equivalente . Y cualquier mercancía nueva que entre en el mercado tiene que imitar al resto de las mercancías: expresar su valor en la tela. Todas las mercancías existen ahora en forma de algo igual a la tela . De este modo todas las mercancías aparecen, por una parte, como seres cualitativamente iguales, en cuanto valores, y por otra parte, como magnitudes de valores comparables. También sucede que el trabajo útil, concreto, privado, que produce la tela, esto es, la tejeduría, se presenta como forma universal de manifestación del trabajo humano .
Relación de desarrollo entre la forma relativa del valor y la forma de equivalente . En la forma individual del valor, donde teníamos la ecuación 1 metro de tela = 2 kilos de trigo, ya se daba la oposición entre la forma relativa de valor y la forma de equivalente. Pero en este estadio de evolución de la forma de valor dicha oposición aún no está fijada. Según leamos la ecuación de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, la tela estará en forma relativa de valor o en forma de equivalente. Tampoco en la forma desarrollada del valor la oposición queda fijada. Pues todas las mercancías están alternativamente en forma relativa desarrollada del valor y en forma de equivalente particular. Sólo con la llegada de la forma general del valor la oposición entre forma relativa de valor y forma equivalente de valor queda fijada. Ahora una sola mercancía, la tela, se encuentra en forma de equivalente general, quedando el resto de las mercancías excluidas de esta forma. A su vez, el resto de las mercancías están en forma relativa de valor, quedando excluida de esta forma la mercancía que sirve de equivalente general, la tela.
FORMA DINERO
La forma general de equivalente puede corresponder a cualquier mercancía. No obstante, una mercancía está en forma de equivalente general porque el resto de las mercancías expresan su valor en ella. Y es a partir de este momento, en que una determinada mercancía ha sido excluida definitivamente como equivalente general, cuando la forma relativa unitaria del valor adquiere consistencia objetiva y validez social general. Esta mercancía específica excluida como equivalente general se convierte en mercancía dinero o funciona como dinero. Su monopolio social estriba en representar, dentro del mundo de las mercancías, el papel de equivalente general. Una mercancía determinada ha conquistado históricamente este papel privilegiado: el oro.
Así que la forma dinero quedará representada en las siguientes ecuaciones:
1 metro de tela = 20 gramos de oro
2 kilos de trigo = 20 gramos de oro
4 kilos de café = 20 gramos de oro
En el paso de la forma simple de valor a la forma desarrollada del valor, y de la forma desarrollada del valor a la forma general del valor, ocurren cambios esenciales. Sin embargo, en el paso de la forma general del valor a la forma dinero no se producen cambios esenciales. El único cambio que se ha producido es que ahora es el oro el que desempeña el papel de equivalente general en vez de la tela. El progreso estriba solamente en que la forma general de equivalente (o forma de la intercambiabilidad directa) se identifica definitivamente con el oro.
El oro puede desempeñar el papel de dinero porque antes desempeñó el de mercancía. Como las demás mercancías funcionó como equivalente individual (forma I) y como equivalente particular (forma II). Poco a poco fue funcionando en círculos más amplios como equivalente general. Apenas ha conquistado este monopolio social, ser la única mercancía en la que las demás expresan su valor, se convierte en mercancía dinero. Y desde que se convierte en mercancía dinero, se diferencia la forma IV de la III, o la forma general del valor se transforma en dinero.
Ahora, la expresión relativa simple del valor de una mercancía, por ejemplo, de la tela en oro, es la forma de precio. De ahí que la forma de precio de la tela sea:
1 metro de tela = 20 gramos de oro
Si 1 euro es el nombre monetario de 20 gramos de oro, tenemos entonces que la forma de precio de la tela es:
1 metro de tela = 1 euro
Ocurrirá después, por causas que sólo se explican en el proceso de intercambio y no en el presente capítulo, que la moneda de 1 euro en oro será sustituida por una moneda de metal no noble que llevará inscrito el nombre 1 euro. A partir de este momento la sustancia del valor se separará de su función, y de este modo el dinero se transforma en un signo. Pero como ya indiqué está explicación corresponde a otro capítulo que no es el presente.
Cuando surge la forma de precio, después que el valor ha sufrido una serie de metamorfosis, ocurre un cambio en el mercado: la forma de precio aparece adherida a las mercancías. Ahora las mercancías se exhiben con su precio. Y es que para expresar el valor de la tela no necesito dinero real, me basta con dinero ideal, esto es, dinero hecho con números y palabras. En una etiqueta, que cuelgo de la tela, escribo: 1 euro. Pero al igual que ocurría con la transformación del dinero en un signo, el empleo del dinero ideal en vez del dinero real será estudiado en el proceso de intercambio y no en este capítulo.
DE LA FORMA INDIVIDUAL DEL VALOR A LA FORMA DINERO
Por un lado, uno de los grande defectos de la economía convencional estriba en considerar el dinero sólo en forma de objeto, como algo dado, como consecuencia de que un día los hombres se pusieron de acuerdo y dijeron: vamos a inventar el dinero. Pero como hemos visto en la lección de Marx, el dinero no es más que el resultado de un proceso de evolución, donde el valor experimenta una serie de cambios de forma. Y por otro lado, el gran defecto de los marxistas estriba en concebir el valor sólo en su forma natural, como trabajo humano abstracto, como sustancia inmanente a las mercancías. Cuando la clave de El Capital estriba en el estudio de las distintas formas del valor. Así que no estará de más hacer un recuento de las distintas formas del valor, para observar su riqueza, y comprobar así cuánto se ha ocultado el verdadero pensamiento de Marx.
FORMA SIMPLE O INDIVIDUAL DEL VALOR. La mercancía que expresa su valor se encuentra en forma relativa simple o individual de valor , y la mercancía que sirve de material de expresión del valor se encuentra en forma equivalente simple o individual de valor .
FORMA DESARROLLADA O TOTAL DEL VALOR. La mercancía que expresa su valor se encuentra en forma relativa desarrollada del valor , y las mercancías que sirven de material de expresión del valor se encuentran en forma de equivalentes particulares de valor .
FORMA GENERAL DE VALOR. Las mercancías que expresan su valor se encuentran en forma relativa unitaria del valor , mientras que la mercancía que sirve de material de expresión del valor se encuentra en forma de equivalente general .
FORMA DINERO. La mercancía que expresa su valor se encuentra en forma relativa simple o individual del valor , mientras que la mercancía que sirve de material de expresión se encuentra en forma de precio .
Teoría del Valor Francisco Umpiérrez Sánchez (Director del Centro de Estudios Karl Marx) Fumsa@msn.com
SEGUNDA SECCIÓN
Guía de la Segunda Sección
3.1. Crítica a Jean Baudrillard
3.2. El Concepto de Valor en Saussure
3.3. Crítica a Roger Backhouse
3.4. Crítica a Samuelson y Nordhaus
3.5. Crítica a la Teoría de la Utilidad de Jevons
3.6. ¿Es Marx Metafísico o Científico?
3.7. Teorías sobre el Intercambio
3.8. Crítica a Michio Morishima
3.9. Crítica a Silvio Gesell
CRITICA A JEAN BAUDRILLARD
El libro de Baudrillard Crítica a la economía política del signo es de arriba abajo una enorme especulación. No define previamente los conceptos guías de su discurso, inventa nuevas categorías que no elabora, carece del más mínimo rigor, y lo confunde y lo mezcla todo. Para demostrar que lo que digo es cierto, he seleccionado una parte de una de las secciones de su libro, Más allá del valor de uso , y la someteré a crítica. Las palabras de Baudrillard las escribiré en bastardilla y las entrecomillaré.
1. “Sabemos que la mercancía es a la vez valor de cambio y valor de uso ”. Esto es literalmente falso. La mercancía es valor de uso y valor. El valor de cambio es la forma fenoménica del valor. Esta distinción, la existente entre el valor y la forma (fenoménica) del valor, es fundamental en El Capital de Karl Marx. Pero esta distinción, como tantas otras, la ignora Baudrillard y todos los detractores de Marx.
2. “El valor de uso es siempre concreto y particular, en tanto que el valor de cambio es abstracto y general” . Esta es una de las mañas especulativas predilectas de Baudrillard, toma afirmaciones que hace Marx sobre determinaciones del objeto del concepto y se las aplica al objeto considerado como totalidad. Lo que plantea Marx es lo siguiente: el trabajo tiene un carácter doble: por una parte, es una actividad productiva conforme a un fin, y por otra parte, es gasto de fuerza de trabajo humana. En tanto actividad productiva conforme a un fin lo denomina trabajo concreto, y en cuanto gasto de fuerza de trabajo humana lo denomina trabajo humano abstracto. ¿Qué significa para Marx la expresión “trabajo humano abstracto”? Considerar el trabajo en tanto gasto de fuerza de trabajo sin tener en cuenta la forma en que se gasta. Es decir, que lo de abstracto y concreto se dice del trabajo, no del valor y del valor de uso. Por otro lado, el valor de cambio de una determinada mercancía, por ejemplo de 1 metro de tela, es otra mercancía determinada, 2 kilos de trigo. Y el trigo, en tanto valor de cambio de la tela, es totalmente concreto. Pero Baudrillard es así de espontáneo, hace afirmaciones sin haberlas reflexionado ni sopesado en lo más mínimo. La intuición y los significados generales de las palabras guían su pensamiento.
3. “Naturalmente, no podría haber valor de cambio sin que hubiera valor de uso ; los dos están emparejados, pero no existe implicación de los dos en sentido absoluto”. Esta es la segunda forma especulativa predilecta de Baudrillard y la de todos los filósofos especulativos: hablar siempre de forma general, no decir nunca nada en concreto. Subsanemos este defecto para saber en concreto de que estamos hablando. Una cosa puede ser valor de uso sin ser valor: el aire que respiramos, por ejemplo, es una valor de uso pero no es un valor, puesto que no es producto del trabajo. Una cosa no puede ser valor si no es valor de uso: si hacemos una porquería, algo inútil, habremos gastado fuerza de trabajo pero no habremos creado valor. Puesto que sólo crea valor aquel trabajo que crea cosas útiles para otros. Y si su producto es inútil, también será inútil la fuerza de trabajo gastada en su producción. El valor sólo puede existir en un valor de uso: quien gasta fuerza de trabajo sólo puede hacerlo objetivándolo en un producto. Hay más aspectos concretos de la lógica o relación entre valor de uso y valor, pero con los mencionados basta.
4. “El valor de uso no se halla implicado en la lógica del valor de cambio, que es una lógica de la equivalencia”. Esto no es cierto. La lógica del valor de cambio es una lógica fenoménica. Y en esta lógica fenoménica las dos mercancías enfrentadas no desempeñan el mismo papel: una de ellas, la que expresa su valor, está en forma relativa de valor, y la otra, la que sirve de material de expresión del valor, está en forma de equivalente. Por lo tanto, la forma equivalente de valor supone la forma relativa. Y viceversa.
5. “Aunque esté continuamente recobrado por el proceso de producción y de cambio, el valor de uso no se inscribe realmente en el campo de la economía mercantil: tiene su finalidad propia, incluso restringida”. ¡Que manera tan tortuosa, oscura y general tiene Baudrillard de expresarse! Si el valor de uso constituye el contenido material de la riqueza, independientemente de su forma social, esto es, de si se produce como mercancía o no, entonces el valor de uso se “inscribirá” realmente en la economía mercantil y en la economía no mercantil. Si la mercancía es tal mercancía porque se produce en vista del valor, y el valor sólo existe en el valor de uso, es evidente que una economía que produce en vista del valor debe “inscribir” el valor de uso como su condición básica. Baudrillard es víctima, como el marxismo de la época en que redactó su libro, de la confusión entre la forma mercantil de la riqueza y su forma de capital. En esa época la lucha por el socialismo se entendía como la lucha por acabar con la forma mercantil de la riqueza. En eso residió el error básico del modelo soviético del socialismo.
6. “Resulta, por lo tanto, que el “fetichismo de la mercancía” no actúa sobre la mercancía definida a la vez como valor de cambio y valor de uso, sino sobre el valor de cambio únicamente”. Baudrillard le atribuye a Marx ideas y formas de pensar que no son suyas. Cuando hablamos del valor de cambio, en su origen, hablamos de la proporción en que los valores de uso de un tipo se cambian por los de otro. Sabemos que en la relación de cambio entre dos mercancías, una de ellas se encuentra en forma relativa de valor y la otra en forma equivalente. Y también sabemos que uno de los contenidos de la forma equivalente de valor es el siguiente: que el valor de uso del trigo, por ejemplo, en su papel de equivalente frente a la tela, deviene forma fenoménica del valor. El fetichismo de las mercancías, en verdad, tampoco tiene nada que ver con las determinaciones del valor: porque es evidente que cualquier clase de trabajo es gasto de nervios, músculos, cerebro, etcétera, y porque es obvio igualmente que la cantidad de trabajo es distinta de la calidad. ¿De dónde proviene entonces el carácter fetichista de la mercancía? De la forma del valor, esto es, de que el valor de uso se presente como forma fenoménica del valor. Así que es totalmente disparatado y caprichoso lo que dice Baudrillard.
7. “El valor de uso, en este análisis restrictivo del fetichismo, no aparece como relación social, ni por lo tanto como lugar de fetichización”. Baudrillard no expone previamente qué entiende Marx por fetichismo de la mercancía en sus mínimos detalles, ni expone lo que entiende él mismo. Y sin saber con rigor y detalle lo que se entiende bajo determinada categoría, se puede especular con ella cuanto uno quiera, y así aparentar que se está diciendo algo con fundamento cuando en verdad todo carece de fundamento. No hay en el discurso de Baudrillard ni un lugar donde uno pueda decir que pisamos firme. No cabe duda que las pirámides de Egipto son unos gigantescos valores de uso, y que fueron creados por el trabajo y muerte de decenas de miles de esclavos. Es obvio que sin la relación social entre los propios esclavos, sin la colaboración y la división del trabajo entre ellos, las pirámides no existirían. También es obvio que su trabajo no era a favor de ellos mismos, sino a favor de los esclavistas. Y es obvio, por último, que la relación social entre los esclavistas y los esclavos no tiene nada de fetichista, pues está claro como la luz del sol que los primeros se apropiaban del trabajo de los segundos. Uno de los aspectos fetichistas de la mercancía estriba en que desde que los productos del trabajo y la propia fuerza de trabajo se convierten en mercancías, la apropiación de trabajo ajeno por parte de los capitalistas queda totalmente oscurecida. Y no porque los capitalistas sean malintencionados, sino porque la riqueza se produce como mercancía. Así que la idea de Baudrillard de que el valor de uso no es fruto de la relación social nada tiene que ver con las ideas de Marx.
8. “El valor de uso, la utilidad misma, es una relación social fetichizada –una abstracción, la del sistema de necesidades, que adopta la evidencia falsa de un destino concreto, de una finalidad propia de los bienes y servicios”. Esta frase no hay manera de entenderla, recuerda los sinsentidos y requiebros discursivos del enajenado Alonso Quijana. Por valor de uso entendemos una cosa que por sus propiedades puede satisfacer necesidades humanas. Por lo tanto, las necesidades son una de las determinaciones del valor de uso. Así que representarse las necesidades independientes del concepto de valor de uso, del que es uno de sus contenidos, y afirmar que el sistema de las necesidades es una abstracción, es un sinsentido, o tiene un sentido meramente especulativo. Además, ¿desde cuándo el hambre y la sed, por señalar dos necesidades humanas básicas, son abstracciones? ¿Cómo puede pensarse que los doce niños que mueran cada minuto de hambre son abstracciones? Creo que Baudrillard, en su enajenación especulativa, hace un flaco favor a la ciencia y a los intereses de las capas pobres del mundo.
