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Ciclos y teorías económicas

Cinco consecuencias filosóficas de la crisis

Por Episteme - 22 de Julio, 2009, 0:39, Categoría: Ciclos y teorías económicas

La actual crisis económica no se limita a una cuestión de estadísticas, ni se reduce al devastador impacto social del desempleo y la incertidumbre. Con la debacle mundial, hizo agua una particular visión del mundo que pareció dominante e irreversible con la caída del muro de Berlín.Esta visión se cristalizó en algunas frases famosas como el "fin de la historia" de Francis Fukuyama, "la sociedad no existe" de la primer ministra británica Margaret Thatcher o los 10 mandamientos del consenso de Washington que impulsaban la liberalización-desregulación-privatización global.

 

El nuevo dogma tras la derrota del comunismo era todo el poder al sector privado, el mercado como medida de racionalidad económica y utopía, y el individualismo más descarnado como principio ético ordenador.


Milton Friedman: Greed (Codicia)
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Con la debacle económica esta visión del mundo también entró en crisis.BBC mundo identificó cinco consecuencias filosóficas:  1. Filosofía política-económica   2. Crisis del racionalismo de mercado   3. Consecuencia Axiológica: teoría de los valores   4. Azar, causalidad, incertidumbre   5. Consecuencia ontológica
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¿Son racionales los mercados?
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1. Filosofía política-económica.

La ley de la oferta y la demanda ejerció un reinado absoluto en la formulación de política económica de las últimas tres décadas.

Según el pensamiento clásico, la oferta y la demanda funcionan como un perfecto sistema homeostático (autorregulado) que tiende al equilibrio perfecto y cuenta con un regulador infalible: el precio.

A mucha demanda y poca oferta de un producto, el precio sube hasta alcanzar la suma que el mercado puede pagar por ese bien.

A la inversa -poca demanda, mucha oferta- el precio se achata hasta que alguien lo adquiere convencido de que no lo va a encontrar más barato.

Ni el premio nobel otorgado al economista Joseph Stiglitz por su investigación sobre el papel que la información cumplía en este mercado -la información con que cuentan los miles o millones de integrantes de un mercado particular no era perfecta y por lo tanto, el precio reflejaba otras variables- destruyó esa confianza ciega en este funcionamiento homeostático.

Con esta premisa teórica, ¿qué mejor que desregular todo y dejar que el mercado se encargue de los equilibrios económico-sociales?

Pero al parecer la realidad económica está llena de fenómenos impredecibles.

En las llamadas burbujas, como la inmobiliaria de las hipotecas "sub-prime" que desató la actual crisis,

¿dónde está el mecanismo autoregulador del mercado en estas burbujas?

¿Reflejaba el precio siempre al alza de la propiedad la situación de la demanda y la oferta?

La conclusión más obvia es que demanda, oferta y precio forman parte de un mecanismo económico-social infinitamente más complejo que esa crasa simplificación que se ha aplicado durante tanto tiempo.

2. Crisis del racionalismo de mercado

Las preguntas precedentes ponen en entredicho una premisa fundamental de la ley de la demanda y la oferta: el racionalismo de los mercados.

El ser humano viene buscando la racionalidad en materia económica y filosófica desde hace mucho tiempo.

La planificación económica que hizo furor después de la crisis del 29 y la posguerra buscó sintonizar la producción y el consumo con las necesidades de una sociedad.

Con el derrumbe del comunismo, el mercado se impuso como única lógica global.

Según esta ideología, el mercado era racional y eficiente para asignar recursos, tanto en el ámbito laboral, como productivo y financiero.

La debacle mostró que el mercado tiene la misma dosis de irracionalidad, capricho, imprevisibilidad que cualquier individuo o grupo humano.

Lo que nos enfrenta a una problema inquietante.

Si los mercados o el Estado no son la base de un funcionamiento socio-económico racional, ¿quiere decir que estamos a merced de los elementos?


3. Consecuencia Axiológica: teoría de los valores

Este aparente desamparo de nuestra praxis económico-social se complementa con una crisis de fundamentos éticos.

Desde los '80 y en particular con la caída del muro de Berlín, se impuso un individualismo a ultranza que se basaba en una teoría del egoísmo como valor organizador ideal de una sociedad.

La teoría se retrotrae a Adam Smith y su consideración de que la mejor manera de comportarse socialmente - de beneficiar al conjunto- era que cada uno persiguiese su propio interés ya que la "mano invisible del mercado" iba a arreglar todos los entuertos que se produjesen en el camino.
Adam Smith jamás negó la acción social ni la labor del Estado, ni la presencia de los valores (la justicia era fundamental en su sistema) como se interpretó con ignorancia o mala fe tiempo después.
Pero uno de sus seguidores, Frederich Von Hajeck y su discípul o Milton Friedman radicalizaron sus ideas.
Ayn Rand, una novelista y filósofa que empezó a ser conocida en los '40, le dió vuelo filosófico y subjetivo a este viraje, planteando que el egoísmo - la búsqueda ciega del propio beneficio- era el fundamento de la civilización.
Entre sus discípulos se encontraba Alan Greenspan, quien años después estaría al frente de la Reserva Federal de Estados Unidos de 1987 a 2006, es decir, durante el período de la más completa desregulación financiera.

El mismo Greenspan reconoció ante el Congreso que su edificio teórico tenía fallas.

"Estoy asombrado. Durante 40 años o más las pruebas apuntaban a que este sistema estaba funcionando excepcionalmente bien", dijo Greenspan.

El consenso hoy es que la búsqueda desenfrenada del propio beneficio ha sido determinante en las dos megacrisis mundiales de los últimos 80 años - la gran depresión y esta crisis.

¿Se necesita alguna otra prueba que el impacto devastador de estas dos debacles?


4. Azar, causalidad, incertidumbre

Una premisa que viene del iluminismo y que durante dos siglos nos sostuvo con su fe, fue la posibilidad de correspondencia entre lo que decíamos y la realidad.

Esta correspondencia era el fundamento del conocimiento científico y la predicción de fenómenos y tendencias.

Desde principios de siglo XX ha habido numerosos cuestionamientos a esta premisa (desde Ludwig Wittengstein hasta el principio de incertidumbre del físico Werner Heisenberg y el radical relativismo de los posmodernos), pero una fe básica en sus fundamentos ha sobrevivido en muchos campos, entre ellos la economía.

Dos conocidos financistas, bien inmersos en los debates de la filosofía, creen que esta crisis exige volver a pensar las cosas.
Soros: finanzas y subjetividad

George Soros estudió filosofía en la London School of Economcis con Karl Popper y acaba de publicar sus conclusiones en "The Crash of 2008" que lleva el sugestivo subtítulo de
"El nuevo paradigma de los mercados financieros".

Según Soros, pretender que los mercados financieros reflejan la marcha de la economía real y se manejan por la oferta y la demanda es desconocer el papel fundamental que cumple la subjetividad y un proceso que llama reflexividad.

El valor del oro o la propiedad no sube porque refleje como un espejo una realidad subyacente de demanda y oferta, sino porque los operadores del mercado por su misma interacción influyen en este precio como sucede en las burbujas financieras que se arman en torno a un producto o el comportamiento en manada (todos quieren comprar o vender un producto al mismo tiempo)

Otro inversor con iguales inclinaciones filosóficos, Nassim Nicholas Taleb, publicó en 2007 "El cisne negro", en donde dice que sólo podemos predecir lo obvio y jamás el cambio.

Taleb lo pone con el ejemplo del cisne negro. Durante mucho tiempo se pensó que todos los cisnes eran blancos porque la observación había acostumbrado al hombre europeo a que así eran las cosas.

Hasta que en Australia apareció un cisne negro y hubo que revisar todo.

Según Taleb nadie predijo ningún cambio sísmico en la historia humana.

Desde el advenimiento del cristianismo hasta la caída del comunismo y los atentados del 11 de septiembre, sucedieron sin que nadie los anticipara, aunque a posteriori se construyó una narrativa explicativa llena de causas que volvían inevitables estos fenómenos.

Si no podemos anticipar lo más importante, ¿qué sabemos?

5. Consecuencia ontológica

Después de todo lo dicho, cabe formularse la pregunta central de la ontología, a rama de la filosofía abocada al conocimiento sobre los entes.

En este universo económico-social: ¿qué existe?, ¿qué es lo real?

En el siglo XVII Descartes tuvo que retrotraerse a su propio pensamiento para alcanzar una certeza subjetiva sobre qué existía efectivamente: pienso, luego existo.

El pobre Descartes no vivió en este mundo casi irreal de las finanzas del siglo XXI.

Si es relativamente fácil fundamentar la realidad de la producción y el consumo, es mucho más complejo comprender el status existencial de instrumentos financieros como los famosos activos tóxicos (deudas prácticamente incobrables) o los derivados (contratos de compra a futuro apostando al valor que tendrá este producto o activo: materia prima, hipotecas, moneda, etc), fundamentales para comprender la crisis que vivimos.

En 2007 se calculaba que el PIB mundial (todo los bienes y servicios que produjo el mundo) era de 63 millones de millones.

En ese mismo año se estimaba que el mercado de los derivados era de 596 millones de millones - casi 10 veces más que lo que producía el planeta.

El valor del PIB se refiere a algo tangible.

¿Qué realidad tienen esas gigantescas apuestas a precios futuros que son los derivados o las burbujas?

Esta pregunta no se la hacen sólo los neófitos en materia económica.

"En términos filosóficos los economistas son materialistas para quienes las bolsas de trigo son mucho más reales que las carteras de bonos", explicó al "The Economist" Perry Mehrling del Barnard College, Columbia University.

Y, sin embargo, la economía tiene una realidad mucho más elusiva como lo demuestra el funcionamiento mismo del dinero.