9. “La hipótesis es, en efecto, que las necesidades son el equivalente del trabajo social abstracto: sobre ellas se funda el sistema del valor de uso, como sobre el trabajo social abstracto se funda el sistema del valor de cambio”. Esta frase de Baudrillard es todo un disparate. Carece del más mínimo rigor. En primer lugar quisiera decirles que donde Baudrillard escribió “trabajo social abstracto”, en rigor debió escribir “trabajo humano abstracto”. Puesto que no sabemos que quiere decir Baudrillard cuando afirma que el trabajo social es abstracto, mientras que sí sabemos que quiere decir Marx cuando habla del trabajo humano abstracto. ¿Por qué Marx llama abstracto al trabajo humano? Porque se trata de considerar el trabajo haciendo abstracción de la forma en que se gasta, de considerarlo solamente bajo la condición de que se ha gastado nervios, músculos, cerebro, etcétera. En toda abstracción hay que saber de dónde se abstrae, qué se abstrae, y cuál es el resto. Pero Baudrillard entiende por abstracción algo que no se ve, que es oscuro, que sólo se puede intuir. En segundo lugar diré lo siguiente: Baudrillard afirma que las necesidades son el equivalente del trabajo humano abstracto, esto es, que una de las determinaciones del valor de uso, las necesidades, es el equivalente de la determinación básica del valor: el trabajo humano abstracto. Así que al afirmar que las necesidades son el equivalente del trabajo humano abstracto, Baudrillard está afirmando que el valor de uso es el equivalente del valor. Todo un disparate. Todo este lenguaje de Baudrillard es resultado de los caprichos del pensamiento especulativo, que entre otros defectos no examina nunca las consecuencias de sus afirmaciones. Y en tercer lugar, quiero examinar la idea de Baudrillard “ sobre las necesidades se funda el sistema del valor de uso”. Si en el lugar del nombre del objeto del concepto, esto es, el nombre ‘valor de uso', ponemos el sintagma con que expresamos el contenido del concepto de valor de uso, esto es, el sintagma ‘cosas que por sus propiedades satisfacen necesidades humanas', el juicio de Baudrillard quedaría como sigue: sobre las necesidades se funda el sistema de las cosas que por sus propiedades satisfacen necesidades humanas. Y esto, con toda evidencia, es un sinsentido, un enredo, una hablar sin pensar. Además, y siendo prácticos, que es donde todas las especulaciones se hacen añicos, sobre los doce niños que cada minuto se mueren de hambre, que representan la necesidad que se ha enajenado de la satisfacción, no se funda ningún valor de uso. Si se fundara algún valor de uso, no morirían de hambre.
10. “Marx definió la forma del valor de cambio y de la mercancía por el hecho de que todos los productos pueden equivalerse sobre la base del trabajo social abstracto. Y planteó a la inversa la “incompatibilidad” (más adelante dice “incomparabilidad”) de los valores de uso”. Otra frase endiabladamente especulativa. Sólo les diré lo que dijo Marx al respecto, y comprueben ustedes mismos hasta que punto Baudrillard adultera, tergiversa y enreda las ideas de Marx. La relación de cambio supone que las mercancías que se cambian sean valores de uso cualitativamente diferentes . A nadie se le ocurre cambiar tela por tela, trigo por trigo, el mismo valor de uso por el mismo valor de uso. Así que Marx no dice que los valores de uso sean incomparables o incompatibles, sino que en la relación de cambio deben ser cualitativamente diferentes. Esta es una de las peculiaridades del cambio entre las mercancías: como valores de uso son cualitativamente diferentes, y como valores son cualitativamente iguales y cuantitativamente comparables.
11. “Como valores útiles, todos los bienes son ya comparables entre sí, por estar asignados al mismo denominador común funcional/racional, a la misma determinación abstracta ”. Todas las cosas rojas son comparables entre sí en tanto seres rojos, como todos los objetos físicos lo son en cuanto seres físicos, y a sí hasta el infinito. De manera que no hay nada de original en decir que los valores útiles son comparables entre sí en tanto seres útiles. Lo que no dice Baudrillard es cuál es la necesidad práctica de compararlos y cuál es la consecuencia práctica de compararlos.
12. “Únicamente los objetos o categorías de bienes invertidos en el intercambio simbólico son estrictamente incomparables. En cambio, como valor útil, el objeto alcanza la universalidad abstracta, “la objetividad”. ¡¡¿¿??!! Como dice Cervantes de los dichos y requiebros de Alonso Quijana: ni el mismísimo Aristóteles sería capaz de desentrañar semejantes enredos y sinsentidos. No es necesario comparar los valores de uso entre sí para hacerlos objetivos. Del valor de uso, en tanto unidad de propiedades naturales y utilidades, no hay duda de su objetividad. Nuestros sentidos dan testimonio de su existencia sensible y objetiva. Del valor si hay dudas acerca de su objetividad, si se considera a la mercancía aisladamente. Como dice Marx: se le pueden dar las vueltas que se quiera a una mercancía, mas como cosa de valor permanece inasequible. El valor sólo se hace objetivo mediante la relación de una mercancía con otra. Y esa objetividad se vuelve firme cuando el valor, tras experimentar una serie de metamorfosis, adopta la forma de dinero.
13. “El individuo es una estructura ideológica, una forma histórica correlativa de la forma/mercancía (valor de cambio) y de la forma objeto (valor de uso)”. Baudrillard nos habla de las siguientes formas: forma histórica, forma mercancía y forma objeto. Pero no nos habla del contenido de esas formas. Si alguien nos habla de que algo tiene una forma y no explica el contenido de esa forma, lo único que está aportando al debate es la palabra ‘forma'. Con Marx sabemos cuál es el contenido de la forma relativa de valor, que es la mercancía que expresa su valor; cuál es el contenido de la forma de equivalente, que es la mercancía que sirve de material de expresión del valor y que el valor de uso que desempeña el papel de equivalente deviene forma fenoménica del valor. Pero en Baudrillard ocurre todo lo contrario: sus palabras son un puro vacío. No hay manera de coger lo que dice por ningún lado.
Creo sinceramente que con esto basta. Baudrillard es un puro especulador. Su discurso carece de fundamento, rigor y claridad. No hay parte de su libro donde podamos pisar firme, encontrarnos en terreno seguro, avistar un camino teórico. Es un hablar sin pensar. Sus ideas no gravitan en torno a ningún objeto del conocimiento. Jamás nos lo presenta ni lo define. Lo supone, lo intuye, o nos lo da en escorzos fugaces. Inventa categorías, mezclas determinaciones conceptuales, y enreda. No teje ni desteje, ni ovilla tan siquiera, sino enreda y enreda. Y creo una inutilidad desenredar sus múltiples enredos. Con los trece que he desenredado creo que son argumentos suficientes para catalogarlo, sin género de dudas, como un puro especulador.
EL CONCEPTO DE VALOR EN SAUSSURE
“Consideremos primero la significación tal como se suele presentar, y tal como la hemos imaginado en la página 103. Como indican las flechas de la figura, no es más que la contrapartida de la imagen auditiva. Todo ocurre entre la imagen auditiva y el concepto, en los límites de la palabra considerada como un dominio cerrado, que existe por sí mismo.
Pero el aspecto paradójico de la cuestión es el siguiente: de un lado, el concepto se nos aparece como la contrapartida de la imagen auditiva en el interior del signo; y de otro, ese signo mismo, es decir, la relación que vincula sus dos elementos, es también y de igual modo la contrapartida de los demás signos de la lengua. Puesto que la lengua es un sistema del que todos los términos son solidarios y donde el valor del uno no resulta más que de la presencia simultánea de los otros . ¿Cómo es que el valor, así definido, se confunde con la significación, con la contrapartida de la imagen auditiva? Para responder a esta cuestión, tengamos en cuenta primero que, incluso fuera de la lengua, todos los valores parecen regidos por este principio paradójico. Están siempre constituidos:
1° Por una cosa desemejante susceptible de ser cambiada por otra cuyo valor está por determinar.
2° Por cosas similares que se pueden comparar con aquella cuyo valor está en cuestión.
Se necesitan estos dos factores para la existencia de un valor. Así, para determinar lo que vale una moneda de cinco francos, hay que saber, 1°) que se puede cambiar por una cantidad determinada de una cosa diferente, por ejemplo, de pan; 2°) que se puede comparar con un valor similar del mismo sistema, por ejemplo, con una moneda de 1 franco,... De igual modo una palabra puede ser cambiada por cualquier cosa desemejante: una idea; además puede ser comparada con algo de igual naturaleza: otra palabra. Su valor no está fijado por tanto mientras nos limitemos a comprobar que puede ser cambiada por tal o cual concepto; tenemos que compararla todavía con los valores similares, con las demás palabras que puedan oponérsele” . (La negrita es mía)
La representación que tiene Saussure sobre las determinaciones del valor es errónea, supone que se intercambia el valor, en su forma acabada de dinero, con el valor de uso. Cuando en la realidad la relación de intercambio supone que se hace abstracción del valor de uso y se intercambian valores iguales. Pero no quiero incidir sobre este aspecto por considerarlo poco útil en el tema que ahora nos ocupa. Lo que sí haré será lo siguiente: expresaré las ideas de Saussure de acuerdo con la representación de Marx sobre el valor, expuesta en la transformación de la mercancía en dinero. Lo que Saussure, en el marco de la palabra, llama significado, en Marx, en el marco de la mercancía, se llama valor. Y lo que en Saussure, en el marco de la palabra, se llama valor; en Marx, en el marco de la mercancía, se llama valor de cambio. Aunque emplean términos distintos en ámbitos distintos del saber, la representación filosófica del problema es la misma: la concepción de las unidades como dos caras, y la relación entre las distintas unidades. Para unificar la terminología hablaremos del valor significativo de la palabra y del valor significativo de cambio de la palabra . En Saussure el valor significativo (el significado, el concepto, la idea) es inmanente, inherente, intrínseco, al signo. Pero bajo esta condición o modalidad, su valor significativo no está fijado (determinado). Si consideramos la palabra ‘mesa' aisladamente, su significado permanece inasequible. El significante es sensible y objetivo, pero el significado, considerada la palabra aisladamente, no es sensible ni objetivo. Por lo tanto, el problema que se plantea es cómo hacer objetivo y sensible el significado de la palabra ‘mesa'. Y la respuesta es que el significado de la palabra ‘mesa' se hace sensible y objetivo por medio de otras palabras: ‘mueble compuesto por un tablero horizontal sostenido por uno o varios pies, que sirve para comer, etcétera'. Si empleáramos la representación de Marx, podríamos afirmar que el significado de la palabra ‘mesa' está en forma relativa de valor significativo , puesto que es la palabra que expresa su significado, mientras que el significado de la secuencia de palabras ‘mueble compuesto por...' está en forma de equivalente significativo , puesto que son las palabras que sirven de material de expresión del valor significativo de la palabra ‘mesa'. Los diccionarios pueden considerarse como el mejor ejemplo de intercambio de valores significativos, y tienen la forma del ejemplo utilizado. CRITICA A ROGER BACKHOUSE
Backhouse, en su libro Historia del análisis económico moderno , página 157, dice lo siguiente: “Los defectos de la teoría del valor-trabajo que llevaron a Jevons a reaccionar en contra de Ricardo también están presentes en la obra de Marx. Parece plausible que la principal explicación del compromiso de Marx con la teoría del valor-trabajo resida en sus implicaciones ideológicas. Marx no se limitó a medir el valor por el tiempo de trabajo, pues la plusvalía entrañaba la implicación ética de que los beneficios constituían los frutos de la explotación”.
Vamos a desmenuzar estas ideas de Backhouse en una serie de puntos para saber con claridad y precisión de qué habla. Primero: por implicaciones ideológicas de Marx debemos entender que Marx defendía los intereses de los trabajadores y dañaba los intereses de los capitalistas. Segundo: por dicho motivo, por estar implicado ideológicamente con los trabajadores, Marx defendió la teoría del valor-trabajo. Tercero: al hacerlo así, al defender la teoría del valor-trabajo, Marx no respetó las leyes objetivas de la economía. Hizo ideología y no ciencia. Y cuarto: Jevons, al contrario de Marx, elaboró su teoría del valor sin implicarse ideológicamente. Hizo ciencia y no ideología. Sobre la base de estos cuatro ideas, cabe preguntarse: ¿es posible que un economista siendo objetivo pueda favorecer los intereses de una determinada clase? ¿Cuál es la relación entre ciencia e ideología?
Para aclararnos con fundamentos firmes sobre estos cuatro puntos vamos a exponer de forma resumida la teoría de Marx sobre el valor de uso, el valor y el beneficio. Una mesa, por ejemplo, es un valor de uso que satisface una necesidad particular. Para producirla se requiere una determinada actividad productiva. Esta viene determinada por su fin, su modo de operar, sus medios y su resultado. Llamamos trabajo útil al trabajo cuya utilidad se presenta en el hecho de que su producto es un valor de uso. Por lo tanto, en el valor de uso de toda mercancía se encierra una determinada actividad productiva conforme a un fin, esto es, trabajo útil.
Es obvio que Marx concibe el valor de uso como obra del trabajo útil. Creo que lo concibe Marx es totalmente objetivo. No obstante, respetando la ley objetiva de la creación de valores de uso, Marx favorece claramente los intereses de los trabajadores. Por lo tanto, un economista puede ser totalmente objetivo y, no obstante, favorecer los interese de una determinada clase social.
.) Hablemos ahora del valor. Supongamos que el carpintero tardó 8 horas en hacer la mesa. Podríamos suponer que el valor creado por el carpintero asciende a 8 horas. Pero no es así. Tenemos conocimiento de que las carpinterías industrializadas producen la misma clase de mesas en 4 horas. De ahí que el valor de la mesa del carpintero sea realmente de 4 horas y no de 8 horas. Es cierto que su trabajo individual asciende a 8 horas, pero sólo representa un trabajo social de 4 horas. Por lo tanto, en el valor de toda mercancía se encierra una determinada cantidad de trabajo social (de trabajo humano abstracto).
Es obvio que Marx plantea que la substancia del valor es el trabajo humano abstracto, el gasto de fuerza de trabajo sin tener en cuenta la forma de su gasto. Creo que Marx concibe las cosas de modo totalmente objetivo. No obstante, respetando la ley objetiva de la creación del valor, Marx favorece claramente a los intereses de los trabajadores. Por lo tanto, vuelve confirmarse que un economista puede ser totalmente objetivo y, no obstante, favorecer los intereses de una determinada clase social.
.) Hablemos ahora del beneficio. Marx dividió la jornada laborar en dos partes. Durante la primera parte el obrero produce su salario, y durante la segunda produce el beneficio del capitalista. En el capitalismo ocurre lo que en la época feudal. La jornada laboral se dividía igualmente en dos partes. Durante tres días de la semana el siervo trabajaba en su tierra para sí mismo y durante los tres días siguientes trabajaba en las tierras del señor gratuitamente. Yo creo que aquí Marx vuelve a ser totalmente objetivo. No obstante, respetando la ley objetiva de la creación del beneficio, Marx favorece claramente los intereses de los trabajadores. Vuelve a confirmarse aquí por tercera vez que un economista puede ser totalmente objetivo y, no obstante, favorecer los intereses de determinada clase social.