"El dinero no es algo completamente real. El dinero es la promesa de que uno va a poder comprar algo. Igual que el dinero que uno tiene depositado en el banco. Uno tiene una promesa de que el banco va a pagar. Si el banco quiebra, la promesa deja de existir", explicó a BBC Mundo Jon Danielsson de la London School of Economics.

Si se multiplica esto por las miles de millones de transacciones diarias que se hacen en dinero contante o en bonos, títulos y otras volatilidades del mundo financiero, se ve cuántas promesas se quebraron.

Fuente:
Justo, Marcelo (21/7/09) Cinco consecuencias filosóficas de la crisis. En: BBC Mundo. [  En línea ]. Disponible en: http://www.bbc.co.uk/mundo/economia/2009/07/090706_filosofia_crisis_mj.shtml
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Fundamentales de la socioeconomía marxista

Por Episteme - 27 de Abril, 2009, 3:17, Categoría: Ciclos y teorías económicas

"No podemos hablar aquí de lo que es más importante en la obra de Marx: de la fuerza prodigiosa que le permitió crear un arsenal de ideas, puestas a la disposición de una tendencia política determinada y un ejército de consignas, siempre a punto de ser utilizadas y de una sorprendente eficacia, de esta pasión calentada al lrojo, que fascinó a compañeros y adversarios, de este estilo de profeta que hace de sus escritos una obra única en su género. Esto es, ante todo, lo que explica su éxito y lo que hizo salir el marxismo de los límites de la ciencia propiamente dicha. (...) No  obstante, sería injusto deducir de ello, o creer que la obra de Marx no es, fundamentalmente, científica y que su pensamiento es, simplemente, función de sus objetivos políticos. (...) Hemos de considerar, pues, su obra como un trabajo minucioso, basado en un saber muy amplio. (...) Sólo se le puede negar a Marx su originalidad en el sentido en que se le puede negar a cualquier otro autor. Sin embargo, no tuvo solamente originalidad, sino también unas dotes científicas de primer orden. (...) Marx sentía, en su más alto grado, la necesidad de un análisis científico y no se satisfizo nunca con estudios de detalle, lo cual, por otra parte, contribuyó a su éxito en Alemania: en la época en que apareció su Tomo I [El Capital, A.Ch.], no había nadie en aquel país que pudiera medirse con él, ni en vigor intelectual ni en saber teórico. (...) Así, Marx había de convertirse en el maestro de muchos no socialistas (en particular del propio autor)."
J. A. Schumpeter, 1963
Síntesis de la evolución de la ciencia económica y sus métodos
Barcelona, Ediciones de Occidente, pp.126-128
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José Pablo Feinmann:
Karl Marx:La Burguesía Capitalista
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José Pablo Feinmann
Karl Marx: El Manifiesto Comunista
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Las dos grandes clases sociales

El sistema capitalista se caracteriza, en primer lugar, por el hecho de que las fábricas, los campos, los bancos, los comercios, es decir, los medios para producir, comerciar y para el intercambio, son propiedad privada de un grupo social, los capitalistas. Frente a ellos se encuentra una inmensa mayoría de personas que no son propietarias de ningún medio para producir, y deben trabajar para los capitalistas por un salario. Son los obreros.

Ser obrero o capitalista no es algo que podamos elegir a voluntad, porque está determinado por la forma en que está organizada la sociedad. Para comprender este importante punto, supongamos dos niños, uno hijo de obreros, el otro de empresarios. El primero, cuando llegue a adulto, a lo sumo tendrá como herencia la casa de sus padres; con eso no podrá para mantenerse, y deberá hacer lo mismo que hicieron sus padres: contratarse como empleado u obrero. Es decir, pertenece a la clase obrera desde su nacimiento, a la clase que no es propietaria de los medios para producir. Es una situación que no elige, porque la conformación de la sociedad lo destina a ese lugar. El segundo, en cambio, cuando llegue a adulto va a heredar la empresa de sus padres, y estará destinado "socialmente" a ser empresario. Como vemos, cada uno de estos niños pertenecerá a grupos sociales distintos. ¿Qué los distingue? El hecho de que uno de esos grupos es propietario de los medios de producción, el otro no lo es. Los que no son propietarios están obligados a trabajar bajo el mando de los que son propietarios.

A los grupos de personas que se distinguen por la propiedad o no propiedad de los medios de producción, se los llama CLASES SOCIALES. La clase capitalista es la clase o grupo de gente propietaria de los medios de producción. La clase obrera es el grupo que no es propietario de los medios de producción y debe trabajar por un salario, bajo el mando de los capitalistas. Un obrero puede ganar más o menos dinero, pero mientras no sea propietario de las herramientas y máquinas con las que trabaja, y esté obligado a emplearse por un salario bajo las órdenes del empresario, seguirá perteneciendo a la clase obrera.

En esta sociedad existen dos grandes clases sociales, los propietarios de los medios de producción, que emplean obreros; y los no propietarios de los medios de producción, que trabajan como asalariados para los primeros.