.) Veamos ahora los planteamientos de Jevons en torno al valor de uso, el valor y el beneficio. Cuando Jevons analiza la naturaleza de la utilidad lo hace bajo el punto de vista del consumidor y no del productor. Su definición de la utilidad es la siguiente: “La utilidad no es una cualidad inherente a las cosas. Se define mejor como una propiedad circunstancial de las cosas que nace de su relación con las necesidades humanas”.
Jevons no habla para nada del trabajo útil. No dice que en el valor de uso de toda mercancía se encierra una determinada actividad productiva conforme a un fin. De hecho afirma que la utilidad brota o nace de la necesidad y no del trabajo útil. Por una parte, es obvio que Jevons no es plenamente objetivo, puesto que no habla para nada del trabajo útil como condición esencial de existencia de los valores de uso. Por otra parte, es obvio que el planteamiento de Jevons favorece los intereses de los capitalistas, puesto que hace desaparecer el protagonismo esencial que tienen los trabajadores en la creación de los valores de uso.
.) En lo que se refiere a la naturaleza del valor, el planteamiento de Jevons se resumen en tres de sus ideas. Primera: “hablando sólo de cosas que son transferibles o susceptibles de pasar de mano en mano, observamos que dos de las más claras definiciones del valor reconocen a la utilidad y a la escasez como las cualidades esenciales”. Segunda: “el valor de cambio está definido por la utilidad terminal, por el deseo remanente que nosotros u otros tenemos de poseer más”. Y tercera: “aunque el trabajo nunca es la causa del valor, es en una gran proporción de casos la circunstancia determinante”.
En suma. Jevons plantea que las cualidades esenciales del valor son la escasez y la utilidad, mientras que el trabajo es meramente una cualidad circunstancial. Por lo tanto, es obvio que el planteamiento de Jevons favorece los intereses de los capitalistas, puesto que el papel que le asigna al trabajo en la creación del valor es meramente circunstancial y no esencial. Resumiendo: por una parte, cuando Jevons habla de los valores de uso no menciona para nada el trabajo útil, y por otra parte, cuando habla del valor le asigna al trabajo un papel meramente circunstancial. Es obvio que los planteamientos de Jevons sobre el valor de uso y sobre el valor tienen claras implicaciones ideológicas.
.) Hablemos ahora del planteamiento de Jevons sobre el beneficio. Jevons, citando a Senior, afirma: “Con la palabra Abstinencia queremos expresar ese agente distinto del trabajo y del concurso de la naturaleza cuya concurrencia es necesaria para la existencia del capital y que está en la misma relación con los beneficios que el trabajo con los salarios”.
El capitalista puede hacer con su dinero dos cosas: o gastarlo en su vida personal o emplearlo como capital. Pero si lo emplea como capital, no puede gastarlo en su vida personal. Por lo tanto, la existencia del dinero como capital sólo es posible por la abstinencia del capitalista. Podemos admitir este conocimiento como cierto. No obstante, Jevons no explica como la Abstinencia crea el beneficio.
Es obvio que ningún trabajador ha visto jamás en su empresa a la Abstinencia en persona, como un agente más de la producción, al igual que se ven los medios de producción y los propios trabajadores. La Abstinencia sí que es un dato inobservable. Y si los economistas utilitaristas saben de su forma de existencia objetiva, que lo digan para asombro de todos. Por lo tanto, es obvio que la teoría de la abstinencia sirve para justificar que el capitalista obtenga un beneficio de su negocio, pero no sirve para explicar cómo se crea ese beneficio. CRITICA A SAMUELSON Y NORDHAUS
“La economía es el estudio de la manera en que las sociedades utilizan los recursos escasos para producir mercancías valiosas y distribuirlas entre los diferentes individuos. Tras esta idea se esconden dos ideas claves en economía: los bienes son escasos y la sociedad debe utilizarlos eficientemente”. Pg. 4.
Crítica
11) Samuelson y Nordhaus hablan de la escasez en términos absolutos. No se han visto influenciados por la teoría de la relatividad, donde se afirma que el movimiento de un cuerpo no es absoluto, sino que depende del sistema de referencia empleado. Si tiramos una piedra por la ventanilla de un tren en movimiento uniformemente acelerado, respecto del tren la piedra describe una línea recta y respecto del terraplén describe una parábola. De igual modo la escasez tampoco es un dato absoluto, depende del individuo empleado como referencia. Los pobres, por ejemplo, viven la escasez de los medios de vida más elementales, mientras que los ricos no sufren ninguna clase de privaciones al respecto. Por lo tanto, la medida de la escasez de los bienes varía de acuerdo con la clase social a la que pertenece el individuo empleado como sistema de referencia.
12) Samuelson y Nordhaus hablan de la escasez en términos metafísicos. No se han visto influenciados por la filosofía de Hegel, donde se conciben las cosas como unidad de contrarios. Si hablamos de escasez, por lógica dialéctica deberíamos hablar también de su contrario: la abundancia. Los recursos de una sociedad no se presentan sólo en calidad de escasos, también se presentan en calidad de abundantes. Los ricos, por ejemplo, viven en la abundancia, mientras que los pobres viven en la escasez. Por lo tanto, la proporción entre la abundancia y la escasez de bienes depende de la clase social a la que pertenece el individuo en cuestión.
“Dado que los deseos son ilimitados, es importante que una economía saque el mayor provecho de sus recursos limitados, lo cual nos lleva al concepto fundamental de eficiencia. Eficiencia significa utilización de los recursos de la sociedad de la manera más eficaz posible para satisfacer las necesidades y los deseos de los individuos ”. Pg. 4.
Crítica
21) Samuelson y Nordhaus están envueltos en piel burguesa. De ahí que afirmen que los deseos sean ilimitados. Están pensando en los capitalistas, que cuanto más tienen más quieren. Todos sabemos que los capitalistas son insaciables en sus deseos de acumular riquezas. Lo que filosóficamente les sucede a Samuelson y Nordhaus es que son incapaces de pensar en una sociedad que no sea burguesa, en una sociedad donde, al contrario de la capitalista, los deseos sean moderados y limitados. ¿No estará la verdadera felicidad de todos en una sociedad donde los deseos sean moderados y limitados? Yo creo que sí. Si se ha establecido un salario mínimo, un tope mínimo de ingreso que asegure a los trabajadores la satisfacción de las necesidades básicas, por lógica dialéctica se debería establecer igualmente un ingreso máximo, un tope máximo de ingreso que evite el despilfarro y las desorbitadas acumulaciones de riquezas en manos privadas.
22) Según Samuelson y Nordhaus “eficiencia significa utilización de los recursos de la sociedad de la manera más eficaz posible para satisfacer las necesidades y los deseos de los individuos”. Pero de acuerdo con esa definición y con lo que observamos en la cruda realidad, podemos concluir que la economía capitalista, sobre todo a escala mundial, no es nada eficiente, pues mantiene a una gran parte de la población sin satisfacerle sus necesidades básicas.
Aún admitiendo que la economía capitalista, dentro de ciertos parámetros, es eficiente, el modo en que se satisfacen las necesidades y los deseos de los individuos es muy distinto. Depende de la clase social a la que pertenece el individuo en cuestión. Los ricos, por ejemplo, tienen muchas necesidades y la mayoría plenamente satisfechas; los obreros que perciben el salario mínimo tienen las necesidades básicas satisfechas, pero las necesidades superiores insatisfechas; y los pobres tienen las necesidades básicas sin satisfacer.
23) La economía esclavista y la economía feudal, al igual que la economía capitalista, empleaban sus recursos “escasos” para satisfacer las necesidades y los deseos de los individuos. Bajo este punto de vista no sabemos en qué se diferencia la economía capitalista de las economías esclavista y feudal. Por lo tanto, la definición dada por Samuelson y Nordhaus sólo nos habla de la índole general de la economía capitalista, pero no de su índole específica. Pero la cosa va más lejos: Samuelson y Nordhaus nos dan la definición de la índole general de la economía capitalista como si nos estuvieran dando la definición de su índole específica. De esa manera la definición de la índole general de la economía capitalista sirve para ocultar, hacer desaparecer, la definición de su índole específica.
Sabemos que en el esclavismo el modo en que se satisfacían las necesidades de los esclavistas era muy distinto del modo en que se satisfacían las necesidades de los esclavos. También sabemos que en el feudalismo el modo en que se satisfacían las necesidades de los señores feudales era muy distinto del modo en que se satisfacían las necesidades de los siervos. Y por lógica deducimos que para conocer esencialmente la naturaleza de las economías esclavista y feudal es necesario, no sólo hablar del modo en que los recursos escasos eran empleados para satisfacer las necesidades de los individuos, sino también de los diferentes modos en que se satisfacían las necesidades de dichos individuos. No hay que romperse la cabeza para ver que el modo en que satisface un individuo sus necesidades depende de la clase social a la que pertenece.
Resulta sospechoso, entonces, que Samuelson y Nordhaus no se refieran para nada a los distintos modos en que se satisfacen las necesidades humanas en el capitalismo. Hablan de la satisfacción de las necesidades humanas a secas, haciendo abstracción, dejando de lado, las diferencias en los modos de satisfacción. Así logran presentar la economía capitalista como una economía natural, carente de forma económico social. Pero al igual que sucedía en el esclavismo y en el feudalismo, hablar de las diferencias en los modos de satisfacción resulta clave para comprender la esencia de la economía capitalista. Cualquier postura, como la de Samuelson y Nordhaus, tendente a hacer desaparecer las diferencias en los modos de satisfacción en la economía capitalista, favorece los intereses de los capitalistas y les proporciona un gran activo ideológico. CRITICA A LA TEORÍA DE LA UTILIDAD DE JEVONS
Las tesis fundamentales de Jevons sobre la naturaleza de la utilidad son las siguientes:
Primera: La utilidad no es una cualidad inherente a las cosas, sino una propiedad circunstancial de las mismas que nace de su relación con las necesidades humanas.
Segunda: En consecuencia, nunca podremos afirmar de forma absoluta que unos objetos tienen utilidad y otros no. Así, por ejemplo, la fruta no recolectada para los consumidores no tiene la más mínima utilidad.
Tercera: todas las partes de una misma mercancía no tienen el mismo grado de utilidad. Así, por ejemplo, un litro de agua diario tiene la máxima utilidad, pues evita que nos muramos de sed; varios galones de agua tienen gran utilidad, puesto que nos permite satisfacer las necesidades de bañarnos, fregar el suelo, lavar la losa, etc.; pero por encima de estas cantidades la utilidad empieza a descender hasta llegar a cero.
Podríamos incluir algunas tesis más de Jevons sobre el particular, pero con estas nos basta para nuestro propósito. Ahora paso a exponer las tesis fundamentales de Marx sobre el mismo tema, para luego pasar a compararlas con las tesis de Jevons:
Primera: Marx proporciona dos definiciones de valor de uso: una, es una cosa que por sus propiedades puede satisfacer necesidades humanas, y dos, es una cosa que por sus propiedades puede ser útil en diversos aspectos.
Segunda: La utilidad de una cosa no flota en el aire. Condicionada por las propiedades del cuerpo de la mercancía no existe sin ellas.
Tercera: Los valores de uso se realizan en el uso o en el consumo.
Cuarta: En todo valor de uso se encierra una determinada actividad productiva conforme a un fin, esto es, trabajo útil. CRITICA
De acuerdo con Jevons diremos que una manzana, por ejemplo, es útil porque satisface necesidades humanas, pero de acuerdo con Marx diremos que una manzana satisface necesidades humanas porque tiene propiedades nutritivas. El hombre primitivo, en su calidad de cazador, tuvo necesidad de lanzar objetos a sus presas. Fue la necesidad de cazar la que le obligó a usar piedras como elementos arrojadizos. Pero la utilidad de las piedras como elementos arrojadizos no dependía de que él las necesitara, sino del peso, volumen y configuración de las mismas. Por lo tanto, la utilidad no es una propiedad circunstancial de las cosas que nace de su relación con las necesidades humanas, sino una cualidad inherente a las cosas que depende en su existencia de las propiedades naturales de las mismas.
Supongamos que tenemos una manzana en el frutero y que de momento nos abstenemos de consumirla. Por el hecho de que no se consume, Jevons deduce que la manzana deja de ser valor de uso. Es decir, que el no consumo de un valor de uso supone para Jevons la negación de su existencia como valor de uso. Si seguimos a Marx, el planteamiento cambia: aunque no consumamos la manzana, no por ello deja de ser valor de uso. Sigue siendo un valor de uso, lo que sucede es que no se realiza como valor de uso. Marx diferencia entre el ser de una cosa y su realización, en este caso, entre valor de uso y consumo, mientras que Jevons toma la no realización de un valor de uso como negación de su existencia como valor de uso. La diferencia que presenta Marx entre ser y realización, Jevons la presenta como diferencia entre ser y no ser.
Supongamos ahora que al cabo de cinco días decidimos comernos la manzana. Pero no podemos hacerlo porque está podrida. La manzana ha perdido su condición de valor de uso, no porque no se consumiera, sino porque perdió sus propiedades nutritivas. Vuelve a quedar claro aquí que la utilidad de las cosas reside en sus propiedades naturales y no en su relación con las necesidades humanas.
Pensemos ahora en el guepardo y en uno de sus alimentos habituales: el impala. El impala libre y vivo es objeto de la necesidad alimenticia del guepardo, pero no es medio de consumo, no es apto para el consumo, no es un valor de uso. Sólo es apto para el consumo el impala capturado y muerto. Pero para que se produzca este cambio en la forma de existencia del impala, que de estar libre y vivo pase a estar capturado y muerto, el guepardo tiene que realizar una determinada actividad productiva conforme a un fin: cazar. Entre la necesidad alimenticia del guepardo y su satisfacción media su trabajo de cacería. Por lo tanto, la utilidad de las cosas no brota de las necesidades humanas, sino del trabajo útil. Conclusiones de la crítica
Los errores de Jevons son los siguientes: uno, ignora que la utilidad de una cosa reside en sus propiedades naturales, dos, no diferencia entre el ser de una cosa y su realización, confundiéndola con la diferencia entre ser y no ser, y tres, ignora que la utilidad de las cosas es obra del trabajo útil.
¿ES MARX METAFÍSICO O CIENTÍFICO?
( Distinción entre esencia y fenómeno)
Los economistas convencionales se niegan a reconocer que en economía es necesario distinguir entre la esencia de las cosas y su forma de manifestación. Las expresiones “esencia” y “forma de manifestación” les suena tanto a Marx y a su herencia hegeliana, que el rechazo es prácticamente instintivo. Y como no reconocen la necesidad de hacer tal distinción filosófica, ignoran que en la forma de manifestación las cosas se presentan a menudo distintas a como son en esencia. Por lo tanto, lo primero que debemos hacer será demostrar que esa distinción filosófica es un saber más corriente de lo que se supone y que el conocimiento de su poder inversor es básico para el desarrollo exitoso de todas las ciencias.
Todos estamos acostumbrados a decir que el Sol sale por el Este y se pone por el Oeste. De hecho, de acuerdo con nuestra experiencia diaria y la información que nos suministra los sentidos, las cosas se presentan así: la Tierra aparece como un cuerpo inmóvil y el Sol aparece moviéndose alrededor de ella. Pero todos sabemos que en esencia las cosas ocurren al contrario: el Sol es el cuerpo inmóvil y la Tierra es el cuerpo móvil. Si expresáramos esta contradicción de forma dialéctica, estaríamos obligados a decir que el movimiento de la Tierra sobre sí misma genera la apariencia de que el Sol se mueve alrededor de aquella.
En este sencillo ejemplo quedan claras dos cosas: una, la necesidad que tienen los físicos de reconocer la distinción filosófica entre esencia y forma de manifestación, y dos, la necesidad que tienen los físicos de saber que en la forma de manifestación las cosas se presentan al contrario de cómo son en esencia. En primer lugar, la Tierra, que es el cuerpo móvil, aparece como inmóvil, y el Sol, que es el cuerpo inmóvil, aparece como móvil. Y en segundo lugar, lo que en esencia es un movimiento de rotación, se presentan en apariencia como un movimiento de traslación.
Primera reflexión. ¿El hecho de que nosotros sepamos cómo son las cosas en esencia hace desaparecer su forma de manifestación? Dicho de forma más práctica: ¿el hecho de que nosotros sepamos cómo son las cosas en esencia implica que mañana, cuando nos levantemos de la cama y hagamos nuestra vida diaria, veremos las cosas tal y como son en esencia, esto es, al Sol inmóvil y a la Tierra girando sobre sí misma? Pues no y mil veces no. El conocimiento de cómo son las cosas en esencia no disipa la ilusión generada por la apariencia, no evita que en su forma de manifestación las cosas sigan apareciendo invertidas.
Segunda reflexión. ¿El hecho de que nosotros sepamos cómo son las cosas en esencia hace necesario que le pidamos a los profesores que no enseñen a los niños en la idea de que el Sol sale por el Este y se pone por el Oeste y a las autoridades locales que se empeñen en convencer a los ciudadanos de que no calculen la hora observando la posición del Sol? Pues no y mil veces no. El conocimiento de la forma de manifestación de una cosa es tan necesario como el conocimiento de su esencia y, por lo tanto, las categorías fenoménicas son tan necesarias como las categorías de esencia.
Tercera reflexión. Si en un fenómeno físico tan sencillo, como es la relación de movimiento entre la Tierra y el Sol, es necesario distinguir entre esencia y forma de manifestación y saber que en la forma de manifestación las cosas aparecen al contrario de cómo son en esencia, ¿cómo no va a ser necesario hacer tal distinción y tener en cuenta tal saber en unos fenómenos tan complejos como son los económicos? Negarse a ello, como hace la economía convencional, es actuar en contra del saber filosófico más básico y, por lo tanto, en contra de la ciencia. Puesto que la ciencia nació de la filosofía y no debe proceder ignorando sus postulados básicos.
Cuarta reflexión. Lo que en economía es el valor, tal y como fue concebido por Marx, en nuestro ejemplo es la Tierra girando sobre sí misma. Lo que dice la economía convencional es que como el valor, tal y como lo concibió Marx, no puede percibirse por los sentidos, no habiendo manera de descubrirlo en el mercado, debemos concluir que dicho valor no es más que un ente metafísico inventado por la mente ideologizada de Marx. Si aplicáramos a nuestro ejemplo el procedimiento seguido por la economía convencional en el tratamiento crítico del concepto de valor de Marx, estaríamos obligados a plantear las cosas en los siguientes términos: cómo no podemos ver a la Tierra girar sobre sí misma, debemos concluir que dicho movimiento no es más que un ente metafísico inventado por la mente de los astrónomos.
Para los economistas convencionales las cosas son tal y como aparecen: es el capital la causa del interés, y la tierra la causa de la renta del suelo (es el Sol el que se mueve sobre la Tierra.) Pero para Marx las cosas no son tal y como aparecen: no es la tierra la causa de la renta del suelo ni el capital la causa del interés, sino que la causa del interés y de la renta del suelo es la fuerza de trabajo (es la Tierra la que se mueve.) Lógicamente los economistas convencionales están en su derecho de argumentar en contra de que las cosas sean como dice Marx. Pero la economía convencional no argumenta en contra de Marx, sencillamente lo descatalogan como científico. ¿Y por qué? Porque Marx hace uso de la distinción filosófica entre esencia y forma de manifestación cuando analiza los hechos económicos. Pero en verdad los que no actúan como científicos son los economistas convencionales, que ignoran que todas las ciencias, o la mayoría de ellas, actúan sobre la base de ese conocimiento filosófico.
TEORIAS SOBRE EL INTERCAMBIO
(Crítica a la economía oficial)
En el presente trabajo haré uso de tres obras teóricas: ECONOMIA de Samuelson y Nordhaus, La teoría de la Economía Política de William Stanley Jevons, y Análisis Económico de Kenneth E. Booulding. A partir de aquí cuando me refiera a ellas sólo indicaré el autor y la página. Con el propósito de determinar el uso correcto de la palabra “valor”, Jevons habla de si en un mercado 1 tonelada de hierro se cambia por 1 onza de oro, “la expresión más correcta y segura es que el valor de la tonelada de hierro es igual al valor de la onza de oro, o que sus valores están en relación uno a uno”. (p. 121) Dicho en términos de Marx, el intercambio entre la tonelada de hierro y la onza de oro se puede representar por medio de la ecuación: 1 tonelada de hierro = 1 onza de oro, esto es, 1 tonelada de hierro/1onza de oro = 1. Esta es la primera idea que queremos dar por sentada: Jevons afirma que la relación de intercambio entre dos mercancías es una relación de igualdad. A esta afirmación de Jevons la denominaremos primera tesis de la economía oficial.
“En un sistema de mercado, todo tiene un precio, que es el valor del bien expresado en dinero”. (Samuelson y Nordhaus, p. 27) En esta definición de precio está contenida la idea de que entre las mercancías y el dinero hay una relación de expresión. Y en esta relación de expresión se ve con claridad que la mercancía y el dinero no desempeñan el mismo papel: la mercancía desempeña un papel activo, puesto que es el miembro de la relación que expresa su valor, mientras que el dinero desempeña un papel pasivo, puesto que es el miembro de la relación que sirve de material de expresión del valor de la mercancía. A esta afirmación de Nordhaus y Samuelson, que entre la mercancía y el dinero hay una relación de expresión, la denominaremos segunda tesis de la economía oficial.
Supongamos que 1 tonelada de hierro tenga un precio de 1000 pesetas. De acuerdo con la definición de precio, las 1000 pesetas sirven para expresar el valor de 1 tonelada de hierro. Pero que 1 tonelada de hierro tenga un precio de 1000 pesetas implica que, en condiciones normales, la tonelada de hierro se cambiará por 1000 pesetas. “Pero en economía siempre necesitamos “atravesar el velo” del dinero para expresar las verdaderas consecuencias de las distintas decisiones”. (Samuelson y Nordhaus, p. 27) Sigamos entonces el consejo de Samuelson y Nordhaus y atravesemos el velo del dinero. Si una tonelada de hiero vale o es igual a 1000 pesetas y una onza de oro vale o es igual a 1000 pesetas, entonces una tonelada de hiero vale o es igual a una onza de oro. Por lo tanto, la relación de cambio entre la mercancía y el dinero no es más que una caso especial de la relación entre dos mercancías. Por lo tanto, la afirmación de que la relación de cambio entre las mercancías y el dinero es una relación de expresión, nos lleva a la afirmación de que la relación de cambio entre las propias mercancías también es una relación de expresión.
Resumiendo: cuando se analiza el fenómeno del cambio, y de acuerdo con la economía oficial, hay que tener en cuenta dos determinaciones fundamentales: primera, que la relación de cambio es una relación de igualdad, y segunda, que la relación de cambio es una relación de expresión. Pero la economía oficial, a pesar de establecer estas dos tesis como premisas de su teoría del cambio, no dedica página alguna a analizar el cambio entre mercancías ni como relación de igualdad ni como relación de expresión. Por lo tanto, procede de una forma totalmente inconsecuente. Lo peor del caso es que encima, cometiendo esta flagrante inconsecuencia, la economía oficial se presenta en sociedad como el no va más del rigor científico.
Pero la economía oficial no sólo es inconsecuente con las premisas que establece, sino que va más allá y llega al absurdo: “Cuando una persona acepta comprar un Ford a un concesionario por dos millones de pesetas, eso indica que para ella el Ford vale más que dos millones de pesetas y que para el concesionario los dos millones de pesetas valen más que el Ford”. (Samuelson y Nordhaus, p. 27) Esta interpretación del fenómeno del cambio tira por los suelos la primera tesis de la economía oficial, aquella que dice que la relación de cambio entre dos mercancías es una relación de igualdad. Si el Ford vale para el comprador más de dos millones de pesetas, debemos suponer que para él vale, por ejemplo, dos millones doscientas mil pesetas. Si a esta situación aplicamos la primera tesis de la economía oficial, obtenemos la ecuación absurda de que 2.000.000 pesetas = 2.200.000 pesetas. Es decir, el comprador cambia un valor en pesetas de dos millones de pesetas por un valor en Ford de 2.200.000 pesetas. No hay que ser muy listo para descubrir que esto es un disparate. Y si para el vendedor los dos millones de pesetas valen más que el Ford, debemos suponer que para él el Ford vale, por ejemplo, 1.800.000 pesetas. Si a esta situación aplicamos la primera tesis de la economía oficial, obtenemos la ecuación igualmente absurda de que 1.800.000 pesetas = 2.000.000 pesetas. Es decir, el concesionario cambio un valor en Ford de 1.800.000 pesetas por un valor en pesetas de 2.000.000 de pesetas. ¡Otro disparate!
Si analizamos las cosas más en detalle, comprobamos que el Ford no tiene un valor sino tres: el que paga el comprador y recibe el vendedor, dos millones de pesetas, el que se imagina el comprador, 2.200.000 pesetas, y el que se imagina el vendedor, 1.800.000 pesetas. En verdad que no hay por donde coger esta teoría que se presenta como excelente en el rigor. Pero lo cierto es que el único valor objetivo, perceptible y externo, es el de dos millones de pesetas, el que paga el comprador y recibe el vendedor. Mientras que el valor que se imagina el comprador y el que se imagina el vendedor son fenómenos inmanentes a la psicología del vendedor y del comprador. Resulta curioso comprobar cómo la economía oficial pone el grito en el cielo porque Marx concibe el valor como algo inmanente a las mercancías y, sin embargo, habla de dos inmanencias psicológicas de muy difícil contrastación. De todos modos, y procediendo con sentido común, cabe preguntarse: ¿qué importancia práctica tienen los precios que se imaginan el comprador y el vendedor frente al precio que en verdad paga el comprador y cobra el vendedor? Ninguna.
Lo peor del caso es que el señor Boulding quiere presentar esta interpretación del fenómeno del cambio como la interpretación apropiada, frente a la interpretación inapropiada de Marx. Esto es ser cara dura y nada más que cara dura. Puesto que, como ha quedado demostrado, la teoría sobre el fenómeno del cambio por parte de la economía oficial es, en parte, inconsecuente con las tesis que establece, y en parte, un disparate y una irracionalidad. Pero dediquémonos ahora a examinar las excelencias mentales del señor Boulding.
Boulding parte de un ejemplo análogo al de Samuelson y Nordhaus para analizar el fenómeno del cambio. Habla de una tal señora Jones que le compra a un tendero un kilo de mantequilla por trescientas pesetas. “...la señora Jones cree que un kilo de mantequilla vale más que trescientas pesetas y el tendero piensa que trescientas pesetas valen más que 1 kilo de mantequilla” (p. 51) Aunque Boulding rechaza la idea de un valor intrínseco a la mercancía, en su análisis del fenómeno del cambio presupone dos hechos intrínsecos: la creencia de la señora Jones y el pensamiento del tendero. Me gustaría saber qué método utiliza la economía oficial para verificar la existencia de esos hechos inmanentes a los agentes del cambio, puesto que a primera vista no resultan observables. Marx a este respecto habla del motivo material del intercambio: como la señora Jones necesita comer y el dinero no le vale para ese fin, cambia el dinero por un valor de uso que le sirva para tal fin, la mantequilla. Por su parte, el tendero no ha comprado la mantequilla para comérsela sino para hacer negocio, esto es, para venderla por una suma de dinero superior al precio de costo. Así que cambia su mercancía por dinero. Esta explicación proporcionada por Marx sobre el motivo material del intercambio, a diferencia de los supuestos psicológicos de la economía oficial, si es totalmente contrastable.
Boulding se pregunta: ¿Cómo es posible que algo valga más para una persona que para otra? Y responde: “cuanto más tengamos de una cosa, menos necesitamos de ella. Si sólo tenemos 60 gramos de azúcar a la semana, recibiremos con alegría otros 30 gramos adicionales. Sin embargo, si tenemos 300 gramos de azúcar por semana, 30 gramos significarán muy poco. Cuanto más azúcar tengamos, menos necesitaremos otros 30 gramos. Cuanto menos azúcar poseamos, más necesitaremos esos 30 gramos de azúcar”. (p. 51)Aquí, en el razonamiento de Boulding, hay un truco de orden lógico teórico. En todo concepto cabe distinguir el objeto del contenido. Según Boulding el objeto del concepto que él está analizando es el de valor y el contenido del concepto que él presenta es, por una parte, la cantidad que una persona posea de un determinado bien, y por otra parte, el grado en que esté satisfecha su necesidad de ese bien. ¿En qué consiste entonces el truco lógico de Boulding? En que al objeto del concepto le pone un nombre, el de valor, mientras que el contenido conceptual que expone corresponde al concepto de valor de uso, cantidad que se posee de un bien y grado de satisfacción de la necesidad. ¿Cómo deshacer el truco de Boulding? Muy fácil: donde Boulding pone la palabra “valor” nosotros pondremos la palabra “necesidad”, demostrando que con este cambio de palabra el sentido de sus afirmaciones no cambia en nada. Donde Boulding dice que para la señora Jones 1 kilo de mantequilla vale más que trescientas pesetas, nosotros diremos que la señora Jones necesita más la mantequilla que el dinero, puesto que la mantequilla se come y el dinero no. Y cuando Boulding dice que para el tendero las trescientas pesetas valen más que 1 kilo de mantequilla, nosotros diremos que el tendero necesita más el dinero que la mantequilla, puesto que compró la mantequilla no para comérsela sino para sacar más dinero del que invirtió en su compra. Está claro que las expresiones de Boulding “es más valiosa” y “tiene más valor” no son más que metamorfosis mal intencionadas de las expresiones “es más necesaria” y “tiene más necesidad”.
Profundicemos un poco más en estas metamorfosis lingüísticas. Boulding dice: ¿cómo es posible que la mantequilla valga más para la señora Jones que para el tendero? Esta pregunta es una expresión metamorfoseada de esta otra: ¿cómo es posible que la mantequilla sea más necesaria para la señora Jones que para el tendero? A lo que Boulding responde: cuanto más tengamos de una cosa, menos necesitamos de ella; y cuanto menos tengamos de una cosa, más necesitamos de ella. Como la señora Jones tiene poca o ninguna mantequilla, necesita mantequilla; y como el tendero tiene mucha, no la necesita. Está clarísimo de que contenido conceptual está hablando aquí Boulding: del valor de uso, de la cantidad que poseamos de ellos y del grado en que satisfacen nuestras necesidades. ¿Por qué entonces Boulding denomina al objeto de este contenido conceptual “valor” cuando el que le corresponde en propiedad es el de valor de uso? Por una razón muy sencilla: para escamotear el estudio de la verdadera naturaleza del valor.