Entre estas dos grandes clases sociales existe otra clase, que llamaremos la pequeña burguesía. Este grupo ocupa una posición intermedia entre la clase obrera y la clase capitalista, porque por lo general tienen una propiedad (por ejemplo, un taxi, un pequeño comercio, son profesionales independientes), pero no emplean obreros, y viven de su trabajo.

También existen otros sectores, que son más difíciles de clasificar; por ejemplo, los ladrones, los mendigos. Pero lo importante es que nos concentremos por ahora en las dos grandes clases, la capitalista y la obrera, para analizar qué relación existe entre ambas. Esta relación nos mostrará el secreto del funcionamiento de este sistema capitalista.

Antes de terminar este punto, queremos refutar una idea que tratan de inculcar, y que viene a decir que es "natural" que los seres humanos pertenezcan a clases diferentes. Según este argumento, pareciera que la naturaleza ha dispuesto que algunos vengan a este mundo siendo propietarios de los medios para producir y comerciar, y otros no. En el mismo sentido, se nos quiere hacer creer que hace muchos años, hubo un grupo de gente que ahorraba y trabajaba mucho, y otro que haraganeaba todo el día. Entonces, el primer grupo se hizo propietario, y a partir de allí sus hijos y todos sus descendientes ya no tuvieron que trabajar. Mientras que los del segundo grupo, los holgazanes, se vieron obligados a trabajar como empleados, y todos sus descendienes también, y ya no pudieron salir de esa situación.

Como se puede intuir, todos estos son cuentos para disimular el hecho de que esta sociedad está dividida en clases, que esta situación ha sido provocada por la evolución de la historia humana, y por lo tanto es modificable. Veamos ahora qué sucede cuando un obrero trabaja para el patrón.

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La explotación.¿Qué es el valor?
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Vamos a comenzar por una pregunta que está en la base de toda la economía: de dónde viene el precio de las cosas que compramos o vendemos. Aquí vamos a dar una explicación muy sencilla, que nos servirá para lo que sigue.

Cuando hablamos de precio, nos referimos al valor económico que tiene una mercancía. Por ejemplo, si un reloj tiene un precio muy alto, decimos que tiene mucho valor; de un producto de mala calidad, decimos que vale muy poco. Entonces, ¿Qué es lo que da valor a las cosas? ¿Por qué algunas tienen mucho valor (son caras) y otras no?

En el siglo pasado, varios economistas llegaron a la conclusión de que lo que otorga valor a las mercancías (por lo menos, de todas las que se hacen con vistas a la venta) es el trabajo humano empleado para producirlas.

Por ejemplo, si un mueble tiene una madera muy pulida, si tiene muchas manos de barniz, es decir, si tiene muchas horas de trabajo invertidas en su fabricación, tendrá más valor que otra mesa mal terminada, mal pulida. Supongamos que en la primera se han empleado 20 horas de trabajo, y en la segunda 10 horas. La primera tendrá el doble de valor que la segunda y eso se manifestará en el precio: podemos suponer que la primera costará el doble de dinero que la segunda. Por ejemplo, si la primera vale 100 pesos y la segunda 50 pesos, esa diferencia expresará que en la primera se empleó aproximadamente el doble de tiempo de trabajo para producirla.

La fuentte de valor es el trabajo humano que se invierte en producir, en modificar materias tomadas de la naturaleza, para crear los bienes de uso que empleamos en nuestras vidas.

Entonces el valor es una cualidad, una propiedad, de los bienes que compramos o vendemos, que tiene algo así como dos "caras": por un lado, es el tiempo de trabajo que se emplea para producir ese bien; ésta sería la cara oculta, la que no vemos a primera vista, cuando estamos en el mercado. Por otro lado, ese tiempo de trabajo se nos muestra en el precio, en el dinero que pagamos cuando lo compramos o que recibimos cuando lo vendemos; esta es la cara visible del valor, que hace que no nos demos cuenta de que, al comprar o vender cosas, estamos comprando o vendiendo tiempos de trabajo.

Por eso, cuando decimos que un bien (una mesa, una camisa, etc.) vale tanto dinero, estamos diciendo en el fondo que se empleó una cierta cantidad de trabajo para producirla. A pesar de que esto no aparece a la vista, los empresarios siempre están calculando los tiempos de trabajo empleados. Por ejemplo, los empresarios del acero calculan que en Argentina, para producir una tonelada de acero, hoy hacen falta 11 horas de trabajo, en Brasil 8 y en México 12. Estas diferencias pueden estar dadas por las diferentes técnicas, o por otros motivos.