“Esta proposición (el hecho de que algo valga más para una persona que para otra) puede aparecer incluso demasiado evidente para hacerla, pero resulta sorprendente comprobar las dificultades que ha dado origen en los estudios económicos el no comprender la verdad que encierra. Así, Carlos Marx argumentó que como un cambio es una ecuación, las dos cosas que son iguales deben de tener un atributo en común. Marx decidió que el atributo común era el trabajo. Este error, que se extiende a toda la escuela “clásica” de la Economía, podría haberse evitado si se hubiese interpretado con más propiedad el fenómeno del cambio” (Boulding, p. 51)
Empecemos primero por enmendar las tergiversaciones del pensamiento económico de Marx llevadas a cabo por Boulding. No es cierto que Marx afirmara que el cambio es una ecuación, sino que la relación de cambio entre dos mercancías se puede representar por una ecuación. Es obvio que “ser” y “representar” no son palabras de igual significación. Tampoco es cierto que Marx decidiera que el atributo que comparte las mercancías en común fuera el trabajo, sino que lo demostró. Es obvio también que decidir cuál es el atributo común de las mercancías y demostrarlo son actividades intelectuales muy distintas. Pero tampoco es cierto que Marx demostrara que el atributo común de las mercancías es el trabajo, sino el trabajo humano abstracto. En economía marxista es esencial distinguir entre trabajo útil y trabajo humano abstracto, circunstancia que Boulding pasa totalmente por alto. Por lo tanto, está claro que Boulding es un tergiversador del pensamiento económico de Marx.
Resumamos las críticas a la economía oficial, que tanto se las da de rigurosa y científica frente a la supuesta naturaleza ideológica y carencia de rigor del pensamiento económico de Marx. Primera: la economía oficial no es consecuente con las premisas que establece, puesto que determinando que la relación de cambio es una relación de igualdad y una relación de expresión, no analiza el intercambio entre mercancías ni como relación de igualdad ni como relación de cambio. Segunda: combina de forma fraudulenta en un mismo pensamiento el objeto del concepto de valor con el contenido del concepto de valor de uso. Para ello metamorfosea la palabra “necesidad” en la palabra “valor”, evitando así analizar la verdadera naturaleza del valor. Y tercera: tergiversa de forma burda y descarada el pensamiento económico de Marx para facilitar “su crítica rigurosa”, que así y todo no deja de ser superficial. CRÍTICA A MICHIO MORISHIMA
(Valor y precio)
“...la teoría del valor trabajo podría aun ser criticada porque los valores, a diferencia de los precios, no son observables ni existe ninguna institución que los determine, y parece razonable que la ciencia ignore un concepto tan metafísico” (p. 28)
Lo primero que deberíamos preguntarle a Morishima es si él ha tenido la oportunidad de ver en alguna ocasión a la fuerza de la gravedad. Estaría obligado a respondernos que no, que a lo largo de su dilatada vida jamás ha tenido la oportunidad de verla. Por lo tanto, y de acuerdo con el procedimiento que ha seguido Morishima con el concepto de valor de Marx, la ciencia debería ignorar el concepto de fuerza de gravedad porque el objeto de dicho concepto no es observable.
Pero la ciencia no haría tal cosa, no llegaría a tal extremo de insensatez y de falta de razón teórica. Lo que sin duda sí haría sería rechazar la afirmación crítica de Morishima, por su falta de fundamentos gnoseológicos y por ser contraria al desarrollo de la ciencia. Ya que el desarrollo de la ciencia, y muy en especial el de la ciencia matemática, se basa en el conocimiento de esencias no observables.
Avancemos un poco más en este camino. Si desde la ventana de un segundo piso dejamos suelta una manzana, ésta caerá hasta chocar contra el suelo. De la existencia de este hecho observable inferimos que en la Tierra hay una fuerza que atrae hacia ella a la manzana. Es decir, tomamos constancia de la existencia de la fuerza de la gravedad, no por medio de una percepción inmediata de la misma, sino por medio de la percepción de su expresión o manifestación objetiva. Y la caída de la manzana desde el segundo piso hasta el suelo es la manifestación objetiva de la existencia de la fuerza de la gravedad. Por lo tanto, el conocimiento de la fuerza de la gravedad es mediato y no inmediato.
Esta contradicción entre esencia y fenómeno (o manifestación) que se nos presenta en el conocimiento de la fuerza de la gravedad, también se nos presenta en el conocimiento del valor de las mercancías. En el mercado resulta imposible percibir de forma inmediata el valor de las mercancías, no obstante, si podemos observar su precio, que no es más que la manifestación objetiva de la existencia del valor. De hecho, hasta la propia economía contemporánea define el precio como la expresión (o manifestación) en dinero del valor de las mercancías. Por lo tanto, es un absurdo total que Morishima acepte la existencia objetiva del precio y al mismo tiempo rechace aquello de lo que es expresión el precio, esto es, el valor. Si Morishima quisiera hacer compatible su aceptación del precio con su rechazo del valor, debería dar una definición de precio que no incluyera la referencia al valor de las mercancías. Pero mientras esperamos a que nos dé tal definición, debemos declarar que Morishima no procede con rigor científico cuando crítica el pensamiento económico de Marx.
Si Morishima hubiera procedido con rigor, no debió haber afirmado que el valor no es observable, sino que de él no tenemos una percepción inmediata. Pero del hecho de que del valor no tengamos un conocimiento inmediato no podemos inferir que sea incognoscible y, por lo tanto, que su conocimiento sea metafísico. Puesto que la ciencia no sólo se compone de conocimientos inmediatos, sino también, y en mayor medida, de conocimientos mediatos. De manera que Morishima debió haber demostrado que del valor no sólo no tenemos conocimiento inmediato, sino tampoco podemos tener un conocimiento mediato. Sólo si hubiera hecho tal demostración, sería legítima su propuesta que el concepto de valor de Marx no tenga carta de ciudadanía en la economía contemporánea.
Pero tampoco es del todo cierto que el valor de las mercancías no es observable. Es totalmente cierto que las mercancías existen y se realizan como valores en el mercado, pero también es totalmente cierto que el valor no se crea en el mercado sino en la producción. ( Al menos esto es así en la concepción de Marx) Sin embargo, Morishima no se tomó la molestia de estudiar y someter a crítica el proceso de creación del valor que Marx elaboró en El Capital, donde resulta totalmente observable el valor. Surge una pregunta: ¿cómo es posible que Morishima afirme que el concepto de valor de Marx es metafísico sin haber estudiado y criticado la parte de El Capital donde Marx expone cómo se crea el valor? Sólo cabe una explicación: Morishima no es serio ni honesto, y como crítico del pensamiento económico de Marx es puro fraude.
Morishima se nos presenta como una persona que persigue el loable fin de darle expresión rigurosa al pensamiento de Marx. Aparentemente los marxistas deberíamos estar muy agradecidos con que un economista de tanto prestigio le dé rigor al pensamiento económico de Marx. Pero bajo ese loable fin se oculta una intención malvada: con dicha pretensión se presenta a sí mismo en el papel del científico, con todo el rigor que eso conlleva, y a Marx en el papel de metafísico e ideólogo, con toda la falta de rigor que eso conlleva. Pero según hemos podido ver en todo lo que llevamos dicho, Morishima ni es riguroso ni es honesto en la crítica al pensamiento económico de Marx. No es cierto que él represente a la ciencia y Marx a la ideología y a la metafísica. Nada es lo que parece en Morishima, aunque tenga engañado a propios y a extraños. Lo repito: Morishima, como crítico del pensamiento económico de Marx, es puro fraude.
CRITICA A SILVIO GESELL
(El orden económico natural. Primera parte: El dinero tal cual es)
Escuchemos primero como leyó Gesell a Marx: “Si abstraemos –decía Marx- de las sustancias elaboradas, las cualidades corporales, queda tan solo una propiedad, el valor”. Y escuchemos ahora cómo armó su crítica: “ Quien acepte estas palabras escritas al principio de la obra El Capital sin descubrir en ellas algo sospechoso, puede seguir leyendo tranquilamente. Ya no se pervertirá. Pero quien se plantee el interrogante: ¿qué es una cualidad separada de su materia?, o perderá la razón, o la tachará de tontera, y su punto de partida de fantasía”. El truco principal de este crítico de Marx estriba en tergiversar previamente las palabras de Marx, aderezarlas a su manera, para después armar una crítica a la medida de sus propios intereses. Y no sólo tergiversa las ideas de Marx, sino además las oscurece y las empobrece.
La economía es una disciplina en la cual se han ido instaurando mitos.
Muchos nacen de creencias populares, otros de visiones ideologizadas, de razonamientos parciales, o del desconocimiento de relaciones complejas que a simple vista pasan desapercibidas.
La reiteración de esos mitos les va concediendo carácter de verdad y va conformando un entorno distorsionado.
Examinemos uno de esos mitos.
Mito. De acuerdo con la Teoría Económica
Posiblemente uno de los mitos más arraigados es el de la sumisión y casi idolatría a la Teoría Económica.
Cuando se invoca a la Teoría Económica para justificar el hacer o no hacer algo, las palabras sobran, se produce un gran silencio y todos inclinan la cabeza ante semejante argumento de autoridad.
La Teoría Económica, con mayúscula, justifica casi cualquier cosa.
En los últimos años hemos visto muchos disparates fundamentados en la Teoría Económica.
Ni los organismos financieros internacionales, celosos guardianes de esa Teoría Económica, ni las autoridades locales se eximen de esos desaciertos "teóricos".
Y es que por lo general la retórica que acompaña a la Teoría Económica no solo está cargada de infalibilidad sino también de fatalismo. Si las cosas no se hacen de una determinada manera las peores desgracias ocurrirán de manera inevitable.
Este discurso tecnocrático y arrogante deslumbra e impresiona a muchos.
Por lo general los políticos son los primeros.
Muchos actores económicos son también seducidos, sobre todo cuando lo que dice la Teoría Económica es algo que los beneficia.
Pero las cosas, para bien o para mal, no son de esa manera.
En primer lugar, en materia económica no existe una Teoría con mayúscula.Existen muchas teorías.
Unas más generales y otras más específicas.
Unas que han hecho Escuela, como el Monetarismo, el Keynesianismo, el Estructuralismo o el Marxismo, y otras que no tienen otra aspiración más que tratar de explicar comportamientos de variables como la inversión, el ahorro o el consumo.
En segundo lugar,ninguna teoría económica tiene pretensiones de infalibilidad.
Como cualquier teoría científica está sujeta a verificación permanente.
Solo se sostiene en el tiempo si los hechos no la contradicen y si no surgen explicaciones mejores.
En tercer lugar, todas las teorías económicas se construyen a partir de simplificaciones de la realidad, para lo cual se establecen supuestos, cuya validez depende de las circunstancias en un momento y lugar determinado.
Desde luego, si esos supuestos no se cumplen, lo más probable es que la teoría tampoco se cumpla.
En cuarto lugar, la aplicación de la teoría económica requiere instrumentos concretos y específicos y, por lo general, las autoridades económicas pueden escoger entre diferentes opciones.
Esto hace que la referencia teórica, expresada como política, pueda tener variantes, cuyas implicaciones, sobre todo desde el punto de vista distributivo, podrían ser muy diferentes dependiendo del conjunto de instrumentos seleccionados.
Así las cosas, la próxima vez que la Teoría Económica sea utilizada como argumento de autoridad no nos dejemos impresionar ni deslumbrar y preguntemos ¿cuál teoría económica? ¿Bajo qué supuestos? ¿Con cuáles instrumentos?
Juan Manuel Villasuso 17 de Junio 2005 (La República) Disponible en: http://www.tribunademocratica.com/2005/06/el_mito_de_la_t.html
La "economía de mercado", es decir el capitalismo, se caracteriza por desarrollarse en forma cíclica, mediante sucesivas fases de ascenso, auge, recesión, crisis y reactivación. A continuación se desarrollrán diversas explicaciones que se han dado en torno a la naturaleza de un ciclo económico, desde el punto de vista de Juglar, Marx, Engels, Schumpeter y Kondratieff.
1. La Ley de Say
Dentro de los primeros economistas modernos, los denominados "clásicos", creían en cambio en una ley - formulada por Jean Baptiste Say - según la cual el mercado garantizaba por sí mismo el equilibrio entre la oferta y la demanda y la armonía de la economía. Sin embargo cualquier campesino sabía que esto no era cierto, que la ley de la oferta y la demanda operaba y, a veces, salía mejor no recolectar la cosecha porque el precio llegaba a ser tan bajo que era peor vender que no vender y perderlo todo.
A medida que avanzó la industria y el reinado del capital, en lugar de alejarse la posibilidad de crisis económica, se instauró la época de las crisis periódicas, de la caída cíclica de la economía en catástrofes de mayor o menor magnitud, que sacuden todo el proceso productivo. William R. Scott, estudiando los negocios ingleses encontró treinta crisis entre 1558 y 1720, es decir una cada 5 años y 5 meses, en promedio. A partir de 1815, 20 ó 25 en los diversos países europeos y especialmente en Inglaterra se observó más claramente que cada 3, 5, 7 ó 10 años se registraban crisis, cuyo centro era la industria.
En las orgullosas fábricas que emergieron de la revolución industrial, después de grandes expansiones y rápidos crecimientos, se registraron periódicamente acumulaciones de mercancías invendibles e impagables, quiebras. Y no se trataba de una o de un grupo de fábricas, sino de fenómenos generales, de desastres de toda la economía. El orgullo industrial del siglo XIX se vio abatido por las crisis, cuando toda la sabiduría fabril se reducía a cero. ¿A quién echarle la culpa? Si la economía debía fluir libremente de acuerdo con su naturaleza exacta y matemática, debía estar libre de acontecimientos tan incómodos como las crisis y si se presentaban, seguramente se debía a una de dos causas:
a) Los desastres naturales, como terremotos e inundaciones;
b) La intromisión de los gobiernos o de banqueros que emitían papel moneda. Los malos manejos de los reyes, sus impuestos, los monopolios estatales, eran culpables si la industria no marchaba con regularidad y sin crisis. Esos intrusos desataban la ira de los dioses de la economía que se vengaban con la crisis.
Economistas clásicos con gran discernimiento, como Adam Smith, alcanzaron a escribir que era posible producir más de lo que el mercado podía absorber y esa era la causa de la crisis. Aceptaba la posibilidad de la crisis comercial y hasta su necesidad si se producían en exceso.
La doctrina clásica era resumida por David Ricardo así:
"Puede ocurrir que se produzca demasiado de una determinada mercancía, de la que exista tal superabundancia en el mercado que no se reembolse el capital invertido en ella, pero no podrá ocurrir esto con todas las mercancías en general; la demanda de trigo se haya limitada por el número de bocas que han de comerlo, la de calzado y vestido por el número de personas que han de usarlos, pero... no podemos afirmar lo mismo de todas las mercancías producidas por la naturaleza o la industria del hombre. Algunos consumirían más vino si pudieran procurárselo. Otros no desearían más vino, pero sí aumentar la cantidad o mejorar la calidad de su inmobiliario. Otros apetecerían embellecer sus jardines o ampliar sus casas. El deseo de conseguir todo esto o parte de ello palpita en el pecho de todos los hombres..... por consiguiente la propia naturaleza se ha encargado de poner límites a la magnitud del capital que en un momento puede emplearse ventajosamente en la agricultura, sin poner, en cambio, límite alguno al volumen de capital que puede invertirse en procurar al hombre las comodidades y bellezas de la vida" (Marx, 1863:443).
Ricardo expresaba un optimismo sobre el capitalismo propio de una época en la cual se creía que bastaba eliminar del mundo las influencias extrañas al capital como los reyes y los terratenientes, para que la industria capitalista pudiera dedicarse a producir todas las comodidades y bellezas necesarias para la felicidad humana (1) Los economistas partidarios de la pequeña producción arruinada por la industria, como Jean Charles Sismondi (1773-1842), habían opinado distinto y creían que el capitalismo se destruiría debido a que la miseria de los obreros imposibilitaba un consumo igual a la producción. Sismondi, no tenía en cuenta que parte de la producción no se consume inmediatamente por los capitalistas y obreros, sino que se consume en la misma producción como máquinas o materias primas y esa parte crece cada vez más. Esta predicción de una crisis capitalista, no pasó de ratificar la posibilidad de la superproducción de mercancías de consumo humano, pretendiendo que era lo mismo que la necesidad de la superproducción de todas las mercancías. Al no explicar el fondo de las crisis económicas, profetizó un derrumbe del sistema, que no ocurrió.
En cambio, en los años siguientes a la muerte de Ricardo se completó en Europa y Estados Unidos el ciclo de las revoluciones burguesas. Tras las revoluciones de 1830 y 1848 en Francia la gran industria pudo establecer su reino en el terreno de la política y sin embargo siguieron viéndose periódicas superabundancias de todas las mercancías. A partir de los sucesos y la gran expansión económica de 1848 en Europa ya no podía sostenerse la creencia sobre el carácter externo de la causa de las crisis industriales. Como continuaron, a pesar del impetuoso desarrollo fabril de entonces, tuvieron que causar la inquietud de los estudiosos que buscaban interpretar los hechos. El industrial capitalista podía ser visto en sus verdaderas proporciones. Se imponía a mediados del siglo pasado una nueva interpretación de los fenómenos económicos que considerara la presencia inevitable de los ciclos y crisis periódicas, reconsiderando la línea que achacaba los males de la economía a la naturaleza y a la intervención de los gobiernos y de los banqueros y que reconociera que la propia economía capitalista restringe las fuerzas productivas y son motivos intrínsecos los que la hacen caer en recesos cada 7 a 10 años.
2 El Ciclo de Juglar y Marx
El médico francés Joseph Clément Juglar(1819-1905) publicó en 1863 su obra "Las Crisis Comerciales y su Retorno en Francia, Inglaterra y Estados Unidos", en la cual demostró valiéndose de las estadísticas que las crisis no eran fenómenos extraños a la economía y al proceso de producción vigentes, sino que eran parte de su propio desarrollo: a la prosperidad capitalista seguía la crisis, como fase inevitable del ciclo y viceversa.
Mientras tanto el notable economista inglés William Stanley Jevons, analista matemático de los mercados y los precios, seguía atribuyendo las crisis a las manchas solares y también a otras injerencias exteriores que perturbaban la economía. Citaba al notable observador Hyde Clarke, quien explicaba desde 1847 los ciclos que encontró cada 10 años y cada período largo de 54 años, por causas meteorológicas y llamaba a este estudio "Economía Física" (Schumpeter 1954: 815). Jevons mediante sus modelos lógico-matemáticos se propuso demostrar cómo el capitalismo sí puede funcionar perfectamente; no obstante Juglar mediante el estudio histórico-estadístico demostró que no funcionaba como Jevons decía y engendraba periódica e indefectiblemente la crisis. Sin embargo, mientras Jevons sustentaba el deber ser del capitalismo, Juglar sólo podía sentar empíricamente el ser, la realidad. La validez concreta del estudio de Juglar adolecía de una ausencia: la explicación teórica. Los datos y juicios estadísticos fueron la base de una corroboración empírica sobre las crisis, pero no eran suficientes y no diferenciaban entre los procesos críticos de la industria capitalista y las crisis comerciales preindustriales.
Los economistas que precedieron a Juglar en el estudio del ciclo se detuvieron especialmente en los fenómenos relativos a la moneda y al crédito. Los más serios como John Fullarton y James Wilson, hablaban de la superproducción de capital como factor desencadenante de las crisis, pero no explicaban por qué se producían necesariamente, como el estudio estadístico de Juglar lo mostraba y además insistían en que una superproducción general de mercancías no podía ocurrir por causas económicas. Andrew Ure y Thomas Corbet llegaron a afirmar que la superproducción era intrínseca a la economía y que para evitar que se convirtiera en crisis se recurría al comercio exterior; pero, tampoco explicaban el porqué de la superproducción y su carácter cíclico.
La incapacidad de la Economía para resolver el enigma de las crisis cíclicas se debía a sus ataduras ideológicas y sociales con el capital.
Karl Marx desarrolló una crítica profunda de la Economía. Así, a más tardar en 1867 había elaborado ya una explicación teórica detallada y de fondo del fenómeno de las crisis capitalistas. Para hacerlo corrigió la explicación de Adam Smith sobre el valor de cambio de las mercancías, según la cual el valor depende del trabajo promedio para producirlas. Esta explicación era opuesta a la que formulaba Jevons, quien pensaba que el valor o el precio, que para él eran lo mismo, estaban determinados por la utilidad adicional que proporcionaba la mercancía a los compradores.Marx consideraba que el punto de vista de Jevons y otros economistas liberales era superficial y no veía sino los fenómenos más externos de la economía y no los elementos fundamentales, esenciales y sus relaciones, de los cuales los precios de las mercancías eran solamente una manifestación en a superficie.
¿Cómo explicar que matemáticos, lógicos y economistas tan destacados como Jevons cayeran en tesis tan superficiales y tan vulgares, como aquellas conque explicaba el ciclo? Simplemente Jevons, Walras, Menger y demás economistas destacados defendían el punto de vista de una clase social: los capitalistas. Y estaban ya en la época en la que ya no se podía sostener que el capitalismo daría bienestar a toda la humanidad.
Refiriéndose a la Economía de los Jevons y Walras, dice Marx:
"La economía vulgar ..... se abre paso tan pronto como la Economía [clásica] socava y hace vacilar sus propias premisas mediante su análisis, sentando las bases de una reacción contra la Economía, bajo una forma más o menos económica, utópica, crítica y revolucionaria. En realidad la evolución de la Economía Política y de la reacción que ella misma engendra [en contra suya] se halla en consonancia con el desarrollo real de los antagonismos sociales y las luchas de clases inherentes a la producción capitalista" (1863: v. III. p. 443).
Y efectivamente las revoluciones burguesas habían desatado los antagonismos de clase entre capitalistas y obreros y, los debates sobre la el valor de cambio de las mercancías era un punto de enfrentamiento teórico entre las dos clases. Mientras para Jevons,el trabajo es tan solo un factor de producción retribuido según su utilidad marginal, para Marx, el trabajo es la fuente del valor y engendra no sólo la retribución salarial, sino la ganancia capitalista en todas sus formas: beneficio industrial y comercial, interés bancario y renta de la tierra.
El valor de cada producto está compuesto por el valor de los medios de producción (máquinas, equipos, materias primas), más el salario, más la ganancia creada por el trabajo nuevo del obrero. Tanto como les interesaba a los capitalista que Jevons ocultara las fuentes de las ganancias, les interesaba elevarlas al máximo con el mínimo de inversión. Analizando este fenómeno Marx descubrió que cada vez que se aceleraba el desarrollo capitalista las ganancias tendían a crecer con menor rapidez que el capital o en otras palabras, el rendimiento de las inversiones tiende a hacerse más pequeño a pesar de que el total del capital aumente y precisamente a medida que aumenta. La causa de este fenómeno puede resumirse así: a medida que la industria capitalista progresa, por cada dólar, invertido, gasta más en máquinas y materias primas que en salarios. Esto significa que a medida que aumenta el capital, la proporción del valor agregado por el trabajo nuevo, por cada dólar invertido, es menor. Así, Marx consideró que al acelerarse el crecimiento, el rendimiento de las inversiones o tasa de ganancia llega a ser cada vez más bajo y, ésta es la causa principal - no única - de las crisis capitalistas.Al bajar la tasa de ganancia se reducen las inversiones y por esta vía el empleo y el consumo de maquinarias, materias primas y artículos de subsistencia, multiplicándose el efecto depresivo.
Frecuentemente se afirma que Marx románticamente deducía de este análisis que el capitalismo se autodestruiría. Pero, el anticapitalismo de Marx no se fundaba en la creencia según la cual el capital llegaría a una crisis de la cual no podría salir, sino en los sufrimientos que el capitalismo, sus crisis, recuperaciones y auges descargan sobre miles y millones de seres, en la seguridad de la limitación histórica del capitalismo y en el análisis según el cual del propio seno del capitalismo surgió la clase obrera, que se vería en la necesidad de enfrentarlo y derribarlo y que podría adquirir la capacidad de hacerlo, sin que pueda esperar un "derrumbe" del sistema.
Al contrario de lo que piensan los observadores superficiales del marxismo, Marx demostró, no solo por qué el capitalismo tiene que caer en crisis periódicas, que tienden a ser más catastróficas, sino también que puede salir de cada una de ellas y ¡cómo sale de ellas! . Explicó que la baja de la tasa de ganancia se contrarresta mediante la destrucción de capitales, bien sea física por la guerra o meramente económica por la competencia desgarradora que inutiliza grandes masas de capitales: la máquina sigue siendo máquina, pero deja de ser capital pues no sirve para producir ganancias, su dueño se arruina, los obreros son despedidos y sobre las ruinas resurge la acumulación de capital pues para los competidores victoriosos el aumento de la ganancia vuelve a ser más rápido que el incremento de la inversión. A este proceso básico de la recuperación se agregan otros métodos, como el aumento de horas de trabajo de los obreros y la rebaja de salarios reales y prestaciones, aprovechando el desempleo; el aumento de la eficiencia de los trabajadores; el saqueo de otros pueblos o de los campesinos, indígenas y artesanos; la conquista y la inversión en países o zonas atrasadas donde la tasa de ganancia es más alta; el cobro de intereses a las empresas del Estado o a otros Estados; o como quien dice, todas las ruindades que caracterizan al capitalismo.El único método "limpio" para salir de las crisis ha sido abaratar el capital mediante los descubrimientos y el avance tecnológico, pero este método a la larga también termina en descenso de la cantidad proporcional de trabajo agregado y de la parte de capital invertida en salarios, restableciendo al cabo del tiempo la causa de la crisis, al utilizar menos trabajo vivo por dólar invertido y volver a incorporar menos valor nuevo y obtener menos plusvalía con relación a los valores viejos, al capital constante o muerto.
Un caso, de descubrimiento del que abarata el capital y, a la vez, aumenta los salarios con respecto al conjunto del capital invertido, puede imaginarse así: se averigua un que las hojas de los árboles sustituyen al petróleo. Esto consumiría menos capital constante, más trabajo y causaría un auge cíclico. Pronto inventarían máquinas para recoger hojas y, a largo plazo, invertirían más en ellas que en contratar personas y, la proporción de plusvalía sobre la inversión, sería menor, volviendo a bajar la tasa de ganancia.
el alemán Karl Marx emprendió su obra " El Capital, Crítica de la Economía Política". Como la mayoría de los libros y artículos importantes de su época, El Capital está penetrado por la necesidad de explicar a fondo las crisis comerciales recurrentes. Por los mismos días de Juglar, Marx enmprendió la explicación de sobre las crisis estuvo lista desde 1867, en su obra " El Capital, Crítica de la Economía Política". y como la mayoría de los libros y artículos importantes de su época, está penetrado por la necesidad de explicar a fondo las crisis comerciales recurrentes. No obstanteno pudo ver la luz hasta fines de 1894, cuando se publicó el tomo III de esta obra. El retraso en la publicación resultó desafortunado: el período entre 1867 y 1894 fue particularmente crítico para el capitalismo y los años de rápido crecimiento sucedidos desde 1848 se interrumpieron bruscamente. Las crisis se repetían rápidamente y las recuperaciones conducían a ascensos muy pequeños de la acumulación. En cambio, desde 1896 y hasta 1914 el capitalismo vivió un período de prosperidad relativa, en el cual si bien se presentaron crisis (1900 y 1908), fueron de menores consecuencias y sobre todo, fueron seguidas rápidamente por auges impetuosos de la producción y la ganancia.
Lo paradójico fue que el tomo III de "El Capital" se mantuvo oculto precisamente en uno de los períodos en que más atención podían despertar sus primeras tres secciones, que explican la crisis. Los lectores habrían devorado en esos días un tratado sobre las... "diversas influencias... que se hacen valer más bien simultáneamente en el espacio o más bien sucesivamente en el tiempo; el conflicto entre estos factores en pugna se abre paso periódicamente en forma de crisis" (Marx 1867: T.III, 247).
Esta parte del libro se mantuvo sin publicar, tanto por el hecho fortuito de la enfermedad y posterior muerte de Marx, como por el desinterés de las editoriales, especialmente después de la derrota de la Comuna de París. Las gentes tuvieron que contentarse con las estadísticas de Juglar, para refutar las teórías más ingenueas de Jevons.
El Ciclo Largo
Desde los aportes de Juglar y Marx, la teoría conocía la existencia de un ciclo económico, que de acuerdo con la evidencia estadística duraba alrededor de 10 años.Sobre períodos más largos, de 54 años, que Clarke atribuyó a la meteorología, nada se volvió a decir.Karl Marx, con Frederick Engels, un industrial partidario de la lucha obrera, estudiaron las relaciones entre ese ciclo y la reposición de la maquinaria de las fábricas y se dieron cuenta cómo los fenómenos de naturaleza económica, como la ganancia y la crisis, se interrelacionan con el proceso técnico. Pero Marx y Engels observaron detenidamente que el período de agudización de las crisis que comenzó a fines de 1867, no era causado sólo ni principalmente por la regularidad de los procesos técnicos y en cambio, la determinante de estos procesos estaba en los factores económicos que se entrecruzan.