Por supuesto, un trabajo más complejo, más difícil, agrega más valor. Daremos un ejemplo. Supongamos que un campesino leñador va a un bosque y corta un árbol, y lo transporta hasta el pueblo, donde vende la madera, y que toda esa operación le lleva 10 horas de trabajo; supongamos que en cada hora de trabajo los hacheros generan 5 pesos de valor. Por lo tanto, este campesino podrá vender la madera en 50 pesos (10 horas de trabajo x 5 pesos = 50 pesos). Pero quien compra ahora la madera es un artesano, tallador experto, que saca de ella un bonito adorno. Supongamos que este artesano emplea otras 10 horas de trabajo, pero esta vez, como su trabajo es más complejo, más difícil, en cada hora de trabajo agrega 15 pesos de valor, en lugar de los 5 que generaba el leñador. Por lo tanto, habrá sumado a la madera un valor de 150 pesos (10 horas de trabajo x 15 pesos = 150 pesos). El adorno, de conjunto, valdrá 200 pesos = 50 pesos (valor creado por el leñador) 150 pesos (valor creado por el tallador). Estos 200 pesos representarán 10 horas de trabajo "simple", del leñador, y 10 horas de trabajo complejo, del artesano tallador. También podríamos reducir todo a horas de trabajo simple, por ejemplo, decir que los 200 pesos que vale el adorno representan 40 horas de un trabajo tan simple como el que realizó el leñador.

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Filosofía de la praxis y crítica de la economía política

Por Episteme - 22 de Abril, 2009, 12:30, Categoría: Ciclos y teorías económicas

José Pablo Feinmann:
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Karl Marx - Georg Hegel
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¿Cuál es la función de la filosofía según Marx?
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Karl Marx-El Capital-Mercancia--

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Karl Marx:El secreto de la mercancia

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Karl Marx-El Capital-Acumulación originaria- Plusvalía

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La vigencia plena del marxismo

Por Episteme - 29 de Marzo, 2009, 16:19, Categoría: Ciclos y teorías económicas


Entrevista con Alan Woods(*)

1. Lo obsoleto es el capitalismo y las ideas de sus defensores

Tras la caída del muro de Berlín
y la implosión de la ex Unión Soviética, los ataques contra el pensamiento marxista recrudecieron. En muchos centros académicos los defensores del marxismo revolucionario han sido calificados como obsoletos, anacrónicos o dinosaúricos. Frente a esto Alan Woods señala que lo que es obsoleto es el capitalismo. Alan explica cómo a raíz del colapso de la URSS, se dio pie a una contraofensiva ideológica sin precedentes por parte de la burguesía para atacar al marxismo y al socialismo. Esto, dice el marxista galés, se convirtió además en una industria, en un negocio rentable. El autor de Razón y Revolución explica que lo que fracasó hace veinte años no fue el socialismo en el sentido entendido por Marx, Engels, Lenin o Trotsky, sino una caricatura burocrática y totalitaria del socialismo que fue el estalinismo. Esto causó un gran impacto y, en ese momento, la burguesía y sus defensores se pusieron eufóricos anunciando el fin del socialismo, del comunismo y del marxismo.

Los enemigos de las ideas de Marx y Engels llevan más de 150 años anunciando su muerte. Pero ¿por qué se preocupan del marxismo si está muerto?, se pregunta Alan Woods. No obstante esto, los ideólogos de la burguesía todos los años se ven en la necesidad de publicar nuevos libros, artículos, tesis doctorales demostrando que el marxismo está muerto. Para Alan esto tiene una explicación. La clase dominante no es tonta y no gastaría su tiempo atacando ideas muertas. La burguesía ataca ideas que son peligrosas para su clase. Pero tras 20 años desde la caída de los regímenes del llamado "socialismo real", todas estas ilusiones de la burguesía y sus defensores han colapsado. Estamos presenciando la crisis general del capitalismo prevista por Carlos Marx. Como hecho anecdótico Alan Woods dice que el libro más vendido en Alemania es Das Kapital (El capital), cuyas ventas se multiplicaron un 300 %, lo cual demuestra que lejos de ser ideas obsoletas, la gente busca una explicación de la crisis del capitalismo en las ideas científicas de Marx.

2. ¿Por qué tiene plena vigencia el marxismo?

Alan Woods plantea un reto a los lectores: acudir a las bibliotecas y buscar cualquier libro burgués de economía política o de ciencias sociales escrito hace 150 años. Asegura que esos materiales no tendrán más que un mero interés histórico y cero relevancia para la aplicación en el mundo moderno. No obstante, dice el dirigente de la Corriente Marxista Internacional, en El Manifiesto Comunista, escrito hace más de 150 años por Marx y Engels, se encontrará una descripción verdadera, rigurosa y brillante no del mundo de 1848, sino del mundo de hoy. Para ello pone dos ejemplos. El primero hace referencia a la globalización. Ésta ha sido presentada hace 20, 30 años por los economistas burgueses como algo novedoso. Sin embargo, la globalización fue explicada de antemano por Marx y Engels en las páginas de El Manifiesto Comunista. Allí se expone claramente como el capitalismo surge en primer lugar como un mercado nacional para luego convertirse necesariamente en un mercado mundial, siendo esto lo más importante de nuestra época, dice Alan Woods. Cuando Marx y Engels escribieron esta predicción tan brillante no existía el mercado mundial internacional, el capitalismo solo existía en Inglaterra, en Francia estaba en sus principios y Alemania era más atrasada todavía.