En 1946 un minucioso estudio de Burns y Mitchel (Estey, p. 91) permitió apreciar los cambios operados en la duración de los ciclos en la época de Marx y Engels, tomando como ejemplo a Estados Unidos. Este registro a posteriori mostró dos fenómenos: por una parte un ciclo más corto que el estudiado por Juglar y Marx, con duración de unos 40 meses y que sería demostrado estadísticamente en 1923 por Joseph Kitchin y W.S. Crum. Pero además y sobre todo pudo notarse que después del punto crítico de 1867, los meses de contracción o depresión pasaron a ser superiores a los de expansión. La recuperación tras la depresión de 1867, sólo fue seguida por 18 meses de auge: a 34 meses de ascenso, siguió una gran depresión de 65 meses desde finales de 1873 hasta el primer trimestre de 1879. Observando eso mismo, Engels hizo un importante descubrimiento como fruto de su observación de este período y logró registrarlo en una nota anexa al tomo III de "El Capital", publicado un año antes de la muerte de Engels:
"Como ya hemos hecho notar en otro pasaje, se ha operado aquí un viraje desde la última gran crisis general [la de 1867]. La fórmula aguda del proceso periódico con su ciclo de 10 años que hasta entonces venía observándose parece haber cedido el puesto a una sucesión más bien crónica y larga de períodos relativamente cortos y tenues de mejoramiento de los negocios y períodos relativamente largos de opresión sin solución alguna. Aunque tal vez se trate simplemente de una mayor duración del ciclo. En la infancia del comercio mundial, puede observarse sobre poco más o menos crisis de 5 años; de 1847 a 1867, los ciclos son resueltamente de 10 años ¿Estaremos tal vez en la fase preparatoria de un nuevo crack mundial de una vehemencia inaudita? Hay algunos indicios de ello. Desde la última crisis general de 1867, se han producido grandes cambios. El gigantesco desarrollo de los medios de comunicación - navegación transoceánica de vapor, ferrocarriles, telégrafo eléctrico, canal de Suez - ha creado por primera vez un mercado mundial. Inglaterra, país que antes monopolizaba la industria, tiene hoy a su lado una serie de países industriales competidores; en todos los continentes se han abierto zonas definitivamente más extensas y variadas a la inversión del capital europeo sobrante, lo que permite distribuirse mucho más y hacer frente con más facilidad a la superespeculación local. Todo esto contribuye a eliminar o amortiguar fuertemente los antiguos focos de crisis y las ocasiones de crisis. Al mismo tiempo, la competencia del mercado interior cede a los cartels y los trusts y en el mercado exterior se ve limitada por los aranceles protectores de que se rodean todos los países con excepción de Inglaterra. Pero a su vez, estos aranceles protectores no son otra cosa que los armamentos para la campaña general y final de la industria que decidirá la hegemonía en el mercado mundial. Por donde cada uno de los elementos con que se hace frente a la repetición de las antiguas crisis lleva dentro de sí el germen de una crisis futura mucho más violenta." (El Capital, T.III, p.p. 459-460).
Engels reunió ahí una serie de apreciaciones valiosas para completar la teoría del ciclo, que pueden enumerarse y resumirse así:
A. Podían distinguirse ya en esta época tres períodos del desarrollo del capitalismo con respecto a los ciclos económicos:
a) 1815-1947, con crisis frecuentes;
b) 1847-1867, con desarrollo sostenido, crisis alejadas y auges duraderos;
c) 1867-1894, con crisis frecuentes y depresiones duraderas.
B. Se habían creado condiciones económicas, políticas y técnicas para terminar la fase depresiva comenzada en 1867 y suavizar las crisis por un período.
C. Las mismas condiciones que acelerarían el desarrollo del capitalismo lo llevarían a una crisis más violenta que la anterior.
D. Una hipótesis: "tal vez se trate de una mayor duración del ciclo".
Si Engels deja el descubrimiento del ciclo largo a nivel de una hipótesis no se debe a que no hubiera reunido todos los datos en su favor, como lo demuestra la periodización que propuso, sino porque era necesario que se complementaran datos de más de uno y medio ciclos largos, para que pudiera certificarse su existencia. No obstante formuló dos previsiones geniales en su nota: un período de estabilidad y crecimiento económico rápido y luego una nueva gran crisis, cuyo anuncio acompañó en la época por artículos en que denunció la necesidad en que se verían las burguesías de los países avanzados de adelantar una gran guerra por la hegemonía mundial.Dos guerras mundiales y la gran depresión económica de 1929 certificaron la precisión de las previsiones de Engels.
Estos hallazgos no fueron casuales, sino consecuencia del análisis de la ganancia y la tasa de ganancia que hizo Marx en el tomo III de "El Capital". A partir de él se pueden comprender la necesidad del ciclo medido por Juglar y la de los ciclos más largos que detectó Engels. Después de la muerte de Engels, nuevos artículos, estadísticas y análisis aportaron evidencias mayores para probar la hipótesis sobre el ciclo largo. Dentro de los círculos cercanos a este autor se formularon apreciaciones al respecto, casi inmediatamente. En 1896 Alexander Helphand (Parvus) formuló un esquema de "ondas" largas de expansión en las cuales la industria capitalista se adueña de nuevos países, zonas o ramas de la producción, seguidas de ondas largas depresivas en las cuales se agotaba el efecto explosivo de las nuevas conquistas.
Karl Kautsky (1854-1938) aceptó la existencia de los ciclos largos y los explicó en diversos factores del mercado capitalista, como las variaciones de la cantidad de oro, las nuevas regiones y ramas de la producción explotadas y la capacidad de consumo de la población. Confrontó así a Bernstein, quien basándose en el período de prosperidad, concluyó que las crisis ya no eran inevitables en el capitalismo.
En 1913 el marxista holandés Van Gelderen a partir de las variaciones de los precios afirmó la existencia de ondas largas y agregó a las causas propuestas por Parvus y Trotsky una explicación de orden interno económico, relativa a la formación de nuevas ramas industriales o a su modernización tecnológica. El ruso Tugan Baranowski, quien explicaba la crisis por desproporciones entre los sectores de la producción se refirió por esta época al ciclo largo y a las evidencias de que comenzaba un nuevo período largo depresivo.Lenin recogió en su artículo "Carlos Marx" para la "Granat Encyclopaedia", la observación de Engels sobre la duración más larga del ciclo. Trotsky tomó de Parvus la noción de "onda larga", que hace referencia a factores externos a la producción, para contraponerla a la de "ciclo", que se refiere a los factores internos económicos y que según él sólo operan en los ciclos normales de Juglar.
A partir de 1914 la crisis agravada del capitalismo copó el panorama, primero por la guerra mundial y luego de 1917 por el triunfo de la revolución rusa que comenzó con el derrocamiento del zar y continuó con el derrocamiento del gobierno de Kerenski. El viceministro de alimentación de ese gobierno, Nikolai Kondratieff fue devuelto a sus investigaciones económicas por el triunfo bolchevique y se dedicó a acumular estadísticas entre 1919 y 1921.
Kondratieff pudo establecer con claridad, tanta como la que tuvo Juglar 60 años antes, que existen ciclos de precios de 50 años de duración.
En un artículo posterior (1926:45) sintetizó el curso de los ciclos largos así:
Primer Gran Ciclo: El ascenso duró desde fines de la década de los 80 del 90 del siglo XVIII, hasta 1810-17. El descenso desde 1810-17, hasta 1844-51.
Segundo Gran Ciclo: Ascenso = de 1844-51 a 1870. Descenso = 1870 a 1890-96.
Tercer Gran Ciclo: Ascenso 1896 - 1914, con descenso que empezó en 1914-20.
Kondratieff pronunció así desde su retiro intelectual, el veredicto sobre una nueva fase de contracción de la economía capitalista y se anticipó al interés con que muchos economistas hurgarían en la crisis después de la depresión de 1929.
Kondratieff explicó el ciclo largo acudiendo a factores internos de la economía, pero no enfatizó en las variaciones de la tasa de ganancia y en cambio destaca la parte técnica referente a la sustitución de la gran maquinaria y edificios y su relación con factores que pueden estar presentes en un sistema no capitalista:
a) La abundancia del ahorro;
b) el crédito barato;
c) la concentración de la inversión;
d) los precios bajos.
Cuatro factores crean las condiciones para reponer los grandes bienes de capital, iniciándose una fuerte expansión larga que termina cuando la reposición de maquinaria pesada y edificios se ha cumplido. La progresiva inversión de los factores, a lo largo del desarrollo del ciclo, conducen a su final, en tanto que nuevas ramas de la producción, como la agricultura, se industrializan como resultado de las inversiones que atraen sus precios altos durante la expansión.
La teoría del ciclo largo desató entre 1921 y 1930 una polémica en los círculos económicos y políticos soviéticos, en los que tuvo más acogida el concepto de "ondas". Según Garvy (1943), los economistas soviéticos Bogdanov, Oparin, Studensky, Novozhilov, Granosky y Guberman acogieron la tesis de Trotsky, quien afirmaba que los períodos largos de crecimiento y expansión no estaban determinados fundamentalmente por la dinámica interna de la economía, sino por las condiciones externas a través de las cuales fluye el desarrollo capitalista: adquisición de nuevos países, nuevos recursos naturales, guerras y revoluciones. Por lo mismo opinaba Trotsky que no tiene carácter de "ley" la ocurrencia de ciclos largos, como sí lo tiene la sucesión de ciclos de Juglar. Según Trotsky, Kondratieff hacía "una falsa generalización de una analogía formal" (v. Mandel 1979: 125-126).
Kondratieff (p.p. 47-48) refutó a Trotsky así:
" Se ha objetado que las grandes oscilaciones carecen de la regularidad mostrada por los ciclos de los negocios. Pero esto es falso. Si uno define 'regularidad' como una repetición de intervalos de tiempo regulares, entonces los grandes ciclos poseen esta característica igual que los ciclos intermedios. Una periodicidad estricta en los fenómenos sociales y económicos no existe del todo ni en las fluctuaciones grandes ni en las intermedias. La longitud de estas últimas varía de 7 a 11 años, es decir el 57 por ciento. La longitud de los grandes ciclos varía entre los 48 y los 60 años, esto es sólo 25 por ciento".
"Si por regularidad se entiende la semejanza y la simultaneidad en las fluctuaciones de series diferentes, entonces se presenta en el mismo grado en las oscilaciones grandes que en las intermedias. Y finalmente si la regularidad se hace consistir en el hecho de que las oscilaciones intermedias son un fenómeno internacional, entonces las grandes oscilaciones tampoco difieren en este aspecto de las intermedias. En consecuencia no hay menor regularidad en las grandes oscilaciones que en las intermedias y si deseamos designar a estas últimas como cíclicas, no tenemos por qué negarle el mismo carácter a las primeras".
Hoy no habría nada que agregar a ese dictamen de Kondratieff, aunque sí hay que observar que él consideraba los fenómenos políticos como meros "síntomas" del ciclo. Marx y Engels, así como Lenin, mostraron la interrelación causa-efecto-causa entre los fenómenos económicos y políticos. Si el descenso de la tasa de ganancia conducía a la guerra, el resultado de la guerra definía el curso de la ganancia. Así si la inminencia de la terminación de un período de expansión condujo a Estados Unidos a la guerra de Viet Nam y seguramente la victoria habría prolongado esa expansión, la prolongación de la guerra y luego la derrota estadounidense aceleraron y profundizaron la fase depresiva del ciclo internacional. Esta interrelación entre ciclo económico y política es válida también para los ciclos clásicos. Debido a que los factores que contrarrestan la baja de la tasa de ganancia exigen una actuación política, guerras entre clases y naciones, ni los ciclos cortos ni los clásicos ni los largos escapan de la influencia y determinaciones de la política.
Los escritos de Kondratieff sugieren que el ciclo largo afectaría a la Unión Soviética. Esto lo deducía de su explicación técnica de las causas de este ciclo. Hoy puede plantearse la hipótesis de que efectivamente la existencia de la URSS estuvo marcada por un ciclo económico largo.La fase de crecimiento acelerado de la URSS cubrió desde 1929, a partir de la colectivización y "acumulación socialista originaria" hasta 1956 o tal vez hasta 1962. Luego vino la desaceleración y la crisis; un ciclo de 60 años. Los hechos obligan a replantearse este asunto. Si bien la economía interna estaba por fuera del capitalismo y seguía las reglas de otro sistema, y escapó así a la ley de los ciclos de Juglar, en las inversiones a mediano plazo; no obstante los ligámenes con la economía internacional hacían que como conjunto la economía de la URSS, como la de China y demás países socialistas, estuviera sometida en la inversión a más largo plazo, a las leyes de la ganancia.Solo la sustitución mundial del capitalismo extinguiría los ciclos largos.
De todos modos, a lo anotado sobre Kondratieff hay que añadir que el economista austríaco Joseph Schumpeter(1883-1950) continuó y perfeccionó su obra y reunió en su obra "Business Cycles" evidencia de gran valor para demostrar y explicar el "desenvolvimiento" de la economía en la forma de los tres tipos de ciclos económicos básicos:
a) Corto, de 40 meses o de Kitchin;
b) Medio de 6 a 10 años o de Juglar;
c) Largo de 54 a 60 años o de Kondratieff.
Este modelo coincide en general con las fluctuaciones cíclicas ocurridas desde la aparición del libro de Schumpeter hasta la fecha, aunque habría que decir que las estadísticas sugieren que en los últimos años la duración del ciclo de Kitchin ha aumentado a los 51 meses.
Por otra parte, muchos estudiosos de las oscilaciones de los precios de las acciones en las Bolsas de Valores han adoptado un modelo de matemático más complejo, de ocho ciclos, desarrollado desde 1930 por Ralph Nelson Elliott. Él encontró dentro de cada ciclo (del más largo hasta el más corto) ocho "ondas": tres impulsos de ascenso con dos correcciones y luego dos descensos con una corrección (Frost y Prechter 1978).Elliot descubrió que la bolsa no se comporta de manera caótica sino en ciclos repetitivos, como reflejo de las acciones y emociones de los humanos y debidas en gran parte a la psicología de masas a la que considera la culpable principal. En parte se basó en la Teoría de Dow, que también usa las ondas para el estudio de la bolsa, pero Elliott descubrió la naturaleza fractral de la bolsa (repitiéndose las mismas pautas a mayor y menor escala), analizándola en mayor profundidad, y tras años de estudio, identificando patrones adecuados para hacer predicciones Entonces, las cotizaciones bursátiles se "movían" siguiendo unos patrones "reconocibles" con la suficiente paciencia, preparación técnica y destreza.
De acuerdo al gráfico 1 anterior, los patrones de impulso constan de cinco ondas de las cuales las ondas 1,3 y 5 dan lugar al movimiento direccional, mientras las ondas 2 y 4 representan movimientos "correctivos" y se producen en la dirección contraria a las 1, 3 y 5 (van en contra de la tendencia). De las tres ondas impulsivas (1, 3 y 5) la tercera nunca puede ser la más corta, si bien tampoco es obligado que sea la más larga. La onda 1 es normalmente un "rally" en dirección contraria a la tendencia o corrección anterior, en la que participa un escaso porcentaje de traders. Cuando la onda 1 termina, se produce una severa corrección provocada en gran parte por la "incertidumbre"reinante en cuanto al "carácter" de la onda 1. (Aun no se sabe a ciencia cierta si es la primera onda de un nuevo impulso tendencial o se trata sólo de una corrección al movimiento anterior).
Estas "ondas de Elliott" no contradicen el modelo de Schumpeter y Kondratieff, aunque sí muestran una mayor complejidad de los movimientos y enfatizan en las oscilaciones de las Bolsas de Valores. Sigue sin embargo el problema de explicar las causas profundas de los ciclos.
Schumpeter consideró que la innovación, la aplicación de los inventos en la industria, así como las mejoras en el mecanismo económico y la apertura de nuevos mercados, son las fuerzas que provocan los auges cíclicos y en el caso del ciclo largo provocan la renovación del equipo de larga duración. El modelo tricíclico de Schumpeter (p.26) y la investigación estadística y matemática de Elliott, son importantes registros de la realidad de los ciclos y crisis capitalistas aunque eluden su causa más profunda: las fluctuaciones de la tasa de ganancia.
Schumpeter de todos modos fue más lejos en el análisis de las interrelaciones económicas, políticas y sociales que se desarrollan en torno a los ciclos y afirmó que:
"cada fluctuación económica constituye una unidad histórica que no puede explicarse sino mediante un análisis detallado de los numerosos factores que concurren en cada caso" (cit. p.16).