La segunda predicción, algo muy polémico, que los enemigos del marxismo han calificado como errónea, es la que se refiere a la concentración del capital. El capitalismo que empieza con pequeñas empresas, cuando Marx explica esto en Gran Bretaña no había grandes empresas, necesariamente producto de la competición y de las leyes del libre mercado, resulta en un proceso de concentración de riqueza en pocas manos y de miseria para otra parte. Cifras emitidas por la ONU señalan que más del 50 % de la riqueza disponible está en manos del dos por ciento de la población del mundo; 1,2 mil millones de seres humanos viven en la más absoluta miseria y de esos, 8 millones de hombres mujeres y niños mueren todos los años por falta de recursos económicos. Si eso no es una concentración de capital ¿qué es?, pregunta Alan Woods. Ese proceso se ha multiplicado por diez en las últimas décadas, hay una concentración de riqueza obscena y una concentración de miseria no solo en América Latina, sino en Inglaterra, en EEUU donde se expresó con mayor profundidad cuando la ciudad de Nueva Orleans fue azotada por el huracán Katrina en el año 2005. He aquí la realidad.

3. Los ataques contra Federico Engels

Federico Engels ha sido objeto de todo tipo de ataques que han pretendido desmerecer su obra. Alan Woods, en su libro escrito conjuntamente con Ted Grant, "Razón y Revolución", explica partiendo de datos obtenidos por recientes investigaciones científicas, la validez de las ideas de Engels y de su método de estudio e investigación. Es una tontería como un piano, como dicen en España, expresa Alan cuando responde a la pregunta sobre las acusaciones vertidas contra Engels. Federico Engels era un genio, pero era un hombre modesto, tan modesto que cuando murió dio órdenes explícitas de cremar su cadáver y echar sus cenizas al mar porque no quería que se erigiera ningún monumento en su honor. Él estaba a la sombra de Marx y eso no ha permitido ver su grandeza, la de un gran revolucionario, un gran pensador, un teórico muy profundo.



Acusar a Engels de ser un positivista es una bobada que solo se escucha en las universidades, dice.
Eso es una estupidez. Alan acude a una frase del poeta alemán Friedrich Shiller para explicar la barbaridad de esa imputación infundada: "Contra la estupidez los propios dioses luchan en vano". Es absurdo además expresar que sus ideas eran sólo del siglo XIX. Esto es lógico, Engels tenía que basarse en las ideas del siglo en el que vivió, no podía hacerlo sobre las ideas del siglo XXI, señala irónicamente Alan Woods. Sin embargo, los escritos de Engels, sobre todo La dialéctica de la naturaleza, no reflejan la ciencia del siglo XIX, sino que está bastante por delante de las ideas científicas de su época. Critica duramente las teorías de la mecánica clásica, la física de Newton, su sistema mecanicista. Los últimos descubrimientos del siglo XX y XXI, de los últimos cien años, han demostrado totalmente la vigencia del método de Federico Engels, que es el método dialéctico. Alan pone como ejemplo de su aseveración a la teoría del caos, donde se refleja la aplicación del método dialéctico.



4. ¿Por qué las ideas de Lenin y Trotsky están vigentes?


Lenin y Trotsky después de Marx y Engels fueron quienes defendieron y desarrollaron sus ideas en el siglo XX. Son ideas maravillosas, profundas, brillantes y totalmente vigentes. Se han dicho muchas falsificaciones acerca del papel de Trotsky, concretamente. Hay una cierta tendencia que viene del estalinismo, esa aberración, esa caricatura terrible del marxismo, que es totalmente falsa de señalar que hubo un conflicto fundamental entre las ideas de Lenin y Trotsky. La realidad es totalmente diferente, dice Alan que con Ted Grant realizaron un magnífico libro hace más de 40 años titulado "Lenin y Trotsky, qué defendieron realmente", donde explican con profundidad las ideas de estos dos revolucionarios.

Alan Woods cuenta una anécdota: "En Rusia hace unos 5 años me invitaron a una célula, un grupo de base del Komsomol, organización de la juventud comunista de educación y origen estalinista. Cuando yo entré en la sala, un joven se me acerca y me dice en ruso ¡¿pero usted es trotskista?! A ver si me explico, le contesté. Yo defiendo las ideas de Marx y Engels, por ende soy marxista; después de la muerte de Marx y Engels quien defendió sus ideas yo creo que fue Lenin, consecuentemente soy leninista; después de la muerte de Lenin quien defendió sus ideas creo yo que fue Trotsky, consecuentemente soy trotskista. ¿He contestado tu pregunta? ¿Puedo hacerte ahora yo una pregunta? ¿Has comprado una botella de vodka en la calle del libre mercado? En la botella viene una etiqueta que indica que el vodka es de categoría. Pero cuando te la bebes descubres que es cualquier cosa, menos de calidad. Hazme caso amigo, no prestes atención a las etiquetas, si yo voy a dar una charla aquí, si te gusta bien y si no, vamos a seguir hablando como camaradas que queremos la misma causa, pero vamos abrir un debate no basado en calumnias, ni basado en pioletazos, un debate honesto, democrático, amistoso entre todos los miembros de la familia comunista". Lo que hace falta es gente más abierta. Los nuevos jóvenes van a descubrir en la práctica la total vigencia del marxismo y van a descubrir que es la herramienta principal, la más potente, el arma, la palanca más fundamental para comprender el sistema capitalista y finalmente derrocarlo y establecer un nuevo orden social que se llame socialismo, señala Alan Woods.

5. Las cosas que Marx no avizoró y los nuevos problemas de la vida

El marxismo es un instrumento muy importante para echar luz sobre todos los problemas que enfrenta la sociedad humana; pero no podemos esperar que el marxismo nos ofrezca una bola de cristal o una varita mágica porque eso ya sale de la ciencia y nos meteríamos a los terrenos místicos y religiosos, dice Alan Woods. Eso sí, explica, esta herramienta nos ofrece un cuerpo de ideas bastante completo, profundo que nos posibilita analizar cualquier cosa, cualquier problema. El marxista galés explica cómo si bien es cierto que los problemas cambian y aparecen otros nuevos, no varían tanto como se podría pensar. Y esos problemas no sólo tienen que ver con la miseria de las masas, las guerras o el terrorismo. Hay otros que son iguales, o tal vez más importantes, que afectan a la persona, a la familia y que tienen que ver con la moralidad, la religión por ejemplo. Pero ¿no fue así también en el pasado?, cuestiona Alan Woods. Si miramos cualquier sociedad en los últimos diez mil años de lo que, correcta o incorrectamente, se ha dado en llamar como civilización, han existido diversos sistemas socioeconómicos como el esclavismo, el feudalismo, el capitalismo que han nacido, crecido, madurado y han llegado a un grado de desarrollo que después entra en declive, llegando a un tipo de techo de sus posibilidades y, entonces aparecen en forma más abierta las contradicciones que siempre están presentes, agravándose cada vez más, lo cual afecta a la sociedad en muchos aspectos.

Una calumnia estúpida emitida contra el marxismo es la que señala que Marx redujo todo a lo económico. ¿Cómo es posible que alguien pueda reducir todo a lo económico? Marx era un filósofo, la filosofía no es economía. La sociedad tiene muchos más aspectos que tienen que ver con la religión, la poesía o el arte que no están directamente vinculados a la economía. Lo que sí es verdad, que es una verdad como un templo, que no admite contradicción, es que en última instancia la viabilidad de cualquier sistema socioeconómico está determinado por la capacidad de desarrollar las fuerzas productivas, es decir la industria, la agricultura, la ciencia, la tecnología que son la base material, los fundamentos, los cimientos sobre lo cual todo lo demás se desarrolla, se rige. Cuando una sociedad llega a los límites de sus posibilidades, cuando ya no es capaz de desarrollarse y de mejorar la situación de las personas como el sistema capitalista, por ejemplo, eso tiene repercusiones importantes que se reflejan a nivel psicológico, generando un ambiente general de pesimismo, una especie de nihilismo. En Francia, en la actualidad, hay más astrólogos profesionales que curas católicos, el ex presidente de EEUU, Ronald Reagan tenía como una de sus asesoras a una astróloga, el misticismo ha invadido la ciencia, a nivel intelectual eso se refleja en la mal llamada filosofía posmoderna, etc.

Hoy hablan del fin de la ideología. Antes la burguesía tenía una ideología, el liberalismo, que fue bastante progresista. Era optimista. La burguesía estaba en una fase ascendiente, se sentía progresista y lo era de alguna manera. Ahora, en vez de decir la verdad, que este sistema en concreto no es capaz de seguir avanzando, se cuestiona la posibilidad de desarrollo y progreso en general. Todos estos son síntomas de una cultura en plena decadencia. Existe un nivel mezquino, miserable, trivial. No hay filosofía que valga el nombre, si comparas los productos miserables de los filósofos actuales con la filosofía gloriosa de Hegel, de Kant. La filosofía pretende ser reducida al estudio de la significación de palabras sueltas. Pero las grandes ideas siguen existiendo, dice Alan Woods. Pero no son las ideas de la burguesía, sino las que anticipan otra sociedad que si puede ofrecer a la humanidad lo que necesita y que no son sólo las que ofrecen trabajo, pan o casas. Es mucho más que eso.

La Biblia dice: no sólo de pan vive el hombre. Trotsky en su libro Problemas de la vida cotidiana analizó temas relacionados con los problemas de los seres humanos, la sexualidad, la moralidad por ejemplo. En esta sociedad hay un florecimiento del crimen, de las drogas, del alcohol. ¿Por qué la juventud acude a ello? Porque sus vidas son vacías. Cuando una sociedad entra en crisis, en declive, eso se siente aunque la gente no lo entiende en forma racional. Se entra en una fase de pesimismo general, de desorientación general. Frente a eso hay dos opciones: o cierras los ojos y vuelves la mirada hacia dentro, hacia el misticismo, o intentas llegar a una comprensión racional de este mundo y sus problemas para combatirlo o cambiarlo. La droga, el alcohol, la religión, el misticismo son intentos para escaparse de este mundo en lugar de luchar para cambiarlo. La única solución a la droga es revolución. Cuando la juventud comprende esa necesidad de luchar y se le ofrece una causa que vale la pena van a olvidarse de esos paraísos falsos, artificiales, como dice la frase del poeta francés Baudelaire.