4. Debate sobre las causas del ciclo y las crisis
Un año antes de la primera guerra mundial el liberalismo neoclásico había expuesto una tesis sobre el ciclo. Fue la explicación monetarista de Ralph G. Hawtrey (1879-1971), según el cual los ciclos son provocados por el manejo de la moneda y del crédito, los cuales al crecer en exceso causaban un auge artificial y que se convertía después en una crisis. "El ciclo es un fenómeno monetario, porque la demanda general en sí misma lo es" decía (Estey: 220). Hawtrey buscó establecer la verdadera causa y el gran responsable de los booms y las depresiones. Y creyó encontrar al gran culpable de estos ciclos económicos: el manejo del crédito por parte de los bancos. En su libro Comercio y crédito (1928) y, especialmente, en El arte del Banco Central (1932), explicitó una teoría monetaria de las fluctuaciones económicas que combina los movimientos del crédito, del dinero y de los encajes bancarios. ¿Por qué se produce, entonces, una depresión económica? Según Hawtrey, todo comienza cuando hay un buen nivel de la economía. Las mejoras en las expectativas ocasionan que los comerciantes se deshagan del efectivo y busquen aumentar el crédito bancario con el fin de incrementar su capital de trabajo. Así, la existencia de un crédito barato los lleva a querer aumentar sus inventarios y a acelerar el ritmo de sus pedidos a los fabricantes. Los bancos, según Hawtrey, son los principales responsables de los ciclos económicos. Los aumentos de producción incrementan la demanda, la que, a su vez, favorece la expansión de la actividad productiva. Por su parte, los bancos acrecientan los préstamos incrementando así el ingreso monetario de la comunidad y estimulando la demanda en exceso. El resultado es que los beneficios para las empresas aumentan debido a que venden más sin tener que incrementar los salarios que pagan a sus trabajadores. Sin embargo, esta realidad no puede ser mantenida para siempre. Llega un momento en que, agotada la capacidad productiva, comienzan a subir los precios y se desata un espiral inflacionario. Paralelamente, la plata de los bancos comienza a escasear, por lo que, necesariamente, obliga a estas instituciones a subir las tasas de interés para impedir que se siga expandiendo el crédito. Esto desalienta a los comerciantes a invertir y comienza un proceso de despidos que, al mismo tiempo, contrae el ingreso del consumidor. Tarde o temprano la demanda efectiva también se contrae y la sociedad queda sumida en una crisis y depresión. El resultado será un círculo vicioso: tras un tiempo de depresión, en que los bancos comenzarán a acumular reservas, volverán a bajar las tasas de interés y el proceso sufrirá un desarrollo inverso. Por lo tanto, en la teoría monetaria de los ciclos de Hawtrey, la depresión de una economía se produce por la política de los bancos que pueden contraer los créditos cuando se ven expuestos a una disminución de sus reservas. De aquí se deriva la solución. La única posibilidad de regularizar un proceso tan inestable es, según Hawtrey, que alguien controle los créditos bancarios. Y ese alguien debería ser el Banco Central. La función del Banco Central es, por lo tanto, seguir "la tendencia real" de la economía. Algo que en sí mismo, a pesar del optimismo de Hawtrey, supone una dificultad difícil de soslayar. Esa concepción anunciaba el neoliberalismo, al añadir a las viejas doctrinas económicas liberales la necesidad de intervenir para controlar la oferta monetaria y prescribir correcciones de la misma como política anticíclica. En el siglo XX el liberalismo dejó de ser la ideología de una clase emergente e ilusionada y pasa a serlo del capital financiero - fusión de los bancos con los monopolios industriales - que justificaba las alzas de las tasas de interés como "correcciones automáticas" de la economía y a las depresiones como sanadoras de "errores" anteriores o de excesos de dinero y crédito. Así se santificaban las operaciones financieras y el curso de la concentración monopolista de capitales. Las recetas liberales fueron pulverizadas por el curso de la Gran Depresión desde 1929. El capital tuvo que adaptarse a otras ideas y abrirse a nuevas explicaciones.
Al encontrar el origen de la prosperidad en la innovación, Schumpeter atribuyó al sujeto empresario, a la voluntad y la acción histórica, la fuerza desencadenante y consideró que el ciclo se produce ante todo por la acción del empresario. Él veía como la innovación acelera la acumulación mediante toda la serie de fenómenos inducidos y movimientos secundarios que constituyen el auge (Schumpeter 1935: 22-23). Una vez se agota su efecto, los pagos de los préstamos bancarios agotan los depósitos y se inducen los fenómenos y movimientos secundarios inversos que conducen a la recesión, en una forma como podría ilustrarse con la Gran Depresión Latinoamericana de los 80 que sí fue concomitante con una crisis de pago de deuda, pero que no es el único modelo de recesión capitalista.
Schumpeter vio en su modelo tricíclico un esquema de clasificación de las inversiones a corto, mediano y largo plazo, pero no explicó claramente por qué las inversiones se detenían durante el período de crisis, lo cual se puede entender si la tasa de ganancia ha bajado. No diferenció entre la innovación que ahorra mano de obra disminuyendo el valor agregado de las mercancías y la que ahorra capital constante y por tanto tampoco vio como el segundo tipo de innovación conduce finalmente al primero y como el mismo avance tecnológico y los cambios conducen en el capitalismo a la crisis, no sólo por agotamiento de sus efectos, sino especialmente por sus efectos en la tasa de ganancia. Schumpeter sin embargo consideraba inevitables los ciclos en el capitalismo.
Por el contrario, teorías surgidas durante la Gran Depresión, negaron la inevitabilidad de las crisis cíclicas. En 1922 Hobson, siguiendo los rastros de Fullarton, revivió la teoría del subconsumo, según la cual la concentración del ingreso y del capital provoca que los empresarios inviertan en exceso, mientras las grandes masas no tienen dinero para consumir. Con una adecuada distribución del ingreso se podría evitar las crisis. Este análisis fue mejorado por los suecos Ohlin y Myrdal, el polaco Kalecki y el inglés Keynes. Este expuso sus tesis en el "Tratado sobre el Dinero" (1930) y en la "Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero" (1936).
Para John Maynard Keynes (1883-1946) la Gran Depresión era la refutación viva de la Ley de Say y demás teoría clásicas sobre la imposibilidad de la superproducción general. También refutaba las teorías monetaristas que consideraban las crisis como correcciones o ajustes de la cantidad de dinero y crédito. La crisis del 30 era una catástrofe gigante. Keynes demostró que se habían generado defectos en el sistema distintos de los simplemente monetarios: capacidad de consumo insuficiente; deseo excesivo de tener dinero disponible sin arriesgarlo (preferencia por la liquidez); tasas de interés demasiado altas y, un descenso de lo que llamó "eficiencia marginal del capital" que es el rendimiento adicional esperado por una nueva inversión. Estos defectos paralizaron la inversión y provocaron la crisis. Por lo mismo, la inversión del Estado y el aumento de la proporción del ingreso dedicada al consumo, si se conjugaban con medidas para disminuir el deseo de tener dinero efectivo disponible y con la baja de las tasas de interés por debajo de la eficiencia marginal del capital, podían controlar y hasta evitar las crisis.
La categoría de eficiencia marginal de capital tiene parentesco con la tasa de ganancia marxista. Pero, además de la base "marginalista" del análisis de keynesiano, su diferencia con Marx radica en que Keynes no consideró que la caída de la eficiencia del capital fuera necesariamente cíclica, sino que era un factor en juego que podía influirse mediante la intervención económica del Estado y estímulos sicológicos y otros factores subjetivos. Keynes constató la limitación creciente de ciertos remedios que proponía (por ejemplo trató la tendencia de las sociedades industrializadas a dedicar menor proporción del ingreso al consumo), pero Keynes pensó que siempre es posible una política económica de equilibro.
Sin embargo, Keynes afirmaba que una vez desencadenada la crisis debía pasar un tiempo que podía prolongarse de 3 a 5 años para que cedieran los factores que la provocaron.Se eliminaran los excesos de capital y mercancías y se recuperaran el consumo, la demanda y las inversiones estatales produjeran un efecto notable de reactivación (Keynes 1936:305).
Harrod (1936) hizo una representación dinámica de la visión keynesiana y agregó el concepto de lo que llamo "acelerador" de la inversión "inducida" por las innovaciones (siguiendo a Schumpeter) y desarrolló así un análisis matemático con resultados cíclicos.
Samuelson siguiendo a Harrod elaboró en 1939 un modelo según el cual las expansiones y depresiones se producen por necesidad matemática después de una inversión adicional, debido a que las leyes de la economía se desplegan de tal manera que los aumentos de la inversión terminan siendo más pequeños que los aumentos del ingreso y del consumo y así se producen la recesión y la crisis, que duran hasta que la inversión disminuye con menor rapidez que la caída del ingreso y del consumo. La escuela de Samuelsonse dedicó a buscar recetas sobre los niveles de inversión necesarios para evitar la crisis, tal vez por no centrar su análisis en la baja de la tasa de ganancia. Después de la segunda guerra mundial prevaleció la idea según la cual la inversión estatal - muchas veces financiada con emisiones de dinero inflacionaria o con cupos de crédito - si se hacía en el momento y en la cantidad oportunos podía evitar o reducir a la mínima expresión las crisis. Samuelson terminó por reunir en una sola versión el keynesianismo y las nociones clásica y monetarista de equilibrio en lo que llamó la "síntesis neoclásica", proclamando el fin de las crisis mediante el control monetario, la inversión estatal adecuada, el control del crédito y la política de salarios.
Otra vertiente del keynesianismo la representó Alvin H. Hansen quien consideró que el capitalismo tendía a un "estancamiento secular" que se ocultaba sólo por catastróficas guerras mundiales y conquistas. Opinión olvidada al culminar la Gran Depresión. Samuelson apenas si mencionaba en sus libros de los años 60 sus modelos matemáticos del ciclo. El optimismo reinó hasta 1967 y aun quienes mencionaban el ciclo largo como Dupriez, daban una explicación monetarista. Pero en los años 70 la economía internacional se debatió en la crisis.
Resonaron las palabras de Estey (p. 139) comentando a Alvin Hansen: "Con la acumulación continua de grandes volúmenes de ahorro en los países de altos ingresos y con la contribución de la corriente de ahorro de las áreas recién industrializadas, la presión sobre la inversión continuará siendo severa. Sin duda esta presión ha cedido de cuando en cuando. La primera guerra mundial con su gran destrucción de capital y la segunda guerra mundial y sus consecuencias, con la necesidad de rehabilitación de capital en todo el mundo aplazaron el problema por un momento, pues una vez que el período de reconstrucción termine, la presión para encontrar salidas a ala inversión resurgirá y una vez más se presentará la amenaza de que falle la economía para mantener altos niveles de inversión y ocupación."
Los economistas, excepto parte de los marxistas y de los schumpeterianos habían olvidado que la expansión de los 50 y 60 fue preparada por la destrucción de la guerra mundial. Detrás del "milagro japonés" estaban Hiroshima y Nagasaki, las bombas atómicas y su destrucción. Detrás del "milagro alemán" estaba la destrucción de Alemania y de Europa. Hitler no triunfó pero, de la guerra renació el capitalismo aunque hubiera perdido - transitoriamente - una parte del mundo.
Aunque antes de 1968 fue posible de todos modos estudiar la ocurrencia de crisis cíclicas en Estados Unidos, Francia, Inglaterra o Italia y economistas como Mienschikov o Mandel hicieron minuciosos análisis sobre ellas, la aparente no ocurrencia de recesiones en Japón hasta 1965 y los poderosos auges en Estados Unidos y Europa Occidental permitieron hablar del éxito keynesiano para evitar o controlar las crisis. Sin embargo Mienschikov (1970: 80 s.s.) pudo prever el final del crecimiento sosegado del Japón y la agudización internacional de las crisis capitalistas. La verdad saltó tras las crisis de 1967-68, 1974 y 1980-83.Entonces a los ministerios de Economía volvieron los monetaristas neoliberales, los "Chicago boys"(2), que contra Keynes pregonaron dejar a la economía a sus libres "leyes", pero evitando el exceso de dinero y de crédito. Para ellos fueron "ajustes necesarios", lo que para millones de personas fueron desastres. ------------ * Nota de actualización: Tras la hegemonía económica y militar de EE.UU. y Europa, tras las políticas de una nueva forma de neocolonización por medio de las estrategias prescriptivas de la globalización neoliberal, tras la la sobreexplotación a los trabajadores asalariados de todo el planeta y la ruina a de millones de pequeños productores agrarios, tras la disolución de la URSS y del bloque socialista, tras la crisis capitalista en el sudeste asiático, Latinoamerica y Rusia, tras las guerras del Golfo, Yugoslavia, Afganistán e Irak, tras el surgimiento de nuevas potencias económicas como Brasil, India y China; las grandes potencias económicas de EE.UU. y Europa han entrado en situación crítica que está llegando a médula misma de sus economías y por lo que se considera el fin del fundamentalismo del mercado, construido en todo el mundo durante la era de Reagan, la Thatcher, Kohl, Yeltsin, Suharto y Pinochet; entonces, si se rememora a Kondratieff y Schumpeter, cabe preguntarse: ¿Está dando vuelta la vuelta el ciclo largo, otra vez? --------------------------------------------------------------------------------------------- Autor: (1997)Héctor Mondragón: http://www.gratisweb.com/ciclocrisis/index.htm --------------------------------------------------------------------------------------------- *(2008) Notas de actualización, correcciones y adaptaciones: Rodolfo-J. Rodríguez-R. (4/5/2008): http://cognoscibilidad.blogspot.com/ --------------------------------------------------------------------------------------------- (1) Ni el propio Ricardo opinaría lo mismo si se enterara sobre los estudios de vivienda en Colombia, según los cuales en las crisis de la construcción, como la de 1996-99 y la de 1979-82, a la vez que se registra una demanda insatisfecha de vivienda popular, aquella que es imprescindible para subsistir, hay a la vez superproducción de vivienda suntuaria, aquella que forma parte de "las comodidades y bellezas de la vida" y que los urbanizadores no tienen a quien vender a pesar de su suntuosidad. Los que tienen casa la pierden por deudas y los que no tienen no pueden comprarlas. La gran depresión latinoamericana de comienzos de los 80 se registró después de quince años de distorsión hacia la producción de bienes suntuarios para el consumo de los ricos y de los sectores de ingresos medio-alto. Todo esto refuta la idea de que se puede combatir la crisis de superproducción mediante el lujo. (2) Referencia a la Escuela de Economía de Chicago partidaria del libre mercado desde mediados del siglo XX. Fue liderada históricamente por George Stigler y Milton Friedman. En alguna medida, el pensamiento económico de esta escuela, se encuentra ligado a las teorías de la Escuela Austríaca de Economía. En el campo económico se le suele relacionar con la teoría neoclásica de precios y el rechazo al keynesianismo en favor del monetarismo, a la vez que es conocido su rechazo por las regulaciones económicas y su apoyo al liberalismo económico. En la metodología, sus estudios suelen estar más basados en el uso de estadística antes que en la teoría. En el aspecto político suele ser ligada a las corrientes libertarianas norteamericanas. ---------------------------------------------------------------------------------------------- BIBLIOGRAFÍA
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