Lamentablemente, hay un sinnúmero de elementos despreciables, reformistas que quieren sembrar la confusión, poner un muro que evite que la juventud tenga acceso a las lecciones históricas de la revolución rusa, a las enseñanzas del materialismo dialéctico. Es una función netamente contrarrevolucionaria, son retrógrados intelectualmente, una bancarrota total. Quieren aparecer como exponentes de ideas nuevas como el señor Heinz Dieterich, ideas que realmente no ofrecen nada nuevo, que son realmente sacadas de la prehistoria del movimiento obrero internacional, de los utópicos, ideas premarxistas. Las ideas auténticamente nuevas, son las ideas del marxismo. El marxismo es la filosofía del futuro.

6. Sobre Dieterich

Alan Woods, junto al nieto de León Trotsky, Esteban Volkov, realizó la presentación de su más reciente libro "Reformismo o Revolución". Este constituye un material imprescindible para desenmascarar las patrañas intelectuales de Heinz Dieterich, personaje que se jacta de científico y que con sus ideas lo que pretende es, en forma subrepticia, atacar al pensamiento marxista y reforzar las ideas reformistas. Alan con humor dice: este señor no llega hasta el tobillo de un Bernstein, de un Kautsky, ellos eran genios. Charlatán es una palabra mal sonante, Dieterich se cree un gran genio y, hoy por hoy, me quedo con una duda razonable al respecto.

7. Humor y revolución

Mi gran amigo, camarada y maestro, Ted Grant decía que para ser un revolucionario se necesita dos cosas: un sentido de la proporción y un sentido del humor, manifiesta Alan Woods. Cuando más vivo, más comprendo cuán profunda es esta idea. La idea de un intelectual como algo seco, alejado de la clase trabajadora no corresponde a la realidad. La ironía de Sócrates tenía un gran sentido del humor y era muy profunda, los aforismos de Heráclito son muy divertidos. El humor es dialectico. Marx y Engels tenían un gran sentido del humor y Lenin y Trotsky también. Marx tenía como su lema favorito: considero que nada humano es ajeno a mí. La imagen de un intelectual metido en una torre de mármol, aislado de la realidad, leyendo su libro, totalmente indiferente al destino de la humanidad es precisamente la que desprestigia a la filosofía.

El revolucionario galés afirma además que la llamada filosofía posmoderna está totalmente desprestigiada y pregunta ¿quién lo toma en serio ahora, a más de cuatro estúpidos en las universidades? Realmente no tienen nada que ofrecer y la gente lo sabe y si somos honestos cualquier estudiante lo sabe, cuando más superficiales y estúpidos son, más se toman en serio, se creen Gardel. Alan señala: para mí la filosofía es importante porque la vida, la sociedad es importante. Todos somos partícipes en esta gran aventura para cambiar el mundo. La filosofía debe ser una herramienta en esta lucha y como somos parte de la raza humana, nada humano nos puede ser ajeno.
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Alan  Woods discute sobre su libro Razón y Revolución, y explica desde un punto de vista marxista qué es la revolución, qué significa el socialismo y cómo se puede evitar el surgimiento de una burocracia.
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Alan Woods habla de la amenaza de contrarrevolución en Venezuela y se opone a la noción de que la revolución es irreversible. En la medida en que las palancas fundamentales de la economía sigan en manos privadas la oligarquía puede volver. Alan Woods está en firme desacuerdo con las ideas reformistas expresadas por intelectuales tales como Heinz Dieterich.
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Alan Woods advierte contra las peligrosas ideas de Heinz Dieterich, las cuales diluyen el auténtico contenido de lo que es el "socialismo del siglo XXI".
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(*)Alan Woods (Gales, 1944) es político trotskista, escritor británico y dirigente galés de la Corriente Marxista Internacional. Actualmente es el máximo dirigente de la CMI(Corriente Marxista Internacional) y editor de su página web In Defence of Marxism. Sus escritos actuales sobre la revolución en Venezuela y las tareas a llevar a cabo por los revolucionarios de todo el mundo son seguidos con entusiasmo por los miembros de la CMI en todo el mundo. Algunas de sus publicaciones son las siguientes:

* Lenin y Trotsky, qué defendieron realmente (1969)
* Razón y Revolución: filosofía marxista y ciencia moderna (1995)
* Bolchevismo: el camino a la revolución (1999)
* El marxismo y la cuestión nacional (2000)
* La revolución bolivariana, un análisis marxista (2005)
*Reformismo o Revolución, Marxismo y socialismo del siglo XXI, (2008)

(**)Toscano,Dax (28/2/2009) Entrevista con Alan Woods: La vigencia plena del marxismo. ArgenPress.Info.   [En línea]. Disponible en:
http://www.militante.org/node/785



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